Volviendo a la felicidad, cuando de ti depende la felicidad de alguien más, que debes hacer, cual sería tu posición, cuando alguien te pide algo que tu solo puedes hacer, pero puedes perder tu propia felicidad al hacerlo.
George entro después a la oficina de Albert, lo encontró ahí con una copa en la mano muy pensativo- te pasa algo pregunto.
- Helena se va a morir.
- Vaya, ya lo sabes.
- Tu lo sabias…
- Si apenas me llego un informe, pensé que estaba mintiendo, pero, no es así, su expediente ya lo checo un doctor amigo mío, en verdad está muy mal.
Albert, se agarra su rostro con las dos manos, ¿Por qué? Aun es joven, no me lo imaginaba siempre la vi bien y ahora.
- Así es la vida, ella ya vendió todas sus propiedades, la mayoría de sus pertenencias de valor, es la razón por la cual pidió que al no estar su dinero pase a su nana, mejor dicho, a su madre.
- Si lo sé, tiene miedo que la familia de su ex esposo la despoje de su dinero.
- Te conozco, hay algo más, para estar como estas.
- Así es, me pidió algo que aún no se, si podré hacerlo, es muy difícil por un lado deseo hacerlo, por otro no sé.
- Solo lo que vayas hacer, procura que no afecte a Candy.
- Ese precisamente es el problema, que directa o indirectamente la afectaría, ella me pidió que la acompañe en sus últimos momentos, que le regale un poquito de mi tiempo para estar con ella.
- ¿Qué vas hacer?
- No, lo sé, aun no, lo sé.
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En la mansión Candy, estaba cortando las rosas del jardín cuando llego Jeans a visitarla…
- Srta. Candy, pero mira nada más, que bonita se ve, le sienta muy bien el estar casada.
- Hasta cuando, podrás decirme Señora.
- Nunca, para mí siempre serás la Srta. Candy, pero dime que no te da gusto verme.
Candy, comenzó a llorar, claro que me da gusto, si te e extrañado mucho, dándole un golpe con un puño en el brazo.
- Auch dolio…
- Donde, has estado todo este tiempo.
- En el paraíso.
- Esa mirada la conozco, Jeans, estás enamorado, dime de quien se trata.
- mmm no sé, si deba, solo sé que es hermosa sabes, desde que la conocí quede prendado de ella.
- De verdad, me da gusto, al menos uno de los dos está feliz.
Jeans, la tomo del mentón…
- Candy que pasa, no te veo feliz, ¿Qué tienes?, Williams te hizo algo, acaso el.
- No, al contrario, no es por él, estoy triste por otra razón, estaba embarazada, me caí del caballo y lo perdí, aun, no sé, cómo superar esto.
Jeans, la abrasa con ternura, hay señorita Candy que voy hacer contigo, vamos eres joven tu volverás a concebir, ya lo veras, además estas cosas pasan, anda tranquila te debes poner bien.
- Tienes razón, debo ponerme bien, te quedaras a comer.
- No, solo vine a visitarte, me regreso de inmediato, solo voy a pasar a saludar a Williams, me veré con Frederick y me voy de nuevo.
- Espero conocerla.
- Pronto, muy pronto.
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En el corporativo, se encontraba Albert, viendo unos documentos cuando la secretaria entro.
- Sr. lo buscan.
Cuando entra Nana, casi atropellando a la secretaria.
_ yo me gustaría hablar con usted.
- Esta bien pasa por favor, cuando Albert, cerró la puerta lo que vio le congelo la sangre, Nana estaba de rodillas ante él.
- Por favor se lo ruego, se lo imploro, con el corazón en la mano, le pido que vaya a ver a mi niña, es lo último que usted puede hacer por ella, (llorando)
- Por favor Nana, levántate no hagas eso, yo no soy nadie, para que te arrodilles ante mí.
- Solo dígame, que usted va a ir a verla, solo unos minutos, es todo lo que le pido, mi niña se está muriendo, en verdad ella no está mintiendo.
- Lo se Nana, solo que yo, sabes me sentiría que le estaría faltando a mi mujer, entienda si me ven entrar al departamento de Helena, pensaran que voy por otras razones.
Nana, seguía llorando, solo unos minutos, si usted quiere, aunque sea en la noche, ella lo espera de verdad, en las últimas semanas la enfermedad la está consumiendo, no hace más que preguntar si usted fue a verla.
No quiere dormir por estar esperándolo, realmente me parte el corazón, verla de ese modo, se me escapa de las manos no poder hacer nada, usted sabe que mi dolor no es de una sirvienta, es mi hija, la que está en esa cama, es mi niña.
-Está bien, solo que no podre quedarme mucho tiempo, espero y me sepa entender que no es porque no quiera, sino porque no puedo ofrecer más.
- Esta bien, solo que la vaya a visitar, con eso ella estará bien.
Ya al haberse ido la Nana, Albert llamo a George…
- Pues que te puedo decir, yo en tu situación, no sé, que haría realmente, me preocupa que te vean y te causen un conflicto con Candy.
- No sé, no me siento bien con todo esto, quisiera platicarlo con Candy, pero después de lo del bebe, no se siento que le puede afectar, en estos momentos apenas se está recuperando, ya le veo una sonrisa.
