España estuvo tan ocupado al día siguiente con entrevistas, un acto benéfico para su persona y un estreno al próximo compromiso de su hijo Chile que no tuvo tiempo para pensar en México. Pero aun así se las arregló para mantenerlo en sus pensamientos durante todo el día. No podía olvidar la ira y la pisca de desesperación que había en su mirada cuando este le confesó que estaba en una relación con Rusia. Desde hace algunos años la relación entre él y el hijo del soviético estaba tensa y aun así se atrevió a meterse con su hijo.

Era una excelente jugada.

Estaba seguro que ninguno de los dos había tenido la determinación de confesar su relación, no era tan típico de México, no desde que era pequeño. Desde la muerte de su madre, el mexicano le había guardado un extremo rencor y desconfianza, España no tenía clemencia, después de todo él fue quien le arrebato la vida a Imperio Azteca.

"Solo era una piedra más en su camino a la gloria", tales pensamientos perjudicaron a su pequeño, volviéndolo inseguro y tímido en su niñez. México como cualquier niño buscaba el cariño de su padre pero él siempre lo alejaba de su persona con suma frialdad y dolor en el corazón del tricolor, cosa que no le importó en lo absoluto puesto que lo manejo a su manera, como si se tratara de una colonia común. Al igual que sus hermanos, el pequeño mexicano sufría los maltratos y la discriminación por parte de su progenitor, tenía que ser perfecto ante la mirada del español.

España al recordar esos tiempos, sentía un nudo crucial en su estómago, la paz ya no estaba en su corazón, pero veía el lado bueno. México se había hecho más fuerte ante los demás.

Por eso no entendía por que se había fijado en alguien como Rusia. El español dejaba de lado los papeles y decidió guardar el folder que estaba en su escritorio, en aquella caja fuerte que solo era testigo de todos los movimientos de aquel país. Se levantó de la gran silla de plata que había en la biblioteca y se acercó al mini bar que estaba escondido en la esquina del ventanal, un buen whisky le caería muy bien por todo lo que estaba pasando.

-Joder esto es un asco

-No tienes idea de cuánto...-el español dio un leve salto y giro en sus talones y solo bufo al ver a Argentina recargado en el marco de la puerta- México es un boludo, nos causa problemas

-No es del todo un problema, las tensiones comerciales entre todos nosotros están en un punto fijo y solo con las alianzas se puede remediar. Ya no eres un crio, deberías entenderlo

-¿Qué debería entender?- el argentino se acercó a su padre, dando a entender la diferencia de altura, su mirada era seria y de molestia- ¿Qué los latinos somos canjes para las demás naciones? ¿No podemos defendernos? ¿Somos boludos?

-No compliques las cosas Argentina- España miraba a su hijo mientras daba pequeños sorbos a su copa- ¿Crees que a mí me gusta verlos así?

-No lo das a demostrar

-Fui duro, pero eso los hizo lo que son ahora. Sin embargo estoy de manos cruzadas y no puedo mover los hilos como yo quisiera. Tuve una ventaja con Chile, pero México...- el español trago y trato de articular al menos una palabra que no desatara los reclamos de Argentina- Abrió mas puertas a las oportunidades que yo buscaba, es como su madre.

-¿Distraído y confiado?

-No...- España sonrió- Es más que eso

México estaba jugando con sus manos, tratando de cuidar sus nervios y su temblor. Después de ver aquel mensaje, decidió que la mejor manera de hablar con Rusia era en persona y lo llamo. Después de unos diez minutos de silencio habían acordado en verse en la casa del mexicano en la tarde, el ruso de mala gana acepto y corto la llamada. Ciudad de México se quedó muda al escuchar las palabras de su padre y le exigió que le dejara quedarse, para evitar cualquier mal entendido. México se negó.

Era un asunto que tenía que resolver solo.

Ciudad de México se resignó ante la mirada de su padre y decidió irse, solo con la condición de que le marcara si era necesario y ella regresaría con todos sus hermanos para poder aplacar al estilo mexicano al "poste de luz" como ellos vagamente lo conocían. Sonrió al recordar ese momento en que su hija mayor buscaba su celular para llamar a Sinaloa y Estado de México para avisarles lo que su papá había pasado hace unas semanas, Ciudad de México estaba colérica.

Nadie iba a tocar a su familia, no sin su permiso.

