Agape to Philia

By Tsuki No Hana

XV

"Welcome to the madness"

No volvió a ver a su "querido" compañero de clases. Nunca supo lo que Otabek hizo para que Vladik no se le volviera a acercar, pero estaba tranquilo al saber que se había cambiado de universidad. Su lesión en el tobillo mejoró rápido y pudo volver a su vida normal.

El rubio se volvió mucho más apegado a Viktor y a Yuuri ahora que éste vivía en la misma ciudad, tanto así que iba a visitarlos en la más mínima oportunidad. Buscaba cualquier pretexto para llegar a su departamento y pasar un rato agradable con ambos. A veces iba sólo para cocinarles algo nuevo que aprendió en su escuela, en ocasiones sólo iba a cenar con ellos o los motivaba a que salieran los tres a pasear.

Su relación se fue haciendo cada vez más estrecha, al grado de que había días en los que se les hacía tan tarde conversando o jugando videojuegos (Que Yurio llevaba) que los mayores sugerían que se quedara a dormir esa noche con ellos. Y así era, se quedaba en uno de los cuartos disponibles.

Los tres entrenaban juntos y se llevaban mejor que nunca, Yurio seguía mostrando su preferencia hacia el japonés, aunque muy en el fondo los quería a ambos por igual, pero le encantaba molestar a Viktor en cada oportunidad que se le presentaba.

En el GPF del 2019 Yurio viajó con Viktor y Yuuri rumbo a Detroit. La prensa se emocionó mucho al verlos llegar juntos, y entre todo ese tumulto de gente, había un apuesto kazajo esperando por su hada rusa. Desde que pusieron un pie en Detroit, Viktor y Yuuri dejaron de ver al rubio en sus tiempos libres, pues aprovechó al máximo el tiempo con su novio.

Algo similar ocurrió en Barcelona, donde tanto Yurio como Otabek fueron cómplices en el plan de Yuuri para pedirle matrimonio a Viktor. Durante ese tiempo los dos estuvieron durmiendo en la misma habitación de hotel, conteniendo sus ganas de tener relaciones porque debían ser patinadores responsables, aunque eso no los limitó a hacer otras cosas igual de recreativas entre las penumbras de su habitación.

Cuando apenas tuvieron la oportunidad de hacer el amor nuevamente, la aprovecharon al máximo.

A penas entraron a la habitación de hotel, el joven kazajo estampó a su novio contra la puerta y pegó su cuerpo al de él, invadiendo por completo su espacio personal.

El rubio lo miró, ansioso y con sus rodillas temblando de sólo imaginar lo que se venía a continuación. Otabek le dirigió una mirada cargada de deseo antes de atrapar los labios temblorosos de su novio entre los suyos, con desesperación, mordiéndolos levemente para que Yurio los abriera. Se apoderó de su boca, imponiendo un ardiente y fogoso ritmo, como si quisiera succionar su alma a través de ese entrañable beso.

Yurio respondía gustoso, descansó sus manos en la nuca de su amado, acariciando el muy corto cabello y entregándose a él sin importarle quedarse sin aire. Sólo quería que él siguiera arrancándole gemidos que morían ahogados en la garganta del otro.

—Otabek... —gimió al sentir sus grandes manos colándose por debajo de su playera, acariciando su estrecha cintura y su espalda. Sus manos eran calientes, sentía que dejaban fuego a su paso. Las amaba tanto, eran grandes y pesadas, suaves y cariñosas.

—Así está mejor —murmuró el mayor, tirando suavemente de la liga que sujetaba el cabello rubio en una coleta. De inmediato las hebras doradas cayeron como cascada por los hombros, dándole un aspecto angelical, algo que meramente se quedaba sólo en la apariencia, pues en la cama... no era nada angelical—. Amo tu cabello —tomó un mechón y lo llevó a su nariz. Amaba ese olor.

—Estás loco —se sonrojó.

Le encantaba que le dijera ese tipo de cosas. Sólo por él se había dejado crecer tanto el cabello. Y sólo cuando estaba con él se lo soltaba. Sabía cómo Otabek amaba acariciarlo con cariño cuando estaban acurrucados uno sobre otro, también sabía que le encantaba jalarlo cuando estaban en el momento culminante mientras hacían el amor, y estaba seguro de que le enloquecían las cosquillas que le hacían las puntas cuando estaban los dos desnudos, piel con piel.

—Tú me enloqueces —lo cargó como si de una pluma se tratara y lo llevó con prisa a la cama.

El rubio rio cuando rebotó de espaldas contra el colchón. Estiró sus brazos hacia él, y con una sonrisita coqueta lo incitó.

—Ven. Desnúdame tú.

El kazajo alzó una ceja y arrastró una media sonrisa llena de picardía.

No esperó ni un segundo más antes de echarse sobre él y arrancarle la ropa. No necesitaban ser más estimulados, sus miembros estaban por completo erectos y sus ganas de tener sexo eran inmensas. Había pasado algún tiempo desde la última vez que pudieron hacerlo, y no iban a perder la oportunidad.

Otabek se acostó sobre él y lo colmó de besos y caricias, mientras lo hacía, movía sus caderas de atrás hacia delante, frotándose sin pudor alguno contra su entrepierna. Eso volvía loco a Yuri, quien gemía sin importarle que se escuchara en todo el hotel.

—¿Qué haces? —jadeó el menor cuando los besos de Otabek bajaron por todo su torso hasta llegar a su vientre, sintió muchas cosquillas cuando respiró en su ombligo antes de bajar hasta su miembro—. Oh… Beka ¡Oh!

El kazajo se llevó el miembro de Yuri a su boca, lamió y succionó sólo el glande durante unos momentos hasta que su novio movía sus caderas en busca de más. Quería, pero no se atrevía a poner las manos en la cabeza de Otabek para ayudarlo a alcanzar el ritmo que él quería.

Y como si le leyera la mente, tomó sus pálidas manos y se las puso en la cabeza, indicándole que le podía hacer lo que quisiera.

—¿Estás seguro, Beka?

El aludido esbozó una sonrisa de lado, completamente sexy.

Entonces Yuri posó sus manos en la cabeza de Otabek, éste volvió a engullir su miembro y el pobre ruso se retorció de placer al sentirse dentro de esa cavidad húmeda y caliente. Marcó el ritmo con sus manos, estaba tan perdido en el placer que la lengua y boca de su amado le proporcionaba, que sin darse cuenta empujó la cabeza de su amado bastante fuerte hacia su miembro, fue tan profundo que logró sentir la garganta de Otabek.

—¡Demonios! ¡Lo siento!

Otabek se alejó un poco y tosió unas cuantas veces, le había faltado el aire, después de todo no era un experto en esas cosas.

—¿Estás bien? —lo tomó de las mejillas, preocupado al ver su rostro tan rojo, no sabía si era de vergüenza o por casi ser asfixiado. Quizás ambos.