Si, se lo digo y no lo entiende, no sé, como vaya a reaccionar con todo esto puede ser muy abrumador.
- Lo sé, realmente es muy delicado, en tu posición, lo que te están pidiendo es, no sé, como describirlo, pero si ya tomaste una decisión.
- Voy acompañarla hasta el final, sé que Candy, lo va entender, no le diré nada por el momento, hasta que pase lo inevitable, le contare todo y el porqué de mi decisión, sé que los sentimientos de mi mujer son buenos, sé que me va entender.
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Esa misma tarde llego Albert, a visitar a Helena, compro un ramo de margaritas, no creyó prudente llevarle rosas, ya que esas eran para Candy.
En cuanto entro al departamento Helena, su nana corrió a la recamara para avisarle que él, había llegado.
- Rápido Nana, dame mi maquillaje para verme bonita, anda ve y ofrécele un té, quizás un whiskys sabes que le gusta.
- Si, mi niña, cuando salió de la recamara fue a ver a Albert, no sabe cómo se lo agradezco, el que usted este aquí para mi niña le devolverá la vida.
- Solo espero hacerla feliz, en sus últimos momentos, entro a la habitación, al ver a Helena se estremeció, realmente la vio demacrada, sin vida, casi consumida por la enfermedad, aun así, le dio ánimo.
Te ves hermosa, no puedo quedarme mucho tiempo, solo pase a saludarte.
- Con que estés aquí, me acabas de cambiar mi mundo, muchas gracias, no sabes lo que significa para mí, sabes te extrañe mucho, pero siéntate gustas un té, café, whiskys.
- No nada, solo pasé un momento a saludarte, te traje flores.
- Gracias, son hermosas porque tú me las regalaste.
- Me dijo Nana, que casi no quieres comer, tienes que comer para recuperarte.
- Si, te prometo hacer el esfuerzo, realmente me cuesta, pero lo intentare.
- Helena, no puedo darte mucho tiempo, créeme es lo que más quisiera, solo que tú sabes.
- Si, lo sé, conque vengas a saludarme es más que suficiente, para mí.
- Tengo que irme, pasare en el transcurso de la semana, solo trata de descansar, le da un beso en la frente y sale de la habitación, se despide de nana, se retira.
- Muchas gracias, esto jamás lo olvidare.
Albert, sentía que le faltaba la respiración, jamás pensó regresar a ese lugar, donde algún tiempo fue feliz, en otro tuvo la peor de sus decepciones y ahora tenía la peor de sus frustraciones, realmente ella estaba muriendo.
Se dirigió a su casa, aunque se quedó un rato antes de entrar en el portón, analizando lo que le acaba de suceder, realmente que sentía por Helena, cariño, compasión, amor, no amor no ese estaba entregado en definitiva a su Candy, no tenía la menor duda, solo un grato recuerdo le unía a Helena, pero con eso bastaba para sentirse devastado.
Cuando llego salió Candy, a su encuentro, Albert, la abrazo como si fuera la última vez que la vería.
- Amor, que pasa.
- Nada mi vida, solo de imaginar que algo te suceda, me hace sentirme vulnerable, solo eso, ven subamos necesito descansar, Albert, realmente se sentía cansado mentalmente, esa visita que hizo lo dejo, aturdido.
- Voy a bajar por tu cena, quieres ducharte primero y después cenar.
- No, mi vida, solo ven abrásame, no me sueltes solo quiero sentir tu calor.
Candy, sintió que algo pasaba, lo presentía, pero no deducía que era, él estaba extraño realmente se veía, triste entonces recordó aquella perdida dos meses atrás, será por eso, pensó, sintiéndose aún peor.
Pensando que él, aun no podía superarlo, sintiendo que algo entre ellos se rompió, ese día, como recuperar lo que tenían, antes de esa tragedia, como recuperar esa cercanía que tenían, si ahora hasta dormían en habitaciones separadas.
Solo lo abraso, se recostó sobre su pecho, comenzó a platicar- amor sabes vino Jeans, a visitarme.
- Si, lo sé, paso a verme al corporativo, dice que se ha enamorado, se le ve muy sonriente.
- Si, me da gusto, aunque no sé, no dejo de ponerme un poco celosa.
Albert, se levantó y la miro a los ojos, que fue eso.
- No, amor no me malentiendas, celosa porque ya no podre comunicarme con el, como antes lo hacía, nuestra conexión va más allá de una relación carnal y lo sabes.
- Claro que lo sé, lo que ustedes los une es irrompible, aun estando yo, ustedes tienen un lenguaje único, pero aun que él no este contigo, eso no creo que cambie, sonriendo, pensé que nunca lo diría.
- Te amo amor, eso no lo dudes.
- No, si no lo dudo, pero me alegro que se haya enamorado, así sé que usted señora mía, es eso solo mía.
Candy, se acercó para besarlo, quería sentir el calor de su esposo, comenzó a besarlo por el cuello, tomando la iniciativa.
- Mi vida, no, créeme qué me muero de ganas, solo que aún es muy pronto, me da miedo lastimarte, en verdad, no quiero que nada te pase.
