Que será de ti, Capitulo catorce.

Los gemidos de una pareja podían escucharse desde la sala del apartamento. Albert la había hecho completamente suya.

Candy movía su cuerpo enganchada en la cintura de Albert mientras él la tomaba de las caderas y muslos.

_ Aww... Auch... Si así mi amor un poco más... más...

_Sus gemidos y cuerpos húmedos de placer era lo que se escuchaba del par de rubios en movimientos pausados.

Finalmente Candy logró hacer que su hombre eyaculara. Aunque Candy trato que Albert terminara dentro de ella. El la volteo para dejar caer su líquido fuera del vientre de la rubia.

Debían tener precaución para evitar un embarazo prematuro.

No era el momento para un bebé. Su relación como pareja apenas comenzaba a dar frutos y, aunque no había dudas del amor que sienten; todavía había un secreto que Albert no le había revelado a su protegida y ahora su mujer.

Que había sido él, bajo el nombre del tío William quien la había tomado bajo su protección cuando ella fue obligada por los Leagans a viajar y trabajar en Mexico. Albert no tenía tiempo en ese entonces debía actuar de inmediato.

Como podría explicarle que quien se enamoró de ella durante la convivencia era Albert y no el tío abuelo a quien todos creían era un anciano excéntrico.

_ ¡Te amo!...

Gracias... gracias por entregarte a mí en cuerpo y alma. _ decía besándole suave y delicado. Candy cayó rendida en sus brazos.

Seguido de unos minutos los dos quedaron dormidos profundamente en la habitación.

Después de una hora comiéndose centímetro a centímetro poseyendo sus cuerpos, estaban agotados.

Unos horas después

Era pasado del medio día cuando el celular de emergencias de Albert lo despertó.

_ Habla Albert. _ dijo un poco desorientado por la hora.

Al ver a Candy entre su brazo y torso sonrió; bajando la voz continúo con la conversación.

_ Si... por supuesto... ahí estaré mañana a primera hora.

Gracias Dr. Leonard.

Y feliz día de acción de gracias. _ Colgando su móvil; movió a su rubia poco a poco para no despertarla.

Debía preparar la cena. No habían desayunado por lo tanto su estómago comenzaba hacer ruidos extraños.

Candy se movió un poco dejando visible la mancha de su virginidad. Albert abrió sus ojos para observar que no la había lastimado. Pero el rostro pasivo y relajado de Candy le confirmó que no. La mancha solo era parte de lo que tenía que pasar en una primera vez.

Le beso su frente, feliz de haber sido el primero; la cubrió con la sabana gruesa de pelaje y camino hacia la ducha.

Minutos más tarde Albert se encontraba limpiando el pavo, preparando el jamón para colocarlo al horno.

Colocó todos los ingredientes que necesitaría en la isla de mármol del centro de la cocina.

_ ¡Sí!.. Tenemos todo. — se dijo así mismo.

_ Tomo la pequeña receta que había buscado en el internet y se dispuso a proceder a preparar la cena.

Albert había trabajado como cocinero en el restaurante cuando estaba amnésico; así que no se le dificultó preparar todo por sí mismo.

Mientras el pavo y jamón estaba en el horno, encendió la chimenea. El olor a comida y leña ardiente despertó a la rubia.

Con las sabanas en sus manos y tratando de ocultar la evidencia, Candy pasaba de prisa hacia el cuarto de lavandería.

Albert sonrió, pretendió no haberle visto. Se dio cuenta que su mujer estaba avergonzada así que decidió no mencionar el tema.

_ ¡Hum!... huele delicioso.

Tengo mucha hambre, _ dijo haciendo un guiño. Albert sonrió y la abrazo por la espalda, dándole un delicioso sándwich de jamón.

_ ¡Aquí tienes amor!... _ Colocándolo en las manos de Candy.

_ ¡Oh! gracias Albert... tengo mucha hambre.

