No poseo los derechos de autor. Los persoajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Christine Feehan (Saga de Los Carpatianos). Yo solo me divierto un poco.

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Caminando por el Barrio Francés el aire nocturno ayudó a limpiar la mente de Alice de la presencia del mal. Fuera lo que fuera o quien fuera no los había seguido fuera del restaurante. En unos pocos minutos, se sintió mejor. Jasper la mantuvo bajo el resguardo de su hombro. Él permaneció en silencio, pero su mente estaba completamente fundida con la de ella, observando la rapidez con la que rápidamente se dispersaba.

Jasper les guió sin decir una palabra hacia el hotel donde Quil se estaba hospedando. Quería la lista de nombres, quería ser capaz de ver como de lejos se había extendido la putrefacción de la sociedad. Quil creía que la mayoría de los miembros de la sociedad eran como él, esperando que pudiera ser verdad que los vampiros existían y era los personajes románticos pintados en las películas y libros recientes.

Pero Jasper había visto lo que la depravación de la mente humana podía hacer. Había visto el trabajo de la sociedad una y otra vez. Mujeres degolladas y asesinadas, inocentes, niños. Entrelazó los dedos entre los de Alice, encontrando cierta paz y solaz en su apretón. El viento se llevó los recuerdos oscuros y horrendos de la noche. Los dedos de Alice se apretaron alrededor de los de él.

- ¿Sabes que era?

- No, pero era real, chérie. Estaba en tu cabeza. No lo imaginaste. - Caminaron, un silencio confortable cayó entre ellos.

A una manzana de su hotel, Quil se aclaró la garganta.

- Pensé que dijiste que volver a mi habitación podía ser peligroso.

- La vida es peligrosa, Quil. - Dijo Jasper suavemente. - Eres Rambo, ¿recuerdas?

La risa de Alice resonó, rivalizando con el cuarteto de jazz de la esquina. Las cabezas giraron para escucharla, los hombres la observaban, robando la atención del público agrupado en un suelto semicírculo alrededor de la esquina. Se movía en el mundo humano, completamente cómoda en él, una parte de él. Jasper había caminado sin ver visto, y así era como lo prefería. Ella estaba arrastrándole a su mundo. A penas podía creer que estuviera caminando por una calle abarrotado con un mortal mientras la mitad de la manzana los miraba abiertamente.

- No sabía que supieras quien era Rambo. - Dijo Alice, intentando no reírse tontamente. No se podía imaginar a Jasper en un cine viendo una película de Rambo.

- ¿Viste una de Rambo? - Quil no se lo podía creer.

Jasper hizo un sonido en algún lugar entre el desprecio y la mofa.

- Leí los recuerdos de Quil sobre el tema. Interesante. Tonto, pero interesante. - Miró hacia Quil. - ¿Ese es tu héroe?

La mueca de Quil fue tan traviesa como la de Alice.

- Hasta que te conocí, Jasper.

Jasper gruño, un bajo retumbar de amenaza. Sus dos compañeros sólo se rieron irrespetuosamente, sin intimidarse en lo más mínimo.

- Apuesto a que es un fan secreto de Rambo. - Susurró Alice confidencialmente.

Quil asintió.

- Probablemente fisga en los cines en cada viejo pase.

Alice estaba ya riendo de nuevo, las suaves notas danzaron en el aire, contagiosas, infecciosas, haciendo señas a todos los que las oían para que se uniera. Jasper sacudió la cabeza, fingiendo ignorarlos a los dos y sus burlas. Pero no pudo contenerse, sintió su corazón aligerarse incluso mientras exploraba el hotel desde el patio y supo que tendrían pronto otra confrontación con los oscuros miembros dirigidos por la compulsión de la sociedad.

Los detuvo bruscamente, conduciéndolos a las sombras del edificio.

- Alguien está en tu habitación esperando, Quil.

- Ni siquiera sabes cuál es mi habitación. - Protestó Quil. - Hay un montón de gente quedándose aquí. No cometamos un error.

- Yo no cometo errores. - Dijo Jasper suavemente, su voz negra aterciopelada mucho más evidente. - ¿Te importaría subir sólo?

Esto es innecesario, compañero, le reprendió Alice. Y tú estás por encima de eso. Te gusta este mortal, y te molesta que pueda estar en peligro.

Quizás es tu facilidad para tratarle lo que me molesta, sugirió él sedosamente.

Su mano envolvió la longitud de su trenza alrededor de su puño y la arrastró.

Te gustaría que pensara eso, pero estoy en tu cabeza, leyendo tu creciente afecto por este hombre.