Candy, solo asintió con la cabeza, se acomodó en su regazo para estar un rato así con él, ahí solo sintiendo su calor.
Albert, solo la abrasaba, acariciando su pelo, realmente se moría de ganas de hacerle el amor, pero el temor que lo invadía era más grande, así, que quería esperar por lo menos otro mes, para poder estar con ella.
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Helena, como si fuera magia parecía haberse recuperado, se le veía más fresca de su cutis, mas rozagante, las visitas esporádicas de Albert, la ayudaban a seguir adelante, aunque la realidad era otra, su enfermedad la carcomía por dentro.
Eso no cambiaba, ella tendría un final muy pronto, aun así, era optimista, le decía a su Nana, que la ayudara para arreglarse, le cepillaba el cabello, ese cabello negro ondulado que hacía que su piel se viera aún más blanca, se maquillaba y solo esperaba por su visita.
Por las tardes Albert, pasaba a veces se quedaba más tiempo, otras solo unos momentos, pero para Helena, con eso bastaba para llenarse de vida.
Pero lo que no sabía Albert, que ya los cuchicheos entre las personas que ya lo habían visto que frecuentaba a Helena, comenzaron a divulgarse, entre las personas del lugar, eso bastaría para que no tardando llegara a los oídos de Candy, solo era cuestión de tiempo.
Albert, realmente cada vez que visitaba a Helena, sentía un nudo en la garganta, después de salir de ahí, que por lo regular la visitaba después de terminar su trabajo en el corporativo, pero últimamente con todo el trabajo que tenia se le dificultaba mucho el salir temprano del corporativo, después ir a visitar a Helena, llegaba muy tarde a su casa.
Ya a Candy, ni la veía en las noches, para no despertarla se iba a otra habitación.
Esa situación, se estaba tornando recurrente.
- William, deberías hablar con Candy, de esto, de esta situación.
- No, no puedo aun no, créeme me siento como un miserable, a veces siento que ya me está superando, realmente salgo devastado después de visitar a Helena, aunque hace un esfuerzo por verse bien, cada vez la veo más desmejorada.
- Lo sé, yo también pase a visitarla, aunque si se entera mi mujer, es capaz de pedirme el divorcio.
- Solo espero que Candy, lo entienda en su momento.
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Con la reputación que precedía a Helena y las constantes apariciones en su departamento, que vaya, que no pasaba desapercibido, deduciendo que al no recibir más caballeros el, era su benefactor en turno.
Candy, fue con Anny, de compras a la ciudad, ya que su bebe ya había nacido y como crecen tan rápido necesitaba hacer compras, lo que noto, que cada vez que se metían a una tienda saludaba a las señoras y al voltearse se escuchaban los cuchicheos, las risitas.
Inclusive en el restaurant, en el cual pasaron a comer, todas las señoras que sabían que ella era la señora Andlay, solo cuchichiaban y se reían.
_ Anny, si te diste cuenta que desde que llegamos a la ciudad, las señoras que conocemos cuchichean y se ríen.
- No, te lo quería decir, pero es verdad, no se me di cuenta desde la primera tienda a la que entramos.
Aun así, no le dieron importancia, Candy, se fue a su casa, y Anny, se fue a una tertulia en la tarde a la cual Candy, no quiso asistir, ahí fue cuando Anny, se enteró del porque tanto cuchicheo.
La señora Potter, con todo el veneno que tenía _ Ya sabes querida, quien está en el ojo del huracán en estos momentos, disfrutando, con una sonrisa, entre viendo que estaba disfrutando la bomba que iba a soltar.
- No, quien, que pasa.
- Pues que Helenita, el martirio de cualquier mujer casada, ahora tiene su víctima de nuevo.
- Victima, de quien se trata, ella si sabía quién era Helena, ya que siempre hablaban de ella en las reuniones plagadas de chisme, uno de los chismes siempre era, quien era el nuevo benefactor.
- Pues querida cuídate porque no dudo que tu esposo, pase por ahí también.
Anny, se puso seria, contesto- Yo sé que mi esposo me es fiel, no creo que él, tenga la necesidad de visitar a esa señora.
- Pues quien sabe, ya vez el matrimonio el momento, no tienen mucho de que se acaban de casar y ya es de nuevo el benefactor de la señora Larsson, jajajajaja
Anny, solo frunció el ceño, en señal de molestia, se enteró que ese personaje pasaba casi todas las noches a visitarla, que lo habían visto comprar flores, que ella había dejado de atender a sus otros amantes, para darle prioridad al personaje en cuestión.
Cuando ya no pudo más, solo se despidió, saliendo del lugar muy aturdida, ella sabía de quien se trataba, no podía creerlo, quería ir a su oficina y reclamarle, gritarle como le estaba haciendo todo esto a Candy, pero quien era ella para hacerlo.
Solo se metería en problemas con Archivald, se fue a su casa, pensando cuando Candy, se entere, como va a tomar las cosas, lejos de eso si le pasara a ella, el dilema era decírselo o solo callar hasta que se enterara por alguien más, pero si fuera ella, le gustaría saberlo para no pasar por la vergüenza, que ahora sin ser ella, la afectada ya sentía.
