Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES + 18.


Recomiendo: For Someone – Flora Cash

Capítulo beteado por Melina Aragón: Beta del grupo Élite Fanfiction.

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Capítulo 14:

Traición y término

"Supongo que ahora te irás

Hasta en tu duda más profunda

(…) Tu olor sigue impregnado en mí

La noche murió demasiado joven

Este sentimiento está vivo, y bueno

Hasta en tu terror más profundo

Estaba esperando a alguien que hiciera girar mi mundo

(…) Me pregunto qué estás pensando ahora

(…) ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué mientes?

¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste mentir?

No vas a regresar, no vas a regresar…"

Negativo. Era negativo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas y tan pronto como sintió la bomba en su corazón, el llanto se le hizo insostenible.

No, no había bebé, no había posibilidad de que tanta incomodidad significara algo positivo en sus vidas, su mayor temor estaba aún más presente, mucho más, tanto que por poco hiperventila.

Vale, hasta hacía un tiempo tener un bebé no estaba dentro de sus planes, pero la idea de haberlo imaginado con Edward le llenaba el corazón. Era como un nuevo comenzar, un mundo lleno de hermosas nuevas ilusiones que quitarían de sus recuerdos tanto tiempo lleno de rencores… Pero no era así, ¿no?

Se apegó a la pared de azulejos del baño y buscó respirar hondo, pensar positivo, en no recordar las palabras del médico que la había curado tiempo atrás, en ese "debes pensar que estás sana por completo y no volver a recordar aquel instante, no volverá, solo confía en ello". ¿No volverá? ¿De verdad?

Rio con pesar y luego dejó escapar el llanto mientras se tapaba la cara con las manos. Tenía tanto miedo, tanto, tanto, tanto… Quería ser feliz de una buena vez, de verdad lo quería. ¿Por qué ahora? ¿Por qué? ¡¿Por qué?!

Se limpió el rostro y, mientras temblaba de desesperación, sintió la necesidad de correr a por mamá, necesitaba su consejo, lo necesitaba con urgencia, pero también su abrazo, que le dijera cómo contarle sus sospechas a Edward, cómo no hacerle sufrir, cómo…

Corrió hasta su habitación, y mientras sentía el aroma de lo que él cocinaba para ella, se puso unos jeans. Tomó su bolso y con la barbilla temblándole tanto como su cuerpo completo, salió del departamento, no pudiendo soportar la idea de que Edward la viera así, destrozada y a punto de gritar de temor.

Edward sintió el sonido de la puerta principal y asomó la cabeza.

—¿Bella? —preguntó.

Nadie contestó.

.

Bella tenía la dirección del apartamento en el que se estaba quedando su madre. Antes de siquiera poder enfrentarse a la confesión que iba a hacerle a Renée, dio un paso al frente y subió las escaleras al porche. Iba a tocar, pero tan pronto como elevó el puño, ella abrió, como si esperara a alguien mientras vestía solo una bata. Ella sonreía, pero cuando la vio su expresión se rompió.

—Bella, cariño, hola —soltó, bastante descolocada.

Renée se dio cuenta que había estado llorando.

—¿Estás ocupada? —preguntó.

—Yo… Hija, ¿qué pasa?

Se metió al apartamento para no llorar en la calle, pero cuando estuvo en medio de la sala no pudo sostener la sorpresa de ver a su padre en ropa interior mientras la de su madre estaba esparcida por todo el lugar.

—¡Bella! —le gritó Renée, sabiendo que ella no iba a entenderlo de buenas a primeras.

Bella frunció el ceño y tragó, sin saber qué decir durante un largo rato.

—Hija… —comenzó a decirle Charlie.

Ella sonrió con pesar y miró a su madre.

—¿Has olvidado todo lo que nos hizo tan rápido? —preguntó, mirándola a la cara.

Renée apretó los párpados.

—Cariño, no es tan así…

—¿Qué no es así? —espetó, apretando los puños—. ¡¿Acaso olvidaste todas las infidelidades de él?! ¿No es tan así? ¿Eh?

—Bella, hay algo que tienes que saber.

—¡No me hables, Charlie Swan! —gritó, haciéndole cerrar los ojos—. Debería darte vergüenza siquiera acercarte a mí. Y tú, Renée. —La miró—. Creí que entendías lo que significaba el dolor, que hacías valer tu sentir, todo lo que nos hizo…

—Bella, debes escucharme, carajo, ¡soy tu madre!