—Estoy bien —sonrió de lado antes de reír un poco y empujar a su novio de nuevo sobre las sábanas para regresar a su trabajo. Esta vez el rubio lo dejó hacerlo como quisiera.

Introdujo una vez más el miembro de Yuri en su boca, lo metió casi por completo y usó un poco sus filosos dientes.

—¡Otabek! —soltó un gritillo al sentir la presión de sus colmillos. ¿Se estaba vengando? Notó el brillo malvado en sus ojos y su sonrisita ¡Sí se estaba vengando!

Sacó el miembro de su boca, lo tomó con una mano y succionó con fuerza sólo la mitad, dejándolo más húmedo y caliente todavía. Se despegó de él sólo para lamer ese caminito delgado de vellos rubios apenas visibles hasta llegar a su ombligo. Notó cómo la piel de Yuri se erizó. Volvió la atención a su pene y también a sus testículos. Sintió cómo el rubio intentó cerrar las piernas ante ese nuevo estímulo, pero no se lo permitió, las volvió a abrir de par en par, besando la cara interna de sus muslos y acariciando todo lo que podía con sus manos.

¿En qué momento se había vuelto tan bueno haciendo orales?

Se detuvo unos segundos sólo para acariciar toda la longitud del miembro con su dedo índice. Una sonrisa malvada adornaba sus labios, Yurio se sintió venir con sólo ver esa expresión tan sensual en él.

Otabek delineó con el índice desde la base hasta la punta, y cuando lo soltó vio cómo éste se alzaba de nuevo hasta chocar con el vientre de su novio. Repitió la acción varias veces hasta que su amado se quejó.

—Beka, ¡Ya! —se cubrió el rostro con ambas manos, pero es que el kazajo estaba fascinado con la fuerza de su miembro para estar erecto, completamente pegado a su vientre.

—No te enojes —lo hizo una última vez antes de echarse sus piernas a los hombros y devorar una vez más su miembro, pero esta vez tenía otro plan además de eso. Dejó de lado su miembro y descendió lentamente por sus testículos hasta llegar a su entrada. Yurio se arqueó de placer al sentir por primera vez eso.

—¡Otabek! —exclamó, completamente abochornado, tenía su lengua en su… su…

—¿No te gusta? —se separó de inmediato.

—S-sí, pero… ¿No te molesta?

—No contigo —esbozó una sonrisa de lado tremendamente sexy.

—Oh Dios —se volvió a echar hacia atrás y dejó que su amado hiciera lo que quisiera.

Otabek usó hábilmente su lengua, dilatando incluso con ella ese lugar.

—Oh Beka —gimió sin pudor, arqueando su espalda y corriéndose con violencia cuando sintió que al mismo tiempo lo masturbaba.

El kazajo nunca esperó que su amado se corriera sólo con eso, al parecer era demasiado sensible en esa área también.

—Lo siento, no pude evitarlo —murmuró sin energías, completamente tirado en la cama, con brazos y piernas abiertos.

—Aún no terminamos —se puso de pie, fue ahí cuando Yurio pudo verlo, el pene de Otabek estaba completamente erecto, palpitante y deseoso de comenzar la acción.

El rubio esbozó media sonrisa llena de picardía.

Otabek lo tomó de las caderas y lo hizo girarse hasta quedar en cuatro, abrió sus nalgas y llevó de nuevo su lengua a esa entrada rosada y pequeña. Yuri se derritió sobre sí mismo, no tardó mucho en volver a tener una erección a tope. El kazajo se entretuvo ahí unos momentos más antes de soltarle una nalgada nada delicada.

—¡Beka! —se sorprendió.

—Lo siento —se apenó un poco, pero es que se moría por hacer eso.

—Hazlo de nuevo… —jadeó.

El aludido sonrió de lado y lo hizo una vez más, el trasero del rubio quedó completamente rojo. Otabek una vez más tomó sus nalgas y las abrió lo suficiente para tener una buena vista. Lo humedeció con suficiente lubricante y comenzó a prepararlo con uno de sus dedos.

—¡Ah!

—Eres tan estrecho como la primera vez.

—Idiota, no digas esas cos…¡Ah! —un segundo dedo acompañó al primero. Cuando pudo introducir tres dedos sin problemas, fue cuando decidió dejarlos de lado e ir a lo serio.

Decidió no ponerse condón, en su lugar, llenó su miembro de lubricante antes de dirigir la punta al trasero de su novio. Cuando éste lo sintió frotarse contra sus nalgas, se retorció, deseoso de que continuara. Pero en su lugar, Otabek se entretuvo masturbándose deslizando su miembro entre sus nalgas. Yuri podía ser delgado, pero tenía unos glúteos…. Que lo hacían perder el piso.

—Otabek, hazlo ya, no juegues —meneó sus caderas, tentándolo.

—¿Lo quieres ya?

—No me hagas suplicarlo.

Iba a jugar un poco más con su novio, pero ni él mismo se aguantaba las ganas, golpeó suavemente su trasero con su miembro duro, lo deslizó un par de veces más entre sus nalgas y cuando menos se lo esperó, lo introdujo un poco, abriéndose paso lentamente en ese cálido y húmedo orificio.

Yuri gimió y sollozó un poco.

—Ve lento, por favor —pensó que no dolería tanto, pero igualmente terminó mordiendo la almohada.

—Relájate —se inclinó sobre él, profundizó la penetración y lamió su oreja. Una explosión de sensaciones invadieron al rubio cuando además comenzó a embestirlo profundamente. Sus gemidos no se hicieron esperar, aunque mordiera la almohada, se escuchaba en toda la habitación y seguramente hasta el pasillo.

Otabek no aguantó más sus ganas, lo penetró por completo. Las piernas de Yuri no soportaron tanto, se volvieron gelatina y terminó acostado bocabajo en la cama, pero aun así Otabek no se detuvo y siguió bombeando con fuerza.

Sonidos lascivos inundaban el cuarto, el sonido de sus pieles chocando y el del lubricante eran tremendamente eróticos para ambos, sin contar los jadeos y gemidos del menor.

Las caderas de Otabek ondulaban hacia atrás y hacia adelante, si Yuri pudiera verlo, se correría de sólo apreciar la sensualidad en sus movimientos. Y su trasero… el trasero fuerte de Otabek era un placer visual increíble, sus glúteos se marcaban con cada embestida.

Comenzó a sacar y meter por completo su miembro, logrando una penetración más ruda y profunda.

—¡Oh Dios! ¡Otabek! —gritó cuando volvió a abofetearle una nalga.

El kazajo juntó todo el cabello largo de su novio y lo estiró un poco, sosteniéndose de ahí para no perder el equilibrio.

—Beka… oh Beka… se siente jodidamente bien.

