Ataque
Sev acudió ese martes en el descanso tras el almuerzo al lavabo de Mirtle la llorona y buscó el grifo que le había dicho Lauren. "Aquí está, la serpiente grabada en un costado, la entrada del cubil del basilisco."
La fantasma se emocionó al ver a un chico allí y estableció conversación con él. "Está intentando ligar conmigo." Así que ese día sacrificó su estudio de piano y se quedó a charlar con ella, utilizando su encanto varonil para que le contara de primera mano lo que ya sabía por Lauren.
La fantasma no paraba de echarle piropos y él se los devolvía, hasta que se dio cuenta de que le había dado demasiada confianza, pues se puso a abrazarlo y darle besos y la sensación de ser atravesado por un ectoplasma es de todo menos agradable. Así que huyó de allí y Mirtle se puso a llorar a gritos, haciendo honor a su apodo por fin. En la primera clase de ese martes por la tarde, le contó todo a Lauren y la oía contener la risa en el banco tras él.
-"¿Cómo se te ocurre? ¿No entiendes que la pobre murió virgen y lleva treinta años frustrada por eso? Y tú eres irresistible."
-"Debiste haberme avisado."
-"Ahora, cuando vayas con Dumbledore, no os va a dejar tranquilos."
-"Ya. Será la última vez que entre allí."
Así que esa noche, tras la cena, fue a tocar el piano. Al dedicarle casi dos horas dos días seguidos, consiguió por fin que le salieran por separado las dos manos.
"Wow… He de hacer así. Mañana no, para estudiar y llevar al día los deberes. Volveré el jueves, el viernes debo descansar y no sé cómo se presentará la semana siguiente."
El jueves volvió tras la cena, pero no directo desde el Comedor como solía hacer, pasó por casa por su libreta donde tenía apuntada la letra, así que llegó a la Sala más tarde que de costumbre. Cuando estaba demandando el aula de música, al comenzar la tercera pasada, de espaldas en la dirección de la casa Gryff, escuchó.
-¡Levicorpus! – en la voz de Potter.
Y alcanzarle el hechizo, quedando colgado del aire por los pies.
"No… Mira que Lauren me había avisado y hoy es luna llena. A qué mala hora inventé este hechizo cuando todavía no sabía lanzarlos no verbales." La varita se le había caído al suelo del bolsillo y la túnica le tapaba la cabeza, escuchaba las risas de dos de ellos y luchaba por contener las lágrimas de rabia. Con otro hechizo le estaban bajando los pantalones.
-Quejicus, ¿qué haces en el séptimo? ¿No te queda un poco lejos de tu agujero de víbora?
"El sábado te vas a enterar, maldito Cornamenta…" Escuchó la lejana e iracunda voz de Cecile.
-¡Dejadlo! Muy valientes, tres contra uno.
"Espero que Lily no haya venido también y que no pronuncie ella el contrahechizo y se delate."
-¡Bajadlo! – furiosa y autoritaria.
Ahora Sev ya no pudo reprimirse de llorar. "Mi amiga, mi profesora de piano, defendiéndome…" Los otros habían dejado de reír.
-Harb – dijo Potter – Es Snape, un futuro enemigo.
-Eso está por ver. Bajadlo ya y con cuidado.
"No saben hacerlo con cuidado. Ella sí, pero no puede delatarse." Sev extendió los brazos para no recibir el golpe en la cabeza, lo habían elevado mucho.
-Está bien, Harb, porque eres tú – oyó a Potter - ¡Liberacorpus!
Cayó. "Crack" Reprimió el grito. "El brazo derecho, roto, ya me avisó Lily de lo de los huesos."
-Snape, ¿te han hecho daño? – le preguntó Cecile.
-Sí – respondió lo más fríamente que pudo – El brazo roto.
-Sois unos desalmados, ya podéis iros a casa directos.
"No Cecile, no te enfrentes más."
-¿Tú te quedas con él? – preguntó Black.
-Voy a acompañarlo a la enfermería.
-No hace falta, Harb, puedo ir solo – dijo Sev.
"Cecile, vete con ellos. Aunque no sé si podré subirme los pantalones con una mano."
-Venga, fuera de aquí.
-Vale, vale. Tú verás lo que haces – dijo Potter.
Oyó los pasos de los otros alejarse. Cecile corrió hasta él, llorando.
-Sev… ¿Te duele mucho?
-Sí. No debías haberte quedado, Cecile, te has puesto en evidencia.
-No te preocupes, se nos han escapado, te voy a vestir.
-Gracias.
-Espero que no se lo cuenten a Lily. No creo que lo hagan, se han asustado bastante. ¿Venías a tocar, verdad?
