No era que se esperara una despedida, talvez sino hubieran estado en aquellas celebraciones de cada cuatro meses hubiera obtenido una comida con ella, pero su última noche en Invernalia consistió en un banquete donde algunos de los Lords se detuvieron frente a él a agradecerle el servicio prestado ante la Reina. A desearle suerte en su futuro y a recordarle que las puertas del Norte estarían siempre abiertas para él cuando lo necesitara. Sonriendo y agradeciendo sus palabras Podrick se retiró pues el camino sería largo y lo emprenderían en cuanto amaneciera, lo último que deseaba era tener como compañía un guayabo.
No pudo evitar sonrojarse cuando ella se le unió metros después de haber dejado el Gran Salón, pidiéndole unas palabras con él. El direwolf como siempre acompañándola, varios Guardas también que ella despachó momentos después de guiarlo al segundo piso, a un salón donde se recibían las visitas íntimas, más allí no se esperaban visitas porque la chimenea y las antorchas estaban apagadas, aun así, luz entraba por un gran ventanal. La luz de la luna, la luz de las diferentes hogueras encendidas a lo largo del primer piso.
"Haberse marchado conmigo sabe le traerá habladurías." Habladurías para las cuales no estaría presente para desmentir.
Ya lo sabía, había sentido la mirada de reprobación de algunos Lords y Ladies, de sus asesores cuando se despidió de estos para seguirlo a él. Ya lidiaría con ello, o lo harían sus asesores. Ya pensaría en ello la mañana siguiente, "¿Preferiría que me hubiera quedado en el Gran Salón?"
"No."
"Recuérdeme Podrick, ¿le agradecí alguna vez mi rescate?"
Eso era algo de lo que estaba muy al tanto no había hecho, le había pagado con un beso más un simple gracias no había recibido de ella, no que para a estas alturas viniera a interesar, "No mi señora, no me lo parece."
"Gracias. Nunca le podré pagar su servicio prestado."
Podrick le sonrió cómplicemente y después de unos momentos la vio yéndose a sentar en un mueble. Desde que no se sentó en un asiento individual y lo hizo en aquel mueble largo leyó la invitación y se aproximó para sentarse justo a su lado, buscando su mano y entrelazando sus dedos. Y se quedaron en silencio, sus miradas perdidas en las formas que el fuego en el exterior proporcionaba en el techo.
Más que besos y caricias Podrick se había convertido en la persona con la cual podía hablar sin caretas, una persona con la que podía tener contacto cuando sentía soledad y aunque él no la abatía en su totalidad, su presencia había hecho más que llevadero el último año. Su ausencia era algo que se sentiría, no le cabía duda de ello.
"…Nunca he tenido esto con una mujer." Y no era algo de lo que estar orgulloso, "No porque no quisiera o por falta de interés sino porque el tiempo, la oportunidad nunca se presentó." Iba a continuar explicándose cuando ella se giró, moviéndose y plantando sus labios sobre los de él, haciéndolo estremecer cuando con sus uñas empezó a rozarlo suavemente en el cuello. Podrick lo disfrutó hasta que él mismo se separó tan solo un par de milímetros, "Fue usted, ¿cierto?" se atrevió a preguntarle las sospechas que tenía y sintió la mano de ella deteniéndose, "…Usted le escribió a su hermano, ¿verdad?…Para que me llamara a Desembarco del Rey…"
Sansa exhaló, soltándolo y sentándose derecha, aparentemente era más perspicaz de por lo que lo daba, "Sí." Peor sería mentir. Le había escrito mucho tiempo después de lo prudente y viendo como las cosas se profundizaban entre ellos. Había seguido el consejo de Lord Cromwell, y lo había hecho a voluntad propia.
Asintió, también sentándose derecho, ella no encarándolo, "…Lo entiendo, mi señora."
¿Lo hacía? Se preguntó al no verlo enojado y por su parte decidió darle explicaciones, "Temo que su presencia en el Norte…se pueda convertir en una amenaza para mí reinado. Mis asesores, y quien sabe quién más, empezaron a notar nuestra cercanía…" Se remojó los labios y se colocó en pie, "Robb y Jon, antepusieron sus corazones a su deber…Yo no pienso cometer el mismo error. No puedo. Y es mejor frenar las cosas ahora que estoy a tiempo…" porque de él quedarse sus sentimientos seguirían creciendo, sus encuentros aumentando en intensidad, y aquello no se lo podía permitir. "Lo siento."
¿No era demasiado tarde ya? Al menos para él lo era. Podrick pensó sus palabras y le asintió, siguiéndola con la mirada hasta el ventanal, "La razón sobre el corazón."
Sí había aprendido a conocerla en ese año y medio, Sansa dejó su mirada perderse en el patio, "Lo que he permitido que suceda entre nosotros, para mí se ha tornado en un problema personal…en un principio tomé aquel primer paso porque creí que usted se marcharía de Invernalia en cuestión de semanas. Más de un año después continúa aquí, y las cosas continúan escalando entre nosotros...Y yo no puedo hacer lo que pide de no pensarlo de más. Es todo en lo que pienso. Usted más que nadie sabe cuánto me agrada su compañía, pero más me agradaría tener paz en cuanto a esta situación."
Que se mostrara tan elocuente en ese momento…pensó con ironía, "Lo sé, mi señora…Tan solo…me hubiera gustado que me lo mencionara. No es como si hubiera tratado de hacerla cambiar de parecer." Pasó saliva, "…Sé que usted es quien tiene más por perder en esta situación. Yo entré a esto sabiendo de sus miedos y renuencias. Cómo también entré conociendo su carácter, así que no me sorprende su forma de actuar."
Una parte suya se sorprendió al ver que haber ido tras de sus espaldas no lo enojó como se lo había esperado. "Sus pérdidas también serían graves." Exhaló, "y todo porqué, ¿por un capricho?"
¿Era solamente un capricho? No quiso ni pensarlo de a mucho, menos preguntárselo. Era mejor dejarlo así. Después de verla pensativa y mirando hacia afuera con la mirada perdida decidió hablar, "La razón por la que no me opongo a mi partida es porque no tengo futuro aquí en el Norte. Quedarme sería interferir con su vida, y usted eventualmente se casará en algún momento y no veo el punto de quedarme para ser relegado a un segundo plano en un futuro. Eso me haría miserable." Cuando se giró a mirarlo le mantuvo la mirada. Y ella tan solo lo estudió calmada y largamente, luego la vio respirando profundo y volviéndose a girar hacia el ventanal exhalando. Entendía, no había nada qué decir; ella sabía que sus palabras eran veraces.
Si tan solo Podrick no hubiera hecho el juramento de Guarda, si fuera un Lord…así fuera uno menor…con tierras y cierto poder…Ella se arriesgaría a ponerle cara a sus súbditos y Lords si él lo quisiera, si quisiera permanecer en el Norte, cambiar por completo su vida. Más incluso este pensamiento se le hacía absurdo y tan solo una ilusión del momento, un capricho insensato del que se arrepentiría. Así ella lo quisiera él nunca estaría a su altura ni la del Norte,y el pensamiento que la había perseguido en los últimos días regresó; por qué dejaría él todo tirado por ella cuando ella no haría lo mismo por él. Y también sabía que era bajo de ella pensar en sus humildes orígenes cuando él le había brindado tanto. "Hubo un tiempo en que creí que esto era un capricho…" le dejó saber, "…Es sólo más fácil continuar llamando al sentimiento de aquella manera." Solo se lo vino a aceptar a si misma cuando las palabras dejaron sus labios.
