Se sentía ligeramente decepcionado, tras tres meses de cortejo y arduo trabajo no había logrado avanzar demasiado, Draco no respondía a sus cartas o notas, aceptaba sus regalos pero nunca enviaba agradecimientos por ello y la situación comenzaba a tornarse desesperante. Pero Harry era un Gryffindor, uno muy valiente y perseverante, por ello, aunque se sentía ligeramente desanimado jamás flaqueó.
Les había advertido a sus amigos de sus intenciones con Malfoy, situación que generó un descontento general. Absolutamente nadie se explicaba como es que aquello había pasado y por más que Harry les había explicado (principalmente a los Weasley) que todo había pasado mientras trabajaba para Malfoy como guardaespaldas, no parecía ser una razón suficientemente fuerte, por lo que todos insistieron en hacerle más de una prueba contra filtros amoroso o encantamientos de amor. Por supuesto que Harry había fingido sentirse ofendido, sabía que Malfoy era capaz de eso, porque si lo había hecho, pero ahora esos sentimientos eran suyos, no eran causados por nada más que por su propio corazón.
Después de aquella disputa con sus amigos más cercanos y las aclaraciones que incluían citas en San Mungo, todos se resignaron a aceptar que tal vez, solo tal vez, Harry Potter, el salvador del mundo mágico, el chico dorado, el elegido, estaba enamorado de Draco Malfoy, ex mortífago y bully del colegio, aquel que había sido su rival por más de seis años, aquel que le iba a entregar al señor oscuro durante la batalla, el mismo que no paraba de hacerle la vida imposible. Si, era extraño, pero finalmente, todos al segundo mes tuvieron que aceptar que Potter iba enserio. Por supuesto que el único que no parecía resignado con la noticia era Colin, el fotógrafo insistía en que Malfoy solo lo llevaría a la ruina, y no solo por los carísimos regalos que le compraba, si no emocional y mental. Pero esto a Harry se le hacía más una exageración que otra cosa, o al menos así había sido hasta aquella tarde.
Su rutina era bastante simple, se levantaba, tomaba una ducha, un desayuno sencillo y luego partía hacia el ministerio donde se dedicaba en cuerpo y alma a la investigación de los jovencitos desaparecidos, después de llegar al punto en que sentía que una pieza importante le hacía falta se ponía de pie e iba a patrullar algunas de las zonas mágicas de Londres, en las que, si tenía suerte, se encontraba con cierto rubio de cuerpo espectacular y rostro de adonis al que le dedicaba una sonrisa ladeada. Y entonces, solo entonces, volvía al ministerio, recogía sus cosas, revisaba sus informes una vez más y los dejaba a su secretaria, volvía al callejón, compraba algo bonito y se lo enviaba a Malfoy vía lechuza con una nota sutil y ligeramente cursi. Se quedaba en casa esperando una respuesta que no llegaría nunca y finalmente se iba a dormir.
Por eso, cuando Harry llegó a su oficina aquella mañana y encontró sobre su escritorio un folder misterioso sin firmar y bastante grueso supo que aquella rutina que se había formado se rompería y por mucho. Le preguntó a su secretaria si sabía quién había dejado aquello, pero la regordeta mujer de sesenta años se limitó a decir que había llegado con una lechuza como evidencia para algún caso. Por supuesto que nadie se había preocupado por revisar el material, sabían que, se ser algo peligroso las protecciones del ministerio no lo hubieran dejado pasar.
Harry se colocó tras su escritorio y observó el grueso fólder sobre él, pasó la varita por el objeto, tomando las precauciones pertinentes y cuando estuvo seguro de que era seguro abrirlo, lo hizo. Le asombró notar que lo primero que había dentro de aquel montón de papeles era una fotografía de Malfoy, una fotografía bastante actual, se le veía caminando por el Londres mágico sin su facha común, parecía un joven cualquiera mezclado entre la multitud, iba a acompañado de Blaise Zabini, para variar y ambos parecían realmente interesados en un joven de pie a solo unos metros de ellos... Harry no tuvo que mirar dos veces la fotografía, conocía al otro chico, era el sujeto número once de su investigación de desapariciones.
