Capítulo anterior:

¿Lo olvidan? —cargó Astrid a Nuffink cuando bajaron todas las escaleras. —Íbamos a comprar los víveres.

Ush… es cierto. —bufaron con fastidio las guías, al ver que su día estaba lejos de terminarse.

Y no teniendo más remedio, salieron de la casa junto con Astrid y Nuffink.

Para ninguno de los guías, pasó por desapercibido el cansancio del otro, pues en cuanto Toothless cruzó su mirada con su pareja y amiga, rápidamente pudo notar lo fastidiadas que estaban, y ellas también sintieron lo mismo para su compañero.

Un estado de ánimo muy diferente al de los padres que, se veían muy relajados, y de los niños que, a pesar de todo, estaban muy felices.

Capítulo 14

El colmo de la paciencia pt 2.

Guiado por las instrucciones de Zephyr y los guías, Hiccup condujo hasta donde se encontraba el área comercial. Después de unos minutos de trayecto, su destino poco a poco comenzó a ser más notorio, pues los anuncios luminosos y los aparadores de las tiendas destacaban más por la noche.

Hiccup y Astrid quedaron deslumbrados, pues a pesar de ser de noche, las tiendas estaban repletas de personas que se encontraban haciendo compras.

—Se parece un poco al mundo oculto ¿No lo creen? —apreció Astrid mirando por la ventanilla.

—Sí, un poco. —respondió Hiccup tratando de no distraerse de su camino.

—Sí, aunque ahí siempre era igual fuera de día o de noche. —agregó Toothless.

—¿Por qué? —preguntó Zephyr curiosa.

—Bueno pequeña, de dónde venimos, el día no luce tal como en este mundo, es más bien un poco más oscuro, con una iluminación más parecida a un atardecer rojizo, debido a eso los edificios y construcciones siempre se encuentran iluminados

—¡Wow!… debe ser muy bonito.

—Sí, la verdad es que sí. —opinó Alúmini lo mismo.

Continuando con el recorrido, después de dar algunas vueltas, la falsa familia pudo aparcar en un estacionamiento que colindaba con un centro comercial, así como con una tienda de autoservicio.

—Y bien, como acordamos, Hofferson, Stormfly y Alúmini irán a comprar los víveres, mientras que Toothless, Zephyr y yo iremos a ver lo de los celulares y los materiales. ¿Están de acuerdo? —preguntó Hiccup cuando todos los integrantes bajaron del auto.

—En eso quedamos ¿no? —respondió Astrid con su típica frialdad. —Entonces… ¿Nos vemos aquí en dos horas?

—Me parece bien… ¿Toothless, Zephyr? —preguntó a sus acompañantes.

—¡Sí! —exclamaron estos animados.

—¿Disculpen? —se escuchó de repente un tímido susurro.

Tanto los falsos padres como tíos bajaron su mirada para quien había hablado: Nuffink que, un tanto cabizbajo, miró con sus enormes ojos verdes a quienes creía sus progenitores y apretó sus labios contra su boca, incapaz de seguir hablando.

—¿Qué pasa pequeño? —preguntó Stormfly para alentarlo a continuar.

—Ah…

—¿Ocurre algo hermanito? —preguntó Zephyr preocupada.

El niño entonces enrojeció y jugó tímidamente con sus dedos.

—Lo que quieras decir, dilo…—lo motivó Astrid para que hablara.

—Bueno yo…—respiró. —Yo quiero ir con mi papá, digo… con Hiccup. —terminó inflando sus mejillas.

Silencio. Al escuchar tan tierna petición, Stormfly y Alúmini no pudieron evitar soltar un suspiro enternecedor, mientras que Astrid rápidamente se volvió para su cómplice el cual estaba y lucía un poco "espantado.

—Oye Haddock…—le tronó los dedos en su cara para que reaccionara.

Los chasquidos de su aliada – enemiga trajeron de vuelta a Hiccup de su conmoción que, de un parpadeó, despertó; sin embargo, no le quitó la sensación de espanto y también del hecho de reconocer que Nuffink tenía muchos gestos parecidos a los de él.

—¡TIERRA LLAMANDO A HADDOCK!

—¡Ah, ya te escuché! ¡Gritona! —exclamó exaltado.

—pues no respondes. —riñó Astrid. —Entonces ¿Qué? ¿Te llevas a Nuffink también?

Haddock balbuceó, y volvió su vista al pequeño, que con sus ojos verdes y manitas engarruñadas rogaba mentalmente porque lo dejara acompañarlo.

—Ush… está bien. —respondió rodando sus ojos.

—¡Yeii! ¡Ven Nuffink! —invitó Zephyr a que se uniera a su equipo.

El niño caminó feliz hacia donde su hermana y falso tío estaban, y victorioso, chocó sus manos con ellos.

—Dioses…—resopló Hiccup exhausto.

—Más vale que los cuides bien, Haddock. —amenazó Astrid entre dientes.

—Sí, "mamá". ¿Por quién me tomas? —respondió este ofendido.

—Ya se te olvidó Zephyr una vez en la escuela. ¿Acaso ya no lo recuerdas?

Punto para Hofferson. Hiccup gruñó para sus adentros y comenzó a ponerse tenso de sólo pensar que cualquiera de esos niños se le llegara a perder en el centro comercial.

