Disclaimer: ninguno de los personajes de Naruto me pertenece.
Advertencia: lenguaje vulgar, violencia, lime, muerte. AU (en el mundo ninja).
Notas: los hechos son cambiados a mi gusto, algunas de las cosas del anime son respetadas en la historia, muchas otras no.
Los lujos en aquel templo abandonado eran escasos, aunque tenía mas que suficiente con la alcoba privada confiada de que era algo temporal. Pese a que la tina se hallaba en el mismo espacio y a penas dividida por un biombo que poseía un amarillento gastado, se sentía sumamente cómoda, en poco tiempo se marcharian al país de la niebla, había otro templo olvidado que estaba siendo reformado por un puñado de séquitos.
El agua tibia acompañada de una infusión de jazmín hacia que sus poros eliminaran todo tipo de estrés.
Un suspiro brotó de sus labios, si tan solo le otorgaran lo que le pertenecía por derecho, no se vería obligada a enviar a su gente a asaltar y masacrar a quien se le cruzara. Realmente prefería hacer las cosas de manera pacífica, pero Konoha se lo estaba haciendo difícil.
Se habría conformado con permanecer en la sombras si no hubiera oído aquél desagradable rumor que se expandía por el país del fuego. Tiempo después de la guerra había llegado a ella el comentario de que un joven hombre perteneciente a un clan antiguo de la aldea escondida entre las hojas, sacrificó su vida por una mujer perteneciente a su mismo clan, con la diferencia que ella era de la rama principal.
La irá invadió su sistema, ¿cómo era posible que aún después de tantos años las cosas siguieran siendo igual?
Neji Hyuga era su nombre.
Sabía perfectamente que la muchacha no tenía la culpa de haber nacido en aquel puesto, pero el resto del pueblo y los miembros más antiguos del clan no permitían que las leyes se reformaran. Por ende las cosas seguirían siendo igual de injustas, habría quienes tendrían la suerte de tener respeto, un sustento económico y libertad; mientras estarían los que no gozarian de esos privilegios.
Comenzaría con quitarle lo material, aquello que dejaban a cuidado de los que serían las cabeceras de sus clanes; solo para demostrar lo indignos que eran de recibir tal honor. Luego, tomaría las cabezas de cada anciano, joven y niño que apoyara aquella división espantosa; pero antes de eso debía hacer que le temieran, que su nombre no pudiera ser pronunciado mas que por ella misma ante el respeto y miedo que le tendrían, debía derrotar a los Kages.
Y gracias a la ineptitud de su vástago, lo lograría.
El sonido de la puerta la quitó de su trance, notó que el agua ya estaba helada y sus dedos no habían tardado en demostrar que ya había pasado mucho tiempo en la tina.
—Mi señora —una mujer joven de cabellos verdosos se acercó con la cabeza gacha, entre sus manos llevaba un pergamino atado cuidadosamente con un lazo rojo—. Han dejado esto en el lugar que indicó.
Su rostro se cubrió de un rubor en cuanto Izumi salió de detrás del biombo con la piel expuesta, las gotas que caían de su cuerpo golpeaban silenciosamente el tapiz color hueso que habían puesto.
—Jimora cariño, dame esa toalla —indicó distraidamente un mueble en la habitación. Posteriormente la envolvió con ella recibiendo como recompensa un suave beso en la sien—. Vete
Dejó el pergamino sobre el mismo mueble del que había tomado la toalla y se marchó feliz, la mujer a pesar de sus años conservaba una piel casi tersa y la misma belleza que la caracterizaba en su juventud. Por esa razón y la fuerza que poseía, sus esbirros consideraban que cualquier gesto de gratitud de su parte implicaba ser dignos de estar en su ejército.
Caminó hacía una ventana, el sol comenzaba esconderse y una leve brisa removía la copa de los árboles.
—Sin duda disfrutarías esta vista, Ryu.
Hurricane
En dos semanas seis escuadrones se verían en Bara, un pueblo a las afueras del País de la Primavera. Desde allí partirían en busca del dichoso templo, con la esperanza de acabar con ellos.
Cada equipo estaría liderado por alguien seleccionado específicamente por un Kage o por ellos mismos, el restante estaría a cargo de Karin Uzumaki que a pesar de su embarazo había insistido en ayudar tras las heridas que había presentado la mujer Haruno, se vería acompañada de dos ninjas médicos más y dos guardias, incluido su esposo.