Jasper no quería admitir que tenía razón. Alice estaba atrayéndole tanto en su mundo, estaba haciéndole sentir cosas incómodas para él. Edward había tenido una amistad con un humano. Jasper había sabido que sentía gran afecto por el hombre, aunque Jasper nunca lo había entendido. Lo respetaba, quizás, pero no lo entendía. A Alice le había importado genuinamente Peter. Jasper no se demoró demasiado en ese tema, pero de nuevo, lo encontró difícil de comprender. Aunque ahora, con Quil, a pesar de sí mismo, Jasper ya admiraba al mortal y no deseaba que nada le ocurriera.

- Dime que quieres que haga. - Dijo Quil casi ansiosamente.

Estaba harto de los matones que le empujaban por todas partes.

- Vas a ir caminando por tu propio pie y captar tanta información como puedas conseguir antes de que intenten matarte. - Respondió Jasper.

- Lo intentaré. Espero que esa sea la palabra clave. - Dijo Quil nerviosamente. - Intentar matarme.

- No tendrás que preocuparte por ti mismo. - Le informó Jasper, su voz absolutamente segura. - Pero es necesario que la policía no venga a buscarte. Eso significa que nada de cadáveres en tu habitación.

- Correcto. Ya tengo vampiros y a esos estúpidos de la sociedad cazándome, no necesitamos también a los polis. - Admitió Quil.

Estaba sudando ahora, las palmas de sus manos tan húmedas que siguió frotándoselas en los vaqueros.

- No te preocupes tanto. - Jasper le lanzó una sonrisa tranquilizadora, esa que dejaba vívidas imágenes de tumbas abiertas. - Estaré contigo a cada paso del camino. Podrías incluso divertirte jugando a Rambo.

- Tiene un arma grande. - Señaló Quil. - Voy a subir allí con mis manos desnudas. Creo que podría ser pertinente decir que nunca he ganado una sola pelea a puñetazos. Me han metido en cubos de basura y retretes y me han restregado la cara en el polvo. No soy bueno en una lucha.

- Yo lo soy. - Dijo Jasper suavemente, su mano súbitamente sobre el hombro de Quil. Era la primera vez que Quil podía recodar que el Cárpato voluntariamente le había tocado con camaradería. - Quil está diciendo todas estas cosas, chérie, aunque intentó enfrentarse a un hombre que blandía un cuchillo con su bata de laboratorio por protección.

Quil se ruborizó de un rojo feroz.

- Sabes porque estaba en el laboratorio. - Recordó a Jasper, avergonzado. - Fabriqué un tranquilizante que trabaja en vuestra sangre, y la convirtieron en un veneno de alguna clase. Tenemos que hacer algo con eso. Si algo va mal esta noche, y me cogen, todas mis notas sobre la fórmula están en mi portátil también.

- Esto está empezando a sonar más y más como una mala película. - Suspiró Jasper. - Vamos, aficionados. - Estaba impasible en el exterior, pero no podía contener la risa en su interior. - No te preocupes por la fórmula. Permití a uno de los miembros inyectármela, así que conocemos los componentes y estamos trabajando en un antídoto ya.

- ¿No funcionó? - Quil estaba espantado.

Había pasado una tremenda cantidad de tiempo en esa fórmula. Aunque Masen y su pandilla la habían pervertido, estaba todavía defraudado.

- No puedes tenerlo todo, Quil. - Exasperado, Jasper le dio un pequeño empujan hacia la entrada del hotel. - No deberías querer que la maldita cosa funcionara.

- Eh, mi reputación está en juego.

- Así como la mía. Neutralicé el veneno. - Jasper le codeó de nuevo. - Muévete.

Quil se concentró en recordar el código de la puerta del pequeño hotel, que estaba cerrado con llave cuando ningún empleado estaba en recepción. Cuando el seguro se abrió, se volvió para sonreír triunfante, pero los dos Cárpatos se habían desvanecido, disolviéndose en el fino aire. Se quedó en pie un momento, su corazón latía rápido, mitad dentro y mitad fuera del umbral, esperando que no estuviera desierto.

Rambo.

El nombre se arremolinó en su cabeza como un talismán. Decidido, marchó por el vestíbulo a su habitación e insertó la llave en la cerradura. Cuando Quil empujó la puerta, sintió una caricia tranquilizadora de algo frío por su piel. Tenía que ser Jasper empujando para pasar de forma que su cuerpo estuviera protegiendo al del mortal... al menos, Quil esperaba que fuera eso. En cualquier caso, le dio valor.

Dos hombres se volvieron para enfrentarle. La habitación era un lío. Cajones abiertos, su ropa esparcida, incluso sus libros hechos trizas. Quil se detuvo justo dentro del umbral. Uno de los hombres sacó un arma.