Aquello lo puso en sobre alerta, pero muy a su pesar continuó con el estudio de la evidencia que le había sido enviada. Hoja tras hoja y fotografía tras fotografía Harry fue cayendo en cuenta de la verdad, Draco Malfoy, su Draco, era el secuestrador de veinticuatro chicos de entre quince y veinticinco años, chicos que llevaban desaparecidos más de dos años y que, ahora estaba seguro, no seguirían con vida. No iba a negarse a aceptarlo, ya sabía de lo que Draco era capaz de hacer para obtener lo que quería, no se detenía por nada, ni por nadie y aquellas pruebas era todo lo que necesitaba para rectificarlo.
Soltó un suspiro, no se sentía abrumado, ni decepcionado, se sentía resignado. Se recostó sobre su asiento, mientras miraba las fotografías extendidas sobre la superficie de madera del escritorio, pensaba en lo muy toxico que podía ser alguien tan bello como Draco, mirando sus ojos estaba seguro de que era un ángel... mirando su alma se percató de que era un ángel de la muerte.
—Ni si quiera me explico por qué no estoy enojado contigo... —Le dijo a una de las fotografías.
El autor de aquella nada pequeña investigación se mantenía en anonimato, pero al final había adjuntado una nota en la que decía tener más información y si Harry la quería tendría que ir por ella, solo a las afueras de Yorkshire. El hombre misterioso había adjuntado un traslador que lo dejaría a las afueras de la propiedad donde lo recibiría. Potter sabía lo peligroso que era aquello, pero necesitaba saber más, necesitaba la información completa.
Finalmente avisó a su secretaria que saldría y con la evidencia miniaturizada y en su túnica llegó a su apartamento vía red flu desde donde tomó el traslador, dispuesto a llegar al fondo de aquello. El lugar al que llegó era un prado completamente desierto, donde lo único a la vista a kilómetros era una pequeña y ruinosa cabaña a solo un par de metros de dónde él se encontraba.
Con varita en mano, Potter avanzó hasta la cabaña, sus sentidos estaban completamente alerta, podía sentir la tierra bajo sus pies con claridad, las vibraciones de magia provenientes del interior vibrando, el aire colándose entre cada hebra de su cabello, nada lo tomaría por sorpresa. Al detenerse frente a la puerta esta se abrió, invitándolo a pasar y con la misma precaución de segundos atrás se introdujo en el lugar.
La cabaña en si era muy pequeña, de manera muy amontonada había una cama, una pequeña mesa a punto de derrumbarse, un banquito de madera, una repisa con tres libros llenos de telaraña y polvo junto a una cámara que lucía bastante nueva, robada tal vez.
—Me alegra que decidiera venir joven Potter —Dijo una voz desde otro pequeño cuarto que parecía el baño. —Confiaba en que su sentido de la justicia lo haría entender lo arriesgado de la situación.
A Harry le bastó mirarlo un par de segundos para reconocerlo, aquel que lo había citado no era más que Rabastan Lestrange, el único mortífago que quedaba prófugo desde hacía más de tres años. El hombre no había cambiado en nada si se omitía el hecho de que su negro cabello había perdido color sin razón aparente, no habían pasado muchos años desde la batalla de Hogwarts y aparte de eso, el hombre no parecía haber envejecido mucho. Potter lo evaluó con la mirada, tratando de adivinar si aquello era una trampa. Al contrario de la última vez que lo había visto, Lestrange no lucía nervioso, sino más bien cauteloso, tal vez sopesando las posibilidades de que Harry decidiera arrestarlo antes de dejarlo hablar.
—¿Por qué me has enviado esto? —Dijo Harry sacando el montón de papeles de su túnica, al tiempo que estos volvían a su estado original.