Bombeó con más intensidad antes de salirse por completo de él y cambiar la posición en la cama. Se recostaron en posición de cucharas, Otabek lo penetró sin piedad desde atrás y continuó con su rítmico vaivén que hacía desfallecer al rubio. Quería llegar más y más profundo. Levantó una de sus piernas y la pasó por encima de su novio, profundizando la unión y haciendo que el pobre de Yuri se retorciera de placer, acostado, con sus piernas cerradas y siendo rodeado por los brazos y una pierna de su novio mientras le besaba y mordía el cuello.

Yuri se llevó ambas manos a su miembro, masturbándose torpemente, pues su cabeza no lograba pensar coherentemente con semejante hombre haciéndole aquello. Estiró su mano hacia atrás y a como pudo, soltó una fuerte nalgada en el trasero de Otabek. Éste le gruñó como respuesta, no se había esperado aquello, pero le había gustado.

—¿Te gusta jugar rudo? —murmuró entre dientes, en su oído antes de morderlo y sacarle un profundo gemido.

—Sí, me gusta.

Sin previo aviso, se giró bocarriba en la cama, trayéndose consigo a Yuri hasta sentarlo sobre su entrepierna. El plan inicial fue que lo cabalgara, pero Otabek no aguantó las ganas y terminó embistiéndolo, tomándolo de la cintura con tanta fuerza que le dejó las manos marcadas también en las caderas. El miembro de Yuri golpeaba su vientre y el de su novio con cada embestida.

No tardó mucho en correrse, manchando todo el vientre del kazajo, quien sintió cómo su amado contraía su entrada, orillándolo al clímax también. Mientras se corría dentro de él, le asestó una nalgada más.

—¡Beka! —se quejó—. Esa si me dolió —aceptó entre risitas.

—Lo siento —se contagió la risa sólo un segundo antes de volver a embestirlo, ahora más suavemente.

—Otabek… ah demonios, eso se siente bien —jadeó. El mayor salió de él y lo abrazó con fuerza desde atrás. Yurio se giró dentro del abrazo hasta tenerlo de frente, entonces bajó sus manos y comenzó a masturbar a su novio.

—Yura… no, ¿qué haces? —se estremeció.

—La venganza es dulce.

—¡No! —se removió en su sitio, riendo y retorciéndose en una especie de dolor/placer al ser sobre-estimulado.

Se revolcó en la cama con Yurio entre sus brazos, lo apretó fuerte contra su cuerpo y evitó que hiciera cualquier otra locura.

—Basta —jadeó, exaltado y muy cansado. Sólo quería tumbarse sobre su novio y que éste le acariciara el cabello hasta quedarse dormido.

—Tómalo como venganza por las nalgadas.

—Pero me pediste más.

—¡La última me dolió! Me arde el trasero.

—Está bien, es justo entonces —lo abrazó con más cariño, haciéndole mimos y tratando de calmar su actitud arisca. Lo logró enseguida. La verdad no tenía ganas de pelear, y Yuri también estaba muy cansado.

—Ven —Yurio palmeó su pecho. Sabía cuánto amaba Otabek recostarse sobre su pecho para ser acariciado y mimado por él. En ese aspecto parecía más un felino el kazajo que Yurio, el amante de los gatos.

—Gracias —suspiró aliviado cuando recostó su cuerpo desnudo sobre el de su pareja, sintiendo sus caricias en la cabeza, nuca y espalda, y escuchando los latidos fuertes y pausados de su corazón. No había mejor lugar que ese para Otabek.

—Hoy estuvo algo intenso —admitió Yuri.

—Lo sé.

—Me encantó. Te extrañé tanto.

—Yo también —suspiró, tomó una mano de Yuri y entrelazó sus dedos con los de él, en modo muy cariñoso.

—¿Cuándo nos volveremos a ver? —preguntó con un tono de tristeza.

—En la competencia de Francia.

Yurio lo abrazó con piernas y brazos.

—Quédate conmigo.

—Es lo que más quisiera —besó sus labios profundamente.

Esa noche casi no durmieron, pero contrario a lo que cualquiera pensaría, no volvieron a hacer el amor. Se la pasaron haciéndose cariños, dándose besitos y charlando de todo aquello que no habían podido hablar por llamadas.

—Beka, necesito tu ayuda para mi programa en la exhibición de gala.

—¿Tan seguro estás de ganar? —alzó una ceja.

—Lo estoy —lo miró con media sonrisa sensual.

Sí, claro que estaba seguro de que ganaría algún lugar en el podio, y la verdad era que Otabek también lo estaba.

—¿Cómo quieres que te ayude?

—Eres el mejor D.J.

El ego del kazajo aumentó un poco más.

—Ayúdame a elegir una buena canción para hacer una presentación inolvidable —se giró en la cama hasta quedar sobre su novio, intercambiando lugares.

—Haré algo mejor —sonrió y le acomodó un largo mechón dorado tras la oreja—. Te haré una mezcla perfecta con una buena canción.

—Lo dejo en tus manos. Pero eso sí, no quiero nada de "Agape" o música clásica, quiero algo… —fue interrumpido.

—Tan atrevido como lo que hicimos esta noche.

Los ojos verdes brillaron con emoción casi ideando la coreografía en su mente.

—¡Sí! ¡Justo como eso!

Otabek soltó una risita.

—No te decepcionaré.

—Te amo —lo tomó de ambas mejillas y lo besó profundamente. Sus largos cabellos le hacían cosquillas al kazajo.

—Te amo —sonrió después del beso. El rubio se recostó sobre el pecho fuerte de su amado, Otabek comenzó a jugar con sus cabellos, haciéndole cosquillas a su novio con sus propias hebras doradas—. Amor.

—¿Hmm?

—¿Otra ronda?

El rubio se incorporó de un salto, poniéndose a horcajadas sobre él.

—Estaba por sugerirlo —con sus manos extendidas acarició el pecho de su amado, descendiendo por su vientre hasta tomar su miembro entre sus manos.

Era un hecho que esa noche no dormirían. A raíz de ese encuentro nació el tan aclamado programa "Welcome to the madness" de Yuri Plisetsky, presentación en la cual incluso Otabek participó con su presencia.

En el banquete luego de la exhibición de gala:

Viktor se había quitado la ropa al igual que Yuuri y Chris, recibiendo muchos aplausos y gritos, en especial de algunas de las patinadoras presentes. Listos y decididos se habían trepado a unos tubos.

—¡Oye! —se quejó Yurio cuando su novio le cubrió los ojos.

—No es contenido apto para menores —estaba parado detrás de él, susurrándole eso al oído, divertido por sus explosivas reacciones.

—¡Déjame ver! —le quitó las manos de sus ojos—. Recuerda que soy mayor —refunfuñó.

—Sí, eres mayor —susurró en su oído, peligrosamente cerca de su piel. Había podido sentir su aliento, tanto que, se había imaginado esos filosos dientes sobre la piel de su cuello.