—En fin, de igual manera, si pasa algo, quiero que tomen esto…

Pronto la atención de todos se concentró en Hofferson que, esculcando en el bolso que llevaba, sacó un bloc de papelitos, el cual posteriormente comenzó a dividir en varias partes.

—¿Qué es esto? —preguntó Hiccup tomando el que le ofreció.

—Las notas mágicas que les dije que haría. —explicó Astrid entregándole unas a Toothless, Alúmini, Stormfly y hasta a los niños, y luego repartió unos crayones y plumas que había tomado de los útiles de Nuffink para que escribieran.

—Qué bonita libretita. —apreció Zephyr emocionada.

—Yo le ayudé a hacerlas. —presumió Nuffink dando saltitos con la suya.

—Si no mal recuerdo, escribes el mensaje por un lado y el nombre del destinatario por el otro, lo quemas y así el mensaje se va ¿no es así? —preguntó Hiccup comenzando a escribir una nota de prueba.

—Algo así. —respondió Astrid viendo como su aliado terminaba con su mensaje y lo quemaba con la ayuda de su magia.

Posteriormente, en menos de un segundo, este apareció frente a ella, esta un tanto desconcertada lo tomó y por mera curiosidad lo abrió para ver que decía, pero en lugar de palabras había un dibujito haciéndole una seña obscena con el dedo.

—Que tierno. —respondió con sarcasmo a su burlón remitente y destruyó la nota con su egni.

—¿Y cómo lo usamos nosotros, Astrid? —preguntó Zephyr de repente.

—Yo no sé escribir muy bien todavía. —dijo Nuffink.

—Es cierto Astrid, Nuffink aún no entra a una escuela, y ninguno de los dos puede hacer fuego con magia. —comentó Stormfly.

—No se preocupen, fabriqué estas notas para que también se enviaran de la siguiente manera, Zephyr y Nuffink… ¿quisieran hacer la prueba?

Los niños asintieron emocionados.

—Bien, escriban su mensaje y el nombre de la persona a la que se la enviarán.

Zephyr comenzó a hacer sus apuntes, mientras que a Nuffink, Astrid le explicó como escribir su nombre y el suyo, y luego le pidió que le hiciera un dibujito, una vez que los niños terminaron avisaron a su falsa madre.

—Ahora, rompan su papelito. —siguió explicando Astrid pacientemente.

Los niños obedecieron y con sólo partir su papelito a la mitad, este desapareció mágicamente de sus manos. Ambos quedaron asombrados. Mientras que Astrid, en menos de un segundo recibió los mensajes: el de Zephyr lo abrió y sólo decía ¡HOLA! y tenía el dibujito de una niña y el de Nuffink tenía un dibujito un poco parecido al que le había hecho Hiccup, sólo que este le sonreía, un detalle que en particular la hizo esbozar una sonrisa.

—Y así es como ustedes pueden enviar mensajes con estas notas. ¿Quedó alguna duda?

—¡No! —exclamaron los niños como buenos alumnos.

—Nuffink, en dado caso que "alguien" te pierda en el centro comercial, dibuja la tienda en donde te encuentres y quédate frente a esta. ¿De acuerdo?

—¡Sí, Astrid! —asintió este como un soldadito.

—Lo mismo para ti Zephyr. — ordenó Astrid.

—Sí, Astrid. Aunque dudo que Hiccup nos olvide… otra vez. —susurró la pequeña lo último.

—Que lindas y graciosas…—masculló el aludido entre dientes "ligeramente" ofendido. —Vaya Hofferson, creo que ahora si te luciste. Pero no olvidemos que estos mensajes dependen de la distancia, si estamos muy alejados, tardarán en llegar ¿No es así?

—Me temo que así es.

—Bien, entonces de igual manera necesitamos esos famosos "celulares".

—Sí, sí. Lo sé.

—Bien, entonces a conseguirlos. —resopló Haddock tratando de sonar animado al reunirse con su equipo. —Al mal tiempo darle prisa… nos vemos aquí en dos horas.

—Sí, sí. —resopló Astrid dándole la espalda para reunirse con su equipo.

—¡Oye Hiccup! —detuvo de repente Alúmini.

El hechicero se volvió hacia esta con un incógnita muy marcada en el rostro.

—¿No se te olvida algo? —insinuó la albina apuntando con su mirada y gestos a Astrid.

Esta, ignorando a que se refería la guía, se volvió también a su confundido enemigo.

—El dinero…—recordó Stormfly al ver la confusión de ambos.

—Oh…cierto, el dinero. —se esculcó Haddock sus bolsillos para sacar la billetera.

Resoplando, Astrid vergonzosamente tuvo que acercarse otra vez a él pues carecía de plata para la compra de víveres, así que no le quedó de otra.

—¿Crees que alcance con esto? —preguntó Hiccup igualmente avergonzado, pues así, ambos si parecían un matrimonio, donde él proveía como buen esposo, y ella administraba todo, como buena esposa.

Astrid, apenada, contó el dinero, era un total de 2000, pero ¿2000 qué?

—No lo sé. ¿Qué se supone que es está denominación?

—Son libras. —explicó Zephyr acercándose. —¿Cuánto es?

Astrid le mostró el dinero.