—Porque alguien tenía que saber —Dijo con simpleza, sentándose en la vieja cama frente a Harry. —Porque el imbécil de Malfoy planeaba hacerme lo mismo que le hizo a todos esos muchachos —El hombre tocó su cabello con distracción. —Porque a cambio quiero salir bien librado de Azkaban.
—Los aurores estuvieron buscando estas pistas por años, ¿cómo es que tú lograste encontrarlas sin problemas?
—¿Sin problemas? —Preguntó irónico. —Tres putos años de investigación Potter, yo sabía lo que Malfoy buscaba, los aurores no, por eso yo sabía dónde encontrar la evidencia.
—¿Y qué es exactamente lo que Malfoy busca? —Preguntó con seriedad e indiferencia fingida.
—No voy a hablar hasta que tenga una garantía, tu palabra de que no volveré a Azkaban, que esto será suficiente para mantenerme libre.
—¿Por eso me buscaste a mí? —Preguntó pensando por un momento que aquel hombre estaba al tanto de sus sentimientos por Malfoy.
—Por supuesto, eres el salvador del mundo mágico, a ti te escucharán si les dices que me exoneren, te escucharon cuando testificaste a favor de los Malfoy.
Harry se quedó en silencio sopesando las opciones, un sentimiento que no podía reconocer comenzó a implantarse en su pecho y como si hubiera tomado felix felices supo lo que tenía que hacer, un sentimiento muy similar al que le había empujado a encubrir a Malfoy y el asunto del hechizo de amor.
—De acuerdo, te escucho.
—Quiero una inquebrantable, si no, no hay trato.
Potter rodó los ojos con fastidio, gesto que se le había quedado por haber pasado tanto tiempo con el rubio. Realizaron el pacto, Harry acordaba hacer todo lo que estuviera en sus manos para que el tipo no terminara en Azkaban, aunque aquello no era necesario, Potter sabía cumplir sus promesas.
—De acuerdo, escúchame bien —Dijo Lestrange acomodándose en la cama, con expresión seria. —Malfoy busca magia, magia compatible con la suya, como la mía, como la tuya —Harry levantó la ceja, claro que sabía que su magia era compatible con Malfoy, desde la primera vez que habían tenido sexo algún tipo de vínculo se había creado entre ellos, un vínculo a causa de la magia. —Necesita absorber estos poderes para poder dárselos a su padre en algún tipo de ritual de magia negra, un ritual para traer el alma de Lucius de vuelta, uno muy peligroso y poderoso que necesita de muchos sacrificios —pasó saliva, ligeramente atemorizado, la expresión de Harry cambió ligeramente, ahora fruncía el ceño. —El bastardo ese ha estado bebiendo una poción que tiene como base sangre de veela, lo hace irresistible ante cualquiera y usa aquella habilidad para engatusar a sus víctimas, las envuelve cual serpiente, se las lleva a la cama y va absorbiendo su magia, poco a poco, hasta que se adueña de ella completamente y el mago muere, un mago no puede vivir sin su poder mágico —explicó —, Michael Corner, Cormarc McLaggen, David Taylor y Damian Jones ¿los viste alguna vez, no es así? Todos ellos estaban destinados a morir y ninguno lo sabía. Yo los envié a matar a Malfoy.
—¿Por qué? —Preguntó ahora verdaderamente interesado.
—Porque era la única manera de salvarlos, si Malfoy muere las victimas que aún no han muerto recuperarán su poder mágico y vivirán, es una de las maneras de ayudarlos.
—¿Y la otra?
—Aquella esta fuera de mis manos y las tuyas, —aclaró— solo Malfoy tiene acceso a la segunda forma y es creando un vínculo mágico con la víctima —Harry palideció ligeramente, entendiendo aquellas palabras. —La persona que sea seleccionada estará obligada por el hechizo de magia negra a serle totalmente fiel al mago invocador, no podrá traicionarlo de ninguna manera, aunque lo desease y el mago invocador estará atado a este mismo principio. Es peligroso, los dos individuos deben ser cien por ciento compatibles y una vez que el vínculo esté establecido nada puede romperlo, sus magias se vuelven una sola, se alimentan mutuamente.
