Capítulo XIV. Nuevos horizontes
Isabella:
Con el pretexto de ir a estudiar a la casa de Shery, logré permiso para pasar la noche del partido afuera.
Llegando al apartamento de mi amiga, de inmediato encendimos el televisor y vimos todo el partido en su magnitud. Una vez que la prensa confirmara la derrota y lo que esto significaba, revisé el celular que me dejó Genzo. 'Ningún mensaje aún...'
"No creo que te llame esta noche, Isabella…" dijo Shery mientras preparada dos tazas de café. Ella y Marie ya estaban al tanto de lo que pasaba entre Genzo y yo ahora. "Acaban de perder un partido muy importante según los comentaristas…"
"¡Rayos! Y para colmo con el equipo de Schneider. Todavía no lo creo…" murmuré mientras me sentaba al desayunador a sorber micafé.
Los comentaristas habían destrozado al Hamburgo. Primero por su falta de definición, y luego por su juego de defensa fallido. 'Si Genzo Wakabayashi hubiera respetado el plan de su técnico, el Hamburgo hubiera tenido una oportunidad más en el partido en casa. Que, a este punto, es nada más que una formalidad…'
Fuentes extraoficiales rumoreaban que Wakabayashi no jugaría en el siguiente partido como castigo. La noche de Genzo debía haber sido muy dura… Y su mañana no iba a dejar de ser más difícil. "Quisiera ir a su lado"
"Está en lejos, Isabella. Aun pudiendo salir hoy, no llegarías hasta mañana…" Shery aclaró sirviéndose más café.
"Lo sé…"
"No hay nada que hacer. Ser la pareja de un futbolista te condena a la espera en muchas ocasiones… Lo más que puedes hacer ahora es comunicarte con él mañana"
No queriendo aceptarlo, traté de marcar al nuevo número de Genzo, y luego Katya, sin éxito. La señal no entraba. Tendría que conformarme con no saber más de lo que las noticias decían.
Cerca de la 1 de la mañana, cuando las estábamos dormidas, el telefóno empezó a vibrar en la mesa del café. Yo, que dormía en el sillón, salté como pude a por él. Esperaba que el escándalo no hubiera despertado a Shery en la habitación contigua.
Adormilada aun, deslicé el ícono hacia la derecha y atendí la llamada.
"¿Wakabaya—Genzo?"
La persona al otro lado no contestó de inmediato. Extrañada, aparté el aparato de mi cara a ver si había contestado bien, pues el sistema en mi propio teléfono era diferente. Genzo me había molestado por ello, pues para alguien a quien se le daba tan bien la tecnología, un celular ajeno le estaba dando demasiados problemas.
Pero no. No era error mío. No realmente.
La persona al otro lado de la línea no era Wakabayashi. Era Schneider.
Por un momento, presa del pánico, pensé en colgar. Pero la llamada seguía activa. El rubio todavía no habíacolgado.
Respirando hondo, decidí que había que tratar de hablar. "Lo siento, ¿Schneider? Soy Isabella. Por ahora yo tengoel
celular de Genzo…"
El silencio siguió por unos momentos más. Cuando estaba a punto de colgar, el rubio decidió hablar también. "Lamento si te desperté. Sólo quería aclarar algo con Wakabayashi. No pensé que tú tuvieras su celular…"
"¿A la 1 de la mañana?"
"Wakabayashi y yo solíamos hablar en las madrugadas cuando no podíamos dormir. Era una tradición…"
Asentí, aunque sabía que no podía verme. Nunca hubiera querido quedar en el medio de una amistad. Y menos de una amistad que significaba tanto para Genzo. "¿Lo extrañas, no? Genzo también te extraña…"
El silencio volvió.
Hice un intento más. "Ni Genzo ni yo intentamos lastimar a nadie. Sé que no manejamos las cosas de la mejor manera y te pido disculpas. Yo traté de decirte que no me gustabas, pero luego me aproveché de tu atención cuando estaba despechada por Genzo. No debí haberlo hecho."
