_ "Atenea, dame tu poder."

La Diosa escuchó esa voz, la reconocía, era Kiki y estaba pidiéndole ayuda. Ella corrió hacia la habitación de su prometido y tocó la puerta desesperadamente. Hefesto la abrió, encontrando a su prometida angustiada.

_ Por favor, te pido que auxilies a mi caballero, yo no tengo poder que brindarle, no puedo iluminar su camino.

_ No te preocupes, sabes que estaré a tu lado y te apoyaré en lo que necesites.

Hefesto sonrió y colocó su mano encima de la de ella, pasando una energía que agitaba cada célula de su cuerpo. Saori miraba a los ojos de su prometido totalmente emocionada, aquel hombre transmitía mucha ternura y ganas de protegerla. Ella se arrodilló y una energía salió volando por la ventana, esto causó que se desmayara.

_ Atenea… - él la cargó, la observó y acarició su mejilla.


Kiki se concentró y casi al segundo de lanzar su ataque, una energía de poder divina se fundió con este. La esfera que contenía aquella fuerza empezó a rodear el lóbulo frontal del cerebro de Seiya lo que causó que este empezara a gritar de dolor.

_ ¡Seiya! – corrieron sus amigos a auxiliarlo.

El muchacho abrió los ojos, viendo borroso y después cayó inconsciente.

Todo estaba negro, se veía a él mismo, desnudo en su conciencia.

_ ¿Dónde estoy?

_ Seiya…

Él se volteó apresurado, pero no encontró nada.

_ Seiya… - la voz sonó por otro lado.

_ Saori, ¿eres tú?

Entonces todo se transformó en fuego, escuchaba unos susurros y quiso acercarse a conocer de quiénes eran. El castaño estaba como una tercera persona, como un espectador ante aquellas personas que hablaban delante de él.

_ Tu humano nos ha desafiado, no tiene derecho a vivir, es una amenaza.

_ No acabarán con Seiya ni ninguno de mis caballeros, no lo permitiré.

_ ¿Realmente puedes considerarte una Diosa, Atenea?

_ ¡Silencio!

_ Padre…

_ Sus guerras han agotado con mi paciencia, hija mía. Te has defendido ante los ataques pero has acabado con la vida de tus semejantes y eso es imperdonable.

_ No puedo justificar mis acciones, Dios Zeus. – se arrodilló Atenea, quien reconoció de inmediato era Saori.

_ Necesito que tomes una nueva vida y que se dejen de conflictos. Espero que se te quite lo valiente casándote, Atenea.

_ ¿Casarla? – Preguntó Apolo.- Ya veo. – dijo con una pequeña sonrisa malévola. – La Diosa virgen no ha tenido un hombre que la controle a su lado. Me parece que es momento…

_ ¿Tienes a alguien en especial para decidir, hija mía?

Seiya miraba desesperado la escena, como si el mundo se le cayera, estaba esperando esa respuesta.

_ No padre…

_ Muy bien… Poseidón no ha podido doblegarte, Ares nunca ha podido vencerte y Abel es una amenaza, por lo tanto te casarás con el Dios herrero.

_ ¿Mi hermano Hefesto?

_ Sí, él será tu esposo y a cambio perdonaré la vida de tus caballeros, aparte de expiar todos tus pecados.

_ Padre. – llamó Apolo. – El caballero de Pegaso se quedará intranquilo ante esta situación, además de haber dejado una marca en mi rostro.

El niño de ojos divinos, que estaba siendo poseído por Zeus, se volteó a verla totalmente indignado.

_ ¿Es eso cierto, hija mía?

_ Apolo amenazó con acabar con mi vida, Seiya sólo me ha defendido. – el niño suspiro. – Te lo ruego, yo misma me encargaré de él, de ser necesario, pero déjalo vivir.

_ Está bien. De volver al santuario sin haber cumplido tu promesa, yo mismo los mataré, estás advertida.

Seiya miraba atentamente todo lo que sucedía en su recuerdo perdido, aquel que había sido movido por el Memory Assault de Zephyr y la telequinesis de Kiki. Ni bien las últimas palabras de Zeus fueron mencionadas, ella se dio la vuelta y caminó con la cabeza en alto. Aunque podía observa, en aquella dama de bella figura y presencia imponente, la tristeza ir tomada de su mano.

La doncella divina sujetó el cuerpo del Seiya de su recuerdo en sus brazos y descendió hasta llegar a la tierra en una burbuja de energía. Sólo lo miraba con profundo dolor, cayendo sus lágrimas en el rostro de este. Al castaño que miraba la imagen, se le humedecieron los ojos; de impotencia, de dolor de ver lo que realmente había sucedido. Y sabes que no pudo hacer nada.

_ Saori… - se despertó el joven y le acarició el rostro a la muchacha. – Estás bien, me alegro tanto.

Ella tomó la mano de Seiya y pegó su rostro más a ella, mientras las lágrimas salían de sus mejillas.