—¡Me dejó cuando estaba enferma, maldita sea! —espetó—. ¡Eso nunca voy a olvidarlo! Pero claro, es más fácil olvidarlo para ti, ¿no es así, madre? Creí que estabas de mi parte, que todo lo que sufrí y lloré por su ausencia iba a significar más que estos revolcones de mierda. Te admiraba, mamá, pero eres débil.

—No me faltes el respeto, Bella…

—Váyanse ambos al carajo. Hagan de cuenta que no tienen una hija y disfruten su romance de mierda.

Ella abrió la puerta y se marchó mientras ambos intentaban hacer que volviera para explicarle, pero ella estaba negada, dolida y se sentía intensamente traicionada.

Corrió como pudo hacia la otra avenida, queriendo arrancarse el corazón en pedazos. Sí, claro que se sentía traicionada, su madre siempre fue clara al respecto, en especial cuando se trataba del dolor que aquel hombre les hizo pasar. ¿Cómo podía hacérselo tan fácil? ¿Cómo? ¿Acaso ignoró todos esos meses en los que ella, con su cabello corto, lloraba porque papá no se encontraba? ¿Acaso olvidó cómo ella misma le preguntaba a su madre por qué lloraba a escondidas luego de ver las revistas en donde decían que papá se acostaba con otras mujeres? Claro, ¡claro que se sentía traicionada!

Cerca de la zona central, Bella vio el río Támesis y sonrió con añoranza. Quería verlo, de verdad quería hacerlo.

Se sentó en la banca y su teléfono sonó. Era Edward, quien seguramente estaba preocupado.

—Hola —saludó en voz baja.

—Bella, cariño, estaba preocupado, saliste despavorida, ¿qué ocurre?

Tragó.

—Estaba asustada.

—¿Por qué? Espera, dime dónde estás e iré a por ti.

Bella le indicó el lugar y esperó a que llegara mientras miraba al río de forma paciente, casi de manera apagada. Casi podía sentir el hematoma en su piel, como si quemara. Luego bajó la mirada hacia su pierna y vio otro, lo que le hizo cerrar los ojos con fuerza.

Edward llegó en el Bentley tan rápido como pudo. Cuando la vio en la banca, algo chiquita, vulnerable y triste, corrió hacia ella, olvidándose de que estaban en medio de la zona central de Londres. En el instante en que Bella sintió sus brazos rodeándola, Bella se puso a llorar con fuerza y él arqueó las cejas mientras le besaba la sien con cariño.

—Dime, ¿qué ocurre? ¿Hice algo mal? Dime, eso fue, ¿no?

Ella lo miró y negó mientras sonreía.

—No has hecho nada mal, todo lo contrario, todo ha sido magnífico contigo.

—Entonces, dime qué pasa.

Bella miró sus ojos y le acarició las mejillas.

No fue capaz de decírselo todo, no pudo, aquello iba a entorpecer su trabajo, lo desconcentraría de su lugar en el soccer y eso no iba a perdonárselo.

—Vi a mis padres —susurró—. Juntos.

Edward lo entendió todo y arqueó las cejas.

—Creí que mi madre no iba a olvidar tan fácil todo lo que nos pasó gracias a él —murmuró, apegada a su pecho—. Siempre la admiré por ser una mujer fuerte a la que el amor no la cegara, pero… ella está dispuesta a perdonar no solo al hombre que la engañó, sino también al padre de su hija, quien la abandonó cuando más lo necesitaba.

—Quizá… él tiene alguna razón para ello —replicó el jugador.

Bella pestañeó y lo miró a los ojos.

—¿Qué?

—Solo digo que… quizá deberías hablar con ellos, Bella, a veces no debemos ser tan injustos con nuestros…

—No puedo creer lo que me estás diciendo, Edward.

Ella se separó de él, apestada ante la defensa que tenía para con ellos.

—Bells…

—Creí que me entendías.

Edward suspiró.

—Lo hago más de lo que imaginas, y quiero lo mejor para ti.

Ella arqueó las cejas y se cobijó en sus brazos.

—Sé que quieres odiarlo, lo quieres de verdad, y por eso te enojas, porque no puedes.

Bella lo contempló mientras seguía abrazada a él.

—Así me sentía con mis padres biológicos. Cuando supe quiénes eran, lo que más quería era gritarles por haber hecho lo que hicieron, en especial porque me buscaron cuando yo comencé a tener dinero. Sentía rabia, dolor, resentimiento… —Suspiró—. Luego me di cuenta de que ellos lo que más querían era enmendar su error. Y sí, claro que mis padres adoptivos estaban de acuerdo con que los perdonara, así como tu madre imagino que quiere que suceda. Y sí, puede que no sea lo mismo que ver a tus padres teniendo intimidad, pero ¿no crees que lo que ella piense sobre su antiguo amor con Charlie es solo asunto suyo? O bien… sabe algo que tú no.