Que hacer solo se quedó ahí pensando en su recamara, hasta que llego Archivald.
- Mi amor, pero que haces aquí muy triste, te pasa algo, él bebe está bien.
Anny, muy molesta solo se levantó, lo miro a los ojos y le dijo- en este momento me vas a decir si, tu sabes que William, tiene una amante.
- Queee, no que yo sepa, como crees, si el ama a Candy, con locura jamás le haría eso.
- Pues el chisme, esta por todas partes, es cuestión de tiempo para que Candy, se entere, dios no quisiera estar en sus zapatos.
- Pero es solo eso chismes, Anny, tu no comentes nada, no vayas a provocar un problema donde no lo hay.
- Si, verdad tengo que callar, porque es el patriarca, es eso, porque no puedo hablar de él, si yo estuviera en el lugar de Candy, no me gustaría enterarme por esas brujas, que se regocijan porque te está pasando algo malo.
Candy, es mi hermana entiendes si callo siento que la estoy traicionando, comenzando a llorar.
- Anny, no llores, mira yo no creo que ese sea el caso, de verdad yo sé que el tío, ama a Candy, siempre se le ve muy enamorado, pero entiende esas señoras solo quieren buscar 3 pies al gato, sabes que no es cayo nada bien que Candy, se haya casado con el tío.
Además, nosotros no demos meternos, es su matrimonio, que dijeron cuando tú y yo peleamos, que ya te iba a dejar y no sé qué cosas, que paso nada, solo nos reconciliamos aquí estamos en nuestro matrimonio.
Lo más seguro, que solo sea solo chismes, anda deja de llorar voy a investigar, pero aun así no podemos decir nada, voy a ducharme para cenar.
Anny, no se quedó con eso que le dijo Archie y decidió mandar un recado a la tía Elroy, sabía que la única de parar cualquier cosa que este perjudicando a la familia, era ella.
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Al siguiente día, en el corporativo.
- Tío puedo platicar contigo.
- Anda siéntate, quieres un trago…
- No gracias, mira tío, no me voy a andar por las ramas, quiero saber si tienes una amante.
Albert, solo levanto una ceja, quien te dijo esa tontería.
-Como me haya enterado no importa, lo que quiero saber si es verdad.
- Creo que no tengo porque darte explicaciones, de si, o si no, eso en determinado momento es cosa mía de nadie más, así que te pido que salgas de mi oficina.
Archie, solo se le quedo viendo, cualquier cosa que estés haciendo déjalo, porque no quiero ni pensar si Candy, se da cuenta, que, si las cosas siguen así, no tarda en enterarse.
Saliendo de la oficina, dando un portazo, para irse a su oficina, muy enojado por la respuesta de Albert, no hacía falta que le dijera, su cara lo delataba.
George, entro a la oficina en el momento que salía Archie, paso algo el Sr. Archie, salió muy molesto de tu oficina.
- Pues que se enteró que tengo una amante, me vino a reclamar.
- Pues es normal que se enteren, sabes que están muy al pendiente de lo que hace Helena, lo sabes, lo más prudente es que dejes de verla por lo menos un par de semanas, en lo que esto se calma.
- Si eso mismo he estado pensando, realmente ya estoy demasiado abrumado, siento que no puedo más, con esto, a veces siento que voy a explotar.
Ya no sé, como evadir las preguntas de Candy, cuando llego y me ve que algo me pasa, siento ganas de confesar todo, pero no sé cómo reaccionar, no la quiero perder.
GEORGE- Pues habla con ella no se lo ocultes, es buena sé que te va entender.
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Albert, había dejado de visitar a Helena, al menos hasta que cesaran las habladurías, si acaso solo iría a visitarla unos cuantos minutos en las mañanas, pero por el momento dejo de hacerlo, ya habían pasado dos semanas.
Ese día regreso a su casa a comer, Candy, ya lo esperaba como siempre, comieron y Albert, se fue a su despacho para revisar algunas cosas, después de un rato, cuando Candy, fue a buscarlo para llevarle su café.
- Amor, te traje tu café.
- Mi vida, pasa gracias me hace falta.
Candy, puso la charola con el café sobre una mesa, un tanto nerviosa.
- Te pasa algo.
- Amor, podemos hablar.
Albert, dejo todo lo que estaba haciendo, para acercarse a ella, - claro dime mirándola a los ojos.
- bueno no sé, como decirlo, bueno si, hay demonios Albert, te extraño tiene mucho que no compartimos la misma habitación, que siento que no hemos distanciado, suspirando.
- Mi vida, perdóname por abandonarte, tienes razón, es verdad sentándose junto a ella, Candy, yo te amo eso no lo dudes, es solo que bueno, con lo que paso, para mí me es muy difícil estar cerca de ti y no tocarte.
- Hable con el doctor, me dijo que ya estoy bien, que no hay motivos para estar separados.
Albert, dejo el café en la mesa, se acercó para besarla, eso dijo segura, sonriendo
- Si, muy segura.