- Entra. Cierra la puerta. - Ordenó concisamente.

Después de enfrentarse a Jasper, nadie podía parecer amenazador. Quil encontró que no tenía tanto miedo como habría tenido normalmente. Cerró la puerta cuidadosamente y se enfrentó a los dos extraños. Intercambiaron una rápida mirada entre ellos, claramente intranquilos porque Quil no estaba visiblemente perturbado. Les habían hecho creer que este sería un trabajo fácil.

- ¿Eres Quil Ateara? - Preguntó el único con arma.

- Esta es mi habitación. Quizás deberían ustedes presentarse. - Quil miro alrededor al revoltijo. - ¿Son ladrones, o están buscando algo en particular?

- Estamos aquí para hacer preguntas. Llamaste al número privado de Masen, dijiste algo de ir al almacén. Cuando llegamos allí, el lugar estaba ardiendo en llamas, y dos de los nuestros estaban muertos. Una vampiresa había escapado, llevada al hospital.

- Entonces habréis notado que no era realmente una vampiresa. Era una de esas pobres crías que salen de noche y juegan a ser vampiros porque les gusta todo lo gótico. Es solo un juego para esos chicos. Una llamada de atención. No es algo real. Deberíais saber la diferencia entre un niño jugando y algo real. - Riñó Quil.

- ¿Conoces tú la diferencia? - Preguntó el que tenía el arma, súbitamente viendo algo que le hizo sospechar.

Quil miró alrededor y bajó la voz a un susurro conspirador.

- Decidme quienes sois primero.

- Yo soy Black, Jason Black. Sé que has oído hablar de mí. Trabajo para Masen. Y este es Daniel Molina. Él es con el que hablaste por teléfono el otro día.

- Deberías haberme escuchado. - Reprendió Quil a Molina. Se pasó una mano por el pelo y se hundió en una silla. - Esa chica no era un vampiro, y esos dos idiotas se habían vuelto locos. No eran serios en lo de buscar uno de verdad. No reconocerían uno de verdad ni aunque les mordiera el cuello.

- Si tú sí, ¿verdad? - Dijo Molina.

- Tú has visto uno. - A pesar de si mismo, había respeto en su voz.

- Intenté decírtelo, pero no me escuchaste. - Dijo Quil, sacudiendo la cabeza. - Te dije que trajeras a Masen al almacén. ¿Donde está?

- Nos envió a buscarte, Quil. Pensó que nos habías traicionado. - Black bajó el arma. - ¿Que ocurrió en el almacén?

- Antes de contártelo, tengo que saber si Masen y la sociedad ordenaron matar a esa pobre chica. - Dijo Quil, manteniendo su tono muy bajo.

Molina arriesgó una rápida mirada hacia Black.

- Por supuesto que no, Quil. Masen nunca querría que un inocente fuera herido.

- ¿Y qué hay de mi fórmula? Desarrollé un tranquilizando para ayudar a los miembros de nuestra sociedad para que pudiéramos controlar a un vampiro, capturarle, y estudiarle, no cortarle en pedacitos. Cuando me uní a esto, me dijeron que era el objetivo último de la sociedad. Pero mi fórmula ha sido corrompida con veneno. Masen debe haberlo ordenado.

- Masen es el experto en vampiros. Notó que el tranquilizante nunca sometería a algo tan fuerte. - Justificó Molina rápidamente.

- No es sólo cualquier veneno. - Soltó Quil. - Está diseñado para ser doloroso. Masen quería matar a los vampiros, no sólo estudiarlos. El veneno es de acción rápida, extremadamente virulenta y agónica.

- Quiere hablar contigo. Ven con nosotros. Permítele explicarte todo esto. - Añadió Molina. - Nos envió aquí a protegerte. Estaba muy preocupado después de lo que ocurrió en ese almacén.

- ¿Es por eso que destrozasteis mi habitación? - Preguntó Quil.

- No volviste a casa anoche. Esperamos todo el día antes de decidirnos a buscar pistas de tu desaparición. - Dijo Black razonablemente.

- ¿Y el arma? - Empujó Quil.

- Estamos preocupados por nuestra propia seguridad. Masen piensa que quizás un vampiro de verdad fue al almacén. Temía que quizás el vampiro te hubiera convertido, y que por eso no estabas por ahí durante el día. No habríamos tenido ninguna oportunidad.

- ¿Habéis visto alguna vez a Masen durante el día? - Preguntó Quil de repente.

Hubo un silencio sorprendido.

