Cap13: nubes negras

Buenas! si si, ya lo se, me estabais esperando aqui con antorchas para llevarme a la hoguera... en mi defensa, he tardado tanto en actualizar por culpa de los examenes, pero espero poder publicaros dos capitulos este mes para compensar. Bien, no quiero alargarme mucho, hoy teneis desarrollo de trama y aparición de un pj vital en el desarrollo de naruto y sakura, espero que os guste, un saludo!

Jdelvillar569: hola! Pues si, ya adverti que el capitulo venia cargado de gore. En mi opinión, no he puesto NADA que no ocurriese esa noche, aplicando la logica: el exterminio de un clan incluye niños, ancianos, mujeres... que parece qye solo mueren guerreros y hombres blancos de mediana edad con descendencia, y no, itachi no hizo prisioneros.

Me alegra ver que opinas como yo con respecto a itachi. A kishimoto empecé a verle el plumero cuando me fije en que salvaba el honra y la bondad de cada uchiha, NO HABIA NI UNO MALO AL PARECER. Fugaku era una víctima, itachi otra ademas de heroe, a sasuke lo ama con toda su alma... al final ni danzo era malo del todo joder, y no. Itachi estaba hecho para ser un villano, el archienemigo de sasuke, su punto de inflexion. Una vez lo matase, deberia de optar entre convertirse definitivamente en un nuevo itachi y ser el gran villano de la obra, o arrepentirse y volver a konoha, no esa puta mierda que nos dieron llena de incongruencias. Aqui, itachi es un villano, mal que me pese si al publico le desagrada. En fin, gracias por leer, espero que te guste lo de hoy.


-aaaaaaaaaaaa- personaje hablando

-aaaaaaaaaaaa- personaje pensando

-aaaaaaaaaaaa- ser sobrenatural hablando

-aaaaaaaaaaaa- ser sobrenatural pensando

RENUNCIA DE DERECHOS: Algunas veces me pregunto, ¿y si nosotros somos un fic de un grupo de escritores aficionados? Si es así, no nos quieren nada si nos tienen leyendo esto XD sea como sea, obviamente el mundo Naruto pertenece a masashi kishimoto, mientras que Satsuki es una creación del fandom. Yo solo aporto esta historia.


El bosque que rodea Konoha es un lugar peculiar. Hashirama senju y Uchiha madara no escogieron ese lugar por casualidad: para el senju, se trataba de un lugar lleno de paz. Un claro a la sombra de una montaña y en medio de un bosque amable, lleno de caza, recursos, ideal para que los ninjas de su futura aldea no perdiesen de vista sus raíces, su conexión con la naturaleza y el entorno. Había visto las industrializadas ciudades de Hi no kuni, y en serio quería evitar que su aldea acabase así, y ese objetivo lo logró con creces. Pero, en el caso del uchiha, la elección se debió a razones mucho más pragmáticas. Ese bosque aislaba la aldea, era un entorno ideal para mantenerla oculta, y además a salvo. Si un ejército les atacaba, la superior noción del entorno de los ninjas de la hoja les permitirían tender mil emboscadas al enemigo. Minato namikaze pudo dar fe de ello… y los 500 shinobi de Iwa que mató en media hora entre esos mismos árboles, también. El bosque de konoha era un lugar hermoso… y peligroso. Porque, en lo profundo de su espesura, nadie podía oírte gritar…

-¡AAHHHHH, NO, NO ONEGAI!- gritó en un desgarro un joven de cabello corto y negro, arrastrándose por el suelo, desesperado por sobrevivir. Un enorme reguero de sangre marcaba el lugar desde donde Shisui uchiha cayó hasta donde había logrado llegar antes de que su enemigo le alcanzase. Una imagen terrible del creador del genjutsu perfecto, de un uchiha tan temido en la última gran guerra ninja que había orden de retirada nada más verle. De la cima al frío suelo… y a manos de su mejor amigo.- Itachi… eres… eres mi mejor amigo… por favor, no…

-…- en pie junto a él, con su katana manchada de sangre, el otro gran uchiha de la última hornada del clan de los tres tomoes observaba a su víctima. Lo hacía con una expresión de absoluta tranquilidad, como si fuese ajeno a lo que estaba ocurriendo allí… como si no hubiese citado a su mejor amigo a ese lugar tan apartado, como si no lo hubiese atacado a traición nada más aparecer… como si no estuviese en realidad disfrutando de su sufrimiento. Shisui uchiha… el talento del clan y último portador del mangekyo, tras desarrollarlo durante la guerra, a sus pies y suplicando. Otro uchiha débil que iba a ser eliminado. Quién iba a decirle que el motivo de su gran fama como ninja era ahora la causa de su caída… Itachi no toleraba no ser el más fuerte, por lo que había condenado a Shisui nada más verle usar su habilidad.- Cierto, Shisui… eres mi mejor amigo. Nos hemos criado juntos, hemos estado siempre el uno con el otro, incluso me presentaste a mi novia… fuera de mi madre y mi hermana, eres mi ser más querido…- por un momento, Shisui dejó de temblar y se dejó vencer por la esperanza. Quizás todo había sido un accidente, quizás todo se podía arreglar… estaba reconociendo que le quería, eso tenía que ser bueno, eso…

-IAAAARGHHH- gritó en un estertor de sufrimiento el pelinegro cuando la katana de Itachi penetró en su estómago sin la más mínima piedad, destrozando su carne. Itachi, con un gesto sádico, dejando asomar esa sonrisa que ponía los pelos de punta a propios y extraños, continuó hablando.

-… pero el ser mi persona más querida no es un golpe de suerte, Shisui…- reconoció con un tono burlesco, para luego mirar a la cámara con sus ojos tornándose en un nuevo dibujo, uno de aspas enrevesadas… la maldición del clan uchiha, el mangekyo sharingan.- …porque nuestro poder tiene un precio.