"Yo te ofrecí mi compañía, tú no la pediste…"
"No la pedí, pero la acepté a sabiendas de que tú querías algo más que una amistad. Lo siento. Fui una chiquilla tonta que no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba en juego…"
El rubio suspiró al otro lado. "Yo también debo disculparme. Traté de que quedaras conmigo por todos los medios. Sabía que Wakabayashi estaba interesado en ti y mencioné lo de Sabine aquella mañana para alejarte de él…"
Ahora era mi turno de estar sorprendida. "Schneider…"
"Pensé que si te enojabas con él, y yo le confesaba que me gustabas, él se alejaría por nuestros años de amistad. Pero veo que lo que hice fue hacerlos infelices y, por rebote, también le hice daño a Sabine…"
Al principio sentí un poco de cólera por la manipulación de Schneider. Jugó con todos magistralmente. Pero yo sería muy hipócrita si no reconociera que, en su posición, tal vez hubiera hecho lo mismo.
"Todos tuvimos culpa en lo que pasó excepto, tal vez, Sabine. Creo que ahora no nos queda más que mirar hacia adelante, ¿no lo crees, Karl?"
El rubio respiró hondo de nuevo, "Me parece que sí. No será fácil. No podremos volver a lo que éramos…"
Eso todos lo sabíamos. Por eso Genzo se entristecía. Su amistad con Karl era el precio real que había pagado por nuestra relación. "No. Probablemente no volveremos atrás. Pero quisiera que nos separáramos sabiendo que nos deseamos lo mejor el uno a otro."
"Eso es muy difícil, Bel…" respondió el jugador usando el apodo que tenía para mí. De cierta manera, yo también lo extrañaba.
"No te pido que seas generoso ahora. Diablos, ni siquiera que nos vuelvas a dirigir la palabra si no lo deseas. Nada más quiero que sepas que te amamos, que eres una persona importante para ambos, pero sobre todo para Genzo, que te extraña terriblemente. Y que, a juzgar por la hora de esta llamada, no es el único con nostalgia en esta amistad…"
Schneider se calló una vez más. No me imaginaba que tan difícil era hablar de algo como esto.
"Sabes que mandarán a Genzo a la banca en el siguiente partido, ¿no?" susurré.
"¡¿Qué?!" exclamó Karl con sorpresa.
"No he podido hablar con él, pero hay rumores de que lo pondrán en la banca por indisciplina…"
Después de una pausa, el alemán habló de nuevo. "No sólo por eso…Bel, hay rumores de que el entrenador del Hamburgo quiere echar a Wakabayashi del equipo…"
Eso yo no lo sabía. Genzo no me había contado nada. Aunque… "Ahora que lo dices, algo escuché en un programa de radio hace unas semanas."
Una idea se me vino a la mente. Tal vez era la última oportunidad de que Karl y Genzo llegaran a un acuerdo al menos.
"Karl, ¿tú sabes en qué hotel está Genzo, no?"
El rubio adivinó mis intenciones. "Ni lo sueñes, Bel. No."
"Por favor, por favor ve a buscarlo. Habla con él una última vez. No estoy segura de por qué no me ha llamado, pero sé que no soy la persona con la que realmente debe hablar…"
"Isabella, me estás pidiendo demasiado…"
Lo sabía, pero presentía que si no lo hacía ahora, no habría esperanza para ellos. "No creas que no lo sé. Yo me odiaría si fuera tú. Pero el hecho de que Genzo no me haya llamado y que tú lo hayas llamado a él a la hora de solían hacerlo no es coincidencia… Te necesita Karl…"
De pronto, la llamada se cortó. Traté de volver a marcar, pero no obtuve respuesta. O la señal no entraba o Schneider no me quería contestar.
Sea cual fuera el caso, esperaba haber podido hacer algo por esa amistad que tanto significaba para ellos.
Wakabayashi había tratado por horas de llamar a Isabella desde su hotel. Pero algo pasaba con la señal en general.
Después del partido había empezado a llover torrencialmente. En el lobby del hotel decían que rayos habían alcanzado varias torres de telecomunicaciones, haciendo la señal inestable. Como las arreglarían hasta después de la tormenta, no quedaba más que esperar.
Exhausto por el partido y el castigo que le esperaba, Wakabayashi durmió profundamente. Sin embargo, por más cansado que estuviera, a las 5 de la mañana ya estaba levantado. Costumbre de deportista. Sirviéndose un té en su habitación, el portero caminó hasta la ventana a ver a lluvia caer. Le encantaba la lluvia en las mañanas siempre que no fuera en un partido oficial. Siempre terminaba cubierto en tierra a menos que la cancha fuera sintética.
