Vampire's Prey

Capítulo 14: Presa Familiar

No soportaba tener a esas mujeres ahí.

No las quería en su hogar.

Sentía la garganta seca, hirviendo, ardiendo.

Era diferente a la sed que le daba con Akko, si no que era una necesidad diferente.

Ellas eran el enemigo, ellas eran peligrosas, ellas debían desaparecer. No iba a ser manipulada ni engañada. No iba a caer en ese teatro. No iba a dejar que se acercaran a ellas, ni un solo centímetro más.

Sentía sus ojos arder, tal y como en la noche, algo extraño que le ocurría, pero no entendía la razón. ¿Sus irises habrían cambiado de color ante su ira? No podía saberlo, ni podría mirarse en un espejo para descubrirlo.

Sus encías comenzaron a arder, abriéndose, moldeándose, con la intención de que sus colmillos tuviesen la posición perfecta para asesinar.

Asesinar.

Matar.

Secar.

Se sintió extraña en su carne. En su piel. Se sentía diferente. ¿De dónde habían salido esas ansias de matar?

Pudo sentir la nariz de Akko pasar por uno de sus brazos, acariciándose, aun dormida. Le dio una mirada de reojo, y se podían notar claramente las heridas en su cuerpo, la hinchazón en su rostro, las manchas moradas distribuidas por su piel.

Esa era la razón, ver a Akko así, esa era la razón de su odio, de su ira.

Los sentimientos la embargaban, y aun no comprendía del todo aquello, pero se iría acostumbrando. Debía mantenerse centrada, no iba a convertirse en un monstruo, no iba a permitirlo, ni tampoco iba a lastimar a alguien que era importante para su pequeña loba. Respiró profundamente, calmándose. Al parecer ya no había peligro, y debía relajarse si es que no quería hacer algo de lo que podría arrepentirse.

Algo que la perseguiría por el resto de su eterna vida.

Sintió un tacto en su cuerpo, las manos tan conocidas para ella se acercaron, tomándola por sorpresa. Sus colmillos desaparecieron ante el movimiento ajeno. Los dedos pasaron por su cuerpo, las garras causando cosquilleos en su piel. La castaña tenía una notoria sonrisa en su rostro, pero parecía seguir dormida por completo. El tacto era tan agradable y a la vez tan familiar que le resultaba imposible concentrarse en las mujeres frente a ella, incluso sentía el calor traspasar a su cuerpo, a sus mejillas.

No podía evitar sentirse en calma con ella a su lado. No podía evitar sentirse cálida con ella a su lado.

Finalmente sintió su rostro arder intensamente cuando una de las manos de la chica, en vez de buscarla con el afán de abrazarla, comenzaron a indagar debajo de su camisón de una forma indebida. Sus yemas presionando su carne y sus garras raspando su piel, lenta y tortuosamente. El ardor mandando señales a su cuerpo, y su cabeza recreó los momentos que vivieron hace unas horas entre las sabanas, en esa misma cama.

No, Akko, ese no era el mejor momento en lo absoluto.

Sentía esa necesidad de sangre, esa necesidad a la que ya estaba acostumbrada que era motivada por el placer. La intención estaba latente en su cuerpo, presionándola a atacar. Lanzarse sobre la castaña era algo que comenzaba a presionar su pecho. Besarla. Morderla. Hacerla suya una vez más.

No. No. No.

No podía hacer algo así, mucho menos con las mujeres ahí presentes.

"Oh."

Escuchó a la pelirroja. Debía ser capaz de ver las intenciones de Akko, y tal vez podía oler lo que la castaña provocaba en ella con tan solo unas leves caricias.

Intentó despertarla, intentó llamarla, intentó moverla sin lastimarla, pero nada era suficiente.

Simplemente no pensó cuando la mano de Akko fue más profundo de lo que imaginó, sus dedos traspasando todas las capas de tela y como un efecto dominó, terminó empujándola de la cama con fuerza, por inercia, sin ser consiente en realidad en cuanta fuerza utilizó ni cuanta fuerza le quedaba siquiera, pero la vergüenza de ser vista por ambas mujeres y que la castaña estuviese aun dormida fue demasiado para ella. Tampoco quería que saliera algún sonido de su boca, no podría soportarlo.

