CAPITULO 14

ROMARIO PODRÍA SER UN GRAN PADRE

Ya había anochecido y Dino seguía en su oficina frente al escritorio. A esa hora el resto de los que habitaban la mansión deberían estar durmiendo. Sin embargo, Dino estaba seguro de que, aunque fuera a su habitación, no podría conciliar el sueño.

¡Cómo deseaba tener a alguien que pudiera aconsejarlo en ese momento! Quizás si su padre aún viviera podría hablar con él y preguntarle cómo debía actuar.

Nunca se había sentido así de confundido, ni siquiera cuando tuvo que asumir la responsabilidad de liderar a su familia. Quería cancelar la boda, pero no podía darse el lujo de fallarle a Tsuna. Hiciera lo que hiciera, tenía que enfrentar las consecuencias de sus errores.

Para él no había sido difícil encariñarse con Rachele, pero ese cariño estaba muy lejos de ser amor. Se preguntaba una y otra vez si podría amar a Rachele un día.

¿Y qué pasaría si él se enamoraba y ella no? ¿Y si ninguno se enamoraba podrían fingir ser un matrimonio estable delante de toda la mafia? ¿Y si después él conocía a una mujer de la que sí se enamorara? ¿Sería capaz de traicionar a Rachele?

Alguien tocó la puerta.

Dino a penas se había enderezado en la silla cuando Romario entró con una taza en la mano. Sin decir nada, se acercó con una cálida sonrisa y colocó la taza sobre el escritorio.

-Te traje un poco de café –dijo-. Has trabajado demasiado el día de hoy. Deberías descansar un poco.

Dino estaba consciente de que Romario sabía perfectamente que no había trabajado desde el incidente con Dominic. Aún así, agradeció el gesto, tomó la taza y le dio un sorbo.

-Si no necesitas nada más, me retiro.

Romario hizo una pequeña inclinación y se dirigió a la puerta.

-E-espera, Romario –lo detuvo Dino-. ¿Puedes hacerme compañía un rato?

Romario sonrió comprensivo y se sentó en la silla delante del muchacho.

-¿Hay algo que quieras decirme?

Dino guardó silencio. No encontraba las palabras para expresar lo que quería. Por lo menos tres veces abrió la boca sin que las palabras salieran, mientras Romario lo observaba tranquilo, sin dejar de sonreír. Romario se mostraba increíblemente paciente. Romario era la persona que tanto esperaba para pedir un consejo, era la única figura paterna con la que contaba.

-Cre... Creo... Creo que Rachele está enamorada de Fabio –finalmente dijo en voz alta eso que tanto lo atormentaba.

Romario cambió su expresión. Ahora sus ojos mostraban una profunda tristeza.

-Yo también tengo mis sospechas –comentó.

Dino se sintió fatal. Esperaba que Romario le dijera que estaba equivocado, que esa impresión se debía a su inexperiencia en el amor. Dino sentía que le estaba robando la vida a Rachele. Él debía pagar por sus errores pero, ¿por qué ella también? ¿Qué había hecho ella?

-Debe... odiarme –soltó Dino con la voz temblorosa.

-Sin embargo –respondió Romario-, creo que no lo hace –Dino lo miró sin comprender-. En mi opinión, la señorita Rachele empieza a tenerte afecto.

-El afecto está lejos de ser amor.

-El amor siempre comienza siendo afecto.

Dino suspiró y se recargó en la silla mirando hacia el techo. En su opinión, era imposible que Rachele convirtiera su afecto en amor.

-Siento como si me la estuviera robando –murmuró con tristeza-. ¿Qué debería hacer?

-¿Amarla? –sugirió Romario.

Dino sonrió con ironía.

-Soy lo suficientemente mayor para entender que uno no puede forzar al amor.

-Entonces no te cases.

Dino bajó la mirada y la dirigió a Romario. De todos los consejos que podía esperar, ese era el único que estaba fuera de toda posibilidad.

-La familia se iría a la ruina –protestó.

-¿Y? –Romario lucía confiado-. ¿Cuál es el problema? Ya salvaste a la familia una vez. Sé que eres capaz de comenzar desde cero nuevamente.

-Romario...

-No nos vamos a alejar de ti. Te seguiremos sin importar la decisión que tomes. Puedes estar seguro de que lo único que nos importa es que seas feliz.

-No quiero defraudar a Tsuna.

-Si no me equivoco, fue el primero en protestar –Romario le dirigió nuevamente esa sonrisa cálida que parecía la de un padre-. Te queremos, Dino.

Con esas palabras Dino fue capaz de quitarse un gran peso de encima. Romario casi nunca lo llamaba por su nombre, siempre se refería a él como "jefe". Y esa noche estaba ahí, sentado, con toda su confianza puesta en él. Por primera vez en semanas, Dino sintió a su cuerpo relajarse. Podía permitirse cancelar la boda sin perder el apoyo de su familia. Reborn se enfadaría, pero Tsuna se mostraría comprensivo.

-¿Puedo hacerte otra pregunta? –dijo recordando algo de repente.

-Por supuesto.

-Haru asegura haber visto a Fabio maltratando a Rachele.

-¿La señorita Haru te dijo eso hoy en la tarde?

-Sí. Dijo que los vio en el jardín. Rachele lloraba, mientras Fabio le gritaba furioso. Por supuesto que Haru no entendió de qué hablaban, pero estuvieron discutiendo un rato. Al parecer, Rachele quería marcharse y Fabio la jaló del brazo. Haru piensa que la discusión estaba por salirse de control, hasta que se armó de valor y se acercó con el pretexto de las clases de italiano que Rachele le prometió. Incluso piensa que Rachele podría estar herida. Haru teme que Fabio le haga daño.

-No me sorprendería si eso ocurriera –dijo Romario pensativo.

-¿Qué quieres decir? Si Fabio está enamorado de Rachele no debería hacerle daño.

-El hecho de que Rachele está enamorada de Fabio no significa que él corresponda sus sentimientos.

-Pero ellos...

-Creo que eres lo suficientemente mayor para comprender la diferencia entre "estar enamorado de alguien" y "estar obsesionado con alguien" –explicó Romario-. En el caso de Fabio, me parece que es lo segundo.

Dino volvió a sorprenderse. Al principio pensó que Haru podía haber malinterpretado las cosas, pero Romario tenía la experiencia suficiente para observar los detalles que él pasaba por alto.

-Hay otra posibilidad –continuó Romario-. Supongamos otro caso: si cancelas la boda y tienes que otorgar la fortuna Cavallone como compensación a los Bersezio, Fabio podría aspirar a tomar el control.

Por supuesto eso tenía mucho sentido. Y Dino comprendió que algo estaba terriblemente mal. Una cosa era dejar todo en manos de Rachele y otra muy distinta entregárselo a Fabio, cuyas verdaderas intenciones no comprendía.

-¿Has decidido qué hacer? –preguntó Romario.

Dino lo miró con determinación.

-Antes de hacer cualquier cosa, debo descubrir quién es en realidad Fabio.

Romario volvió a sonreír.