"¿Debería ir a correr?" Wakabayashi se preguntó. "Muahahahaha, levantaré a Kaltz y lo arrastraré al frío…"
Contento con su plan, iba a cerrar las cortinas y a vestirse, cuando un parche amarillo en el parque detrás del hotel le llamó la atención. Enfocando la vista, vio que el parche amarillo era cabello, y que su dueño estaba observando el hotel.
'¡Schneider!'
Wakabayashi se cambió lo más rápido que pudo y corrió al parque. Lo recorrió entero, pero no logró encontrar al rubio.
¿Lo había imaginado?
Decepcionado, el portero volvió al hotel listo para tomar un baño y terminar el empacar las pocas cosas que trajo. No quería llegar tarde a la reunión antes de irse. Ya estaba en suficientes problemas para agregar llegar tarde a la lista de pecados imaginarios del entrenador.
En camino al elevador, sin embargo, la gerente lo llamó, corriendo detrás de él apresuradamente.
"¡Herr Wakabayashi, Herr Wakabayashi! ¡Warten Sie mal!" la mujer corrió detrás, esperando que se detuviera.
"¿Ja, Frau Köhler?" dijo Wakabayashi, preguntándose qué podría querer la mujer.
"Es ist ein Hinweis für Sie" Hay una nota para usted
Wakabayashi frunció el ceño confundido. ¿Le habría mandado algo Katya? ¿Estaría bien Isabella? "Wer hat es?" ¿Quién la mandó?
" Eine blonde Mann lieferte sie." Un hombre rubio la trajo.
Wakabayashi tomó la nota de la mano de la mujer y con un "Vielen Dank" tomó el ascensor hacia su habitación.
Una vez adentro, abrió la nota y reconoció la letra de Schneider de inmediato.
Wakabayashi, Sabes quién soy.
Hablé con Bel tratando de localizarte. Quería saber qué había pasado en el partido.
Ella me convenció de que viniera a hablarte. Pero en el lobby me di cuenta que no había escenario en el que nuestra conversación fuera civil. Así que prefiero una nota.
Lo que tengo que decirte es muy sencillo. No te he perdonado. No creo que lo haga por mucho tiempo. Entiendo que Bel no me quería. Que te quería a ti. Pero como manejaste la situación fue una traición hacia los amigos que fuimos.
Pero… aún te considero mi mejor rival y no te deseo mal.
Debes cuidarte de tu entrenador. Papá investigó un poco de su política de jugadores y no es buena para los extranjeros. Te dejará en la banca hasta que te vayas o hasta que estés tan fuera de práctica que te echen. Lo ha venido haciendo con muy buenos resultados (para él y sus equipos, claro…)
No nos volveremos a ver afuera de la cancha.
Espero enfrentarte y enfrentar a Japón en el mundial. S.
Wakabayashi cerró la nota y la guardó en su billetera. Se la enseñaría a Isabella más tarde para mostrarle que tuvo éxito en convencer a Schneider. Y si las cosas no cambiaban antes del fin de año, tal vez era el momento de examinar las ofertas que le llegaban mes a mes de diferentes equipos…
Y algún día tendría la amistad de Schneider de vuelta. Tal vez no como era, pero esta nota y la llamada a Isabella por error eran indicios de la generosidad de corazón del alemán. Como el mismo clima le demostraba, no llueve para siempre.
Y es que, a fin de cuentas, las relaciones –como el fútbol, diría Tsubasa—son ganas por goleada y mañana pierdes por exactamente el mismo mientras que sigas con un corazón honesto hacia adelante, no importa los desafíos, sino el camino que te lleva a tu sabía que le esperaban temporadas difíciles en su carrera, a Isabella con su familia, y a los dos como pareja. Pero por primera vez en mucho tiempo, sonreía ante todo lo que estaba por venir!
おしまい
Nda: Y con esto cierro esta historia que me ha tomado años completar. Siento que seguirla sólo agregaría más drama que se puede explorar en otra oportunidad. Agradezco si la leíste. Espero te haya hecho reír al menos.
Chao chao!
