Capítulo 15: ¿Qué ha pasado?

Ladybug abrió los ojos muy lentamente, pero sólo había oscuridad a su alrededor. ¿Qué había pasado? Todo lo que recordaba era haber roto la amatista del gólem y, después, …

- ¡Ahhhh! – Un dolor agudo le atravesó la cabeza como un puñal. Intentó llevarse las manos a la cabeza, pero no pudo. Miró a sus brazos con una punzada de terror: Estaba encadenada. Piernas y brazos estaban encadenados a la pared de una sala de piedra lisa y pulida. Sin embargo seguía transformada, lo cual era un alivio. Suspiró. – Pero ¿qué?...

Hizo el ademán de tirar de las cadenas, pero cada sacudida le provocaba otra nueva onda de dolor. Respiró hondo. "De acuerdo, paso por paso. Si quiero salir de aquí tengo que averiguar qué es aquí. ¿Dónde estoy?" se preguntó. Había muy poca luz, de forma que casi no podía ver nada, pero con la vista acostumbrada era capaz de vislumbrar ciertas formas. En el centro de la sala había una especie de pasillo o puente y a sus lados se veían siluetas largas que unían techo y suelo, tal vez columnas. Y en el fondo se veía un bulto negro, grande y alargado.

- Maldita sea. No reconozco nada relevante… Si al menos pudiera llegar al yoyó… - Ladybug se estiró, intentando alcanzarlo, pero antes de siquiera acercarse un ruido de engranajes sonó en la sala.

La joven se quedó quieta como una estatua mientras intentaba descubrir la procedencia del sonido. No tardó mucho en descubrirlo porque enfrente de ella, al fondo de la estancia, una puerta se abrió y una luz cegadora apareció. Marinette apartó la mirada rápidamente haciendo que otra vez le doliera la cabeza. Parpadeando, intentó acostumbrarse a la luz. Volvió a mirar al frente, en donde una figura esbelta empezaba a acercarse a ella. Los pasos resonaban en la amplitud del lugar y junto a ellos se oía el repiqueteo de un bastón. Ladybug miró más fijamente y entonces lo entendió.

- Hawkmoth – dijo con la voz entrecortada y los ojos abiertos como platos. Una parte de ella sabía que aquello era lo más lógico para su situación, es decir, ¿quién más la habría encadenado a la pared? Pero la asustaba. Había caído. Finalmente, la gran heroína de París había caído y estaba sola.

- Hola Ladybug… - contestó sonriendo. Dando una palmada, la sala se iluminó, haciendo que Ladybug soltara un gemido de dolor. Parpadeó para acostumbrarse a la nueva cantidad de luz mientras el martilleo en su cabeza se iba haciendo más recurrente. - ¿Qué tal tu estancia? ¿Estás cómoda? –

- Preferiría estar suelta, la verdad. Las cadenas pesan un poco – dijo ella intentando no mostrar debilidad. Hawkmoth rio. Ladybug le sostuvo la mirada desafiante y le habló lentamente. – No te voy a dar mi miraculous.

- Ohh, sí que lo harás querida, lo harás. –

Hawkmoth se acercó a ella tanto que era capaz de apreciar la joya de la mariposa en su cuello. Ladybug tragó saliva. Muy despacio, sin apartar la vista de ella, él estiró el brazo y lo acercó a sus pendientes. "No, por favor" pensó ella mientras alejaba la cabeza de él todo lo que podía. Hawkmoth rio de nuevo y dejó caer el brazo, sin siquiera haber tocado el miraculous. Ladybug lo miró extrañada.

- El miraculous de la mariquita no me sirve solo. Necesito que atraigas a Chat Noir ante mí. Sólo cuando sepa que ha caído en la trampa te quitaré esos malditos pendientes. – dijo apretando los dientes con rabia.

