XIII
Hermione se había despertado tan tarde esa mañana, faltando solo veinte minutos para que acabara el desayuno. Entre asearse, vestirse y llegar al Gran Comedor, solo le sobraban ocho minutos para desayunar. No había tenido la mejor de las noches, solo pudo dormir un par de horas porque se pasó la noche pensando en el beso con Malfoy y en la forma en que él la había rechazado. También se pasó pensando en toda la locura que era ser hija de Bellatrix, pero dedicó un tiempo bastante más amplio a pensar en el beso porque era tan solo un poco menos angustiante. Recorrió todos los estados, desde el enojo casi odio más intenso hasta la empatía y finalmente la tristeza y miseria más profundas. Entendía que nada podía suceder entre ellos porque eran primos-hermanos pero aún así a su cerebro le costaba procesar la información luego de tantos años donde no lo había visto como nada más que un slytherin petulante. ¡Oh, también estaba ese pequeño gran tema de que ella misma era una slytherin en realidad!
Se había vestido en tiempo record para ir al comedor tratando de apartar su mente de todo en lo que había estado rondando antes de quedarse dormida, sabía que probablemente tenía una de las peores pintas de los últimos años pero no podía perderse el desayuno porque luego se sentía mal en clases, y mucho menos podía perderse ninguna clase por sentirse mal.
Cuando entró al Gran Comedor, gracias al ejercicio mental de poner su mente en blanco, ni siquiera estaba pensando en Malfoy a pesar de haberle dedicado horas por la noche. Pero al momento de verlo sentado en su lugar de siempre mirándola tan intensamente al entrar, todas las emociones que había experimentado al momento del beso, como una explosión de sensaciones la invadieron y casi se le doblaron las rodillas. Él era tan imponente, tan atractivo, él podía hacer que su suelo y su centro temblaran cuando la miraba.
Todavía podía sentir sus labios sobre los suyos, su lengua enredándose con la de ella, su aliento caliente sobre su boca, sus dedos presionando los suyos, su aroma, su sabor. Podía sentir todo mientras se perdía en sus ojos grises como el mercurio. Todo el Gran Comedor había desaparecido de su alrededor y solo eran ellos dos en una danza antigua y primitiva rondándose, buscándose por instinto, entregándose a la memoria.
Pero entonces él se tocó el cuello e hizo un gesto con el ceño fruncido que la devolvió a la tierra e hizo que su cordura volviera a su lugar. Ella se tocó el cuello repitiendo el movimiento de él y se encontró con el collar de los Black, completamente a la vista de los cientos de ojos curiosos. Como si hubiera salido del fondo del agua, de repente todos los sonidos y las imágenes a su alrededor volvieron y se encontró sentada en su lugar de siempre rodeada de sus «amigos» quienes no dejaban de llamarla por su nombre y chasquear los dedos frente a ella para que saliera del trance en el que se encontraba.
La bilis se le subió a la garganta cuando realmente se percató de que estaba sentada entre quienes eran prácticamente los autores intelectuales de la muerte de sus padres. Respiró profundamente y para evitar hacer una escena donde su magia se descontrolara o implosionara frente a ellos como casi había sucedido el día anterior, decidió ignorar las preguntas sobre su apariencia, su cabello, sus ojos que «amanecieron más negros», y el bendito collar. Se sirvió un plato de cereales, los mojó con leche y al más puro estilo Weasley se llevó varias cucharas a la boca que le impidieron decir una sola palabra.
Aún así las preguntas no cesaron y ella sabía que su comportamiento era por demás extraño, pero no le importaba, no se encontraba en condiciones de mantener una conversación con ellos aún. Y como si fuera bendecida por Merlín, una mujer del Ministerio a juzgar por su forma de vestir ingresó al Comedor y se dirigió a la mesa de profesores. Cuando McGonagall la llamó para que la acompañara junto a quien se presentó como la señora Hamilton del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, ella realmente pensó ingenuamente que se libró momentáneamente de los problemas.
Pero cuando Malfoy la encerró junto con la supuesta señora Hamilton en el aula de Historia de la Magia, supo que los problemas solo acababan de comenzar. La mujer la había llamado por su nombre en dos ocasiones y parecía haberse quedado en shock y no podía dejar de mirarla. Debía admitir que estaba un poco asustada.
Cuando el rubio habló sus sentidos se pusieron más alerta aún y si ella fuera un gato probablemente estaría bufando con las orejas aplastadas contra su cráneo.
"Creo que deberías quitarte el hechizo para que ella entienda. Estás realmente loca para arriesgarte a venir así".
¿Que qué?
