FanFic IT - Eternally missed
I
Más que consciente de su aspecto, que no había sido muy favorecedor en anteriores intentos por lograr un trabajo, por breve y carente de garantías que fuese, llegando a los bordes de la pequeña población lo que sus ojos creían distinguir a una prudente distancia no parecía mala idea.
Exhausto pero motivado, echó a andar por el plano terreno a pesar de la pesadez de sus piernas y el dolor de sus pies protegidos por su gastado calzado, a medida que avanzaba las pequeñas figuras que había visto cobraban su aspecto y tamaño original resultando ser caravanas esparcidas al rededor de carpas bicolor. Ignorando a los individuos de fornidas complexiones que le seguían con la mirada mientras parecían tomar un descanso, el extraño continuaba caminando, adentrándose a la zona circense más y más hasta detenerse, prácticamente quedando expuesto en la zona central.
De poseer algún carisma, todo este había disminuido ante la realización de que ignoraba la localización de la persona responsable. Girando su cabeza examinó su alrededor, principalmente centrado en cada roulotte en cuyas paredes de madera una ilustración pintada daba una pista de la labor de su dueño. Arrugando su frente, agachó la cabeza acabó por desanimarse, desorientado.
-Chico, ¿se puede saber qué haces aquí? -Una masculina voz le sobresaltó. Sólo al girarse pudo comprobar que quien formulaba la pregunta era el hombre al que buscaba, junto a él otro hombre se encontraba de brazos cruzados. Su camiseta remangada y los tirantes por encima encajando con la de otros trabajadores.
-Venía para unirme a su circo. -El intruso comunicó, recobrando entereza.
Descendiendo y ascendiendo sus ojos, el maestro de ceremonias ante tales palabras tras dar una profunda calada a su grueso puro se limitó a decir:
-Ya veo. Sígueme. -
El trabajador a su lado le miró desconcertado, descruzando sus brazos como si no diese crédito a lo que oía.
A diferencia de otras caravanas, lo que guardaba la del líder del circo se asemejaba a un despacho en vez de a un camerino. Acomodándose el primero de los hombres en entrar no se fue con rodeos en la exposición de la situación de su negocio. El hombre plantado frente a él detrás de la mesa que servía como escritorio no era ni el primero ni sería el último con la intención de trabajar para él, convertiéndose así en uno más al que suministrar alguna cantidad de dinero para poder llenar su estomago. De hecho, francamente no estaba interesado en agrandar el grupo que ya se ocupaban del trabajo de menor categoría.
Escuchar su franqueza era demoledora pero cuando había sido rechazado tantas veces, era fácil esperar la negación a su solicitud.
No obstante eso no quería decir que no se pudiese encontrar otra cosa en la que poder contribuir a cambio del tan necesario dinero. Las circunstancias que habían llevado al maestro de ceremonia a formar y completar su elenco tampoco habían sido extremadamente rigurosas. Su pista nunca había sido pensada para ofrecer espectáculos teatrales, más bien unos cuantos divertimentos a un precio razonable.
-Pero podría hacer una excepción si consigues hacerme reír. -Le ofreció desde su sillón inclinándose hacia delante para apoyar un brazo sobre la mesa mientras sostenía el habano entre sus dedos índice y el medio de la mano del otro. -¿Trato o no trato? -
La respuesta era obvia.
Apenas había alcanzado el limite entre la zona asentada por los circenses y las afueras de la ciudad cuando oyó la voz del hombre reclamándole por última vez.
-¡Chico! -Gritaba con igual intensidad que la ejercida en mitad de la pista. -¡Una última cosa! -Añadió habiendo salido de su refugio.
Deteniendo sus pasos, enlentecidos al primer bramido, contestó con la obligatoria pregunta:
-¿Qué cosa? -
-Tu nombre es... -
Mordiéndose el labio inferior suavemente, el futuro payaso dudó de dar su nombre completo o limitarse a dar su diminutivo. A menudo el diminutivo brotaba de sus labios con mayor facilidad que el nombre completo mas en toda entrevista de trabajo había sido necesario el formal.
-Robert Gray, señor. -Exclamó y sus pies procedieron a seguir su marcha.