- Bueno, seguro, si. - Tartamudeó Black, frunciendo el ceño, intentando recordar.

Fragmentos de cristal parecieron agujerear su cráneo. Se frotó las sienes que latían.

- Tú lo has visto, ¿verdad, Molina?

Molina gruñó, con la cara retorcida y perversa.

- Por supuesto. Todo el tiempo, Black. Tú también, Black. Recuerda.

Está mintiendo, dijo Jasper en la cabeza de Alice. Es un sirviente del maestro vampiro. Intenta llevar a Quil a algún lugar en el bayou.

¿No puedes detenerle sin atraer la policía hacia Quil?

Debemos seguir hasta Masen. Es el que está tras la caza de la prueba de la existencia de nuestra gente. Está usando a la sociedad en un intento de destruir a nuestra raza. No podemos hacer otra cosa que detenerle.

Jasper puso una mano gentil sobre el hombro de Quil y quedó complacido cuando el mortal no se alejó de un salto.

Ve con ellos. Permíteles conducirnos hasta el que los dirige.

Era un poco desconcertante tener la voz de Jasper arremolinándose imperiosamente por su cabeza, pero Quil asintió lentamente.

- No creo que Masen tuviera nada que ver con esos idiotas del almacén. Por eso le llamé. Pensé que quizás pudiera controlar la situación. De acuerdo, vamos a verlo. Tengo algunas salvajes historias que contarle. Demonios, nadie va a creer lo que vi. - Con gracia estudiada y casual Quil extendió la mano entre el amasijo de papeles sobre el suelo y agarró su portátil.

Entre los dos hombres, marchó confiadamente fuera de su habitación, bajó al vestíbulo, y salió a la noche.

¿Qué vamos a hacer?

Alice estaba ansiosa por Quil. Él tenía que vivir en el mundo humano. Eso significaba que ninguna sospecha podía caer sobre el si los dos hombres que le acompañaban eran encontrados muertos.

Nadie verá a Quil con las dos marionetas, dijo Jasper suavemente. He estado haciendo esto durante mil años, chérie. Este es el mundo en el que vivo. Lo conozco bien. Probablemente no seré tan afortunado esta noche como para atrapar a nuestra presa, pero merece la pena probar.

Planean matar a Quil.

Alice era tan adepta como Jasper a leer los pensamientos de los que la rodeaban, y podía ver la malevolencia hirviendo bajo la superficie de los dos hombres, particularmente del llamado Molina. Había estado cerca del vampiro durante algún tiempo, y el hedor del mal era fuerte en él.

No esperan más información Masen quiere extraerla por sí mismo, probablemente porque no confía en nadie. Y le gusta ver el dolor y el terror.

El pensamiento llegó sin querer antes de que pudiera censurarlo.

Ve a casa ahora, Alice.

No me envíes a casa todavía. Puedes necesitarme para sacar a Quil. No me marchitaré a la primera señal de peligro lo prometo.

Los dos hombres estaban conduciendo a Quil hacia el río. Un bote estaba esperando, y Quil lo tomó sin dudar. El agua estaba agitada, el viento soplaba fuerte. Jasper se movió justo sobre Quil para asegurar que la oscura compulsión de la muerte no alcanzara a ninguno de los hombres hasta que llegaran a su destino.

El paseo pareció durar eternamente, y Quil estaba tan pálido que era casi gris. El paseo le había mareado. Cuando salió del bote en una pequeña ensenada del bayou, se tambaleó.

Jasper lo sostuvo, su brazo resbalo alrededor de sus hombros durante un breve momento para tranquilizarlo. Era evidente que Quil era consciente de que había algo mal en los dos hombres. Sintió como el mortal tomaba un profundo aliento y se soltó lentamente. Quil iba a estar bien. Confiaba en Jasper.

Quil notó inmediatamente que Black y Molina lo encajaban entre ellos mientras caminaba a lo largo de la orilla pantanosa. Surgían cipreses del agua, y una red de raíces formaba una macabra prisión de estacas y ramas colgantes. En la oscuridad parecía siniestro. Hilachas de niebla empezaron a flotar hacia ellos desde la superficie del agua, rastros de blanco que amortajaba los pantanos con una iridiscencia extraña. Había un hedor peculiar que surgía del terraplén, un olor sucio que permanecía en el aire.

Parecía haber insectos nocturnos en gran abundancia, bichos que picoteaban lanzándose en picado y pinchando. Quil se encontró palmoteando las cosas molestas, intentando que no se metieran en su nariz. El olor era putrefacto, disgustaba, como carne deteriorada pudriéndose al sol. Sus zapatos se estaban hundiendo en la ciénaga, y dudó. En algún lugar había oído que un hombre se podía hundir bajo el pantano y perderse entre las cañas y el barro, profundamente en un agujero.