Bella se miraba las manos.

—¿Crees que mi padre tenga algo que lo remida de todo lo que nos hizo? —preguntó, volviéndose a contemplarlo.

Edward tragó. Él sabía parte de la historia, pero no consideraba correcto decirle de su propia boca. La realidad era difícil y eso era asunto que Charlie debía tratar con su hija.

—Puede que sí, no lo sé. Aunque no diría que aquello lo remida, sino… que te ayudaría a entenderlo un poco —afirmó Edward.

Bella suspiró y lo besó mientras le acariciaba las mejillas.

—Edward —lo llamó, tocándolo con cariño.

Él nunca la había sentido tan así, nunca.

—¿Qué ocurre, cariño?

Ella suspiró.

—Edward —lo llamó.

—¿Sí?

—Quiero que sepas algo.

Él acercó sus dedos a su mejilla y la acarició lentamente.

—Pues dime —instó.

Suspiró.

—Quiero que sepas que siempre te voy a querer. Siempre.

Sintió un nudo en su garganta.

—¿Por qué me dices esto?

Bella tragó.

—Solo quiero que lo sepas.

Edward vio su mirada triste y pensó que quizá se trataba de lo que ocurría con sus padres. Pero no, Bella tenía miedo de que cada segundo fuera un minuto menos a su lado. Temía, claro que lo hacía, aquella posibilidad era latente y no quería que el tiempo juntos fuera limitado.

—Pues yo te quiero más de lo que imaginas —respondió Edward.

En realidad, él la amaba, pero temía asustarla con cuan importantes eran sus sentimientos hacia ella.

.

Los días habían pasado y solo quedaban dos para el comienzo de la copa mundial. Edward tenía que alistarse para el viaje, pero estaba inquieto, las cosas con Bella estaban bien, pero su mirada triste lo estaba preocupando más de lo que imaginaba. Si bien, parte de sus conversaciones se basaban en ilusiones, cuando él le decía cuánto la quería, el dejo de angustia en su expresión no dejaba de romperle la cabeza, y aunque insistía en saber, Bella no decía mucho.

—No puedo creer que ya te vas —dijo Esme, apretándole las mejillas mientras le besaba la frente.

—Mamá, hago esto cientos de veces.

—Pero para mí, aunque sean cien veces, es triste —replicó ella, para luego arrugarle la nariz a Bella, sacándole una carcajada.

—Oye, entonces eras la novia, ¿no? —dijo una de las hermanas de Edward, Jenny.

Bella levantó las cejas y se giró a mirarla desde el sofá.

La pequeña, de once, se subió con las rodillas y la miró junto con ambas manos en las mejillas, mientras Cindy la seguía.

—¿Qué crees tú? —preguntó Bella, juguetona.

—Pues que sí —respondió.

—Aunque eres muy bonita para Edward.

Bella carcajeó.

—Las estoy escuchando —exclamó él.

Las pequeñas se fueron corriendo mientras reían.

Carlisle venía con Bree de la mano. Al parecer, la pequeña quería caminar y salir pronto de la cama. Traía un parche pegado al rostro para sostener la sonda y se le veía de mejor color desde la última vez.

—¡Edward! —le gritó, haciendo que se diera vuelta.

El jugador sonrió y corrió para tomarla entre sus brazos. Bella los miró sonreír juntos mientras sus padres se abrazaban, mucho más tranquilos con la noticia de su mejoría.

—Viniste con ella —destacó Bree, mirándola.

—Hola, Bree —saludó Bella, caminando hacia ella—. Te ves mucho mejor.

La pequeña asintió.

—¡Están juntos! —fue lo único que pudo decir.

Todos se rieron.

—Creí que ya lo sabías. —Bella le pasó el índice por la nariz, sacándole una sonrisa.

Edward la tomó en sus brazos y Bree lo abrazó del cuello.

—¿Y se quieren mucho? —preguntó.

—Muchísimo.

Esme y Carlisle estaban alistando la cena, así que Bella se quedó con Edward y sus hermanas. Mientras las tres más grandes se peinaban el cabello y le ponían rosas al jugador. Si bien, ninguna hermana hacía diferencia alguna con Bree, Bella notó que ella miraba sus cabellos con los ojos brillantes, algo natural en cualquier pequeña que pasó su infancia con él y ahora ya no lo tenía. La comprendía, aunque nadie hiciera diferencia, era natural que una nena de pocos años sintiera que había algo diferente, algo que extrañaba.

—Hey, Bree, ¿qué pasa? —inquirió en voz baja.