"¿De qué estás hablando Malfoy?" Preguntó Hermione con la voz una octava más elevada.
"Deja que me presente, querida" Murmuró la mujer del Ministerio despertando al fin del trance en el que se había metido desde que la vió en el pasillo.
Se tocó la cabeza con la punta de su varita y el hechizo que tenía encima fue desvaneciéndose. Desde los pies que fueron cubriéndose por botas negras de tacón de aguja, las piernas cubiertas por una falda negra que tenía encaje en las caderas, un ajustado corset de cuero y los brazos con guantes negros y cintas entrelazadas que llegaban hasta los hombros. El afable rostro de la mujer se transformó completamente, la nariz ancha y larga fue reemplazada por una fina y estética que se acomodaba perfectamente en un rostro geométrico con labios rojos y gruesos; y unos ojos tan negros como la noche delineados perfectamente bajo las cejas finas y redondeadas. Finalmente el cabello lacio y sin vida se transformó en una cabellera salvaje de rizos que caían descontrolados sobre el rostro de su dueña.
Hermione jadeó cuando la reconoció.
"Soy Bellatrix Black, y soy tu madre".
Siete palabras que se sintieron como siete puñaladas en medio del pecho. La chica quería salir de allí corriendo, quería escapar, quería desaparecer. Eso no podía estar sucediendo. No podía estar frente a ella, no frente a esa asesina que no podía compartir sangre con ella. Era imposible, era impensando, era una aberración.
Obligó a sus piernas a retroceder mientras no despegaba sus ojos de los pozos profundos que eran los ojos de la mortífaga. Después de un par de pasos chocó contra un muro y cuando miró por medio segundo de qué se trataba se encontró con la mirada gris acero del rubio y se sintió acorralada, él la había detenido de llegar hasta la puerta y ahora estaba sola en medio de dos mortífagos que decían ser su familia y tal vez todo se trataba de un maldito juego mental para asesinarla tal como hicieron con sus padres.
"Te busqué por tanto tiempo" Murmuró la bruja frente a ella.
La chica cerró los ojos con fuerza. No, la estaban engañando, aquello no podía ser real, estaba siendo parte de un plan macabro para hacerla caer.
"Pensé que jamás podría conocerte" Susurró nuevamente la mujer con la voz entrecortada y eso hizo que Hermione abriera los ojos para observarla. "Todos estos años pensé que..."
Bellatrix sollozó y se tapó la cara con las manos, sus hombros se agitaban con el llanto. La gryffindor tragó grueso. Ella podía estar fingiendo. ¿No? Pero una voz que sonaba bastante parecida a la voz de su propia madre muggle le decía en el fondo de su mente que tal vez sí estaba pasando y no todo era tan improbable. Se obligó a analizar fríamente a Bellatrix tal como Jane -su madre- la obligaba a hacer en los momentos críticos.
Ella era una mortífaga. Una asesina cruel y despiadada. Eran cientos las historias que rondaban sobre ella y Hermione había escuchado muchas de boca de los Weasley. Decían que no tenía corazón, era práctica y rápida, le gustaba torturar a sus víctimas hasta la locura y no le temblaba la mano para usar la maldición asesina. Si lo que quería era matarla, no estaría montando todo este número con ella ni hubiera metido a Malfoy para que le hiciera la cama. Hubiera sido más fácil silenciar la habitación y comenzar a torturarla desde el momento en que puso un pie en el aula, era obvio que ella jamás podría contra una duelista como Bellatrix Lestrange, mano derecha de Voldemort. Además ella ya había dejado en claro que quería verla, y si quería hacerle daño no anunciaría con premeditación que estaría allí, por más inesperada que fuera su visita.
Hermione respiró profundamente. Suponiendo que ella fuera realmente su madre como estaba obligándose a pensar -y como todo indicaba-, ¿Por qué estaba allí ahora después de tantos años? ¿Qué había pasado con ella?
"¿Por qué?" Susurró Hermione haciendo que Bellatrix la mirara con sus grandes ojos negros. Una pregunta que englobaba todo lo que quería saber.
La bruja se acercó un paso y la gryffindor tuvo la necesidad de alejarse de ella pero el pecho fuerte de Draco se lo impedía.
"Estabas en peligro" Dijo la bruja en voz baja mientras las lágrimas caían libres por su mejilla. "Yo no podía dejar que te dañaran".
"¿Me abandonaste?" Preguntó Hermione reconociendo el sentimiento que la había perseguido por años desde que era una niña, el miedo de que Jane y Adrian no estuvieran en casa cada vez que ella despertara o que los perdiera para siempre en el centro comercial o incluso estando en Hogwarts el miedo irracional de que no la quisieran cuando volviera en Navidad y se hubieran ido dejándola a su suerte por ser una bruja. ¿Era aquel miedo inconsciente el reflejo del abandono de su madre biológica?