Y, tras volverse todo negro y solo oírse los gritos y llantos de agonía del difunto shisui uchiha, Satsuki uchiha abrió los ojos. Tardó unos segundos en situarse, en averiguar dónde estaba. La última vez que los tuvo abiertos estaba en ese pasillo de hotel, tirada en el suelo, con Naruto sosteniéndola… ahora, en cambio, estaba en una habitación desconocida. No era la suya, ni por asomo… se trataba de una habitación demasiado luminosa para su estilo. Las paredes blancas, las sencillas mesas de madera, la limpieza del lugar… estaba en el hospital. Si, era el hospital… la bastó una mirada al lugar donde estaba tumbada para ver que era una camilla. Y, sentada en una silla, con su torso y cabeza apoyadas en esa misma camilla, estaba su acompañante. Pelo rosado, piel blanca con algunas pecas, expresión serena en su sueño… la reconocía. Sakura haruno. Tenía que admitir que tanto color y contraste la resultaba atractivo... aunque Satsuki parpadeó unos segundos y comenzó a moverse… ella no era quien la interesaba… no era Naruto…

-Sa… ¿Satsuki?- preguntó una somnolienta Sakura, que se había despertado por el movimiento de su amiga. Enfocó sus ojos en ella… si, estaba despierta, al fin; y eso la llenaba de alegría, tanta que se lanzó a abrazarla. Había estado muerta de preocupación desde que un desesperado Naruto la llevó al hospital, pidiendo a voz en grito un médico. Sin embargo, Satsuki apenas reaccionó al abrazo, y una voz en su cabeza se comenzó a preocupar por otro aspecto, por las posibles consecuencias del ataque sufrido. Se separó ligeramente antes de seguir hablando.- ¿Estás bien? ¿Quieres que llame al médico o…?

-Estoy en el hospital, ¿no?- preguntó la joven con un tono monocorde extraño, clavando esos dos ónices negros en los jade de su amiga. Sakura tuvo que reprimir un escalofrío… mirarlos era como asomarse a un pozo sin fondo, tenía la sensación de que no estaba a salvo bajo esa mirada…

-S… si…- comenzó a explicar, tratando de serenarse. Su amiga necesitaba apoyo ahora, no un estúpido temor infundado. Ya lo había hablado con su baka preferido, Satsuki les necesitaba más que nunca, e iba a estar allí…- Llevas inconsciente tres días, Satsuki… te trajo Naruto, al parecer te habían atacado con un genjutsu muy potente… no sé mucho de eso, el baka estaba demasiado preocupado y furioso como para darme detalles…- la haruno se fijó en que, por un segundo, los ojos de Satsuki recorrieron el lugar, buscándole.- No… no está aquí, Satsuki… ¡pero no es culpa suya! Te juro que ha estado dos días sin separarse de ti ni un segundo, ni tan siquiera para dormir en casa… se negaba a dejarte sola… pero el consejo de la aldea le ha encargado una misión muy importante junto a ese viejo verde que le entrena, y le han obligado a irse… el no quería, pero le amenazaron con acusarle de traición y expulsarle del cuerpo… solo lo hizo porque le convencí de que no pasaba nada, de que estaba yo también para acompañarte y…

-Me da igual…- la interrumpió de nuevo la uchiha, para acto seguido quitarse esos molestos viales y levantarse de la camilla, todo ante la atónita mirada de Sakura. Joder, llevaba tres días inconsciente, y ahora se levantaba como si nada… teóricamente, debía de dolerla todo el cuerpo, tener los músculos debilitados, estar desorientada y confusa… era una kunoichi MUY fuerte…

-Sa… Satsuki, los médicos han dicho que necesitas reposo y…- iba a continuar, pero un intenso color rojo invadió sus pómulos. Satsuki, ignorando completamente sus palabras, se había dirigido al armario del cuarto, donde estaba su ropa de ese fatídico día, esa camiseta holgada negra de cuello alto y esos pantalones cortos blancos; y, sin más preámbulos, se había quitado su bata de hospital, quedándose totalmente desnuda.- Se… ¿se puede saber qué haces?- preguntó, intentando contener su tono de voz… joder, la puerta estaba abierta, había gente en el pasillo, ¡podían verla Shannaro! Cerró la puerta con un gesto torpe, y se giró inconscientemente para seguir mirándola.

-Cambiarme, no voy a irme con esta bata de hospital...- contestó Satsuki con normalidad, para luego fijarse en un detalle: Sakura se había quedado mirando su cuerpo. Al principio se había escandalizado por el gesto de la pelinegra, pero, tras unos segundos, las hormonas la habían acabado jugando una mala pasada. Era algo lógico, ya se habían besado, y muchas veces… y habían dormido juntas otras tantas, a veces incluso contactando sus cuerpos entre ellas… se podía decir que Sakura era tan novia de Naruto como de Satsuki. Y con ambos sentía… cosas. Ese calor, su corazón latiendo a mil por hora. Era algo natural, sobre todo si se tenía en cuenta la belleza de Satsuki: Satsuki era, junto a Ino, la chica más bella de konoha, con un cuerpo muy bien formado para su edad. No había un solo chico en la academia, ni tan siquiera entre los mayores, que no la mirase al pasar. Satsuki normalmente ni se fijaba en esos gestos, pero, en este caso, dibujó una sonrisa traviesa… la gustaba ese gesto.- ¿Tengo algo raro, Sakura?

-Eehh… esto… no, pe… pero… te pueden ver…- balbuceó una avergonzada Sakura, apartando la mirada mientras se abofeteaba mentalmente por ese lapsus. Satsuki se rió ligeramente, mirando su camiseta y sus pantalones con calma… como si la importase que la viese alguien desnuda… y, todavía sin vestirse y aprovechando que la ojijade seguía apartando la mirada, se acercó a ella, como un depredador. La rondó unos segundos, mirándola de arriba abajo con detenimiento, lo justo para amedrentarla. Sakura tragó hondo, y tuvo que poner todo su esfuerzo en no temblar cuando Satsuki se frenó ante ella, a escasos centímetros de su rostro. Notaba su calor, incluso sus pechos cerca de los suyos… otra vez sus hormonas volvían a traicionarla, sus hormonas y su miedo a esa mujer… era excitación y miedo, una combinación difícil… menos mal que sabía disimular bien. Sin embargo, hay gestos que no puedes limitar. Satsuki notó como la piel de la pelirrosada se ponía de gallina en su presencia, y siguió con su media sonrisa, satisfecha.