Escuchó un quejido desde el otro lado de la cama y vio el cabello revuelto de Akko aparecer desde la orilla, toda su expresión envuelta en dolor.

Pudo escuchar risas desde el otro lado de la habitación, pero no quiso siquiera mirar si era Chariot o Croix o ambas.

Se acercó a la chica, esperando que esta no la odiase por haberla atacado de esa forma, aunque en su defensa, solo estaba haciendo lo que le correspondía al haberse visto en una posición vergonzosa.

Aun sentía las marcas de Akko en su abdomen, desapareciendo lentamente, trazando un camino hacía su pelvis.

La castaña se repuso, sin notar con claridad que había ocurrido o porque había llegado al suelo, pero ignoró todo aquello cuando se detuvo al mirar a la pelirroja, podía notar la emoción de verla en sus facciones, incluso imaginaba la cola tupida moviéndose de un lado a otro. Su actitud cambió drásticamente al ver a la otra mujer en el espacio.

La vio gruñir, pero no hubo sonido.

"¿Qué hace aquí?"

Croix parecía avergonzada, su mano en su cuello, masajeándolo con incomodidad. La pelirroja se acercó a la castaña con pasos tranquilos y le dio la mano a esta, para ayudarle a levantarse.

De acuerdo, la acción le dio un poco de celos, debía admitirlo.

"Está conmigo, Akko. No te preocupes, ya todo está solucionado."

"¿Qué? ¿Tan fácil? ¿Tan rápido?"

Su misma pregunta.

Akko se cruzó de brazos, sin estar completamente convencida, mientras la pelirroja le sonreía, asintiendo, intentando tranquilizarla y lográndolo luego de unos momentos. Los ojos de Akko fueron hacía los suyos, se conectaron por unos segundos, luego volvió a mirar a los ojos rojos, ambos similares observándose mutuamente.

Su postura cambió, su esencia cambió.

"¿Hay algo más que quieran decir? Este es nuestro territorio, no las queremos más tiempo aquí."

Le sorprendió la severidad con la que Akko habló, y en ese momento la vio como a una adulta, fue algo realmente impresionante, y, de hecho, el rostro de Chariot era de total sorpresa, tal vez jamás la había visto tan seria en su vida. Tan independiente de ella.

La mujer lobo asintió, consternada. Pero no habló. Daba la sensación de que lo haría, pero no decía palabra alguna. Akko parecía irritarse cuando los segundos pasaban.

Se acercó a ella, saliendo de la cama con la única razón de tomar su mano. Le preocupaba que estuviese de parada con su pie aun lastimado, así que se quedó ahí para que no cayese si perdía el equilibrio o si el dolor la atacaba de nuevo. Y egoístamente solo quería estar a su lado, no dejarla más tiempo sola con la mujer. Se alegró al notar como la castaña se relajaba en su presencia, su mano apretando la suya.

La espera terminó.

"Tu naciste como un lobo, Akko, tu manada y la mía eran rivales, peleábamos por el territorio. Eras solo una cachorra en esa época, pero al tomar el lugar debía deshacerme de los cachorros ajenos, debía matarte, eran las reglas, así que lo intenté, pero no fui capaz. Te dejé herida. Pasaron unos días de tira y afloja entre ambas manadas y las cosas mejoraron entre nosotros tiempo después, llegamos a un acuerdo. Un día de esos tus padres se acercaron a mí y me hablaron, diciéndome que, en esa batalla, algo te ocurrió. Me hice responsable, y te cuidé los meses siguientes, asegurándome que estuvieses sana, pero no era así."

Chariot miraba el suelo, y por la expresión que tenía Croix desde la distancia, podía saber que ambas tenían conocimiento sobre aquello. No entendía cuál era la intervención de esta en la historia, pero no le importaba tampoco.

"Existe el mito que uno puede convertir a alguien en lobo por una mordida bajo ciertas circunstancias, si la persona sobrevive, se trasforma. Unos brujos me dijeron que fue como lo contrario, tal vez una maldición en mí, en la luna, no lo sé. Un día sucedió, en la noche, luna llena, y comenzaste a transformarte."

