Sólo algunos minutos antes Draco había terminado de hacer el almuerzo, algo nada elaborado y que podía hace sin incendiar la casa; fideos a la crema y carne asada, le había costado poco más de dos horas terminar con aquella sencilla comida, y se sentía algo fastidiado, la cocina nunca, nunca, había sido lo suyo, en su casa siempre cocinaban los elfos y desde que vivía en el apartamento de Pansy se alimentaba de comida instantánea y cosas que Harry hacía para él y dejaba en la nevera, sin embargo, había prometido que cuidaría de Harry y eso era lo que estaba haciendo; le preparaba la comida, ayudaba con la limpieza del número 12 de Grimmauld Place y lavaba algo de ropa, sabía que no era nada bueno para aquellas labores y en más de una ocasión se vio auxiliado por Granger quien parecía tener muchísima más experiencia.

Pese a la insistencia de Sirius y Remus de que ellos se encargarían de todo nada más volver del trabajo, Draco no había dejado de ayudar, después de todo era un Slytherin y los Slytherin siempre buscaban su beneficio, y si este beneficio era ganarse a la familia de su novio, pues lo haría, así sus pulcras y delicadas manos terminaran un poco dañadas.

Una vez que se aseguró de que su comida tenía un sabor decente; la probó y se aseguró de no haberse pasado de sal, colocó la comida en dos platos, agregó un vaso de jugo de calabaza, un par de cubiertos y una servilleta de tela y subió rumbo a la habitación del moreno que supuestamente debía estar descansando. Abrió la puerta de la habitación con un encantamiento sin varita y no verbal, solo para descubrir a Harry profundamente dormido... o no.

Dejó la charola sobre una mesita cerca de la cama, la misma donde Potter había dejado sus gafas, aquellas que Draco creía que eran horribles y que de todas formas adoraba ver en Harry, se acercó a la cama con paso felino y silencioso, Harry mantenía los ojos cerrados y su desastroso cabello le caía sobre el rostro. Con mucho cuidado, Draco apartó los mechones de su rostro, descubriendo la cicatriz de su frente y acariciándola con adoración. Sonrió al darse cuenta que Harry solo fingía dormir y comenzó a besarlo en las mejillas, muy lentamente, hasta que el moreno no pudo resistirse más y lo sujetó del rostro, besándolo en los labios apasionadamente.

No tardaron mucho tiempo en escurrirse bajo las cobijas y acariciarse con desesperación, la tensión sexual acumulada de días los tenía como un par de adolecentes hormonados, se sentían como no lo habían hecho en Hogwarts por estar demasiado ocupados salvando al mundo. Tocaban por aquí y por allá rudamente, pero sin perderse ningún detalle, se besaban efusivamente, usando la lengua y los dientes, saboreándose, explorando aquella cavidad que tenían más que conocida y que seguía siendo fascinante para ambos. Draco fue el primero en colar sus manos debajo del pijama del moreno, una verde Slytherin que resaltaba sus ojos. Su piel era tan suave como cuando la había tocado por primera vez pero sus músculos se habían reafirmardo y se habían marcado gracias a su trabajo de auror. Tenía cicatrices, unas diferentes a las que Draco le había conocido en Hogwarts, unas que seguramente se había hecho en su ausencia.

Harry no perdió el tiempo, llevó sus manos directamente a los glúteos bien formados de su acompañante y los apretó con deliciosa brusquedad, haciendo que Draco soltara un jadeo y su erección diera un respingo, exigiendo contacto, exigiendo que por fin hicieran aquello que tanto anhelaban y que no habían podido concluir por un sinfín de interrupciones que habían surgido a lo largo de aquellos días. El moreno gemía roncamente, restregándose contra el cuerpo de Draco y rogando silenciosamente por algo de atención un poco más personal.

Pero justo cuando Draco se disponía a ponerle las manos encima a su pijama y arrojarla lo más lejos posible, las protecciones vibraron, anunciando que tenían visitas y que llegaría en cuestión de nada por la chimenea. Harry estaba enojado, Draco lo sabía, podía verlo en el puchero infantil que hacía y por la manera en la que fruncía el ceño. No era para menos, él estaba casi del mismo mal humor que Potter, por millonésima vez en aquella semana les habían interrumpido a mitad de su sesión de besos que prometía convertirse en sexo, en su primera vez. Si no habían sido Granger o Weasley, habían sido Blaise y Pansy, si no era Lupin era Black, si no era Goyle era Ginevra y así sucesivamente, parecía que todos sus amigos y conocidos se habían puesto de acuerdo para no dejarles llegar más allá de un desesperado frote de entrepiernas.