Bella la sentó en sus piernas y la pequeña la miró.

—Cabello —señaló, tocándoselo con suavidad.

La doctora arqueó las cejas.

—Oh. ¿Te gusta el mío?

Asintió.

—Me gustaría tener el mío, era así, muy bonito.

Bella le acarició la cabeza y le acabó sonriendo.

—Pensaba como tú cuando tenía tu edad, ¿sabes?

—¿Tampoco tuviste cabello? —inquirió con los ojos muy abiertos.

—Exactamente. ¿Y sabes qué hice? Me puse un pañuelo muy bonito.

—¡Yo tengo uno!

—Pues tráemelo.

Bree se bajó de sus piernas y corrió hacia su habitación para traer el pañuelo que le habían regalado en una ocasión. Cuando volvió, Edward miraba curioso, mientras Bella sonreía.

—¡Aquí está! —exclamó.

La doctora la sentó nuevamente en su regazo y le acomodó el pañuelo como lo hacía su madre en ese entonces, simulando una larga trenza de colores. Mientras lo hacía, sentía la mirada curiosa de su jugador, quien le sonreía a ambas con expectación. Los Cullen miraban desde el umbral, maravillados con la mujer que su hijo mayor había traído a casa. Claro que era la correcta, si era cosa de ver cómo se miraban y cómo ella parecía querer a las pequeñas de toda la vida.

—Y está listo —le dijo, tomándola de los hombros para que se diera la vuelta.

—Pero qué nena tan hermosa —destacó Edward, tomándola entre sus brazos—. ¿Quieres ver lo que te hizo Bella?

Cuando Bree se miró frente al espejo, no dejó de sonreír. Era como si tuviera una larga cabellera tejida y amarrada en una trenza.

—¡Soy Rapunzel!

—¡Claro que sí!

Edward acercó a Bella de la mano y la abrazó mientras Bree también lo hacía desde su cuello. Los tres se miraron al espejo, y en el momento en el que se contemplaron, ella sintió que quería atesorar ese instante a como diera lugar. Además, le resultó inevitable no ansiar que aquel test fuese positivo, aunque hubiera sido pronto, al menos… habría traído la alegría que tanto necesitaban y merecían.

Nuevamente sintió mucho miedo.

Los resultados estaban pasado mañana, el mismo día en que Edward iba a jugar por primera vez luego de la lesión.

Respiró hondo y prefirió sonreírle y besarle la mejilla, apegándose a su jugador y deseándole toda la suerte del mundo. Ya, posterior a eso, ella iba a contarle lo que tanto le hacía llorar por las noches.

.

Bella miró su maleta con las manos en las caderas y en un segundo sintió que junto a ellas estaban las de Edward, quien comenzó a besarle el hombro con cuidado.

—¿Ya empacaste todo? —preguntó él.

Asintió.

—Todo lo necesario. Faltan dos días, pero sabes cómo me gusta tener todo listo.

—Me hace feliz tenerte conmigo —susurró Edward—, aunque no podamos estar juntos hasta entonces.

Bella suspiró.

—No debes distraerte, recuérdalo.

—Contigo como la encargada de la terapia en el terreno, es difícil, ¿sabes?

Ella se rio.

—Hasta que no se acabe, nadie puede saber lo que ocurre entre tú y yo. —Se dio la vuelta y puso los brazos en su cuello—. Pero siempre ten presente que te quiero.

Edward juntó su frente con la suya y cerró los ojos.

Llevaba días nervioso por las miradas tristes que daba al horizonte, así como en las noches despertaba viéndola correr al retrete. Dormía tanto y a veces se veía pálida, como si estuviera cansada.

—Al menos estaré tranquilo de saber que tú me acompañarás —susurró—. Sin ti no podría.

—¿Por qué lo dices? Siempre has sido el mejor de tu generación, claro que puedes sin mí.

Edward sonrió y le acarició la mejilla con delicadeza.

—Ya no, Bella, de verdad, ya no.

Cuando se abrazaron, ella se mordió el labio para no llorar. Le dolía el pecho ante la necesidad que tenía por decirle lo que tanto temía.

Luego de aquel momento, Edward tuvo que alistar algunas cosas con el equipo, por lo que se fue. Bella aprovechó la instancia de recorrer un poco Londres para pensar. Era buena hora en la mañana, así que antes de seguir su rumbo se compró un té y glaseadas para amenizar el intenso frío que estaba sintiendo.

Tenía cierta fascinación por las donas en el último tiempo.

