Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 15 – La moto, la bruja y la manipulación de los precios.

Godric´s Hollow, un pequeño pueblo al oeste de Inglaterra, se encontraba en el más absoluto silencio. Los muggles y magos que convivían en aquella comunidad, aún podían disfrutar de un par de horas más de sueño ya que en cuanto el sol saliese por el horizonte, el panadero de la esquina sería el primero en romper la paz que se respiraba en aquel lugar, para que después la tienda junto a la plaza del pueblo, abriere su persiana y así hasta que el último comercio diere por iniciado un nuevo día.

Detrás de la iglesia, se encontraba un barrio residencial donde una docena de casas similares rodeaban un pequeño parque, los Potter tenían su residencia allí desde hacía generaciones.

Sirius reconoció las luces que alguien lanzaba desde la ventana de una de las casas, era la varita de James Potter.

Todo había salido según lo esperado.

Descendió rápidamente, el trayecto desde el centro de Londres había supuesto una hora y tras la tensión del momento y las bajas temperaturas en las noches de verano, ansiaba poner los pies sobre suelo firme.

Sintió como Bellatrix reforzaba el agarre alrededor de su cintura. Sabía que esta no era muy fan de la escoba desde que a los cinco años la tiró de una que su tío Alphard les había regalado.

Aterrizaron en el jardín trasero de la casa y James ya les estaba esperando.

–Estaba preocupado de que hubiera habido algún problema. –Dijo abriéndoles rápidamente la puerta trasera para que entraran. –Mamá supuso que estaríais hambrientos así que os ha dejado algo preparado.

Les llevó hasta la cocina.

Bellatrix aún estaba demasiado en shock por la situación; mantenía una relación sentimental con su primo, se había fugado de casa rompiendo con sus ideales, había anulado un compromiso y había volado medio condado para acabar en un barrio con muggles.

–También os ha comprado algo de ropa, por si no podías traer la vuestra. –Les preparó unas tazas de té.

Sirius atendía a todo lo que su amigo les estaba contando, como le sucedía a Bellatrix, él también estaba en estado de shock, pero al contrario que ella era porque aún no se creía que por fin había llegado el día de fugarse.

–Os hemos instalado en el ático, no es muy grande pero mi padre lo solía utilizar para hacer sus pociones y está bastante limpio.

James continuaba hablando sin parar, los nuevos inquilinos de la casa Potter seguían sin abrir la boca.

–Mis padres se disculpan por no haber esperado a vuestra llegada, pero se duermen muy pronto.

Con el primer sorbo de aquella taza de té, Sirius pareció despertar de su ensoñación y volvió a la realidad. La emoción le hizo dejar la taza sobre la mesa y acudió a James para darle un enorme abrazo.

–¡Cornamenta! ¡Lo hemos logrado!

James respondió al abrazo de su amigo.

–¿Acaso dudabas? Todo el plan fue mío.

Ambos amigos rieron, pero Bellatrix aún seguía viviendo toda aquella experiencia como si de una película se tratase. James pareció notarlo y asumió que debían de estar agotados por eso les guió hasta el ático.

–No es mucho, pero al menos estaréis seguros.

El ático de los Potter era un pequeño cuarto que se notaba que últimamente era utilizado como lugar donde almacenar cosas. Tenía dos pequeñas ventanas en el techo y habían puesto una cama en el centro de la estancia. La ropa de la que James les había hablado antes descansaba sobre un escritorio situado contra la pared.

A pesar de que su habitación en Grimmuald place eran el doble de grande que aquel ático y que las prendas que llevaba costaban el triple que las que les habían comprado. Bellatrix comprendió que la apariencia y la riqueza no eran nada cuando tu familia no era capaz de brindarte amor, y que los Potter con aquellos pequeños gestos sin importancia habían demostrado más preocupación por ellos que la que los Black habían demostrado nunca.

–Potter…

Este se giró sorprendido por escuchar la voz de Bellatrix desde que había llegado.

–Te debemos una.

James reconoció que aquella era la forma que tenía Bellatrix de darle las gracias y la entendía, no sabía si el mismo podría llegar a tener una relación de amistad con ella que no fuera más que por agradar a su amigo.