—¿Na-nada puede romperlo? —Preguntó el moreno con voz temblorosa, sintiendo de repente aquel vínculo que tenía con Malfoy más fuerte que nunca. —¿Ni si quiera el mago invocador?
—Es inquebrantable —Afirmó y Harry vio en sus ojos de repente la comprensión —él... tú y él...
Harry pasó su morena mano por su cabello, comprendiendo de pronto lo que estaba pasando, no había delatado a Malfoy respecto al hechizo de amor por que no podía, lo había encubierto por que no podía traicionarlo, por eso leer toda esa evidencia en su contra no lo hizo saltar y retorcerse de furia, por eso había reaccionado como si se tratara de una invitación a tomar el té. Draco no había roto el encantamiento por que no podía, simplemente nada podía romper el vínculo que había entre ellos y aquello lo aterró, por que Malfoy estaba metido en cosas muy malas, demasiado malas y él no podía intervenir. Su obsesión por Malfoy no había menguado, solo se había transformado por el vínculo entre ellos, vínculo que Harry había permitido.
—¿Está enamorado de ti? —La voz de Lentrange lo trajo de vuelta, interrumpiendo su ataque de pánico.
—¿Eh? —Pudo balbucear a penas.
—El vínculo solo puede formarse si Malfoy está enamorado de ti y si tú le correspondes... solo el amor puede salvarte de magia turbia como la que Malfoy está usando. —Lestrange se puso de pie sutilmente y comenzó a caminar hasta la repisa donde tenía el montón de libros. —Eres Harry Potter, el amor te salvó de Voldemort cuando era un bebé, de la maldición asesina. Con tu sacrificio de amor durante la última batalla salvaste a los que aún quedaban en pie... —De entre el polvo el hombre sacó su varita y la apuntó hacia Potter.
—¿Qué haces? —Le preguntó Harry aún conmocionado.
—Si tu mueres él morirá, y tú no podrás vivir bajo una maldición tan poderosa como aquella ¿o sí? ¿Podrás con la culpa? Draco Malfoy va a ir por allí haciendo lo que le plazca y tú no podrás oponerte, ni acusarlo. Si te mato aquí, ahora, esto va a acabar, Malfoy no va a salirse con la suya.
Harry cerró los ojos, consiente de cada parte de su cuerpo, consiente de su alma y de su esencia mágica la cual estaba encadenada a un hombre cuyos escrúpulos eran inexistentes, un hombre que era cruel y malvado, pero que a pesar de todo amaba y ese amor era lo que le impedía terminar como Corner o McLaggen... Potter sabía que Lestrange tenía razón, podía vivir fiel a Malfoy por sobre sus malas decisiones o podía morir en ese momento y salvar la vida de aquellos que aún no habían caído por el hechizo de Malfoy.
Era complicado y confuso, Harry ya no estaba seguro de lo que era verdad y de lo que no, no sabía en qué momento empezaba su verdadero cariño por Draco y donde empezaba el efecto de aquella oscura y negra magia. Ya no se sentía capaz de distinguir entre él y Draco, entre lo que eran sus valores y los del Slytherin, él, como Harry Potter había dejado de existir, tal vez desde hacía más de un año y él a penas se percataba, pese a que las señales habían estado ahí todo el tiempo. ¿Sería capaz de vivir felizmente junto a Draco Malfoy aún a sabiendas que estaba traicionando sus principios y valores? La respuesta que encontró dentro de él le hizo temblar.