"¡No!" Exclamó la mujer acercándose un paso más. "No, yo no te abandoné. Yo te entregué a..."
"¿A mis padres muggles?" Preguntó ella cuando la bruja dudó, imaginándose a Bellatrix en sus mejores atuendos de mortífaga dejándola a su suerte en una canasta de mimbre frente a la puerta de los primeros muggles que había encontrado en el camino.
"A Albus Dumbledore" Susurró Bellatrix como si se tratara de un gran secreto.
Tanto Hermione como Malfoy jadearon. ¡Dumbledore! Más improbable aún que Bellatrix frente a la puerta de unos muggles era la bruja frente al anciano entregándole a su hija.
"¿Por qué hiciste eso?" Preguntó el rubio tras ella en un tono que daba a entender que su tía había cometido la peor de las locuras.
"No tenía a nadie más" Susurró Bellatrix con la mirada perdida en un punto fijo tras ellos, como si estuviera recordando los momentos que había vivido. "Él volvería pronto de Albania, querría ver a su hijo varón y yo no podía darle a mi bebé, a mi niña, yo no podía dejar que él la matara".
Sus últimas palabras fueron acompañadas de otro sollozo y Hermione sintió pena por ella por primera vez. Quizás la bruja solo estaba protegiendo a su familia de un asesino, por más raro que eso sonara cuando ella misma era una. Pero hasta los malos se aman entre sí, recitaba un proverbio cristiano. ¿Por qué no podía Bellatrix querer proteger a su hija?
"¿Quién era él?" Preguntó Hermione.
Los ojos de la bruja volvieron a posarse en ella y la morena pudo ver el temor recorrer la mirada de la mujer.
"El Señor Tenebroso". Susurró Bellatrix casi inaudiblemente, pero lo suficiente para que ambos chicos pudieran entenderla.
A Hermione se le heló la sangre. ¿Qué acababa de decir?
"El se-señor Tenebroso" Repitió la chica con la voz temblorosa. "¿Soy hija del señor Tenebroso?".
La bruja cerró los ojos con fuerza y Hermione pensó que lo que estaba a punto de decir sería una gran bomba. Pero atrás suyo Malfoy gimió de dolor y ella se giró a ver. El chico se sostenía el brazo izquierdo con fuerza y estaba un poco agachado presa del dolor.
"¿Malfoy?" Preguntó. Se enderezó a ver a Bellatrix quien tenía la cara deformada en una mueca pero no tan evidente como la del rubio.
"Nos está llamando" Murmuró la mujer con una mirada de disculpa que Hermione jamás creyó que fuera posible en el rostro de la mortífaga.
La bruja cerró la distancia que las separaba y la rodeó con ambos brazos sin que ella pudiera hacer nada para evitarlo. La estrechó fuertemente entre sus brazos y la chica sintió los sollozos que una vez más se escaparon de la mujer. Hermione inspiró profundamente en medio del abrazo y el aroma a vainilla y jazmín de la bruja le llenó los pulmones, lo cual se sintió extrañamente bien.
Cuando se separó la tomó de los hombros y la miró a los ojos. Hermione se sintió cohibida ante la inspección. Bellatrix recorrió con la mirada cada centímetro de su rostro y sonrió con todos los dientes y los ojos aguados, satisfecha con lo que veía. La castaña se encontró con el rostro de una mujer joven que había sido golpeada por la vida y bajo la capa de maquillaje corrido por las lágrimas estaba... Hermione no sabía qué se escondía bajo eso. Pero esperaba que hubiera algo más que una asesina sádica. Por ahora tenía a una madre que estaba contenta con haber encontrado a su hija y al menos eso la aliviaba una décima parte.
"El libro de los Black" Le dijo la bruja. "Escríbeme allí y te contestaré enseguida, tengo el libro gemelo y funciona como mensajero. Encontrarás las indicaciones cuando uses una gota de sangre en la primera página".
Hermione asintió sin saber qué más decir, tampoco intentó apartarse cuando los labios de Bellatrix le besaron la frente y la bruja se quedó unos segundos así.
Se apartó de ella y se tocó nuevamente la cabeza con la punta de la varita para volver a convertirse en la aburrida empleada del Ministerio. Hermione se tomó un segundo para admirar la complejidad del hechizo y tuvo que reconocer que Bellatrix era realmente poderosa para poder ejercer magia tan avanzada y con tantos detalles. Quizás la bruja pudo ver la admiración en los ojos de su hija por lo que sonrió y los ojos le brillaron emocionados antes de que el hechizo terminara de transformarle el rostro.
