Renuncia de derechos: Todo lo que reconozcan es de otras personas (Horikoshi–sensei, Rowling y uno que otro más). El resto del desvarío es mío, así que me reservo su uso como me dé la gana.

Advertencia: esto es un crossover; por lo tanto, las diferencias con el canon de las obras base van a ser muchas (algunas sonarán absurdas, otras no tanto, pero ahí estarán), así que no se aceptarán comentarios malintencionados al respecto.

Dedicatoria: a TanitbenNajash, creadora de la Tabla de Invierno en la cual participa el presente fanfic. Y también a "Volver a Hogwarts", porque sin sus actividades de 2019 (en específico, una con "Quidditch a través de los Tiempos"), la historia origen de esto (aún sin publicar) no habría nacido.


Catorce – Nieve.

Enero.

En serio, no sabía si era por su singularidad o algo más, pero a Karen le desagradaba el frío.

Casi estaba dispuesta a asegurar que era un rasgo de familia: Kotori solía usar abrigos y suéteres muy gruesos en esa temporada, lo mismo que Sorata, el tío Yuuto y la tía abuela Hinoto. Una de las excepciones parecía ser el abuelo, pero le importaba muy poco.

Sacudió la cabeza, sin deseos de pensar en su abuelo precisamente en ese momento.

Estaba esperando a Tensei y no era por trabajo.

Decir que estaba nerviosa era un eufemismo descomunal. Tensei era un buen amigo y solía pedir su ayuda de vez en cuando en salidas como aquella, pero sentía que esta ocasión era diferente. No se le quitaba de la cabeza el momento en que la invitó, cuando estaba segura que la primera vez, había dicho algo más que pedir que "le concediera su tiempo".

—¿En qué estará pensando? —musitó, arrebujándose en su grueso abrigo rojo.

Miró a su alrededor con el mismo cuidado que si estuviera en una misión. El centro comercial era aquel en el que se topara con Tensei y su hermano días atrás y su amigo le pidió esperarla delante de la pastelería que visitaran entonces. Procurando no bloquear la entrada del local, vio de reojo algunos de los postres en exhibición, preguntándose si Tensei querría…

—Buenas tardes, Kishuu–san. Lamento hacerte esperar.

Dando un respingo, Karen admitió que debió estar muy metida en sus pensamientos, o se habría dado cuenta antes que Tensei había llegado y la veía con cierta extrañeza.

—¡Ah, Ten–kun! No te preocupes, casi acabo de llegar. ¿Cómo estás?

Él asintió en silencio, observándola con atención. Karen frunció el ceño.

—¿Pasa algo? —quiso saber.

—Creo que debí pedirte que esperaras adentro —respondió Tensei, señalando con una mano la pastelería—, vamos allí primero.

—¿Ah, sí? ¿Otro encargo?

Tensei negó esta vez, yendo a abrirle la puerta y haciendo una seña para que pasara primero.

—Hablemos adentro, si te parece —pidió él.

Karen asintió, mirándolo con suspicacia, pero decidiendo al final que no debía ser malo si Tensei actuaba tan amable como siempre.

El lugar seguía tan encantador como hacía un mes. Tensei le pidió esperar en una de las mesas, mientras él ordenaba. Karen aceptó con una cabezada, ahora sí bastante intrigada. ¿Quizá su amigo iba a pedirle algo difícil y primero quería ablandarla con algo dulce? Bueno, no iba a negarse, pero nunca hizo falta algo así y a él se le veía ligeramente taciturno y distante.

Quizá, si el asunto no era demasiado complicado, podría aprovechar para declararse. Ya lo había demorado demasiado, pero poco a poco se había convencido de que Seitaro querría verla feliz.

—Aquí tienes —Tensei puso delante de ella una taza de contenido humeante y uno de aquellos pastelillos oscuros de la última vez.

—Gracias, ¿y tú no…?

Tensei le dedicó una sonrisa y repitió el viaje al mostrador para volver con un trozo de pastel y otra taza. Su postre era de pan de vainilla, relleno de crema y fresas, lo cual era atractivo a la vista.

Después de eso, se la pasaron conversando por unos minutos de trivialidades, hasta que Karen sintió que se hacía tarde y debían ir al grano.

—¿Y bien? ¿Qué necesitas, Ten–kun?

—¿Necesitar? —Tensei se detuvo a mitad de llevarse la taza a la boca.

—Sí, ¿para qué me pediste venir?

Ahora era Tensei quien lucía confundido, antes de suspirar y mirar a un costado, donde tenían los postres que la gente del exterior podía admirar a través de una enorme ventana.

—Pensé que era obvio —musitó con vaguedad.

—¿En serio?

—Si ya terminaste, vamos afuera, ¿sí?

Karen aceptó en silencio, poniéndose de pie. De pronto, Tensei no se veía tan animado, ¿qué había pasado? ¿Acaso dijo algo mal sin darse cuenta?

En cuanto abandonaron la pastelería, Karen apartó por un segundo las preocupaciones de su mente, en favor de observar la nieve que comenzaba a caer. Era un espectáculo que le gustaba, pero que pocas veces había podido disfrutar: por una razón u otra, los inviernos de su vida solían mantenerla con los ojos atentos a otras cosas.

—No pensé que el clima se pondría así —indicó Tensei, haciendo una mueca—. Vamos a un sitio más y enseguida te acompaño a casa, si me lo permites.

—Sí, claro.

No sabía por qué, pero Karen tuvo el presentimiento de que algo iba a cambiar entre ellos ese día.

—&—

Bienvenidos al día 14, espero que les gustara el capítulo.

La palabra del día apenas se presenta, ¿verdad? Lo bueno es que el fic, en su línea temporal del presente, está en enero, o de ningún modo podría haber nieve en Japón (creo que en enero todavía puede haber, por su ubicación en el planeta). Aunque no acaba de convencerme el uso, la verdad.

Karen aquí muestra que, pese a ser una heroína y una mujer que confía en sí misma, en lo que concierne a Tensei se pone un poco nerviosa y no presta toda la atención que debería. No es del todo intencional, como habrán imaginado por el pasado que ella tiene, pero aún así, puede poner de nervios a cualquiera, ¿eso le habrá pasado a Tensei? ¿Y para qué la invitó ese día, en realidad? Ah, eso ya lo sabrán, hagan sus apuestas.

Cuídense mucho y nos leemos en la siguiente palabra: Sonrisas.