-Si tú me lo pides, me vestiré, Sakura…- concedió, acariciando la suave piel de su barbilla con su dedo, notando como la fémina entreabría ligeramente los labios. Si… la gustaba esa reacción, ese poder que tenía sobre ella… incluso una idea cruzó su mente mientras clavaba sus ojos en los suyos de nuevo.- Pero solo si me acompañas a un sitio…

Mientras, en otro punto lejano del país del fuego, cerca de la ciudad de Tanzaku, un par de viajeros se sentaban en una mesa de la taberna local más bulliciosa. Uno era un hombre adulto, quizás rondaba los cincuenta, aunque muy bien llevados gracias a su metro noventa de estatura y fuerte musculatura. Jiraiya tenía el físico para cumplir con su sueño de ser el mayor vividor follador del continente, salvo por un detalle… esa mirada lasciva que no podía evitar regalar a las mujeres que pasaban cerca. Si… Jiraiya moriría solo a ese ritmo. Frente a él, sentado con desgana en el banco, estaba un chico rubio de ojos azules. Naruto uzumaki, el último guerrero conocido de su clan, se miraba su muñeca derecha con un gesto de frustración. La tenía en carne viva a pesar de su regeneración avanzada, fruto de sus mil y un fracasos en desarrollar la técnica secreta del gran yondaime hokage, el rasengan. A su frustración general y preocupación se unía el hecho de estar atascado en el uso de la técnica de su ídolo a seguir, el legendario Minato namikaze… y no estaba para más frustraciones, sinceramente…

-Deberíamos de seguir entrenando en lugar de beber en este tugurio…- se quejó, intentando levantarse para volver a las afueras de la ciudad y seguir ensayando esa técnica, pero el brazo de Jiraiya le detuvo antes de hacerlo.

-Ya te he dicho que toca descansar Naruto. Llevas desde que salimos de konoha sin parar, acumulando chakra e intentando hacerlo girar en un rasengan. Tienes la palma de la mano dañada y tu sistema de chakra estresado… mejor cálmate un poco. Tómatelo así: el descanso te hará ganar precisión a la hora de manejar tu chakra, la precisión te dará rapidez, y así acabarás antes…- explicó el peliblanco, sinceramente sorprendido por el progreso de su alumno. Joder, un día y ya había cumplido los dos primeros pasos del rasengan… era una barbaridad, inhumano incluso. Hasta temía que se hiciese daño de verdad a este ritmo, Naruto era un obseso del entrenamiento… un rasgo heredado de su padre, claramente. Por eso quería que se relajase un poco, que fuese un niño de trece años por unas horas, al menos mientras seguían rastreando su objetivo… la pregunta era cómo convencerlo de ello…

-Hola, les traigo su pedido…- Justo en ese momento, la camarera trajo sus consumiciones, una jarra de sake para él, un refresco para el rubio. Jiraiya arqueó una ceja con interés al observarla de cerca. Era una chica realmente guapa, de pelo castaño claro, casi rubio, peinado en una trenza que descansaba sobre su hombro, con un buen cuerpo y unos ojos verdes preciosos… unos ojos que, cómo no, estaban fijos en una sola persona, incluso cuando se retiró a servir otra mesa. Eso le dio una gran idea a Jiraiya.

-Además, podrías aprovechar este descanso para… divertirte… la camarera no te ha quitado el ojo de encima desde que has entrado, a pesar de llevar ese chandal tan feo y sucio…- reveló con un tono pícaro. Naruto, a pesar de que su atención estaba más fija en su mano que en su entorno, no pudo evitar mirar unos segundos a la chica. No dejaba de ser un chico de trece años. Justo cuando lo hizo, pilló a la camarera haciendo lo mismo, y un fuerte sonrojo invadió la cara de la fémina, retirándose torpemente hacia la barra mientras le dirigía alguna mirada de soslayo. Jiraiya sonrió triunfal.- Debe de tener unos dieciséis… un poco mayor que tú, pero aquí nos viene perfecto chiquillo. Tu pelo y tus ojos son un puñetero imán Naruto, hazme caso, si juegas bien tus cartas puede que te estrenes esta noche… mira, la clave está en la caída de ojos… bueno, y en acordarte de lo que te dije de la higiene y la protección…

-Si, Ero sannin, me lavo tres veces al día y llevo un kunai siempre encima desde que me diste ese consejo…- respondió con desidia Naruto, arrancando una sonora carcajada del peliblanco.

-Jajaja, ¡Un kunai! Así me gusta mocoso, que recuperes un poco el sentido del humor, es un chiste cojonudo encima, tengo que apuntármelo…- se rió el sannin, hasta que tuvo que cortar cuando el rubio se sacó un kunai del pantalón con un gesto confuso mientras bebía de su refresco.- …menudo galán de mercadillo estás hecho, me da que no entendiste bien nuestra charla, y que voy a tener que volver a dártela si quiero evitar que salgas con un par de hijos bastardos cuando empieces a hablar con tus admiradoras del lugar…- declaró, frotándose el puente de la nariz con frustración… joder, Kami le da pan a quien no tiene dientes...

Naruto suspiró y desvió su mirada al refresco. Jiraiya era muy pesado a veces. A ver, por supuesto que se había dado cuenta de ese detalle en el que insistía su maestro, era ingenuo, pero no estúpido. En Konoha, las reacciones que provocaba se podían dividir en dos tipos. Por un lado, estaban las de las personas adultas, un gesto de puro odio y asco ante su presencia. Las madres apartaban a sus hijos, los hombres le gruñían si se acercaba, eso sí no le insultaban o intentaban agredirle… era una mierda, por supuesto, pero no había conocido otra cosa en su vida, así que estaba acostumbrado. Sin contar que le servía para valorar más esas muestras de cariño que le daban Ayame, el viejo teuchi, o iruka sensei… Y, por otro lado, estaban las reacciones de los chicos de su generación, principalmente de las mujeres: desprecio. No era odio, no… eran diferentes a las de los adultos, era más bien como si le viesen poca cosa. En parte, Sakura chan le explicó que algunas se las había ganado… a ninguna chica le gustan los chicos que no se duchan a menudo ni se lavan los dientes… desde que había corregido esto, se había fijado en que algunas chicas "toleraban" su presencia, incluso Ino de vez en cuando bromeaba con él antes de que Sakura estallase en celos e intentase asesinarla. Eso demostraba que, a diferencia de las miradas de los adultos, estas sí que las podía cambiar.