Parecía que la mujer empezaría a llorar. Podía sentir la mano de Akko apretando la suya con fuerza, sus ojos atentos en la pelirroja. Su ceño fruncido. ¿Cuánto tiempo estuvo esperando por aquella declaración?

"Sufriste tanto. Tu cuerpo se contorsionó como jamás había visto. No te trasformaste, solo fue una jugarreta de tu cuerpo hacía ti misma, deformándote, destruyéndote por dentro. Te desmayaste del dolor. Me di cuenta de que era peligroso, que podrías salir herida, que podías incluso morir si llegabas a transformarte, por eso te dormíamos, por miedo de que aquello pudiese matarte."

Los ojos carmines dejaron de ver a la pelirroja, y se enfocaron en ella. Sorpresa en su expresión e incredulidad. Tal vez reflejaba su propio rostro. De haber sabido aquello, no hubiese incitado a Akko a transformarse. ¿Qué hubiese ocurrido si ella terminaba muriendo en el ático? ¿Qué hubiese hecho? ¿Cómo hubiese vivido por la eternidad sabiendo que fue culpable de la muerte de una persona?

Sintió que su respiración se agitaba, y antes de decir algo, de hacer algo, los brazos de Akko rodearon su cuello. El calor abrumador, la sensación de su cuerpo y su aroma, de inmediato evitaron que tuviese algún tipo de crisis de pánico en ese instante. Tal vez sus sentimientos no eran tan fuertes en ese entonces, pero si lo suficientemente intensos para que la perdida de la castaña se marcase en su memoria.

Otra víctima más para la familia Cavendish.

Escuchó la voz, como un susurro suave, de Akko en su oído.

"Todo salió bien. Todo está bien."

Asintió, tranquila de que ese fuese el desenlace.

Akko se alejó, dejando de abrazarla, pero manteniendo sus manos en las suyas, sin soltarla. Un ancla. Esta volteó a ver a la pelirroja, cuyo rostro se contorsionaba en una mueca de puro dolor y culpa. La entendía. Entendía sus actos. Solo intentó protegerla. Pero ocultarle información, era algo terrible.

"Espero me perdones por ocultarte la verdad."

La castaña se quedó inerte por unos momentos, podía ver la duda en sus ojos, al final terminó soltando un suspiro pesado casi como un gruñido. Acarició sus manos con la intención de calmar esa inestabilidad creciente en ella. Y una vez más, eso pareció funcionar.

"Solo no vuelvas a mentirme otra vez."

Chariot soltó un suspiro, pero uno donde dejaba toda la tensión de su cuerpo. Parecía agradecida de tener el perdón de la chica, así que eso también la calmaba a ella misma al darse cuenta de que en verdad quería a Akko. Ambas la querían.

La pelirroja asintió, y caminó hasta la entrada de la habitación. Les sonrió a ambas, su sonrisa amplia, tal y como era la de Akko. Eran muy similares, llenas de alegría y vivacidad. Entonces Croix la tomó en sus brazos, y en un movimiento rápido, ambas desaparecieron. La castaña se vio sorprendida, bueno, ambas. Estaba bien que arreglaran las cosas de una manera tan eficiente, pero ese movimiento fue demasiado cercano e íntimo para dos personas que vivían en guerra la una con la otra. Se miraron, sin entender del todo lo que ocurría, pero ambas parecían tener cero interés en averiguarlo.

Akko olfateó, pero negó, al parecer sin encontrar pista alguna de las mujeres. Se habían alejado de la zona, las habían dejado en paz. Al menos por parte de Croix, esperaba que fuese para siempre.

Ambas se sentaron en la cama, sin decir nada, sus cabezas abrumadas por lo ocurrido y por el cansancio en sus cuerpos. Finalmente, al unísono, volvieron a recostarse, tapándose con las sabanas y cerrando los ojos. Sus cuerpos con magnetismo apegándose el uno con el otro, enredando sus piernas y sus brazos, lo suficiente para quedarse unidas en esa maraña tan cómoda y estable. Pasaron solo unos segundos para que, en esa profunda comodidad, se quedasen dormidas por lo que restaba del día.

..

.

