HELLOOOO!

¿Cómo andan, nenorrinas? Yo mal, gracias :D

Miren, no los he olvidado y por eso, por fin, les traigo una actualización; tardé buen rato en subirla porque, dear Baby Yoda! Creo que fue el capítulo que más me costó desarrollar y sinceramente, no quedé del todo conforme con el resultado final. Pero pues era necesario para poder avanzar en la historia, ya muy cerquita de su final, así que espero que a ustedes sí les deje satisfecho.

Pero bueno, no los entretendré más y los dejaré disfrutar de la lectura.


La observó subir a la carreta de Kristoff, ambos sonrientes y animados antes de dejar las instalaciones del palacio. Se abrazó a si misma, temerosa ante lo que su conciencia le aconsejaba hacer y volvió a sentarse ante su escritorio.

-El capitán acaba de informarme que todo va bien y para esta tarde… oh, por favor-exclamó Hans al entrar en el despacho y encontrar a la reina apesadumbrada y cubriéndose el rostro con las manos-no seguirás pensando en la misma atrocidad de anoche ¿verdad?

-Es que no puedo con este sentimiento, ¿podré seguir viviendo con esta culpa?

-Yo te respondo: sí.

Elsa suspiró y volvió a ponerse en pie para comenzar a ir y venir por toda la habitación.

-Es mi hermana, no debería guardarle secretos.

-Excepto cuando es algo tan horrible como lo que tú hiciste.

-¡Hans!

-Lo siento, creí que requerías un consejo-tomó asiento y subió los pies al escritorio-escucha, hasta ahora no hay motivos para que ella sospeche, así que no encuentro una razón para que te pongas en evidencia.

Se acercó hasta él y susurró:

-Me acosté con su prometido, y tuvimos un bebé.

-Bueno en primer lugar, es su prometido porque tú lo forzaste a serlo. Y en segundo, ese niño pudo ser mío.

-Tú no me tocabas desde muchos meses atrás.

-¡Pero ella no lo sabe! Lo único que lograrás al sincerarte será echar a perder su relación. Es decir, tanta la de ustedes como la de ellos.

La rubia bajó la mirada, consciente de que su marido estaba en lo correcto.

-No sé que hacer.

-Pues no hagas nada. Deja que se case, dales un terreno muy lejos de aquí y permítele que siga su vida. Como sea-continuó, poniéndose de pie y encaminándose a la puerta-sólo venía a decirte que, de acuerdo a la última carta de mi hermano, el trayecto esta libre, así que Anna ira segura.

Elsa suspiró.

-Eso es bueno. Gracias Hans.

-No es nada, cielo. Y por favor no hagas nada estúpido de manera precipitada, sólo dale tiempo al tiempo.

Pero la presión en el pecho no hacía más que empeorar conforme se acercaba el momento de la partida de su hermana. El paseo duró muchísimo más de lo que esperaba; tanto Anna como Kristoff se perdieron la comida, de la cual ella apenas si probó bocado ganándose el reproche de Hans, y cuando por fin la vio entrar al palacio, la pelirroja llevaba los ojos irritados y aún húmedos.

-¡Anna! ¿Qué ocurre?-corrió a su lado y la tomó por los hombros, pero la princesa se negó a levantar la vista. Sintió el terror crecer dentro de ella, y apretando los brazos de su hermana, volvió a preguntar-¿Qué sucede?

Finalmente la menor alzó el rostro y le sonrió.

-Descuida Elsa, todo está bien.

La rubia respiró, aliviada.

-¿Entonces?

-Es que…-pareció dudar un momento para después negar con la cabeza-nunca nos hemos alejado tanto la una de la otra. Habrá un enorme océano entre nosotras y… es diferente. Eso nunca lo habíamos hecho.

-No. Se acercan muchos cambios.

-Lo sé. Y eso tal vez ponga distancia entre nosotras.