–Sirius ya me ha prometido que vuestro primogénito llevará mi nombre, así que me doy por satisfecho. –Bromeó. –Os dejo para que descanséis.

Cuando se quedaron solos fue el instante en el que se dieron cuenta de lo que había ocurrido.

Bellatrix se encontraba algo mareada, el primer paso era sencillo, pero todavía faltaba por averiguar qué repercusiones podría tener su fuga.

–Ya pensaremos en eso mañana. –Sirius interrumpió sus pensamientos como si le hubiera leído la mente.

Cuando consiguieron dormirse el sol comenzaba a brillar a través de la ventana y mientras que ellos sucumbían a los brazos de Morfeo, los Black quemaban sus nombres del tapiz.


Cuando Bellatrix despertó, se percató que apenas había dormido un par de horas. Intentó estirarse pero algo, o mejor dicho alguien se lo impidió. Los brazos de Sirius la tenían envuelta en un apretado abrazo, y este ajeno al mundo a su alrededor, dormía profundamente.

Bellatrix volvió a cerrar los ojos, no podía dormir, pero era agradable estar en esa situación. Además cuanto más tardase en levantarse más tardaría en darse de bruces con la realidad. No temía que sus familiares fueran a ir a por ellos, un Black nunca suplicaría a nadie, y tampoco creía que les intentasen hacer daño, los Black podrían ser muchas cosas pero asesinos o torturadores no. Pero si temía a sus influencias y como esas podrían ponerles muchas piedras que obstaculizasen su camino.

Un ruido en la planta de abajo hizo que volviera abrir los ojos, miró a Sirius para ver si este se había despertado pero nada. A los pocos segundos del primer ruido otro más se produjo y así varios más hasta que un delicioso olor empezó a inundar la casa.

Eso sí que hizo que Sirius se despertarse. Ya podía estar cayendo la casa que él ni se inmutaría pero en cuanto olía comida a penas le daba tiempo a saltar de la cama.

–Por un momento creí que seguíamos en Grimmuald Place… hasta que olí la comida de la señora Potter. –Sonrió.

Bellatrix no dijo nada y se abrazo más a él.

–¿Estás bien? –Preguntó temeroso.

Ella no dijo nada y simplemente le besó. No estaba bien y no podía decirle eso, aún tenía que hacerse a la idea de que era una traidora. Se relajó cuando Sirius profundizó el beso. Una mano juguetona comenzó a deslizarse por dentro de su camiseta.

–¿Es que quieres mancillar la casa de tu amigo? –Preguntó con picardía.

–Grimmuald Place, la torre de astronomía, los invernaderos, la biblioteca, el baño de los prefectos… Creo que es hora de añadir otro lugar más a lista. –Su otra mano comenzó a imitar el camino que había realizado la otra.

Bellatrix se dejó acariciar durante unos minutos, pero muy a su pesar decidió finalizar aquella sesión. Ante todo era una señorita y debía respetar la casa de las personas que les habían ayudado.

Sirius se desenredó de Bellatrix y se levantó de la cama. Aunque habían dormido escasamente unas horas, estaba lleno de energía, pero todo buen joven mago necesita rellenar sus fuerzas para afrontar el día.

–¿Qué más puedo pedir? Me despierto al lado de una mujer hermosa, lejos de mi putrefacta familia y con un delicioso olor que me indica que me voy a poner las botas. –Le tendió la mano para que se incorporase.

Bellatrix rodó los ojos, si es que aún no sabía cómo se podía haber enamorado de Sirius. Al final iba a tener que darle la razón a Potter y creer que estaba loca.


Cuando estuvieron preparados bajaron las dos plantas de aquella casa hasta la cocina, ahora con la luz del día Bellatrix tuvo una mejor visión de la casa. Estaba decorada con colores cálidos, lo que la hacía extrañamente acogedora, mientras descendían se encontraron con algún que otro artilugio desconocido, tenían toda la pinta de ser muggles. En un principio pensó en tenerles miedo, recordaba como su madre le contaba de pequeña que los muggles eran portadores de enfermedades letales para los magos y brujas, pero suponía que como muchas otras cosas que le había contado su madre, todo era mentira.