Miró sus trajes usuales en el perchero. Pasó sus manos por la tela. Algunas de las prendas siendo heredadas por su familia, cargando un gran peso emocional. Realmente le encantaba esa ropa de época, y, de hecho, también recordaba con añoranza esos años de equitación, su cabello al viento, el calor del sol en su piel, el sonido de la montura. Era la única forma de olvidarse de todo lo malo que ocurría a su alrededor.

Cerró las puertas del armario, soltando un suspiro.

Se dio media vuelta, enfrentando el atuendo en su cama. Algo más típico de la época actual. Algo que no levantaría sospechas.

Me encantan los trajes y los vestidos de época que usas, me encanta sacártelos incluso.

Soltó una leve risa al recordar la frase de Akko en su cabeza.

Pero habrá muchas personas dando vueltas y no querrás que piensen que eres una vampira del siglo pasado.

Soltó un suspiro. Si, ella tenía razón. Todo estaba bien como estaba y no iba a arruinarlo. Luego podría usar esa ropa con muchos botones y muchas cuerdas, que a la castaña tanto le encantaban. Solo sería un tiempo, en su soledad podría seguir usando aquello que la hacía sentir unida a su familia y a sus raíces.

Tomó la camiseta en sus manos, llevándola a su nariz, sintiendo el aroma tan familiar en la tela. Sonrió de manera natural, y comenzó a ponérsela, así como los jeans que ahí estaban. Vestirse así para la ciudad era una cosa, pero para estar en la mansión era realmente confuso.

Contuvo las ganas de ponerse sus guantes, recordándose a sí misma de que no había sol dentro de las puertas de la mansión, y siempre podía mantenerse alejada de las ventanas. No tenía que ser tan temerosa al respecto.

Me gustan tus manos.

No iba a ocultarlas a menos que fuese necesario. No iba a tener más miedo. No había razones para seguir así. Era una persona nueva.

Caminó por los pasillos, calmando su respiración.

¿Cuánto tiempo llevaba sin hablar con alguien, con un humano vivo de carne y hueso?

Bajó las escaleras, a paso lento. Cada peldaño siendo un acto de gran valentía. Cada peldaño llevándola a la resolución de aquella decisión que tomó hace tan poco tiempo, que en realidad parecía una eternidad.

Notó el bullicio cuando comenzó a acercarse a la sala de estar. Las pisadas en la alfombra, los murmullos, la vida. Oír la vida en su hogar no era algo común en lo absoluto, así que ese simple hecho fue suficiente para hacer que su pecho doliese.

Sintió su corazón latir desenfrenado, pero erróneamente lo confundió con el propio.

Una mano la saludaba desde el final de las escaleras, recibiéndola, ofreciendo apoyo.

Sin duda, a esa mano, iba a tomarla sin dudar.

Akko la miraba desde abajo, sonriendo, clara emoción en su rostro. Esos eran sus latidos extasiados. Sus manos se juntaron en un agarre tan suave como intenso, y con el apoyo terminó de bajar los escalones faltantes. Los últimos pasos ya no eran como si se tratase de un acto de valentía, más bien era algo tan cómodo que le resultó molesto el haber sufrido con los anteriores.

Con Akko dar cualquier paso era mucho más fácil.

Esta habló, mirando a los presentes, los cuales voltearon. Se vio extraña ahí, todas las miradas sobre ella, pero no eran juzgándola, más bien parecían admirarla.

"Ella es Diana, la heredera Cavendish y la dueña de esta mansión."

Todos parecían sorprendidos, oriundos de la zona, y varios de ellos eran personas entradas en años.

Una mujer, la que comandaba a todas esas personas, se acercó para saludarla, ofreciéndole la mano en un acto de cordialidad. Se arrepentía de no usar sus guantes, porque la mujer sentiría la frialdad que había en su piel. Pero como tenía a Akko a su lado, su calor abrasándola, no era del todo necesario.

Le dio la mano.

Seguía prefiriendo la de Akko.

"Gracias por darnos la oportunidad de renovar este lugar, señorita Cavendish."

Uno de los hombres ahí agrupados se acercó, tenía ropa de trabajo y un casco que retiró de su cabeza para saludarla, tenía al menos unos cincuenta años.

