Resumen: Jin Guangyao sueña con el pasado; Lan Xichen no ayuda que esto se desvanezca de su mente.
Disclaimer: Mo Dao Zu Shi pertenece a MXTX.
Notas: Disculpen la tardanza. Técnicamente esto se está editando pero hablé con una amiga respecto al curso de este fic y pude retroalimentarme, e inspirarme para escribir esto y poder darles un poco más de detalle sobre lo acontecido. Habrán más cosas en el pasado y una conversación de Jiang Cheng con Xichen que sacará de duda a muchos (?). Espero :v
Disfruten.
Casus Belli
Pasado
Jin Guangyao sabe que estaba soñando desde el primer momento que se vio a sí mismo en medio del bosque, las túnicas de la secta Qishan Wen cubren apenas su cuerpo entumecido por los vestigios de la guerra que hasta hacía poco se había librado.
El cielo nocturno se perdía entre las estrellas luminiscentes que manchaban el firmamento con sus motas níveas. Jin Guangyao yacía con su propia mota en mano, envuelta en un cofre mediano con diversos sellos demoníacos resguardando su interior.
Frente a él, estaba Xue Yang.
—¿Y bien? —inquiere él, una sonrisa se bordea. La filosa daga brilla al compás—. No esperaré mucho. La guerra ya terminó, los neutrales somos blanco fácil.
¿Neutrales? Jin Guangyao quería reír, pero no hallaba la ironía en el asunto, aunque esta le abofeteara.
Emite un suspiro cansino. El juramento de sus protervos pecados pesa cruentamente sobre sus hombros.
—Esto es —dice, entregándole el cofre mediano. Un cofre color ébano con emblemas intrincados cuyo color carmesí resalta la envoltura demoníaca de matiz blanco—. Todavía es débil. Debes imbuirlo en energía espiritual cinco veranos.
Xue Yang silba, parece contrariado por la orden.
—¿Dónde crees que conseguiré suficiente comida para que esta mierda se alimente de energía espiritual?
Jin Guangyao se encoge de hombros y niega con la cabeza.
—Eso queda de tu parte, yo hice la mía—
—Así que aquí estás —quien susurra ese mascullar venenoso tras él, es Nie Mingjue.
Los ha interceptado, ha seguido su cuidadoso rastro como una bestia acechando su presa moribunda. Jin Guangyao entra en pánico, pero cuando se gira para enfrentar al que aún es su líder se secta en ese momento, lo hace con su semblante desprovisto de emoción alguna.
—ChiFeng-Zun.
Nie Mingjue frunce el ceño. Da un paso hacia adelante. El sable tan característico en su mano, Baxia, refulge con el resplandor sinuoso de la luna. El bosque está en silencio, los árboles yacen sosegados y Jin Guangyao necesita que Xue Yang se vaya para continuar con los planes predispuestos que él dejó antes de perecer.
—Dame el cofre —de pronto, Nie Mingjue ordena.
Xue Yang ríe con fuerza y sus ojos resplandecen en carmesí. El semblante de Nie Mingjue se oscurece y no tarda en alzar su sable en posición de combate. Por su parte, hace lo mismo con Hensheng, pero aguarda expectante.
Pronto, una batalla campal en medio del bosque se lleva a cabo. La luz ambarina de la luna brilla con fuerza sobre ellos, iluminándolos en un fulgor siniestro. El bosque silba al compás que el sable choca con los agiles hechizos de Xue Yang que salen disparados en dirección a Nie Mingjue.
Nie Mingjue es un hombre de armas y no de pensamientos. Sus ideas abstractas están imbuidas en violencia y quedan resguardadas bajo una capa de falso juicio. A pesar de que Xue Yang tiene la ventaja en cuanto a inteligencia campal se trata, no puede luchar con la fuerza bruta de Nie Mingjue ni con sus habilidades de batalla.
Porque Nie Mingjue puede ser denso en ciertos aspectos, pero es un estratega y tiene la experiencia de su lado.