- Él sabe que es una trampa, así que no vendrá hasta mí. – Ladybug miró al suelo intentando que su enemigo no viera su rostro. Podía desear que no apareciera, podía esperar que no se arriesgara, pero no lo haría. Sabía de sobra que Chat Noir siempre iría a por ella. Igual que ella siempre iría hasta él. Y en parte, contaba con ello.

- Imposible. Todos hemos visto como los dos grandes héroes de París se "enamoraban" – dijo haciendo las comillas con los dedos en forma de burla. – Ese pretencioso vendrá a por ti, estoy seguro.

"Beep, beep" sonó en la sala. Marinette abrió mucho los ojos. El primer pitido. No tardaría mucho en destransformarse. No podía permitir que aquel hombre viera su verdadero rostro. No podía.

- Maldita sea – dijo Hawkmoth para sorpresa de ella. – Tengo que tender el señuelo antes de que te destransformes. –

Se giró rápidamente y llamó a Mayura. A los pocos segundos, la portadora del miraculous del pavo real estaba dentro de la sala y traía consigo una cámara de vídeo. Ladybug miró aquel objeto infernal con rabia. Mayura le sonrió y encendió la cámara.

De pronto, el rostro de Hawkmoth apareció en todas las pantallas existentes de París, resonando su voz por todas las calles, esquinas y establecimientos existentes. Mayura enfocaba directamente a Ladybug, mientras el villano hablaba a su lado. Los ciudadanos de París se agruparon frente a las pantallas, aterrados. ¿Cómo podía haber sido vencida la protectora de París? Era impensable que Ladybug perdiera una batalla. Por eso, verla rendida ante Hawkmoth sin poder hacer nada provocó un terror colectivo. La gente gritaba, se abrazaba a sus seres queridos o lloraba desconsolada por miedo a la catástrofe que se avecinaba.

Entonces Hawkmoth comenzó su discurso:

¡Bonjour parisinos! Como podéis ver, tengo en mi poder a la Gran heroína de París. Por esto hago un llamamiento al eterno compañero de Ladybug: Chat Noir, si quieres salvar a quien esté bajo la máscara, ven a buscarla a la zona superior de la Torre Eiffel. Y date prisa felino, porque mi paciencia ya se ha agotado.

La transmisión se cortó y el pánico corrió como la pólvora por las calles de París. Ladybug había sido el salvavidas del pueblo durante dos años y ahora ya no estaba. La gente llamaba a gritos a Chat Noir, buscándolo y rogándole que salvara a Ladybug. Sin embargo, no había respuesta. Nadie sabía nada del gato protector de la ciudad.

Mientas tanto, en la guarida de Hawkmoth, Mayura apagó la cámara y la dejó en una repisa cercana. Con ligereza se acercó a su compañero y le susurró algo al oído. Éste sonrió y asintió. Mayura hizo una inclinación de cabeza y se dirigió al ascensor por el que ambos habían venido, desapareciendo de la estancia a los pocos minutos.

Hawkmoth se acercó a Ladybug con el bastón en mano apuntando hacia ella. Ladybug lo miró preocupada sin poder evitarlo. Sabía qué había en la joya del bastón. Otro pitido sonó con eco en la sala.

- Muy bien señorita. Se te acaba el tiempo. Tú y yo vamos a jugar un poco antes de que te destransformes – dijo Hawkmoth con una media sonrisa. Ladybug abrió los ojos con miedo. Los esfuerzos por parecer segura de sí misma se esfumaron como el humo.

- ¡¿Por qué?! ¿Por qué lo haces? ¿Qué ganas haciendo daño a los demás? – dijo con la voz quebrada. Tenía los ojos hinchados por las lágrimas y el rostro rojo de ira e impotencia.

- No gano nada haciendo daño a los demás. – dijo Hawkmoth encogiéndose de hombros – pero son daños colaterales para hacerme con vuestros miraculous.

- No lo entiendo, ¿Para qué quieres mi miraculous? –

- ¿El tuyo solo? Para nada. El miraculous de la creación y el de la destrucción combinados… para pedir mi deseo. – dijo él, apretando los dientes con enfado. Volvió a apuntarla con el bastón. Ella, nerviosa, hizo otra pregunta para distraerlo.