Sabía que esto era lo más cercano que iba a estar de ella admitir que lo quería. Los últimos cinco meses él lo había asumido ante la forma un poco más cariñosa en que ella se empezó a comportar. Se colocó en pie y caminó hacia ella sospechando que lo iba a detener, pero verla ajustar la ventana para no ser vistos le dio su permiso. La abrazó desde atrás, colocándole los brazos alrededor de la cintura, y el mentón en el hombro. "¿Más difícil admitirlo ahora que nos despedimos?" susurró. Primera y última vez que la sostendría de esta manera, y ella se dejó, colocando sus manos por sobre las de él.
"…No soy buena con sentimientos." Al menos ya no más.
"Mmm, lo que me deja pareciendo demasiado sentimental."
Sansa se sonrió junto con él. Se erizó cuando lo sintió acercando la cara a su cuello y lentamente se giró en sus brazos, cerrando del todo la ventana.
"¿Qué razón le dio a su hermano para pedirle que me hiciera llamar?"
"…Ninguna. Saqué la cara por usted como Guarda y Embajador, y admití que lo que le pedía era una decisión basada en razones personales, nada más…Si quiso o aún quiere explicaciones siempre puede ver lo sucedido. No es como si necesite permiso para hacerlo."
Aquella era una habilidad que un circulo muy cerrado sabía el Rey tenía, aunque no se hablara mucho de eso. "¿Lo ha hecho con usted antes?" Y no había faltado a su juramento, pero se había involucrado con la hermana del Rey cuando éste lo mandó a cuidarla, se imaginaba que la forma en que la había cuidado le traería repercusiones…Pero la forma en que el mismo Rey se había expresado en la carta que le mandó no le dejaba ver que le tuviera nada en contra.
"Sí." Le admitió. "…Pero no es algo de lo que uno se dé cuenta a no ser que él lo mencione."
Respiró profundo, "Va a ser una reunión incomoda cuando me vea con su hermano nuevamente, mi señora."
"Sus intenciones siempre han sido honestas, Podrick. No ha hecho nada que yo no le haya permitido, o buscado. Porque todo esto comenzó conmigo buscándolo a usted. Además, nada…inmoral sucedió entre nosotros…él no tendrá reproches." Ni probablemente le interesaría, pero no quiso compartir aquello.
"…Eso espero mi señora."
Le mantuvo la mirada para prontamente abrazarlo, él también sosteniéndola.
Podrick cerró los ojos, de esta forma disfrutando más de la presencia del otro. Y permanecieron de esta manera por mucho más de lo que sería normal. Podrick no atreviéndose ni a acariciarle la espalda por temor a que fuera a romper el enlace. Respiró profundo una vez más, su pecho empujando contra el de ella. Sería tan bueno descansar con ella así.
Y en cuanto más tiempo pasaba, más tenía en cuenta que podían ser encontrados, "Deberíamos buscar otro lugar antes de quedarnos dormidos. Uno más privado donde no seamos encontrados fácilmente."
"¿Qué?" preguntó, levantando la cabeza del hombro de él.
Podrick le sonrió, sabía que la iba a espantar, "…Esta última noche, o lo que queda de ella, me gustaría pasarla en su compañía sin el temor a ser hallados..."
Estar con él en privado y a esas horas sería indecente, era algo de lo que estaba muy al tanto. Sus doncellas para ahora estarían esperándola. Lady Rose y sus Guardas se alarmarían al presentarse ante su habitación y no encontrarla allí, ni en el Gran Salón, ni en las salas comunes del castillo. Se separó un tanto de él, "Tengo una debilidad por usted, Ser Podrick, pero créame; la debilidad no es tanta como para tentarme."
Le quedó en duda si sus palabras iban como broma, y aun así se sonrió ante su tono de voz, pero más importante, en sus ojos la vio considerando su pedido. La soltó de la cintura tomándola de las manos, "…Diga que sí…" se escuchó pidiéndole, seriamente y mirándola a los ojos.
La única forma por la que consideraba aquello era porque sabía que nada indebido iba a suceder. Además, tampoco sería la primera noche que pasarían juntos si tenía en consideración las que compartieron cuando fue atacada. Y la única forma de lograr aquello sería tener a Lady Rose cubriéndola de alguna forma, algo a lo que sabía se negaría incluso más cuando le explicara sus razones. Podía contar con sus Guardas, lo que sabía era lo más factible, pero estos la juzgarían calladamente de aquí en adelante, "Me temo que no cuento con demasiada libertad…"
Podrick sabía aquello y le asintió tristemente. No podía pedirle que dejara su honor de lado por pasar unas ultimas horas con él. Porque sería manchar su honor, así no le colocara ni un solo dedo encima.
Aún no se creía a sí misma en este tipo de encrucijadas, y lo que él pedía ella también lo deseaba, no se imaginaba despedirse y que éste fuera el final en la historia de ellos. Antes de perder su coraje se colocó en pie, "Déjeme ver qué puedo hacer." Se escuchó diciendo con cierta duda discernible. Esperó a que Podrick se negara más no lo hizo, y al no hacerlo prosiguió a darle instrucciones de donde esperarla, qué hacer, y más importante; que podría tardarse un rato en reunirse con él nuevamente.
Podrick le asintió, con curiosidad dejando aquella sala y yendo hasta el lugar que ella le dijo, preocupado de no haber entendido bien, de no poder seguir bien sus instrucciones. Cuando abrió la puerta de una habitación de inmediato supo que sí, que se había equivocado en algún cruce por aquellos pasillos vacíos y retomó sus pasos desde un inicio, recordando lo que ella le había dicho y volvió a llegar al mismo lugar. Esta vez entró, respirando profundo, sonrojándose y excitación situándose en su vientre bajo, trató de ignorar la cama y tras atrancar la puerta y encender la chimenea buscó por la biblioteca personal que ella le había dicho y haciéndose a un lado con fuerza la movió hacia la izquierda, ésta cediendo tras varios intentos y dejándole ver un pasadizo en frente suyo. Tan sólo se quedó mirando a la oscuridad en su interior, las innumerables telarañas. No era inusual que un castillo tuviera este tipo de pasajes escondidos. Lo inusual sería que no existieran. Se la imagina de niña corriendo dentro de estos, junto con sus hermanos…Talvez en su tiempo con Ramsey tratando de escapar…pero no, recordó que la mantenía encerrada y seguramente no en una habitación como esta, y mejor dejó de pensar en ese tipo de cosas.
Fue y se sentó en frente del mueble que daba a la chimenea. Una habitación grande, tenía que estar cerca de las habitaciones de la familia. La habitación estaba limpia, seguramente lista para esperar invitados en estas reuniones.
No con mucha resolución Sansa hizo su camino hacia su habitación, dos Guardas esperándola allí, los saludó y en el interior la esperaba Lady Rose junto con dos doncellas. En su indecisión el tiempo pasó simultáneamente rápido y lento, y sólo vino a reaccionar del todo cuando las dos doncellas se despidieron hasta la mañana siguiente. Ella ya en su bata de dormir, su cabello suelto y sin tensas. "Deseo estar a solas, Lady Rose." Vio que la jovencita se fue a rehusar, pero se le adelantó, "Esto no es una negociación. Váyase a descansar." La joven dormía en una antesala en su habitación, pero cuando Sansa deseaba privacidad, o no estaba de buenos humores, la Lady descansaría en una de las habitaciones adyacentes. Después de quedarse de nuevo a solas Sansa no se movió, pensando muy bien lo próximo a hacer. En si continuar o no con su plan. Nieve ya habiendo tomado su lugar en el piso, en frente de la puerta.