Mientras recorría las calles londinenses, Bella pasó cerca de un puesto de revistas, esperando leer algo respecto a la maravilla del campeonato mundial de soccer, lo que ya estaba en boca de todos en Inglaterra y el mundo. Sin embargo, el verse a sí misma en un importante medio, aludiendo a que tenía un amorío con el jugador del momento, hizo que perdiera el aliento mientras miraba lo que decían de ellos en medio de la portada.

—"…lo que generaría un escándalo de proporciones en la dirección del fútbol profesional inglés…" —leyó en voz alta, perdiendo la concentración en cuanto se imaginó lo que iba a ocurrir con todo esto.

Siguió revisando los demás medios de novedades diarias y seguía estando ella. Varios medios recibieron la fotografía de ellos juntos en medio de distintos puntos de Londres. Alguien estuvo siguiéndolos y vendió las fotografías, era claro.

Con los dedos temblorosos, Bella comenzó a buscar en internet y ella seguía apareciendo. En twitter todo era una locura, su nombre parecía brincar de lado a lado como una pelota fácil de patear. No le importaron mucho los insultos de las fanáticas de Edward, sino cómo ya habían sacado detalles de su vida privada para manosear como si la conocieran de siempre.

Tragó.

—"La vida de Isabella Swan. ¿Quién es la doctora que conquistó a Edward Cullen?" —susurró, sintiendo el pánico de que todos supieran quién era en un mundo donde nadie respetaba a los demás.

Fue inquietante leer cuán rápido habían llegado a saber de ella, de cómo sabían que había trabajado en la universidad y de la manera en la que fue despedida. Sin embargo, todo quedó claro cuando vio que, entre todas aquellas verdades, pero también suposiciones y mentiras, habían entrevistado a Jacob Black, quien la describió como una mujer a la que le gustaba acostarse con diferentes hombres casados.

Bella sintió los ojos escocidos y la rabia en la garganta.

—Hijo de perra —susurró, apagando la pantalla de su móvil con furia.

¿Cómo había podido hacer semejante mierda? El único imbécil con el que había tenido la mala decisión de acostarse sabiendo que estaba casado había sido él y hasta el día de hoy se arrepentía de haberlo hecho.

Y justo cuando no soportaba la cólera y la impotencia, una llamada de él le bloqueó la garganta.

No tardó en contestar.

—Jacob —soltó con los dientes apretados.

—Hola, Bella.

—¿Cómo fuiste capaz?

—Me dieron buen dinero por las fotografías y la información, lo que es perfecto, ya que perdí mi trabajo por ti.

Frunció el ceño.

—¿De qué hablas?

—Leah encontró las llamadas que te hice y… unas cuantas más con Angela. Me denunció a la comunidad y estoy fuera de ella.

Bella rio con rabia.

—Créeme que te metiste en el mundo equivocado, estaban sedientos de información sobre ese tal Edward Cullen, aquel hijo de puta al que preferiste…

—Jacob, por Dios, lo nuestro no fue nada, he llevado arrepintiéndome todos estos días…

—Y así será desde ahora en adelante, porque no te dejarán en paz, lo sabes bien. Y lo mereces, las putas como tú, que nos buscan para luego no darnos un duro, merecen todo esto y más.

—Estás demente.

—Puede ser, pero es lo que me hiciste. Me sedujiste y me dejaste a la deriva…

Bella cortó con la mandíbula tensa. Cuánto quería poder golpearlo por haberle hecho esto justo ahora. ¿Cómo se había atrevido? Lo odió tanto, tanto que lloró de una abundante impotencia.

Antes de que siquiera pudiera guardar su móvil para marcharse, comenzaron a llegarle correos electrónicos de distintos periodistas que querían la primicia, preguntando dónde estaría para buscar una exclusiva. De inmediato pensó que sería fácil que la encontraran en medio de Londres, por lo que corrió entre el gentío de la zona central, angustiada por todo lo que iba a suceder con ellos dos desde ahora en adelante. Pero casi cuando pensó que lo había olvidado, recibió una llamada de Aro, pidiéndole que se vieran porque tenían que discutir lo que había salido en la prensa.

—Ya sé lo que ocurrirá —susurró.

A las llamadas de la prensa, su jefe directo y Jacob, se le sumaron las de sus padres, que insistían en hablar con ella, pero también las de alguien a quien no esperaba siquiera volver a escuchar.

—Tanya —respondió, frunciendo el ceño.

Detrás del móvil se escuchaba su respiración.

—Hola, Bella. Acabo de ver lo que ocurrió, están hablando de ello en todos lados.

—Tanya no necesito tus burlas ahora…

—¿Por qué piensas que voy a burlarme?

—Sabes que no soy tonta, Tanya, basta de tu maldad, ya no puedo con todo esto —afirmó Bella, cerrando los ojos.