Bastante fastidiado, el rubio soltó un gruñido que expresaba su descontento, luego hizo ademán de desmontarse del cuerpo de su amante, quién personalmente no parecía maravillado con la idea y le sujetó de las caderas, manteniéndolo sobre él y mirándolo bajo la oscuridad que estar debajo de las sábanas les proporcionaba, sus verdes orbes le rogaban que no se fuera, que terminaran de una vez por todas lo que habían comenzado, que estaba listo, que lo deseaba más que nada en el mundo y Draco hubiera cedido si no hubiese sido por que la magia que sintió llegar era nada más y nada menos que la de su padrino.

—Podemos fingir que no hay nadie, solo debemos cerrar la puerta y esperar a que se vaya —Propuso Harry, con ojos de cachorro, aquellos que hacían que Draco le cumpliera cualquier deseo.

Draco miró la puerta y luego a un sonrojado Harry con los labios hinchados y el pijama completamente desacomodado, sintió que no podía más con ello y susurró algo similar a "De acuerdo" que sonó más a "Mjfldj" debido al beso en el que se habían unido nuevamente. El rubio atacó de nuevo el pijama, sin apartarse del beso, intentaba con manos temblorosas desabotonar la maldita camisa y se maldijo interinamente por haberle regalado una de ese tipo y no una de esas que se quitaba por la cabeza. Harry decía cosas como "Dios... dios..." y Draco respondía "Un poco más, un poco más", pero nada de aquello le importaba a Snape quién ya estaba tocando la puerta con suma insistencia, fuertemente y sin nada de recato.

—¡Largo! —Gritó Harry ya harto de los golpes en la madera.

—¡Más tarde! —Reafirmó el rubio dejando de lamer el abdomen de su novio quien parecía genuinamente ofendido por que Draco dejara de hacer con su lengua eso que estaba haciendo alrededor de su ombligo.

Harry curvó la espalda cuando Draco bajó un poco más abriéndose paso entre su pantalón de pijama y entonces, cuando lo mejor estuvo por venir se detuvo... Harry no tuvo si quiera tiempo de replicar, Draco se puso de pie como alma que lleva el diablo y se acomodó sus propias ropas casi a la misma velocidad, su rostro reflejaba incredulidad, dicha, confusión y pánico. El moreno pronto olvidó lo que había estado a punto de tener lugar, las manos del rubio temblaban, temblaban muchísimo mientras intentaba aplacar su cabello con bastante facilidad, entonces Draco lo miró con los ojos ligeramente enrojecidos y se apresuró hasta la puerta.

Draco seguramente hubiera seguido con el plan de ignorar a Severus si no hubiese sido por el hecho de que sintió algo que le hizo estremecerse, había alguien más con Severus, él podía saberlo, hubiera reconocido aquella magia en cualquier parte, rodeado de miles y miles de magos y aquello solo disparó sus nervios, ¿acaso era posible? ¿Narcissa se encontraría del otro lado de la puerta?

Habían hablado sobre ello, sobre hablar con Narcissa Malfoy sobre su supuesto hijo antes de hacerlo con Lucius, todos sabían que Severus era un gran amigo de la señora Malfoy, todos sabían lo mucho que confiaba en él y habían dispuesto que Snape arreglara todo para un encuentro, uno que no aseguraba, pues la señora Malfoy podía ser tan testaruda como su marido. Por eso fue que Draco desechó aquella idea rápidamente y se conformó con hablar con sus padres hasta el día de la fiesta, no esperaba tener que actuar hasta ese día y definitivamente no esperaba tener que darle la cara a su amada madre justo en aquel momento.

Y se sentía ansioso, al contrario de la mayoría de sus encuentros ese no lo había planeado, no había creado una táctica, no le había dado tiempo de pensar en nada y joder que un Slytherin sin sus planes era un una serpiente desprotegida y odiaba a Severus por no haberle avisado si quiera, el hombre pudo haber mandado una lechuza o un patronus, pero no, en lugar de eso se había aparecido en la casa de los merodeadores a tocar insistentemente la puerta de la habitación donde Harry y él estaban bastante ocupados y no había dicho nada, nada que les alertara de lo que estaba pasando en realidad.

Tal vez Harry se percató de su cambio de actitud, porque rápidamente se acomodó el pijama y se cubrió con las sábanas hasta la nariz, dejando ver sus bellos ojos verdes que intentaban enfocar la escena a falta de gafas. Potter asintió y parpadeo una vez lentamente, en señal de afirmación, dándole fuerzas para lo que fuese que ocurriera al abrir la puerta. Draco ante esto caminó hasta la puerta de madera y tomó el pomo, sintiendo un escalofrío recorrerle, la magia de los Malfoy estaba haciendo efecto, se sentía como una descarga eléctrica que lo conectaba con la mujer del otro lado de la puerta, su progenitora. Su lazo con ella siempre había sido de aquella manera, estaba unida a ella casi tanto como lo estaba con Harry, de una manera diferente, pero igual de intensa y poderosa.