Lentamente se movió hacia uno de los armarios, buscando un vestido y colocándoselo, luego pensó en si arreglarse el cabello o ponerse un corsé, pero en vez de eso se colocó su pesado abrigo y encima una capa, cubriéndose la cabeza. Por último, fue hasta dicho armario, moviéndolo como en varias ocasiones Robb de niños le había enseñado. A sus espaldas vio a Nieve colocándole atención y a sus oídos el sonido de aquel armario moviéndose en su base le sonaba demasiado alto, pero seguramente a los oídos de los Guardas no llegaba por que no tocaron preguntándole si todo estaba bien.
Podrick se había acostado en el mueble, aun esperando, y se estaba empezando a sentir somnoliento cuando escuchó pasos, al sentarse y fijarse en el interior de aquel túnel vio la luz de una vela cada vez haciéndose más grande, la figura inmensa del direwolf moviéndose por delante de ésta de repente. De inmediato se colocó en pie, yendo hasta la puerta y esperándola. No pudo evitar fruncir el ceño cuando vio el plato de comida en la otra mano de ella. Lo recibió mientras le preguntaba si estaba bien y caminaba hacia una mesa a dejar el plato allí. Al girarse la vio despojándose de la capa llena de telarañas.
"Nada va a suceder Podrick," le advirtió sonrojada, al sí misma mirar hacia la cama. Dejó la capa sobre un asiento en un rincón, para qué quitarle las telarañas si quedaría igual cuando regresara a su habitación, "Este es tan sólo uno de los lugares al que ese pasillo lleva."
Podrick sabía que nada iba a suceder, más no podía dejar de sentir cierta emoción. Se preguntó pasajeramente a donde más ese pasillo llevaba, pero aquello no era de importancia.
Nieve para el momento tomando su lugar ante la puerta.
Podrick no sabía cómo proseguir, ella en todo caso no era como las conquistas de su pasado. Le señaló hacia el plato tapado. "Gracias por la comida."
Sansa se volvió a sonrojar, haber traído aquel plato tan sólo era una excusa para sí misma, una bobada que la avergonzó en el momento. Se había despojado de su abrigo y se encontraba blandiéndolo en el aire, no queriendo encontrarse ninguna sorpresa de un animal pegado a éste, y cuando se cercioró de ello se lo volvió a colocar y caminó hacia el mueble, Podrick sentándose a su lado segundos después, tomándola de la mano y así se volvieron a quedar.
Después de Lord Bolton nunca imaginó sentirse cómoda con un hombre, no de esta manera, no como lo hacía con Podrick. Había estado Jon, Lord Royce, y otros hombres respetables, pero ninguno tan cercano como Podrick. Y definitivamente lo que Podrick le hacía sentir era diferente. Talvez de lo que hablaban las canciones y cuentos de los cuales se había desencantado así a Lord Cromwell le hubiera dicho lo contrario, a Podrick y a ella misma también. La verdad, trataba de no pensar mucho en eso, en sus sentimientos, en los momentos robados entre ellos, pero en los últimos días se descubrió no pudiendo hacerlo.
"Cuando en Fuerte Túmulo le dije que me tendría comiendo de su mano de ahí en adelante, no mentía…pero tampoco sabía en lo que esto se convertiría." Podrick declaró sin saber que se entrometía en sus pensamientos. Sintió que ella lo miró, pero él no dejó de mirar las llamas, "…Ahora, en retrospectiva siento que perdimos mucho tiempo." Le admitió, "Me hubiera gustado dar un paseo con usted fuera del castillo, una carrera a caballo, cantarle, de pronto bailar juntos… perderme más a menudo en sus ojos. Besarla más. Acariciarla más…"
Más besos y caricias sonaban contraproducentes, "…A duras penas me alcanzaba el tiempo con los asuntos del Norte, Podrick." Comentó fingidamente.
Aquello no era una mentira, "¿Se habría negado?" preguntó incorporándose un tanto y mirándola.
"…A algunas de esas cosas."
"¿Cómo cuáles?" preguntó interesado.
"En una carrera a caballo usted ganaría. Cantarme…con público espero, a solas sería incómodo…y pensándolo mejor con público sería peor. Bailar juntos. Dejar el castillo solos no sería apropiado."
"¿Se negaría a que bailemos juntos? La vi bailando con docenas de hombres en nuestra salida por los castillos de los Lords."
Sansa se sonrió ante su tono acusador, "Que baile con ellos no quiere decir que me agrade hacerlo."
"…Talvez bailar conmigo le hubiera agradado." Le dijo en su mejor tono y mirada seductor y de hecho vio que aquello funcionó porque la vio bajando la mirada sonreírse y morderse el labio inferior, y lo que esa imagen provocó en él lo hizo dejar de mirarla, "Tampoco es como si sea bueno bailando, me temo."
Lo miró y lo encontró sonrojado y evadiéndole la mirada, "Si alguna vez regresa a Invernalia lo invitaré a dar un paseo. Hay varios pasajes hermosos no muy lejos de aquí."
Palabras vacías, Podrick sabía que no volvería a pisar el Norte en su vida, ella también debía de saberlo, "Lo tendré en cuenta, mi señora. Y extenderé aquella invitación cuando usted viaje al sur y nos encontremos."
Sansa le asintió, creyendo aquello posible pero no adecuado, "Lo tendré en mente."
"¿Qué hay de mí cantar? …No tengo una mala voz."
No, no la tenía. Recordaba haberlo escuchado algunas veces más nunca colocando demasiada atención. Así como no había tenido tiempo ni mente de felicitarlo por su don. Lo tomó del brazo, "…Demasiado romántico."
Sí, a ella no parecía agradarle el romance, "Quien quita, canto, y Nieve sale enamorado esta noche de aquí."
Sansa se sonrió, unos segundos después pasándosele por la mente a las prostitutas encantadas con su voz, su sonrisa se esfumó poco a poco y quiso hacerle un comentario de que confundía a Nieve con sus prostitutas, pero no lo hizo, "No parece tan enojado con usted como antes, ¿lo ha notado?"
Le asintió, "…Creo que presiente mi partida, y está contento con eso." Como Lord Harry, sospechaba. Ellale sonrió de vuelta.
Silencio era algo que ninguno de los dos creyó que habría con tanto que tenían por hablar. Y así pasaron un buen rato, en silencio.
"…No le veo nada de malo al romance…"
Sansa respiró profundo, "…Porque seguramente lo ha experimentado y está a gusto con este."
Aquello era verdad, Podrick tomó su mano y se la llevó a los labios dejando un beso allí, luego la soltó y se sentó en la mesa baja que había entre ellos y la chimenea, "Voy a cantar." Le advirtió, esperando que ella lo detuviera al recordarle que alguien lo podía escuchar, pero aquello no ocurrió. En el momento deseó tener una jarra de vino con ellos, y lo único que hizo fue aclararse la garganta antes de comenzar. Y eso hizo, cantar una de las tantas canciones que se sabía, cerrando los ojos para concentrarse más y después de varias estrofas sintiéndose sonrojándose y extrañamente sin aire ante la atención que sentía sobre él. Sabía que si abría los ojos y se encontraba con la mirada de interés y candor que ya le conocía su voz moriría, así que continuó concentrándose, imaginaba que cantaba para sus compañeros o amigos, pero cada vez el aire yéndosele más.
Sansa sentía su corazón desbordado en su pecho al observarlo y oírlo, su voz era una maravillosa y ella ya estaba influenciada también por lo que él la hacía sentir, y lo atractivo que lo encontraba. Cada día más atractivo. Decidió no pensar en ello y apoyó la cabeza en el respaldar del asiento, siguiendo sus palabras mentalmente, o susurrando el coro que sí lo conocía a pie de la letra.