Albert, tomo su rostro con las manos, comenzó a besarla con una intensa pasión, que la puso sobre de el a horcajadas, posando sus manos sobre sus caderas, buscando de manera desesperante la parte donde se encuentra el dobladillo del vestido de Candy, para acariciar sus piernas.
Candy, aceptaba los besos de Albert, dejando escapar un gemido de placer, al sentir las manos de su esposo, explorando sus piernas.
Albert, seguía poseyendo su boca, devorándola beso tras beso, buscando su cuello, con sus manos las quito de sus piernas, para buscar el cierre del vestido de Candy, para despojarla de él. _ traes mucha ropa.
-Lo sé, pero debo traerla.
Cuando tocan a la puerta. Toc, toc señora, señora, era Dorortty.
- Deja que toque hasta que se canse.
- No sé, que necesita, déjame contestar.
- No, amor, no, seguía besándola.
-Que pasa Dorotty.
- Señora, necesito que autorice los bocadillos, para la tertulia de esta tarde.
- Demonios, lo olvide, amor tengo que ir a la cocina.
- No, mi vida, no, no vayas, deja que se las arreglen solas.
- Lo siento amor, pero de igual manera no tardan en llegar, debo atenderlas, solo que lo olvide, dejando a Albert, amor te espero en la noche.
- Si mi vida, la atrajo de nuevo hacia él, mejor que te parece si, me apuro en el trabajo, tu despachas a esas señoras lo más rápido y nos vamos de escapada algún lugar, para estar solos, te parece como una luna de miel.
- De verdad mi amor.
- Si, prepara las maletas para un fin de semana, besándola con mucha pasión.
Candy, salió del despacho, arreglándose el vestido, dirigiéndose a la cocina.
Albert, salió del despacho, para irse a su oficina.
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En la oficina, le decía a George, que iba a salir fuera de fin de semana, que se encargara de todo que no quería ser molestado, quizás hasta se quedaría unos días más.
- No te preocupes, descansa que buena falta te hace.
- Sí, quiero olvidare de todo.
- ¿Cuándo te vas?
- hoy en la noche, avisa por favor, que preparen la villa que está en las afueras de la ciudad.
- Sí, claro igual como cuando fue tu luna de miel, supongo.
- Así, es amigo, esta será una segunda luna de miel.
Saliendo George para hacer todo lo que Albert le pidió, cuando entra la secretaria- Sr. lo buscan.
- Quien, cuando ve entrar- Nana, pasa algo…
- Mi niña, está muriendo, el doctor piensa que no va a pasar la noche, solo vine por usted para llevarlo con ella.
- Pero ella, estaba bien, ¿qué paso?
- Desde que dejo de visitarla, ella solo se fue apagando poco a poco, no sé ni como pero mi niña, solo está muriendo, por favor vaya con ella.
- Si, vamos…
-00000000000000000000-
En la mansión, ya llegaba Anny, al igual que todas las señoras, que hacían labor social, desde que la tía Elroy, se fue de vacaciones era Candy, la que, hacia ese trabajo, cosa que disfrutaba, también llego la Sra. Potter, Cales, Smit, Fort,
Ya en la tertulia platicaban cuando la Sra. Potter, que se moría de ganas por contar las andanzas de la Sra. Larsson. - Ya supieron que Helena Larsson, según dicen, que ya es exclusiva de su nuevo amante.
SRA CALES- hay querida hasta ahorita no hay hombre casado que se le resista, ten cuidado dirigiéndose a Anny.
Ese comentario intrigo a Candy, ya que solo se refirió a Anny, si ella, también estaba recién casada, siguieron platicando, sin quitar el dedo del renglón.
Anny trataba de cambiar el tema.
– Bueno señoras y que sugieren que hagamos, yo estoy a favor que se haga de nuevo una puja.
- no como creen ya las que aportaban más dinero a eso, ya se casaron, solo queda la puja de Helena.
La señora Potter con todo su veneno- No se preocupen por eso el Sr. Andlay gustoso va a pujar por ella.
Cuando todas reaccionaron, la bruja Potter, ya lo había dicho a todas luces, algunas solo carraspearon, otras solo sonrieron de incomodidad.
Candy, solo dejo su tasa en la mesita, _me disculpan voy a pedir más bocadillos, saliendo del salón.
Anny, igual se disculpó con cambiar al bebe, saliendo detrás de Candy,
Candy, Candy, por favor espérame…
Candy, entro al despacho y se le salieron las lágrimas, dime que lo que dijeron no es verdad, Albert, no es capaz de hacerme algo así.
Anny, solo agacho la cabeza, no sé, si sea verdad, pero dicen que lo han visto en su departamento, Candy, igual y son chismes, ya vez que solo están esperando para hablar de la gente.
Candy, solo limpio su lagrima, se recompuso, no les iba a dar el gusto de verla mal, fue hacia la cocina, le dijo a Dorotty, que le llevara la charola con más bocadillos y galletas.
Volvieron al salón y seguía el cuchicheo.
Bueno, que les digo hay que ver que sí, la señora Larsson acepte, con eso de que luego sus amantes son muy celosos.
- Bueno quizás no sea bueno invitarla, digo hay muchas chicas casaderas aun, como la hija de la Sra. Potter, no es por nada, pero si no se decide, puede quedar solterona.
