Necesitaba hablar con él.

Mi hermano, mi gemelo...

Había oído acerca de la situación en su casa y...Tenía que saber cómo se encontraba. Oírlo de sus propios labios.

Descolgué el teléfono y marqué su número.

El corazón me latía tan fuerte...No hacía más que pensar que quizás era demasiado tarde...Veía aquellas malditas imágenes en mi cabeza de una nación pudriéndose y...

No contestó. Marqué otra vez.

Tenía delante el periódico de aquella mañana. «Revueltas contra el gobierno norcoreano. Múltiples manifestaciones desafían el régimen de Pyongyang.», rezaba el titular, y debajo: «La nación ha sido señalada por un grupo radical afín al One World Nation Movement».

Por favor, pensé. Contesta, maldita sea...

Nunca lo hizo. Salió en las cadenas de televisión de su casa unos días después junto a sus jefes. Se notaba que lo habían maquillado en extremo para que no pareciera tan paliducho y disimulaban sus problemas para andar haciéndolo caminar del brazo del líder. Tal y como yo me temía, estaba muy enfermo y, como era de sospechar, sus jefes hacían todo lo posible por que ese hecho no saliera a la luz.

¿Ni siquiera a mí, que era su hermano?