Llegando al final lo volvió a mirar antes de que él terminara.
Abrió los ojos, y ahí estaba aquella mirada, iba a extrañar esa mirada. Sin pensarlo se pasó al mueble de nuevo y la vio incorporándose al creer que iba a ser besada más él no lo hizo, "Mi señora me emociona." Se dijo con la boca seca, y encontrándose sin aire. Ella tan sólo le mantuvo la mirada. Y se la quería comer a besos, pero lo que hizo fue continuar con la siguiente canción. Tomándola de la mano.
Era estúpido de ella ir a caer en esa muestra romántica más decidió no evitarlo; era la última noche que compartirían juntos y se podía dar el gusto en algunas transgresiones.
En cuanto dio la última estrofa de aquella canción, no fue sorpresa alguna que la besara intensamente.
Lo próximo que supo fue que estaba arrodillado en el mueble, inclinado sobre ella, ella acariciándole el cuero cabelludo al enredar sus dedos en su cabello, sosteniendo su cara a ella. Regresándole el beso con un toque de afán que lo sorprendió. No había mucho de los labios descoordinados de un inicio o de su actitud cuidadosa, ella amoldándose a aquel beso con seguridad. La sintió separándose después de unos momentos, pero la tomó del rostro y siguió su boca, besándola por unos instantes más y cuando la sintió que se separaría por falta de aire sin pensarlo le mordió el labio inferior y tiró de este, ella dejando salir un quejido bajo desde lo más profundo de su ser que fue música para sus oídos.
Mientras tomaban aire, sostenidos fuertemente del otro, ambos miraron hacia Nieve, quien parecía no darse cuenta de nada.
Podrick se sonrió ante el animal, ¿Quién era el jefe ahora? Pensó tontamente más decidió mirarla de nuevo, "¿Fue…demasiado, mi…señora?"
"Sí." Le respondió sin aire y con la verdad. Él mirándola expectante y respirando profundo, como si el aire tampoco le llegara a su ser, sumamente sonrojado, lo vio mirándola a la boca y ambos se volvieron a mirar a los ojos, eso fue lo único que necesitó y en un impulso se encontró uniéndosele a medio camino, besándose insistentemente, buscando formas de acomodarse mejor frente a frente.
Muy bien sabía que solo era inclinarse otro tanto, y ella permitírselo y terminaría acostado sobre ella. Pero no insistió, disfrutando de esto. En los próximos meses en añoranza recordaría estas horas compartidas, y se recordaría estando feliz con ella de esa manera. "¿Me extrañará, aunque sea un poco?" le preguntó estudiándole la mano sin guantes. Guantes que ella se había quitado desde un principio para poder acariciarlo, sentir su piel.
Sansa no veía punto en ocultarle nada en ese momento, "Me he acostumbrado a su amistad."
Podrick se sonrió pujando bajamente y llevando su mano a acariciarle una ceja, perdido en sus ojos azules, en su mirada dilatada, "¿Es así como llama a esto, amistad?"
"Sí. Caricias," le dijo acariciándole con la yema de los dedos la mano que a su vez le acariciaba su cara, "y besos," giró su rostro para dejarle un beso en la palma de la mano, "son tan solo algo de más que llegó con esta amistad." Sin saberlo había extrañado y necesitado contacto, que alguien la tocara, algo sencillo, como poner una mano encima de su muñeca o de su brazo… Estar así con él era retornar al pasado, cuando se había sentido segura junto con personas que la querían y protegerían sin condiciones… "Lo extrañaré. A usted. Su presencia."
"También la extrañaré."
Volvería a estar sola y a una parte suya la idea le agradaba, tan solo le tocaría que acostumbrarse de nuevo a esta soledad, así como se había acostumbrado a su compañía.
"¿Puedo escribirle…" lo pensó por unos segundos, casi y perdiendo su valor, "…Sansa?"
De inmediato se sintió sonrojándose bastante al escuchar su nombre dejar sus labios, "Por favor, hágalo." Lo vio mirándola con mortificación y curiosidad, y le sonrió, tocándole la mejilla, "Está bien."
Podrick le asintió aun avergonzado por atreverse a llamarla por su nombre sin ella habérselo pedido, "…Siendo esta la última noche no vi porque no tomarme esa atribución, al menos de lo que queda de la madrugada."
Sansa le asintió hasta que algo vino a calarle de nuevo en la mente, "¿Madrugada?" ¿Qué hora era? Se preguntó, buscando el reloj y descubrió que llevaban bastante tiempo encerrados, el tiempo habiendo volado tan rápido.
"Probablemente estoy haciendo algo bien si la hice olvidar del tiempo."
"…Esto no soy yo, Podrick." Dijo quejándose, avergonzada de que él fuera a pensar mal de ella.
Su mano se cerró por autonomía propia en la cintura de ella, no sintiendo ninguna clase de corsé, lo que lo sorprendió y vio ella también lo notó porque brincó ante su caricia, esta vez sí sintiéndolo, "…Lo sé. Por eso es tan especial para mí."
Ella no era un premio para él, necesitando espacio se colocó en pie y marchó hacia la mesa, destapando el plato que había traído, no queriendo nada de éste, tan solo necesitando un respiro. Respiro que no obtuvo pues sintió a Podrick abrazándola desde atrás por un momento, y no alcanzó a reaccionar para cuando él estaba a su lado y lo vio tomando del plato el que sería el postre; una de las uvas en almíbar, mascándola lentamente y seguramente preguntándose que más comer. Se quedó mirándolo fijamente talvez por mucho porque él se giró y le sonrió. Se fue a marchar hacia el mueble, pero lo sintió colocándole la mano en la cintura para detenerla.
"¿No va a comer nada, mi señora?"
"No hay nada que me apetezca."
"Ah…" vio su oportunidad, "¿Qué me dice de un baile ya que estamos de pie?"
Le levantó una ceja, "¿Sin música?"
"Sí, suena ridículo, mi señ-"
"Llámeme por mi nombre." Era absurdo que tras todo lo que habían compartido no le fuera a permitirle llamarla por su nombre.
"…Sansa…" repitió bajamente, ella seguramente no comprendiendo lo importante que aquello era para alguien como él. Pero al verla sonriéndole tras haber dicho su nombre comprendió que sí sabía lo que aquel gesto le significaba. "Sansa…" repitió, aquel sonido aun sonándole tan ajeno a sus oídos.
Se sonrieron y nuevamente se besaron y lo que se registró en la mente de Sansa fue lo dulce de la fruta que aun podía saborear en los labios de él. Y sí, besarse de esta forma, lenta y despreocupadamente era algo bueno, algo que le agradaba. Se sintió sonriendo antes de separar sus labios de los de él. Él besándolo sobre el hombro y colocando su mentón sobre este, ella hizo lo mismo. Abrazados de aquella manera, pronto se sintió que los estaba balanceando, tan solo un tris, ¿Y Por qué tanta felicidad si también estaba triste de que se marchara? Después de unos momentos lo sintió acercándose más a su cuello y empezándoselo a besar detenidamente. No creía que se podría llegar a acostumbrar a la sensación.
Apenada decidió hablar unos momentos después, "Entonces, ¿va a tomar esta noche como la última oportunidad para seducirme?" preguntó, no queriendo parecer tan intimidada por el lugar en el que estaban, en lo que él podía estar pensando.