Quil tosió y se atragantó, su cuerpo se rebelaba. Casi en seguida pudo oler una fragancia, un golpe de frescura en el aire, una sugerencia de flores salvaje y bosque. Casi creyó que podía oír el sonido del agua corriendo sobre las rocas.

Alice.

Sabía que era su toque, ayudándole a seguir a través del podrido hedor. El aire estaba súbitamente cargado, difícil de respirar. Los dos hombres que escoltaban a Quil se detuvieran, volvieron las caras hacia la ciénaga, y esperaron. Fuera en la oscuridad algo se movió. Algo perverso e inteligente. Una sombra extendiéndose sobre ellos, engulléndolos. De nuevo hubo una repentina quietud, como si la sombra hubiera dudado antes de moverse a campo abierto.

Un rugido de rabia y desafío llenó el vacío del silencio como el estruendo de un tren de carga. En algún lugar en la distancia, las serpientes cayeron con una serie de salpicaduras en el agua. Los caimanes se deslizaron en el barro, el sonido resonó en el silencio antes de que se deslizaran en el agua y desaparecieran bajo las oscuras profundidades.

Molina empujó a Quil inesperadamente por detrás, tirándole al barro. Sus rodillas se hundieron profundamente, casi hasta los muslos. Quil se tragó su miedo y se puso en pie lentamente, encarando a los dos asesinos.

- ¿Qué pasa? Pensaba que iba a encontrarme con Masen.

- Hablaba con calma.

- Masen decidió que no necesitaba hablar contigo. - Dijo Molina.

Masen siente nuestra presencia, dijo Jasper a Alice. Está cerca. Puedo sentirle, pero no puedo situar su localización exacta. Este es poderoso; ha aprendido mucho en los siglos de su existencia.

Ha advertido a sus sirvientes, dijo ella, temiendo por Quil. Ya estaba colocando su cuerpo delante del mortal. Ha dado la orden de matar a Quil. Ocúpate del vampiro. Yo protegeré a Quil.

Jasper la hizo a un lado de un tirón, reforzando su orden silenciosa con un fuerte empuje en la mente de ella. No iba a correr ningún riesgo con su seguridad.

Eso no va a ocurrir, Alice, exclamó Jasper, sus colmillos ya surgiendo en su boca.

La rabia asesina estaba sobre Matin, la oscuridad se extendía como una mancha a través de la noche. Apuntó el feo y pequeño revólver hacia el corazón de Quil.

- Quil entra en el río. Estoy seguro de que los caimanes están hambrientos esta noche.

Quil sacudió la cabeza tristemente.

- Lo lamento por ti, Molina. Eres el peón que el rey ha sacrificado mientras escapa. Ni siquiera sabrás nunca que todo este tiempo que has estado cazando al vampiro, él era el que dirigía cada uno de los movimientos que hacías.

- Creo que te mataré lentamente, Ateara. No me gustas. - Dijo Molina.

- ¿Ves cómo te ha retorcido? Te has convertido en la misma cosa que desprecias. Hace seis meses, ¿habrías siquiera contemplado el matar a alguien? Eso es lo que te ha hecho Masen. - Persistió Quil, intentando salvar la vida del hombre.

Molina extendió el brazo, bajando el cañón del arma. Repentinamente su expresión cambio a la sorpresa. La perversa máscara desapareció completamente y miró con horror su propia mano. El arma estaba retorciéndose para apuntar hacia atrás. Luchó con la cosa, intentando dejarla caer, pero estaba pegada a su palma.

- ¡Black! ¡Ayúdame! - Gritó Molina, el ruido resonó cruzando las aguas.

Quil retrocedió, intentando apartar su mirada hipnotizada del hombre que sólo momentos antes había intentado matarle. El brazo de Molina estaba levantándose lentamente hacia su propia cabeza.

- ¡Black! - Estaba chillándolo.

Black arremetió contra Quil, asiéndolo, empujándolo hacia abajo en el barro y la rezumante ciénaga. Empujaba la cara de Quil con fuerza en el fango, Black intentaba ahogarlo, llenando de suciedad la boca abierta. Black ni siquiera levantó la mirada para ver los resultados, decidido a matar a Quil Ateara y dejar su cuerpo a los caimanes. Quil se retorció violentamente, casi apartándole, pero Black aguanto con seguridad, sus manos encontraron y se apretaron alrededor de la garganta expuesta.