La Sra. Potter, casi se atraganta con él, te, con el comentario de Anny.
- Bueno eso es verdad, si no la casas, se quedará para vestir santos, dijo la señora Cales.
Así, continuaron con la charla, hasta que se empezaron a despedir, una a una, hasta quedar solo Anny y ella solas, cuando eso sucedió Candy, solo se le resbalaron las lágrimas, poniendo sus manos en su cara, no es verdad Anny, solo dime que no.
- No sé, que decir, pero si ellas lo hablan, es porque lo han visto y no una, sino varias veces, Archie, me reto a que no te dijera nada, pero yo no sé, bueno ya te enteraste.
- Yo sé, que hemos tenido un distanciamiento por lo del bebe, pero, aun así, me cuesta creerlo, me duele Anny, me duele mucho.
- Bueno Candy, quizás solo sean rumores, quiero pensar eso.
Candy, se levantó, se limpió las lágrimas, vamos acompáñame…
- A donde, no Candy, no iremos a su casa, eso no, lo siento, pero no te lo puedo permitir.
- Si fuera Archie, no quisieras saber si es verdad, si ese fuera el caso yo iría contigo, solo quiero verla a los ojos y que me diga que lo ama, tanto como yo, para dejarlo libre.
- Tu eres la señora, no puedes hacer eso, habla primero con él, que te diga si es verdad.
- Está bien eso hare, para tu tranquilidad.
Anny, no quería irse, pero no podía quedarse, sabía que ellos tendrían una fuerte discusión, y no quería ser parte de eso, sus problemas conyugales era de ellos dos, aunque quisiera ayudarla, no podría, se despidió.
_ Dime que vas a estar bien.
-Solo le dijo_ sí, no te preocupes, anda vete no hagas enojar a Archie…
Después de que se fue, le hablo a Dorortty.
- Dorortty, tu sabes donde vive Helena Larsson.
- No, me digas que ya lo sabes.
Candy, con el cometario de Dorotty, solo se enfureció más, como tú, también lo sabias, por lo que veo soy la última en enterarme, sabes pensé que me tenías afecto, pero ya veo que no.
- Candy, es solo que no me corresponde a mí, decirte algo muy delicado, podrían ser rumores de sirvientes, solo eso.
- Cuando el rio suena es porque agua lleva, dile al chófer que voy a salir que prepare el auto, tú me vas acompañar.
- Candy, no puedes ir a su casa, sabes que te rebajarías ante ella.
- Para ti soy señora Andlay, se lo que voy hacer así, que solo has lo que te digo, o te despido.
DOROTTY- Solo fue hacer lo que Candy le pidió, no sin antes mandarle un recado con urgencia para George.
Salieron rumbo a la casa de Helena, Candy, solo quería verla, preguntarle si estaba enamorada de él, si lo quería tanto como ella, si realmente sentía amor por él, o solo era uno de sus tantos amantes en turno.
Si la respuesta de ella, era que lo amaba, que realmente, que no era uno, de sus tantos amantes, que realmente lo amaba igual o más que ella, aunque le doliera lo dejaría libre para que fuera feliz, aunque se muriera al tomar esa decisión lo haría, por que para ella primero estaba la felicidad de él.
Ella sabía cómo fue ese amor de ellos, ella sabía quién era ella y lo que significó para él, esa era la razón de esa decisión, sabía que en su momento Albert la amo con locura, que quizás ella, no había podido arrancar ese amor, como ella quería.
Que como se enteró, era de dominio público quienes habían sido sus amantes, bastaba con tocar el tema, para que una de las señoras le contaran todo, pero la que le platico con lujo de detalle fue la señora Smith, ella estuvo muy de cerca de esa relación, porque su esposo había sido uno de sus amantes, lo había mandado a seguir y le trajo toda la información de la mujer en cuestión, la cual comenzaba con un nuevo amante que ese era Albert.
-00000000000000000000-
Albert llegaba apresurado al departamento de Helena, cuando iba llegando el doctor iba saliendo.
- Lo siento es cuestión de unas horas, ya está en la fase final, lo lamento mucho.
Nana, comenzó a llorar, su niña su hija se estaba muriendo.
Albert, entro a la habitación ahí la vio, ya le costaba mucho respirar, realmente al verla así, para él, eso era desastroso.
- Hola viniste, te estaba esperando abriendo los brazos para recibirlo, quiero que me lleves a la terraza.
- No, te vas a esforzar demasiado, mejor quédate aquí, en tu cama.
- No, solo llévame a ver el cielo, quiero ver el atardecer contigo, solo he estado aquí en esta cama, no quiero estar más en la cama, ándale llévame.
Albert, solo asintió con la cabeza, la levanto en sus brazos, para llevarla a un camastro que tenía en la terraza.
Albert, la recostó en el camastro, con mucho cuidado él, se sentó frente a ella, dándole la espalda a la sala que estaba detrás.
- Mi amor, dime que eres feliz conmigo, que nunca me dejaste de querer, que aún me amas, con lágrimas en los ojos.