Con la agilidad de un auror entrenado sacó su varita y apuntó con ella al ex mortífago frente a él. Rabastan Lestrange ni si quiera tuvo tiempo de exclamar algo cuando una luz verde salió de la varita del moreno tras haber sido pronunciada la maldición asesina. Harry no se preguntó "¿Qué acabo de hacer?" ni se reclamó mentalmente por haber asesinado a sangre fría a aquel hombre, únicamente se limitó a arrojar los papeles que Lestrange le había enviado, todas las pruebas que inculpaban a Malfoy como mago tenebroso, secuestrador y asesino y los quemó con fuego mágico que solo se apagaría hasta que la cabaña completa se consumiera.
Y entonces la necesidad de encontrar a Draco había regresado, tal como los primeros meses en que todo había empezado. Sentía ansiedad, nerviosismo, necesitaba aclarar muchas cosas, pero sobre todo necesitaba sentir el cuerpo de Malfoy, sentir que aquello era real y que el haber eliminado a Lestrange había valido la pena. Estaba consciente de que esos sentimientos podían no pertenecerle de manera genuina, pero no le importaba, su necesidad de Draco era mucho más fuerte que nada y algo dentro de le decía que Malfoy se sentía igual.
Sin perder más el tiempo rastreó la esencia mágica de Malfoy y cuando estuvo seguro de encontrarlo se aplicó un encantamiento desilusionador y se apareció lo más cerca posible. Cuando el efecto de la aparición se desvaneció y pudo ubicarse se dio cuenta de que se encontraba dentro de un departamento bastante descuidado y polvoriento, todo estaba a oscuras, las ventanas estaban tapadas con madera y dentro no había más que una silla, una cama y un tocadiscos que amortiguaba el silencio y con el que se mezcló el sonido de su aparición.
Harry se había aplicado el encantamiento más que nada para asegurarse de que Draco se encontraba totalmente solo y disponible para hablar, pero en ese momento, cuando contempló la escena, agradeció haberlo hecho de todas formas, que Draco no se hubiera percatado de su presencia. El rubio estaba sentado frente al cuerpo inerte de Lucius Malfoy, cuyos grises ojos estaban tan marchitos que fácilmente se le podía confundir con un cadáver. Draco le hablaba a su padre con cariño, muy suavemente, como si el hombre en la cama pudiera ser despertado, le hablaba de sus planes a futuro, unos donde volverían a ser una familia, la familia feliz que no había podido ser.
Harry presenció el ritual de magia negra, podía sentir todas aquellas sensaciones negativas flotando en el aire e inundándolo, como un virus mortal. Podía ver como la vida volvía a Lucius poco a poco y como Draco lentamente iba pagando el precio de tal atrocidad. Fue cuando lo vio sangrar por los ojos que comenzó a alterarse, pero el aura negra del encantamiento no le dejaron dar ni un paso y solo pudo contemplar la bella voz de Draco completar aquel cántico tan melancólico mientras la sangre manchaba su níveo y bello rostro.
Fue hasta que el ritual terminó que Draco se recostó con los ojos cerrados en la silla y después de un instante comenzó a hablar.
—Conocí a alguien... —Dijo con voz tranquila y melodiosa, o al menos así le pareció a Harry. En ese momento, Draco parecía un ángel plasmado en óleo, uno que sufría y pagaba por sus actos—Alguien a quién quiero y creo que él me quiere un poquito, sé que lo nuestro es imposible, él me odiaría si supiera lo que estoy haciendo, si supiera que estoy usando magia negra para traer de vuelta tu alma, padre. Me odiaría si se enterara que le lancé un hechizo de magia negra para robarme su magia... —Suspiró. —Aún recuerdo lo que me dijo cuando se dio cuenta de lo que pretendía, me dijo que... me dijo que había vuelto a elegir mal y que él no iba a salvarme del fuego esta vez... Estoy seguro que aquel recuerdo es el único que no ha podido recuperar, pero tenía razón, yo... me estoy quemando y le dije que no me importaba pero ahora... —Tomó aire y abrió los ojos lentamente. —Ahora no me importaría que me salvara...
