Notas de la autora:

Hola a todos, la actualización de hoy se atrasó un poco debido a cambios en mis horarios, espero que esta sea la única ocasión que suceda esto, y si no pues les pido que comprendan que a veces, aunque se quieran sacar las cosas a tiempo no se puede, por más esfuerzo que se haga, de todas maneras trataré de organizarme mejor para cumplir con la entrega el día que debe ser.

Les envío muchos saludos y nos leemos el próximo domingo, ojalá disfruten su lectura.


Sus fuerzas se habían restablecido con el paso de los días, no así su memoria. Se encontraba imposibilitada para recordar cualquier cosa sobre su pasado, y sobre el hombre con el cual vivía. A pesar de eso, la forma en que él la trataba y la cuidaba le dejaba ver claramente la profundidad de los sentimientos que aquel le tenía, y que ella estaba comenzando a corresponder.

— Lapis...

— ¿Qué sucede? —preguntó él acercándose al sofá donde Azul se encontraba.

— Estaba pensando, ¿cómo fue que nos conocimos? —dijo al tiempo que fijaba sus ojos celestes en los de su interlocutor.

Diecisiete se sentó junto a ella, pareció dudar un segundo tras el cual comenzó a relatarle la primera vez que se encontró con Bulma en la Corporación, cuando ella iba cargada de bolsas de compras. Había decidido mentirle a Azul lo menos posible, y consideraba que no tenía nada de malo hablar de lo que vivió con su versión del pasado, así que cuando ella le siguió preguntando cosas respecto a ambos, le contó a detalle algunos de los momentos más significativos que tuvieron en ese tiempo.

Mientras el ojiazul hablaba la mujer lo miraba detenidamente, se había acostumbrado a esa expresión de seriedad que él mantenía la mayor parte del tiempo, y encontraba particularmente encantadores los pequeños matices en sus gestos cuando la mencionaba. En esas microexpresiones involuntarias y en las ligeras modulaciones de su tono de voz, ella descubría diferentes emociones como amor, protección, deseo, pasión, ternura, pero también en momentos percibía, el miedo, el dolor y la nostalgia.

— Fueron buenos momentos, los mejores que he tenido —admitió Diecisiete con toda sinceridad, cuando finalizó su relato.

— Quisiera recordar todo eso —dijo atribuyendo la melancolía en la voz de Lapis, al pasado que ella había olvidado— Me gustaría que mi memoria volviera.

Él guardó silencio, Azul le fue quitada por Gohan tan pronto que no tenía la certeza de cuánto tiempo la mujer había estado amnésica. Así que estaba a contra reloj para ganarse su afecto y lo sabía.

— Algún día tu memoria volverá —respondió temiendo en el fondo el momento en que eso sucediera— Mientras tanto, aprovechemos el tiempo para construir nuevos recuerdos.

— Eso me gustaría —confesó ella con una sonrisa.

Al paso de los días la sugerencia de Lapis fue puesta a prueba y la pareja se dedicó a realizar actividades sencillas pero que implicaban pasar mucho tiempo juntos. Al cabo de las primeras semanas la proximidad del ojiazul le resultaba más que placentera, e incluso comenzaba a volverse tentadora para Bulma, quien experimentaba en cada ligero roce de sus manos con las de él una chispa eléctrica entre ambos, la química también era innegable y en aquellos ojos color zafiro asomaba de vez en cuando el más absoluto deseo.

Esa noche en particular la tensión entre ambos había alcanzado un grado particularmente peligroso. Él se había mostrado respetuoso de su dormitorio todo ese tiempo, entrando solamente para lo indispensable y marchándose casi de inmediato, pero justo en ese instante Azul alargaba la usual despedida en el marco de la puerta de su habitación más de lo normal, la idea de proponerle a Lapis que compartieran la cama y algo más no dejaba de darle vueltas por la mente.

Diecisiete la conocía bien, en los ojos celestes de la mujer había una invitación que no se atrevía a formular, sabía que si él tomaba la iniciativa para seducirla ella no opondría ninguna resistencia, y sin embargo, a pesar de aquella certeza se estaba obligando a pensar en otra cosa que no fuera hacerle el amor.

— Descansa —dijo finalmente antes que su voluntad comenzara a desvanecerse.

Ella no quería que Lapis se marchara, así que lo tomó del brazo para evitarlo. Al tenerlo de nuevo de frente, lo miró a los ojos y un segundo después poso con suavidad sus labios sobre los de él.

— Quédate aquí esta noche —murmuró mientras su cálido aliento chocaba con el de Diecisiete.

