Asuntos de familia
Había pasado una semana desde su última conversación con la Dama Oscura. Desde entonces, asuntos urgentes la habían requerido fuera de la mansión, y ella se había quedado sola en su alcoba. Hermione había temido que Narcissa aprovechase la ausencia de su hermana para intentar intimidarla o coaccionarla, pero nada de esto había pasado: al parecer la rubia también tenía sus propios asuntos que atender, y una vez que había visto que no iba a poder usarla, se decidió a ignorarla.
Hermione se sintió aliviada: prefería mil veces a Bellatrix que a su hermana, e incluso tuvo que reconocerse que la extrañaba. A veces. No con demasiada frecuencia. Pero pasaba: de pronto se sorprendía a sí misma pensando en su secuestradora con nostalgia y deseando contarle tal o cual cosa, o simplemente discutir con ella. "Debo estar empezando a volverme loca por completo. Debe ser eso", pensó la castaña.
Draco había subido a verla un par de veces, en visitas cortas. No es que hubiese cambiado, seguía siendo el mismo chico arrogante y pagado de sí mismo que había conocido en Hogwarts, pero sin embargo ahora se daba cuenta de que no tenía mal fondo. Viniendo de la familia de la que venía, demasiado bueno era, pensó Hermione, que se entristeció al pensar que Draco tal vez sufriese de rebote las consecuencias de los actos de su madre. Por un momento pensó en decirle algo para prevenirlo, pero enseguida cambió de idea: probablemente solo consiguiese empeorar aún más las cosas.
-No puedo decirte que me emocione que estés aquí, la verdad es que me alegraría mucho más si pudieses irte sin consecuencias desagradables para nadie. Pero si hay algo en lo que yo pueda ayudarte, si necesitas ropa o algo así, te lo traeré. Libros no. No puedo traerte libros: mi tía ya me advirtió que quiere supervisar personalmente tus lecturas.
-Me gustaría llevar ropa cómoda. Tu tía me viste como a una muñeca de porcelana. Es muy incómodo y desagradable ir así, -le había respondido ella.
La siguiente vez que Draco había subido a verla le había llevado ropa interior (se la había dado sin mirarla a los ojos, incómodo) unas zapatillas deportivas, tres pares de vaqueros, varias camisetas y camisas, y un par de prendas de abrigo. Se disculpó por no saber exactamente qué clase de prendas eran más apropiadas, ni cual era exactamente su talla. Dijo haber juzgado por lo que ella solía llevar en el colegio. Se le veía nervioso. Hermione le agradeció las molestias que se tomaba por ella, y le aseguró que todo estaba perfecto.
También le había traído lana y un par de agujas de tejer, tras advertirle que no intentase liberar ningún elfo. Sería de muy mala educación para con los anfitriones liberar a su servidumbre.
Hablando de los anfitriones, estos habían vuelto a mitad de la semana. Eran un matrimonio de mediana edad de mortífagos, a los que no les hacía ninguna gracia tener a una sangre sucia en su casa. No obstante, sabían que la hija de muggles en cuestión era una huésped personal de la Dama Oscura, y por mucha repugnancia que les causase, no se atrevían a oponerse a su estancia, siempre que no saliese de su cuarto. A Hermione no le importaba: si no estaba allí Bellatrix, no se le había perdido nada fuera de su cuarto, solo podía encontrarse con gente estúpida. Se concentró en recordar a Harry y los buenos tiempos de Hogwarts para no extrañar a Madame Lestrange, con unos resultados más bien mediocres: acabó más triste que antes y con la sensación de haber sido abandonada por todos.
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Mientras tanto, Mrs Malfoy había estado ocupada. Había tenido otra cita con Pansy, en la que le había exigido más detalles comprometedores acerca de la Orden, pero ella no quería delatarse. A Narcissa se le acababa la paciencia, y el que Hermione hubiese rechazado seguir sus planes no mejoraba las cosas. Hermione podría llegar a ser peligrosa, se decía.
-Lo arreglaremos todo. Te daremos dinero y una nueva identidad. Lo solucionaremos todo para que puedas salir de aquí y empezar de nuevo en otro sitio. ¡Pero tienes que decirnos cuál es vuestro cuartel general! ¡Esta vez no te vas a escapar con cuatro vaguedades!