_ No llores, por favor. No soporto verte así, prefiero que me despedacen el cuerpo a que estés triste, Saori.

_ Seiya, quiero que sepas que esto lo hago por ti. Te ruego que no me busques, disfruta los años de vida que te quedan en total libertad. Vivirás con tu hermana como tanto lo deseaste.

_ ¿Por qué me dices esas cosas? – Una energía encerró al caballero de Pegaso, a lo que él trató de salir de esta. - ¿Saori? – preguntó confundido.

_ Debo dejarte ir. Seiya yo… Te Amo….

Los ojos del castaño se abrieron impactados, a pesar de haber estado a su lado tantos años jamás se percató que ella correspondía sus sentimientos. Y el Seiya que miraba la escena se sorprendió de igual manera.

_ ¡Saori! – gritó desesperado el muchacho encerrado.

Entonces el joven de la memoria cayó inconsciente, ese había sido el momento exacto en que su memoria había sido borrada.

_ Hermana, ya has comprobado que es un hombre libre. – dijo Atenea.

_ Cumpliste con tu deber. Se lo entregaré a su hermana, como te lo prometí.


Por el rostro de su amigo Pegaso, se veía que estaba sufriendo. Los muchachos se voltearon para pedir algún consejo a Shaka o a su alma que vino a ayudarles, mas había desaparecido. Los caballeros cargaron el cuerpo de Seiya para continuar su camino hasta la cámara del patriarca, donde se encontraba Kanon.

_ Está sudando. – comentó Hyoga.

_ Espero no haberle hecho daño. – dijo Zephyr.

_ No, descuiden, él estará bien.

En la casa de Libra, fueron detenidos por una voz.

_ Caballeros legendarios.

_ ¿Quién anda ahí?

_ ¡Hugo! – se sorprendió Zephyr. - ¿Qué haces aquí?

_ Estaba hablando con Kanon de Géminis, hasta que una luz me cegó por completo, cuando me percaté, dentro de mi cloth estaba un inmenso mechón de cabello.

_ Pero si eso es…

_ ¡Es de Saori!

_ Lo imaginé, nuestra Diosa Atenea está desaparecida y mandó esta ofrenda hacia nosotros.

_ ¿Ofrenda? – preguntó Shun.

_ Como bien saben, mi habilidad especial como caballero de copa es la curación, de herencia a herencia, Atenea siempre me ha encomendado los primeros auxilios de su armada. Para esto, su servidor recibía como don el uso de su cabello para sanaciones divinas. Me imagino que posiblemente es una señal o es un resguardo a un peligro. – Entonces Hugo de Copa se percató del caballero desmayado. - Veo que ustedes han usado una técnica muy agresiva para recuperar la memoria de Pegaso.

_ Exactamente, le lancé mi Memory Assault y fue colocado a una parte de su cerebro con la telepatía de Kiki. Sin embargo, no solo intervenimos nosotros…

_ ¿Qué dices? – preguntó Hyoga.

_ Sentí claramente como el cosmos de su majestad Atenea cubrió nuestro poder haciendo un milagro.

_ Saori… - pensó en voz alta Shun.

_ En todo caso, la salud de Seiya está en un estado crítico, depende de su fuerza de voluntad el si sobrevivirá o no.

_ ¿¡Por qué dices eso, Hugo!?

_ El cerebro es una parte muy delicada de la cabeza, hacerla trabajar a la velocidad de la luz con los poderes que han empleado puede hacer que colapse.

_ ¡Oh no, Seiya! – se angustió el Dragón.

_ Os acompañaré a la cámara del Patriarca, para ver si es necesaria mi intervención en su salud.

_ Contamos contigo, Hugo. – dijo angustiado Zephyr.


_ ¿Muchacha estás bien? – la joven empezó a despertar de su desmayo y a quejarse del dolor de su cabeza.

_ ¿Dónde estoy? – preguntó.

_ En Atenas, en el santuario de Atenea.

_ ¿¡Qué dices!?

_ Haret, ¿ha despertado?

_ Fye…

_ Es muy extraño que una extranjera aparezca en estos lares totalmente perdida y desmayada, déjame preguntar qué es lo que te ha sucedido. – se acercó el rubio caballero de Plata.

_ Yo no lo sé… Estaba en Japón y ahora estoy en Grecia. ¿¡Mi hermano!? ¿¡Dónde está mi hermano!?

_ ¿Hermano? – preguntó confundido el caballero de jirafa. – Sólo te encontré a ti en el suelo… De haber sabido que venías con alguien lo hubiera auxiliado de inmediato.

_ Oye tú. – una voz femenina muy ruda se oyó. – Estás siendo muy suave con ella cuando es una intrusa. El acceso al santuario de nuestra Diosa está incapacitado del GPS habitual y muy protegido. Te preguntaré una vez más: ¿¡Cómo llegaste aquí!? – golpeó con su mano la mesa.