El escuadrón de Konoha estaba conformado por Tenten, Kakashi Hatake, Shikamaru Nara, Genma y Karui Akimichi, obviamente en compañía del Hokage. Nanami acompañaría al Kazekage y Kankuro en su propio equipo, intentando serle fiel a sus raíces.
Cada país estaba expectante a su manera, el lugar de entrega era cerca del templo pero lo mejor era tener el terreno estudiado para inclinar el juego a su favor, por esa razón Kumo enviaría, días antes de los escuadrones que harían el ataque, un equipo que se encargara de analizar cada parte del campo de batalla; así podrían elaborar una mejor estrategia. Habían obtenido más información tras su reunión gracias al primogénito de Izumi.
Durante el tiempo en el que estuvieron escondidos habían reclutando gente de diversos lugares, era por esa razón que habían podido distribuirse tan rápidamente. Ninjas que habían abandonado su pueblo en busca de justicia por mano propia, gente deseosa de poder o simplemente por odio hacía sus clanes.
Debían estar preparados para lo que fuere.
Konoha era quien permanecía más temerosa, quizás no tanto por los civiles si no más aquellos que pertenecían a la división shinobi o quienes tenían familia allí, dadas las bajas o daños colaterales que habían sufrido tras enfrentarse al clan.
Shikamaru era consciente de que el tiempo pactado por la mujer no era más que una muestra de poder, sabía que mientras más tardaran en entregar al muchacho, se potenciarian los robos y por ende los intercambios entre países seguirían sin ocurrir a menos que los mercaderes pagaran protección, pero ni siquiera de esa forma se sentían seguros.
Quería demostrar su punto, y ellos no podían objetar nada.
Se había prometido a si mismo no abrumarse en el momento de la pelea, esta vez tenía a quién proteger, no quería arriesgarse a perder nuevamente a alguien. Por eso había estado entrenando arduamente junto con la experta en armas y ocasionalmente con Lee (lo que hizo que se preguntara como es que Tenten le seguía el paso), pese a que su cuerpo le exigía un respiro entre tanto trabajo, la mujer no le daba tregua alguna.
—Vamos, levanta tu culo perezoso del suelo —la castaña lo observaba desde arriba, el sudor descendía por su cuello, colandose por debajo de la tela que se ceñía a su abdomen. Pasó saliva, aunque ella no lo notara, era una mujer sumamente atractiva.
—Me siento a gusto —farfulló con pereza luego de un rato, sintiendo como una ligera brisa removia su cabello, cerró los ojos gozando del descanso que su compañera le estaba dando. Sintió como la joven dejaba caer todo su peso a su lado, entre abrió los ojos para observarla, últimamente lo hacía seguido.
—Solía venir aquí con Neji —en sus palabras ya no se encontraba rastro de dolor alguno, si no más bien nostalgia—. Me apaleaba demasiado —bromeó.
—No solía entrenar con Temari —comentó, temía que el hablar de ellos abriera la herida—. Jugabamos al shogi, mucho.
—Nunca lo he jugado —se miraron durante unos segundos— ¿La extrañas?
El cielo estrellado comenzo a alzarse lentamente, el calor se vio reemplazado por una ventisca fresca y el tranquilo canto de los grillos.
—Ya no de la misma manera.
—Yo igual.
Se recostó a su lado, procurando que sus hombros se rozaran levemente, extendió su mano para alcanzar la del muchacho y entrelazó sus dedos. El palpitar de su corazón era apacible, se sentía como si las piezas estuvieran por fin en su lugar, aquél vacío ya no existía.
—¿Me enseñarias a jugar shogi?
—Me gustaría.
Hurricane
—Disfrutaré mucho el deshollarte —murmuró con vos cansina. Los párpados le pesaban, dormir durante esos días había sido sumamente incómodo, lo mantenían encadenado con los brazos tendidos hacía arriba, el resto de su cuerpo se hallaba libre y por suerte estaba sentado; pero las piernas estaban entumesidas y las muñecas le dolían—. No tanto como a la rubia, quizás antes de matarla me la folle —relamió sus labios para molestar más a Nanami, quién a diferencia de lo que él creía no le prestaba demasiada atención.
Las celdas actualmente estaban vacías, había dos guardias más arriba custodiado la entrada y ella estaba junto a la puerta del pelirrojo. Llevaba allí al rededor de 54 horas, desde que habían llegado de la reunión no se había apartado, la cabeza le dolía y el estómago le crujia, su reemplazo se había marchado en cuanto le dijo que aún le quedaban energías, ahora le parecía que fue una mala idea.