Jin Guangyao no desea meterse en ello, realmente quiere que Xue Yang huya. Él lidiará con las consecuencias de las explicaciones. Mentirle a Nie Mingjue probablemente se castigue con algún que otro latigazo, pero tener que intervenir con su espada y hacer de una contienda, una trampa, no es algo que él suela practicar por deseo propio.
Sin embargo, por mucho que respete a Nie Mingjue, tiene que ejecutar un plan pronto, sino todo lo que ha ideado cuidadosamente a lo largo de ese tiempo en Qishan Wen se vendrá abajo.
Xue Yang ríe, dispara una daga por el costado derecho del rostro de Nie Mingjue y este lo esquiva con agilidad, pero es tiempo suficiente para que Jin Guangyao apunte a su meridiano principal situado en su torso, apuñalándolo con Hensheng, enterrando la hoja profundamente en su carne e imbuyendo energía espiritual Yin para debilitar el frágil qi que surca su cuerpo.
Brama un grito ahogado, un brote de sangre espesa y negra pugna de sus labios. Jin Guangyao no tarda en exclamarle a Xue Yang, que ha contemplado la escena con los ojos desorbitados en lubricidad:
—¡Ve!
Y sólo segundos después de que Xue Yang termina de deleitarse con la vista, corre en dirección contraria, perdiéndose entre los espesos árboles que arropa la noche. Los silbidos no se dejan de atender, Nie Mingjue lo contempla de soslayo con la traición empañada en su semblante herido antes de caer de rodillas con el torso hacia el suelo humedecido por la neblina perenne.
Jin Guangyao respira con fuerza, Hensheng en su mano derecha se siente pesada, proterva. Las ansias por desecharla pugnan de su ser y la idea de haber hecho lo incorrecto pasa un momento por su mente.
Pero pronto desdeña la idea. Ya ha hecho un trato. No puede permitirse flaquear un segundo. No puede permitirse desdeñar todo el cuantioso esfuerzo acaecido, todas las mentiras susurradas, todos los ideales quebrantados en un pos mucho más justificable que la vida misma.
Nadie jamás comprenderá sus sentires, lo sabe; pero no importa, no cuando él le ha prometido tanto, jurándole que lo cumplirá y Jin Guangyao sabe que lo hará.
La mano que sujeta a Hensheng tiembla de repente. Jin Guangyao observa con sus orbes ambarinos el charco de sangre que se comienza a formar bajo el cuerpo de Nie Mingjue y la duda comienza a emanar en su mente turbulenta.
¿Debería ayudarlo… o acabar con su vida? Realmente no quiere que Nie Mingjue muera. Sólo le gustaría que fuese un poco más comprensivo al momento de utilizar su ciego juicio.
A pesar de saber cuál es su deseo, Jin Guangyao comprende que primero está su anhelo.
Alza a Hensheng, pero en ese momento una rama cruje tras él.
—¿A-Yao?
Jin Guangyao se gira con rapidez. Las túnicas quemadas de Qishan Wen, bañadas en sangre, ondean al son de su oscilación. Sus ojos ambarinos delatan todos los pecados cometidos, pero en se momento la efigie aterrorizada de Lan Xichen no lo contemplan a él o a su perturbado semblante, sino al cuerpo que intenta vanamente ocultar tras su figura trémula y endeble.
—¿… A-Jue?
No tiene escapatoria.
—Er-Ge… Yo—
El rictus preocupado de Lan Xichen se desquebraja y Jin Guangyao siente un vacío en su corazón.
—¡A-Jue!
Lan Xichen corre hacia el cuerpo de Nie Mingjue, pasa por su lado y lo ignora, así como ha estado haciendo desde hace unas semanas que Nie Mingjue ha comenzado a manifestar iras repentinas y alteraciones de qi desenfrenadas.
Como siempre, en último lugar, cada vez que Nie Mingjue sale a relucir. Aprieta los labios, sigue la figura trémula de Lan Xichen. Está hincado un costado y sus manos se imbuyen de energía añil, un resplandor que intenta reparar los meridianos afectados. Jin Guangyao por un momento siente el cinismo devorarle los sentimientos culpables con pasmosa rapidez.
