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Capítulo XIV

Sasuke

Adiós

Todos los grupos ya estábamos en la sala de conferencias, la mesa de vidrio brillaba con la luz de las proyecciones, puesto que las ventanas se habían cerrado en un elegante movimiento de persianas en cascada.

Maksim Vasilievich, un estrafalario y derrochador empresario ruso era quien portaba la palabra justo ahora, yo me dediqué a apuntar algunas cuestiones de importancia mientras esquivaba las miradas de Naruto y de Itachi. El inglés con acento de Maksim caía líquido en mis oídos, las cifras de la crisis rusa permitieron una tensión importante en la sala entera mientras que yo apartaba todo eso de mí asentando la pluma con fuerza en la agenda. La real tensión llegó a mi en cuanto Gaara tuvo su turno.

Endurecí mi espalda igual que la mirada, allí estaba, el primer movimiento en marcha.

Las cifras magníficas de la compañía de los Sabaku parecieron aún más espléndidas que antes, sonreí brillantemente en mis adentros, todo era jodidamente perfecto. Por supuesto, eran números jugosos para los inversionistas, que sin duda alguna empezaron a notar quién había sido el impulsor máximo de la escalada de la empresa.

-Las cifras de inversión son ridículamente altas.

Busqué con mi mirada a Itachi, quien apretaba los papeles en sus manos como si se trataran de una pelotilla anti-estrés-. Sus ojos eran como puñales, pero yo reprimí una sonrisa de triunfo.

-La empresa Uchiha ha sido nuestro principal socio esta última temporada. Gracias a ellos, agregaré, puedo pertenecer a esta junta.

Gaara apretó los labios en cuanto enfocó su mirada sobre mí, era evidente para todos que el movimiento descabellado había sido idea mía; la tensión de Itachi y sus cuidadísimas elecciones a la hora de negociar me delataban. Toda la mesa giró hacia mí, las miradas eran neutrales, pero interesadas.

-Las cifras delataron un buen movimiento del anterior año fiscal para la empresa de los Sabaku, me temo que mi inversión ha sido disparatada, pero veo una retribución que supera al triple de lo esperado.

Anoté con una frialdad inminente, esquivando, por supuesto, las miradas encendidas de Itachi. Sabía que se estaba ahorrando un sermón sobre lo de pasar por encima de su poder como presidente de la empresa, lo de reducirme como vicepresidente a ocuparme de inversiones intranacionales, pero sostuve la postura despreocupada, que aunque falsa, pareció convincente para el resto de los asistentes.

Estiré las piernas el resto de la reunión, cada uno presentó los reportes finales de sus empresas como era acostumbrado e Itachi, por supuesto, comenzó a mostrar la cara más impoluta de nuestras cifras internacionales. Le miraba mientras la sangre me cimbraba en los oídos, pero en cuanto escuché que nuestra división China iniciaría un proyecto a gran escala con la empresa de los Haruno, fue como si la sangre simplemente me abandonara del cuerpo.

-El proyecto iniciaría justo a principios del próximo año, queremos potencializar los ingresos de la empresa Uchiha con una nueva fórmula en la banca que vaticina buenos resultados.

La voz de Sakura parecía lejana, apreté el estómago en cuanto sentí una punzada doblegándose a través de las llagas.

Me levanté con suavidad del asiento que me correspondía, y justo atrás mío, Shizune abrió los ojos y salió de la invisibilidad a la que las secretarias se habían sumergido detrás de sus jefes. La postura se me empezó a desmejorar en cuanto daba más pasos, pero mantuve la espalda firme hasta que la puerta de cristal ahumado hizo click detrás mío y la mayoría de juntistas me veían fugazmente antes de salir.

Shizune tenía estrictas órdenes de no ayudarme en público, así que hice un esfuerzo descomunal para atravezar la que parecía una infinita pasarela de mármol hasta llegar finalmente al ascensor. En cuanto se cerró, alcancé a divisar el cabello brillante de Shizune acercarse a mí, pero no podía oírla, estaba lejos.

-¡Señor! ¡Señor! ¡No me haga esto justo ahora! ¡Tiene que seguir en la reunión!-Pude distinguir por fin la voz de Shizune, y aunque no enfocaba bien su cara, pude darme cuenta que estaba sentado en el piso de un detenido ascensor. Las manos de mi médica estaban congelados mientras me movía el rostro, buscando una reacción de mi parte.