-Sí.
-Se te ha olvidado que era luna llena con todo el lío que tienes, están excitadísimos por la correría de la noche. Remus ya está en la Casa de los Gritos esperándolos.
-Claro, ha sido culpa mía.
-Venga, ya está. ¿Qué brazo ha sido?
-El derecho.
-Encima. ¿Puedes levantarte solo?
-Sí.
Lo hizo. Cecile lo tomó de la mano izquierda.
-Dobla el brazo contra el pecho, para no balancearlo.
-Vale, vamos por el pasadizo hasta el tercero y después subimos a la enfermería, no quiero ni acercarme a la casa Gryff. Cómo la he fastidiado, Cecile, a treinta y seis horas del momento clave.
-No te preocupes ahora por eso, recuerda que somos brujos. Pomfrey te curará y en veinticuatro horas estarás bien.
-Eso espero.
-Y así además descansas y te relajas. Hazle caso en todo lo que te diga. Además, así mañana podremos ir a verte.
-No, ni se os ocurra.
-Sev, te olvidas de que siempre vamos a ver a Remus cuando se despierta. Tenemos una buena excusa y Pomfrey no se chivará.
-Pero Lily se va a preocupar un montón.
-Se lo tengo que contar de todas formas, igualmente se preocuparía mañana cuando no te viera en el Comedor.
"Y Lauren, cuando no me vea aparecer por casa esta noche, va a sufrir un montón y no sabrá nada hasta mañana que Lily le cuente. Y Remus, a él sí se lo van a contar y ha de pasarse la crisis con ellos. Y La Guardia, cuando no me vean mañana, no van a enterarse de nada…" Estaba llorando.
-Venga, cálmate – le dijo Cecile - ¿Lloras porque te duele?
-No, por toda la gente que se va a preocupar por mí. Soy un inconsciente.
-No te tortures, Sev. Sólo querías relajarte un rato, es normal.
Ya habían llegado al tercero y subieron al cuarto.
-Ahora habremos de disimular un poco con Pomfrey. Ya sabe de sobra que estoy con Remus. Déjame que le explique yo lo que ha pasado.
Cecile lo soltó de la mano y llamó a la puerta de la enfermería. "No es la primera vez que la visito por culpa de los Gryff." Pomfrey abrió a los pocos segundos.
-Buenas noches, Pomfrey – dijo Cecile en tono neutro – Los de mi casa han vuelto a atacar a Snape aprovechando que Lupin no estaba con ellos y le han roto el brazo derecho.
"Pomfrey sabe todo, que Remus es licántropo, lo de la Casa de los Gritos y que debe llevar desde entonces defendiéndome, porque cada vez que me atacan se corre el rumor por todo el colegio." A la enfermera se le empañaron los ojos. "Ella también me quiere, desde que el año pasado tuvimos el castigo de preparar pociones sanadoras. Quizá Dumbledore le contó lo que había ocurrido en mi casa."
-Ven, cariño, anda - lo tomó por la mano izquierda - ¿Te duele mucho?
-Sí.
-¿Quieres quedarte un rato con él, Harb?
"Ésta ya adivina que somos amigos porque la ve venir con Lily a ver a Remus, ya se huele todo."
-Si tengo que colocarle el hueso le va a doler más y no puedo darle poción contra el dolor hasta que lo haga, para saber si le duele menos.
-Claro, me quedo – respondió Cecile.
"Lily preocupada."
-No, Harb, vete a casa – dijo Sev.
-No pasa nada, todavía falta mucho para el toque de queda.
"Bueno, si Lily ha visto volver solos al terceto, se habrá metido en el dormitorio y será un ratito." La enfermera lo hizo pasar a su cubículo y sentarse en la camilla, Cecile esperó de pie. Lo desvistió con pericia de cintura para arriba, sin hacerle más daño del que ya sentía, mientras le dedicaba palabras de consuelo.
-El antebrazo, justo por encima de la muñeca. ¿Te duele la mano o los dedos?
-No.
-Te voy a examinar. Ahora te dolerá más. Harb, cógele la mano.
Cecile le tomó de la mano con fuerza. La enfermera examinó la fractura con manos expertas, sin hacerle apenas más daño del que ya sentía. Luego lo hizo con la mano entera.
-Vale. Los dos huesos fracturados, cúbito y radio, pero es una fractura limpia. El sábado por la mañana estarás listo.
"No… El sábado debo acudir al desayuno." Miró a Cecile alarmado, ella le transmitió calma con la mirada.
-Voy a reducirte la fractura, ahora sí te va a doler.