A veces le sorprendía como ella podía ser tan cerrada, y a la vez hacer preguntas abiertas que iban al punto. Dónde hubiera sido otra mujer le hubiera preguntado si esa era una invitación o si era lo que quería, Podrick exhaló, "…Sé que eso no es lo que quiere…¿pero es lo que piensa?"
Sacudió la cabeza, y lo encaró después de unos instantes, "…Si lo pensara no estaría de esta forma con usted." Sus sueños y fantasías eran muy diferente a como actuaría en la realidad.
"Lo sé," le respondió seriamente y después se sonrió, "Y habla de la última oportunidad cuando ni siquiera la primera ha existido…"
Quiso demostrar que esta parte de la conversación no la incomodaba, pero sí lo hacía, así fuera en chiste, "…Siempre me imaginé que usted utilizaba su reputación…como forma de tentar a las mujeres."
Podrick la soltó otro tanto para no irla a intimidar, "No. Y usted no es como cualquier otra mujer." Respiró profundo y la acarició desde el cuello hasta un poco más arriba de su espalda baja, haciéndola estremecer y sonrojar gracias a la falta de corsé, "¿Aunque no tiene siquiera un poco de curiosidad?"
Quería huir de esa conversación, de la tentación que ciertamente sentía, pero al mismo tiempo quería borrarle la cara de satisfacción, "Me han gustado nuestros acercamientos, pero no tanto como para provocar aquella clase de curiosidad." Lo empujó de los hombros y marchó hacia el sillón como si nada. Lo sintió siguiéndola, pero cuando se sentó él no lo hizo.
Se aseguró de obtener toda su atención antes de volvérsele a sentar al lado, "Tenemos un par de horas para trabajar en ello, mi Señ…Sansa." Le dijo descaradamente, pero dejándole ver que era en juego.
Se dijo a sí misma que esto era un juego por parte de él, pero muy bien sabía que de darle la oportunidad de propasarse él la tomaría. Y tenía razón, ella no quería aquello. Podía jugar con eso en su imaginación, pero ahora en que la posibilidad se presentaba sentía era ansiedad y temor. "Siento haber traído esta conversación." Le admitió, "Pero eso no va a suceder." Le advirtió seriamente y mirándolo a los ojos, apenada.
"…Una vez más, mi señora, lo sé. Usted no es así." Y mucho más importante; él sabía que no estaba lista.
Sansa lo pensó por unos momentos, y aunque sabía que lo mejor era dejar la conversación quiso la confirmación a sus asunciones, "…Más si yo le diera la oportunidad…¿usted la tomaría?"
Por la forma en que lo miraba supo que era mejor no ignorar aquel cuestionamiento, "…No soy un Santo y estoy loco por usted. Dos cosas de las que ambos estamos al tanto." Se remojó los labios, "Y si usted me diera la oportunidad, con seguridad de que lo que quiere, me gustaría intentar complacerla…" si alguien se merecía placer de ese tipo era ella. La vio sonrojando y de inmediato continuó sin perder el aliento, fingiendo que esta conversación no lo tentaba, "Y mejor no hablemos de esto porque de ésta conversación no saldrá nada."
Sansa buscó por algo más que decir más no supo qué. De nuevo se quedaron en silencio por otro buen rato, mirando hacia el techo, perdidos en pensamientos. "¿Faltaría al juramento que le hizo a mí hermano?" se escuchó preguntando en un hilo de voz.
Ya aquello no tenía que pensarlo de a mucho, "Por la mujer correcta, sí."
Pasó saliva, "¿Y yo soy esa mujer?"
"¿A qué viene el tono de incredulidad?" preguntó entre confundido y en tono de broma.
Sí estaba sorprendida por eso, no porque le faltara al juramento a Bran, sino que lo haría por ella cuando había tantas mujeres felices, normales que… "Sé que soy una persona difícil de llevar…"
"No siempre conmigo. Y para mí es una mujer extraordinaria. Y la única que he querido." Decidió de una vez por toda revelarle sus sentimientos. Ya que más daba. Con la cabeza apoyada al espaldar del mueble se giró a mirarla, ella mirando al techo como lo había estado haciendo él.
Aunque escuchar sus sentimientos le agradó de sobre manera también fue un puñal al corazón. A su vez se giró a mirarlo, ambos manteniéndose la mirada por mucho tiempo. Sansa se dio cuenta que Podrick hacía más que quererla, una voz interior le dijo que la amaba, y se encontró siendo incapaz de devolverle aquellas palabras textualmente, porque sinceramente ella ya no sabía cómo. Y ella no lo amaba, lo quería, lo adoraba a ratos incluso, pero no lo amaba y aquella inhabilidad de no poder corresponder sus sentimientos de la misma manera era un puñal a su corazón. El daño en ella continuaba, el que se había hecho a sí misma al cerrar su corazón. Y si seguía pensando en esto terminaría con su genio por los suelos, así que lo mejor era desviar su mente de aquello, y la conversación.
Queriendo espantar lo evidente se quiso convencer en el momento a que la intensidad de los sentimientos de Podrick talvez se debían a lo imposible que era una relación entre ellos dos, a que ella era inalcanzable para él…incluso en términos íntimos, lo que mantenía su interés. Cerró los ojos, pero ya se encontraba incomoda con todo esto, aun así fue ella quien buscó la mano de él y entrelazó sus dedos juntos, aunque aquel gesto no se sintió como antes.
Para el momento era obvio que no obtendría respuesta, que ella no querría seguir con el tema. "¿Qué cree Ser Brienne diría si se diera cuenta de lo nuestro?" Podrick preguntó.
Pujó, "Ella lo tiene en gran estima, y es demasiado de mí asumir que le daría su merecido, o en su defecto le halaría las orejas, y a mí…me diría que debería saber mejor, ¿tal vez?"
"…Definitivamente tendría algo que decirme, y en cuanto a darme mi merecido lo haría mediante un entrenamiento."
Sansa asintió, "¿Lord Tyrion?"
Podrick sintió una sonrisa viniendo a su rostro, "No sé," dijo con la verdad, "no sé si haría una broma, o si se sentiría traicionado…" definitivamente tomaría esto diferente a si fuera Podrick Payne con una conquista.
Lo podía ver haciéndole un comentario capcioso a ella, "…Él podría pensar que esto viene desde Desembarco del Rey, desde que usted y yo éramos unos jovencitos."
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Podrick sabía que debía descansar si quería hacer más llevadero el viaje de las próximas semanas, pero era descansar o no estar con ella. Así que descansaría cuando se subiera al barco. La miró y la encontró adormilada, y estudió su bello rostro por lo que talvez fue demasiado tiempo. Esta vez lo más largamente que lo había llegado a hacer antes, talvez queriéndose grabar sus rasgos. ¿Y porque no nació con el don del dibujo en vez del de cantante? No se sorprendió cuando minutos después ella abrió los ojos y se le quedó mirando, "Vaya acuéstese en la cama. Yo le cuido el sueño."
Respiró profundo, "…Talvez ya es hora de que cada uno se retire a su habitación."
"…No me diga eso." Le pidió. "Quiero estar hasta el último minuto con usted." Se atrevió a decirle.
Espantando el sueño Sansa se sentó más derecha, moviendo sus hombros y tratando de ignorar la cama detrás de ella, pero esa era una idea en lo más profundo de su mente.
La vio mirando hacia la chimenea, no encarándolo y pasó saliva, "Vamos a la cama," susurró para prontamente añadir, "prometo no tocarla sino lo quiere." Apenas que habló vio sus ojos vacilantes ante las llamas.