Un escalofrío recorrió a Yurio de pies a cabeza al reconocer ese tono de voz en su novio. No podía verle el rostro, pero podía imaginar su expresión seria y sensual. Y eso sólo podía significar una cosa.

—Podemos hacer cosas de mayores, en nuestra habitación —volvió a usar ese tono de voz tan grave. A Yuri se le puso la piel de gallina. Estaba seguro de que sus mejillas estaban muy rojas y no precisamente por el espectáculo de stripers que tenía en frente.

—¿Qué cosas? —habló en voz baja. Sólo Otabek podía escucharlo.

El kazajo no respondió con palabras, sólo coló sutilmente su mano por debajo del saco de su novio, reptando por su cintura para luego bajar de nuevo y aplastarle el trasero.

Entonces Yurio recordó que estarían un tiempo separados y que esa noche sería su última oportunidad para estar juntos antes de despedirse por un par de meses.

—Larguémonos de aquí —tomó a su novio de la corbata y decidido caminó entre el tumulto de gente que veía el espectáculo mientras Otabek sólo pensaba "He creado a un monstruo".

Sin embargo, el kazajo había sido muy inteligente. No le agradaba la idea de que su novio viera a otros hombres desnudos. Quería que sólo lo viera a él.

Los dos jóvenes salieron del salón y se perdieron del gran show que se llevó a cabo después. Aunque para nada superaba lo que sucedió en su habitación de hotel esa noche.

Apenas pusieron un pie dentro del cuarto, Otabek arrinconó a su novio contra la pared, besándolo con hambre y una pasión arrebatadora. Sus manos buscaban con desesperación tener más contacto íntimo con Yuri y éste se lo brindaba al levantar su pierna y anclarla en la cadera de su novio, permitiéndole un contacto indirecto miembro con miembro. Otabek lo embestía por encima de la ropa, ese simple acto excitó jodidamente al ruso. Puso ambas manos sobre el trasero de su novio, sintiendo ese vaivén tan sensual de sus caderas. Luego fue consciente del espejo que había frente a él, por donde podía observar claramente ese movimiento tan sexy. Por un momento se sintió venir con esa vista tan erótica.

Con movimientos decididos, el mayor le quitó el saco, le desató la corbata y le arrancó la camisa. Yurio se dejaba hacer, completamente agitado y en éxtasis mientras hacía lo mismo con su novio, sintiendo su piel ardiente bajo las manos.

—¿Fuiste más al gimnasio?

—Lo notaste.

—Conozco tu cuerpo a la perfección, Otabek —apretó sus nalgas por encima del pantalón negro de vestir.

—Y yo conozco el tuyo —alzó su barbilla—. Estás más alto.

El aludido sonrió y asintió.

No perdieron más el tiempo en charla y volvieron a sus asuntos urgentes. Se quitaron las últimas prendas, y sólo en ropa interior se abrazaron fuertemente. Otabek lo tenía contra la pared, Yurio enredaba sus piernas en las caderas de su novio y se detenía con la espalda contra el muro. Su cuerpo entero se estremeció al sentir de nuevo las embestidas indirectas de su novio. Era tan sensual, más aún con ese bóxer negro tan apretado. Su miembro sobresalía por el borde de la tela del muslo izquierdo, apretado y suplicando ser liberado.

Yuri lo acarició por encima de la tela, pudo sentir la humedad en la ropa interior, apenas estaban comenzando y ya había líquido pre-seminal en la ropa interior de su amado.

No había duda de que los dos estaban muy urgidos, Yuri se encontraba en la misma situación, sin embargo, Otabek se tomó el tiempo de quitarle la ropa interior y acariciar su miembro con suavidad hasta que éste se alzara hasta pegarse a su vientre, amaba ver cómo se pegaba duramente ahí.

Cuando Yuri lo liberó de su bóxer, se sintió tan cómodo que soltó un suspiro de alivio seguido de un gemido al sentir cómo ahora era Yuri quien se frotaba contra él.

Otabek lo giró contra la pared, levantó su trasero y se introdujo en él de un solo golpe.

—¡Demonios Otabek! —soltó un gritillo antes de ser él quien comenzara a moverse. Le dolía, pero era tan placentero que no se pudo detener.

—No me arrepiento de nada —murmuró el mayor en su oído antes de seguir embistiendo.

—Idiota —se rio, pero su risa se convirtió en un quejido de dolor.

—¿Sigues teniendo la misma elasticidad de siempre?

—Mejor que antes.

El kazajo tomó la pierna derecha de su novio y la elevó todo lo que su brazo pudo extenderse.

—Diablos, Yuri… —gruñó al poder tener un mejor acceso. Nunca habían intentado algo así, era muy entretenido ir descubriendo cosas nuevas.

La pierna de Yuri prácticamente tocaba su cabeza. Sin duda tenía más elasticidad que antes y eso volvía loco al kazajo, era tremendamente sexy verlo hacer ese tipo de cosas, más en momentos íntimos como esos.

Lo penetró todo lo que las piernas del rubio soportaron.

—Beka, llévame a la cama —pidió en un tono muy lindo, estaba cansado, los dos lo estaban después de sus presentaciones.

—Que bien sonó eso —detuvo sus movimientos, salió de él y lo abrazó desde atrás. Le desató la coleta que traía y aspiró el dulce aroma de sus cabellos.

Los músculos de sus cuerpos dolían, se habían esforzado mucho en sus presentaciones y sinceramente no tenían muchas ganas de hacer tanto esfuerzo físico, no tuvieron que decirlo, se entendieron en un mutuo acuerdo y Otabek simplemente se acomodó entre las piernas de su amado, éste ancló sus largas piernas en las caderas de su novio y se aferró a su ancha espalda, oh… cómo amaba su cuerpo tan perfecto. Otabek tenía una espalda ancha de la cual aferrarse en noches de pasión como esa, y una cintura angosta, perfecta para abrazar al caminar.

—Te amo —murmuró el kazajo, acariciándole todo el rostro con las yemas de sus dedos.

—Te amo —besó esos dedos, sonriendo y dejándose amar.

Otabek volvió a entrar en él, ahora un poco más cuidadoso. Mientras lo hizo, entrelazó sus dedos con los de Yuri en un hermoso gesto de amor.

Comenzó un movimiento rítmico, profundo y pausado, sin embargo, Yuri podía sentir que llegaba tan profundo que le daba escalofríos cada estocada.

—Beka, ahí… se siente muy bien.

—¿Ahí?

—Sí —cerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás.

Otabek aprovechó y besó ese níveo y precioso cuello. Yuri estaba muy relajado, enterraba sus dedos en el cabello negro, despeinándolo por completo. Cuando abría los ojos se topaba con ese gesto tan propio de Otabek en momentos así: Su mandíbula se veía más marcada, su ceño estaba ligeramente fruncido y sus ojos se oscurecían sensualmente, incitándolo a dejarse llevar.