—Sí, creo que sí está bien, es lo que más o menos mi mamá gasta en todas las compras.

—Uff… entonces, problema resuelto. —resopló Hiccup sintiéndose aliviado.

Quedando resuelto lo monetario, los equipos se dividieron y se fueron por rumbos distintos.

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Tienda de autoservicio.

Al llegar a la tienda, Astrid y las guías se encontraron que el lugar no difería mucho a los que había en el mundo oculto. Había carritos para las compras, varios estantes con productos entre otras cosas, y en lo único en que diferían era en la fila que se tenía que hacer en ese mundo para pagar, ya que en el mundo oculto había máquinas que contabilizaban todo y al final cobraban. En ese aspecto el otro mundo parecía más moderno al de Berk.

—Bien, ¿por dónde empezamos? ¿Qué llevamos? —preguntó Alúmini un tanto confundida pues nunca había hecho compras de ese estilo.

—Yo hice una lista de lo que faltaba. —respondió Astrid sacando un papelito de su bolso.

—¡Wow! Astrid, parece que ya vas aprendiendo a cómo ser una ama de casa responsable. —opinó la sorprendida Stormfly.

—Ay, qué cosas dices… —rodó esta los ojos.

—No te avergüences, mejor dinos ¿qué es lo que falta?

Sonrojada, y dando un resoplido, Hofferson le mostró a su guía la "lista" de víveres.

"Leche",

"Sopa",

"Pasta de dientes",

"Jabón"

Era lo único que estaba escrito.

El orgullo que Stormfly había sentido por su protegida se fue a los suelos, en especial, porque esta sólo había apuntado lo que Zephyr había dicho que faltaba por la mañana.

—Ay, Astrid… ¡a esto no se le puede llamar una lista de víveres! —riñó enrojecida.

—¡¿Qué?! Fue lo que Zephyr dijo que faltaba. —se defendió esta como si nada. —¿Qué te imaginabas?

—Ush… no sé, tal vez que hicieras un inventario de lo que faltaba en TÚ casa. —respondió la guía con sarcasmo.

—Ay Stormfly, pides demasiado. No inventes.

La guía se rindió. Mientras tanto, Alúmini rio con nervios al ver cómo su amiga batallaba con su protegida y lo difícil que esta podía ser cuando se lo proponía.

—¿Qué les parece si recorremos todos los pasillos y vemos lo que puede hacer falta? —preguntó para detener la riña

Astrid y Stormfly se volvieron a la nerviosa albina, luego se miraron entre ambas, y encogiéndose de hombros asintieron al plan de la tercera.

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Haciendo el recorrido de pasillo en pasillo, Alúmini y Stormfly tomaron lo que creían que hacía falta en la casa, mientras que la aburrida Astrid se encargó de hacer las cuentas para no salirse del presupuesto, después de todo, ella era excelente en la materia, por lo que su guía optó por dejarle esa tarea.

Pero se estaba aburriendo, recargada en el carrito de compras, lo empujaba con pereza tratando de entretenerse con los productos que llevaban o viendo a las guías tomando lo que necesitaban, luego, por inercia bajó su cabeza y sus ojos se encontraron entretenidos viendo la silueta que se formaba de su cuerpo gracias a las luces que había en un aparador luminoso a un lado de ella.

Ver su propia sombra, poco a poco la inquietó, y viéndola fijamente recordó lo que Nuffink le había respondido por la tarde.

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Es que me da miedo. —dijo Nuffink cuando Astrid le pidió que le platicara sobre la sombra que lo acechaba.

No temas, prometo que no te hará nada, pero debo saberlo para eliminar una sospecha que tengo.

¿Una sospecha?

Astrid sacudió su cabeza, tratando de no dar demasiadas explicaciones.

Por favor.

Nuffink apretó los labios contra su boca y aunque estaba temeroso, asintió.

Se asoma por la ventana, parece una persona, pero… es todo negro, como si tuviera una capa que le cubre desde la cabeza.

¿Desde cuándo lo empezaste a ver?

El niño lo pensó, y otra vez apretó sus labios contra su boca.

Desde hace unos días.

¿Le dijiste a tus papás? ¿A tu hermana?

A Zephyr no, luego se hubiera asustado. Pero a mi mami si le dije.

¿Y qué te dijo?

Que era sólo un mal sueño, un producto de mi imaginación por los cuentos que a veces ella o mi papá me contaban.

Oh… ya veo.

Pero, esa sombra nunca me había asustado tanto, hasta ese día, el día que me hice pipí en la cama, y eso porque sentí como si no me dejara moverme.

Astrid se angustió al ver lo afligido del niño.

Aunque, luego… cuando tú me prometiste que la ibas a alejar, ya no me molestó. ¿Tú hiciste algo Astrid?

Ah… eh… es lo que estoy tratando de averiguar. —respondió esta levemente sonrojada y con una sonrisa.

Yo creo que sí, Sky y tú le dieron su merecido. —soltó Nuffink unos puñetazos en el aire. —¡Gracias, Astrid! —luego se lanzó a ella para abrazarla.

El gesto desconcertó a Hofferson, pero sintiéndose de utilidad para el niño, lo abrazó de vuelta por unos breves segundos, ya que luego se sintió extraña de estarse conectando demasiado con él.

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—Oye Astrid, ¿Crees que a los niños les guste la crema de brócoli o de elote?