Pero, cuando salía de konoha… era pasar de un extremo a otro. Como ya había reconocido, sería ingenuo, pero no un estúpido, solo tenía que comparar. Con los adultos encontraba amabilidad… y se había fijado en que muchas chicas se le quedaban mirando y cuchicheaban entre ellas mientras sonreían, o se sonrojaban si él las saludaba, algunas incluso trababan conversación con él de forma espontánea… no estaba en absoluto acostumbrado, en Konoha eso último había sido imposible la mayoría de su vida, pero era agradable. No quería decir que fuese a hacer nada con ninguna, era fiel a sus compañeras de equipo (él prefería llamarlas novias, pero ambas se ponían nerviosas si lo decía en público… no lo entendía dattebayo…), pero agradecía ver que, fuera de la hoja, donde nadie sabía quién era, se le trataba muchísimo mejor. Salir de viaje con Ero sennin le sentaba bien, por eso siempre estaba deseando ir a alguna misión con él, ver mundo, conocer gente nueva. Aunque en este momento fuese el peor para hacerlo…

-Ya te he dicho que solo me gustan dos, Ero sannin… y que, por culpa de mi falta de entrenamiento, una está en el hospital…- volvió con su tema recurrente, apretando sus dientes con frustración, y Jiraiya frunció el ceño. Vaya, cuando deseaba que Naruto se desconectase un poco del trabajo, no prefería que volviese a comerse la cabeza así. Sobre todo cuando era injusto…

-Naruto, ya te lo he dicho: eres fuerte, pero, aún entrenando todos los días de tu vida desde tu nacimiento y sin descanso, no habrías estado a la altura de esos dos… Son dos crimínales de clase S, y porque no hay una clase superior, que si no estarían en esa… Uno es kisame hoshigaki, el mejor espadachín de la niebla aún tras su deserción… si zabuza te pareció fuerte, es un angelito al lado de ese tiburón. Y el otro… el otro creo que no hace falta que te lo describa, masacró a un clan entero él solo… fue un milagro que aguantases hasta mi llegada, estoy muy orgulloso de ti…- intentó consolarle, pero, cuando Naruto levantó sus ojos del vaso y lo miró fijamente, supo que algo no iba bien.

-Si aguanté fue por el kiuby, Jiraiya…- reveló Naruto, atragantándose el sennin ante ese comentario. Jiraiya nunca había nombrado a esa bestia ante Naruto: cuando le explicó la naturaleza del chakra naranja, camufló la verdad diciéndole que tenía un kekkei genkai que le permitía usar dos sistemas de chakra si se concentraba. En absoluto quería hablarle de lo que llevaba dentro, de ese ser milenario de infinita crueldad, y en serio creía que el rubio ignoraba su existencia. Era lo mejor, ese ser era taimado, era mejor que no supiese de él… la ignorancia es una bendición. Pero Naruto al parecer lo sabía… a pesar de la prohibición del difunto sandaime hokage, so pena de muerte, de revelarle al rubio su condición de jinchuriki, el uzumaki lo sabía. Iba a preguntar, pero Naruto fue más rápido.- No soy estúpido, Jiraiya… la noche en que iruka me dio mi bandana, Mizuki dijo que yo era el zorro que atacó la aldea… Solo tuve que ir a la biblioteca y ver los dibujos para fijarme en que eran idénticos a ese zorro que suelo ver en sueños…- Naruto sonrió con ironía.- No me imaginé que era algo literal lo de que YO era ese zorro…

-Naruto… ¿has hablado con… esa cosa?- Jiraiya pudo reponerse e intervenir, ganando la serenidad necesaria para intentar calmar a su discípulo, que asintió con calma. Era una situación que en serio había pillado a contrapié al sabio de los sapos, pero debía de centrarse en atajar este problema YA. Si Naruto veía al zorro, significaba que el sello estaba desgastándose… y si hablaba con él, significaba algo mucho peor, un peligro latente: que le hiciese caso alguna vez...- Si no te lo dijimos era por tu bien… ese zorro es peligroso, no debes de escucharle jamás. Es un ser taimado, mezquino, intentará convencerte con mil mentiras…- el uzumaki se rió con ironía de nuevo… que le contase algo que no supiese. Su primer encuentro fue esclarecedor: un Naruto de cinco años confiando en él, dejándose engatusar por esa apariencia alucinante, con su tamaño y esas nueve colas al viento… para luego casi ser aplastado por una de sus garras y tener que huir mientras el kiuby bramaba anunciando que devoraría su alma…- Y no te preocupes cuando tengas que usar tu chakra naranja, ya te dije que no es peligroso, que al tener tu propio chakra unido es una energía benigna…

-No es el chakra naranja el que me preocupa… es el rojo. El que proviene directamente de él, el que me invade cuando me enfurezco… lo viste cuando llegaste a mi combate con Itachi…- Jiraiya tragó hondo… joder, como para olvidarlo, la sensación que provocaba ese chakra era terrible. Jiraiya era un usuario del chakra natural, y por lo tanto muy sensible a las sensaciones que transmitía el chakra de otras personas. El de ese zorro le provocaba escalofríos, un terror primigenio que tardó horas en pasar, ni tan siquiera el chakra de orochimaru era tan oscuro…

-¿Te ha pasado más veces?- preguntó en tensión. Si le ocurría a menudo, quizás la situación era insostenible… pero, para su alivio, Naruto negó.