Respiró profundamente, Cecile le tomó la mano con todas sus fuerzas. Pomfrey hizo un rápido y experto movimiento. Sev reprimió el grito y las lágrimas de dolor.
-Vaya aguante tienes, chico. Eres el primero que no se queja ante un dolor así en los quince años que llevo aquí.
Lo miraba con profunda comprensión y admiración. "Ésta sabe todo."
-¿Te duele menos ahora?
-Sí, mucho menos.
-Muy bien. Te la voy a entablillar, para que no la muevas mientras duermes.
-Harb, vete ya quieres. Estoy mucho mejor.
-No, Harb, no te vayas todavía – dijo Pomfrey.
La enfermera le entablilló el antebrazo, lo hizo cruzarlo sobre el pecho y se lo vendó a la espalda.
-Tendrás que dormir sin pijama, pero los pantalones sí te los puedes poner.
-No suelo usar, lo haré en ropa interior.
-Vale, como quieras. Harb, espera aquí. Voy a llevarlo a la cama y a desvestirlo allí.
Lo condujo hasta el fondo de la enfermería, tras los biombos. Sev se sacó los zapatos, dejó que ella le bajara el pantalón y se sentó en la cama para que ella se lo quitara del todo y también los calcetines.
-Me llevo todo para lavar. Mañana tendrás una muda y el sábado un uniforme limpio.
"He de despertarme antes de las ocho y pasar por casa para ducharme y vestirme, vaya lío." Colocó los almohadones para que quedara incorporado y le dijo.
-Métete en cama, ya te tapo yo. Hoy vas a tener que dormir boca arriba, pero te daré una poción de sueño para que descanses bien.
"Bueno, hoy sí, pero mañana no."
-Espera un poco, voy por las pociones reparadora de huesos y del dolor. La del dolor te va a dar un poco de sueño, pero aguanta un rato más.
"Uyuyuy… Ésta va a avisar a Dumbledore." Se fue y volvió a los dos minutos, con Cecile y dos dosificadores en una bandejita.
-He calculado que pesas unas 130 libras.
-Sí, más o menos.
-Todo fibra – le sonrió.
Y él a ella. "Le he gustado también…"
-Tómatelas.
Lo hizo. La enfermera sacó su varita y convocó una silla para Cecile, a la izquierda de la cama, ella se sentó. Al medio minuto se le pasó el dolor por completo y se sintió somnoliento.
-Ya me ha hecho efecto.
-Muy bien. Aguanta un rato despierto.
"Va a llamar a Dumbledore." Pomfrey se fue.
-Cecile, ¿qué te ha dicho?
-Que me quede contigo hasta que vuelva y no te deje dormirte.
-Va a llamar a Dumbledore.
-Sí, eso creo.
-Hay que planear una estrategia.
-Tú y tus estrategias.
-No te puedes implicar, Cecile, ya lo has hecho bastante.
-Nadie va a enterarse de nada. Dumbledore ya debe olerse todo, cuando veía faltar a Remus al Comedor al mismo tiempo que La Guardia.
-Ya. Pero no debemos delatarnos hasta el sábado. No te chives de los Gryff, has hecho mal en decírselo a Pomfrey.
-Pero si ya saben todo, Sev. ¿Qué importa?
-Que si los castigan no van a poder proteger a Lily. No le digas a Dumbledore que los has visto hacerlo, sólo que me has encontrado tirado en el suelo. Lo demás ya se lo cuento yo. Oclúyelo todo.
-Vale, Sev – con hastío – Tú mandas.
-Como nos lea, se va a percatar de todo el percal antes de tiempo, porque va a detectar que ocluimos.
-¿Eso se puede hacer?
-Pues sí. Pero lleva mucho tiempo aprender.
-Y él ha tenido de sobra.
-Eso. Tú sólo dile que me has visto tirado en el suelo y has imaginado que habían sido ellos. Yo intentaré convencerlo de que no los castigue y que Pomfrey me deje salir el sábado temprano. Entenderá que tenemos entrenamiento. Con eso le llega por el momento.
-Vale, Sev. Tú eres el Comandante – con resignación.
-Al final hemos acabado los dos en la enfermería, como inventaste para Lily en Navidad.
-Pues sí. Y a vuestro lugar secreto lo llamamos la enfermería del quinto.
-Vaya secretos os traéis las chicas. Por cierto, cuando vengáis mañana, ¿podéis traerme poción estimulante, para comprobar si contrarresta la somnolencia de la del dolor? Si no, el sábado no la podré tomar y lo voy a pasar fatal si he de combatir con el brazo todavía a medio curar.