La aludida despertó de su ensoñación en un sobresalto, y desconcertada se volvió hacia Stormfly la cual le mostraba dos latas de diferente contenido.

—Ah… no sé. —respondió confundida.

—Ay Astrid. —resopló la guía dándole la espalda. —Me gustaría que te involucraras más en esto de la "alimentación" de tus hijos.

—No empieces Stormfly, yo me preocupo a mi manera de ellos. —riñó la hechicera siguiéndola con todo y carrito hacia donde iba.

—Ah, ¿sí? ¿cómo? —continuó la malhumorada guía tomando unas latas con crema de champiñones.

—Tal vez averiguando qué es lo que está molestando a Nuffink.

La respuesta desconcertó a la guía.

—¿A qué te refieres?

—Ah… eh… ¿cómo decirlo? Nuffink me contó que una sombra se le aparece en sueños, que es como un espectro, ah… algo así como el famoso "Pitch Black" de las historias de los "Guardianes". ¿Si sabes a lo que me refiero?

Stormfly frunció el entrecejo confundida.

—Sí, pero es sólo un sueño Astrid. Tú misma lo dijiste.

—Pero ¿qué tal si no? Nuffink me dijo que esa cosa lo paralizó y por eso se hizo en la cama. ¿Qué tal si es un hechicero molestándolo?

—Nunca había escuchado algo así, salvo en los cuentos esos, tal vez Nuffink sólo quería justificar el accidente que tuvo porque tenía miedo a tu reacción

—Es increíble Stormfly. ¡¿No le crees? —exclamó Astrid exaltada.

—Pues la verdad no, y te diré los motivos.

—Te escucho.

—Número 1: Físicamente, espiritual o como quieras llamarlo no pudo haber sido, porque hasta el día de hoy Alúmini, Toothless y yo estuvimos vigilando la casa y nunca vimos una sombra o espectro que se le pareciera. Número 2: hay una barrera mágica que rodea la casa, por lo que si es un hechicero no creo que la pueda penetrar de ninguna forma.

—Entonces, ¿así lo dejo? no le creo a Nuffink. —resopló Astrid molesta con las pobres razones que su guía le había dado.

—Lo que creo es que quiere llamar la atención, y no lo culpo, a como Hiccup y tú se comportan hasta yo buscaría una forma de hacerlo.

—Es increíble Stormfly.

Astrid negaba con su cabeza, no creyendo lo que su guía le decía de aquel pobre niño que le había dado su confianza para contarle algo tan delicado, pero ese sería su problema, ella de igual manera investigaría por su cuenta, por lo que optó por omitirle el incidente con Sky por la tarde, no quería escuchar más sermones.

—¡Vaya, vaya! Pero que tenemos aquí. —escucharon de repente tras ella.

Astrid se giró para aquella que le había hablado, una mujer de largo cabello rubio, cara igualmente alargada y sonrisa burlona la cual estaba junto a un niño que parecía de la edad de Zephyr y, cuyo peculiar cabello peinado en una moja, era bastante extravagante para un niño de su edad.

—Disculpa… ¿te conozco?

—Ja, como siempre haciéndose la graciosa "Sra. Haddock"

—¿Cómo me dijo? —gruñó Astrid con una vena resaltada.

—En fin, hace mucho que no te veía, exactamente como una semana y vaya que has cambiado… no te recuerdo con ese peinado de adolescente desde algunos años. ¿Quién te cortó el cabello? ¿Los perros?

—¡¿Qué? —enfureció la hechicera con el atrevimiento de esa chica que empezó a expulsar su egni.

—Disculpe, "señora". —intervino Stormfly para calmar las aguas. —¿Usted es?

La gemela frunció el entrecejo, pues hasta ese momento no se había percatado de la otra chica que acompañaba a Astrid. Mientras que Stormfly, ya conocía de vista a la gemela, pues en sus años de vigilancia sabía que a veces Astrid, Heather y ella se reunían para tener un día de chicas.

—Ruffnut Thorton… —le tendió la mano. —¿Y tú eres?

—Stormfly Hofferson, hermana de Astrid.

—Oh… ¡Wow! No sabía que tuvieras una hermana, Astrid.

—Sí, claro…—refunfuñó esta entre dientes.

—¿Y el pequeño quién es? —preguntó la nerviosa Stormfly para cambiar el tema.

—Nuffnut, señorita. —se presentó el chiquillo educadamente, dando un paso hacia adelante.

—Y Hiccup es su padre. —completó Ruffnut.

Shock total.

Astrid abrió la boca incrédulamente al escuchar eso, mientras que Stormfly, sólo rio fingidamente, pues sabía que eso era una vil mentira.

—¡Ay mami! el Sr. Haddock no es mi padre. —hizo un berrinche el niño ya que su madre le había aplastado su moja con unos toquecitos.

Al escuchar aquello, hizo a Astrid recuperar el aliento, y no comprendió porque le había causado tanta impresión al inicio, aunque luego concluyó que era porque pensó que a su aliado enemigo le hubiera dado un infarto el saber que tenía otro hijo regado por ahí; sin embargo, luego sacudió su cabeza, porque pensar eso era como aceptar que Zephyr y Nuffink eran realmente hijos de él y… de ella.