—Bella, creo que es importante que sepas que sigo queriéndote como mi amiga.

Bella se rio y negó.

—No puedo creer que me digas esto luego de lo que ocurrió…

—Bella, aléjate de Edward, por favor, vas a sufrir.

La doctora bufó de rabia.

—¿Vas a seguir con lo mismo?

—Bells…

—¡Basta ya de esta mierda, Tanya! —le gritó—. ¿No te bastó con el escándalo que hiciste?

—Bella, estoy hablando en serio, no te conviene, menos ahora que todos saben lo que pasa entre tú y él. Edward es idéntico a todos, créeme, soy tu amiga.

Bella apretó los ojos y le cortó, enviándola al carajo. Sentía tanta rabia que solo quería seguir gritándole, pero entendía que ella jamás iba a entenderlo.

.

Marcus Vulturi insistía en que Bella viniera, y cuando ella llegó a su oficina, miró a los demás dirigentes, quienes también estaban de acuerdo.

—Buenas tardes, Bella —saludó él de manera cortés, muy diferente a su comportamiento amigable de las otras veces.

—Buenas tardes. ¿Les parece si somos directos y comienza a decir todo de una buena vez? —dijo ella, sin sentarse.

Ellos suspiraron.

—Leímos el escándalo. Edward no ha podido, está enfrascado en su trabajo —comentó uno de ellos.

—Bella, no puedes ir a Rusia con ellos.

Ella apretó los labios y asintió.

—Tampoco con él.

Tragó.

—Ustedes no pueden…

—Edward tiene un contrato, el que tú has anulado con lo que hiciste.

Bella se rio, sin poder creerlo.

—Estás desvinculada de la asociación de soccer inglés, Bella, lo siento, pero es un escándalo inmenso que nosotros no podemos tolerar. Agradeceríamos que tú te marches del departamento lo antes posible y que también lo hagas a tu país, Edward necesita concentrarse en su trabajo y…

Bella no esperó a que siguiera hablando, simplemente se marchó y los dejó a todos con las palabras en la boca. Al estar lejos, ella solo pudo bajar a la zona de terapia para mirar todo el inmenso lugar al que iba a extrañar. Todo había llegado tan de golpe que parecía una pesadilla de la que no podía despertar.

—¡Bella! —exclamó Alice, viéndola llegar—. Estaba por llamarte, los análisis están listos, se los he enviado al oncólogo tal como me pedis… ¿Qué pasó?

Ella dejó caer los hombros y Alice entendió que necesitaba un abrazo, así que lo hizo, yéndose ambas a la oficina, lugar en donde Bella parecía estar perpleja con todo lo que había pasado en menos de dos horas.

—Tengo que irme —le dijo ella.

Alice arqueó las cejas.

—Viste las noticias, ¿no?

La enfermera sintió que tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Oh no, salió todo de golpe, ¿no?

Ella asintió.

—Edward…

—No debe saberlo, ha sido todo rápido. No podré ir a verlo, me han pedido que…

—No, ¡eso es injusto! —bramó Alice—. ¡Si eso ocurre yo renunciaré!

—Alice, no…

—No puedo creerlo, ¡no puedo creerlo!

—Debo dejar el departamento…

—Bella, no puede ser.

—Tengo que ver la manera en la que debo contárselo a Edward, no quiero entorpecer su regreso, no podría perdonármelo.

Alice iba a replicar, pero Aro tocó a la puerta. Él ya sabía lo que había pasado, lo había visto en las redes.

—Bella, acabo de saberlo. No tenía idea…

—Descuida, Aro, no era lo que queríamos.

—Imagino que la situación debió ser difícil, saber que Edward estuvo con una periodista mientras tú…

—¿Qué? —preguntó, frunciendo el ceño.

Alice abrió los ojos de par en par.

—Lo… de las redes… Una periodista habló que estuvo con Edward un par de noches… —Aro notó cómo el rostro de Bella se descomponía e inmediatamente quiso callarse. Era claro que no lo sabía.

—¿Dónde lo viste? —preguntó con la voz titilante.

—Acaba de salir —susurró él en respuesta.

Se sentía culpable, jamás pensó que iba a cagarla de tal manera. Lo que menos quería era hacerle algo así a Bella.

—Pásamelo —demandó ella.

No iba a creerlo, Edward no era capaz de hacerle esa bajeza, era… imposible.

Aro estuvo reticente, no quería ser testigo de su tristeza, pero se lo entregó por lealtad a ella y porque… siempre estuvo atraído a su persona.