La ventaja de utilizar a Hensheng, es que lo dañado por su hoja jamás podrá repararse. Es una herida que nunca dejará de supurar sangre.
—¡A-Jue! —vuelve a gritar Lan Xichen. Por primera vez, Jin Guangyao lo ve desencajado, desesperado ante el pensamiento de perder a ese hombre que conoce sus más protervas intimidades.
Jin Guangyao se arrepiente de no haberle cortado la cabeza.
Desesperado, pero determinado en salvar la vida de Nie Mingjue, Lan Xichen logra cerrar la herida hecha por Hensheng. Jin Guangyao contempla, impotente, cómo Lan Xichen saca a Liebing y entona un cántico que se convierte en un halo níveo alrededor del cuerpo moribundo perteneciente a Nie Mingjue.
Le ha hecho un hechizo de stasis para sumir la energía espiritual de Nie Mingjue en un estado semi catatónico. La consecuencia de tal encantamiento tan delicado es que debe imbuir a la persona afectada en energía Yang y regular el Yin que pugna negativamente en el cuerpo.
Lan Xichen suspira. Guarda a Liebing en su funda y con sus manos temblorosas gira lentamente el cuerpo de Nie Mingjue, evitando alterar el estado delicado del hechizo empleado.
Todo el torso de Nie Mingjue está lleno de sangre, oscureciendo aún más sus túnicas azabaches. Jin Guangyao contempla su rostro, encontrándolo tranquilo, sosegado, como si estuviera durmiendo y por primera vez en muchas jornadas, sus sueños fueran pacíficos, como si no hubiera sucedido hace unos momentos atrás esa perfidia. Lan Xichen libera el aire con un exhalido, sus labios rehílan y Jin Guangyao ve también cómo una de sus manos trémulas acuna la mejilla de Nie Mingjue, acariciándola al compás que sus pardos se cristalizan, tornándose cobrizo, aunque estos nunca llegan a derramarse.
Gira su cabeza, decidiendo observar un punto particular del bosque. El pecho le duele, su corazón late con fuerza y la sensación resulta incómoda.
—A-Yao —llama Lan Xichen de repente, haciéndolo ver otra vez en su dirección. Lo encuentra observándole con una infinita tristeza que no se molesta en ocultar—. Necesito que me ayudes a llevar a A-Jue para el campamento. Debo tratar su herida. Puede empeorar.
Jin Guangyao asiente porque realmente no le queda otra opción salvo fingir que intentó ayudar a Nie Mingjue y llegó tarde al desastroso evento. Lan Xichen parece bastante aturdido, aún no ha comenzado a cuestionarlo.
Y, sin embargo, luego de que se incorpora, Lan Xichen inquiere de repente.
—A-Yao —susurra su nombre en voz baja, la duda en su modular no merma la esperanza que se filtra—, encontraste a A-Jue… y ya estaba herido, ¿verdad?
Cuando le miente por primera vez, Jin Guangyao no siente un ápice de arrepentimiento dentro de su ser.
—Hice lo que pude para defenderlo, Er-Ge.
En el fondo, realmente lo hizo.
A pesar de que sabe que es un sueño del pasado, este no termina ahí.
Los fragmentos del pasado, ese pasado distante que nunca se molestó en elucubrar, cambia. Las escenas se transforman y ya Jin Guangyao no está en el bosque con las túnicas de Qishan Wen bañadas en sangre.
Ninguna se siente adecuada en su piel.
Cárdenos profundos adornan su torso, mordeduras rojizas se esbozan en sus muslos níveos, ahora carmesíes por el trato anterior. A pesar de que no puede mover ni un músculo de su cuerpo sin sentir intenso dolor, intenta incorporarse de la cama para cubrir su agraviada intimidad con los restos de lo que fue alguna vez su túnica de cultivador.