El tricolor miro su reloj, ya pasaban más de las cuatro y el ruso no se aparecía, decidió que caminar un poco la caería muy bien, así que le aviso a sus empleados que le llamaran si Rusia llegaba a la casa, tomo sus llaves y salió deprisa de su hogar. Camino por un largo rato, mirando a sus ciudadanos, algunos disfrutando la tarde en familia, otros tratando de lograr las ventas del día para sobrevivir, y otros, atacando a su misma raza, a sus hermanos.

Se sentía mal consigo mismo ¿Acaso era capaz de reclamarle a una potencia sus acciones en estado de ebriedad pero no para proteger a sus ciudadanos?

Unas cuadras más adelante, se sentó en una banca y decidió pensar en todo lo que tenía en sus hombros, pero no duro mucho tiempo su satisfacción cuando sintió una presencia cerca de el

-¿No nos veríamos en tu casa?

México sintió un escalofrió al ver a Rusia delante suyo, se sintió intimidado en ese momento pero no lo demostraría, no con facilidad. El tricolor se levantó y respiro profundamente ante el caos que tenía probabilidad de formarse.

-Necesitaba aire fresco, nada más

-No es algo común en ti

-Hay muchas cosas que no conoces de mi Rusia- el tricolor se volvió a sentar y dio el ademan de que el más alto se sentara junto a él, Rusia respondió su gesto enseguida- ¿Qué querías hablar conmigo?

-Sobre lo que paso aquella noche

-Olvídalo wey...- México solo alzo los hombros- Ya quedo en el pasado. Pero debes admitirlo no aguantas para nada el alcohol y eso que estas más acostumbrado que yo. Eres un borracho.

-No te pases de listo

-Solo digo lo que vi esa noche- el tricolor se tensó por un momento- No es algo que te quiera recriminar, solo déjalo así...

Rusia se quedó callado, no podía imaginarse este momento, creyó que el mexicano estaría reclamándole todo lo que habida hecho, estaba consiente en ese momento de calentura y tenía que admitirlo, le gusto un poco, los gemidos del mexicano eran como el canto de una bella ave siendo devorada por una serpiente. No sabía si México estaba dispuesto a arriesgar su integridad para mantener su estatus o solo para aprovechar los lujos que le estaba dando.

No tenía las ganas de hablar con el más bajo porque no le tomo la importancia suficiente para hablar de aquel instante, además había estado ocupado con los asuntos entre Inglaterra y Canadá, quien le había ofrecido un gran trato a cambio de algunos costeos culturales e industriales. Era tentador y no podía dejarlo ir.

Pero a lo largo de los días una sensación lo había invadido varias veces desde que dejara las tierras de Bélgica. Le parecía molesto que ese encuentro le causara mucha controversia en su persona, además de indignación al despertar aquella mañana sin su acompañante.

Fue una falta de respeto de México hacia su persona.

-No, México. No pienso hacerlo

-¿Qué pedo?- México bufo molesto- Ya te dije que ya quedo por la paz.

-A lo mejor a ti no te importaría prostituirte, pero a mi si

México se quedó sin aliento al escuchar suspalabras, estaba hablando de su persona, de lo que le repugnaba tener quefingir que estaban juntos. No podía olvidar que lo había entre ellos no erareal.

Pero esas palabras y sus acciones pasadas demostraban todo lo contrario. Le dolió pensar que el ruso tuviera una imagen así de él.

Oyó que murmuraba algo más y después, para sorpresa de Rusia, se levantó y le dio una patada en el tobillo, el ruso se quejó mientras que México caminaba tratando de tirarle sus llaves a una persona inocente que pasara por su camino, en realidad no le había pegado tan fuerte pero no pudo evitarlo.

El ruso se lo merecía.

Oyó que Rusia gruñía mientras iba tras él para poder recriminarlo, se dio cuenta de que no tenía escapatoria, no había donde esconderse. Paro en seco mientras giraba en sus talones y lanzaba una mirada seria a Rusia, quien lo miraba molesto.

-Creo que me dio un tic en mi pie. Lo siento- le dijo con sarcasmo

-¿Estás jugando?

Él se quedó unos segundos en silencio

-No, claro que no.

Rusia lo miro con escepticismo. No era algo normal en el pequeño tricolor, no había conocido esa faceta de aquel país de quinta. Era algo que le sorprendía y le llamaba la atención.

-Está bien, creí que sería divertido, después de escuchar tus palabras como si tú fueras mi cliente ¿no?

-¿Pensabas que en realidad tengo esa visión en ti? No todo el mundo gira alrededor de ti México

¡Eso no tiene nada que ver Rusia!- replico el mexicano enfadado- Nunca actuó como si creyera que es así

-¿Y lo de la habitación?