-No… solo me ha ocurrido esa vez, y porque yo se lo permití para salvar a Satsuki…- Naruto dio un nuevo trago a su bebida antes de continuar- …pero eso no quiere decir que el kiuby no lo haya intentado más veces, Ero sannin. Siempre lo noto oculto en mi, esperando para salir… en Nami, tras creer que había muerto Satsuki… habría matado a esa chica si no la hubiese reconocido antes de dar el último golpe… o en el bosque de la muerte, cuando Sakura chan y Satsuki estaban en peligro… tuve que luchar por no liberarlo. Es como un puñetero ariete chocando contra una puerta… y, cada vez que intenta atacar y controlarme, llega un poco más lejos. Y yo me siento menos… yo. A veces… a veces sueño con él. Me mira con esos ojos, tras los barrotes de su celda, me sonríe con esos colmillos… y me dice que "falta poco"…- Jiraiya palideció ante esa revelación, temblando imperceptiblemente. Si, eso era algo MUY malo…- ¿Poco para qué, Ero sannin?- finalizó Naruto, tragando grueso el gama sannin. Esa pregunta era la segunda que más había estado temiendo desde que se reencontró con su pasado en la figura de ese chico… su mente trabajaba a mil por hora buscando una respuesta aceptable y, para su salvación, la solución entró por la puerta del lugar.

-Hablaremos de esto cuando volvamos a Konoha, Naruto…- sentenció. El rubio iba a quejarse, pero Jiraiya no se dejó interrumpir.- Te lo prometo, pero no podemos ahora por una simple razón: como me imaginaba, nuestro objetivo acaba de entrar.

Salvado por la campana, se podría decir… por dos inmensas campanas. Naruto se giró hacia dónde miraba el peliblanco, y arqueó una ceja. Por la puerta entraba una mujer rubia de unos treinta años, acompañada de una joven morena de unos veintitantos. La mujer rubia llamó su atención al instante. No era por su belleza, aunque era una mujer muy bella… y, aunque pareciese una mentira, tampoco por esos exagerados pechos que tenía. Esas cosas no le llamaban la atención. No, era por algo que no sabía explicar… era como si le resultase familiar, como si compartiese algo con ella. Mientras, Jiraiya tuvo que acompasar su respiración un segundo. Seguía igual de hermosa, con esos ojos ámbar, esa piel fina… y esos pechos… sobre todo eso último. Joder, lo que le provocaba esa mujer no era normal… Internamente, se apuntó un tanto: Jiraiya sabía que esa mujer era una persona de costumbres. La encantaba apostar, siempre perdía apostando y se quedaba sin blanca, y adoraba ahogar sus penas por perder bebiendo, ergo… solo tuvo que buscar la taberna con los precios de sake más bajos y esperar…

-Esto… Ero sannin… ¿por qué tiene un aire a ese modelo de prostituta que siempre buscas en los burdeles?- preguntó un confuso Naruto, temiendo que realmente su maestro se hubiese vuelto loco y hubiese abandonado la búsqueda del nuevo hokage de konoha para irse de putas. Jiraiya SIEMPRE buscaba ese tipo de mujer en cada burdel y, si no había, ya variaba… era raro. Pero, como le hubiese hecho dejar a Satsuki sola para irse de putas, le mataría… Jiraiya tragó hondo ante la observación del rubio.

-Ya… procura omitir esa coincidencia delante de ella, te puedo asegurar que tiene peor pronto que un dragón…- aconsejó, para luego apurar su jarra de sake y pedirle otra a la camarera junto a cuatro vasos.- Ella es Tsunade Senju, la mejor ninja médico del continente, mi compañera sannin, nieta del primer hokage… y tu futura hokage, si Kami tiene piedad de nosotros dos…- Naruto abrió los ojos con fuerza para luego fruncir el ceño de la que volvía a mirar a esa mujer.

-¿Ella… hokage?- inquirió el rubio con incredulidad. A ver, no quería juzgarla así, de primeras, pero… el que estuviese en ese momento discutiendo con el mesero a voz en grito porque había pedido sake y el hombre se negaba a dárselo hasta que saldase sus deudas no ayudaba a verla con respeto…- No parece una hokage…- Tsunade intentó subirse a la barra para golpear al propietario de la taberna, siendo agarrada por la apurada mujer morena que la acompañaba mientras un pequeño cerdo temblaba de terror a un lado, fijándose el rubio en otro detalle… como la botaban esos dos balones de playa…- …ni tan siquiera sé si podría leer un documento en la mesa de jiji sarutobi… tiene demasiado pecho…

-Naruto…- repuso el peliblanco, agradeciendo a la camarera la nueva jarra de sake y levantándose.- Te diré algo que he aprendido a lo largo de mi vida, la única verdad universal… una mujer NUNCA tiene demasiado pecho. Y ahora acompáñame y procura no hablar…- ordenó, dirigiéndose acto seguido a la senju. Demasiado pecho dice… 106 centímetros de pura perfección, este niño no sabía nada del mundo femenino…- Tsuna, cada día estás más guapa…- saludó, apoyándose en la barra junto a la rubia, que de pronto se frenó en su pelea y lo miró con un gesto molesto.

-Bueno, al menos tiene algo de sentido común y no le cae bien Ero sannin con su mirada de vicioso…- pensó el rubio.

-Jiraiya…- murmuró con un tono de enfado, para luego suspirar.- No tengo tiempo para tus estupideces… y mis ojos están más arriba…- añadió, apretando el puño con rabia. Si, Jiraiya, como siempre, se había quedado hipnotizado mirándola el escote… El gama sennin, temiendo un golpe, dirigió su mirada más arriba, y procedió a disculparse.

-Vamos vamos, tsuna, no te pongas así… déjame invitarte a Sake para compensar y hablamos de los viejos tiempos…- ofreció, y, por unos segundos, la senju dudó entre aceptar o no… hasta que tomó la jarra del peliblanco con un gesto firme.