Jin Guangyao sabe que es un sueño, aun así, su corazón late desbocado con los restos de su rencor enfriándose hasta transformarse en helada furia; a pesar de que es un sueño, cada recoveco de su piel gime y grita; a pesar de que es un sueño, una pesadilla, Jin Guangyao siente cómo de entre sus muslos ultrajados un espeso líquido nacarado comienza a emerger.
Él recuerda esta eventualidad. Fueron unas semanas antes de que su padre lo convirtiera en espía de Qishan Wen, diciéndole que ganaría el honor de portar su apellido si hacía lo que demandaba. Recuerda, que Nie Mingjue nunca estuvo de acuerdo con ello, pero Jin Guangyao ansió complacer a su padre. Portar el apellido Jin, era algo que necesitaba.
Uno de sus tantos idilios nunca alcanzados.
Esboza una mueca cuando se sienta finalmente. Con los restos de la túnica Qinghe Nie se abriga, cubriéndose de aquellos ojos ébanos que refulgen en silenciosa ira.
—¿Por qué te cubres? —inquiere con fuerza.
Jin Guangyao… No, Meng Yao, alza el rostro encontrando en el fondo, la figura desnuda de Nie Mingjue. Está sentado sobre un cojín color blanco perla, frente a su cuerpo, hay una pequeña mesa que sobre su superficie oscura tiene una jarra de cerámica y una pequeña copa.
Ingiere el líquido de la copa, juzgándolo en cruento silencio. Meng Yao no le sonríe, no hace falta hacer alarde de las hipocresías en las intimidades. No, cuando hace unos segundos atrás lo hizo gritar hasta suplicarle; y Meng Yao se odia, porque es la única forma de liberar aquella frustración que los embarga cuando Lan Xichen está presente y ninguno puede poseer ese pequeño precioso jade que brilla, perfecto, en las inmensidades.
—Has terminado, no tengo motivos para seguir desnudo.
Nie Mingjue brama una risa sin humor.
—Susurras frases amargas que tu cuerpo parece contradecir.
Meng Yao le muestra los dientes en una sonrisa cínica.
—Ninguno lo disfruta. ¿ChiFeng-Zun lo hace?
Sincero, niega con la cabeza. Por un momento, esa mirada llena de juicio desaparece para dar paso a una mueca desolada que lo llena a ambos de tormento.
Sin necesidad emitirlo en voz alta, Meng Yao sabe lo que está pensando.
—No. Pero es la única forma que puedo estar cerca de él.
Cuando Jin Guangyao abre los ojos, hay unas notas de guqin discordantes presentes en el aire.
El sonido es lejano, pero insistente. Jin Guangyao parpadea y ya no está soñando con la guerra o las manos de Nie Mingjue palpando su cuerpo con violencia mientras lo posee con ira, susurrando el nombre de otro, de aquel amor unilateral que los envuelve a ambos en rencor y odio.
Ahora, sus orbes ambarinos se enfocan y pronto se percata que está en sus pabellones privados.
Una nota puntual del guqin resuena, quebranta el silencio con su ensordecedor cántico revelador, manifestando los sentires y exhibiendo los más oscuros secretos guardados. Jin Guangyao abre los ojos y un suspiro emerge de sus labios.
Song of Clarity.
Se incorpora de la cama con rapidez. Sus mechones castaños caen a cada lado de su cuerpo y la túnica se seda revela un torso níveo bien constituido, pero aquella efigie no representa al pecado en sí, sino a aquella que yace frente a él, tocando el instrumento con parsimonia.
Jin Guangyao se encuentra con Lan Xichen, y él lo está observando mientras sus dedos gráciles se posan sobre las cuerdas en un sutil ademán que invita al sosiego, pero Jin Guangyao no encuentra descanso alguno en esa canción, porque esa tonada manifiesta sentires olvidados y ahora comprende, con amargura, por qué estuvo soñando lo que soñó.
Siente que puede echarse a reír sin control.
—Er-Ge…
Lan Xichen esboza una tenue sonrisa que no llega del todo a sus cobrizos.