Tenía razón, no ahora, no podía darme un maldito altibajo justo ahora. A la mierda.

-Cambió todo el plan…-Susurré con la mejor voz que podía. Shizune se quedó en silencio, sin entender nada de lo que estaba hablando, y con su blusa de botones de oficinista saltando de arriba a abajo al compaz de su acelerada respiración, demostrando la desesperación que afrontaba.

-Señor, solamente queda una hora, por favor. Tiene que controlar sus emociones, tiene que hacerlo por su bien.

La voz de Shizune estaba teñida por algo parecido a la preocupación. En cuanto la había contratado, le había narrado de palmo a palmo la condición en la que debía permanecer, y que no importaba cómo, debía seguir como un roble en esa reunión y terminarla como fuera.

Estiré el brazo para alcanzar el antebrazo de Shizune, y ella arrugó el rostro en cuanto notó la frialdad de mis manos. Los espejos del ascensor me rebelaron pálido, horrendamente incoloro y con las ojeras demasiado pronunciadas. Los descontroles emocionales me habían empesado a hacer daño justamente hacia un año, Tsunade decía que podria ser por causa de la alta actividad neuronal que conllevaba el estrés y que "inquietaba" a el estúpido tumor que tenía alojado en el tallo cerebral.

-¿Cuánto tiempo?.

Shizune revisó su sencillo reloj de cuero negro.

-Apenas 20 minutos, imagino que deben haber tomado un receso.

Giré mi cuello mientras lo apretaba, buscando destensionarme y respirando lento en el proceso. Ya estaba de pie, pero el dolor de cabeza era tan severo que apenas sí me podía mantener firme.

-¿Cuánto falta para terminar la junta?.

-Probablemente una hora más señor.

Dejé caer mi cabeza a un lado para visualizarme fugazmente de nuevo. Cerré los ojos concentrándome de nuevo, reconfigurándome a mi estado de frialdad ignorar el hecho de que Sakura había echado a perder parte de mi plan. Pero ya habría tiempo para solucionarlo. Estiré el brazo para alcanzar el interruptor y poner en marcha el ascensor de nuevo, ojeando a la nerviosa Shizune por última vez antes de que las puertas se abrieran.

Como había predicho, todo el personal estaba afuera, en la antesala del salón de conferencias. Itachi al fondo de la habitación conversando con Sakura y el presidente de industrias automovilísticas de China. Apreté los puños sin fijarme.

Caminé con recelo hacia la mesa de comida, en la que se encontraba Naruto, con una cara de seriedad tan absoluta que opacaba la mía. Mientras afilaba la mirada al verme se llevó un trago de café, y por su inquietud noté que necesitaba un cigarrillo o un gran tazón de ramen.

-Aún tienes mucho que contarme.

-Todo ya está dicho.

Tomé una servilleta de la mesa y me limpié las manos sudorosas.

-Las inversiones son absurdas.

-Lo sé.

Mi voz era tan modulada como podía.

-Sigo creyendo que esto es una locura Sasuke. Con lo inestable que se están poniendo las cosas, podrías ir a la bancarrota en un abrir y cerrar de ojos.

-Es un riesgo que puedo tomar.

Llevé mi cabeza hacia atrás mientras reposaba las manos a los costados de mi cuerpo.

-Señores.

La voz que más detestaba oír surgió de la nada. Naruto y yo giramos con cortesía, esquivando la mirada de masacrador que dedicaba mi adorado hermano hacia mí.

-Itachi…

Naruto apretó la mandíbula fugazmente, yo dirigí una mirada cansada hacia nuestro preferiti, quien nos vio a ambos con las ojeras marcándosele aún más que de costumbre.

-Los dos compaginados…-Su voz tan juguetona me hizo surgir las ganas de aventarle un puño limpio en la mandíbula-…No sé qué sucede con exactitud, pero veo que no es nada alagador hacia mi persona.

-Tu mente continúa brillante, hermano-Conduje otro trago de café, el líquido amarguísimo me tranquilizó los sentidos-Pero no creo que sea tiempo de pensar en intrigas y patrañas como las que creo te estás imaginando ahora.

Itachi enderezó su espalda, me llevaba una cabeza más de altura, viéndose descomunal. Yo dejé delicadamente el vaso de café en la mesa detrás mío, y enfrenté con sutil indiferencia a sus ojos oscuros.