- ¡¿Qué deseo puede ser tan importante como para poner en riesgo la vida de millones de personas?! – gritó con rabia.

- Eso no es de tu incumbencia niña. Ahora, escúchame, vas a ayudarme a conseguir el prodigio del gato y tras eso, me entregarás el tuyo propio. – Ladybug abrió los ojos asustada.

Hawkmoth abrió la joya de la empuñadura para dejar salir el akuma. De pronto, un gran estruendo hizo temblar todo el lugar, haciendo que Hawkmoth perdiera temporalmente el equilibrio y la joya de la empuñadura de su bastón se cerrara con la vibración. El portador del miraculous de la mariposa se giró sobre sí mismo para ver la procedencia del sonido y comprobó como por la zona de techo tras él se abría un gran boquete por el entraba un enorme torrente de luz. Ladybug apartó la vista unos instantes ante la cantidad de luz natural que entraba por el hueco mientras Hawkmoth se llevaba la mano al rostro en forma de visera para taparse los ojos y poder mirar hacia aquel lugar.

De pronto unas figuras rápidas como el viento entraron por el agujero, viéndose sólo como sombras ágiles en medio del océano de luz creado por la abertura.

Un golpe sordo sonó contra el suelo. Ladybug miró al frente justo para ver como el bastón de Chat Noir se interponía entre ella y Hawkmoth. Al instante, el propio Chat Noir apareció delante de ella, empuñando el bastón contra Hawkmoth, con los ojos ardiendo por la ira y los dientes apretados en una mueca de odio y dolor. Ladybug abrió los ojos asustada, nunca había visto así a Chat Noir. Todo su cuerpo estaba crispado, como si fuera a saltar hacia su oponente en cualquier momento, respiraba con dificultad, como si intentara controlarse, y el halo a su alrededor rezumaba odio y deseos de venganza.

- No. Te. Atrevas. A. Tocarla – dijo Chat con un odio más oscuro que su traje tiñendo cada palabra. Ladybug lo llamó en un susurro, pero Chat no se movió para mirarla.

- ¿Cómo…? ¿Cómo has…? – susurró Hawkmoth sorprendido. El polvo que había aparecido por culpa del derrumbamiento empezó a asentarse. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba rodeado por Rena Rouge y Caparace, quienes miraban la escena enfurecidos y entristecidos a la vez. Hawkmoth volvió a mirar a Chat quien seguía en esa actitud desafiante frente a él. - ¿Cómo has descubierto dónde estábamos?

Chat Noir por toda contestación sacó una especie de usb que llevaba enganchando al bastón. Ladybug suspiró aliviada.

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10 minutos antes…

- ¡Marinette! – Adrien abrió los ojos de golpe y se incorporó. Al hacerlo notó un fuerte dolor en el pecho que le hizo toser. Su cabeza le repiqueteaba y le dolía allí donde se había golpeado al caer al suelo.

- Ey chico, con cuidado, te has dado un buen golpe al desmayarte – comentó Plagg a su lado.

- ¡Plagg! ¿Qué ha pasado? – comentó preocupado. El kwami se puso frente a él y se encogió de hombros.

- Sé tanto como tú Adrien. Pero por los destrozos que hay aquí, no parece que Ladybug haya acabado el akuma. –

- Tenemos que encontrarla Plagg. – dijo preocupado. Con un gesto rápido, abrió su camisa. – tengo queso en el bolsillo interno. Métete en él y come lo que necesites para recuperar energía cuanto antes. Tenemos que ir a por ella.

Con un sobreesfuerzo se puso de pie y salió de su escondrijo detrás de los cascotes de la batalla. Miró a su alrededor buscando a su amada, pero no la vio. Lo único que sí encontró fue a Alya y Nino, abrazados y sentados a la sombra de un edificio. Ambos estaban magullados y se sujetaban el torso con molestia. Asustado, Adrien salió corriendo hacia ellos, que aún no se habían percatado de su presencia.