—A-Yao estuvo murmurando en sueños —dice él en voz baja, Jin Guangyao no desvía la mirada, pero se concentra en el torso desnudo de Lan Xichen y en lo hecho la noche anterior. Aunque no llegaron lejos, Jin Guangyao dio un gran paso en su plan. Lan Xichen deja de tocar y lo contempla con más detenimiento, la sonrisa crece en las comisuras—. Percibí una alteración adversa en tu qi y quise sosegar tus remembranzas. ¿Funcionó?
En el momento que le miente por segunda vez a Lan Xichen, lo hace para asentir una inquiere que no puede emitir en voz alta porque sabe que su modular rehilaría.
La sonrisa de Lan Xichen no desaparece, pero sus pardos se oscurecen.
—Este líder se llena de alivio al saber que pude ayudar de alguna forma.
Luego de decir eso, se incorpora. El guqin lo deja en el mismo lugar donde lo encontró y se comienza a vestir con las túnicas de líder, siempre bajo la mirada vigilante de Jin Guangyao. A pesar de que le gustaría poder hablar, es incapaz de emitir palabra alguna. Cuando Lan Xichen termina de vestirse, se gira para contemplar y retoma la palabra una vez más:
—A-Yao, en mi corazón yace el deseo de permanecer, pero debo marchar a Qinghe.
Jin Guangyao lo sabe, conoce con dolorosa certeza por qué se marcha. Aunque no conoce sus pensamientos, sabe que Lan Xichen debe sentirse perdido y aturdido. Jamás pudo haber imaginado quebrantar una confianza de la forma en cómo lo hizo.
Nie Mingjue es un obstáculo, y Lan Xichen corre a su lado.
Y a pesar de todo eso, no puede evitar sondear—. ¿Aún necesita energía espiritual?
El "tu", quedó acusador en el aire.
Lan Xichen no se gira cuando le responde—. No. Pero aún necesita de mí.
Wei WuXian llega a la entrada de la gruta y por primera vez en mucho tiempo, contempla a Wen Ning. Si pudiera otorgarle una expresión a su semblante impertérrito, diría que está aliviado de verle. Él también lo está. Y, sin embargo, no puede sentir el alivio pugnar.
No cuando Lan WangJi lo deja a manos de Wen Ning.
—¡Quédate! —en su vida, la desesperación nunca se había filtrado con tal fragilidad.
Lan WangJi lo contempla, sus orbes doradas se fijan en su semblante desesperado. Él extiende sus manos y acuna sus mejillas, besando su frente.
—Wei Ying quedará en buenas manos, yo tengo cosas qué hacer.
Aprieta los labios, frunce el ceño y se aleja. Quisiera odiar toda la circunstancia atenuante que los rodea y le impide ser feliz finalmente, pero también comprende a Lan WangJi. Sería egoísta pedirle que lo lleve con él a sabiendas de todo lo que se debe hacer.
Al final, Wei WuXian cabecea en un impetuoso asentimiento. Wen Ning tras él es una presencia reconfortante, pero Lan WangJi observándolo, lo llena de temor por cuestiones ajenas a su endeble razonamiento.
Lan WangJi se acerca una vez más, lo abraza con fuerza, besándolo con pasión desmedida que transmite un amor insuperable. Quién diría que Lan WangJi sería tan absurdamente romántico para transmitir sus sentires. Aun a sabiendas de que su relación no comenzó con buen pie y no yace del todo correctamente cimentada, Wei WuXian quiere agradecerle por tanto…
Ser esa presencia silenciosa, pero tangible en su turbulenta existencia lo llena de sosiego.
—Quédate aquí y espera —ordena, pero una sonrisa fugaz le quita intensidad a la demanda—. Wei Ying ha hecho mucho, ahora es necesario que los demás hagan.
Una vez más, asiente. Lo hace con efusividad intentando transmitirse un vano sentimiento de valentía que ya no puede ser capaz de sentir. Lan WangJi sujeta sus manos, entrelazándolas y cierra los ojos. Wei WuXian sabe lo que busca. Lo consigue casi de inmediato.