-No haré eso, -dijo dubitativa Pansy, apartando la mirada. –Los mataríais… a todos.
-¡Ni que te importe eso! –Exclamó riendo Narcissa.
Pansy la miró por un momento, con los ojos llenos de reproche y pena. Narcissa chasqueó la lengua y apartó la mirada.
-Ya sabes que a ella no le vamos a hacer nada. ¡Merlín, es la hija de Andrómeda!
-¿Me lo juras?
-¡No te voy a jurar nada! ¡Me vas a decir lo que quiero saber y vas a dejar de hacerme perder el tiempo!
-Pues entonces no te diré nada. Seríais capaces de matarla solo por joder a Bellatrix. –Dijo Pansy, mirándola con altivez.
Narcissa se carcajeó. -¡Ahora resulta que encima de todo estás loca! ¡Ni que a Bellatrix le importase lo que le pudiese pasar a Nymphadora! ¡No le importó ni siquiera cuando era un bebé, menos ahora, después de haberse casado con un hombre lobo, hacerse aurora y pelear contra ella!
-Hagamos el Juramento Inquebrantable. Me juras que a ella no le haréis nada, y yo te digo todo lo que quieras saber. Dónde está el cuartel general, los planes que tienen, y hasta cómo van las negociaciones con el ED. Y después nos dejarás en paz a mi hermano a mí. Para siempre.
-¿Por qué tanto interés por protegerla? Sabes que no podréis estar nunca juntas ¿verdad? Ella jamás te perdonará que la hayas traicionado.
-No lo sé, puede que no. De todas formas no podría vivir sabiendo que a ella le pasó algo por mi culpa. Pero eso no te importa. Tú lo que quieres son datos, y yo te los daré. Pero júrame que no le harás nada a Dora.
-Está bien, haremos el juramento, pero entonces te irás sin nada. ¡No te daré ni un galeón!
-No me hace falta. En realidad no quiero tu dinero, solo que consigas que mi hermano quede libre y nos facilites la huida.
-No pensaba que fueses muy lista, pero has conseguido sorprenderme: eres completamente estúpida, -dijo Narcissa.
oOo
La Dama Oscura había vuelto a casa. Estaba de muy mal humor, y anunció que en esa misma tarde se aparecerían en su próxima residencia. Apenas dio un vistazo a los habitantes de la casa, que habían salido al zaguán a recibirla.
A Draco le extrañó que no esperasen a su madre, e insistió en esperarla él mismo aunque ellas se fuesen, pero Bellatrix fue inflexible: él las acompañaría, y luego ella se comunicaría personalmente con su hermana para indicarle dónde debía acudir.
-Cuéntame, ratita: ¿dónde has encontrado ese horror muggle que llevas puesto?
-Se lo he traído yo, tía. Es el tipo de ropa que le gusta.
-Ya hablaremos de eso luego Maia y yo. Te agradecería que en lo sucesivo te abstuvieses de entrometerte en los asuntos ajenos, sobrino, -dijo Bellatrix lanzándole una fría mirada.
Draco la miró por un momento del mismo modo, pero un segundo después pareció pensarlo mejor, y desvió sus grises ojos. Bellatrix suspiró y lo dejó estar.
-Y dime, Maia ¿Me has echado de menos?
Hermione estuvo a punto de recordarle una vez más que no se llamaba Maia, pero también cambió de opinión. No tenía sentido desafiarla.
-La verdad es que sí. Es aburrido no tener que discutir constantemente con nadie. Demasiada paz.
-Desde luego. Ya tendremos mucha paz cuando estemos muertas. Bien, sube a tu cuarto, pídele a un elfo una maleta con encantamiento de extensión, recoge tu ropa, y vuelve aquí en quince minutos. Tengo ganas de cambiar de aires, -dijo Bellatrix dirigiendo una desdeñosa mirada en derredor.
La pareja de mortífagos se miraron por un momento con visible alivio, para luego al instante intentar fingirse muy apenados por la partida de la Dama Oscura.