- ¡Alya! ¡Nino! – gritó.

Los susodichos se giraron en redondo para ver quién los llamaba. Al principio se sorprendieron, pero al momento se alegraron de ver a su amigo allí con ellos.

- Eh, tío. ¿Estás bien? – dijo Nino preocupado al ver a su amigo herido y con sangre en la comisura de los labios. Adrien lo abrazó, provocándole una mueca de dolor a su compañero. Luego se agachó hacia Alya, que parecía más herida que su pareja, y la abrazó también. La joven tenía los ojos rojos e hinchados de llorar.

- Sí Nino, gracias. ¿Y vosotros? – preguntó Adrien. Alya contuvo un nuevo llanto y asintió intentando recomponerse. Se sujetaba el lateral derecho del torso donde se veía una gran marca rojiza en la camisa a cuadros. Nino se agachó de nuevo junto a ella y la abrazó. Alya apoyó la cabeza en su hombro y una lágrima se le escapó de los ojos cerrados, recorriendo su mejilla hasta la camiseta de su novio.

- Estamos bien, hermano. –

- ¿Pero qué hacéis aquí? ¿Por qué no estáis en el refugio antiakumas? – dijo mirándolos directamente. Nino miró a su chica que seguía sin abrir los ojos. Después suspiró.

- Es… complicado de explicar – Nino se pasó la mano por la cabeza en un pequeño tic de estrés. Al hacerlo, Adrien pudo ver claramente como su amigo portaba en su muñeca el miraculous de la tortuga. Entonces una pieza en su cabeza hizo "clic". Miró al cuello de Alya y entre los pliegues de la camisa pudo ver el collar del zorro.

Todos los momentos vividos con sus compañeros volvieron a su mente vívidos y reales, mostrándole cada pequeño detalle y enseñándole cómo era evidente quienes habían sido sus compañeros de batalla. Cada gesto, cada comentario, cada acción cobró sentido en su cabeza.

- ¿Caparace? – susurró Adrien con los ojos como platos. Nino se congeló en el asiento mientras que Alya abría los ojos y los miraba por turnos con expresión de preocupación. Adrien se giró hacia ella y señalando su colgante le dijo – Rena Rouge…

Alya se llevó las manos a la cara y empezó a llorar. Nino la agarró de los hombros en un abrazo consolador. Adrien los miró preocupado. ¿Qué estaba pasando ahí?

- Sois los héroes de París… - susurró el rubio más para sí que para ellos. Alya se giró hacia él súbitamente.

- ¡YA NO! – gritó apesumbrada la joven - NO HEMOS SIDO LO SUFICIENTEMENTE BUENOS… ¡YO NO HE SIDO LO SUFICIENTEMENTE BUENA! Ladybug me confió su vida, me pidió que la cubriera y y… Y NO FUI CAPAZ. – Alya se secó las lágrimas con el dorso de la mano mientras su cuerpo se convulsionaba por los sollozos. El terror se apoderó de Adrien. Marinette estaba con Rena Rouge cuando perdió la consciencia. Y ahora ella le estaba diciendo que había fallado a Ladybug, que había fallado a Marinette… Eso significaba que…

- La he dejado sola… - dijo Adrien. Una punzada de dolor le atravesó el pecho y le hizo arrodillarse estrepitosamente. Alya y Nino se lanzaron hacia él para sostenerlo. Adrien respiraba entrecortadamente.

- ¿Qué? ¿A quién has dejado sola? – preguntó Nino enarcando una ceja.

- Sea quien sea estará bien Adrien – comentó Alya preocupada por su amigo. Adrien negó con la cabeza, pero no podía articular palabra en ese momento. Necesitaba recuperar el aliento. – Pero dime, ¿Por qué no estás en el refugio?