Hubo un pequeño silencio. Se miraron una a la otra, hasta que finalmente la reina acarició la mejilla de su hermana.

-Pero pase lo que pase, siempre estaré para ti. Siempre Anna.

La tensión en los hombros de la pelirroja pareció desaparecer, y ampliando su sonrisa se arrojó a los brazos de la reina, comenzando a sollozar.

-Gracias Elsa. Te adoro.

-Y yo a ti hermanita-sintió que ese era el momento. Sintió que si no lo hacía ahí y de inmediato, ya no volvería a tener el valor para hacerlo, así que la apretó aún más fuerte contra su cuerpo y le susurró-Anna, hay algo que tengo que decirte-su voz se escuchaba temblorosa-y es importante.

-¿Qué?

-Ven-le tomó una mano y comenzó a jalar de ella, pero se detuvo cuando encontró resistencia.

-No, espera. Ahora no-la princesa logró componer una sonrisa y se liberó del agarre-es que aún me faltan muchas cosas por preparar antes de que se lleven mi baúl, pero podemos charlar mientras me acompañas al barco.

Elsa estaba desconcertada.

-¿Qué? ¡No! Es importante y necesita ser ahora.

-Lo lamento, pero de verdad tengo que ordenar mis cosas, ¡hay un desastre en mi habitación!-respondió echando a correr hacia las escaleras-Gerda enfurecerá si lo dejo así.

Le pareció curioso que más que preocupada, se sintió decepcionada, y estaba a punto de ir tras su hermana cuando alcanzó a divisar a su esposo, hasta arriba en la escalinata, mirándola con reproche. El bochorno le coloreó las mejillas y lo único que pudo hacer fue abrazarse a si misma y huir de ahí lo más rápido posible. En su carrera, alcanzó a escuchar el eco de la voz de Hans asegurándole a Anna que la acompañarían hasta el puerto, en donde su barco zarpaba antes de que cayera el sol.

Se encerró en su habitación y se tiró en la cama, tratando de recuperar la tranquilidad y el valor para ir a buscar a su hermana, pero la serenidad nunca llegó y cuando menos pensó ya se había quedado dormida. Para su infortunio, tuvo el mismo sueño que la atosigaba en las últimas semanas.

La habitación se encontraba en penumbras y sentado en la orilla de la cama estaba Kristoff con ella a horcajadas sobre sus piernas, moviendo las caderas despacio, buscando el mayor placer posible. Podía sentir sus labios recorriéndole el cuello, los hombros y los pechos desnudos mientras algo le susurraba con voz ronca. Quería pedirle más, quería pedirle que cambiaran de posición pero un finísimo rayo de luz llamaba su atención, y mirando hacia la puerta se encontraba a Anna, pálida como la nieve, con los ojos húmedos y cubriéndose la boca con horror. Su primer impulso era tratar de separarse de su amante y llamarla, pero antes de siquiera poder intentarlo el ruido de unas palmadas, fuertes pero lentas la hacían girar hacia una esquina de la habitación; ahí estaba Hans, admirando el espectáculo con una sonrisa malévola.

-Eso estuvo fantástico, cualquier ramera del mejor burdel se sentiría avergonzada ante tu actuación, Elsa.

-¿Elsa? ¡Elsa!

Abrió los ojos aún desorientada y le costó trabajo enfocar la vista para identificar a quien la había salvado de aquella bochornosa pesadilla.

-¿Eh? ¿Hans?

-¿Nos vas a acompañar? Es hora de llevar a Anna-agregó ante la perplejidad de su esposa.

Elsa se levantó con un salto, trató de acomodarse el cabello y el vestido y asintió frenéticamente antes de dirigirse a la puerta. Apenas había dado unos pocos pasos cuando el pelirrojo la retuvo por un brazo, haciéndola girar con brusquedad.

-Quiero que pienses muy bien en lo que harás los próximos minutos.

