13. Dormido está el dragón
Amor por corazón y corazón por amor
Mahatma Gandhi
Hogwarts
Inglaterra
Noviembre, 1999
El suave golpeteo del agua en los mosaicos grises se detuvo de pronto cuando la llave fue cerrada, haciendo que moviera un poco sus extremidades entumidas a causa del frío que hacía en la habitación, aún cuando estaba de lleno bajo los rayos del sol.
Observó por la ventana un poco, rodando los ojos al recordar que era demasiado tarde, que la hora del crepúsculo se acercaba.
Hermione salió del baño con la toalla enredada en el cabello rizado, tratando de secarlo con los ojos cerrados ante su mirada glaciar. Al quitar la toalla de su cabeza, lo primero que logro ver fue la figura del príncipe de Slytherin parado en la puerta de la habitación, haciéndola que se sobresaltara de forma teatral mientras lanzaba una exclamación.
Dio gracias a Morgana que traía ropa puesta.
—¿Que quieres?.-Dijo la castaña, sintiendo como un calor extraño le recorría las mejillas, coloreándola.
Maldijo entre dientes cuando Draco la observó fijamente, más no dijo nada burlón o en tono sarcástico como siempre.
Eso la hizo entrecerrar los ojos.
—Tú y yo tenemos que hablar de una jodida vez.-El muchacho comenzó a caminar por la habitación, mirando todo lo que tenía en ella, incluyendo al viejo gato, el cual había durado más años de los que le tocaban .—¿Sigue vivo?
Hermione solamente puso mala cara.
El rubio en cambio, siguió su camino mientras el gato naranja lo seguía con la mirada, como si estuviera cuidando que no tomara nada entre sus ó que no iba a decir nada más hasta que ella aceptara hablar con él.
Nunca había hablado con ella y cayó en cuenta cuando estuvo apunto de abrir la boca, nunca habían tenido una conversación de manera real sin mandar hechizos de un lado a otro.
—¿Donde están los niños?.- Dijo Hermione simplemente, esperando que dejara de inspeccionar con los ojos críticos los adornos que había en las paredes y las banderas del equipo de Gryffindor.
—Están en el jardín con cara rajada.
Hermione solo resoplo ante el apodo, dejando la toalla a un lado y cruzándose de brazos para carraspear y decir todo lo que tenía en mente, abriendo mucho los ojos y quedándose muda cuando el muchacho comenzó a desabrochar su chaqueta.
Mierda.
—¿Que...Qué estás haciendo, Malfoy?-Hermione camino unos pasos hacia atrás, deteniéndose cuando pego contra la puerta del cuarto de baño. Draco en cambio la miró por un segundo, desabrochando el primer botón de su playera negra de algodón.
Ella sabía lo que estaba haciendo.
Y a Draco eso le causó risa, lanzándola un poco apagada.
—¿A caso no vas a mirarme, Granger?
La voz del rubio hizo que la muchacha de manera instintiva volteara hacia él, aún cuando se había prometido no verle al escuchar cómo caía la ropa al piso.
Hermione abrió mucho los ojos.
Quizá en otro momento de su vida, siendo más joven de lo que era aún, hubiese enrojecido de manera súbita al ver el torso desnudó de Draco Malfoy, pero este no era el momento. La castaña entendió que el Slytherin no había quitado su ropa para que pudiera verle, al menos tenía pantalones puestos. Por todo el torso del muchacho se mantenía una larga cicatriz, que no lucia nada estética en la piel fina y blanca.
La cicatriz parecía como si hubiese sido acuchillado, rasgado desde dentro, una y otra vez, siguiendo su camino hasta el cuello y terminando bajo el lóbulo de la oreja.
No era algo que se hubiera esperado. No tenía ningún sentido.
—¿Qué te paso?.-Pregunto ella con un poco de curiosidad qué logro reponer bajo el tono de inquietud al saber que debió de haber dolido.
—Un ataque de una serpiente... Y sabes de cual.-La mención de Nagini hizo que la muchacha se estremeciera de manera visible, no creyendo que pudiese estar viva después de que Neville la cortara en pedacitos.
—Es imposible...
Draco solamente sonrió de lado, negando un poco y luciendo perfectamente cómodo al no tener camiseta.
—Tus hijos están en el lago, ¿No crees que es posible?