Alya lo miraba intrigada. La vena periodística salía a relucir incluso en las situaciones más complejas. Adrien tomó una nueva bocanada de aire. El frío de la calle le ayudó a tranquilizar la palpitación de su pecho. Miró a sus amigos con temor. No sabía si decirles la verdad o no. Si lo hacía estaría traicionando la confianza que había puesto en él Ladybug. Sin embargo, … "Que te mantengas a salvo. Que sobrevivas. Y que cuando sea el momento oportuno, ataques. Sé que ahora mismo no me entiendes, pero esto es lo correcto. Tienes que sobrevivir… Porque tendrás que rescatarme" Las palabras de Ladybug resonaron en su mente claras y diáfanas. Aquello le había asustado desde el primer momento. Sin embargo, ahora les veía el sentido. Ella había visto que no iban a poder con ello, que no iban a ganar, así que le había encomendado ir a por ella cuando todo fracasara. Pero para poder rescatarla, para poder encontrarla, necesitaría ayuda.

- Es largo de explicar también, así que será más rápido si os lo muestro. El tiempo corre en nuestra contra, y tenemos que dar con ella antes de que sea tarde. – dijo incorporándose de nuevo.

Nino y Alya lo miraron sin entender. Con un suspiro de resignación, Adrien alzó la mano en la que llevaba el anillo y gritó: "Plagg, transfórmame".

Ante los incrédulos ojos de Alya y Nino, Adrien Agreste se transformó en Chat Noir. Alya se llevó las manos a la boca para tapar su expresión de asombro, mientras que Nino simplemente no podía dejar de mirar a su amigo de arriba abajo.

- Wow – dijo el chico por toda respuesta. Adrien, mucho más fuerte ahora gracias a los efectos del traje, se puso a su altura para hablarles seriamente.

- Chicos, sé que esto es muchísimo que procesar ahora mismo, pero necesito que os centréis. Ladybug está sola, seguramente en manos de Hawkmoth, y nosotros llevamos un tiempo fuera de combate. No sé cuánto exactamente, lo que hace todo esto aún más peligroso para ella. Os necesito para que me ayudéis a encontrarla. Yo solo no puedo hacer esto.

- Cuenta con nosotros amigo. – dijo Nino confiado. Alya miró al suelo antes de contestar.

- No sé Adrien… No he sido capaz de ayudarla cuando más me necesitaba. Tal vez no debería acompañaros, sería sólo un estorbo. – Alya se apretó el brazo como intentando reprimir sus pensamientos.

- Alya. Tú NUNCA serás un estorbo. Nadie te echa la culpa de nada de lo ocurrido aquí. ¿Me oyes? Lo has hecho lo mejor que pudiste. Ninguno de nosotros pudo enfrentarse a esta situación, ¿por qué te martirizas tú? Eres la mejor reportera que haya habido nunca en París y eres la mejor Rena Rouge que existirá jamás. ¿Sabes por qué? Porque eres la gran compañera de Ladybug, su arma secreta. Y porque ella puso su fe en ti. Así que si quieres demostrar algo al mundo hoy, que sea tu entereza y fortaleza, que sea tu valor, no el miedo o la decepción. Tu eres grande Alya, con y sin máscara. Y Ladybug te necesita.

Alya sonrió a su amigo y asintió con la cabeza. Con ayuda de Nino se puso en pie.

- Bien chicos, ¿dónde están vuestros kwamis? – comentó Chat Noir. Alya y Nino señalaron hacia una pastelería donde los dos chiquitines estaban poniéndose las botas a base de pasteles y bollos. Chat sonrió, estaba claro que necesitaban energía. Con un llamamiento de sus compañeros, los kwamis se dirigieron a ellos.

- Estamos listos – comentó el kwami del zorro.

Chat hizo un gesto con la mano para decirles que se transformaran. Con un asentimiento, ambos compañeros se transformaron, estando ya listos para la batalla.

- Bien Chat, ¿qué hacemos? – dijo Rena Rouge poniendo los brazos en jarras. Chat se llevó las manos a la cabeza, rascándosela en un gesto instintivo y sacudiendo su cabello con nerviosismo. Se puso a dar vueltas de un lado para otro.