"Yo venía cuando niño a visitar esta zona solo para ver la arquitectura, y ahora verla por dentro es un sueño hecho realidad."

Era agradable escuchar aquello.

La casa Cavendish llevaba muchos años en ese lugar, siendo un foco para el turismo en los años de sus padres. Todo permanecía igual que en antaño, solo que con más polvo y más fragilizado por el tiempo.

"Solo espero que traten con respeto este lugar, tiene cientos de años de historia."

La mujer que contrató levantó la cabeza, sus ojos con sorpresa, pero con clara confianza.

"No se preocupe, somos profesionales, y dejaremos este lugar como en sus mejores días, es una promesa."

Akko llamó la atención de la mujer con su mano, sus ojos se veían curiosos.

"¿Cuánto cree que se demorara?"

La mujer miró alrededor, poniendo las manos en sus caderas, rozando las varias herramientas que colgaban de su cinto. Podía notar las marcas del sol en su piel en varias zonas, incluso en su rostro. Debían de trabajar en cualquier tipo de condición, ya sea bajo techo, o a pleno sol. Enfocó su vista en el pantalón de esta y notó una mancha de barro que no se salió de la tela. No parecía ser de las personas que retrocedían ante un trabajo, no importaba cuan fuese.

"Se viene el invierno, tal vez debería empezar con la chimenea y mis hombres podrían poner manos a la obra en la cocina y dejar todo ahí funcional. Aún es temprano, así que creo que hoy podríamos dejar esas cosas listas, o al menos avanzadas del todo. Tal vez una semana en terminar el primer piso. No parece haber daño estructural, así que no deberíamos tener muchos contratiempos."

Se alegró de escuchar eso.

Le daba un poco de ansiedad el saber que habría tanta gente en su casa, donde estaba la posibilidad de que alguien pudiese notar que no era humana. Pero teniendo en cuenta que iban a estar enfocados en un piso, ella podría refugiarse en los pisos superiores sin ningún problema, y si surgía algo fuera de la mansión, tenía a Akko para que esta la suplantara sin tener que arriesgar su vida.

Contrató a ese equipo porque hacían de todo, desde la limpieza de superficies, hasta arreglos eléctricos y en las cañerías, incluso dejaban los jardines hermosos. Así no tendría que añadir a la lista a aun más personas visitándola. Con ese grupo ya era más que suficiente.

"Pueden empezar cuando gusten."

Le dijo a la mujer, y esta sonrió, aplaudiendo, llamando la atención del equipo tras ella. Todos se agruparon alrededor, y así comenzó a dar órdenes y a dividir el trabajo. Al parecer empezarían de inmediato. Pasaron unos minutos y todos asintieron y comenzaron a moverse en diferentes direcciones, algunos fueron hacía la salida a buscar lo que dejaron en los camiones y camionetas que dejaron estacionados frente a la vieja pileta.

La mujer les sonrió una vez más.

"Empezaremos de inmediato."

Akko le dio un leve golpecito en la cadera, y recordó lo que estuvieron hablando en la mañana. Así se evitarían una que otra sorpresa.

"Si surge algo, le recomiendo que me llame a mi teléfono celular, esta mansión es como un laberinto, así que es difícil que me encuentre si decide salir en mi búsqueda. Si me llama vendremos de inmediato, cualquiera de las dos."

La mujer asintió, revisando su celular. Habían hablado con antelación, así que el número debía de seguir guardado.

"Eso haré. Cualquier cosa que ocurra le avisaré de inmediato."

Y así, esta salió rápidamente hacía la chimenea que eligió como su primer trabajo, uno de sus compañeros tenía una herramienta extraña, como un plomero gigante. No quería seguir preguntándose, ya que no entendía nada de esas cosas. Akko solo rio, divertida con el movimiento a su alrededor.

Los dejaron trabajar en paz, y comenzaron a subir las escaleras.

Se sentía mucho más relajada.

Ya quería ver cómo quedaría la mansión luego de ese día, y luego de los siguientes. Era su obligación como la heredera el mantener ese lugar vivo, y eso iba a hacer. Quería morir, si es que moría, habiendo disfrutado de ese lugar tan hermoso que la acompañó en su juventud cuando todos estaban vivos. Cuando había vida y felicidad en su ser. En su pequeño mundo.