-Y dale con la burra al trigo. Que bien amuelas sacando el tema otra vez.

-Aunque no lo pienses así, me importa mucho lo que me digan los demás de ti.

México se quedó callado, era muy raro que alguien se preocupara por él, ni siquiera España demostraba ese tipo de cuestiones.- Sabes estoy pensando que algo tienes que ver con lo que paso esa noche. Como sintieras algo de culpa

-Estaba ebrio y me disculpo por ello, no creo que tuvieras la culpa. Sólo fue un deslice nada más.

-Yo no tuve la culpa, tu fuiste el que me agarró en mis cinco minutos de estupidez.

México y Rusia se miraron y sintieron como sus cuerpos se relajaban poco apoco, como si ese momento fuera de paz tranquilidad. El tricolor sólo alzó los hombros y dijo que no era necesario seguir esta conversación, no llegarian a nada. El ruso sólo asintió con la cabeza y le dio la mano al mexicano en señal de una tregua por el momento.

México se quedó pensando y estrecho su mano con la del más alto, sintió por un momento tranquilidad. México observó detenidamente al ruso, parecía cansado y sus ojeras lo delataban bastante. Pero aún así seguía siendo atractivo ante sus ojos.

Le bastaba con mirarlo para recordar todo lo que paso en ese cuarto de hotel, como lo había besado y sobre todo como lo había tomado. Pero al recordar como lo había hecho sólo para aliviar su dolido corazón, le recordó lo asqueado y pésimo que se llegó a sentir después.

Era mejor dejarlo ahí. Ambos ya habían llegado a la conclusión de que había sido un error, y que no se volvería a cometer. Aunque no lo habían hablado con claridad, tenían que ser cuidadosos y alguien se llegara a enterar de lo que había pasado.

Como si jamás se hubiera presentado. México sólo suspiro, en realidad no había cambiado.

-¿Y ahora qué?

-Como nos hemos "reconciliado"- alardeó Rusia mientras buscaba en su teléfono algunos mensajes sin responder- Supongo que no tenemos excusa de faltar..

-¿Faltar? ¿A donde si se puede saber?

-A la fiesta de Japón, es una ventana abierta para el beneficio de ambos.

México se mordió la lengua ante el comentario sarcástico que iba a pronunciar.- No creo que lo logres tan fácilmente.

-¿No es obvio? Voy a usar nuestra pequeña farsa para mi propio benefició- Rusia solo sonrio con malicia- Su fiesta es mañana por la noche y tu vendrás conmigo

-Ya no puedo más...

-Tienes que calmarte

-¡No es fácil!- Ucrania dejo caer el pequeño collar de oro tallado en el piso de madera mientras trataba de no perder el equilibrio entre su pareja y ella.- ¡No puedo seguir más con la farsa!

-Yo se que no debes pero debes comprender- Canadá sonreía mientras tocaba de manera gentil una de sus manos- USA no quiere nada conmigo, somos hermanos.

Las lágrimas de la mujer no se hicieron esperar- ¿Ya no me amas?

-Como puedes preguntarme tal cosa- el canadiense tocó una de sus mejillas y limpio cada gota de agua salada que bañaba el rostro de la mujer que amaba- Te amo más que nada, pero tengo que ayudar a mi hermano en esto, me necesita.

Ucrania se soltó del agarre del más alto, mientras se dirigía a la puerta de su departamento, desde que su hermano había terminado con el capitalista, ella y Canadá dejaron de frecuentarse por un tiempo debido a los Roses, pero una oportunidad se presentó y decidieron intentarlo.

Pero ahora, ya no sabía que hacer...

-Ya no eres el hombre de quien me enamoré Canadá... Eres tierno y gentil pero, sólo tratas de cubrir a alguien que no lo necesita.

-Ucrania...

-Pero- la ucraniana se quedó mirando hacia la ventana- Se que lo haces por que quieres a tu hermano, pero no es lo correcto.

Ucrania sólo miró con una melancólica sonrisa a Canadá y salió con decir alguna palabra del lugar, dejando al canadiense con una sería aura...

Y un devastado corazón

Ucrania bajo por las escaleras de emergencia, pero se detuvo al ver que la visibilidad se estaba tornando borrosa, tomó sus brazos y se sento mientras lloraba amargamente. Le dolía mucho dejar así a Canadá.

Pero era lo mejor, sólo se estaba haciendo daño.

-Papá...- dijo mientras miraba al techo- ¿Porque no puedo ser feliz?