-Paga mi cuenta aquí y te dejo invitarme…- declaró, y esta vez fue el peliblanco el que suspiró agotado… ya se temía que iba a tener que volverle a robar ese monedero de sapo a Naruto para pagar el viaje de vuelta… pobre niño, su sueldo de gennin se iba siempre en alcohol y putas a pesar de ser virgen y abstemio…

Jiraiya siguió a la rubia hasta una mesa cercana, mesa de la que huyeron sus inquilinos en cuanto vieron acercarse a la rubia… Naruto tenía que admitirlo: quizás Jiraiya no había exagerado el genio de la mujer. Al menos su acompañante era una mujer agradable, y sobria… Shizune se llamaba. Y su cerdo mascota era TonTon, por como se lo presentó. Si, shizune y TonTon podían caerle bien. Pudo hablar un poco con la morena mientras su maestro y la senju se dedicaron a, literalmente, beberse toda la bodega de la taberna. En serio, ¿Cómo podían ser sannin esos dos? Vale que Jiraiya era fuerte, pero joder… no se comportaba como alguien respetable. Y en cuanto a esa mujer… no pudo causarle una peor impresión. Fumaba, bebía, trataba con condescendencia a todos… sin contar que le transmitía una sensación que le hacía enfadar. Como si se autocompadeciese, como si se revolcase en su propia mierda… Naruto no soportaba a la gente así, le hacían hervir la sangre. Tuvo que serenarse. Quizás estaba prejuzgando sin saber, quizás debía de escuchar esa conversación de su maestro y sacar las conclusiones después… y, tras unas horas, supo que no había fallado en su primera impresión, incluso se había quedado corto…

-Jiraiya… si vas a ofrecerme el puesto de hokage, ahórratelo… no me interesa.- declaró mientras daba un nuevo trago a la octava o novena jarra de la tarde. Naruto arrugó el gesto… esa mujer despreciaba el puesto de hokage encima. Jiraiya, en cambio, sonrió con un gesto travieso.

-Te equivocas, venía a ofrecerte fugarnos a una isla desierta…- Tsunade miró al gama sennin con una ceja arqueada, riendo Jiraiya en respuesta.- No te pongas así Tsuna, tenía que intentarlo… y, sobre lo del puesto de hokage, ahora que lo sacas…- el peliblanco enseñó un pergamino, apoyando un codo en la mesa.- casualmente, Konoha ha pensado en ti… es una buena oportunidad, con un buen sueldo y casa gratis, yo que tú me lo pensaría…

-Prefería lo de la isla… y, antes que eso, preferiría dejar la bebida y hacerme monja…- se jactó la mujer, suspirando Jiraiya en respuesta mientras Naruto apretaba los dientes… ¿esta desgraciada iba a ser nombrada hokage? No sé merecía respirar el mismo aire que respiró su jiji... para eso, que le diesen el puesto ya directamente al uzumaki. Jiraiya vio venir al rubio y le agarró con disimulo antes de que interviniese… Hora de ponerse serio…

-Tsuna… esto es serio. La aldea te necesita, nuestro maestro ha muerto por defenderla y pensó en ti para sucederle… debes de asumir tus responsabilidades, eres una kunoichi de konoha al fin y al cabo…- la senju dio un nuevo trago, aparentando indiferencia, aunque Naruto se fijó en que fue más ansioso de lo normal. Fuese lo que fuese lo que la pasaba por la cabeza, lo ahogaba en alcohol. El rubio entrecerró los ojos… esa mujer estaba enfadándole de verdad.

-Mis responsabilidades se pueden ir a la mierda junto a la aldea entera, Jiraiya…- declaró con burla, para servirse un nuevo vaso de sake.- Y en cuanto a hiruzen…- Naruto apretó los puños… que tuviese mucho cuidado esa mujer aquí…- …se lo buscó él solo. Siempre hablando de servir a la aldea, de traer la paz al mundo… y mira cómo ha acabado. Pudriéndose con ese sombrero ridículo… esa aldea solo trae desgracias…

-YA ESTÁ BIEN.- Gritó un furioso Naruto, levantándose de su asiento con rabia. Jiraiya, sin dirigirle la mirada, le agarró del chandal para evitar que hiciese una estupidez, mirándole Naruto con desprecio.- Estamos perdiendo el tiempo, vámonos de una puta vez Ero sannin… no vale para el puesto. Está tan ebria que no podrá llegar ni a la puerta del bar sin ayuda…

-Controla a tu mascota, Jiraiya… rebuzna demasiado…- se burló Tsunade ante ese insulto, atrayendo la atención del joven.

-La única que rebuzna aquí eres tú, vieja de mierda.- insultó Naruto de vuelta, y los demás presentes temblaron. La había llamado vieja… el insulto que esa mujer no toleraba. La senju fijó sus ojos en Naruto y dejó salir un poco de su chakra, buscando poner en su lugar a ese payaso disfrazado de naranja, amedrentarlo. Y, para su sorpresa, ese niño no retrocedió ni un palmo. Shizune había sentido un escalofrío, incluso Jiraiya se había tensado, pero ese niñato… ese niñato no solo no se aterraba, incluso redoblaba su apuesta, puesto que se subió a la mesa para mirarla desde arriba.- Si ese es tu chakra, los he visto mucho peores…- la retó, arqueando una ceja la senju.

-Tienes la boca demasiado grande, mocoso… ¿acaso he dicho alguna mentira?- le espetó, bebiendo con una sonrisa burlesca. Aunque a Jiraiya, dentro de su tensión, le llamó la atención algo… Tsunade no solía fijarse en nadie, pero ese niño había captado su plena atención.

-Has insultado a una persona muy preciada para mi… jiji sarutobi me cuidó cuando me intentaban matar a diario, y murió por defendernos a todos, por defender la aldea... ten un mínimo de respeto, ha hecho mucho más bien al mundo que tú…- exigió, apretando los puños. Como esa mujer siguiese insultando a su abuelo oficioso, la iba a golpear, desde luego que iba a hacerlo.

-Chiquillo, sé perfectamente quién es Hiruzen sarutobi, me entrenó junto al pervertido a tu espalda… y déjame decirte algo: todos sabíamos que iba a morir así. Perdió toda su vida en una puta causa perdida, y al final su propio alumno le mató… tanto va el cántaro a la fuente, que al final se ahoga…- explicó de forma despectiva, volviendo a beber con ansia para taponar sus propios recuerdos, los recuerdos de las dos vidas que la arrebató la hoja. Jiraiya se fijó en ello, pero Naruto no… bastante tenía con no golpearla…

-Por algo estás sola… Shizune no aguantará mucho más contigo, es difícil estar con alguien que no es capaz ni de ser agradecido a su maestro…- la insultó con visceralidad el jinchuriki, y toda la mesa se quedó en silencio. Shizune estaba aterrada: ese chiquillo era, con diferencia, la persona que más había insultado a su maestra desde que viajaban juntas. Jiraiya temía por la vida de su alumno, aunque compartiese sus observaciones. La senju debía de superar de una maldita vez su pasado. Y Tsunade… simplemente se levantó y puso su cara a la altura de la del chico.