¿Y si lo quería? …Si no estaba segura de quererlo con él, nunca estaría segura de quererlo con alguien más, "¿Qué si nunca llego a quererlo con nadie?"
Nunca lo sabría sino daba aquellos pasos, más no fue eso lo que respondió, "El hombre en cuestión debería entenderlo, y aceptarlo." Su respuesta vio la dejó pensativa, y estaba en una posición de poder asegurarse de que aquel hombre no se propasara, a Podrick no se le pasaba desapercibida la presencia de Nieve.
No creía que ningún hombre en cuestión fuera a entenderlo ni aceptarlo, ni siquiera Podrick, él hablaba desde el corazón, y porque la quería…pero en un futuro, cuando se casara con otro hombre…Aquel no era el momento de pensar ese tipo de cosas.
Podrick respiró profundo, "Y lo que diré a continuación no es un intento por seducirla sino un consejo. No sabrá si lo quiere, si lo desea, si está lista, hasta que no llegue a dar esos primeros pasos." Pasó saliva, "Y no me refiero conmigo…sino en un futuro."
Incomoda y con un nudo en la garganta, el corazón en el pecho pensó en esas palabras. Y así fue como inició todo entre ellos ¿No? Lo había querido, no había estado ni cómoda ni lista, pero ya besarlo era algo completamente normal.
Podrick se remojó los labios, sin mirarla, "…He escuchado que para la mayoría de mujeres en un principio siempre hay cierta inseguridad y temor." Y que era trabajo del hombre en cuestión hacerla sentir cómoda. "No es comodidad lo que se siente sino al contrario, pero también ganas de estar con esa otra persona…"
¿Ahora le daba consejos a como se debía sentir? "No es una mujer. Dudo que sepa como una mujer se siente en ese momento." ¿Y para que sacar a relucir que no era su primera vez?
Vio que a ella no le gustó que quisiera explicarle asuntos de su género, pero tampoco pareció disgustarla demasiado, "Sólo quiero ayudarla en su…mentalidad."
"…Supongo que usted sabe bastante de lo que habla, ¿no?" decidió cambiar el foco de atención y lo vio sonrojándose más, lo que le causó gracia incomodarlo tanto como la estaba incomodando en ese momento.
"Algo."
"Mmmm, algo, sí…"
Podrick no lo pudo evitar y se sonrió incómodo, "…En todo caso lo que dije es verdad…"
"¿Quién le dijo eso, las mujeres a las que ha seducido?"
También, pero más bien las prostitutas a las que Lord Tyrion lo había enviado, pero no había razón de dejarle saber aquello, "Sí. Y charlas de hombres."
A ella le gustaría escuchar charlas de mujeres de ese tipo, le pasó por la mente fugazmente, algo que la sorprendió. "…Entre usted y yo no va a pasar nada." Le advirtió, su voz y cuerpo temblando antes de ponerse en pie, despojarse de su abrigo y marchar hacia la cama, sentándose en ésta.
La notó evadiendo su mirada, "…Considero que ya todo lo que iba a suceder entre nosotros sucedió." Le dijo con honestidad, "Y me quedaré aquí en el sillón si eso es lo que prefiere. Nos separaremos de una vez si eso es lo que desea."
"No. Deseo su compañía." Le admitió, y por unos momentos se entretuvo por unos segundos acomodando las almohadas, el tendido debajo de ella, no queriendo expresarse, pero sabiendo que era mejor hacerlo. "…Tristemente no estoy lista para más." Susurró, sabía que no lo estaba por su pasado, y por el simple hecho de que no se dejaría deshonrar por fuera del matrimonio. No era de ella, por mucho que hubiera cambiado. No era de ella incluso con todas las otras acciones deshonrosas que había realizado para mantenerse como Reina. Con trepidación se acostó lentamente.
Podrick no estaba seguro si ella esperaba que se acostara a su lado.
Sansa se preguntó que esperaba Podrick para acompañarla cuando de reojo lo vio moviéndose. Acercándose por el otro extremo y ella no le pudo mantener la mirada, deseó tener vino con ellos para sus nervios.
Cuidadosamente Podrick se acostó, girándose de costado hacia ella. Nervioso e incómodo. Mejor se hubiera quedado callado y estarían ambos más tranquilos sentados en el mueble.
La tensión la mató el direwolf quien se colocó en pie y caminó hasta la cama, acostándose a los pies de ésta y en el lado de Sansa.
Podrick no pudo evitar una pequeña sonrisa, "Tiene a un gran protector…Le aconsejo que siga llevándolo con usted de aquí en adelante cada vez que deje Invernalia."
"Lo haré." Nieve no volvería a dejar su lado. Sansa cerró los ojos, esperando calmarse sabiendo que sueño no regresaría a ella, sus sentidos demasiados alterados como para aquello, aun así, decidió fingir descansar, el sentimiento de su pecho de que estaba haciendo algo equívoco no dejándola tranquila. Su mente tampoco. Tan sólo no se colocó en pie y se marchó porque no fue él quien tomó el primer paso. "Esto es tan extraño para mí…" dijo tras unos minutos, viéndolo también con ojos cerrados, más tranquilo que ella, ni siquiera sonrojado.
Podrick abrió los ojos, mirándola a estos y respiró profundo. "Lo sé."
No había entendimiento en sus palabras, sólo ese simple lo sé. Él le señaló hacia su mano dándole a entender que se la iba a tomar y después de pensarlo le asintió. Pero Podrick no se la tomó, lo que hizo fue girársela dejándola sobre el colchón, palma arriba y empezó a rozársela suavemente con la yema de sus dedos, ella lo dejó. Después de un par de minutos de aquel cosquilleo prosiguió
a hacer lo mismo en la longitud de sus dedos, nunca dejando sus movimientos calmados, y aunque no sintió sueño llegando a ella sí sintió un tanto más de serenidad.
Podrick decidió hablar después de que sintió que ella se empezó a relajar, "Está helada."
"…De los nervios." Le admitió con ojos cerrados y aun concentrada en la sensación. Su mente protestó cuando él se detuvo y se salió de la cama, lo vio yendo hasta el mueble y regresando con su abrigo, no pudo dejar de notar lo servicial de él mientras la arropaba con éste. A veces se preguntaba si lo caballeroso se debía al interés por ella.
Podrick buscó su mano nuevamente, ahora ambos acariciándose las yemas de los dedos suavemente, "…Me agrada que no me tema…"
No lo hacía, pero aquello no evitaba que en lo más profundo de su ser no latiera una pequeña desconfianza para con él, o sus intenciones. Ella aún pensaba en qué era lo peor que podía suceder al estar de ésta manera juntos. Por eso Nieve, pudo haberlo dejado en su habitación, pero había decidido traerlo…Más tampoco era como si el lobo no la fuera a seguir por aquel túnel. Su presencia tan sólo era para calmarla pues sabía que alguien como Podrick nunca actuaría de una forma vil. Era normal que le acariciara la mano, que se la besara, y lo vio acomodándose boca abajo, bajándose un tanto y llevándose su mano a la boca, ésta vez no se la besó, sino que lo empezó a hacer castamente con sus dedos. Después de unos segundos en que recorrió todos sus dedos de ida y vuelta Sansa habló. "Esta es la primera vez que he yacido con un hombre por voluntad propia…" sí, estaba vestida, no estaban haciendo nada, pero esto era de significado.
No pudo evitar una pausa ante aquello y Podrick le asintió, dándole un último beso a su mano y dejándosela sobre la cama de nuevo. Acomodándose frente a ella, con espacio y sin tocarla, no creía que ella trajera el tema a la conversación, "…He asumido eso, mi señora." Podrick sabía o al menos sospechaba que ella no quería hablar de sus vivencias, por eso no hizo preguntas, ni antes ni ahora, "Por eso que confíe en mi de esta manera significa demasiado..."