"Resiste" Le dijo a Malfoy antes de salir por la puerta y volver a cerrarla.
Hermione soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo y con eso le sobrevino el sentimiento de llanto que tampoco sabía que tenía atorado en la garganta. Se sentó lentamente en el piso y se derrumbó sin llorar, sin importarle una vez más decaerse frente a Malfoy quien también estaba sentado en el suelo sosteniéndose con fuerza el brazo.
La bruja inhaló profundamente tratando de detener las pequeñas convulsiones que le causaba el pequeño ataque de pánico que tenía pero solamente logró que una nueva ola de emociones la embargara y más temblores se apoderaran de ella. Aquella había sido la peor semana de su vida, había perdido a sus padres y conseguido a una madre que ni siquiera sabía que tenía. Había descubierto ser hija de la mayor asesina del mundo mágico, prófuga de la justicia, mortífago, mano derecha del mago tenebroso más oscuro de los últimos tiempos... ¿Que era su padre? No había entendido bien qué había querido decir ella cuando dijo «querría ver a su hijo varón» y «el señor tenebroso». ¿Tenían alguna relación? ¿Era hija de Voldemort quien la habría matado solo por ser mujer? ¿O ella estaba anticipando que el Señor Tenebroso llamaba a sus mortífagos por la marca?
Sintió a Malfoy acercarse a ella y se dejó envolver una vez más por sus brazos fuertes. Recostó la espalda contra su pecho permitiendo que el pánico cesara lentamente mientras cerraba los ojos inhalando el aroma de Malfoy que la relajaba y revolucionaba su sistema nervioso al mismo tiempo por más imposible que pareciera que sucediese a la vez. Cuando por fin se tranquilizó se centró en el chico en su espalda pegado a ella y notó lo tenso que estaba.
"¿Te sientes bien?" Preguntó ella en voz baja. Él solamente realizó un sonido que no sabría decirse si era afirmativo o no. "¿Es la marca?".
"Sí" Susurró él esta vez.
Hermione lo tomó del brazo izquierdo y lo extendió para tenerlo a la vista. Le desabrochó lentamente los gemelos de la camisa pensando en cuan delicado era Malfoy usando joyas de plata en el uniforme cuando la gran mayoría del plantel masculino de Hogwarts apenas recordaba cepillarse los dientes. Dobló la manga suavemente dejando ver de a poco el tatuaje que se movía amenazante en la piel lechosa del muchacho. Delineó con la punta del dedo alrededor de la marca sin llegar a tocarla, el movimiento de la serpiente entrando y saliendo de la boca de la calavera era hipnótico.
"¿Duele mucho?" Preguntó ella.
"Sí".
"¿Cómo funciona?".
Él suspiró. "El llamado es como un traslador. Si envío un poco de mi magia a la marca automáticamente me llevará a donde él quiere que vaya".
"¿Qué pasa cuando no acudes?". Preguntó ella.
"El dolor persiste por un rato como un castigo y finalmente se calma luego". El chico volvió a tensarse cuando la serpiente se movió más rápido y el tatuaje se puso más negro aún. "Vuelve a llamar" Murmuró.
Hermione entrelazó sus dedos con los suyos. No supo bien por qué, solo quería aliviarlo un poco del dolor. Apenas sus dedos se juntaron, la magia corrió por sus venas incluyendo al dolor que le atravesó el brazo izquierdo como si la quemara.
"No" Murmuró Malfoy queriendo alejarse. "Te harás daño".
"No importa" Contestó la chica sosteniéndolo más fuerte e impidiendo que se soltara. Resistió estoicamente los minutos donde podía sentir con claridad como la magia oscura ingresaba a sus venas recorriendo todos los recovecos de su magia y quemandola. Malfoy se relajó un poco más y ella se sintió mejor, si él se sentía más aliviado entonces valía la pena el sacrificio. Por más que quería prestar atención a la cercanía del slytherin, no podía concentrarse en otra cosa que no fuera la sensación de lava corriendo por su sangre.
Luego de unos largos quince minutos en silencio, el dolor finalmente terminó. No soltó inmediatamente al rubio sino que se quedó en la misma posición innecesariamente. Las palabras del chico retumbaron en su mente. «Familia». Y por Merlín que lo eran pero aún así...
Sintió como el mago se acercaba un poco más y su respiración estaba en su cuello. Se le erizó la piel ante la sensación. Estiró el cuello con la esperanza de que él depositara un beso allí y por un momento pensó que era una tonta cuando nada sucedió, pero entonces los labios del chico le rozaron la piel y ella se pegó a su pecho en busca de más contacto.