Quería creer que a pesar de todo su familia (o lo que quedaba de ella) no estaba del todo perdida, quizás después de tantos años serían capaces de reivindicarse y hacer lo correcto; pero ya no era una cría, no podía perder tiempo creyendo que mágicamente el mundo ninja estaría en paz, que se casaría con un hombre o una mujer lo suficientemente agradable y adoptaría un millar de gatos.
—Perra, ¿me estás escuchando? —lo miró por sobre el hombro y extendió una sonrisa falsamente agradable a pesar de que el no veía su rostro.
—No estúpido, no te he escuchado, tu voz es sumamente irritante.
El joven pareció indignado por esa respuesta, la mujer enmascarada era sumamente grosera, como le gustaría enseñarle a respetar a un hombre como él.
Estaba dispuesto a soltar insultos hacía su persona cuando dos figuras masculinas aparecieron al pie de la escalera, solo uno camino hacía ellos, logró reconocerlo como el otro guardia que lo había custodiado en esa reunión.
—Debes descansar —no distinguía sus facciones pero estaba seguro de que la fémina se encontraba molesta—. Él hará la guardia.
—No necesito que alguien más lo vigile, puedo hacerlo yo.
—Fue una orden —no escuchó una replica de su parte, por lo que sonrió con malicia y acercó su rostro un poco más hacia las rejas.
—Alguien debía de enseñarle modales a la zorra —Kakashi lo miró con recelo, sin embargo no respondió nada. Se marcharon de las celdas escuchando las risas del muchacho de fondo.
Hurricane
No le apetecía cocinar esa noche, por lo que simplemente optó por un ramen instantaneo que encontró al fondo de la alacena, luego de verificar su fecha de caducidad, se concentró en prepararlo mientras Shikamaru tomaba una ducha en su baño.
Creía que las cosas se estaban desarrollando algo rápido, pese a que no se habían besado desde la primera vez. Dormían en la misma cama abrazados, cenaban juntos y ocasionalmente daban un paseo; había hecho un espacio en su placard dónde habían dos mudas de ropa del azabache; no se tomaban de las manos al caminar pero rozaban sus dedos casualmente. Se miraban durante largos perdiodos de tiempo y el silencio nunca se volvía incómodo; mientras ella le sacaba filo a sus armas, él leía algun libro o dormitaba a su lado.
Se sentía bien, pensó, y aunque a penas entrablaran contacto físico, emocionalmente se sentía muy unida a él. Era pronto para comenzar una relación propiamente dicha, aunque quizás nunca le pusieran nombre a aquello realmente, pero podrían dar el siguiente paso de manera segura.
Escuchó el agua de la regadera detenerse al mismo tiempo que terminaba su platillo, tomó dos tazones y volcó la comida en ellos, se encaminó a la cocina con la cena en sus manos y la depositó en la mesa. El Nara salió minutos después, se sentó frente a ella y agradecieron los alimentos antes de dar el primer bocado.
Comieron en silencio, ambos se veían sumamente agotados, así que tras terminar de comer el Nara se encargó de lavar los platos en lo que ella se bañaba. Salió envuelta en una toalla y se dirigió al cuarto donde Shikamaru la esperaba, desvío la mirada en cuanto ella comenzó a vestirse, le daba la impresión de que si la observaba se molestaría con él y las cosas acabarían allí. Sintió el otro lado de la cama hundirse, las mantas aun estaban a sus pies, lo único acomodado eran las sábanas y las almohadas; días atrás descubrió que la castaña era casi tan desordenada como él, ambos le daban crédito a la pereza.
Apagó el velador cuando ella se acomodó a su lado, la envolvió entre sus brazos y la acercó a su pecho. Adoraba el silencio que se formaba entre ellos, quizá para cualquiera sería molesto y monótono, pero ellos no ya que lograban entenderse sin palabras y ella parecía disfrutar eso tanto como él.
Cerró los ojos dispuesto a dormir en la tranquilidad de lo que ahora sentía su hogar, pero esto se vió opacado en cuanto la luz del otro velador se encendió.
La mujer se incorporó hasta quedar sentada, lo miró con traquilidad.
—Hay algo de lo que tenemos que hablar.
Y después de tanto tiempo, recordó como se sentía el miedo fuera del campo de batalla.
