Dios.
Al sentía sus mejías sonrojadas junto a una creciente confusión a la par que escuchaba los murmullos.
"Es un Dios"
"Tiene ojos de oro"
"Digno sea de alabanza"
"Trae un tributo"
Era la primera vez que tocaba los suelos de Xing y en su búsqueda de May, se vio envuelto entre una muchedumbre. El pobre de Al estaba consiente a lo que se referían, pues después de la muerte de su padre, su hermano y él eran los únicos descendientes de Xerces, por lo tanto, los únicos que tenían ojos dorados y cabello rubio. Sabía que muchísimos años atrás, su padre había traído la alquimia a Xing.
Estaba ya desesperado por una salida, cuando un gritó muy conocido al decir su nombre llego a sus oídos. Sintió una gran alegría a ver como May se abría paso entre la multitud y lo abrazaba. Luego de eso, literalmente lo arrastro a su palacio, salvándolo así de una muchedumbre que parecía estar dispuesta a rendirle alabanzas.