-Claro que te la traigo, Sev. Las tiene Remus pero puedo entrar en su dormitorio, esta noche estará vacío.
-Muchas gracias, Cecile. Lily debe estar pasándolo fatal, deberías haberte ido cuando te lo he dicho.
-En ese momento tú me necesitabas más. Lily es mucho más fuerte de lo que aparenta, Sev.
-Ya. Ya lo sé.
Oyeron dos pares de pasos a lo largo del corredor entre las camas de la enfermería.
-Ahí vienen, ¿preparada?
-Sí, Sev.
Pomfrey venía delante. Convocó una silla para el director a la derecha de la cama.
-Buenas noches, señor Snape, señorita Harb – dijo Dumbledore.
-Buenas noches, director Dumbledore – respondió Cecile.
-Profesor, señorita Harb.
-Buenas noches, profesor Dumbledore – contestó Sev.
("No nos mira a los ojos directamente como suele hacer y está muy agobiado.") El director se sentó a su lado.
-¿Cómo se encuentra, señor Snape?
-Bien, ya no me duele, algo somnoliento.
-Me alegro mucho. Si no se encuentra con ánimo de hablar, podemos hacerlo mañana.
("No, mejor acabar con esto cuanto antes. Así habla con los dos a la vez y no por separado.")
-No es necesario, puedo hacerlo ahora.
-Muy bien, permítame preguntarle primero a la señorita Harb lo que ha ocurrido para que pueda volver a casa cuanto antes.
("Sabe que Lily está preocupada.")
-¿Qué puede contarme, señorita Harb?
("No le ha preguntado ¿Qué ha pasado? sino ¿Qué puede contarme? No nos está leyendo.")
-Lo he encontrado tirado en el suelo en un corredor del séptimo piso, profesor.
-Y ha imaginado que habían sido sus compañeros de año quienes lo habían atacado, como de costumbre, ¿no es así?
-Sí, profesor.
-Y ha tenido usted la amabilidad de auxiliarlo y acompañarlo hasta aquí.
-Así es, profesor.
-Su actitud es encomiable.
("Tiene los ojos empañados y se lo ha puesto muy fácil.")
-Puede marcharse si quiere, señorita Harb.
-De acuerdo, profesor. Que descanses, Snape.
-Muchas gracias por ayudarme, Harb, nos vemos en clase – dijo Sev.
A ambos se les empañaron los ojos también. Mientras resonaban los pasos de Cecile por el corredor, Albus Dumbledore bajó la cabeza, derrotado.
("Buaaah… Se siente muy culpable y no lo va a disimular ante mí.") Vio resbalar las lágrimas por el rostro del director y apartó la vista. ("Pobre, lo va a pasar fatal cuando hablemos el sábado. Voy a tener que ser delicado con él.") Esperó sin mirarlo hasta que se recuperara y hablara.
-Perdóname, Severus…
("Woooow, mi nombre, y me está tuteando…") Lo miró, seguía con la vista baja.
-Estaba tan equivocado sobre ti. No debí dejar pasar lo que te hicieron el año pasado. Debía proteger el secreto de Lupin, pero a los otros tres debí expulsarlos o como mínimo, ponerles un castigo ejemplar.
("Pues sí.")
-No supe protegerte. Ha debido ser el propio Lupin quien lo ha hecho por mí.
("Sabe todo.")
-¿Qué puedes contarme sobre lo que ha pasado hoy? – lo miró por fin – Tranquilo, no te estoy leyendo ni lo pienso hacer. Me conformaré con lo que me digas.
-Me han atacado por la espalda.
-Lo imagino. De otro modo no habrían podido contigo sólo entre dos. No debían estar en Gryffindor, manchan la fama de la casa.
Sev asintió.
-¿Debo castigarlos ahora?
("Me está consultando. Wooow…")
-No, profesor. No es conveniente.
-Llámame Albus, por favor, y tutéame.
("Wow… Y sin saber ni la cuarta parte de los secretos. Lo que daría Lauren por estar presenciando esto.")
-Está bien.
-Imagino que la razón es que deben proteger a Lily Evans.
("Buf… Sabe todo.")
-Eso.
-Flaca protección.
("Ya te digo.")
-Deberías ser tú mismo quien se la diera, pero con el sistema de casas es imposible. No te preocupes por eso. Llegado el momento, que supongo será próximo, yo mismo le enseñaré lo que debe hacer en caso de verse atacada.
("Sabe todo. Que estamos juntos, que los maléficos nos chantajeaban, que por eso nos escondimos y que queda muy poco para que nos destapemos, mayo, última salida a Hogsmeade. Querido Albus, no sabes cuán próximo, pasado mañana. Pero lo va a adivinar en cuanto le diga que debo salir de la enfermería el sábado temprano.")