Bella se dio cuenta que aquel artículo había salido en una entrevista que ella había hecho con un importante medio, aludiendo a que estaba cansada de ocultar lo que había ocurrido y que necesitaba expulsarlo de su corazón ahora que esto había explotado.

"(…) Estuve con Edward el día miércoles desde hace un mes. Él y yo nos acostamos mientras disfrutábamos de una charla en un importante bar aquí, en Londres. He querido gritarlo, sobre todo cuando supe que Edward estaba de novio con mi amiga, la Dra. Swan. En el momento en el que lo supe, las cosas ya habían sucedido. No tuve manera de saberlo ya que nunca me habló de ella y, en realidad, fue él quien me buscó…"

La garganta de Bella ardió de tal forma que solo pudo cerrar los labios con fuerza para no vomitar.

"(…) Estuvimos juntos en el hotel… Tengo pruebas…"

Bajo la entrevista estaban las fotografías que los periodistas de aquel medio lograron capturar luego de seguirlos por todo Londres. En ellas Edward tenía un vaso con alcohol y Tanya se acercaba a él. Cada imagen parecía contar la historia que ella necesitaba para entenderlo todo, porque en la última acabaron besándose en medio de la penumbra.

"(…) Sabía que sería juzgada, pero alcancé a tomar una fotografía de nosotros juntos en la cama del hotel. La quería como un recuerdo, ahora sé que era necesario para poder demostrar que Edward Cullen es un hombre al que solo le interesa el sexo con diversas mujeres. A mí me utilizó luego de decirme que estaba disponible, pero cuando me enteré que las cosas no eran así y que tenía una novia, y que además era la persona que yo conocía, perdí la razón, no es fácil ser una mujer en un mundo donde un hombre te envenena la cabeza y hace que pierdas el rumbo de tus pensamientos. Me enamoré de él luego de lo que pasó, sobre todo cuando me prometió tantas cosas…"

Cuando Bella vio que efectivamente había una fotografía de ella durmiendo en su pecho desnudo, con la sábana tapándole los senos, simplemente cerró los ojos mientras las lágrimas se acumulaban en ellos.

—Bella, necesitas calmarte —le pidió Alice, viendo cómo ella comenzaba a juntar sus cosas para marcharse.

La enfermera miró al Dr. Vulturi y él simplemente se acercó preocupado.

—¿Quieres que te lleve al departamento? —preguntó él.

Bella asintió, sin poder hablar.

—Llévame. Tomaré un vuelo esta noche.

.

Cuando llegaron al departamento, Bella sintió que en su pecho había una bomba a punto de explotar. Sabía que él había llegado, estaba el Bentley a un lado de su estacionamiento y las llamadas perdidas eran más de treinta.

—¿Quieres que te acompañe, Bella? —preguntó Aro, evidentemente inquieto.

—Descuida. De todas formas, aceptaré el trabajo en Estados Unidos.

Aro apretó los labios, porque aunque debía estar feliz de que ella se fuera con él, esta no era la manera en la que quería que sucediera.

—Gracias por traerme —finalizó diciendo antes de subirse al ascensor.

.

Edward seguía llamándola incansablemente, estaba desesperado. Cuando Jasper le mostró lo que estaba pasando, supo que era demasiado tarde para explicarle con calma que todo lo que pasaba era una farsa. ¿Cómo esa mujer pudo hacer lo que hizo? ¿Cómo no se imaginó que su presencia en el bar significaba algo tan bajo como las mentiras que pudo decir en los medios? Claro, mañana tenía entrevista exclusiva en un programa de televisión. ¿Dinero? Por supuesto, le habían pasado una buena cantidad de libras con el fin de que soltara más detalles morbosos que él no recordaba haber tenido con ella.

Estaba francamente vuelto loco, porque él estaba seguro que no pudo haberle hecho algo tan bajo a la mujer que amaba. No, no podía, no era esa clase de hombre.

—¡Mierda! —espetó al escuchar cómo la llamada pasaba a buzón de voz—. ¿Dónde estás, cariño? ¿Dónde estás? —repetía, tomándose los cabellos.

Cuando Bella abrió la puerta y se encontró con él, el llanto le resultó insostenible. Edward arqueó las cejas y fue tras su encuentro, pero Bella lo ignoró.

—Cariño, escúchame…

—¿Escucharte? —preguntó—. ¿Qué clase de imbécil crees que soy? ¿Eh?

Edward se volvió a pasar las manos por el cabello, cabreado con todo lo que estaba pasando.