-Ya sé lo que tengo que hacer.

Él negó, bajando la vista al suelo y acercándose a ella para envolverla en un abrazo.

-No te precipites, ¡no le eches a perder el viaje a tu hermana!

Tenía razón. Era egoísta no pensar en cómo Anna se tomaría la noticia y si había un momento menos propicio para abrir la boca, era justo cuando ella estaba más emocionada.

-Es verdad-dijo apretándose contra el pecho de su marido.

-Ya hablarás con ella cuando regrese. Mientras tanto podrás pensar en la mejor forma de abordar el tema, pero ahora lo mejor será marcharnos.

Iban todos montados en el carruaje, incluido Olaf, quien con sus curiosos comentarios lograba disipar la terrible tensión que inundaba el coche. El trayecto desde el palacio hasta el puerto pareció eterno, y apenas hicieron alto, Hans bajó de un salto sin siquiera detenerse a ayudarles.

-Subiré a hablar con el capitán para asegurarme de que todo está en orden.

-Yo iré descargando tu baúl-se apresuró a decir Kristoff.

-¡Yo te ayudo!

-No, Olaf, lo mejor sería…

La puerta del carruaje se cerró, dejando a las chicas a solas. Anna suspiró, mirujeando por la ventana.

-Bueno, por fin llegó el momento-miró a su hermana y le sonrió con emoción-escribí a Rapunzel esta mañana. Con suerte recibirá la carta poco antes de que yo llegue, así tendrá todo listo para recibirme y partir lo más pronto posible.

-Tal vez deberías tomarte tu tiempo, conocer Corona un poco más a fondo y pasar algunos días con nuestros tíos.-La princesa pareció pensárselo-Descuida, nosotros te esperaremos los días que sean necesarios.

Le tomó la mano, mirándola con calidez, y el gesto amplió la sonrisa de la pelirroja.

-Anda, vamos, ¡deprisa!-la apuró, jalándola hacia el exterior y llevándola casi corriendo hasta la orilla del puerto.

El sol comenzaba a bajar, pintando el cielo y el mar de un precioso color naranja. Paradas una al lado de la otra, en silencio, Elsa no pudo evitar volver a sentir ese nudo en el estómago y cuando miró a sus pies, notó que una leve capa de escarcha comenzaba a formarse. Entonces, sin dudarlo ni un minuto más, se giró hacia ella y la tomó por los hombros.

-Anna, hay algo muy importante que tengo que decirte.

-¿Qué?

-Antes que nada necesito que sepas que me siento…

Su hermana se le echó encima, sorprendiéndola con un fuerte abrazo que la hizo callar.

-Pareces muy estresada Elsa, lo que sea que tengas que decirme seguro puede esperar.

-No, yo… no. Necesito hacerlo ahora.

La pelirroja se separó de ella y negando suavemente con la cabeza, pero sin dejar de sonreír, respondió:

-En realidad no hay mucho tiempo y debo abordar lo antes posible. Pero en cuanto regrese lo primero que haré será sentarme a comer galletas con leche contigo y así podrás decirme eso que es tan importante, ¿sí?-la reina parecía derrotada-Pero necesito que durante mi ausencia me hagas un favor.

-Dime-pidió un poco asustada.

-Por favor no olvides lo mucho que te adoro.

Elsa se sentía desfallecer, pero tratando de mantener la compostura, sonrió.

-Y yo a ti.

-Lo sé. ¡Ahora vamos!-tiró de ella y la obligó a seguirla.

Hans bajó del barco y observó desde cierta distancia a su esposa, a Olaf y al repartidor de hielo despedir a la princesa. Cuando ella pasó a su lado, se limitó a informar:

-Hace buen tiempo y el viento es favorable. Tal vez incluso lleguen un par de días antes-y con un poco más de informalidad agregó-disfruta mucho de tu viaje, y cuídate.