Semejante petición obnubilo momentáneamente la mente del androide, quién se dejó arrastrar por el deseo que experimentaba y correspondió al beso que ella le daba como si su propia vida se fuera en eso. Después de un tiempo los pasos de ambos los llevaron hasta la cama, lentamente Azul cayó sobre el colchón, un segundo después sus ojos se cerraron al sentir los labios de Lapis en su cuello, recorriendo delicadamente su suave piel.

Sin perder tiempo él decidió demostrarle lo que había aprendido sobre ella, y lo bien que lo hizo. En el pasado fue un alumno dedicado, memorizando y elaborando mentalmente un mapa de las zonas precisas que debía tocar para encender aquel fuego que lo enloquecía. Incluso se convirtió en un erudito, podía disertar por horas sobre cada corpúsculo de su piel y la forma adecuada de acariciarlo para provocarle el mayor nivel de éxtasis.

Azul se estremecía de pies a cabeza, parecía que las manos de Lapis habían sido creadas solamente para acariciarla y brindarle placer. Su respiración agitada era la evidencia más contundente de las sublimes sensaciones que la embargaban. A cada instante, el calor de su interior aumentaba y el roce gradual del cuerpo de Lapis sobre el suyo, la acercaba más a la cima del éxtasis.

Diecisiete percibió la tensión creciente en el cuerpo de Azul, era el momento perfecto, solo bastaría un leve tirón para remover aquella prenda entre ellos y hacerla completamente suya. Sus dedos se dirigieron hacia la inoportuna tela dispuestos a hacerla desaparecer, más en un último segundo cambiaron de dirección.

El suave y rítmico toque sobre su intimidad fue quien terminó por llevarla al éxtasis. Al recuperarse, la mujer quedo en espera de más caricias que jamás llegaron por lo que abrió los ojos y miró a su compañero quien se encontraba a un lado de ella contemplándola.

— ¿Qué sucede? —preguntó Bulma acercándose a él.

— No debemos continuar —respondió su interlocutor.

— ¿Por qué no?, estamos juntos y yo lo deseo.

"No lo desearías si supieras quien soy", pensó recordando a Azul, plenamente seguro de que cuando la mujer recobrara la memoria, seguiría actuando como su contraparte y lo odiaría y se odiaría a sí misma si algo más sucedía entre ellos. Tomarla en esos momentos solo confirmaría que en el fondo seguía siendo el mismo egoísta y sin escrúpulos de antes.

Bulma jamás creería que la amaba de verdad si no la dejaba tomar esa decisión con el pleno uso de sus facultades, así que debía ser paciente y confiar en que sus acciones serían su mejor defensor cuando los recuerdos de la mujer volvieran, sin importar cuanto la deseaba, debía contenerse y actuar de la forma más correcta posible dentro de toda esa farsa que había montado, pues finalmente lo único que en verdad le importaba era ella y su bienestar.

— No quiero tomar ventaja de esta situación —le confesó— Si cuando tu memoria regrese decides entregarte a mí, me sentiré afortunado, mientras tanto es mejor esperar.

Azul sonrió ligeramente, a pesar del deseo que le quemaba la piel le pareció de lo más considerada la actitud de Lapis, y se sintió afortunada de contar con alguien que la respetara de esa forma, por lo que antes de que él se apartara de su lado lo beso fugazmente con toda la ternura que fue capaz. Él también esbozo una pequeña sonrisa y luego abandonó la habitación.

A pesar del acuerdo al que llegaron esa noche, mantenerse indiferentes a la atracción que sentían era algo difícil, pronto los besos se volvieron más frecuentes y las caricias comenzaron a acompañarlos, por lo que en las ocasiones en que el deseo comenzaba a apoderarse de ellos Diecisiete buscaba la forma de dar por terminado el momento apartándose suavemente, para luego abrazarla por largo rato. Percibir el perfume de su cabello y el aroma de su piel, lo confortaba. Ella no lo sabía, pero en esos instantes la felicidad y el miedo se mezclaban a dosis iguales en el alma de él.

La única certeza que la mujer tenía es que el simple hecho de escuchar el latido de su corazón mientras estaba en sus brazos, servía para transformar la pasión en algo más sublime y hermoso, algo que ella bien podría llamar amor. Esa simplicidad en la que vivían, era suficiente para hacerla feliz, su amnesia se había convertido en la menor de sus preocupaciones y cada día que pasaba los sentimientos que desarrollaba por Lapis se volvían más y más fuertes.

Él lo percibía, lo sentía con cada fibra de su ser, y entonces confirmaba lo que alguna vez creyó, que Azul nunca fue más suya que cuando su memoria estaba ida. La felicidad que vivían estaba sustentada sobre bases frágiles y mentiras, pero a pesar de eso, Diecisiete no perdía la esperanza de que cuando ella volviera a ser la de antes, podría hacer a un lado el pasado y ver lo mucho que la amaba, y tal vez si el destino era bueno con él, Azul decidiría libremente permanecer a su lado.