Albert, la tomo de la mano, la acaricio el rostro y su cabello, sabes que te quiero, que aun te amo, nunca deje de amarte, en ese momento sabía, que tenía que decirle todo eso, ella ya se iba, eran sus últimos momentos, como decirle que no era verdad, como decirle que su verdadero amor y corazón lo tenía otra.
- Cada vez su respiración era más difícil, amor perdóname si te falle, perdóname por no creer en ti, eres un gran hombre.
- No hables, descansa con lágrimas en los ojos.
En ese momento Candy, llego al departamento, la puerta se quedó abierta tras haber salido el doctor, solo entro al ver de espalda a Albert, solo se detuvo al ver la escena, de dos enamorados diciéndose el amor que se profesaban.
Albert, sintió que alguien estaba detrás de ellos, solo que no voltio pensando que era Nana, nunca imagino que la persona que estaba detrás de ellos era Candy. El prácticamente al estar inclinado escuchando a Helena, a que su voz se escapaba poco a poco.
- Déjame decirte todo lo que siento, por favor, ya no me queda tiempo, solo deja que te diga, que siempre te amé, nunca pude olvidarte, que cuando llegaste a mi vida me devolviste la vida, ya que yo, estaba muerta, nunca pude vivir sin ti.
Solo déjame imaginar quieres, como sería mi vida contigo.
Albert, entendió a lo que se refería ellos, siempre platicaban de cómo sería su vida, sino tuvieran que ser el patriarca de su familia, imaginar, bueno nos casaremos en una playa, donde después iremos a nuestra luna de miel, tendremos dos hijos, tú te pondrás gorda e insoportable y yo trabajare muy duro para nuestra familia, te gusta eso,
- Si, es hermoso…
- Después, nuestros hijos crecerán y nos quedaremos solos, siendo viejos, más aún te amare con locura, compraremos una cabaña, donde estaremos esperando, que nos visiten nuestros nietos.
Candy, ya no pudo seguir escuchando las lágrimas ya no las podía contener, ya no quería escuchar más, bastaba con lo que escuchaba, que más necesitaba saber, nada, solo que lo que más temía escuchar, ya lo había escuchado, de las mismas palabras de él, de Albert.
Tenía el corazón destrozado, en ese momento sentía desfallecer, solo se voltio topándose cara a cara con Nana, la cual solo se cubrió la boca con la mano al verla, ya que sabía quién era ella.
Pero que hacia ahí escuchando a su esposo, lo que le decía cosas a Helena, Candy solo salió del departamento, atrás de ella, salió Nana…
- Señora, señora, por favor, déjeme explicarme.
Candy, solo salió bajando las escaleras de aquel lugar, dejando atrás a nana, no quería escucharla, con lo que ya escucho, era más que suficiente, con la escena que vio, era más que evidente lo que Albert sentía por aquella mujer.
Subió al coche, con las lágrimas en los ojos que no podía contener.
- Sra. Andlay, vámonos a la casa el señor, se va a molestar.
Candy, no contestaba, solo lloraba.
- Pero que paso en ese lugar para que este así, vamos Marcelo llévanos a la mansión.
- No, vamos a la estación, compraras un boleto para Nueva York, para mañana temprano, llegando prepárame un par de maletas con lo necesario, solo voy a checar unos embarques y quiero que lleves esto a la oficina de telégrafos.
- Pero señora, espere a que el señor hable con usted, no tome decisiones apresuradas.
- Haces lo que te digo, sino, lo hago yo misma.
– Esta bien señora, lo que usted diga.
Albert, seguía con Helena, Nana no quiso decirle quien había estado hace unos momentos en el departamento, temía que, si lo hacía, fuera atrás de su mujer, dejando a Helena en sus últimos momentos.
- Me gusta, mucho la vida que inventaste para nosotros, pero a mí, me gustaría tener más bebes sabes, quizás no se unos diez, que lo queramos mucho, cof,cof,cof.
- Deja de hablar, ya te estas alterando, mejor descansa.
- No, deja que te diga, quiero que cuando seamos viejos, hagamos un viaje donde solo seamos tu y yo, cof,cof,cof, y que caminemos por la calle agarrados de la mano, que nos miren, sin que nos señalen, cof, cof,cof.
- Si mi amor, así será, solo te tienes que poner bien, para que ese sueño se haga realidad.
- Cof,cof,cof Albert, respirando muy agitada, te amo, apretando su mano, te amo, siempre te amareeeeeeeeeeeeeee.
Albert, solo sintió como su mano, dejo de apretar la suya.
Helena había partido…
Albert, con sus dedos cerro sus ojos, la abrazo y comenzó a llorar, lloro con desesperación, de ver tan vulnerable a esa mujer, que tanto lo amo, porque a pesar de todas las circunstancias, ella lo amo.
Albert, sintió que algo por dentro se rompió, nunca se imaginó que le fuera doler tanto su partida, realmente volvió a vivir por unos instantes lo feliz que fue con ella, cuando estuvo en África, cuando se vieron a ver en Brasil, como lo recibía, cada vez, que lo esperaba en ese departamento en Nueva york.
Como era la vida, como un suspiro, solo así, ella que era solo vida, ahora solo se había ido.