-Lo haré Hans, gracias. Mientras tanto, por favor cuida de mi hermana.

-Ni siquiera tienes que pedirlo.

La nave partió junto con el sol, y la pareja real acompañada del hombre de nieve se encaminó al carruaje.

-Kristoff-llamó el pelirrojo-¿no vienes?

-Amm-miró una vez más hacia el horizonte-no, los alcanzo más tarde.

-¿Todo bien?

-Sí, sólo… los veré más tarde.

El príncipe asintió y siguió a su esposa hasta el vehículo.

Esa noche la cena fue demasiado silenciosa e incómoda, incluso el mismo Olaf pudo sentir la tensión; por más que la servidumbre se preocupaba por mantener el fuego avivado, no había forma de que la estancia tomara calor, por lo que finalmente Hans agradeció sus esfuerzos, dio el último sorbo a la copa de vino y se puso en pie, caminando detrás de Elsa.

-Me voy a la cama, no tardes demasiado-la besó en la sien y colocó su mano brevemente sobre la cabeza del hombrecito de nieve a modo de despedida.

-Elsa-susurró en cuanto se quedaron a solas-¿estás bien?

La rubia no había levantado la vista de su plato y hasta entonces no había hecho más que picotear sus alimentos.

-Sí. Pero no tengo mucha hambre.

-Tal vez podamos pedirle a Gerda que te prepare un chocolate caliente, eso siempre te anima-sonrió, pero ella negó con la cabeza.

-No, no creo que sea necesario-finalmente alzó el rostro y trató de sonreírle, aunque fue un gesto muy poco convincente-estoy cansada, eso es todo.

-Pero dormiste mucho esta tarde.

-Las despedidas pueden ser difíciles, Olaf. Extrañar consume demasiada energía.

-Anna apenas se fue, si la sigues extrañando así entonces para cuando regrese estarás exhausta.

Ella se encogió de hombros.

-Ya me acostumbraré. Además, apenas reciba su primera carta, seguro me sentiré mejor. Ahora iré a la cama.

-Que descanses, Elsa-se acercó a ella y le dio un abrazo.

Recorrió los pasillos cabizbaja y arrastrando los pies, tratando de mantener a raya la ansiedad que le provocaba el tener que guardar su secreto durante al menos un par de meses más. Llegó hasta el ala que albergaba las habitaciones y aunque en un principio se desvió hacia la puerta de su hermana, finalmente decidió que lo mejor sería ir directo a su cama, antes de que Hans la mandara buscar o peor, él mismo lo hiciera. Se dispuso a jalar la perilla para cerrar la puerta que acababa de entreabrir, pero un par de manos la tomaron con fuerza por las caderas, la empujaron hacia el interior del cuarto y su cuerpo quedó atrapado contra la pared. Los dedos presionaron con mayor fuerza su carne, haciéndole daño, pero antes de que pudiera protestar ya se habían movido y le acariciaban con lascivia el trasero.

-Sabía que vendrías.

El fuerte olor a alcohol en su aliento la desconcertó en un principio, pero su cuerpo se tensó, incómodo, en cuanto reconoció los labios que le recorrían los hombros desnudos.

-¿Qué estás haciendo?-susurró entre dientes, tratando en vano de sacárselo de encima.

-Trato de consolarte-comenzó a jalarle el vestido en un rudo intento por quitárselo-vamos a darnos consuelo mutuo ¿eh? ¿Qué te parece?

Pudo sentir su sonrisa sobre la piel a la vez que le apretaba los senos.

-Kristoff, no me obligues a lastimarte.

-¿A lastimarme?-le dio la vuelta con brusquedad y la empujó haciendo que su espalda golpeara con fuerza la pared-sería bueno que lo intentaras, aunque tal vez prefieras esperar un poco. Anda, abre las piernas para mi-con trabajo logró meter una mano entre sus blancos muslos y cuando ella intentó resistirse la tomó por el cuello y volvió a empujarla hacia atrás-Vamos reina de las nieves-acercó el rostro hasta rozar sus labios-se mi puta.