Sansa tenía tanto que pensar en cuanto a todo esto, en cuanto a él, su docilidad, el don de decir lo que ella a veces necesitaba oír, "¿Actuaba así con las muchachas que pretendía antes? …¿Complaciéndolas con su gentileza?"
A la mayoría de las mujeres le complacía la gentileza, así que sí, "Las muchachas que pretendía antes no eran usted." Y antes todo había sido un juego.
"¿Está diciendo entonces que hace el esfuerzo conmigo?"
"No…no es ningún esfuerzo…" miles de pensamientos le vinieron a la mente en ese momento, "no lo fue en un principio." Se remojó los labios, "Las cosas se dieron sin yo darme cuenta y fue una sorpresa que usted se fijara en mí…ya después…"
Lo podía ver perdido en sus pensamientos y le dio curiosidad, "¿Ya después?" quería saber con qué más iba a salir.
La miró a los ojos y sacudió la cabeza para volver a sí mismo, y después de un instante trató de enlazar todos sus pensamientos. "…Usted en pocas palabras me dio una muestra de um, su daño, y por respeto y estima decidí dejarlo todo en sus manos…aunque cada día dándome cuenta que…si quería conquistarla debía hacer un esfuerzo por hacerme notar. Es una Reina después de todo. Siempre lo ha sido incluso cuando no tenía Corona." Podrick sabía que en ese momento en un descuido podía decir algo que no debía, algo que a ella no le agradara, pero a estas alturas ya qué más daba, "Sus renuencias me mantenían en vilo…pero al mismo tiempo era divertido. Divertido estar con usted, detrás de usted. Las burlas que teníamos. Las conversaciones." La volvió a mirar a los ojos notándola atenta a sus palabras, "A media que el interés inusitado se daba entre nosotros también sabía que tenía que hacer un esfuerzo para sobresalir por sobre sus pretendientes. Tenía que hacerlo con mi ingenio, gestos y muestras de afecto, ya que nunca podría competir con los obsequios que ellos le daban." En su salida la había visto recibir vinos costosos, frutas difíciles de conseguir, pieles, joyas valiosas, y Lord Erron se había presentado nada más y nada menos que con una yegua hermosa e imponente como obsequio, yegua que aún estaba en los establos así las cosas entre ellos se hubieran derrumbado. La vio levantando las cejas sorprendida y se apuró, "Más esto no quiere decir que nuestras conversaciones, los detalles entre nosotros hayan sido mentira. No sé si me explicó. Mis gestos y muestras de afecto tienen significado real, no son un juego. Por si lo estaba pensando."
No lo estaba pensando, solo estaba pensando todo lo que había pasado por alto en cuanto a él. Había pensado en las diferencias de jerarquías entre ellos, pero él aparentemente había estado más concentrado en eso que ella. A Sansa aquellos obsequios que le daban no le significaban nada, bien, a excepción de ese baúl de telas exóticas provenientes de Essos que Lord Hasher le obsequió una vez. '¿Por qué no es feliz? ¿Qué quiere que ya no tenga?' Se sacó aquel recuerdo de la mente. "Usted no ha tenido ninguna competencia."
La forma en que ella lo dijo lo hizo exhalar en gracia, "Lo sé…" y la vio también sonriéndose apenada. "No es por hacerme ver mejor, pero creo que ya es innato querer complacer con mi gentileza. No sé. Tan solo creo que con usted le di el tiempo que necesitaba, y la amistad y cariño también."
En lo más recóndito de su mente una parte escéptica se preguntó si él no lo había planeado todo para hacerla caer en sus redes, como lo había dicho una vez, como prácticamente se lo acababa de decir hacía menos de un minuto. Midiendo sus movimientos se irguió un tanto y se inclinó hacia él, colocándole la mano en el pecho –no sin antes dudar en que parte del pecho– y lo vio cerrando los ojos mientras se inclinaba cuidadosamente para besarlo. Un solo beso casto. Se alejó, más se quedó en la misma posición, cuando lo vio abriendo los ojos su corazón se disparó ante lo que le iba a decir pues la verdad era que los minutos que les quedaban eran contados, "Desearía que no le hubiera presentado juramento alguno a Bran." Vio que lo sorprendió con aquello, sintió el corazón de él apurándose bajo su mano, "…Eso me hubiera hecho la vida mucho más fácil de aquí en adelante."
La implicación allí imposible de malinterpretar. "…Yo también desearía no haberme juramentado…pero entonces no estaría aquí." La vio asintiendo y Podrick respiró profundo, "Además, eso no quita que provengo de una casa menor que ni siquiera me respalda, y que no tengo nada a mi favor para ser visto como digno de usted." Fue sólo en ese momento que pensó realmente en aquello, que sobre pasó las fantasías y se dio cuenta de la realidad; de tener una elección estar casado con una Reina no era algo para lo que él estaba destinado, algo que lo llenaría como persona. Así esa Reina fuera ella. Sus vidas completamente diferentes. Él provenía del Sur, el Norte lo abrumaría con el tiempo y su clima. Este trabajo se lo había tomado como eso, un trabajo con calma, y no se había sentido abrumado porque estaba entontado con ella, más al final de cada día sabía que volvería al Sur, a su sol resplandeciente, verdes praderas, clima apacible… Y las palabras que le acababa de dar las sintió más como una cordialidad para quedar bien con ella. Y antes de darle tiempo a que leyera en sus inseguridades en cuanto a qué y no quería, levantó la cabeza para alcanzar sus labios nuevamente.
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"No me tema, sólo quiero sostenerla." Fueron las palabras que le dio cuando la sintió tensándose al colocarle la mano sobre la curva de su cintura. Para ese momento las cortas y diferentes conversaciones que habían tenido, los cortos y cuidadosos besos, le dejaban creer que ella le había perdido un tanto el temor a la situación.
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Sansa no decía nada, pero notaba como con cada beso –ya no tan corto y casto que se daban– se iban acercando cada vez más, aunque ninguno de los dos parecía hacer movimiento para aquello. La mano de él ya no estaba sobre su cintura, sino su brazo sobre ésta, mientras le acariciaba la espalda, haciéndola estremecer a propósito aprovechando que no traía corsé y ahora sí podía sentir más sus caricias que sobre las armaduras tipo corsé que solía utilizar. "Tengo una pregunta un tanto ingenua…pero como usted lo dijo, es el más sentimental de los dos…" lo vio levantándole las cejas lo que le causó gracia, "¿Considera que el amor es cuentos de hadas, solo palabras bonitas en canciones?"
Le sorprendió la pregunta, "Sí," Respondió sin dudar y de inmediato, su afirmación no teniendo nada de romance, "…Creo que son exageraciones, amores no reales e idealizados. ¿Ha conocido a alguien que haya amado de aquella forma?"
Ni siquiera sus padres.
"Ve, yo tampoco." Se remojó los labios, "De experimentarlo lo más probable es acabar con el corazón roto, como dicen las canciones." Podrick estaba muy al tanto de que se iba desilusionado del Norte, pero no con el corazón roto.