-¿Vas a tener huevos para decírmelo otra vez en la calle?

Pues si, los tuvo. Cuando le retó, se esperaba que el chiquillo se arrugase, pero no lo hizo. Así que le humilló todo lo que pudo, venciéndole usando solo el dedo índice de su mano izquierda (si hubiese usado el de la diestra, lo habría matado). Y el chico, lejos de retirarse, redobló la apuesta. Con la sangre escurriéndose por su frente, la gritó que no se atreviese nunca más a insultar el puesto de hokage, porque algún día él sería su legítimo dueño y se lo haría pagar. Y Tsunade senju por un momento no vio a ese chico… vio a sus dos personas más queridas, a Dan y Nawaki, que también buscaron lo mismo en vida. Ser hokage, liderar la aldea, salvar a todos. Y ambos murieron sin retractarse de sus palabras, sin ceder ni un palmo de terreno… como ese chico que tenía frente a ella. Era como oírles hablar, o como oír hablar a su propio abuelo… debía de ser culpa del alcohol…

Pero acto seguido volvió a sorprenderla, esta vez atacando con un rasengan imperfecto, ¡un rasengan! Y solo con trece años… vale que le hizo morder el polvo aún así, pero podría haberla matado si hubiese bebido un poco más y sus reflejos hubiesen sido más lentos… A ese chico le gustaba apostar duro, visto lo visto, y a ella también… por eso decidió hacer una nueva apuesta. Le gritó que, si quería ser hokage algún día, debía de aprender a usar el rasengan. Si no, solo era un bocazas. Así que, si era capaz de dominarlo en tres días, ella se retractaría de todo lo dicho sobre Konoha. Es más, le daría el collar del primer hokage como muestra de respeto. Pero, si no era capaz de lograrlo, si fracasaba, debería de renunciar a su sueño. Konoha necesitaría a alguien fuerte, no a un niñato sin talento. Se había jugado mucho… el colgante era muy valioso, pero no temía por el, era una apuesta segura, al fin ganaría en algo… era imposible que ese chiquillo dominase esa técnica en tan poco tiempo…

Pero la senju subestimó dos cosas. Para empezar, su mala suerte apostando. Tsunade podría apostar a que iba a amanecer al día siguiente, y provocaría un eclipse, o una noche eterna. Y, por otro lado, subestimó la tenacidad de ese chiquillo. No solo ganó la apuesta… lo demostró de la forma más espectacular posible. Salvándole la vida a la ojimiel y destrozando a su agresor con un rasengan perfecto. Aún a pesar de sufrir una herida mortal. Y volvió a ver a su abuelo, a su prometido y a su hermano en él. Eran la misma persona en esencia. Tsunade se descubrió a sí misma desesperada por salvar a ese niño, usando cada gota de su chakra, dispuesta a usar su alma incluso. Ese chico la recordaba lo mejor de su hermano pequeño, lo mejor de su abuelo, lo mejor de su difunto prometido… todo aquello que dejó de ver en Konoha y por lo cual la abandonó. Ese niño era la clase de persona a la que la senju podía seguir. Por eso, cuando Naruto se curó gracias a sus cuidados, le entregó su colgante, un sincero reconocimiento de su valía como sucesor de hashirama senju. Y le dio un beso, uno cariñoso, su forma dulce de pedirle perdón por ser tan brusca con él el día que se conocieron. Y, no contenta con eso, hizo algo más…

-Me alegra que aceptes el nombramiento, tsuna…- agradeció Jiraiya, mientras ambos sannin bebían para celebrar que Konoha iba a tener un godaime hokage que no fuese un putero declarado. Debían de aprovechar, Naruto estaba descansando vigilado por shizune, y al día siguiente debían de partir de vuelta a Konoha… allí lo iban a tener crudo para emborracharse, una con su puesto de líder y el otro espiando…

-No seas zalamero Jiraiya, sabes que lo hago para evitar que destruyas todo aquello por lo que mi abuelo y mi tío trabajaron…- repuso la senju, dando un suave trago a su vaso de sake. El peliblanco sonrió de lado… ese trago no era ansioso, no era una desesperada llamada de auxilio… era calmado, refinado. Solo tres días con él y ya la estaba salvando… ese niño era un puñetero angel…

-Lo haces porque Naruto te ha ganado la apuesta, no me intentes engañar…- el gama sennin bebió también, satisfecho.- Un consejo: nunca apuestes contra él. Es tan cabezota que no sabe perder. Siempre se sale con la suya.

-Ya me he dado cuenta… por eso he aceptado: mi puesto solo es provisional. En cuanto ese chiquillo esté listo, le tiraré ese horrible sombrero a la cara y saldré huyendo…- bromeó, aunque el nombrar a Naruto la hizo sonreír ligeramente.- ¿Cómo se apellida, Jiraiya? No me lo habéis dicho todavía ninguno…

-Uzumaki…- respondió con tensión el hombre. Tsunade arqueó una ceja ante esa respuesta y ese gesto de miedo y vergüenza… ya volvía el Jiraiya de siempre, aquel que no soportaba apenas…

-Me alegra que sea familia mía por parte de mi abuela, pero… rubio, ojos azules, rasengan, el sueño de ser hokage, hacer de canguro tuyo… esperaba OTRO apellido…- recriminó veladamente. Esta vez fue Jiraiya el que dio un trago ansioso a su vaso de sake, suspirando la senju.- Tranquilo, no le voy a decir nada, es tarea tuya… incluso me alegro de que estés con él recuperando el tiempo perdido. Dime… lo que dijo de que nuestro sensei le protegía cuando le intentaban matar de niño… ¿es verdad?- Jiraiya asintió en silencio, sin atreverse a hablar. No en vano, él era responsable indirecto… si hubiese estado allí, Naruto habría tenido una infancia mucho más amable. La senju, en cambio, apretó el caso hasta romperlo, fruto de la rabia… le conocía de tres días y ya enfurecía por solo pensar que alguien le hiciese daño...- Me parece que ya tengo pensada mi primera medida como hokage…