Hermione dudo un poco ante lo que acaba de decir, acercándose hacia Draco de manera automática, haciendo que por primera vez él tuviera que hacerse un paso hacia atrás para evitar la cercanía.
Era desconocido y desconcertante.
—¿Y por qué?.- Ella detuvo sus pasos a varios palmos, tratando de ver la herida más de cerca, notando algunos lugares en los cuales parecía que el veneno había deshecho pedazos de piel entera.
Draco dudo por un segundo, tratando de recomponerse un poco.
—Ya nada debería de sorprenderme.-Dijo el con voz baja, casi como si estuviera diciendo algo de lo que no estaba seguro por completo.—Dijeron que hice algo mal en el pasado.
—¿Aún duele?-La castaña movió su mano, alzándola para poder tocar la piel del muchacho en un arranque que no supo de donde venía.
Frío.
Eso sintió cuando sus yemas tocaron la piel del rubio, diciéndose a ella misma que incluso en eso le hacía honor a su casa. Era frío, como la de piel de una serpiente, con la misma textura suave que ellas... Incluso en la cicatriz que ahora le marcaba.
—No.
Hermione alzó la mirada hacia Draco cuando obtuvo esa respuesta, mirándole un poco perdida. Él tenía los ojos cerrados, como si su toque le diera asco, como si le incomodara.
Bajo su mano más fue detenida por más piel fría y una mano pálida justo cuando llegó a la altura del corazón del muchacho.
—¿Por qué?-Dijo ella dejando aún la mano sobre la piel, sintiendo como de a poco iba calentando el lugar donde la tenía detenida.
Creyó que el muchacho entendió la pregunta cuando abrió los ojos, luciendo las pupilas dilatadas a causa de la puesta de sol.
A causa de la oscuridad que se iba colando por las ventanas.
—No soy más que esto, Granger... Dime, ¿Quien jodidos eres tú?
Habían pasado demasiadas cosas por su mente después de que ella le había tocado, haciendo que su corazón latiera de manera frenética ante el primer roce que habían tenido, piel con piel.
Ella estaba demasiado caliente.
No de la manera en que a Draco le gustaba, no de la manera en que todas las mujeres se ponían cuando lo veían sin camiseta, no de la manera en que todas ellas se desvivían porque al menos les lanzara una mirada.
Menuda suerte tenía Granger para verle desnudo, al menos de la parte de arriba.
Pero parecía que eso a ella no le había importado en lo mas mínimo, no había nada que le pusiera intranquila más que la visión de su marca. La marca que le iba a recordar que estaba en el bando que castigaba al menor error que tenían.
—¿A que te refieres?-Pregunto ella abriendo los ojos avellana de manera curiosa, de manera peligrosa.
Nunca había hablado con ella y no había sentido la necesidad de hacerlo más que para molestarle. No había nada más.
Pero verla ahí, mirándole de forma atenta y con los ojos muy abiertos le hizo recordar porque nunca había querido hacerlo. Ella era una Gryffindor y su valor la hacía cometer errores prácticos, como el estarle tocando de esta manera, tan suave y como si no hubiese nada más que le preocupara en ese momento.
—Yo se lo que soy, yo sé que soy un mortifago que va a terminar teniendo una guardería contigo. Yo se que soy un traidor.-Su voz termino apagándose cuando ella negó un poco con la cabeza y retiró la mano de su pecho.
No quería que lo dejara de tocar y eso le hacía enojar un poco.
Ella en cambio, se hizo un paso hacia atrás para hacer que la distancia fuera mucho mayor a la que ya tenían. Y no hablaba de forma física.
Ellos dos estaban en diferentes mundos.
Mientras Draco Malfoy gastaba el dinero de sus padres a manos llenas, comprando los más lujosos sets de Pociones, las escobas más caras o los libros más nuevos que podrían encontrar... Ella vivía al día. Era hija de dos dentistas modestos que tenían una pequeña casa en un barrio pequeño.
Eran polos opuestos y de eso se dio cuenta en cuando ella se separó de él. Lejos.
—Malfoy...
La voz de la castaña le provocó una leve corriente de electricidad que le corrió de la espina dorsal hacia sus extremidades y cerebro.
—Déjame en paz, Granger.- Su voz tomó un leve tono de reproche que ni siquiera el mismo esperaba tener.