_ ¡No lo sé! Yo…

_ A ver… Electra, estás siendo dura. – respondió Fye y se asomó a ella con una sonrisa. - ¿Cómo se llama tu hermano? Posiblemente podamos localizarlo.

_ Seiya…

_ ¿¡Qué dices!? – gritó Haret. - ¿Eso significa que el legendario Pegaso está aquí?

Ella sintió que había metido la pata.

_ ¡No! ¡No! ¡No! Él es… Seita, exactamente. No han de conocerlo.

_ ¡¿Nos crees estúpidos?! – golpeó la pared fuertemente el caballero de Orión (Electra).

_ ¡Está bien, es Seiya!

Entonces todos se voltearon sorprendidos.

_ ¿Valentín, qué ha sido eso? – preguntó Fye de los perros de caza.

_ Parece ser obra de Zephyr.

_ ¿Es en las doce casas?

_ Es correcto.

_ Esperen… ¿ese no es el cosmos de tu maestro Hyoga, tu maestro Shiryu y mi maestro Shun? – preguntó Valentin.

_ ¿No estaban en Grecia hace unas horas?

_ Espera… - interrogó Electra. - ¡Tú has venido con ellos! ¡Ven con nosotros! – agarró del brazo a Seika y todos corrieron a averiguar lo que sucedía.


_ ¡Ah! – gritó Seiya.

_ ¿Seiya, estás bien?

_ Ah… - gimió de dolor. – Ay Ay Ay Ay

_ ¡Seiya se ha quedado inválido! – lloró Shiryu.

_ No puede hablar, nuestro amigo Seiya… - lloró Hyoga.

_ Todo es nuestra culpa… - lloró Shun.

_ Si yo no hubiera lanzado ese poder. – lloró Zephyr.

_ Oigan idiotas, sólo está adolorido. – aclaró Hugo.

_ ¿Qué dices? – se sorprendieron.

_ Muchachos, ¿por qué lloran? – preguntó Pegaso.

_ ¡Seiya! – lo abrazaron sus tres amigos.

Los jóvenes de la esperanza habían llegado a la casa de Escorpio, donde nuestro protagonista tomó asiento por unos instantes.

_ Saori… - el castaño empezó a llorar angustiadamente.

Le venía una imagen de ella rescatándola de Jamián de cuervo mientras se abrazaba a él.

Saori…

Ella con la flecha dorada en el corazón…

Ella sujetando su cuerpo malherido cuando se estaba destruyendo el santuario de Abel…

Ella tomando su cuerpo muerto en la guerra contra Hades.

Saori…

Ella cuidando de él cuando estaba en silla de ruedas

En overture, cuando se abrazaron en la fuente donde ella derramaba su sangre…

Y finalmente, "Seiya, te amo"

Saori…

Ese te amo que toda la vida quiso escuchar, sólo podían salir lágrimas y arrepentimientos.

_ ¿Cómo no pude darme cuenta antes de todo el sacrificio que ella hacía por nosotros? ¿Cómo fui tan tonto?

_ Parece que lo ha recordado todo. – sonrió Zephyr.

Seiya se paró bruscamente ante la sorpresa de todos y fue corriendo hacia la otra casa.

_ ¡Espéranos Seiya! – gritó Shun.

Al llegar se dirigió directamente ante una pared que le traía unas memorias esperanzadoras.

_ Aioros… - tocó la pared marcada por su testamento. – No he roto mi promesa de protegerla.

Ellos lo alcanzaron impactados por la energía del castaño.

_ Muchachos, rescatemos a Saori. - Todos sonrieron.


_ Atenea, despertaste. – la observaba un amable Dios.

_ Hefesto… yo no he roto nuestra promesa de no contactar mis caballeros hasta entablar esta alianza matrimonial. Pero, hay un favor que desearía pedirte.

_ Lo que tú desees, prometida mía.

_ ¿Puedes contactar al que fue un segundo padre para mí? – el Dios se sintió confundido.


_ ¡Nachi! ¡Genki! ¡Ichi! – gritó Jabú.

_ Jabú, ¿¡qué sucede!? – preguntó el Oso.

_ ¿Ban no estaba contigo? – continuó con la interrogante Nachi.

_ Ban… - lloró el unicornio.

_ ¿Pero qué ha sucedido? – cuestionó la cobra.

_ Mataron a Ban… - se desmoronó en lágrimas el unicornio.

_ ¿¡Cómo!? – gritó Nachi.

Genki cayó al piso totalmente atónito ante la declaración de Jabú.

_ Muchachos, los aprecio más a que nada en este mundo y lo saben… Deseo con todo mi corazón vengarme… Su muerte no quedará impune.

El oso tiró con fuerza su muñeca hacia el suelo griego.

_ ¡Acabaremos con aquellos que tienen atrapada a nuestra Diosa y osaron matar a nuestro hermano! – expresó con frustración Geki.

_ Cuenta con nosotros, Jabú. – colocó su mano en el hombre de este, Nachi. – Iremos contigo.

El unicornio los miró con determinación.