Un bajo gruñido se advirtió. Volvió la cabeza para ver dos feroces ojos rojos mirando sin parpadear a sólo centímetros de su cara. Sobresaltado, Black soltó a Quil se hundió hacia atrás sobre sus talones. En seguido pudo ver la enorme cabeza de un lobo. Espesa piel negra, músculos nervudos. El hocico. Colmillos blancos.

Grito y se lanzó de espaldas hacia el río, arrastrándose para poner distancia entre sí mismo y la bestia. Quil estaba jadeando en busca de aliento, con barro en los ojos y la boca, incapaz de ver nada. Podía oír el grito horroroso y repetitivo, los gruñidos no terrenales que le ponían de punta el pelo de la nuca, pero estaba ciego, el barro negro mantenía sellados sus párpados. Algo enorme pasó rozándole, algo muscular, con piel. Olía salvaje y peligroso. Hubo una tremenda salpicadura en el agua. El grito se escaló, después se cortó abruptamente en medio de un alarido.

El brazo de Alice se colocó alrededor de sus hombros, y le limpiaba el barro con una tela suave, intentando aclarar su visión mientras usaba sus dedos para retirar el material de su boca.

- Eso ha estado cerca. - Murmuró.

- Lo siento. Jasper no me permitió ayudar.

Quil escupió más barro de la boca.

- No me sorprende. - Las palabras fueron apagados por el barro, pero ella las entendió de todas formas.

Alice no podía mirar alrededor y ver la muerte por todas partes. El mundo de Jasper era yermo y feo, lleno de violencia y destrucción. Se condolió por él, dolorido por el terrible vacío que tenía que ser siempre parte de su vida. Sabía que la mantenía lejos de ello por algo más que la cuestión de su seguridad. Jasper podía no decírselo a ella, ni siquiera a él mismo, pero en lo más profundo de su mismo, donde contaba, en su corazón, en su alma, no quería que la violencia la tocara, que cambiara quien era ella. La cuestión para él era protegerla de tal destino. Estaba decidido a que nunca tuviera la muerte de otro en su conciencia.

Quil se las arregló para atisbar por sus ojos abiertos. Alice estaba inspeccionándole ansiosamente, sacándole el barro de la cara. Miró a donde Molina había estado en pie y vio el cuerpo del hombre en el suelo, el agua del pantano rezumaba a su alrededor. El arma estaba todavía agarrada en su mano, y la sangre se extendía como una piscina bajo su cabeza, uniéndose a las aguas del pantano. Los insectos estaban ya pululando alrededor del festín. Quil apartó la mirada rápidamente, su estómago se tambaleaba. No estaba hecho para ser Rambo.

- ¿Dónde está Jasper? - Preguntó, soltando las palabras entre los dientes apretados.

Alice limpió más barro de su boca.

- Déjale sólo unos minutos. - Advirtió ella suavemente.

- ¿Donde está Black? - De repente Quil la hizo a un lado para mirar ansiosamente a uno y otro lado, preocupado de que no pudiera proteger a Alice.

- Está muerto. - Dijo ella bruscamente. - Jasper le mató para salvar tu vida. - Se quedó en pie y limpió ineficazmente sus vaqueros salpicados de barro. - Odio este lugar. Desearía que no hubiéramos venido nunca aquí.

- Alice. - Quil se colocó al lado de ella. Había una nota en su voz que nunca había oído antes. Alice siempre estaba llena de vida y risas, parecía súbitamente tan llena de tristeza, tan perdida. - ¿Estás bien? Jasper tiene razón. No deberías estar aquí.

Ella sacudió la cabeza, luchando por dominar su súbita rabia.

- Lo que ninguno de vosotros parece entender es que estoy aquí. Estar físicamente aquí o no, siempre estoy con él. Siento lo que él siente, exactamente lo que siente. No se me puede proteger entre bolas de algodón y ponerme en un estante. - Se alejó de él de un tirón y caminó hacia el río.

Jasper se materializó detrás de ella, su forma larga y fornida empequeñeció la más pequeña de ella. Se inclinó protectoramente sobre ella, con una mano sobre su hombro. Quil observó cómo se lo sacudió, sin dejarse intimidar lo más mínimo por su tamaño y poder.

- No te enfades, mon amour, verdaderamente solo buscaba protegerte. Si Molina hubiera disparado el arma, la bala te habría dado. No podía permitir tal cosa. - Dijo Jasper amablemente.

Podía sentir el rabioso conflicto en ella. Nunca había estado tan cerca de la muerte y la violencia hasta que Jasper había elegido forzar su reclamo sobre ella. Desde sus primeros días juntos como compañeros, no había conocido nada más.