— ¿En qué piensas? —preguntó Bulma, sacándolo de sus reflexiones al fijar sus ojos celestes en los de él.

— En ti, siempre en ti —admitió con tal vehemencia que la mujer se sonrojó.

Por toda respuesta ella se recostó nuevamente en su pecho, él cerró los ojos y trató de bloquear esa sensación agridulce que lo invadía en momentos como ese, donde la sentía suya por completo y la incertidumbre del futuro comenzaba a atormentarlo. Sin embargo, se esforzó por centrarse en disfrutar por completo el instante, porque quizá pronto esos recuerdos serían lo único que tendría.

Dos semanas más tarde cuando Azul cocinaba la cena, algo vino a su memoria de improviso, como un destello, de pronto estaba atrapada en un lugar oscuro, sobre su cuerpo sentía un peso sofocante y el aire era pesado, luego una pequeña luz apareció y pudo distinguir una mano a la que se asió con toda la fuerza que era capaz, una fracción de segundo más tarde era liberada de lo que la aprisionaba y ahí frente a sí, se encontraba Lapis sosteniendo su mano mientras ella le pedía ayuda. La imagen fue tan real, que dejó caer la cacerola que sostenía.

— ¿Sucede algo Azul? —preguntó el androide desde la otra habitación al escuchar el sonido.

— Nada, estoy bien —mintió aún confundida por lo que acababa de suceder.

Mientras limpiaba el desastre que se había ocasionado, pensaba si debía contarle a Lapis sobre aquel recuerdo, o preguntarle al menos si eso había ocurrido en realidad, mas después de considerarlo creyó que lo más conveniente era guardar silencio, no tenía caso dar por hecho que estaba por recobrar la memoria solo por lo que había ocurrido, debía esperar para no ilusionarlo con algo que todavía no era seguro.

A medida que pasaban los días, la frecuencia con la que las imágenes venían a su mente fue mayor. Al principio solo eran como fotografías aisladas, pedazos de conversaciones, voces desconocidas, pero pronto tomaron forma, aunque no sabía a ciencia cierta quienes eran las personas que recordaba, algo en su interior le decía que habían sido importantes para ella, pues al evocar algunos rostros experimentaba diversas emociones, como amor, amistad, perdida, ternura.

A unos metros de distancia Diecisiete observaba a la mujer, el cambio en su comportamiento era notable e intuía el porqué. Solo era cuestión de tiempo antes de que ella recordara todo sobre él, y eso lo asustaba, pues podía perderla definitivamente, ya que no la forzaría a quedarse a su lado si Azul no lo deseaba, no cometería ese error por segunda vez, así que en caso de que eso sucediera tendría que renunciar a la única esperanza que había mantenido esos meses y decirle adiós nuevamente.

Esa posibilidad lo atormentaba, le había mostrado la mejor versión de sí mismo, pero quizá eso no sería suficiente para borrar lo hecho por su contraparte, probablemente el odio acumulado por años superaría cualquier sentimiento que Azul hubiera desarrollado por él. A pesar de eso, comprendía y agradecía el tiempo que habían vivido, aún y si ella optaba por dejarlo los momentos que tuvo a su lado lo acompañarían siempre, así como lo hacían los recuerdos de sus otras versiones.

— ¿Qué haces ahí escondido? —preguntó la mujer al volverse hacia el marco de la puerta y distinguir la figura de Lapis apenas asomándose.

— Observándote —respondió cruzando la puerta.

— Dime algo que no sepa —bromeó Bulma, conociendo de sobra su costumbre de mirarla cuando creía que no se daba cuenta— Vamos sorpréndeme —agregó juguetonamente.

Diecisiete se aproximó hasta quedar a centímetros de su rostro, ella cerró los ojos anticipando un beso.

— Te amo —musitó en el oído de la mujer, quien al escuchar aquella frase se volvió a mirarlo— Aunque estoy seguro que eso también lo sabes.

Ella iba a responderle, pero al contemplar la profundidad de los ojos color zafiro de su interlocutor nuevas imágenes comenzaron a aparecer en su mente.

— ¿Estás bien? —preguntó preocupado al ver la palidez en su rostro.

— Creo que necesito descansar —respondió levantándose apresuradamente— Te veré por la mañana.

Diecisiete vio a la mujer alejarse, al tiempo que pensaba que su declaración no había podido ser más oportuna. Bulma acababa de recordar quién era él, sus ojos se lo dijeron en esa última mirada llena de resentimiento, ahora solo quedaba esperar.