—Dios mío, eres perfecto —murmuró más para sí que para el kazajo, sin embargo, el aludido escuchó y arrastró una de sus sonrisas sexis, exclusivas para Yuri Plisetsky.

En respuesta, le dio una estocada más profunda y rápida, haciendo que el rubio enterrara sus uñas en su espalda, sin remordimiento alguno.

Otabek escondió su rostro en el cuello cálido y suave de Yuri, besando y mordiendo a su antojo hasta dejar un rastro húmedo de marcas rojizas. Murmuraba palabras lindas a su oído cada vez que podía.

—Me encantas… —jadeaba suavemente en su oído lamiéndolo sutilmente antes de darle un buen mordisco que le hizo arquear la espalda.

—Oh Beka… —meneó sus caderas en busca de un mayor contacto, y el mayor se lo dio, aumentó el ritmo de las estocadas, el ruido de sus cuerpos chocando destacaba mucho en la habitación. Pero lo que más excitó a Yuri, fue sentir la pesada y fuerte respiración de Otabek en su oído, jadeando, casi gruñendo cada vez que lo penetraba profundamente.

—Eres mío, Yura, sólo mío —enredó los dedos de una mano en sus largos cabellos rubios.

—Soy todo tuyo —sonrió y lo apretó hacia su cuerpo, sintiendo los músculos de su amado con las palmas de sus manos, acariciándole los muslos con sus piernas y finalmente amasando ese trasero a su entero antojo.

Volvió a disminuir el ritmo, no quería terminar aún, lo estaban disfrutando bastante. Despejó su frente de cualquier cabello rubio y lo miró fijamente por unos momentos, era tan afortunado de tener un novio tan hermoso en todos los sentidos. En verdad amaba a ese chiquillo malhumorado.

—¿Qué? —preguntó Yuri con un tono dulce, dócil. Sólo lo usaba cuando estaban en situaciones como esas.

—Estaba pensando en que eres la persona más sexy del mundo —lo dijo con completa seriedad, deteniendo el movimiento de sus caderas.

—Lo sé —le guiñó un ojo, haciéndolo reír un poco.

—No, en serio lo eres —besó la punta de su nariz. Yuri iba a replicar algo, pero se le olvidó al momento en que sintió que volvía a penetrarlo una y otra vez, esta vez más fuerte y rápido que antes.

—Oh Dios —cerró los ojos y vio estrellas bajo sus párpados—. Sigue, no pares ¡Ah! —se corrió con tanta fuerza que su espalda se arqueó y levantó también el cuerpo del kazajo, quien no detuvo sus caderas ni un segundo, lo apretó contra su cuerpo y lo embistió con rudeza, haciéndolo gritar y retorcerse. Y es que sólo recordaba su coreografía de hace unas horas y… su excitación aumentaba al tope.

No tardó mucho en venirse también, gruñendo y jadeando con completo cansancio luego de tal esfuerzo. No podía creer que se había perdido de tanto durante el tiempo de abstinencia que tuvo que esperar hasta que Yuri fuera mayor de edad. Pues tener sexo con él era lo mejor que había experimentado jamás.

Cayó rendido sobre el cuerpo de Yuri, jadeante y aún dentro de él. Estaban sudorosos, agitados y demasiado cansados como para mover un solo músculo.

Otabek se quejó al sentir las uñas de Yuri aún clavadas en su espalda.

—Lo siento —las quitó de inmediato. Se había pasado un poco, tenía sangre en los dedos—. Oh Dios, lo siento tanto.

—No importa —siguió aplastándolo, acurrucó su cabeza sobre su pecho y dejó que su novio lo mimara un poco.

—En verdad pareces un gato —se burló Yuri, deslizando sus dedos por toda la espina dorsal de su novio con una mano y haciéndole "piojito" con la otra.

Estaban tan relajados que el tiempo se fue volando. Otabek regresó un poco de las caricias que le brindaba su novio. Desde su cómoda posición, aplastando a Yuri, acariciaba su brazo con la punta de sus dedos, haciéndole cosquillas al pasar también sus dedos por su pecho.

Estando dentro de esa bella burbuja, una canción llegó a la mente de Otabek. La había escuchado durante la cena del banquete, le había puesto atención a la letra e inevitablemente pensó en su gran amor. La letra llegó a su mente y la cantó con mucha suavidad.

Someday, when I'm awfully low…

Yuri se sorprendió tanto que no se atrevió a interrumpirlo, pues sonaba hermoso con su grave voz.

When the world is cold, I will feel a glow just thinking of you and the way you look tonight —su voz era pausada, grave y tremendamente hermosa.

—¿Y eso? —preguntó con una sonrisita después de que terminó de cantar esa pequeña estrofa.

Otabek apoyó el mentón sobre su pecho y le sonrió de lado.

—La escuché durante la cena y me gustó —se encogió de hombros—. Me recordó a ti.

Las mejillas de Yuri se tiñeron de rojo. Él sí que conocía bien esa canción, su abuelo solía escuchar bastante a Tony Bennett y esa era una de sus favoritas. Y la letra entera de esa canción… Dios, amaba que Otabek se la estuviera cantando.

—No conocía ese lado tuyo tan cursi —estaba sonriendo como un bobo enamorado. No le gustaban las cursilerías, pero eso… eso había sido tremendamente especial. Estaba muy emocionado.

Esperaba una respuesta de su parte, pero ésta nunca llegó.

—Beka…

De nuevo no respondió.

—Oh por Dios —soltó una risilla incrédula, lo miró mejor y se llevó la sorpresa de su vida. ¡Se había quedado dormido!

Pero había un pequeño problema, bueno, uno grande.

Ni siquiera había salido de él. Lo pensó mucho antes de finalmente decidirse a quitárselo de encima para sacarlo, pero vaya que el kazajo pesaba horrores.

—Tonto —murmuró cuando se puso de pie para ir al baño y sintió algo extraño en su trasero, escurriendo entre sus piernas. Se había corrido dentro. Corrió al baño antes de terminar haciendo un desastre en la alfombra.

Se aseó minuciosamente y volvió a la recámara, pero cuando lo vio, se quedó parado, cruzado de brazos y aguantando sus ganas inmensas de hacer una exclamación llena de ternura. Otabek estaba acurrucado en la cama, abrazando una almohada y hecho bolita. Se veía tremendamente frágil y adorable, claro, siempre y cuando no bajara la vista más allá de sus caderas y se topara con eso entre sus piernas.

Se subió a gatas a la cama, con cuidado de no despertarlo, se acurrucó detrás de él y se permitió ser la cuchara grande esa noche. Le fue un poco difícil, pero lo logró. Y en la madrugada, cuando su amado despertó, sonrió por la posición en la que se encontraban, besó los brazos que lo rodeaban y se giró para ahora ser él quien lo abrazara. Extrañamente esa noche no roncó y ambos pudieron dormir muy bien.