—Él va a ser mi suegro, y la Sra. Haddock mi suegra. —siguió discutiendo el chiquillo terminándose de peinar.

—¿Qué cosa? —gruñó Astrid entre dientes.

—¿A qué se refiere? —preguntó Stormfly por ella, dando una risita nerviosa.

—Ah… pues que a este pequeñín. —volvió Ruffnut a aplastar su moja. —Le gusta tu sobrina. ¿Cómo la ves? Y dice que algún día se casará con ella.

—Ni los sueñes, niño tonto. —balbuceó Astrid para sus adentros, conocía esa sensación de ser acosada por niños enamoradizos.

—Aunque, yo no sé qué le ve… ni es tan bonita y se ve que es muy aburrida. —siguió Ruffnut contando las cosas de su hijo. —Lo siento Astrid, pero es la verdad.

—¡¿Qué?! —explotó Astrid por sus adentros, pues, aunque no considerará a Zephyr aún como su hija, el estar fingiendo que era su madre, la hacía sentir que debía defenderla de esos comentarios. —¡Óyeme, tú!

—¡MAMI! —interrumpió el chiquillo el ataque de Hofferson. —Zephyr es muy bonita, y algún día se parecerá más a…

El niño no pudo continuar, pues su mirada quedó prendida a la "mamá" gruñona que, hasta que no se sintió acosada, dejó de gruñir para ver confundida a ese chiquillo.

—Ah… ya entiendo, a Nuffnut le gusta Zephyr porque cree que en un futuro se parecerá a Astrid. —concluyó Stormfly. —O sea… ¿qué le gusta Astrid? —reconsideró confundida.

—No, me gusta Zephyr, pero me imagino que algún día se pondrá tan bonita como lo es la Sra. Haddock. —explicó el ensoñado niño.

Astrid volvió a gruñir al escuchar ese título y se incomodó con la cara de ensoñación de ese niño "pervertido".

—Ok, ya entendí. ¿Y dónde está el padre del niño? —preguntó la guía para volver a cambiar el tema.

—Ah… pues quién sabe…—respondió Ruffnut y se acercó a la recién conocida para contarle un secreto. —Hay 3 posibles padres.

—Oh… ¡wow! —balbuceó Stormfly sonrojada. —Que niña tan pícara. —pensó para sus adentros.

—Ah… Stormfly, creo que es hora de irnos. Alúmini ya nos debe estar esperando en el área de carnicería. —gruñó Astrid tratando de zafarse ya de tan fastidiosa plática.

—Cierto, cierto.

—¿Quién? —preguntó Ruffnut.

—Ah… sólo la novia del hermano de… mi… es…poso. —respondió con dificultad.

—Wow… no sabía que Hiccup tenía un hermano, luego me lo presentan, aunque creo que me pareció verlo el otro día, en fin, nosotros también debemos ir a buscar a mi hermano Tuffnut. —se despidió la gemela. —Y Astrid, pásate un día a la barbería /estética para que mi hermano te empareje bien ese cabello que quedaste ¡horrible!

—¡¿Qué?!

—Que tengan buena noche chicas. —se despidió rápidamente la gemela, para luego echarse a correr con su hijo y su respectivo carrito de compras.

—Esa mujer esta loca. —bufó Astrid fastidiada

—E increíble que sea parte de tu círculo de amigas. —recordó Stormfly.

—¿Qué dices?

—Bueno, es al menos lo que te digo que vi. La verdad es que nunca los vigilamos muy de cerca en su día a día. Manteníamos la distancia para que no se percataran de nosotros o a veces investigábamos más sobre el hechizo que tenían.

—Investigaciones que no sirvieron de nada. —bufó Astrid comenzando a alejarse. —Puro tiempo perdido.

—Si tú lo dices, nunca te doy gusto ¿verdad? —se adelantó Stormfly molesta hacia el otro departamento.

La hechicera al ver a su muy molesta guía irse no pudo evitar detenerse para resoplar y seguir procesando lo que estaba viviendo.

—¿Qué es lo que estoy haciendo? —se dijo para si misma.

Al levantar su mirada, notó que había un espejo adornando una de las tantas columnas que había, y donde pudo ver su reflejo por completo, pero no sólo eso, paralelamente a ese espejo, había otro, en el cual pudo apreciar, no sólo su cabello mal cortado, si no una imagen infinita del espacio que la rodeaba y que poco a poco comenzaba a tornarse oscura debido a una sombra sigilosa, que se posicionó detrás de ella.

Astrid, brevemente quedó en shock debido a un frio que sintió recorriéndole la espalda; sin embargo, rápidamente reaccionó y se giró para confrontarla, pero para cuando lo hizo, la sombra se había ido.

—Maldito… ¿quién eres y qué quieres? —gruñó sintiendo dentro de ella un mal augurio.

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Centro comercial.

Apenas llegando al centro comercial, Zephyr pidió que primero hicieran la compra de su instrumento musical. Como era parte del trato, Hiccup se rindió ante sus deseos y la llevó tal como quiso.

Por lo que ahora se encontraban esperando, mientras el vendedor le hacía recomendaciones a la pequeña sobre el violín adecuado para su estatura y para que estuviera más cómoda. Tiempo que le estaba pareciendo una eternidad.

