XIV
Ultraje

Habíamos salido de Karanes sin grandes problemas. Cuando el comandante ordenó que adoptáramos la formación de larga distancia, le dediqué una mirada breve a Armin antes de separarme del resto del grupo. Yo había sido asignada al grupo de comunicaciones, lo que significaba que debía informar al comandante y al grupo central (donde iba Eren, protegido por el escuadrón especial del capitán Levi) la ubicación de los titanes que el grupo de búsqueda fuese encontrando.

Las cosas comenzaron a ponerse extrañas una hora después de la partida. Cuando pasaba por un grupo de árboles, vi algo que me llamó la atención. Cabalgué hacia los árboles, y lo que vi me desconcertó.

Había una capa que claramente pertenecía al Cuerpo de Exploración, junto con una prenda de ropa. Ambas estaban cubiertas de sangre. Desmonté de mi caballo y examiné la capa y la prenda. Reconocí la ropa de inmediato. Pertenecía a Annie. No sabía sin sentirme aliviada o triste por su destino, pero el punto era que contábamos con un soldado menos. Yo sabía que ella se encontraba en una posición cercana a la mía, en la misma columna. Después, vi algo que me heló la sangre.

Junto a uno de los árboles, había un brazo ensangrentado, tirado sobre el suelo, como si fuese basura. Aquello me confirmó la tragedia. Annie había sido devorada por un titán, aunque dudaba que ella fuese tan miedosa como para paralizarse en presencia de uno. Había dos posibilidades: o Annie no había visto al titán que la devoró, o había sufrido un accidente que la había dejado vulnerable. Sin embargo, con independencia de las razones, debía informar el incidente, así que volví a montar mi caballo y lancé una señal de humo con el color correspondiente. Luego, retomé la cabalgata.

Media hora transcurrió, y no hubo nada más importante que reportar. A veces había una columna de humo rojo, seguido de varias columnas verdes. La formación de larga distancia estaba funcionando a la perfección.

Fue cuando sentí unos pequeños temblores en el suelo. Regulares. Acompasados. No me tomó mucho rato concluir que aquel no era un movimiento de la tierra. Un titán se acercaba, a gran velocidad. Miré hacia atrás, y, en efecto, se trataba de uno. Debía medir unos quince metros. Corría más rápido que mi caballo, y no había árboles cerca. No tenía ventaja alguna para pelear con el titán. Debía matarlo allí mismo.

Dejé que el titán se acercara lo suficiente para estar dentro del rango de mi equipo de maniobras. Cuando juzgué que el momento era el apropiado, salté de mi caballo, y clavé la línea en una de sus piernas. No era mi intención rebanarle los talones, porque sabía que podría aplastarme si no tenía cuidado. En lugar de eso, pasé por un lado, usando mis pies para girar. Su pie erró el objetivo por unos pocos metros, lo que me daba una ventana para acceder a su nuca. Casi horizontal con el suelo, volví a clavar la línea en su cuerpo, en la parte media de su cuello. Propulsándome con el gas, desenvainé mis espadas, e iba a cortar su nuca, cuando ocurrió algo muy extraño.

Toda la base del cuello se cristalizó, como si de una coraza protectora se tratara. No podía atacarla de ese modo. Tenía que buscar un medio para deshacerme de ella, y rápido.

Decidí que la mejor forma de escapar era cortándole los tendones. Usé la inercia de mi anterior impulso para ganar altura, esperé a que comenzara mi caída libre, y volví a usar gas para ganar velocidad. Sabía que la maniobra que intentaba hacer era muy arriesgada. Si no lo hacía bien, podía machacarme la cabeza contra el suelo, y nada de lo que estaba haciendo serviría de algo.

Activé el flujo de gas. Al mismo tiempo, clavé la línea en un punto dos metros bajo la nuca. Si todo salía bien, la inercia me columpiaría entre las piernas del titán, dándome una ventana para cortar ambos tendones en un solo movimiento (1).

La primera parte resultó sin contratiempos. La línea se clavó en el punto correcto, y me escurrí entre las piernas del titán. Tampoco tuve algún problema cortando sus tendones. Pero cuando traté de escapar, me di cuenta que no había ganado el impulso suficiente para no ser aplastado por el titán cuando caía, y una de sus manos me golpeó con la suficiente fuerza para quedar inconsciente…


Abrí los ojos, pero no veía nada. Después, me di cuenta que era de noche. Cuando me acostumbré a la oscuridad, vi una fogata, sobre la cual se asaba un venado. Miré hacia arriba, y no vi la luna, solamente las estrellas. Iba a ponerme de pie, pero me percaté que mis manos estaban atadas a un poste de madera, por encima de mi cabeza. Mis pies también estaban en la misma condición. Mi primer instinto fue tratar de zafarme, pero sabía que no iba a conseguir nada. Tenía que esperar a una oportunidad para escapar, por lo que, para empezar, tenía que averiguar quién me había capturado. Era claro que alguien había aprovechado que estaba inconsciente para llevarme a este lugar. La pregunta era quién.

Mi interrogante fue respondida enseguida. Una persona de baja estatura apareció detrás de la fogata, caminando tranquilamente hacia mí. La luz del fuego iluminó las facciones duras de una mujer de cabello rubio, tomado en un moño muy apretado. Fue cuando me inundó una oleada de incomprensión. Tenía muchas razones para pensar que la mujer frente a mí se había convertido en comida de titán, pero allí estaba, sonriéndome, con una lascivia evidente.

—Me asombra que te hayas creído mi actuación —dijo Annie, acercándose más a mí, ampliando su sonrisa. Jamás la había visto sonreír en el tiempo que la conocía—. Claro, realmente me corté el brazo, pero, la cosa con los titanes cambiantes es que pueden regenerarse después de un cierto tiempo. Seguramente lo sabes, después de ver cómo tu hermano adoptivo lo hizo cuando se enfrentó a todos esos titanes.