- ¡Agh! ¡No lo sé! Tengo que localizar a Ladybug, pero no sé cómo. Ella me dijo que necesitaba que yo sobreviviera al ataque para poder rescatarla. Sé que suena raro, pero es lo que me dijo. Y sin embargo, no sé cómo hacerlo. Debió dejarme alguna pista, pero ¿dónde?

De pronto, se oyó un pequeño "clic" y algo metálico chocó contra el suelo. Todos se giraron para ver qué era aquello. Al hacerlo pudieron apreciar un pequeño rectángulo rojo con lunares negros al que iba enganchado una cadena rota en el cierre.

Chat se acercó al objeto y al tomarlo se percató de que era un usb con el diseño de Ladybug. Con una sonrisa de oreja a oreja sacó su bastón y colocó el usb en una hendidura que había encima de la pantalla.

- ¿Qué es? – preguntó Rena Rouge acercándose a él para mirar con más atención. Mientras tanto, Chat tamborileaba el suelo con el pie, impaciente. Necesitaba saber si estaba en lo correcto. Tras unos instantes de carga, la pantalla verdosa de su bastón mostró un punto parpadeante en un lugar del mapa. Chat dio un pequeño salto de alegría.

- Es la pieza que faltaba. Sabía que Ladybug tenía que haberme dejado una pista. Es un rastreador de su yoyó. ¿Ves esas líneas? Hay que seguir ese recorrido hasta llegar al punto luminoso.

- Ohh ya veo – comentó ella sorprendida.

- ¿Y de dónde ha salido, por cierto? – comentó Caparace mirando con curiosidad el instrumento. Chat se encogió de hombros.

- Supongo que Ladybug me lo puso al cuello cuando se despedía de mí antes. E imagino que al agitarme ahora el pelo, se habrá soltado. – dijo mientras movía el bastón en 360º para ver qué dirección marcaba el localizador. Justo cuando había localizado el camino a seguir, Rena Rouge se puso delante de él con los brazos cruzados y lo miró enfadada.

- Un momento… Si tú eres Chat Noir… y Ladybug se "despidió" de ti… - dijo ella remarcando la palabra despidió - ¡¿Estás engañando a Marinette?!

- ¡¿Qué?! NO. ¡Jamás haría eso! – dijo él incrédulo.

- Pues yo vi perfectamente como Ladybug y tú os liabais tras una misión hace unos días. – aseguró Rena Rouge. Chat se llevó la mano a los ojos con cansancio. Había cosas más importantes que hacer, no podían perder más tiempo con eso ahora. Marinette estaba en peligro.

- Te prometo que todo tiene su explicación Rena Rouge. Te lo contaré cuando todo esto acabe, pero mientras tanto, por favor, vamos a por Ladybug. Está en peligro.

Rena Rouge asintió. Juntos los tres tomaron camino hacia donde el localizador los mandaba. Recorrieron varias calles pasando entre los tejados de las casas. Cada vez que parecía que llegaban al punto luminoso, el mapa se ampliaba y mostraba una nueva sección a recorrer.

De pronto, los barrios empezaron a hacerse conocidos para los tres compañeros, que miraban con curiosidad las casas cada vez más grandes y majestuosas. De pronto el punto se posicionó en una mansión que por todos era conocida. Chat esperaba que el mapa volviera a ampliarse conforme se acercaban, pero esta vez no ocurrió. Esta vez el punto había alcanzado su objetivo.

Chat notó como el color le desaparecía del rostro y cómo un terror implacable se cernía sobre él acompañado de un dolor tan agudo que casi lo hizo caer en dos ocasiones. Caparace maldijo por lo bajo mientras Rena Rouge simplemente miraba a Chat con pesar.

Por fin habían localizado a Ladybug. Según aquel mapa, estaba en el subsuelo de aquella gran mansión.

Según aquel mapa, estaba en el subsuelo de la mansión Agreste.