Estaba triste, al día siguiente iba a ser su cumpleaños y ninguno de sus amigos estaría en la ciudad. Viktor y Yuuri se irían a Japón para terminar de preparar la boda, Georgi, Mila, Yakov y Lilia también estarían fuera de la ciudad, y Otabek… bueno, él estaba en su país, a miles de kilómetros de él. Así que sí, estaba muy triste.

—¿Te ayudo en algo? —preguntó su abuelo, asomándose a la cocina.

—No, ya casi termino, ve a la mesa.

—De acuerdo.

Yurio suspiró y cenó en silencio con su querido abuelo, de no haber estado tan distraído en su propia tristeza, habría notado que Nikolai estaba muy extraño.

Se fue a su habitación, le mandó mensaje a Beka y éste le respondió de inmediato, charlaron un rato, pero su novio no mencionó en ningún momento el hecho de que al día siguiente cumplía años, eso fue muy sospechoso.

Charlaron hasta que para Otabek fue media noche, con Yurio apenas eran las nueve. Se despidieron como si nada, haciendo que el rubio se fuera a la cama no solamente triste, sino molesto.

Fue hasta que dieron las doce, que Yuri recibió una llamada. Adormilado y enojado, tomó su teléfono y respondió la video llamada de su amado.

—Feliz cumpleaños, Yura —le dijo en voz baja el kazajo, con una inusual sonrisa amplia, la cual se ensanchó al verlo tan lindo, con baba saliendo de la comisura de sus labios y con sus ojos entrecerrados por la luz que emitía el teléfono en medio de la oscuridad de la habitación.

—¿Otabek? —se talló un ojo. Su voz salió tremendamente sexy para los oídos del kazajo, quien se moría por estar a su lado.

—¿Ya estabas dormido?

—Sí —lo miró fijamente a la cámara.

—Sólo quería ser el primero en felicitarte —su sonrisa volvió a ser pequeña y ladina—. Siento haberte despertado.

—No, no, está bien —carraspeó un poco y maldijo entre dientes el sentir un bulto incómodo entre sus piernas. Lo había despertado de un sueño muy erótico, precisamente con él—. Te extraño —suspiró profunda y largamente.

—Siento no poder verte en este cumpleaños —se oía de verdad abatido por eso.

—Está bien, entiendo —lo entendía, mas no le gustaba—. Maldición —espetó en voz baja, su erección no disminuía.

—Interrumpí un sueño muy bueno ¿Verdad? —soltó en un tono sorprendido. Ya tenía una idea de lo que le estaba pasando.

Yuri gruñó en respuesta.

—Vaya, sí me extrañas.

—¿Quieres ver qué tanto?

—Por favor.

Entonces Yurio encendió la lámpara de su buró y enfocó la cámara en su entrepierna. El pantalón del pijama se veía muy resaltado hacia un lado, estaba completamente duro.

—Quisiera verlo sin el pijama —la voz grave y seria de Otabek se escuchó en toda la habitación a pesar de que hablaba en voz baja. Yurio de inmediato tomó sus audífonos del buró y los conectó al teléfono.

Yurio obedeció y bajó su pijama junto con la ropa interior, dejando expuesto su duro miembro, pálido en toda su longitud y muy rosado en la punta. Escuchó cómo su novio suspiraba pesadamente, giró el teléfono sólo para toparse con la expresión de Otabek llena de lujuria, sus ojos negros eran más intensos de lo normal y su respiración se oía pesada.

—Quiero verte también —pidió, con sus ojos verdes cargados de seriedad.

Otabek no replicó, de inmediato enfocó la cámara a su miembro ya completamente erecto y sonrió al poder apreciar el rostro de su novio a través de la pantalla.

—Demonios, quisiera estar ahí contigo.

—Y yo contigo —suspiró Otabek, tumbándose en su cama.

—¿Qué haces? —su respiración estaba ligeramente agitada, notó que la de Otabek también.

—¿Tú qué crees? —le mostró lo que hacía con su mano en su miembro.

—Yo hago lo mismo… oh… Otabek, te necesito —gimió lo más quedo que pudo, no quería despertar a su abuelo—. Si supieras lo que estoy imaginando que podrías hacerme si estuvieras aquí.

El corazón de Otabek se aceleró y su entrepierna se puso más dura.

—Ponte ambos audífonos y cierra los ojos —ordenó el kazajo.

El aludido obedeció al instante, notando cómo las sensaciones se hacían más fuertes. Entonces la grave y profunda voz de su novio comenzó a hablarle al oído.

—¿Te estás acariciando? —inquirió con una voz irresistible.

—Lo hago.

—¿Y en qué piensas? Yo pienso en ti, debajo de mi cuerpo, enterrando tus uñas en mi espalda.

Una media sonrisa se formó en los labios del rubio. Desgraciadamente Otabek no pudo verlo, pues Yura dejó el teléfono sobre la cama.

—Pienso… pienso en ti —no podía pensar con coherencia, su mente estaba concentrada en el movimiento de su mano derecha sobre su pene, masturbándose, y en su mano izquierda acariciándose a sí mismo. Todo eso, más la sexy voz de su novio en los audífonos… Yura estaba perdido.

—Yo te pienso… gimiendo en mi oído, suplicándome por más… —se detuvo sólo para escuchar un leve gemido de su amado, su respiración era errática, sin embargo, Otabek se mantuvo cuerdo—… meneando tus caderas, buscando más contacto.

—Y tú sobre mí, dentro de mí —gimió—. Tus manos grandes, pesadas y calientes, apretándome con fuerza. Tus… ah… tus besos en mi cuello, mojándolo.

—Y mordiendo tu oreja…

—Oh, sí…

—Yo tomándote con fuerza.

—Más…

—Muy profundo —escuchó la respiración muy acelerada de Yuri—. Abriendo tus piernas tan flexibles —no pudo evitar decirlo con algo de gracia, la misma que sintió Yurio.

—Y tú tan poco flexible —rio.

—No lo arruines —suspiró.

—Sí, sí. Continúa.

—Me has cortado la inspiración.

—Demonios, no… no soy bueno en esto —jadeó, insatisfecho. Se mordió el labio y tomó el valor para decir lo que pasaba por su mente—. Yo… a mí me encanta, no, me excita demasiado escuchar tu respiración pesada y ruidosa cuando… —el poco pudor que tenía se estaba haciendo presente, la situación lo abochornó demasiado.

—Ahora mismo me estoy masturbando pensando en tu expresión cuando te corres —su voz era lenta acompasada, sin dejar de sonar grave en todo momento.

Yurio gimió un poco, fue la señal de que nuevamente estaba tomando el ritmo anteriormente perdido.