El muchacho rubio tomó su camiseta, metiéndola con un movimiento simple y tapándose la piel desnuda antes de salir de ahí, caminando rápido y sin esperar que ella pudiera detenerlo. Estaba cansado de tener que soportar todo lo que sentía.
Porque sentía igual que cualquiera ahí.
Salió de la Torre con paso un tanto errático y sin saber muy bien hacia donde tenía que ir, cuando se la topo de frente antes de llegar casi al comedor, entre el mar de gente que se empujaba para llegar al la cena.
Pansy le miraba fijamente, sonriéndole un poco al ver que había regresado pero sin acercarse todavía hasta que tuviera el permiso del rubio. Pansy era hermosa.
Pero no era la madre de sus hijos.
—¿Estás bien, Draco?.- Dijo la morena al verle respirar tan rapido, como si hubiese corrido un maratón. Draco solamente dio un paso para tomarle de la mano, jalándola con fuerza.
La beso, con urgencia, moviendo sus labios de manera mecánica contra la boca de la muchacha, enredando las pálidas manos en el cabello negro de la muchacha. La beso queriendo olvidarse de todo lo que había pasado y de todo lo que iba a pasar en su futuro.
—No hay nadie en mi habitación.-Pansy susurró contra sus labios, paseando sus manos por la nuca de él, incitando.
Solamente asintió... Dejándose llevar hacia la sala común de Slytherin mientras tras todas las
personas, Hermione les miraba con cierta tristeza. Los vio alejarse.
Los vio irse, entre besos y caricias.
—Hay veces que las personas no entienden realmente lo que tienen en la cara, Hermione.- La mencionaba se sobresaltó, tomándose de la pared en donde estaba recargada antes de voltear hacia la voz que la había sacado de su trance.
Los ojos de Luna Lovegood le miraban atentos y directamente al rostro esperando que ella respondiera algo y a su lado, un muchacho de ojos violetas le miraba preocupado hasta cierto punto, notando lo pálido que lucia su rostro, casi como si hubiese visto un Basilisco. Era alto y pálido, dejando ver que no tendría más que 17 años y que realmente estaba preocupado.
—No se de que me hablas, Luna.
La muchacha rubia solamente se inclinó un poco, susurrando algo de los "tilos" que le recorrían por la sangre, sintiendo así la tristeza de las personas.
—¿En serio estás bien?.- Pregunto ahora el muchacho, mientras ella le miraba directamente y ladeara un poco la cabeza al notar el color de sus ojos, dándose cuenta que debía ser amigo de Luna al no mostrar recelo en lo que seguía parloteando.
—Claro, gracias.- Hermione contesto de manera automática, notando en él la corbata azul que llevaba bajo la túnica.—¿Y tú eres amigo de Luna?
—Me llamó Edric...Edric Rosier.
Las personas entraban y salían del Gran Comedor, mientras la cena aparecía mágicamente en las mesas de las casas. La mayoría de las personas se sentaban con sus amigos, con sus compañeros más en una de las mesas, el mar de colores se hacía presente.
Slytherin y Gryffindor estaban sentados como si no existiera una enemistad en ellos, comiendo de manera calmada y charlando animados.
—He visto a mamá con Edric.- Dijo Eltanin, sentándose sobre la mesa mientras Scorpius comía tranquilamente una manzana endulzada mientras este alzaba una ceja al escuchar la última palabra.
Dentro del comedor había un constante parloteo, provocando que no escucharan perfectamente las palabras de su hermano, más Altair levantó la cabeza de golpe al escuchar el nombre del muchacho, que tantas veces había escuchado en el futuro.
—¿Dónde?
Eltanin señalo la puerta del comedor mientras sus hermanos fijaban su mirada en ella. Scorpius solo sonrió de forma misteriosa y de manera maliciosa al escuchar que al fin se habían conocido.
Edric era parte del juego a partir de ahora.
—¿Crees que papá se de cuenta que en el futuro ella tiene un amante?.- La voz apagada de Altair hizo que Scorpius y Eltanin solamente negaran suavemente y quedaran en silencio, incómodos. Sabían que su padre se había enterado unos días antes de que ellos viajaran en el tiempo y que no le había importado realmente.
No había importado que su hermana menor fuera hija de él.
No había importado que su madre quisiera dejar a Draco.
—Quizá lo descubra con el tiempo.-
Eltanin se sentó después de lo dicho por Scorpius, negando un poco para después musitar.
—Por ahora está dormido.