- No había ninguna posibilidad de que le hubieras permitido dispararme. En cambio, porque me bloqueaste con alguna antigua orden, Quil casi fue asesinado delante de mis ojos. - Los puños de Alice estaban firmemente apretados.

Quería golpear algo, y Jasper parecía un blanco bastante sólido.

- No correré ningún riesgo con tu vida, ma petite. - Enfatizó el, sus brazos rodearon la cintura de ella por detrás.

Cuando intentó alejarse de él, la abrazó con firmeza.

- No, Alice. Nunca deberías haber estado aquí.

- Perdiste tu oportunidad con el vampiro por mí, ¿verdad? - Exigió ella, con lágrimas en su voz, y brillando en sus ojos. - No podía sentir tu presencia... eres capaz de hacer algo para enmascararla... pero sabía que yo estaba aquí, incluso aunque era invisible.

Era la verdad. No quería que lo fuera, especialmente con ella tan confusa y disgustada. Jasper no podía soportarlo cuando era infeliz. Pero no había forma de mentir, y no lo habría hecho ni aunque hubiera podido. Permaneció en silencio, permitiéndole leer la respuesta en su mente. Alice sacudió la cabeza y golpeó contra los pesados músculos de su pecho.

- Odio esto, Jasper. Me siento tan inútil. Me siento como si estuviera poniéndote en peligro. Somos compañeros. Te pedí que te encontraras conmigo a medio camino en mi mundo, y lo hiciste. Has hecho todo lo que le que te he pedido. ¿Cómo has hecho para vivir en tu mundo?

Jasper inclinó su oscura cabeza hacia la delgada columna blanca de su cuello.

- Tu eres mi mundo, ma petite, mi misma existencia. Eres lo que hace que vivir sea soportable. Eres mi luz, y el mismo aire que respiro. - Su boca acarició el pulso de ella, el lóbulo de su oreja. - No sabes lo que significa caminar entre la muerte. Nunca lo has hecho.

Ella se giró alrededor, sus ojos azules se oscurecieron a profundo violeta.

- Si tu caminas entre la muerte, Jasper, entonces es donde me encontrarás. Justo a tu lado. Mi sitio está donde tú estés. Soy tu compañera. No hay otra. Soy tu compañera. - Extendió una mano, furiosa con la situación. - No habrá más discusión sobre esto. No puedes hacer nada más que velar por mi felicidad, y la única cosa que me hará feliz será aprender a esconder mi presencia a los vampiros, humanos, y Cárpatos por igual.- Alice marchó pasándole, dejándole de pie al borde del agua mientras regresaba hacia Quil. - Vamos, salgamos de aquí.

- ¿Qué ocurrirá cuando los cuerpos sean encontrados? Los polis van a buscar a la última persona vista con ellos mientras estaban vivos. - Dijo Quil, renuente regresando al bote. Estaba todavía escupiendo barro por la nariz y la boca.

- Nadie te vio con ellos. - Respondió Jasper tranquilamente. - Vieron a dos hombres salir del hotel, dos hombres caminando por el Barrio, y dos hombres cogiendo el bote. Por eso no podemos coger el bote de vuelta.

Quil parpadeó.

- ¿Cómo propones que volvamos? ¿Volando? - Preguntó sarcásticamente.

- Exactamente. - Respondió Jasper complacientemente.

Quil sacudió la cabeza.

- Esto se está poniendo muy raro para mí.

- ¿Quieres que te bloquee la mente en esta experiencia? - Preguntó Jasper cortésmente, con sus pensamientos claramente sobre Alice.

- No. - Dijo Quil decisivamente. Cogió su portátil del asiento del bote. - ¿Pero por qué no tomo habitación en otro hotel? Tú y Alice podéis pasar un rato a solas. Y para ser honesto contigo, No me importaría pensar un poco en esto. Hay mucho en que pensar.

Jasper se encontró con que le gustaba el mortal cada vez más. No tenía ni idea de que un humano pudiera ser tan sensible a los sentimientos de otros. Isabella, la madre de Alice, había sido así, pero ella era un caso especial, una verdadera psíquica. Sus experiencias con mortales habían sido siempre con aquellos que le cazaban, despedazando y asesinando a su gente. Prefería mantenerse a distancia de los mortales. No estaba preparado para que le gustara Quil Ateara.

Alice estaba ya disolviéndose, una neblina que se vertía a través de las hilachas de niebla, moviéndose cruzando el agua. Jasper levantó a Quil y lanzándose por el cielo, voló como un rayo tras ella. Quil chilló, un sonido agudo que sonó sospechosamente como el de un cochinillo. No podía evitar agarró a los amplios hombros de Jasper, sus dedos se aferraban a la camisa con fuerza. El viento estaba silbando al paso de su cuerpo tan rápido, que tenía que mantener los ojos firmemente cerrados, incapaces de mirar abajo.