—¿Qué quieres? —dije, tratando de mantener la calma, pero ya sabía lo que ella podía hacerme, sobre todo cuando mis manos y pies no podían moverse.

—Resulta que hay dos cosas que quiero —repuso Annie, dando vueltas a mi alrededor, todo el tiempo mirándome—. Una de esas ya la tengo. Y usaré esa cosa para obtener otra, si es que sabes a lo que me refiero.

Me tomó dos segundos conectar los hilos. Solamente había una razón por la que Annie me había capturado. Ella sabía, al igual que yo, que Eren y yo éramos cercanos. Y ella quería usarme a mí para llegar a él. Lo que no sabía era el propósito para el que necesitaba capturar a Eren. ¿Sería por su habilidad para transformarse? No lo creía plausible. Debía ser por algo menos obvio. ¿Eren sabría algo que Annie no?

—¿Para qué quieres a Eren?

—Hay… digamos… gente interesada en él y en lo que puede hacer —dijo Annie, deteniéndose frente a mí—, pero eso no me importa ahora. Por un momento siquiera, me voy a enfocar en lo que yo quiero, no en lo que otros quieren.

Tragué saliva. Sabía lo que eso implicaba pero no me traía ningún consuelo. Annie se acercó a mí y, de un tirón, arrancó mi ropa, dejándome desnuda desde la cintura para arriba. Pasándose la lengua por sus labios, Annie me tomó del cuello con una mano, y con la otra me sujetó la cabeza, de modo que no pudiera desviarla hacia ninguna dirección.

El beso que sentí en mis labios no tenía nada de la calidez y la ternura de Krista, no tenía emoción, no tenía la intención de desconectarme del mundo. Era, de hecho, todo lo contrario. Sus labios era fríos, colaba su lengua dentro de mi boca con violencia (y Krista jamás me había dado un beso de ese tipo) y podía sentir la saliva espumosa y húmeda en mi paladar. Era grotesco y asqueroso, y no podía imaginar que Annie pudiera ser tan brusca y sucia besando. Yo tenía la idea de que las mujeres éramos más sutiles y sensuales al amar, pero Annie esta rompiendo con todas aquellas reglas.

Por desgracia, ella no se detuvo allí.

Si sus besos no eran sutiles, aquello no fue nada en comparación con la forma en que tocaba mi cuerpo, especialmente mis pechos. Cuando acabó con ellos, no podía creer que me dolieran tanto. Mi piel estaba mojada, pero con su saliva, lo que me hizo pensar en un perro rabioso y no en una amante.

La verdad, cuando supe que Annie me quería para ella, pensé que, si alguna vez lo conseguía, iba a ser tan sutil y suave como Krista. Me equivoqué rotundamente. Ignoraba lo que hacía que actuara de ese modo conmigo, pero, al parecer, haber pasado mucho tiempo sin compañía pudo haberle afectado bastante. Sin embargo, tampoco sonaba demasiado plausible, porque yo había pasado mi vida entera sin tener a alguien, y no actuaba de ese modo con Krista.

Annie arrancó toda mi ropa de la cintura para abajo, y quedé totalmente desnuda. Ella no perdió tiempo, y se zambulló entre mis piernas. Lo que sentí a continuación no me lo esperé. Pensaba que no iba a disfrutar para nada lo que Annie me iba a hacer, bueno, no lo hice, en absoluto, pero cuando sentí su lengua allí, fue como si agua caliente recorriera cada rincón de mi cuerpo, y me estremecí. Era sorprendente cómo Annie, una chica que no se caracterizaba por su sutileza, hiciera lo que estaba haciendo de ese modo. Fui incapaz de contener los gemidos, y mi cuerpo estaba perdiendo el control lentamente. No podía creer que Annie me estuviera haciendo sentir de ese modo.

Mi cuerpo estalló. O al menos así lo sentí. Jadeaba como si hubiera corrido muchos kilómetros, y sentía un cosquilleo en mi entrepierna que se negaba a desaparecer, lo que se oponía al malestar que se asentó en mi estómago por lo que me había hecho. El acto había durado poco, pero no lo sentí de ese modo, para bien y para mal. Incluso había olvidado que Annie me había secuestrado. Luego, cuando estuve lo suficientemente calmada, las preguntas me tomaron por asedio.

¿Por qué, pese a que acababa de ser violada, me sentía de ese modo? A sabiendas que Annie era mi enemiga, que había poco menos que maltratado mi cuerpo, ¿por qué diablos me causaba placer cada vez que su lengua rozaba ese lugar? ¿Acaso lo había hecho porque sabía que me iba a gustar lo que me hizo? ¿Realmente así se sentía lo que Ymir me había descrito? Aunque el placer hubiera sido explosivo y excitante, me sentí muy mal porque me habría gustado mucho tener aquella experiencia con Krista, porque sabía que ella realmente estaba interesada en mí, y habría sido algo que ambas íbamos a disfrutar. Tampoco estaba segura de si debía contarle lo que me había ocurrido. No sabía cómo iba a reaccionar. Pese a que lo que Annie me había hecho era un crimen, tampoco podía ocultar el hecho que parte de eso, aunque fuese una pequeña parte, me gustó. Y, si valoraba mi relación con Krista, no podría mentirle al respecto.

Si es que la volvía a ver otra vez.

No, no pienses negativo. Algo se te va ocurrir. En el momento que Annie meta la pata, voy a darle su merecido antes de escapar.


(1) Es un movimiento parecido al que usó Levi en la segunda parte de la tercera temporada para cortarle los tendones al titán bestia.