Se levantó, la tomo en sus brazos para llevarla a su habitación, acomodo su cuerpo en la cama, le dio un beso en la frente y salió para decirle a Nana, que ya había partido.
Nana, se puso a llorar desconsolada, su hija, su niña había muerto.
En ese momento llego George pensando en decirle lo de Candy, pero al llegar vio aquella escena devastadora que solo opto por abrasarlo, Albert, solo lloro como niño desconsolado, aunque no amaba a Helena, tenía un recuerdo grato de ella, fue su amiga, su hermana, su mujer, aunque quisiera negarlo aún, existía un sentimiento de cariño.
- Lo siento mucho.
- Por favor encárgate de todo, Nana no puede hacer nada en estos momentos.
- Si, no te preocupes, yo haré todo, solo deberías …
- Ahora no George, ahora no tengo cabeza para lidiar con nada, me siento devastado.
- Solo dijo- está bien entiendo, saliendo de ahí, para pedir el servicio fúnebre.
Nana, entro busco un vestido el más elegante que ella tenía, así como sus mejores zapatos, peino su cabello, para que no se maltratara, comenzando a vestirla, la maquillo, como ella solía hacerlo.
Pareciera que está dormida, mi niña, no sabes cómo me duele que me dejes sola, pero sé que tus últimos momentos fuiste muy feliz, él está aquí junto a ti.
Albert, espero afuera con una copa de licor, se sentía emocionalmente mal, realmente la muerte de Helena le afecto, la funeraria llego acomodo a Helena en un ataúd color plata, con unas incrustaciones en color oro, la llenaron de flores.
Albert, fue tomo una flor y se la puso entre sus manos, Nana deberías avisar, no se a sus parientes, a los de su ex esposo.
- Nadie vendrá, nadie se mancharía en venir a este funeral, mi niña no tenía amigas, ni parientes, solo éramos ella y yo, solo las dos, ahora me quede sola, nadie querrá verla partir, para la gente que la conocía, solo era la molesta ramera de sus esposos.
- Nana, no digas eso, Albert, esa noche decidió no ir a su casa.
George, lo acompaño, amigo deberías ir a descansar a tu casa, platicar con Candy, no se decirle todo esto, sé que te entenderá.
- Solo deja que pase el funeral y me sentare frente a ella y le contare todo, en verdad necesito hacerlo, necesito que me escuche, que sea mi amiga, solo espero, que me perdone si ella, siente que yo le falte.
- si hablas con el corazón en la mano, ella te escuchara.
Lo que Albert, no sabía es que a la mañana siguiente aun no salía el sol y ella ya estaba tomando un tren hacia Nueva York, en donde Jeans, ya la estaba esperando ya que ella le dijo que llegaría por la tarde, que era urgente que le consiguiera un pasaje de Abordar en algún barco que zarpara el lugar no importaba, solo necesitaba irse, alejarse, antes de que la desesperación la matara.
El funeral, no fue nada alentador al igual que el día anterior, solo los tres estuvieron para despedir a Helena, salvo el sacerdote que oficio un pequeño memorial.
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Albert, estaba decidido hablar con Candy, se imaginaba que estaría con el Jesús en la boca al saber que no llego en toda la noche, se sentía cansado, contrariado, devastado por todo lo acontecido en los últimos meses, lo único que quería era abrazar a Candy, y perderse en sus ojos verdes.
Besarla y llevársela unos días para descansar como le había prometido, le contaría todo, le pediría perdón, le diría que la amaba, que si le pasaba algo nunca podría vivir sin ella, si ella solo dejaba de existir el, ya no tendría ni una razón para vivir.
Que su corazón, solo latía por ella, que no tenía vida sin ella, ahora que la muerte lo rondo de nuevo, no quería ni imaginar quedarse solo, no quería una vida sin Candy, sin su Candy.
Cuando el llego alrededor del mediodía, lo primero que hizo fue preguntarle al mayordomo donde estaba su mujer
- La señora salió señor, solo hable con Dorotty, ella es la que sabe.
Al aparecer Dorrotty, vio que esta se encontraba con los ojos hinchados, de tanto que había llorado.
- Dorotty, donde esta Candy, dime que no le paso nada malo.
- Hay señor, la señora, se fue hoy muy temprano.
Albert, ya alterado, la tomo de los hombros, a donde Dorotty, a donde se fue mi mujer.
Dorotty, no contestaba, solo lloraba.
En eso se escuchó una voz muy familiar, yo te voy a decir a donde se fue, mejor dicho no a donde sino ¿Por qué se fue?...
CONTINUARA…
Bueno chicas, después de varios impedimentos técnicos, por fin quedo el capítulo, espero y sepan entender los sentimientos, que aquí describí, que lo vean objetivamente como es, Helena, es un ser humano, como tú y como yo.
Albert, un hombre con sentimientos que lo rebasa la situación y la falta de comunicación de la pareja, sé que es un capitulo fuerte, me costó mucho trabajo terminarlo cuando lo escribí, ya que cuando escribí la historia, acaba de perder a una persona que quise mucho, lo amé, así, que es cierto, aunque tú, no ames a esa persona, un se queda el cariño.
Bueno las espero en el próximo capítulo, ya saben por la XEW, Radio.