-Bien, como sea, hay mucho de lo que hablar. Creo que subestimé tu puesto como vicepresidente de todas formas.

Naruto, quien parecía haberse ausentado un instante se removió.

-Supongo que el tema de inversiones impactó a más de uno en esa sala.

Itachi sonrió juguetonamente hacia el empresario con pinta de surfista australiano que conservaba como mi mejor ficha en este juego. Y continuó con ella en cuanto tiró una frase que casi, casi, me hace darle ese preciado puño en frente de todo el mundo.

-Apenas puedo esperar verte en acción hermanito.

Ese estúpido.

Respiré mientras me preparaba para entrar de nuevo a junta. Pero todo fue interrumpido en cuanto Xeng Xi, una de las más importantes inversionistas salió casi corriendo de la sala de juntas con una excusa poco creíble. ¿Crisis?, sonreí de medio lado mientras Naruto entrecerraba los ojos al verme. Sakura, por su lado, estaba con la mirada fija en la ventana, demasiado ida como para pensar que estaba presente en este sitio. Quería dejar de verla, dejar de clavarme a mí mismo en ese ir venir entre la frialdad y la calidez.

Un móvil empezó a sonar en medio del barullo, el sonido atravezó mi oído como un pitido doloroso. Puse una mueca leve indicando que el dolor en mi cabeza iba en considerable aumento.

Shizune estuvo junto a mi de inmediato. Naruto en cambio, se quedó vigilante de mi estado por un instante.

-Es Tsunade, tenemos que salir de aquí de inmediato.

Naruto me tomó del puño del saco antes de que me girara para emprender mi salida.

-¿Vas a estar bien?.

Esa máscara manchada de esperanza que se me había vuelto usual encontrar en el rostro de mi amigo, logró atenuar la ansiedad creciente dentro de mí.

-No lo sé.

Fui franco.

Con eso, giré sobre mis talones y tomé sutilmente del brazo a Shizune, quien miraba la pantalla ya ennegrecida de su teléfono móvil. Subimos al ascensor, y justo cuando las puertas doradas se sellaron, fue cuando Shizune giró con los ojos casi desbordados.

-Han bloqueado todas sus cuentas señor. No sé si las han vaciado, para cuando Obito me llamó ya estaban bloqueadas.

Quedé helado momentáneamente, pero pronto todo se aclaró. Pasé un trago de saliva, y luego, me quité los lentes para limpiarlos.

-Lo estaba esperando. Pero no importa. ¿Qué ha dicho Tsunade?.

-Dice que el proveedor ha llamado a pedir la devolución de sus máquinas de control, ya que la cuenta rebotó.

-No importa, en cuanto lleguemos a casa te enviaré otra cuenta.

Shizune ladeó su cabeza.

-¿No está preocupado señor Uchiha?.

-He esperado por este momento todo un año. ¿Qué crees?.

Entonces el ascensor hizo ese sonido característico que indicaba que estábamos en el primer piso.

La multitud de gente que había en el primer piso me hizo sentir algo más de ansiedad, mucha más cuando no había llevado personal de seguridad junto a mí ese día, sin embargo, pude llegar a la acera en donde me esperaba mi bentley.

-¡¿Qué carajos crees que haces?!.

Giré en cuanto sentí que alguien me tomaba del hombro. Una mujer, era Sakura.

Mis ojos se turbaron a un nivel insensato. Pronto, toda la multitud giró a vernos. Genial, otra portada de revista.

-Sube.

La atrapé tan fuerte como pude por los hombros y la subí a empujones al auto. Las comisuras de mis brazos sintieron el esfuerzo y lancé un sutil gemido de dolor.

Sakura estaba confundida, la pude ver por un instante antes de que cayera sobre los asientos. Shizune se hizo en la parte delantera, viendo que la parte que anteriormente le correspondía ya había sido ocupada. Yo, por mi parte, me senté junto a ella cerrando la puerta tan fuerte que los vidrios vibraron, aunque los manotazos en el metal del auto que los periodistas tumultuosos daban lo disiparon con rapidez.

Debía admitir que todo era un maldito caos afuera. Sentía que aquella sensación era aún más pronunciada por las nubes grises y el viento que movía de un lado aotro los árboles y palmeras de la avenida. ¿Qué acaso ya había iniciado la temporada de tifones?.

-Estás demente, vamos a ser la comidilla de la prensa.