Notó la clara emoción en la castaña, mientras tarareaba una canción.

"Esa mujer huele bien. Creo que tomamos una buena decisión en escogerla."

No pudo evitar fruncir el ceño ante las primeras palabras de la castaña, pero asintió. El equipo de la mujer tenía muy buenas recomendaciones, así que no tenía duda que haría un buen trabajo. Y en su posición económica no sería difícil hacerla pagar por los arreglos que surjan en el camino.

Iba a proteger sus tradiciones, su hogar.

Cuando Akko cerró la puerta, la vio saltar con sus manos en alto, felicidad desbordando.

"¡Si! ¡Al fin! ¿Estás emocionada, Diana?"

Dejó salir un suspiro. Si, lo estaba, quizás no tan visiblemente emocionada como la castaña, pero si sentía un alivio enorme con que ese día finalmente llegase.

Estaba feliz.

Se sentía en paz.

Todo gracias a Akko.

No contuvo las ganas de abrazarla, rodeando su cuello, apegando su cuerpo al ajeno, el cual permanecía siempre cálido, siempre perfecto para su fría humanidad. Akko la abrazó por la cintura, y esta soltó una risa antes de levantarla un poco del suelo, girando animada, divertida.

Akko era la más emocionada con todo eso.

Probablemente la razón sería el que al fin tendría electricidad para cargar su aparato infernal y no tendrían que ir al centro comercial solamente para hacer aquello.

Y la otra posibilidad es que al fin vería la mansión como era antes, con vida, con luz, con calor. No podía engañarse, también deseaba ver aquello con todas sus fuerzas.

El invierno llegaría pronto, y ya quería estar ahí, sentadas, una al lado de la otra con la chimenea frente a ellas, mirando las llamas moverse de un lado a otro, calentando el hogar, dándole calidez.

Si, tendría a Akko para acompañarla, también para explorar los pasillos iluminados, las habitaciones ya abandonadas, los pasadizos escondidos, los jardines, las piletas, la luz, la vida. Incluso había tomado la decisión de comprar un vehículo, e iba a hacer que la castaña lo manejase, ya que para sí misma seguía siendo un monstruo con ruedas. Sabía que Akko se emocionaría con eso. En su caso, tal vez volvería a hacer equitación.

Dios, tenía tantas ganas de hacer tantas cosas, de tener una nueva vida, una nueva realidad.

No sabía cuánto duraría, pero ya había sufrido demasiado, ya basta, ya era hora que disfrutase de la vida, aunque no estuviese viva.

Con Akko, se sentía viva, y eso era lo que importaba.

Ese era su territorio, el de ambas, juntas eran una manada.

Y si bien había algunos en contra, solo eran los menos. Se había encargado de que todos en aquel oscuro mundo lo supiese, que un vampiro y un lobo estaban juntos, que tenían su propia manada, su propia familia, su propia unión.

Akko le besó la mejilla y la tomó de la mano, acariciándola con suavidad. Sus ojos observándola, sus miradas conectando. Tanta calidez, tanto amor, tanta paz.

Sonrió.

Ya no estaba sola. No iba a volver a estarlo.

Iba a disfrutar de esa vida por el mayor tiempo posible, y luego planeaba irse como una mortal, irse a dormir para siempre, agradeciendo que tuvo una segunda oportunidad de ser feliz.

De ser humana.

De estar viva.

De ser la heredera Cavendish.


¡Y he aquí el final!

Hay paz, hay amors. ¿Les gustó? ¿Qué les pareció? Me demoré en arreglar este capítulo porque quería hacerlo mejor, y espero así sea. Gracias por haberme acompañado en este proyecto y haberme motivado a subir y a darles mejores capítulos.

Siempre les dejo el recordatorio de los nuevos proyectos que voy subiendo a mi Instagram, el diakko más avanzado que tengo es June 25th, así que tal vez sea el siguiente que suba, como sea, estén atentos. No sé cómo funciona fanfiction con los favoritos, pero creo que deberían llegar alertas cuando el autor sube algo, no lo sé, yo imagino. Y eso, espero volverlos a ver en los cometarios en una nueva historia.

Nos leemos pronto.