En Konoha, mientras tanto, ya era de noche. Los habitantes de la aldea en su mayoría dormían, o bien gastaban su tiempo en locales de ocio o en trabajos nocturnos. Konoha era una aldea tranquila, no tenía el bullicio de tanzaku o ciudad capital, por la noche podías perfectamente tumbarte en el césped del parque del monte hokage y contemplar las estrellas en calma… salvo esa noche. En esa noche, las voces de alarma sonaron entre las patrullas shinobi. Había un incendio, un incendio a las afueras de la muralla… en el barrio uchiha. Iluminada por las llamas de lo que en su día llamó hogar, Satsuki contemplaba todo con una excitación creciente. Nada más despertarse en el hospital, y acompañada de una confundida Sakura, la pelinegra había ido a comprar gasolina al puesto civil más cercano, y gastado la tarde en empapar cada edificación de su propiedad. Había incendiado cada edificio, cada casa, cada mueble… no había dejado nada libre de las llamas.

Con el zippo de su hermano en su mano izquierda, el origen de la primera chispa, ahora sus ojos negros no reflejaban oscuridad, no… reflejaban luz. Por primera vez en mucho tiempo, lo veía claro, veía claro lo que debía de hacer. Se había aferrado demasiado tiempo a los fantasmas de su familia, a su apellido, a su papel en esa aldea. Había intentado huir haciéndose kunoichi, había intentado olvidar y pasar página enamorándose… y todo ello había sido un grave error. No, ella no era una mujer normal… no iba a ponerse vestidos, no iba a casarse, no iba a formar una familia y cocinar para el marido de turno. No… ella era una vengadora. Y cada uchiha muerto en ese infierno de llamas que antes fue el barrio uchiha clamaba por esa venganza… faltaba un muerto más para estar en paz. Uno solo… el más importante. Satsuki dibujó una siniestra sonrisa, esa sonrisa que ponía los pelos de punta a todo aquel que la viese. Podía verlo en esas llamas… veía sangre, veía poder… y, sobre todo, veía el mangekyo, la llave para lograrlo todo. Su objetivo de vida… su sonrisa se afiló tanto que casi la privó de mejillas, haciendo estremecerse a su acompañante…

-Sa… Satsuki…- tartamudeó una cohibida Sakura. Había contemplado todo con preocupación, cómo Satsuki lo hacía arder el barrio entero, y en serio la entendía, aunque no compartía esa decisión. Llevaba desde que Satsuki llegó a ese lugar deseando hablar con ella, calmarla, pero no se había atrevido a abrir la boca ante esos ojos… tenía la sensación de que la uchiha podría matarla sin variar el pulso ni un instante cuando tenía esa mirada… puede que esa sonrisa espeluznante la hubiese provocado tanto miedo que la había empujado a actuar…

-Si, Sakura…- respondió la ojinegra, sin mirarla tan siquiera, sin borrar esa sonrisa. La pelirrosada luchó por seguir hablando y no obedecer a su instinto, que la gritaba que estaba mejor en casa con sus padres… No, Satsuki era su amiga, quería ayudarla, y eso sin contar esa promesa de cuidarla que le había hecho a su baka favorito…

-No… no debiste de quemar este lugar… alguien… alguien podría salir herido al apagar el fuego, o quizás necesites en un futuro algo de ahí…- expuso. Fuera del hecho de quemar un barrio entero por capricho, la uchiha había sido muy metódica. No se había reservado más ropa de la necesaria para sus misiones ninja, no se había guardado fotos, ni un solo recuerdo… ¡ni tan siquiera había dejado sin tocar algún edificio de ese barrio para poder dormir shannaro! Sin embargo, Satsuki no la dejó seguir hablando. Simplemente, la tomó del mentón y la besó con fiereza. No fue un beso clásico de los que se solían dar cuando se besaban también con Naruto… no. Satsuki llevaba totalmente la voz cantante, la manejaba como quería. Sus ojos, en un principio abiertos por la impresión, se fueron cerrando mientras notaba esos labios sobre los suyos, recorriéndola, la lengua de la ojinegra explorándola. Puso sus manos sobre las caderas de la uchiha y se dejó manejar, sin darse cuenta del gesto perverso de la ojinegra. Cuando Sakura comenzaba a responder con pasión, a dejarse llevar por esa extraña sensación cálida en el vientre, Satsuki se separó, frenándola.

-Esto ha sido por portarte bien, Sakura…- la felicitó, observando a la joven sonrojarse de nuevo al despertarse del ósculo y comenzar a caer en lo que estaba haciendo… y en lo que deseaba hacer. Bien… la gustaba esa reacción, así que no separó sus ojos de los de la ojijade antes de continuar hablando.- Y he pensado que esta noche dormiré contigo…


Y fin! Bien, dejemos a satsuki para el final. Hoy aparece un pj que, si bien no fue muy bien desaerollado por kishimoto (el mismo lo reconoce eh), si que me parece vital. Tsunade Senju. Tsunade es vital en el desarrollo de Sakura por obvias razones, pero sobre todo en el de naruto: le aporta una madre, una mujer que le quiere con toda su alma y que hace el trabajo que la pobre kushina no pudo hacer. Vereis a tsunade tomar medidas con la hoja, os lo aseguro.

Y en cuanto a Satsuki... doy inicio a la Satsuki yandere. Hasta ahora Satsuki era una chica con un toque yandere que tenia controlado, una chica que se esforzaba por cambiar y luchar contra si misma... eso se acabo. Llevo un tiempo queriendo desarrollar un pj femenino yandere fuera de un lemmon, y Satsuki es mi prueba. Es realmente dificil, se trata de hacerla una cabrona malnacida y a la vez atractiva para el publico, pero tengo fe. Me inspiro en pjs como Shiro de Deadman Wonderland (la mejor yandere que he visto hasta la fecha joder, una hija de la grandisima puta a la que quiero como a ninguna), Revy two guns (sobre todo en el aspecto, mirad la portada del fic)... digamos que creo que tengo captada la esencia.

En fin, naruto cuando vuelva se va a encontrar una desagradable sorpresa, porque, seamos claros... ¿os fiáis de satsuki? Un saludo y nos leemos!