_ El desayuno se echó a perder sabes. Estaba tan animado cocinando, cuando una personita me llevó casi a la fuerza hacia mi habitación.

_ ¡Así!... ¿A la fuerza? Ja ja ja ja. _ Candy carcajeaba al escuchar las palabras de Albert, su sonrisa era tan libre y sincera que contagiaba.

_ Creo que en unas cuatro horas estará lista la cena.

Así que tenemos tiempo de ver unas películas y después cenar como Dios manda.

_ ¿Podemos invitar al señor Kim?

_ ¡Por supuesto mi amada!.. _ respondió Albert entusiasta.

Después de pasar una velada amena y en compañía del señor Kim. La noche paso tan de prisa que la magia se desaparecía con las manecillas del reloj que marcaban la media noche.

Viernes por la mañana

Albert y Candy amanecieron en habitaciones separadas. La razón; Albert no podría contenerse al tenerla cerca. Cada beso cada caricia provocaba en ellos el deseo de la lujuria y la pasión.

Candy aún estaba dolida entre sus piernas. Por lo tanto no objetó cuando él lo propuso.

Hospital Bellevue.

Desde muy temprano Albert llegó a las instalaciones del hospital; se llevaría a cabo la contratación de nuevo personal para cubrir algunos departamentos que necesitan ayuda.

Helen Brusette estaría a cargo de las enfermeras; suceso que había incomodado a Franny. Ella estaba segura que se merecía ser la encargada de las contrataciones. Pero por experiencia y jerarquía esa misión se ha había entregado el director del hospital a Helen.

_ ¿Todo está listo para las entrevistas Franny? _ preguntaba el Dr. Albert mientras se ponía su bata blanca.

_ Si Dr. todo está listo. _ respondió Franny.

Mientras se dirigían hacia la sala de juntas; una enfermera entregó los documentos con los resúmenes de todas las personas que estarían contratando. El Dr. Albert se encargaría de los médicos.

_ ¿Franny, puedo pedirle un favor?

_ Si Dr. por supuesto.

_ Una señorita de nombre Candice White, vendrá a las entrevistas para enfermeras. ¿Podría darme su portafolio? quiero entrevistarla personalmente.

_ Lo siento Dr. Pero el jefe de enfermeras de emergencias es la que estará a cargo de la contratación.

A mí me han asignado el área de soporte de laboratorio. _ dijo Franny en tono de desapruebo. No dió mas explicaciones, no quiso agobiar al Dr. con rivalidades laborales.

_ ¿Helen?... «rayos... esto será más difícil de lo que pensé» _ Se dijo.

Los directores, doctores y jefes de enfermería y laboratorios tomaron sus asientos designados.

Hicieron pasar uno a uno para ser entrevistados según su profesión.

Cada aspirante por los puestos de enfermeras que pasaban a la gran sala habían sido una distracción para Albert, ya que en cada una de ellas buscaba el rostro de Candy.

Después de unas horas, Albert terminó con sus entrevistas.

Les extrañó que aún continuaba sentado, como si esperaba por alguien.

Hecho que no pasó desapercibido por Helen quien no le quitaba la vista desde que llegó por la mañana.

Albert siempre vestía radiante, espectacular, impecable; Pero este día, este día tenía un brillo especial jamás antes visto.

Finalmente llegó el turno de los apellidos W y Z.

_ « ¡Claro! como no lo pensé antes. Se ha registrado como Candice White y no como un Ardlay» — pensó.

La rubia entro. Al observarlo sentado frente a ella y sin quitarle la vista; Candy no le miro. Actuando como sino lo conociera.

Se dirigió a la silla y se sentó frente a Helen Brusette quien la entrevistaría.

Al levantar el rostro, Candy palideció al ver a la persona que tenía frente a ella. Era Helen, la enfermera que había declarado su amor a Albert hace dos días.

Helen se dio cuenta que Albert no le quitaba la mirada a la señorita White.