Entonces abrió, Narcissa se quedó estática en su lugar, con la mano extendida, como si hubiera planeado abrir la puerta y algo la hubiese detenido, su expresión denotaba sorpresa, muchísima, Draco casi se la podía imaginar regañándose mentalmente por no haber controlado sus emociones, pero ninguno de los dos lo había hecho, ambos se miraban con las emociones a flor de piel y con el corazón en la garganta, Harry que miraba todo desde la cama, sentía el poder de ambos magos haciendo clic y reconociéndose como parte de una misma sangre y aunque ninguno de los Malfoy decía nada, Potter estaba seguro de que no era necesario, ellos habían sabido comunicarse con la mirada y Harry se alegaba de que Draco tuviera a alguien como Narcissa.

El reconocimiento llegó casi de inmediato, la señora Malfoy alzó la mano lentamente y tomó el rostro de su hijo con sumo cuidado, como si pudiese romperle en cualquier instante y Draco solo pudo seguir mirándola, sabía que lo estaba analizando, que trataba de leerlo, de encontrar alguna trampa en todo aquello, tratando de encontrar en sus ojos el engaño, pero Draco sabía, sabía que su madre se encontraría a si misma en esos ojos grises y no tendría más que aceptar la verdad que seguramente Severus se había tomado la libertad de relatar. Sintió la magia arremolinarse a su alrededor y la tierra dio unas cuantas sacudidas pero aquello poco importaba, los azules ojos de Narcissa Malfoy brillaron finalmente y tomó a su hijo en un abrazo cariñoso y fuerte, uno que silenciosamente decía: "Lo entiendo, no hace falta nada más" y Draco por primera vez se permitió llorar.

La última vez que había visto de cerca a su madre había sido antes de abandonar Malfoy Manor junto a Harry Potter, llevándose toda la carga de traidor. Sabía que su madre no lo había pasado nada bien, después de la batalla la había visto, cuando secretamente le dijo que Potter estaba con vida. Al morir Voldemort todos se habían reunido con sus familias, se habían abrazado y habían llorado juntos, pero él no, él se había escondido de sus padres entre la multitud a sabiendas de lo que venía después; él debía pagar con su existencia el cambio en el tiempo y estar con sus padres solo le habría hecho más difícil hacerlo sin sentirse débil, después de todo era únicamente un chico al que le faltaba poco menos de un mes para cumplir dieciocho y que había sufrido ya demasiado.

Por supuesto que ver a su madre en las fotografías de El Profeta no eran ni mínimamente lo mismo y el tenerla ahí de verdad, abrazándola y sintiéndola le hicieron revivir aquellas épocas en las que era un niño que al caerse de la escoba no dejaba de llorar hasta que su madre acudía y le besaba la herida después de curársela con mucho amor. No le importó demasiado llorar a pulmón suelto frente a Harry y Severus, no le importó que le escucharan repetir "Mamá, mamá, mamá" a gritos desesperados, como si tuviera solo cinco años, y no veintiuno, todo lo que importaba en aquel momento era que Narcissa Malfoy Black, su progenitora, la persona que más lo había amado en el mundo (aparte de Harry claro estaba) estaba ahí, sosteniéndolo cariñosamente para que no se derrumbara aún más, para no dejarlo caer.

No supo cuánto tiempo se quedó entre sus brazos y tal vez si hubiese sido por él jamás se hubiese apartado, se hubiera quedado ahí, recibiendo cariñitos en el cabello y mimos en sus mejillas empapadas de lágrimas de felicidad infinita, pero su parte adulta le decía que aquello no era posible, así que cuando ella se apartó él solo pudo sonreírle cariñosamente, lleno de agradecimiento y amor, estaba tan orgulloso de ser su hijo que sentía que su pecho iba a explotar.

—Creo que deberíamos hablar, Dragón —Dijo ella con voz ligeramente ronca, señal de que había estado aguantando las ganas de romper a llorar.

Draco miró a Snape y a Harry quién le sonreía desde la cama, con la charola de comida sobre las piernas. Tomó la mano de su madre y caminó hasta el despacho que se encontraba en el segundo piso de la casa. Snape los siguió de cerca, tal vez pensando que el momento madre-hijo había pasado ya y sería buena idea estar presente para dar todas las explicaciones que seguramente Narcissa exigiría y demandaría. Y así pasó, tras tres horas de charla Narcissa terminó por comprender lo que había sucedido, al principio Draco había dudado en decirle que si no lograban convencer a Lucius él tendría que marcharse de nuevo, pero Snape lo había creído conveniente y lo había soltado sin preocupaciones, como si estuviesen hablando del clima. La mirada de su madre se endureció, pero no entró en pánico ni nada parecido, su semblante mostraba que se encontraba cavilando la situación tal vez calculando todos los escenarios posibles, como buena Malfoy, como perfecta Black y como una Slytherin ejemplar.