—Pensé que Zephyr tomaría clases de dibujo. —comentó Toothless igualmente aburrido de sólo escuchar lo que el vendedor decía.

Hiccup resopló y gruñó por ese pequeño detalle que había omitido.

—Eso lo inventé yo. —confesó. —En realidad Zephyr está yendo a clases de música.

—¿Y por qué la mentira?

—No sé en realidad, algo así me dijo que quería sorprender a todos. —mintió. —Por lo que haré creer a todos, con un truco obviamente, que lo que compramos fueron materiales para dibujo.

—Wow… que padre tan tierno eres. —se burló Toothless. —En fin, guardaré su secreto.

—Gracias amigo, por lo último… no por lo primero. —resopló Hiccup aburrido.

—Como tú digas…

Harto de escuchar las risitas burlonas de su guía, Hiccup se giró para no perder de vista al otro "intruso" que se había acoplado a su equipo y que, en ese momento, rodeaba sigilosamente uno de los instrumentos del lugar.

—Oye tú, niño… no vayas a romper nada. —regañó.

Nuffink al escucharlo, se cohibió por un momento, y lentamente comenzó a acercarse cabizbajo.

—Que bárbaro Hiccup, sólo estaba viendo. —regañó ahora Toothless.

—Que se quede quieto, no quiero que se pierda. —renegó este sin cambiar de posición.

—Lo siento Hiccup. —dijo Nuffink cuando llegó con ellos, completamente cabizbajo y temeroso.

Toothless le dio un golpe a su protegido por su rudeza, a lo que este respondió con otro bufido; sin embargo, al ver al niño, no pudo evitar sentirse mal por lo que había hecho.

—Ah, no… perdóname Nuffink. No… debí hablarte así. —se disculpó con dificultad.

El niño levantó su mirada, y apreció lo alto que era Hiccup, una estatura que era igual a la de su querido padre, quien siempre hacía una cosa en particular con él.

—¿Me cargas? —preguntó alzando sus bracitos.

—¿Qué? —balbuceó Hiccup entre dientes, mientras su guía sólo rio con toda aquella esa situación. —¿Por qué?

—Ya me cansé, y quiero ver todo desde arriba.

—Ah… eh… y… y… ¿No quieres que tu falso tío Tannlos te cargue? Él es más alto que yo.

—¡Oye! Eso no es cierto. —replicó este con una risita. —Te lo está pidiendo a ti, Hiccup, así que hazlo.

—Ay… pero…

—Por favor, me duelen mis piecitos. —rogó Nuffink dando unos saltitos.

El hechicero rodó sus ojos y viendo que no habría escapatoria para eso, comenzó a agacharse lentamente.

Nuffink aún con sus bracitos alzados, se sostuvo de los hombros de su falso padre cuando este comenzó a alzarlo, tan sutilmente como su padre solía hacerlo. Una vez que este se enderezó por completo, se recargó tranquilamente sobre su hombro.

—Wow… no pesa casi nada. —tragó Hiccup saliva sintiéndose raro.

—Aww… se ven tan tiernos. —se burló Toothless.

—Ay, cierra la boca.

—¡Papi! —gritó Zephyr de repente, haciendo una buena actuación de niña consentida. —¡Ya elegí uno!

—Ah… que bien, preciosa. —masculló el falso padre entre dientes y como Nuffink no se quiso apartar de él, se lo tuvo que llevar pegado como una garrapata hacia el mostrador donde le harían el cobro del instrumento.

—"Papi" elegí este… ¿está bien? —le mostró Zephyr su próxima adquisición.

—Sí, como sea… ¿cuánto es?

—£2500 señor. —respondió el vendedor con una sonrisa.

—¿Tan caro? —Se espantó Hiccup, pero como un trato era un trato, sacó con dificultad (ya que tenía Nuffink cargando) su billetera y pagó.

El vendedor fue feliz al recibir el pago, y una obvia comisión, Zephyr fue feliz con su instrumento musical, Nuffink fue feliz viendo todo desde "arriba", Toothless… él siempre estaba feliz, y Hiccup, vio desdichado como su cartera se había quedado con miserables £500, lo que esperaba fuera suficiente para comprar los famosos celulares.

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—¡£7,000! —exclamó Hiccup cuando vio el precio del celular más barato que había en una de las locaciones. —Ni si quiera me hubiera alcanzado a comprar uno. ¡Están demasiado caros!

—Wow, cierto. No sabía que esas cosas fueran tan costosas, y eso que todo el mundo lo tiene. —opinó Toothless pegando toda su cara en la vitrina de exhibición. — ¿Ahora qué haremos?

—Pues ¿qué?… ni modo, creo que tendremos que conformarnos con las notas de Hofferson, en lo que se me ocurre algo más.

—¿Algo más?

—Si, tal vez… ver la manera de construir un ojo del dragón, pero tendría que hacerlo desde cero… dioses.

—Yo sé que puedes, sólo organízate bien, ¡RECUERDA! Que tienes otras responsabilidades.

—Sí, sí…en fin, vámonos, alcancemos a Hofferson y a las demás en la otra tienda.

—Hiccup. —interrumpió Zephyr, quien, hasta ese momento, había aguardado detrás de los adultos junto con Nuffink.

—¿Qué?

—¿Y si vamos a comer? Ya hace hambre.