-Que se joda la prensa-Dije mientras me repasaba la mano por el cabello.

Sakura me vio fijamente, podía captar en su mirada una ira que era muy distinta a la frívola distancia con la que siempre me miraba después de nuestro divorcio.

-Es increíble, esto es…-Sakura frunció el ceño y se dedicó a sentarse mejor en el sillón del auto, cruzándose de brazos. Tenía un aire de autoridad que me crispó entero, un calor se arremolinó insólito en mi interior y me llamaban a robarle un beso que me dejara los labios teñidos de su lápiz labial.

En vez de eso, apreté los puños evitando manifestaciones físicas.

-No quiero caer en un estúpido juego de culpas. Pero, ¿Por qué se te ocurrió hacerme reclamos enfrente de toda la prensa?.

Sakura giró su rostro, encontrándose con mi mirada de forma brutal. Estaba realmente molesta. Luego, procedió a abrir y cerrar los labios, no estaba muy seguro de lo que iba a responder.

-Todo este maldito juego, apoyando tantas empresas de la nada cuando estamos a un pelo de la crisis. ¿A qué carajos estás tratando?.

Sonreí.

-¿Estoy haciendo algo que no me sea permitido?.

Sakura frunció aun más el entrecejo.

-¡No es eso y lo sabes muy bien! ¡Inyectaste casi 10 billones de dólares a la compañía de los Subaku! ¡¿Estás demente?!

-Creí que te gustaría…-bajé la mirada, observando los remates del cuero de las sillas, son de excelente calidad. Creo distraerme del profundo silencio de Sakura, sé que está confundida y yo estoy demasiado cansado para discutir.

-Detengan el auto, por favor.

Dice Sakura con tono fuerte y muy seguro. No me dio mucho tiempo de reaccionar, pues mi conductor lo hace de inmediato y ella sale del auto como un remolino de viento.

Reacciono de forma lenta y también salgo del auto, siguiendo los constantes taconeos que escucho en el pavimento. Al parecer, hemos avanzado por la avenida que está junto al mar y estamos realmente lejos del caos que hubo hace un momento fuera del edificio en donde fue nuestra reunión, en la playa gris que hoy luce más desértica que nunca.

Veo el cabello color rosa de ella revolotear de un lado al otro, evidentemente contrariado por el fuerte ventarrón que proviene del mar. Su color contrasta con el mundo sin color que nos rodea, siento cómo mi corazón se agita como el aleteo de un colibrí de la nada. El movimiento es imitado por su falda negra, que ella sostiene con fuerza con sus manos para que no se alce y muestre sus encantos femeninos.

Esta era una extraña escena a decir verdad. En el malecón no había nadie aparte de los dos, y podía presentir que Shizune no se bajaría del auto hasta que arregláramos nuestros asuntos. ¿Qué iba a decirle ahora que había ido tras de ella? ¿Qué me preguntaría? ¿Simplemente me seguiría cuestionando por las decisiones que había tomado en la empresa?.

Acelero mis pasos, pues ella se está alejando tanto como puede del mundo. Apenas puedo seguirla con la vista cuando ella empieza a adentrarse en el mirador que se extiende como un moderno puerto falso en la costa. Camina gacha, tanto, que creo que está llorando.

Cuando la alcanzo, la tomo por un brazo y la giro para verla lo puedo confirmar, sus mejillas son cascadas cristalinas. Sin pensarlo tanto, esta vez el dolor es compartido y siento ganas de llorar junto a ella también. Y juro que iba a hacerlo de inmediato, pero en vez de eso, una gota de lluvia me cae en la mejilla y se desliza hasta mi mentón.

Ella me mira fijamente con esos ojos verde jade, que, aun en la ya corta distancia, son un hilo que me empuja de manera potente a ella. Por el amor a Dios, yo enloqueceré siempre de amor por esa mujer de un metro con sesenta y uno.

-¿Qué mierda haces?-su voz está tan quebrada que me entra por los oídos como si sus palabras fueran una aguja dolorosa a través del tímpano-Todo esto es una jodida mierda.

Ella lleva una mano a la cabeza y deja de lucir como una empresaria controlada e inalcanzable, a pesar de tener un collar de 4 millones de dólares enredado en el cuello. Yo me limito a quedarme en silencio, sosteniendo las lágrimas al borde de los ojos y sintiendo el cuerpo arderme de pies a cabeza.