Harry se quedó paralizado por aquellas palabras, mientras aquel recuerdo perdido lo abrumada, sentía cierto rencor hacia el Slytherin en aquella ocasión, eso era verdad, estaba confundido, se sentía usado y manipulado. Pero ahora toda esa incertidumbre se había desvanecido en el aire y solo quedaba aquel nuevo Harry, aquel que no iba a traicionar a Draco Lucius Malfoy y no solo porque un encantamiento de magia negra lo obligaba.
—Ahora vamos a quemarnos juntos... —Dijo cuándo Draco se marchó, dejandolo junto a su dementorizado padre.
Siguió el rastro mágico de Malfoy nuevamente hasta que reconoció el lugar, se había marchado a su apartamento y no a la mansión. Se apareció frente a su edificio y encantó un trozo de pergamino que encontró para enviarle una nota. Se las arregló para aparecer un ramo de flores y sujetarlo con fuerza, se sentía nervioso, podía sentir la tribulación de Draco como si fuera la propia y solo quería calmar aquel dolor con besos y caricias que tal vez no se merecía, pero que de todas maneras quería darle.
Su corazón se detuvo cuando lo vio aparecer por la puerta del edificio, lucía cansado y desanimado, él se sentía ligeramente inseguro. Harry Potter siempre había sido el chico bueno y ahora estaba ahí, dispuesto a ser el malo una vez, por la persona que quería y a la que estaría atado por el resto de su existencia.
—Quería verte... —Le dijo Draco con voz susurrante mientras aceptaba el ramo de flores, Harry notó como su acompañante se relajaba ligeramente —Necesitaba verte, Harry...
—Aquí estoy... —Le contestó el Gryffindor mientras lo envolvía en un abrazo, escuchar su nombre actuó como detonante, jamás su nombre había sonado tan bien en los labios de alguien y entonces estuvo seguro, estaba haciendo lo mejor, no lo correcto, pero si lo mejor para él, para Draco.
—Necesitas dejar de enviarme todos esos regalos... —Dijo Draco suavemente, apretando su cuerpo contra el del auror. —Necesitas dejar de buscarme...
Harry comprendía, Draco quería mantenerlo alejado de aquella mierda, el chico no sabía nada del vínculo entre ambos y aquello significó un gran alivio para el moreno, al menos sabía que Malfoy no lo estaba utilizando, ni que había creado el vínculo para beneficiarse, lo quería de verdad y él quería a Draco.
—Sé lo que estás haciendo... —Dijo Harry finalmente, con voz suave, quería enseñarle que no tenía nada que temer, que él lo protegería, aun de sí mismo. —Sé lo de tu padre, lo de los secuestros, lo sé todo. —Harry logró tomar la varita de Malfoy, previendo que quisiera huir sin escucharlo.
Malfoy se apartó con brusquedad, buscando su varita entre la túnica, Harry se la mostró, necesitaba que confiara en él, que le dejara cargar con parte del peso, él era su compañero, tenía aquel derecho y no le importaba ensuciarse en el camino.
—No sabes nada —aseguró Draco y Harry pudo ver el miedo en sus ojos, miedo a perderlo.
Harry apuntó su varita hacia el rubio, decididamente. No era que fuese a atacarlo, pero tampoco podía arriesgarse a que Malfoy se enterara del vínculo, debía convencerlo primero de que él estaba ahí por decisión propia, que estaba ahí por él y para él. Por eso tenía que verse fuerte.
—No intentes huir, Malfoy, tenemos muchas cosas que hablar —Dijo con voz tranquila, se acercó a su cuerpo y lo sujetó de los hombros para aparecerlo en su departamento.
Draco se mantuvo estático aún después de aparecer en el apartamento, no miraba a Harry, mantenía sus grises ojos clavados en el suelo y por primera vez Harry notó al verdadero Draco Malfoy, uno que estaba lleno de miedos y de dudas pero que amaba a su familia lo suficiente como para hacer lo que estaba haciendo.