-¿Crees que es buena idea darle esa oportunidad de oro? -
Uno de sus ya aclamados por el publico y por tanto triunfadores artistas cuestionó la decisión de su superior, habiendo pasado de boca en boca lo ocurrido en ese mismo lugar a lo largo del día, teniendo el coraje que los originadores del rumor no habían tenido en confirmar los hechos. Frente al único espejo que albergaba, sin precipitarse en darse la vuelta, emitió un suave ruido apenas separando los labios, leve manifestación de fingida sorpresa teniendo que justificar su decisión a otro que no fuese él mismo. Tomando la chaqueta de roja tela y negras solapas para colocarse la última pieza que componía su traje, listo para la salida de toda la caravana se giró y caminó a la salida, obstaculizada por una de las estrellas de su espectáculo, al mirarle, su cara reflejaba que no se movería hasta no obtener una respuesta satisfactoria.
-Verás, a veces para ganar hay que arriesgarse. -Fue cuanto el maduro trotamundos sintió justo de decirle. acercando una mano, dio una palmadita cariñosa a la par que burlona a su mejilla empolvada añadiendo. -Mírate a ti, nadie en su sano juicio hubiese dado un centavo por ti pero yo aposté por tu talento y ahora eres una estrella. Dejémosle intentarlo al menos ¿eh? -
II
Bob no volvería a ser visto por el circo hasta no haber pulido algunas ocurrencias para el papel propuesto.
No es que el hombre dudase de su habilidad para hacer reír, en realidad, desde que era niño ya se daba esa situación, a veces ni tenía que abrir la boca. Un mero despliegue de sus dientes sonriendo al separar sus labios y los niños a su alrededor se carcajeaban, consciente de ello, bastaba con cambiar la sonrisa por alguna mueca conscientemente y la risa aumentaba dejándolos tirados en el suelo hasta sofocar los estallidos.
Modificar su voz, generalmente siguiendo un tono simplón disimulado su delator acento, era otro elemento con el que había pensado jugar. Cuanto más aguda mejor a la hora de enfatizar y de usar, debería superar el corte que estropearía todo comentario memorizado, frente a toda tienda poseedora de espejos. Obteniendo la llamada de atención de los aburridos dependientes que no dudaban en criticar o mofarse de su comportamiento. O con escoba de madera en mano salían para espantarlo.
-¡Fuera de aquí! -Había vociferado alguno con actitud amenazante. -¡Largo! ¡A menos que tengas dinero, te quiero bien lejos! -
Sin brindar una oportunidad de explicarse, atrayendo los ojos de cualquier caminante cercano, muchos siendo amas de casa inmersas en la búsqueda de alimentos u otros útiles para la casa, acompañadas o no por sus retoños, más atentos a escenas del tipo. En sus grandes ojos manifestándose una curiosidad por el agitador que urgía ser controlada.
Nunca se había sentido orgulloso de sus orígenes, quien era y de donde era, llevando ese descontento al deseo de abandonar familia y amigos, precio a pagar por su radical empezar de cero, dejando atrás patria natal.
La sensación de déja vu le acompañaba, en la repetición del camino que le haría retornar a las entrañas del circo, igualmente árido y apenas poseedor de hierba, zancada a zancada. Habiéndose animado a mostrar una sonrisa a cuantos le observaban llegar al centro de la pequeña comunidad que lo conformaban. Para sorpresa propia, no todos los rostros dejaban distinguir la misma impresión que en anterior visita, por lo tanto posible amenaza siendo proyectada en un grupo menor de personas. De las cuales, el retornante ya sabía que debía alejarse, con idea de ahorrándose probable problemas. De entre ese grupo de hombres, uno fue quien salió dejando libre una silla, levantándose tiraría el fino cigarrillo que entre sus labios había sido sujeto y frotando su pie derecho lo apagaría.
-Señor Gray ¿verdad? si quiere ver al jefe, venga conmigo. -Dijo señalándose con el dedo pulgar presionándolo sobre su casi descubierto y velludo pectoral, haciendo gala de sus mejores modales, enfocado a cumplir con la orden de su superior. Asegurando que no había error con un asentimiento de su cabeza, Bob le acompañó.