Sintió su magia cosquillearle en la punta de los dedos y a punto estuvo de alzar una mano cuando el rubio cayó de espaldas y con un ruido seco sobre la alfombra. Desconcertada, abrió bien los ojos buscando en la oscuridad una respuesta a lo que acaba de suceder. El destelló de la luz de la luna sobre la punta de la espada que amenazaba a su futuro cuñado le dio una pista.

-Si mueves un solo músculo te atravieso el pecho. Y sabes perfectamente que soy capaz de hacerlo-susurró Hans.

Kristoff, rendido, se limitó a alzar las manos frente a si, tratando de reincorporarse lentamente.

-Está bien, ¡está bien!

Elsa seguía inmóvil, aun tratando de procesar lo que sucedía, cuando los ojos de su esposo, brillantes y amenazadores, se clavaron en ella.

-A la habitación-le ordenó-¡ahora!-ella pareció dudar y fijó la mirada en el rubio mientras recuperaba la respiración-Elsa, ¿te lo tengo que repetir?

Ni siquiera contestó. A toda prisa abandonó la habitación cuya puerta se cerró con fuerza detrás de ella. Comenzó apurando el paso hasta que su orgullo pero sobre todo, su curiosidad, la hicieron parar. No había logrado recuperarse del todo, la impresión había sido grande, pero de todas formas dio media vuelta y regresó sobre sus pasos. Sigilosamente se acercó a la puerta y la abrió sólo un poco y lo más cuidadosamente posible justo para ver a Hans ayudar a su atacante a ponerse en pie y luego obligarlo a tambalearse hasta la cama, en donde lo hizo sentar.

-¿Qué crees que estás haciendo? Casi te rebano el cuello.

-Lo lamento, no sé qué me pasó.

-Yo te diré lo que te pasó: te pusiste ebrio-suspiró con desesperación-de haberte encontrado alguien más lo hubieras echado a perder todo: tu reputación, la de Elsa, la boda con Anna…

-Echar a perder eso sería muy bueno, ¿sabes?

-Elsa pudo haberte matado con sus poderes.

-¡Entonces hubiera sido bueno que no aparecieras!

-¿Eres imbécil?-en su voz podía percibirse cierta perplejidad.

-No-hubo un breve silencio, y la rubia se sorprendió al caer en cuenta de que el novio de su hermana comenzaba a moquear-ella echó a perder mi vida Hans.

-¿Ella?

-No debí dejar que me embaucara, no debí caer en su trampa.

-Te refieres a Elsa.

-Pude haberlo perdido todo y a costa de cumplir los caprichos de alguien más.

-Ella no te obligó a hacerlo, Kristoff, es injusto cargarle toda la culpa.

El montañés pareció soltar una risita ahogada antes de alzar la vista y enfrentar al consorte.

-Deberías haberla visto. Ni tú habrías podido resistirte.

-Oh no, ya lo creo. No te imaginas cuanto había estado rogándole porque me dejara meterme en su cama justo antes de que la dejaras encinta.

Kristoff nuevamente bajó la vista y comenzó a negar frenéticamente.

-Perdí un hijo, Hans. Traicioné al amor de mi vida y todo para nada porque al final perdí a mi hijo.

-En su momento no pareció importante-el tono en la voz del pelirrojo parecía irse endureciendo.

-¿Que no me importó?

-No estuviste ahí cuando sucedió, ni siquiera te presentaste en el funer…

-¡Claro que me importó! Después de todo y sin importar el acto aberrante y asqueroso en el que fue concebido, era mío. Pero tampoco espero que lo comprendas, es fácil juzgar cuando no has perdido algo así de importante.