—Joder Draco... —Dijo pegándolo más a su cuerpo. El rubio comenzó a temblar. —Pudiste confiar un poco más en mí, te dije que te quería ¿Lo recuerdas? Eso no va a cambiar...
—¿Qué? —Preguntó alejándose del cuerpo del auror y mirándolo, buscando alguna mentira, algo que le dijera que había entendido mal.
—Que te quiero, joder y no voy a delatarte, Draco, puedes confiar en mí —Esta vez habló más firmemente, convencido de sus palabras.
—Pero yo...
—Shh... —Pronunció colocando su dedo sobre los finos y rosados labios de su acompañante. —Lo importante es que voy a ayudarte y después de esto no volverás a hacer nada parecido. Sé que Zabini ha ido a buscar más chicos para el ritual, pero no hará falta, yo voy a prestarte de mí magia para traer a tu padre de vuelta, te ayudaré a modificar la memoria de tu madre y los mandaremos a Alemania, tal cual querías, incluso le borraremos la memoria a Zabini, será nuestro secreto, Draco, solo nuestro, y haremos de cuenta que esto no ocurrió...
—Pero... ¿Cómo? —La voz del rubio sonaba débil, pero aliviada.
—Rabastan Lestrange te ha estado siguiendo, quería negociar la información a cambio de su libertad —Draco abrió los ojos, mostrando miedo por primera vez. —Tranquilo —Dijo besándolo castamente. —Quemé la evidencia y me deshice de él... Lo maté, por ti, Draco.
El rubio lo miró con horror, tal vez no esperando aquella declaración, pero aun así no se apartó de él hasta que Harry pudo ver como su rostro se relajaba, Draco había comprendido el vínculo, lo sabía, lo sentía.
—Tú... ¿Por qué? —Dijo finalmente.
—Porque te quiero, porque el enlace solo ha confirmado lo que ya sabíamos, no solo somos cien por ciento compatibles mágicamente, también estábamos destinados a ser...
—Te has manchado... Te he manchado...
—Y yo te he limpiado un poco, pero las cosas ya no son blanco y negro, son grises, somos grises, como tus ojos, tus hermosos ojos —Harry sonrió y acarició el rostro de su compañero, el cual sujetó su mano, disfrutando del contacto.
—¿Cómo sabemos que esto es real? ¿Qué no actúas así por la magia negra?
—Porque el vínculo no se hubiera concretado si yo no sintiera lo mismo que tú —Draco abrió los ojos y el verde y el plata se encontraron, reconociéndose como dos amantes de vidas pasadas, destinados a estar juntos. —Es verdad que la magia me obliga a serte fiel, pero yo tenía otra opción y no la tomé, Rabastan dijo que si yo moría tú lo harías, él iba a matarme, iba a acabar con todo esto, pero yo no quería, me aferré ti.
—Maté a mucha gente inocente, Harry...
—Lo sé —Beso la pálida mejilla del ojigris. —Pero no volverás a hacerlo, no volverás a hacer nada malo y nadie se enterará de esto, te lo prometo, va a pasar.
Draco asintió en silencio mientras Harry comenzaba a besarlo suavemente entre la oscuridad de su pequeña sala de estar.
—Hazme el amor... —Le dijo el moreno entre susurros. —Demuéstrame que ha valido la pena hacer todo esto por ti.
Draco abrió los ojos solo para encontrarse con la expresión de seguridad y decisión de Harry, ahora lo sabía el hechizo no tenía nada que ver con lo que se profesaban.
Y así, mientras ambos se susurraban lo mucho que se querían se deshicieron de sus prendas y llegaron hasta la recamara del moreno, donde por primera vez fue de Draco, solo Draco. Y mientras ambos llegaban al clímax, Harry sobre la mano del rubio y Malfoy dentro de Harry fue que ambos entendieron que estaba bien ser de color gris.