-Es evidente que haces todo esto por un motivo. Eso…-Pausa y gira mirando hacia el mar por un instante-…eso está muy claro. Ahora, si tú tan sólo fueras el hombre que amé y conocí tan bien durante diez años, podría decir que es uno muy bueno, pero ya…-Dos lágrimas caen por sus mejillas, empujando el maquillaje delicado de sus ojos a sus mejillas. Por un momento sus palabras son tan rápidas que no puedo seguir la conversación, pero sé finalmente a qué se refiere-…Ya no sé qué pensar.

La mujer me ha dejado sin aliento, sólo atino a ajustar el tacto de mi mano sobre su brazo. ¿Es este el final de mi mentira?.

-Lo que hago…-susurro casi sin fuerza-…Lo hago por nuestro bien.

Sakura se acerca peligrosamente a mi, puedo sentir su dulce aliento sobre mi labio inferior chocar una y otra vez. Tiene el cejo tan fruncido que su frente es como un pequeño relieve de montañas y cordilleras preciosas, y, por su parte, el jade de sus ojos se vuelve eléctrico e hipnótico.

-¿Cuál bien?-dice ella mientras que suelta mi agarre y se aleja de mí-¡¿Abandonar a tu familia es por nuestro bien?! ¡¿Perder la dirección de tú empresa es por nuestro bien?! ¡¿ACTUAR COMO UN JODIDO IMBÉCIL ES POR NUESTRO BIEN?!.

Los gritos me caen como una cachetada invisible. Debía aceptar que nada de esto era parte de mi plan, seguirla hasta aquí, escucharla, y lo peor, encarar el evidente dolor que había provocado. Realmente, durante el largo año de planificación, se había decidido que lo mejor era dejar el corazón a un lado para dar paso a un lado frívolo y calculador en donde ninguna de estas escenas tendrían lugar, pero todo se había descarriado. Es que, en el plan yo podía alejarme de Sakura, podía dejar a mis hijos y al resto de las personas que hacían parte de mi vida atrás mientras me confinaba en una clínica a morir rápidamente. Pero fui un maldito imbécil incapaz de lograrlo.

Una ira intensa hace que los huesos me duelan, quedo cegado por un instante, pero aquello no importa porque puedo hablar con suficiente claridad.

-Lo sé-digo acercándome de nuevo a ella. Una gota de lluvia moja esta vez mi chaqueta-Soy un jodido imbécil, pero no por lo que he hecho, sino por permitirme acercarme de nuevo a ti.

Sakura abre tanto los ojos que creo que se desbordarán por un segundo, y luego, le salen tantas lágrimas de la nada que al fin puedo permitirme llorar también. Ella camina rápido y me asesta un golpe tan fuerte que me gira la cabeza a un lado, no sé si el corazón me duele más que la mejilla.

-Te odio…Dios santo, te odio tanto.

El llanto se vuelve incontrolable y Sakura cae desplomada en el pavimento. Estoy tentado a dar la vuelta y dejarla así, y entonces todo quedará sellado y el plan se llevará a cabo de forma perfecta, pero me arrodillo junto a ella convulsionando de dolor.

No sé cuánto tiempo estoy de rodillas escuchando su llanto sin control, ni en qué momento la lluvia se ha puesto tan torrencial que las gotas salpican apenas golpear el pavimento, creando una bruma blanquecina que se esparce por todo el lugar.

-Juro que si yo hubiera sabido que para ti todo era una mentira, todo esto, te hubiera dejado hace tanto sin peros, sin preguntas. Pero ¿Por qué me dejaste creer que esto era real? ¿Por qué me dijiste que me amabas?.

La voz de Sakura está tan lastimada que mis lágrimas se confunden con la lluvia.

-Es porque no era un juego, ni una mentira.

Me resisto a ponerle una mano encima para consolarla, porque yo estoy aun peor. Ella está reducida a un ovillo sobre el pavimento, tiene seguramente las rodillas lastimadas, y yo parezco un maniquí estático que mira al infinito con suficiente dolor en el corazón como para morir tranquilo en la noche.

-Entonces…-ella me mira, tiene tantas lágrimas diluidas con la lluvia, que su cara está exageradamente brillante. Su cabello está revuelto y me sorprende que su maquillaje aun no esté tan deshecho-¿Por qué me dejaste? ¿Por qué te fuiste con esa mujer? ¿Por qué te alejaste de nosotros?.