—Hablaré con tu padre, lo iré preparando poco a poco, y espero apoyo de parte de Severus —Declaró de manera seria. —Pero ahora, me gustaría saber, Draco, ¿Por qué tardaste tanto en buscarnos? Soy tu madre, te amo más que a nada en el mundo, debiste saber que yo más que nadie podría ayudarte, recordarte —Sonaba ligeramente herida.

—Estaba asustado, no sabía cuál sería la reacción de mi padre, así que busqué a Pansy en primer lugar, ella no me reconoció y eso me hizo dudar mucho más, lo lamento... —Y su disculpa había sido sincera, sabía que su excusa era muy mala, pero esperaba que su madre entendiera —Quiero decir... si hubiera llegado y hubiera dicho que soy tu hijo seguramente habrías llamado a los aurores y me hubieras mandado a algún hospital psiquiátrico, reconocer a un hijo lo suponía más difícil que a un amigo, sobre todo porque tu no recordarías haberme dado a luz nunca...

Narcissa asintió comprendiendo el punto.

—De acuerdo, Dragón, pero de ahora en adelante vamos a trabajar juntos ¿de acuerdo? No necesitas seguir viviendo en el apartamento de Pansy, ni tendrás que sufrir más por dinero, solo es cuestión de tiempo para que Lucius comprenda, tal cual hice yo y entonces todo volverá a la normalidad.

—¿Crees que me ha perdonado? —Preguntó de repente. —El que los haya traicionado... a él y al Lord... —Ella tomó su mano y la acarició. — Después de todo yo ayudé a Harry y...

—Escucha, Draco, tu tomaste tus propias decisiones, tu padre las suyas y nadie pude culparlos por haber elegido diferente, en su momento cada uno hizo lo que creyó conveniente, por nuestra familia, por nuestro apellido y por nuestro honor. Lucius está arrepentido, al final de la batalla no hacía más que buscar la manera de ir a Hogwarts y encontrarte, temiendo que algo te hubiera pasado, al final sus lealtades... nuestras lealtades estuvieron contigo, con nuestro amado hijo. Es una lástima que él haya tardado tanto tiempo en comprenderlo, pero así fue. Tal vez si, se sintió engañado y traicionado por la manera en que te fuiste y ayudaste al que en ese momento era el enemigo, pero no dudes, dragón, ni por un momento que te ama y que siempre has sido lo más importante para él.

El rubio asintió y sonrió ampliamente, se sentía demasiado conmovido como para ocultarlo y ahora, estaba cada vez más cerca de cumplir su objetivo y si lo que su madre decía era verdad, entonces el trabajo estaba hecho simplemente debía presentarse frente a su padre el día de la fiesta y con suerte la conexión mágica y de sangre hablaría por él. Se sentía eufórico, lo estaba logrando.

—Por cierto, me alegra ver que tu relación con Potter ha progresado bastante —Dijo la mujer cambiando de tema y sonriendo cálidamente. Draco se sonrojó y asintió sonriendo. —Pero de verdad espero que estén usando protección, no creo que un bebé en este momento sea buena idea, hay cosas más importantes que atender y...

—¡Mamá! —Exclamó avergonzado. —Nosotros no... él y yo no... é-él... —No sabía por qué tartamudeaba, estaba comportándose como un idiota, lo sabía, ya estaba bastante gradecito como para portarse así.

—Con todo eso de la guerra tú padre y yo nunca pudimos darte la plática, y por la cara que has puesto supongo que aún debemos dártela —Miró al profesor de pociones. —Severus, me gustaría que a falta de Lucius seas tú quién me ayude.

—¡No! — Exclamaron ambos de manera escandalosa, Snape no parecía para nada avergonzado pero el hombre era buenísimo escondiendo sus sentimientos. Draco por su parte había dejado su piel lechosa atrás y la había coloreado completamente de rojo. Narcissa soltó una carcajada.

—Vale, no hay porque alterarse tanto... —Dijo divertida. —Tal vez deberíamos llamar al señor Potter, si ambos están juntos apuesto que será mucho más fácil, dudo que alguien le haya dado la charla y si va a ser la primera vez de mi hijo, quiero que todo salga bien, sin inconvenientes...

—Madre, en serio, detente... —Rogó Draco.

—Severus, trae al chico Potter, por favor —Snape asintió y salió prácticamente volando de ahí, no queriendo verse involucrado en aquella charla.

Un sonriente Harry Potter que aún vestía el pijama atravesó la puerta sin imaginar lo que le esperaba.