"Malfoy" Suspiró ella cuando él la besó.
Todo su interior ardía de una forma muy diferente a como estaba ardiendo minutos atrás. El fuego abrasador que esta vez le recorría las venas respondía a otro nombre.
"Sabes que no podemos" Le susurró él depositando otro beso en su cuello. Ella se mordió el labio.
Unos pasos en el pasillo y murmullos de voces conocidas los sacaron de su burbuja y ambos se pusieron de pie cuando el sonido se hacía más claro.
"Todo es demasiado sospechoso" Escucharon que decía Ron. "Primero ella aparece con esa joya de Slytherin".
"No sabes si es de Slytherin" Le contestó Harry.
"¿No sabes si es de Slytherin? Por favor, compañero. ¿Viste la serpiente con ojos de esmeraldas? Eso grita Slytherin por cada maldito centímetro".
El rubio la tomó de la mano y la estiró hasta el escritorio frente al pizarrón. El mueble tenía un hueco hacia la parte de adelante donde cabían ambos perfectamente si ella se sentaba en las piernas de él. Ambos se agacharon y se acomodaron bajo el mueble. La puerta se abrió y las voces de los dos gryffindor se escucharon con más fuerza.
Hermione miró a Malfoy en la oscuridad con los ojos muy abiertos y el chico se llevó un dedo a los labios indicando silencio. ¡Estaban a nada de ser descubiertos!
"Es obvio que él le dió esa cosa" Insistió el pelirrojo que parecía estar hablando con la boca llena. Típico de Ron.
"¿Pero por qué haría eso?". Decía Harry. La puerta se cerró y Hermione esperó que las voces se alejaran pero se oyeron aún mejor, lo que indicaba que estaban usando el aula como punto de encuentro. "¿Crees que trata de cortejarla?".
"¿Malfoy? Pfff" Contestó Ron. El escritorio donde estaban escondidos crujió y Hermione jadeó suavemente. Sintieron perfectamente cómo el chico se sentaba sobre el mueble y sus pies pateaban la madera que los cubría de ser vistos. "Él jamás se fijaría en alguien como Hermione. Y ella no puede ser tan tonta de creer que puede apuntar tan alto".
La chica sintió la sangre hirviendo en sus venas. ¡Argh! A ojos de Harry y Ron ella nunca podría conseguir que nadie se fijara en ella, era demasiado poca cosa siempre, todo el mundo que tuviera algún interés en ella en realidad era falso y lo que buscaban era llegar al gran Harry Potter.
"¿Pero crees que tal vez la esté engañando para acercarse a mí?". Preguntó Harry.
Hermione sacudió la cabeza. Justo en el ojo. Malfoy quien tenía una mano rodeándole la cintura y la otra sobre sus muslos, presionó la piel expuesta justo sobre sus rodillas donde la falda se le levantaba por la posición en la que estaba.
"No creo que McGonagall permita que..."
Pero ella ya no pudo seguir prestando atención a la cantaleta de Ron porque todos sus sentidos de repente estaban puestos en la mano de Malfoy sobre su carne, presionando suavemente en una manera de consuelo, pero ella no podía dejar de pensar en que no era un toque inocente. ¡No quería que lo fuera! Se removió un poco con toda la intención de que la falda se le subiera más.
Casi como si hubiera leído sus pensamientos, la mirada encendida de Malfoy se cruzó con la suya y la mano inocente abarcó más piel moviéndose lentamente hacia arriba, llegando más lejos.
Hermione notó lo mucho que brillaban los ojos de él en la oscuridad que les brindaba el mueble en forma de cajón en el que estaban ocultos. Se atrevió a estirar el brazo y meter la mano entre el pelo de él, quien la miró con fiereza, con hambre en los ojos, como si quisiera comérsela allí mismo con sus ex-amigos en la misma habitación.
Escuchó a sus amigos moverse alrededor de la habitación mientras se perdía en los ojos del chico quien estaba cada vez más cerca de sus labios. Por el rabillo del ojo vió una sombra cubriendo el escritorio.
Entonces la voz de Harry retumbó en toda la habitación.
"¿Qué rayos?!".
Hola! Cómo están? Estoy preocupada porque nunca tuve un fic con tan baja repercusión. No sé si a los lectores silenciosos les está gustando pero estoy confundida. No sé si vale la pena seguir subiéndolo o no es lo que esperaban de mí. Me gustaría que me dijeran en comentarios si les gusta como está yendo la historia o mejor dejo de escribirla porque también lleva tiempo y esfuerzo. Gracias!
Anna.