Desde el otro lado de la puerta, la vista se le nublo a la reina y para cuando las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas ya estaba segura de que más que el dolor que sus palabras le habían provocado, lo que le inundaba el pecho en esos momentos era indignación; ¿aberrante y asqueroso? Pues a juzgar por la manera en que la besaba y acariciaba, a juzgar por sus gemidos y susurros, él había gozado del acto tanto como ella. Le indignó la hipocresía en sus palabras y a punto estuvo de salir de su escondite y encararlo cuando la voz de su esposo se alzó en la habitación.

-También era mío. Fui yo quien cuidó de ellos, ¡era yo quien lo iba a criar! Y estaba dispuesto a hacerlo como si yo mismo lo hubiera engendrado.

-No mientas, no trates de hacerte la victima ahora.

-Él no tenía la culpa de los pecados de sus padres, no iba permitir que creciera creyendo que era un error, no iba a permitir…

-Vaya-interrumpió el rubio con sorna-¿después de todo el monstruo sí tiene corazón?

-¡Fui yo quien lo vio al nacer! ¡Yo tuve que hacer los arreglos necesarios para darle sepultura y tuve que luchar por contener el llanto frente al hombre que me entregó la caja!-alzó su espada y colocó la punta bajo la mandíbula de su interlocutor-Creo que es justo que me considere una víctima en toda esta situación, sin embargo no me dejaré llevar por mis impulsos, y ese es un consejo que te doy a ti también-bajó el arma y dio media vuelta, así que Elsa se echó a correr aunque no sin antes alcanzar a escuchar-mantente alejado de mi esposa, no me obligues a hacerte daño. Eso arruinaría nuestros planes.

Logró doblar la esquina antes de que el pelirrojo cruzara la puerta y escuchó sus fuertes pasos sobre la alfombra acercarse rápidamente. Trató de pegarse lo más que pudo a la pared y mantenerse bajo el resguardo de las sombras, pero aún antes de que llegara hasta ella escuchó su voz fuerte y clara.

-Te dije que te largaras a la habitación, ¿acaso estas sorda o sólo eres idiota?-y con brusquedad la tomó por el brazo, arrastrándola tras él.

Ella se dejó hacer, impresionada por las lágrimas rezagadas que abandonaban los ojos esmeraldas de su esposo. Sintió su propio llanto volver y con todas sus fuerzas comenzó a resistirse.

-Hans-dijo con voz temblorosa-espera, por favor.

Pero él seguía andando, apretando los labios y apurando el paso.

-¡Para Hans, detente!

Comenzó a luchar, obstaculizándole la tarea de llevarla hasta que finalmente, harto, aventó la espada al suelo y se giró con la mano en alto, dispuesto a abofetearla. Pero antes de que pudiera hacerlo ella se le pegó al cuerpo, ocultando el rostro en su pecho y echándose a llorar.

-¡Lo siento tanto, perdóname por todo lo que he hecho!-alzó la vista hacia su impresionado marido y sollozando se hincó frente a él, aferrándose a su cintura-Lamento mucho todo por lo que has tenido que pasar a causa mía y de mis estúpidas decisiones, te prometo que voy a cambiar, que no volveré a actuar sin pensar y que…

Hans se arrodilló frente a ella y la atrapó en un fuerte abrazo, dejándola sin habla. Pronto lo sintió sollozar sobre su hombro y cuando menos pensó ya había pasado a ser ella quien lo consolaba, acariciándole la espalda con una mano y el cabello con la otra.

-Sólo prométeme una cosa, por favor-le pidió con voz ahogada-prométeme que a partir de ahora haremos las cosas juntos. Que seremos un equipo, por Arendelle.

La rubia le tomó el rostro entre sus manos y con voz segura respondió:

-Trabajaremos en equipo Hans, por Arendelle. Y porque eres mi esposo-y sin hesitar ni un segundo lo besó en los labios.