—Bella, yo no…

—No lo hiciste, ¿no? —le preguntó con la voz golpeada. Sacó rápidamente su móvil y buscó la fotografía que Tanya había subido como prueba—. ¿Y esto? —le gritó con rabia—. ¿Y esto? —siguió mostrándole cómo salían besándose y luego en medio de la cama, con ella desnuda sobre su pecho—. Eres nauseabundo —sollozó Bella, dejando ir toda la rabia y el inmenso dolor de lo que Edward y su mejor amiga habían hecho.

Edward no supo qué decirle, sabía que nada justificaría algo como eso… Pero él no lo recordaba, estaba borracho, no era consciente…

Bella dejó de mirarlo mientras gemía por las lágrimas y comenzó a meter rápidamente la ropa que había dejado para volver del viaje a Rusia. Cuando él vio lo que estaba haciendo, se desesperó tanto que acabó cerrándole la maleta en las fauces, sacándole un grito de sorpresa.

—No dejaré que te vayas, no me hagas esto —espetó él, desesperado.

—¿Qué no te haga esto? —inquirió ella con el llanto aún atrapado en la garganta—. ¡Hazte cargo de la mierda que hiciste, Edward Cullen!

—Bella, yo no…

—¡Y estuve todos estos días aguantándome la mierda por temor a desconcentrarte! —gimió, sacando la maleta con rabia.

Él pestañeó con las lágrimas corriéndole por las mejillas.

—Todos estos días angustiada porque sentía todos estos síntomas y… —Bella siguió llorando—. ¡Tú me hacías esto mientras yo estoy enferma, carajo!

La barbilla de Edward tembló.

—¿Qué?

—Me hice los exámenes —respondió entre sollozos—. Felicidades, Edward, ve a acostarte con las mujeres que quieras, yo de todas formas quiero estar tranquila ahora que… ha vuelto mi enfermedad.

Los hombros de Edward decayeron tal como él estaba a punto de hacerlo por completo.

—¿Enfermedad…?

—Creo que la leucemia volvió, Edward, ¿estás contento ahora? —le preguntó ella mientras se limpiaba las mejillas—. No quiero volver a verte nunca más, Edward, eres idéntico a mi padre, dos tipos cortados por la misma tijera. No les importa lo que significa querer, un polvo más, un polvo menos, qué va, ¿no? ¡Te di mi confianza y todo mi… todo mi… amor…!

Bella se tomó el pecho mientras lo miraba.

—No vuelvas a buscarme. Se acabó. Vete a tu juego de mierda, no quiero volver a saber de ti nunca más. Para mí estás muerto, y espero que yo para ti también.

Ella respiró hondo, sacó su maleta y la arrastró desde las ruedas, corriendo rápido hasta la salida. Necesitaba huir pronto de Londres, no aguantaba un momento más ahí. Mientras hacía la carrera hasta el ascensor, vio a Edward siguiéndola desesperado, mirándola con las cejas arqueadas, queriendo implorarle que le escuchara. Sin embargo, las puertas del ascensor se cerraron y ella acabó apretando los párpados mientras se arrodillaba en el cubículo de metal, disuelta en un llanto vivo que no le permitía respirar.

¿Cómo iba a olvidarlo ahora? ¿Cómo…?


Buenas tardes, les traigo el penúltimo capítulo de esta historia. Lo sé, son demasiadas emociones, pero aún queda un capítulo para finalizar esta historia que significa tanto para mí y que, por supuesto, me llena como todas las que escribo. Los sentimientos son imprecisos, no sabemos de qué manera nos afectan, en especial cuando estamos marcados por nuestro pasado. Bella enfrenta lo que tanto teme, que la confianza que tanto le costó dar, sea traicionada. Tanya jugó sucio, Bella está llena de emociones ante tanto que enfrentar, pero sobre todo, llena de amor y deseo de ilusiones. ¿Qué dicen realmente los resultados de los exámenes? ¿Qué va a pasar con Edward y Bella luego de tanto escándalo de por medio y con el mundial a solo un día? ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

Agradezco sus comentarios, muchísimo, en el capítulo final irán todos los nombres de ustedes, de todos los capítulos en los que ha faltado, sé que les gusta verse en los agradecimientos, cada gracias que ustedes me dejan me hace muy feliz, en estas instancias valoro enormemente el que ustedes me dejen alguna palabrita llena de cariño, de verdad, es invaluable

Recuerden que quienes dejen su review recibirán un adelanto exclusivo del próximo capítulo vía mensaje privado, y si no tienen cuenta, solo deben dejar su correo, palabra por palabra separada, de lo contrario no se verá

Lamento no haber enviado los adelantos del capítulo, pero quería darles una sorpresa

Agradezco también a Melina, mi beta, por tenerme el capítulo tan rápido, te quiero montones, gracias por todo

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Cariños para todas

Baisers!