Espera por mí, Alice, ordenó Jasper, su voz negro aterciopelado afilada a hierro.

Ella ni siquiera dudó. Continuó moviéndose rápidamente a través del río hacia el Barrio Francés.

¡Alice! Fue imperioso ahora, una orden tajante entregada con su hipnotizadora voz. Harás lo que digo.

No, no lo haré.

Había desafío en su voz, una mezcla de beligerancia y pesar. Podía sentir las lágrimas ardiendo en su garganta, en su pecho. Estaba huyendo tanto de sí misma como de él. Jasper maldijo suavemente en varios lenguajes.

No me hagas forzarte a obedecer, chérie. No es seguro para ti.

Quizás no quiera estar a salvo, le siseó ella, delante en la noche. Quizás quiera hacer algo alocado por una vez. Odio esto, Jasper. Lo odio.

Mon amour, no huyas de lo que tenemos juntos. Sé que nuestra vida no ha empezado como un paraíso, que el mundo en que debemos vivir es feo y peligroso, pero lo haremos juntos.

Tú cazas. Estaba llorando; podía sentirlo. Te pongo en peligro.

Jasper le envió oleadas de confort pero sabía que no era suficiente. El mortal se aferraba su camisa retorciéndola.

- Um, ¿Jasper?

El viento cogió las palabras de su boca y volaron a través del agua. La réplica de Jasper fue más de un gruñido. Su cuerpo estaba sobre la neblina ahora, una manta protectora.

- Di lo que tengas que decir.

- Creo que Alice está disgustada.

No hubo respuesta. Jasper continuó siguiendo a Alice.

- Si no te importa que te lo diga, a veces las mujeres necesitan llorar. - Aventuró Quil.

Alice fue directamente a su casa. Una vez estuvo entre la seguridad de las cuatro paredes, Jasper se interrumpió para llevar a Quil a una nueva posada.

- Sabes que no puedes salir hasta que vengamos por ti mañana. - Advirtió.

Era una sombra en la mente Alice. Podía verla claramente, corriendo a través de la habitación delantera hacia la escalera en espiral, hacia el precioso tesoro que Dimitri había dejado para ellos. Alice abrió de golpe la puerta del sótano, entonces ondeó la mano a través de la oscura habitación de la cámara. Se arrastró en la tierra curativa y se hundió profundamente, después se acurrucó y lloró como si su corazón se estuviera rompiendo. Tantas muertes. Peter. ¿Y si hubieran perdido a Quil esta noche? Podían haberle perdido, y le había sido imposible ayudarle, porque Jasper no lo habría permitido.

Después de dejar a Quil, Jasper vino a ella con gentileza, con ternura. Sus manos eran cuidadosas mientras desvestían su cuerpo sin resistencia. No hizo intento de despertarla, de persuadirla a unirse a él. En cambio, machacó hierbas, hierbas consoladoras y curativas que les llevaron las esencias de su tierra natal. Se unió a ella en la cámara del sueño, excavando profundamente en la sólida tierra, tomando el cuerpo delgado entre sus brazos, acercándola.

Alice acomodó la cabeza sobre su amplio hombro, con los ojos firmemente cerrados. Un puño cerrado estaba en su boca, y podía sentir los sollozos estremeciendo su cuerpo. Jasper le murmuró en francés y le acarició el pelo, sus brazos eran protectores mientras esperaba que llorara sacándose la tormenta de pena.

Sabía cómo cazar a la más viciosa e inteligente de todas las criaturas, el vampiro. Podía crear tormentas y atraer relámpagos del cielo. Podía hacer que se moviera la tierra. Sin embargo, no tenía absolutamente ni idea de cómo parar un diluvio de lágrimas.

La sostuvo entre sus brazos, y cuando ya no pudo resistirlo más, emitió una afilada orden y los envió a ambos a dormir.

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¡Hola, hola! Ya estamos por terminar nuestra linda historia, ¿qué les ha parecido hasta ahora? Nos quedan uno capítulos para terminar y realmente no quiero que se acabe jajaja

Al parecer Jasper le tomó cierto cariño a Quil y está intentando cuidarlo, eso es nuevo. Y creo que esta fue algo así como su primera pelea con Alice, ¿no? Digo su primera pelea de verdad jajaja en fin, espero disfruten estos pocos caps que nos quedan por delante.

No olviden dejar un lindo comentario, saben que amo saber de ustedes.

¡Nos leemos pronto!