Albert tomo su pluma y jugándola entre sus dedos trataba de descifrar porque la mujer que estaba a escasos pasos de su silla, actuaba como si no lo conocía.

En la otra esquina, Franny observaba detenidamente el mismo panorama.

_ Y dígame señorita White ¿Cuantos años de experiencia tiene? _ preguntó Helen alzando la voz.

Candy había escrito que tenía cero experiencia y solo pedía una oportunidad. Pero Helen quería humillarla ante sus colegas y jefe de personal; Aun el director Leonard pudo darse cuenta de ello.

Sorprendido y en silencio, observaba a la joven que tenía frente a ellos.

_ «¿Candice White?» — pensó sorprendido observando a Albert quien había estrujado un papel y hecho bola del coraje al escuchar a Helen.

Candy suplicaba por una sola oportunidad para demostrarles sus conocimientos aprendidos de Mary Jane.

_ Por favor... solo deme una oportunidad. Se podría ser de mucha ayuda.

_ Está muy claro que no podemos contratar enfermeras incompetentes en este hospital. _ Lo que en realidad Helen sentía eran celos; esa joven desde el momento que entró había tomado toda la atención del hombre que ella ama.

Al escucharla, Albert se puso de pie.

_ Señorita Busette, no tiene por qué alzarle la voz a la señorita.

No es necesario repetirle una y otra vez la falta de experiencia. — dijo Albert mientras la observa a punto de perder la paciencia.

_ Dr. Albert, este es mi espacio y es mi responsabilidad contratar enfermeras capacitadas. Pero si estoy violando mi ética profesional y las reglas del hospital, dígame para retirarme.

_ Albert exhalo, sus ojos parecían dos llamaradas de fuego.

_ No... No está violando las reglas y normas del hospital. Pero si hay manera de hablarle a las personas.

Albert miro a Candy con ojos de ternura y fue la primera vez en diez minutos que ella alzo su mirada hacia él.

Con ojos suplicantes le pedía que no interfiriera.

Albert comprendió al ver sus ojitos verdes que se habían apagado por las lágrimas que amenazaban correr por su rostro.

_ Lo siento señorita White; Pero no hay lugar para usted aquí. _ Helen le entregó el portafolio a Candy.

Albert quería saltar la mesa que los separaba y abrazarla, protegerla como siempre lo hacía.

Deseaba contratarla como su asistente personal. Pero que podría hacer por ella. No podía violar las normas y reglas del hospital.

La amabilidad de un colega en el pasado, le había costado la vida a un paciente. Candy tomó el portafolio y se puso de pie.

_ Gracias por la entrevista. _ agradecida dio unos pasos hacia la puerta.

Albert quebró el lápiz que tenía en sus manos en dos pedazos la parte de la punta cayó a los pies de la Dra. O'Brian.

La joven asustada lo observó. El Dr. Albert era un médico querido y respetado, no solo por su carisma sino también por su pasión y amabilidad. Y en ese momento estaba enojado.

_ Franny. _ dijo la amable Dra en su voz suave y poco audible.

_ Dra._ respondió la joven de inmediato.

_ Tome el currículo de la señorita White y vengan a mi oficina.

_ La mirada de Albert se ilumino al igual que la de Candy.

_ Dra. Patricia, le recuerdo que no podemos violar las reglas del hospital. _ dijo el Dr. Leonard quien se había mantenido en silencio esperando que el Dr. Albert hiciera algo por quien un día, perdió su empleo por protegerlo.

Él sabía que una palabra de Albert bastaría para contratarla.

— « ¿Por qué no lo hizo?» se preguntó repetidas veces.

Hacerlo implicaría para El Patriarca salir a la luz pública.

Si protegía a su amada, significaba que debía tomar los negocios de su familia por completo. Y con ello vendrían los viajes y la confesión que él es William Albert Ardlay, no solo el heredero millonario sino también su benefactor.

Continuará.

Gracias por sus comentarios chicas.

Bendiciones.

Con amor Sakura.