Al entrar a la cocina, el delicioso aroma que había llegado a su habitación les golpeó directamente en la cara. Si la mitad de esa comida sabía tan bien como olía, no iban a querer irse de allí jamás.

–¡Sirius!

Una mujer de pelo castaño y de cierta edad se acercó rápidamente a Sirius y le estrechó entre sus brazos. La mujer, que supuso que era la señora Potter enseguida fijo su mirada sobre ella.

–Y tú debes de ser Bellatrix. –La mujer soltó a Sirius y fue hacia ella con toda la intención de hacerle lo mismo.

Los Black no eran afectuosos y no mostraban sus sentimientos, al menos no los relativos con el cariño hacia sus hijos, por lo que cuando finalmente aquella mujer consiguió abrazarla, no supo cómo reaccionar. Sus padres nunca lo habían hecho y como mucho el único contacto maternal que había tenido en su vida eran las palmaditas de orgullo que su tía Walburga le regala en contadas ocasiones.

–Sentaros a la mesa. Acabó de preparar tostadas. Bolita, échate hacía un lado para que tus amigos se puedan sentar.

–¡Mamá! –James no podía evitar sentirse avergonzado cada vez que su madre le llamaba con aquel apodo y sobre todo desde que había visto como Bellatrix se aguantaba la risa.

–Anda bolita no te quejes y sirve el té.

James resopló y a regañadientes obedeció a su madre.

Euphemia Potter estaba encantada con sus nuevos inquilinos, tanto ella como su marido habían querido formar una familia numerosa, pero no habían sido bendecidos con tal suerte y con una edad ya más que poco recomendable para tenerlos, habían descubierto que la cigüeña había pasado por su casa. Por eso, aunque pudiera traerles problemas con los Black y con otras familias mágicas, Euphemia no dudo ni un segundo en aceptar la propuesta que les había comentado su hijo en acoger a los dos jóvenes.

Fleamont Potter no era tan expresivo como su mujer, pero pensaba igual que ella. Sabía por su propia madre Dorea Potter, de soltera Black, lo que era crecer en un ambiente tan dañino como el de la familia Black. Su madre había tenido suerte en haber sido prometida a su padre, Charlus Potter. Tras su boda, la familia Potter decidió no esconder más su aceptación a los muggles y a todos aquellos magos y brujas que procedían de ellos. Simplemente habían esperado a que el matrimonio se celebrase, ya que a diferencia de muchos matrimonios concertados, ellos realmente se amaban. Por eso admiraba aquella pareja que estaba sentada frente a él, había que ser muy valiente para llevar la contraria a toda tu familia.

Cuando terminaron de desayunar, James les propuso salir a conocer el pueblo. A Sirius le pareció una idea excelente sobre todo desde que había visto a Bellatrix mirando a través de la ventana. Sabía lo que le pasaba, estaba esperando que la lechuza de su familia apareciera con alguna carta, pero él tenía muy claro que eso no iba a ocurrir y cuanto antes ella lo asimilase mejor les iba a ir.

–Y este es el monumento al mejor fundador de Hogwarts, Godric Gryffindor. –James miró a Bellatrix con guasa. –¿Qué te parece Bellatrix? ¿Dónde está el monumento a Salazar Slytherin?

–Pues llamándose este pueblo Godric´s Hollow, siendo todos los magos y brujas que viven o han vivido en el, pertenecientes a Gryffindor, y que el propio fundador vivió aquí también, es evidente que el que tendría un monumento sería él y no Salazar Slytherin. –Se cruzó de brazos. Era obvio que James estaba intentando molestarla, pero desde que había comenzado a tener más relación con él, había descubierto que la única forma de hacer que James se callará era devolviéndole un comentario perspicaz como repuesta a sus bromas.

Sirius interrumpió su intercambio de palabras cuando les arrastró hacía una tienda al fondo de la calle. Esta tenía varios artículos expuestos fuera del local, desde pequeños coches, bicicletas y hasta motos, siendo estas últimas las que le habían llamado la atención.