Mi cara se tuerce en una mueca terrible, y empiezo a temblar tanto que creo que voy a desmayarme pronto.

-Por que era necesario.

Ella se arrastra hacia mí y me toma por los brazos con lentitud, encaramando sus manos de a poco hasta tomar mis manos, que conduce hasta su pecho enredadas con las suyas propias. Sakura tiembla tanto que no distingo entre mis temblores y los de ella.

Nunca, jamás, en toda mi existencia juntos, la había visto en este estado.

Logro distinguir que quiere hablar pero nada sale de su boca, al parecer, su garganta está cerrada de tajo.

-¿Por qué?- susurra ella con esfuerzo- ¿Qué pasa? ¿Qué pasa con el hombre tan dulce que amé? ¿El que no dudaría en mover el cielo y la tierra porque su familia no sufra? ¿En dónde…

Ella se detiene mientras su rostro se hunde en nuestras manos, mis palmas se llenan del calor de sus lágrimas y entonces yo pierdo la cabeza y me desmorono así como ella.

Lloro tan fuerte que mis lamentos y gritos se imponen aun sobre la lluvia torrencial que hay a nuestro alrededor. No lo dudo por mucho más tiempo y la abrazo tan fuerte que siento que las llagas de los brazos y el tórax se abren en un desgarro rápido y doloroso.

Pero el dolor interno se sobrepone a todo.

Me carcome por dentro como un veneno poderoso, se arremolina debajo de mi carne y se hace una con mi espíritu. Estoy ya tan quebrado que no logro discernir entre la fina línea de la razón y la cordura, olvidando lo que sucede a mi alrededor. Solo un momento después puedo entender qué está sucediendo en este preciso instante, lo capto tan rápido que pierdo la respiración en medio del llanto y pierdo siento que me ahogo.

Esta es nuestra despedida. La de verdad.

Lloro hasta quedar sin lágrimas, sintiendo cómo la verdad me golpea tan fuerte como un tren. ¿Era acaso Dios hablándome ahora?. Solamente entonces tomo a Sakura por el rostro.

-Deseo tanto haber hecho las cosas de modo distinto, pero ya todo está hecho-le acomodo un mechón de pelo que se le ha pegado en la mejilla-…Ahora, escúchame muy bien Sakura…Desde el fondo de mi corazón se que lo que he hecho no tiene perdón, pero te pido perdón. Ahora mismo lo único que deseo es tomarte a ti y a mis hijos y partir lejos de aquí-Vuelvo a llorar, y ella me mira tan confundida pero sin parar de llorar-Pero esto es lo único que ahora mismo te puedo dar… sólo mi palabra de que mi amor por ti es tan grande que no… no me cabe en el pecho, me rebasa en cualquier sentido, y es el motor que tengo para vivir. Yo te amo a ti, Sakura Haruno, y lo haré por toda la eternidad.

Tomo su rostro empapado hasta decir no más por la lluvia y lo conduzco con rapidez sus labios a los míos. Nuestro beso es tembloroso y con sabor a sal. Ella está tan débil que apenas me puede poner una mano en el pecho. Creo que me quiere alejar, pero en vez de eso, se aferra a mi y profundiza el beso.

Al separarnos por aire, ella mira el piso, y luego, me mira fijamente. Se abalanza sobre mi y toma mi rostro, sus manos tiemblan tanto que creo que Sakura no está realmente bien.

-Sasuke…

Pero su palabra es solo un suspiro y Sakura se desmaya en mi pecho. Yo la recibo con tanto impacto que apenas puedo procesar los gritos que sonaban desesperadamente detrás de mi. El resto, como era usual, solo fue oscuridad.

Hola, Luna de Clío les escribe.

Evidentemente, han pasado aproximadamente cuatro años de la última actualización de este fanfic, he imagino que los valiosos seguidores que tuve en algún momento ya son inexistentes, pero quiero concluir esta historia que ha rondado como una sombra mi vida.

Debo añadir que he dejado de publicar porque perdí la contraseña de la cuenta, que dejé en completo olvido todos estos años como es tan evidente. Como cosas milagrosas, la he recuperado y aquí me tienen, queriendo cerrar todo lo que he hecho. Supongo que hace parte de crecer.

No hay palabras para disculparme lo suficiente, así que prometo subir el final y el epílogo la próxima semana, cuando los acabe de corregir.

Miles de abrazos y luz para sus días.

LC.