—Yo pienso en tu respiración haciéndome cosquillas en el cuello mientras me penetras.

—Con tus piernas enredadas en mis caderas.

—Mientras entras y sales cada vez más rápido y profundo.

—¿Te gusta rudo?

—Mucho. Beka… —jadeó—… ¿Qué ropa interior estás usando? —tenía un pequeño fetiche con el buen gusto de su novio en la ropa interior y si le decía que traía el bóxer negro y ajustado que tanto amaba, se volvería loco.

—En este momento estoy desnudo, pero antes traía puesto el bóxer que tanto te gusta.

—¿El negro? ¿Ese que te queda ajustado?

—Sí.

—Oh…

Ambos se quedaron en silencio unos segundos, Yurio pudo escuchar claramente esos ruidos obscenos que hacía su novio al masturbarse, de sólo imaginar su pene duro, húmedo y grueso, se le hacía agua la boca y el cuerpo se le estremecía. Extrañaba mucho a su hombre.

—¿Qué ropa interior traías tú? ¿Acaso el rojo?

—No traía ropa interior.

—Sucio.

Yurio rio un poco, pero un gemido por parte de su novio terminó opacando esa risa.

—¿Beka?

El aludido gimió de nuevo, logrando excitar mucho más al rubio.

—Otabek, dime qué estás haciendo.

—Estoy… —por primera vez le dio un poco de vergüenza decirlo—…en verdad imagino que estás debajo de mí.

—¿Con una almohada?

Otabek hizo un ruido a modo de afirmación. Eso excitó más a Yurio, quien no dejaba de estimularse con insistencia.

—Imagino tu cuerpo sobre el mío, yo acariciando tus músculos, justo debajo de tu ombligo, donde tienes esos pequeños vellos que tanto me gustan, esos que bajan hacia una de mis partes favoritas de tu cuerpo, una muy grande. Te imagino dentro de mí…

—Tú tan apretado.

—Y tú tan grande.

Para ese punto ambos gemían cada vez más fuerte, sus respiraciones eran entrecortadas.

—Tus fuertes caderas se mueven en vaivén, embistiéndome, ¡ah! Fuerte… profundo… oh Beka… ¡Oh! —su respiración se agitó tanto que Otabek pudo percibir claramente cada respiro, reconociendo sus gemidos y distinguiéndolos como los de su orgasmo.

Se lo podía imaginar con claridad. Su piel pálida ahora totalmente enrojecida, sudoroso, con sus cabellos largos y rubios pegándose en sus mejillas y frente. Era una imagen mental simplemente exquisita.

—Yura —jadeó—. Quiero verte, déjame verte —suplicó con su grave voz.

El aludido obedeció, tomó su teléfono y le regaló una vista hermosa de él tal cual como se lo había imaginado, sin mencionar que también lo dejó ver el resto de su cuerpo, su plano vientre con restos de un líquido blanquecino sobre él y su miembro cada vez menos erecto, volviendo a su estado normal. Otabek hizo lo miso y le permitió a su novio observar su cuerpo sin pudor alguno.

—Beka, tienes que venir y hacerme el amor, por favor —suplicó y eso fue suficiente para que un gemido gutural saliera de la garganta del mayor, experimentando así un fuerte orgasmo que duró más de lo que imaginó.

Yurio sonrió de lado y sin pena dijo:

—Eres tan sexy cuando tienes tu orgasmo, si tan sólo hubieras estado aquí…

—Habría jalado tu cabello con fuerza y te habría besado hasta dejarte sin aliento.

—Me dejaste sin aliento de todas formas —suspiró.

Repentinamente ambos se sentían muy cansados.

—No es lo que me hubiera gustado para tu cumpleaños, pero… feliz cumpleaños de todas formas.

—¿Bromeas? ¡Esto fue increíble! —admitió con sus mejillas sonrojadas—. Deberíamos hacerlo más seguido.

Otabek sonrió, tenía razón, había sido increíble, sin embargo, nada igualaba el hecho de tenerlo en frente de verdad y no en una pantalla, a miles de kilómetros.

—Nos veremos pronto ¿Verdad? —lo miró con un brillo muy especial en sus ojos.

—Prometo que así será. Tengo tantas cosas en mente que podré hacerte en nuestro siguiente encuentro…

—Tienes una mente pervertida —le dijo en modo coqueto.

—Vaya que sí —admitió sin un atisbo de vergüenza—. Necesito verte para hacerte todas esas cosas.

—Que sea pronto.

—Lo será. Descansa Yura —sonrió a la cámara—. Te amo —amaba ver cómo se sonrojaba todavía cuando le decía aquello.

—Yo también te amo, Otabek —esbozó una sonrisa muy tierna y algo adormilada—. Espero verte pronto…

—Así será —sonrió—. Ya duerme.

Terminaron la llamada y ambos cayeron rendidos al sueño momentos después. Yurio feliz por comenzar su cumpleaños de esa forma, pero un tanto decepcionado por saberlo lejos de él y que no tendría un cumpleaños a su lado. Por otra parte, Otabek se durmió con una sonrisilla llena de complacencia.

El día de la boda de Viktor y Yuuri fue tan esperado, que todos estaban vueltos locos buscando que cada cosa saliera a la perfección. Todos estaban muy nerviosos, excepto los novios, ellos se veían tremendamente felices y serenos, o al menos eso aparentaban, porque por dentro se morían de nervios.

La ceremonia fue tan hermosa y emotiva que Yuri se replanteó la idea de una boda, después de todo no sería tan malo ¿o sí? No siempre y cuando Otabek fuese su novio.

En la fiesta llegó la hora de lanzar el ramo. Yurio no tenía idea de que esos dos harían eso, sin embargo participó junto con Otabek y… bueno, todos comenzaron a gritar y reírse cuando el ramo rosa cayó en manos del kazajo y el púrpura en manos de Yuri Plisetsky. ¿Coincidencia? Nadie lo creyó así.

Yurio miró a su novio e inmediatamente sus mejillas se tiñeron de rojo al ver esa sonrisa matadora en Otabek, esa en la que la comisura derecha de sus labios se alzaba sólo un poco, sus ojos eran penetrantes y expresivos. El kazajo tenía varios tipos de sonrisas: la apenas perceptible que mostraba a sus amigos, la que le dirigía al abuelo de su novio, la alegre y amplia que era para sus hermanas y la matadora marca "Yuri Plisetsky" que sólo éste podía arrancarle.

Otabek decía mucho con esa simple sonrisita y Yurio lo sabía.

Ambos se acercaron entre sí y dejaron que sus amigos les tomaran fotos y se rieran un rato a expensas de los dos, molestándolos con preguntas sobre la boda y hasta los hijos.

Se hizo mucho escándalo porque fueran ellos quienes se llevaran los ramos. Era una señal del destino.