–He visto a muchos muggles con una de estas. Son veloces… –Dijo maravillado mientras que se dirigió directamente a una.

–Seguro que no son tan veloces como una escoba. –¿Qué iba a ser ese montón de chatarra más veloz que un escoba mágica? Que absurdo, pensó Bellatrix.

–Es otro tipo de velocidad y de sensación. –James estaba de acuerdo con Sirius.

El dueño salió de la tienda al ver posibles compradores.

–Bonita ¿verdad? –Dijo pasando la mano por la moto y encendiéndola. Cosa que hizo que tanto Sirius como James se quedaran obnubilados.

–¿Cuánto vale?

Bellatrix miró a Sirius sorprendida, no estaban en condiciones de gastarse el dinero en cosas innecesarias.

El hombre miró a los tres de arriba abajo y tras unos segundos dudando finalmente dio un precio.

–Por ser tú… seiscientas libras.

Algo en la forma en la que ese hombre les había mirado y hablado le dijo que aquel no era el precio real de aquel artilugio y que les estaba intentando estafar.

–Lo veo bastante justo…

Si antes Bellatrix se había sorprendido por la simple intención de Sirius de querer comprar la moto, ahora sí que estaba en estado de shock al escuchar que pretendía comprarla por ese precio. Tanto él como ella nunca habían comprado, no sabían lo que suponía ganarse el dinero, pero había acompañado a su padre en alguna que otra reunión comercial y había adquirido conocimientos en cómo lidiar con este tipo de vendedores. Estaba claro que en esa relación, iba a ser ella la que llevase las cuentas de la pareja, ya que si por Sirius fuera se verían obligados a vivir en la indigencia.

–Me ofende que crea que somos tan estúpidos en adquirir esta propiedad por ese precio. –Intentó llevarse a Sirius y James de allí.

–Quinientas cincuenta para la dama. –El hombre les propuso otra oferta.

–¡¿Cómo se atreve?! ¿Cómo soy una chica piensa que no sé cuál es el precio real? Doscientas libras y será nuestra última oferta.

El hombre comenzó a reírse al escucharla.

–Anda niña, coge a tus amigos e iros a jugar a las muñecas.

Esta vez eran Sirius y James los que tiraban de ella para llevársela de allí. Pero Bellatrix se resistió.

–Supongo que en atención al consumidor estarán encantados de conocer el caso de un vendedor de Godric´s Hollow que engaña a sus clientes.

Unos minutos más tarde los tres salían de aquella tienda con la moto.

–Eso ha sido ¡increíble! –Sirius no podía de dejar de mirar su nueva moto. –No sabes lo mucho que te quiero. –Besó a Bellatrix.

–¿Cómo es posible que supieras que la moto costaba menos? Ignoraba que la familia Black os impartiera tales conocimientos.

–Realmente no tengo ni la menor idea, pero sí que soy muy observadora y dentro de la tienda había un cartel donde indicaba que el precio de esa moto era de trescientas libras.

Sirius rió.

–Si es que además de guapa es inteligente. –Le volvió a dar otro beso.

James les miró asqueado, aún no estaba acostumbrado a verles besarse, más bien creía que nunca se acostumbraría a ver aquella imagen.

–Un momento. –Les interrumpió en medio de otro beso. –¡Pero le dijiste doscientas libras!

–Esta mañana tu padre estaba leyendo una noticia en el periódico donde informaba sobre el departamento de atención al consumidor, que no sé qué es eso pero supongo que algo muggle, y como estos estaban llevando a cabo unas investigaciones acerca de la manipulación de los precios por los dueños de algunos establecimientos. Así que supuse que el precio que marcaba realmente el cartel podría estar incrementado por lo que me fie de mi instinto y se me ocurrió ese precio.

James nunca había estado tan asombrado como ese día. En contadas ocasiones había menospreciado la inteligencia de los Slytherin especialmente la de la primas de Sirius, pero lo que había hecho Bellatrix hoy había conseguido que cambiara un poco la opinión que tenía de ella.

Aunque muy poco.

Bellatrix todavía debía de demostrarle muchas cosas para que pudiera confiar plenamente en ella.