—Entrénalo —dice al final, y se aleja, dejándolo en soledad con la entrada de la gruta y Wen Ning esbozándose tras él de forma proterva.
Lo último que Wei WuXian contempla de Lan WangJi es la efigie envuelta en túnicas níveas perdiéndose en la oscuridad de aquel boque circundante.
Desde que comenzó este círculo infernal sin fin con los Ancianos, Lan WangJi ha perdido la noción del tiempo. Aunque es una molestia menor que no se preocupa en cavilar, Lan WangJi ha comenzado a planear sus próximos pasos a seguir.
Pero para ello necesita tener ciertos conocimientos concernientes a cada facción que lidera una sección de la región.
No sabe cuánto tiempo ha estado caminando, viajar sobre Bichen no es una opción en ese momento. Con los Ancianos buscando incansablemente a Wei WuXian debido a su huida, está consciente de que no hay un lugar seguro para ellos.
Lan WangJi no es estúpido, ni se ha dejado cegar por ese extraño e inconmensurable poder que arropa a unos seres de apariencia tan frágil. No es capaz de creer que sólo necesiten el cuerpo de un niño para seguir la línea de sangre. Hay algo mucho más protervo que se cierne en la distancia.
En medio de sus turbulentos pensamientos y las cavilaciones cada vez más oscuras, llenas de sentires amargos, un destello cárdeno reflejado por la luna se deja entrever en la distancia que arropa aquel bosque. A simple vista, es sencillo identificarlo como una persona recostada en el tronco de un viejo árbol.
Lan WangJi se acerca aún más, notando que las túnicas tan características pertenecen a la secta Yunmeng Jiang.
Y que aquel cuerpo tumbado sobre el tronco, pertenece a Jiang Cheng. Lan Wangji lo observa y no se molesta en esconder el desagrado que le genera verlo a pesar de las cordialidades que se llegó a manifestar en su momento.
Orbes claras y ambarinas conectan al instante. El bosque se silencia.
—WangJi —lo llama en un siseo rehilante.
Lan WangJi frunce el ceño ante su modular tan familiar. Pero eso pasa a segundo plano cuando se percata de cómo el cuerpo de Jiang Cheng tiembla con cada respiro. El semblante austero que intenta manifestar pierde intensidad ante el aperlado sudor que cubre su rostro, sus ojos cárdenos no brillan como antes y su torso sube y baja rápidamente. Lan Wangji sigue el oscilante movimiento, notando cómo en la zona derecha de su plexo solar hay un manchón oscuro de sangre seca.
Parece una herida profunda que no fue sanada adecuadamente.
Sin mediar palabras, se inclina, hincándose. Extiende sus manos sujetando a Jiang Cheng, metiendo los brazos bajo su cuerpo, colocando sus manos en la espalda y la articulación de sus muslos. Con un extraño cuidado, lo alza, escuchando al instante un quejido ahogado pugnar de sus labios resecos, pero este sonido fue amortiguado por su pecho. El rostro de Jiang Cheng se hunde ahí y Lan WangJi lo puede sentir inspirar el aroma a sándalo.
El trémulo brazo izquierdo de Jiang Cheng se alza y su mano se afianza a la solapa nívea de su túnica.
—Supongo que prefieres ir a Cloud Recesess —dice en un susurro.
La mano se aprieta, indicándole la afirmación a su pregunta retórica.
Lan WangJi reanuda su marcha, comenzando a caminar en dirección al norte. Sus pies son lentos pero decididos al momento de pisar la tierra húmeda. Lo hace con cuidado y a pesar de que Jiang Cheng pudo haber aflojado el agarre de la mano sobre la tela, Lan WangJi conoció por primera vez en su vida cómo se siente hacerse cargo de una vulnerabilidad desconocida.
Notas: espero que les haya gustado. Esto sigue en edición. si ven actualizaciones repentinas se debe a ello.