—Aún son muy jóvenes para casarse —replicó Viktor, llegando a su lado, actuando como todo buen hermano mayor.

El abuelo de Yurio también se le acercó y palmeó a su nieto y "yerno" en la espalda, preguntando un "¿Para cuándo la boda?" y haciendo que Viktor se palmeara la cara. Yuuri sólo se reía y pensaba en la hermosa pareja que hacían esos dos. Esos dos chiquillos que habían resultado ser mucho más maduros que ellos.

Luego de ser molestados por un rato, Otabek y Yurio se escaparon de toda esa atención y fueron a caminar por el jardín, lejos de la música y el bullicio. Ya era de noche y el viento fresco de primavera los acariciaba sutilmente. A lo lejos se oía el escándalo que hacían todos al bailar y cantar. Pero ellos estaban en silencio, caminando sobre el césped hasta llegar a una fuente de piedra, donde se sentaron, en silencio, haciéndose compañía mutua.

—¿Por qué sonríes así? —inquirió el rubio al mirar a su novio observando esos ramos de tulipanes.

Otabek lo miró a los ojos sin borrar una ligera sonrisa.

—¿Te gustaría casarte conmigo algún día? —preguntó de pronto, enloqueciendo por completo a su novio.

—¡¿Qué?!

—Sí, casarnos ¿Qué dices?

—Espera… ¿Qué? —se sonrojó hasta las orejas, no podía creer lo que había escuchado.

—¿Sí o no?

—¡Sí!... No… ¡No sé! —se tapó el rostro con ambas manos—. ¿Cómo puedes preguntar eso así como si nada? —se exasperó un poco—. No es algo que pueda responder tan fácilmente, me lo preguntas como si dijeras: "Hey, se me antojó comer piroshky ¿quieres uno?" ¡Y no! Esto es… es… —calló al sentir unos labios sobre los suyos. El beso era tranquilo y cargado de amor, sin exigencias ni presiones, sólo un beso tierno.

Se separaron y Yurio pudo ver sus ojos de un marrón tan oscuro que se confundía con negro en medio de la noche. La expresión de su Otabek era preciosa.

—Hablas mucho cuando te pones nervioso —le dijo, acariciando un mechón de su cabello rubio que salía de la coleta.

Yurio sólo se sonrojó más.

—Sí quiero —dijo de pronto.

Otabek sonrió de lado.

—Sí quiero casarme contigo. ¡No ahora! —se abochornó un poco—, primero quiero terminar mi carrera y hacer algunas cosas. Aún no me siento listo para casarme.

Y Otabek lo comprendía, apenas tenía diecinueve años. Era normal que alguien de su edad no pensara en matrimonio. En cambio, él, de veintitrés años ya lo veía más cercano.

—Esperemos unos años. Primero necesito tener los suficientes recursos para comprar la casa que tú quieras —lo miró con su típica seriedad, esa a la que Yuri Plisetsky estaba tan acostumbrado y la misma que tanto amaba.

Las mejillas del rubio se tiñeron de un tierno rosa. Eso hizo sonreír al kazajo.

Entonces Yurio se percató de un pequeño detalle.

—¿Dónde viviremos? —no se refería exactamente al vecindario.

Otabek ladeó un poco su rostro y mirando al cielo, dijo:

—Podríamos vivir en San Petersburgo, cerca de tu abuelo. O él podría vivir con nosotros en donde quiera que decidamos vivir. Tenemos muchas opciones.

Los ojos verdes brillaron con emoción. Su novio no podía ser más perfecto.

—¿Aceptarías que mi abuelo viviese con nosotros?

—Claro que sí, es como tu padre, sé cuánto lo quieres.

Yurio sonrió.

—¿Y tu familia? ¿No quisieras vivir en Almaty?

—Si tú así lo quieres, me encantaría. Pero cualquiera que sea tu decisión la aceptaré.

—Beka.

—¿Sí?

Yurio miró su ramo, no creyendo que estaba a punto de preguntar aquello.

—Tú… ¿A ti te gustaría tener hijos?

Esa pregunta descolocó por completo al kazajo. Por un momento imaginó cómo debió sentirse Yurio al preguntarle si quería casarse.

Al no obtener respuesta, Yuri alzó el rostro, topándose con una expresión nunca antes vista en su amado, estaba muy sorprendido.

—¿Otabek?

—Sí, me gustaría.

Los ojos verdes de Yurio se abrieron a más no poder.

—¿Y a ti? —inquirió al no oír más palabras de él.

Yurio sonrió y respondió sin pensarlo mucho:

—Por supuesto.

—Vaya, no tenía idea de que te gustaran los niños.

—No me gustan.

—¿Entonces? —se permitió reír un poco.

—Nuestros hijos sí me gustarán —se recargó contra el hombro de su novio.

Otabek de inmediato lo rodeó con un brazo y lo atrajo hacia sí. Escuchar aquellas palabras lo habían hecho imaginarse un sinfín de escenarios de su vida de casados, con hijos.

Y así, en silencio, se quedaron abrazados por un rato, hasta que Yurio tuvo ganas de bailar y arrastró a su novio a la pista, a pesar de que éste se había negado toda la noche. Otabek era pésimo bailando, su cuerpo era muy rígido y sin ritmo a pesar de ser un excelente patinador y DJ, llevaba la música por dentro, el problema era que no sabía cómo expresarla con sus movimientos en el piso. Aun así, aceptó bailar con su amado.

De lo que nadie se dio cuenta, fue del momento en que los dos, un poco ebrios, se metieron a la gran casa e hicieron el amor en una de las habitaciones, internamente felices por haberse ganado el ramo. Eso no había sido coincidencia, había sido el destino.

Continuará…

¡Hola!

¿Qué les pareció?

Como les prometí en el grupo: compilé las escenas sexosas en un solo capítulo para de aquí en adelante enfocarnos en cosas más serias.

Recapitulemos todo lo que va de la historia, ya vimos:

1) La familia Altin se entera de la relación de su hijo con un chico.

2) Otabek apoya a Yuri durante la tragedia de los tontos Viktor y Yuuri.

3) Pasan el enorme reto de la abstinencia hasta los 18

4) Descubren lo maravilloso del sexo y se alocan.

5) Otabek demuestra ser un hombre de palabra.

6) Otabek es sumamente celoso, no deja que nadie se meta con su Yura, y si alguien lo hace… bueno, ya saben lo que les pasa jaja.

7) Y ahora tienen sexo en todas partes, cada vez más candente, poco a poco van descubriendo cosas nuevas y se van haciendo una pareja más fuerte y confiada de ellos mismos.

8) ¿Qué creen que siga en la historia? Faltan un par de capítulos antes de llegar a la cena con papi Andrew jaja

Pd: El capítulo se llamó así por… ya saben por qué.

27/05/2019

10:30 pm