—Es cierto, ya es muy tarde. —apreció Toothless la hora en uno de los extravagantes celulares. —Y los niños no han comido.

Hiccup resopló cansado.

—Está bien. ¿A dónde vamos?

—Yo te digo dónde, Hiccup. —lo tomó Zephyr de una mano, mientras que Nuffink le tomaba la otra.

—Ah… pero esperen. —pidió el apenado padre, siendo ignorado y estirado por los dos pequeños.

Mientras tanto, Toothless se quedó detrás de ellos, y no pudo evitar reír con tan divertida situación.

—Ay amigo, espero que muy pronto aceptes que esos niños son una viva imagen de lo que alguna vez fuiste. —dijo para si mismo, luego sacó las notas mágicas que Hofferson le había dado y escribió un mensaje para avisar a las demás.

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5 minutos después.

Tienda de autoservicio.

"Estaremos comiendo, las esperamos, te pediré una orden extra de pescado, tal como te gusta." Dibujito de un dragón. Toothless.

Alúmini sonrió como toda una chica enamorada al ver el dibujo tan tierno que le había hecho su querida pareja. Luego se volvió a sus compañeras que, aun no poniéndose de acuerdo, ponían todo sobre la caja, para que el empleado les cobrara.

Para su suerte habían comprado los suficientes víveres como para un mes y para la cantidad de seres que ahora vivían en la casa, sólo esperaba que, tanto Hiccup como Astrid, siguieran con sus deberes cotidianos para que a esos niños no les faltara pan en la mesa.

—Y… ¿qué hacemos? —preguntó Stormfly cuando por fin terminaron de pagar y empacar todo. —Aún no han pasado las dos horas ¿les mandamos un mensaje a los chicos?

—No se preocupen, Toothless me acaba de mandar uno, creo que ellos terminaron también con sus cosas y se pasaron a comer algo, nos están esperando.

—Bien, entonces guardemos las cosas en el auto y vamos. ¡Astrid!

—Sí, ya escuché. Vamos. —aceptó esta con fastidio.

—¿Sigue molesta? —susurró la albina para su amiga.

—Alúmini, es Astrid… siempre está molesta.

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Área de comidas. Centro comercial.

Hasta que a los niños se les había ocurrido una buena idea.

Pensó Hiccup cuando estos los llevaron a un lugar donde vendían unas "hamburguesas" y otra variedad de comidas que, por cierto, le resultaron un manjar para su paladar y que además contaba con un área de juegos, en donde ahora Zephyr y Nuffink se entretenían, por lo que pudo descansar un poco de ellos.

—Que lugar tan agradable y familiar. — opinó Toothless, comiendo del pescado que había pedido para él.

—Lo bueno que nos alcanzó, ya con esto quedé oficialmente en la quiebra. Tenemos que preguntar la frecuencia de pago en esa concesionaria.

—Tienes que preguntar. —corrigió Toothless no dispuesto a repetir lo del día.

—Bueno, tú o yo, quien sea… además de ver si la mamá de esos niños tenía algo ahorrado de lo que hace.

—Para eso tendrías que hablar con Astrid.

—¿No puedes decirle a Alúmini que hable con ella?

—No. Creo que te entiendes tú mejor con ella, han planeado todo hasta ahora "maravillosamente". —dijo con sarcasmo.

—Ush… es inútil hablar contigo cuando te pones así.

—Lo mismo digo, amigo. —siguió comiendo Toothless para cortar la conversación.

Mientras que Hiccup, prefirió mirar hacia otro lado que no fuera a donde estaba Toothless o los niños, cuando de repente sus ojos se encontraron con alguien particularmente recién conocido.

—¡Hermano!

—Ay no, otra vez ese hombre. — trató de esconderse Hiccup al ver a Dagur saludándolo a unas cuantas mesas de donde se encontraba él.

—Y ahí viene, creo que iré a echarle un vistazo a los niños… más de cerca.

Para su venganza personal, Toothless se alejó rápidamente al mismo tiempo que Dagur llegó al lugar, y sintiéndose como en su casa, se sentó en donde antes estaba Toothless.

—Hermano, ¿por qué te escondes? ¿Acaso te escondes de mí? —preguntó el burlón detective.

—Jaja… Dagur… que sorpresa. —saludó Hiccup con sarcasmo y enderezándose en su sitio.

—Sí, mi Malabú y yo acostumbramos a venir a cenar aquí una vez a la semana, generalmente cuando me toca la guardia de la noche.

—¿La guardia de noche?

—Sí, ya sabes… vigilar, cuidar la ciudad y eso.

—Sí, claro.

—Y hablando de vigilar y cuidar… hermano. —se pausó el detective.

Hiccup tragó saliva disimuladamente, algo tenía Dagur que no le agradaba, ya que su mirada era tan penetrante y acusadora, como si ya supiera algo que ni él mismo sabía.

—Sí…—respondió tratando de no titubear.

—¿Estuviste en el depósito de chatarra de la ciudad el día de ayer?

El hechicero tragó saliva, y más cuando Dagur endureció su mirada.

—¿Depósito de chatarra?

—Sí, ese que está en las afueras de Berk.

—No, claro que no… ¿Por qué preguntas?

—Ayer nos reportaron un inusual ruido en las afueras, cuando iba en camino con un convoy me pareció ver una camioneta como la tuya.