"Y que yo sepa un corazón roto nunca ha matado a nadie." Sansa se dijo sin pensarlo de a mucho, y vio a Podrick frunciendo el ceño en ese momento, la imagen de Brienne llegándoles, siendo abandonada por el desgraciado de Jaime Lannister. En aquel tiempo ambos la habían visto retomar su puesto sin ningún comentario, como si nada hubiera sucedido, pero ambos sospechando el dolor por el que estaba pasando. De aquella relación un hijo había nacido. Hijo del que Sansa y Podrick muy pocas veces hablaban. Lo único que Podrick sabía y Sansa sospechaba era que sería el heredero de la Casa Tarth. Sansa no se atrevía a preguntarle a Tyrion si no tenía ningún deseo en nombrarlo el heredero de Casterly Rock. No era asunto suyo, pero era algo que se le cruzaba por la mente.
"…La cuestión es que una parte mía sospecha que de quedarme en Invernalia, y las cosas continuar entre nosotros…esa barrera auto impuesta de que esta relación es imposible continuaría desvaneciéndose y–"
Respiró profundo, regresando al momento, "–En el peor de los casos terminaríamos enamorándonos."
Le sorprendió que ella terminara por él, y que admitiera aquello, "Quien quita, y nos estamos privando de un amor como el de las historias…"
Sansa le subió las cejas, ella no sintiéndose tan romántica, "Por eso mismo la razón de que pedí su marcha…es mejor prevenir."
Le asintió, luego prosiguió como broma, "Deberíamos de ser más arriesgados, valientes. No conformarnos con lo establecido."
"Ahí tiene una canción, si algún día se decide por escribirlas y no sólo cantarlas."
"Sí," dijo burlándose, "sería todo un éxito asegurado por generaciones cuando se la dedique a la Reina del Norte."
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Mientras hablaban también se besaban, mayormente pausada y calmadamente, y por más que lo intentó los besos no permanecieron de aquella manera por mucho tiempo, menos cuando cambiaron posiciones y quedó ella acostada boca arriba con él inclinado sobre ella. Las uñas de ella haciéndolo estremecer en su cuello y espalda, uno de los tantos puntos débiles que ella le había encontrado.
Sansa sabía que no debía, pero participaba gustosamente de lo que estaban compartiendo, incluso cuando los besos empezaron a prolongarse y sentirse como demasiado. Aun así, no lo detuvo, ignorando a la voz de la razón que le decía que lo detuviera. La verdad era que no quería que se detuviera.
Podrick apoyó la frente contra la almohada, acostado boca abajo lo que le servía para ocultar su emoción, y al girar el rostro se quedó mirándola, notándola sumamente sonrojada, su pecho y estómago subiendo y bajando con su respiración apurada, como la de él. No lo encaraba, pero podía ver sus ojos dilatados, y sus labios hinchados. No pudo evitar sonreírse.
No supo qué tanto estuvieron en silencio, pero sí supo que fue un buen rato porque al mirar al reloj se dio cuenta que era el momento de despedirse. Ambos se movieron hacia el otro para besarse de nuevo, más firmemente, con más afán, Podrick notó que no pareció molestarle que le colocara la parte superior del cuerpo encima, y la tomara de la cintura, aunque sí la sintió tensándose por unos momentos, pero el beso pareció hacerle olvidar aquello. "Una parte mía no se quiere marchar."
"No quiero que lo haga." Susurró ante sus labios.
Minutos después estaban en pie nuevamente, ella con su abrigo y capa puestos nuevamente, él estudiándola desde un rincón y cuando estuvo lista se le volvió a aproximar.
Sansa lo tomó del cuello y apoyó su frente contra la de él, no sabiendo que decir que no se hubieran dicho ya. Ambos se asintieron y parecieron dudarlo antes de separarse.
Las últimas palabras que se dieron en privacidad fue él dejándole un beso en la cabeza y acariciándole la espalda, "Recuerde, no hay nada malo en usted. Y no hay nada malo en confiar en la gente, dejarlas acercársele a su corazón."
"No todos son tan sinceros y de buenas intenciones como usted."
Bien, sus intenciones ya no eran tan puras tampoco, pensó y la vio sonrojándose como leyendo sus pensamientos. Aun así, la sensación de seriedad pesaba sobre ellos, Podrick pasó saliva, "No me olvide, mi Reina."
Sintió un nudo en su garganta y le acarició el pecho, "Usted tampoco me olvide, Podrick."
"Nunca." le prometió, volviéndola a mirar, y señalándole hacia su brazo, la linda cicatriz que le había quedado, la herida que ella misma le había cocido. "Adiós...Sansa." Ambos sabían que si se llegaran a ver nuevamente nunca sería en estas mismas circunstancias. Ella volvería a ser la Reina del Norte, probablemente casada y de nuevo inalcanzable e intocable para él.
Lo tomó del cuello nuevamente para darle un último pico de despedida, "Hasta luego, Podrick."
Él la acompañó por el túnel caminando por delante de ella, llevando la vela en una mano, y la mano de ella en la otra. Nieve por detrás de ella.
Por primera vez Podrick piso su habitación, haciéndose a un lado para dejarla pasar. Ella dejando el plato sobre la chimenea y dándose un último beso y abrazo.
Podrick regresó por el túnel, a sus espaldas escuchándola cerrando la puerta que daba a éste, extrañamente no sintiéndose tan de bajos ánimos como se había imaginado. Colocó en su lugar la biblioteca personal, alisó el tendido de la cama, se fijó que nada hubiera quedado fuera de lugar y apagó el fuego de la chimenea.
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Las últimas palabras que se dieron como Reina y Guarda/Embajador fueron en el patio, una hora después al momento de su partida, algunos Guardas y asesores presentes.
Sansa preguntándose si su sonrojo se les hacía visible a todos en la oscuridad de aquella madrugada. Pero más preguntándose por la marca en el rostro de Podrick, marca que no había estado allí antes, y no tuvo tiempo de preguntarle.
"Cuídese, mi...Reina." Le dijo sonriéndole e inclinándole la cabeza. No teniendo ojos más que para ella. Ella inclinándole la cabeza educadamente.
"Lo mismo, Ser Podrick. Gracias."
"Fue un honor servirla, mi señora." Uno de los soldados que había acompañado a Podrick todo ese año añadió. La Reina fijándolo con la mirada y asintiéndole.
"Las puertas del Norte siempre estarán abiertas para ustedes."
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No fue hasta un día después que vio a Lord Harry, encontrándolo con un moretón rondándole un ojo y la nariz hinchada, y de inmediato recordó la marca roja ¿y recién hecha? Que le había visto a Podrick. "¿Qué le pasó?" preguntó en reprobación y éste le sacudió la cabeza.
"Antenoche me vi envuelto en una escaramuza en la taberna de las Inviernas." Mintió. Pues la verdad era que había descubierto que Ser Podrick no pasó la noche en su habitación, y asumía ella tampoco. Lady Rose y sus Guardas sacaron la cara por ella, pero él no les creía, era la Reina y ellos sus empleados, seguirían sus órdenes, no las de él, como Jacob ya le había dado a entender en numerosas ocasiones. Así que marchó hasta la habitación de Podrick para esperarlo allí, y el reclamo que le iba a hacer murió en sus labios ante el enojo que le embargó en cuanto lo vio entrar. Le alcanzó a dar dos golpes antes de que éste se defendiera y lo reconociera en la oscuridad, deteniéndose y preguntándole que putas creía hacía. Y la verdad, su ego estaba dolido, no sólo por Podrick llevarse el honor de la Reina por delante sino también porque éste lo venciera en una pelea a puños, siempre había creído que por su tamaño y fuerza llevaría las de ganar, y no fue así.
"No sabía que usted bebiera de esa manera." Sansa en ese momento decidió, por su propio bien y el del mismo Lord, no preguntar por detalles ni poder en tela de juicio sus palabras.