-Muchas gracias, Albus. Pero prefiero que aun así no castigues a los Gryffindor, al menos por el momento.
-Si no lo hago inmediatamente, no se van a dar por enterados. Volverán a tomarla contigo, podría ser mucho más grave y ahora no puedes fallar.
("Cierto. Ya debe saber que faltan todos los libros retirados de la S.P., y no sabe si sólo lo sé yo o alguien más.")
-Pienso que aunque los castigues, si no los expulsas, van a seguir en las mismas. Sabrán que me he chivado y la tomarán de nuevo conmigo tarde o temprano.
Albus apartó la vista.
-Pensar que podría haberte librado del problema el año pasado y no lo hice… No puedo expulsarlos por un brazo roto.
("Pues no, evidentemente, pero sí por ser animagos no registrados. Pero fastidiaría a Remus, hay que esperar a que al menos Cecile lo consiga.")
-No te preocupes, Albus, no son asesinos. Se han asustado cuando han sabido que me habían roto un brazo. Lo del año pasado fue una broma estúpida que no repetirán. Sólo quieren reírse de mí y dejarme en ridículo.
-La envidia y los celos.
-Eso.
("Y la que me van a tener a partir del sábado. Debo ser mucho más cuidadoso. Lo que necesitan es tomar de su propia medicina, un buen escarmiento que La Guardia les puede dar. Llegará el momento, la venganza es un plato que se sirve frío.")
-Bueno, dejemos el tema, no hay más que hablar sobre ello, pienso que tienes razón. Pero en cuanto lo consideres oportuno, al menos hablaré seriamente con ellos. Ya son mayorcitos como para andar comportándose como matones de patio de escuela.
("Toda la razón.") Albus volvió a mirarlo. ("Buaaah… qué agobiado está.")
-¿Hay algo que pueda hacer por ti?
-Sí. Pedir a Pomfrey que me permita salir el sábado a primera hora.
-Comprendo. Qué responsable eres y vaya peso has cargado sobre tus hombros. Vales tu peso en oro, Severus, mucho más que yo.
("¡Toma! Piensa que es para ir a entrenar y ya sólo por eso, lo tengo en mis manos. Wow…")
-No, Albus, no es para tanto. Estamos al borde de una guerra y debemos prepararnos.
-Pero que lo estéis haciendo por vuestra cuenta, adolescentes, muchos menores de edad, sin ayuda alguna de los adultos, es vergonzoso.
("Pues sí, toda la razón. Pero no te preocupes, Albus, el mismo sábado podrás ayudar.")
-Sí hemos tenido ayuda. Nos has permitido movernos libremente por el Bosque y usar la Sala de Menesteres.
-Ya, pero tarde y mal. Que sepas que estoy a vuestra disposición cuando lo requiráis y para lo que necesitéis. Habéis demostrado mucha más astucia e iniciativa de la que yo tengo.
("Se lo voy a soltar.")
-Gryffindor, mucho músculo y poco cerebro.
Albus rio y Sev también. ("Buah, nos vamos a llevar genial.")
-Slytherin, astutos y combativos. ¿Algo más por el momento?
-No, Albus. Sólo que estoy encantado de conocerte por fin.
-Y yo a ti, Severus.
-Formaremos un gran equipo.
-Lo estoy deseando. Te dejo descansar, diré a Pomfrey que te traiga la poción de sueño – levantándose de la silla.
-Gracias, Albus.
-Hasta pronto.
-Hasta muy pronto.
Le sonrió. ("Ha entendido, lo que decía Lauren, éste podría haber sido serpiente también.")
Albus se marchó y pocos minutos después vino Pomfrey con otro dosificador en su bandejita. "Qué mona."
-¿Qué tal? ¿Te ha vuelto a doler?
-No.
-Calculo que el sábado a primera hora estarás recuperado. Podrás desayunar en el Comedor.
"Genial."
-Te acomodo las almohadas para que te acuestes.
Lo hizo.
-¿Estás cómodo?
-Sí.
-Incorpórate un poco para tomarla, no te atragantes. Vas a dormirte en un par de minutos.
-Qué bien. Pomfrey, muchas gracias por cuidarme tan bien.
La enfermera le sonrió.
-Es un gusto hacerlo con alguien como tú.
Sev tomó la dosis, Pomfrey hizo desaparecer las sillas con la varita y apagó la vela.
-Que descanses, guapo.
-Y usted.
Pomfrey se marchó. Sev cerró los ojos y al minuto se quedó dormido.