Les tomó un tiempo acostumbrarse el uno al otro; pareciera que a pesar de haber trabajado tanto tiempo juntos, el respaldarse mutuamente era algo nuevo para ambos pero afortunadamente ese cambio de actitud fue muy bien recibido por el consejo, por la servidumbre y sobre todo, por los habitantes del reino. Sus constantes paseos juntos afectaron de manera favorable no sólo su imagen, sino también su relación, al grado de sorprenderse pasando gratas horas encerrados en la biblioteca discutiendo sobre libros y autores, sobre música y pintores e incluso sobre cuál de todas las pastelerías de Arendelle era la mejor. Y fue ahí mismo en donde la reina permitió, después de varios meses, que su esposo la volviera a poseer. Lo que empezó con suaves caricias y castos besos en el sofá de la habitación muy pronto evolucionó hasta volverse un encuentro sexual intenso, casi violento y lleno de pasión; enterraba las uñas en la espalda del pelirrojo como respuesta a las despiadadas mordidas que recibía en los hombros y pechos y aunque en un inicio exigió discreción durante el acto, fue ella misma quien transformó sus tímidos gemidos en gruñidos y gritos lo suficientemente fuertes para ser escuchados desde el pasillo, pero el calor del momento le hizo restarle importancia. Alzó su mano y congeló la perilla de la puerta cuando sintió que alguien se acercaba y volvió a acurrucarse sobre el pecho de su marido, ambos sudorosos y con el saco del consorte apenas cubriendo el cuerpo desnudo de la reina. Ni siquiera se molestó en acomodarse el cabello, decidiendo llevarlo suelto el resto del día, y salió de la biblioteca alisándose el vestido para luego dedicarle un despreocupado "buenas tardes" a Kristoff, quien se había encargado de evitarla durante las últimas dos semanas. Esa misma tarde selló la primera carta para su hermana y pidió que la enviaran lo antes posible.

A la mañana siguiente y cuando aún se encontraba en la cama, debatiéndose entre dejar la suavidad e las cobijas o quedarse otros cinco minutos más, una acalorada discusión se dejó escuchar desde el otro lado de la puerta.

-Pero es necesario hacérselo saber, ¡es urgente!

-Ya lo haré yo.

-Alteza, lo correcto es que nosotr…

-¡La reina aún está durmiendo! Yo se lo diré.

-¿Qué está ocurriendo? Algo anda mal ¿verdad?-alcanzó a oír la voz de Kristoff mientras se colocaba el camisón y salía de la habitación.

-¿Hans? ¿Qué ocurre?

Todos los presentes parecieron sorprendidos y pronto comenzaron a intercambiar miradas entre ellos. Elsa supo que era algo grave, juzgando por el pesar con el que los tres miembros del consejo y el almirante de la marina bajaban la cabeza. Entonces el pelirrojo se acercó a ella y tomándola por los hombros intentó hacerla volver a la alcoba.

-Hablemos dentro-dijo con suavidad.

-No-con un movimiento brusco se quitó las manos de encima, miró con dureza a toda la comitiva y exigió-Dime que sucede, ahora.

Hans miró al resto antes de respirar profundo, tomarle las manos y anunciarle con sumo cuidado:

-El barco de Anna ha desaparecido. No llegó a Corona… pero tampoco se encontró rastro de él a lo largo de su ruta de viaje.


Oigan, me tiene muy emperrada que Frozen 2 no haya sido nominada siquiera para la próxima entrega del Oscar pero la mugre Toy Story 4 sí. Digo, igual Frozen no iba a ganar (no se lo merece amiguis) pero pues... ajá. Me enfada. Me voy a comer unos cuernitos Tía Rosa para ver si se me pasa el enojo.

Y prometo que trataré de ponerme al corriente con sus reviews pronto pronto, pero les agradezco muchísimo el tiempo que se toman para dejar sus comentarios n.n

Y ya. Que tengan una fabulosa semana. Nos leemos después. Bye bye!