—Ah… pero… bueno, de seguro hay muchas camionetas como la mía allá afuera. ¿No? —Rio nerviosamente.

—Sí, lo sé. Aunque, cuando la vi, no pude evitar recordarte, hermano.

—Ah… pues no, no era yo, yo ayer fui a trabajar, fui por la niña y ya no me moví de mi casa.

—Claro, ¡Como todos los días! —sonrió inesperadamente Dagur cambiando por completo su semblante de policía malo. —En fin, creo que mi a mi Malabú ya le dieron nuestra comida, ¡nos vemos hermano!

—Sí, sí…adiós. —se despidió Hiccup sintiendo un extremo alivio, y se permitió descansar cuando Dagur le dio la espalda; sin embargo…

—Hermano…—susurró este.

—Eh… ¿qué?

Dagur giró su rostro para verlo nuevamente con seriedad.

—Me informaron sobre un gran y peligroso perro de color negro que anda rondando por nuestra comunidad, te lo digo para que estés prevenido y cuides a los niños, el maldito es muy agresivo y ya atacó a unas personas el día de ayer, y aunque, lo estuve buscando todo el día de hoy no pude encontrarlo así que…

—Claro, claro… tendré cuidado. —comprendió Hiccup comenzando a sospechar que ese animal no era un perro común y corriente.

Sin decir más, Dagur se volvió a despedir y se fue, minutos después las chicas llegaron.

—Wow… ¿Y qué nos pidieron a nosotras? —preguntó Alúmini al ver todo el desorden que había en la mesa.

—Ah… Toothless te pidió la brocheta de pescado, de pollo para Stormfly y Hofferson, no sé que pidieron los niños para ti… ¿podemos hablar? —pidió rápidamente a su aliada.

—¿Conmigo? —se extrañó Astrid.

—Sí, contigo… ven…—la tomó rápidamente del brazo y la alejó de las confundidas guías.

.

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—Oye… ¿qué te pasa? —se zafó Astrid cuando Hiccup por fin se detuvo a muchos metros de donde los guías y niños se encontraban.

—Es que… ¿recuerdas a ese detective?

—Sí, él que está allá. —apuntó Astrid, pues desde donde estaban podían ver a todos los comensales en el área de comidas.

—Sí, ese…—le bajó Hiccup el brazo para que no se viera tan obvia. —Me dijo que le reportaron sobre un perro de color negro que está atacando a los citadinos y…

—¿Un Cerberos? —dedujo la hechicera.

—¡Sí! Exactamente… un cerberus, el maldito perro del averno. —exclamó Hiccup viendo lo rápido que podía coincidir con su enemiga, a diferencia de Toothless o Alúmini que primero lo hubieran visto como un loco.

—Pero… sí es eso… ¿qué hacemos? ¿cómo lo detenemos?

—Primero tendríamos que atraparlo. —resopló el hechicero.

—Y por tu cara veo que no es tan sencillo.

—Nunca me había topado con una situación así… ¿Qué quieras que diga?

Astrid se encogió de hombros y soltó una risita.

—Lo resolveremos, no te preocupes… atrapemos al maldito animal.

—Sí, claro…—soltó Hiccup una risita con tan osado comentario. —Pero la pregunta ahora, aparte del ¿cómo lo haremos? Es… ¿dónde aparecerá y…?

De repente una sensación de calor, mezclada con frio que los envolvió. Hiccup y Astrid no pudieron continuar con la conversación por el repentino cambio de temperatura que sintieron sus cuerpos. Era una presencia maligna, y como si supiera que hablaban de ella, los invitaba a buscarlo.

—Ese maldito…

—¿Dónde está? —gruñó Astrid poniéndose en alerta.

—Esté en donde esté… es obvio que nos busca a nosotros, Hofferson, y si se le da su gana puede aparecerse enfrente de toda esta gente inocente, debemos irnos, Toothless, Alúmini, Stormfly y los niños corren peligro.

—Pero…—se afligió la hechicera divisando a los niños que, ignorantes de lo que pasaba, seguían jugando con los juegos. —Ni Stormfly, ni Toothless o Alúmini saben conducir, además volverán a sus formas originales en unas horas.

Hiccup tronó los dientes al considerarlo, mas no quería arriesgarse a regresarlos a la casa y sufrir un ataque a medio camino, luego consideró que los llevara un auto de alquiler (taxi), aunque, lo descartó de inmediato al recordar que se había quedado sin dinero.

Sin embargo, luego de divisar a la gente que podría correr riesgo si no se movían de lugar, una pareja en particular le dio una buena idea.

—Haddock… ¿qué estás tramando? —preguntó Astrid cuando vio que este esbozó una sonrisita.

—No te preocupes Hofferson, ya sé quién los puede llevar. —respondió Hiccup mirando a la pareja de detectives.

Continuará.

Y hasta aquí le dejo, espero les haya gustado.

Comentarios:

Vivi: por supuesto Hiccup pagará por todas sus mentirijillas XD. Saludos

Maylu: un poco de Nuffink pero ahora con Hiccup, espero te haya gustado. Saludos

A todos los seguidores, favoritos y anónimos, espero les haya agradado y nos seguimos leyendo. Hasta la próxima,

12 de enero de 2020