Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.

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Guest: Amiga, soy una ella, jejeje, gracias por esperar, espero que este cap. te haga feliz, también te agradezco por seguir aquí, esperando por más Mericcup. Algo me dice que vamos a leernos, saludos. Harry.

Karypriscilla: Gracias por tus palabras y por entender lo duro que es cuando no hay inspiración, espero que este capítulo te guste, aguardando por tu review. Yo digo que sigamos leyéndonos, ¿Qué te parece?, saludos, Harry.

A Frozen Fan: Ah, la tía Frozen, reina de reinas, tus reviews son lo mejor que recibo cuando actualizo, tus análisis profundos son lo que a los autores avaros nos gusta, ojalá que este nuevo capítulo llene tus expectativas, gracias por seguir leyendo lo que escribo, por cierto, estoy atorada con el nuevo capitulo de Pequeño Secreto, llevo mucho escrito pero la verdad no sé si vaya a gustar, pero trataré de terminar pronto, en fin, aquí estoy, lista y en espera de tu fabuloso review. Saluditos, Harry.


Hiccup.

La noche anterior ni siquiera le dedicó una mirada, y estaba seguro que ese día no sería diferente, su esposa se dedicó a vestirse en el más absoluto de los silencios, sin molestarse en darle los buenos días, dejó que la tomara de la mano hasta llegar al gran comedor, pero en cuanto se sentaron, buen cuidado puso en tener las manos ocupadas para que no pudiera unirlas de nuevo.

La pelirroja reía y hablaba con todo el mundo, parecía estar llevando bien aquello de ser reina, pero su semblante cambió a uno más receloso en cuanto Astrid volvió a sentarse en la misma mesa que ellos.

─ Entonces─ Brutacio inició la conversación después de un momento de silencio─ ¿qué vamos a hacer hoy, oh gran rey Hipi?

─ Lo de siempre, quiero saber como están los dragones, saldremos a buscar más…

─ Escuché decir a los pescadores que habían visto a un par de cola cuernos en la bahía del norte─ se metió Astrid, pero Hiccup evitó mirarla.

─ Patán y Patapez─ los susodichos lo miraron─, quiero que vayan a ver que pasa ahí.

─ Seguro─ mascullaron mientras seguían engullendo la comida.

Se volvió hacia Merida, quien charlaba con Brutilda animadamente.

─ ¿Vienes conmigo?

La joven negó con la cabeza, pero Brutilda habló antes de que la aludida lo hiciera.

─ Yo voy a quedarme con ella─ anunció. Astrid la miró de inmediato.

─ Pero si ayer dijiste que iríamos a la bahía…

─ Bah, tengo que enseñarle a nuestra reina como trabajamos─ la otra rubia le quitó importancia con un gesto de la mano─. Apuesto que puedes arreglártelas tu sola.

─ Como gustes.

Hiccup no pasó por alto la mirada molesta de Astrid antes de que se marchara.


Merida.

─ Este lugar es genial─ comentó mientras entraban en la espaciosa herrería, Bocón las vió y se acercó a ellas.

─ Buen día mi señora, Brutilda, ¿qué puedo hacer por ustedes?

─ Voy a mostrarle como se hacen las cosas por aquí─ contestó la rubia─. Ya puedes ir yendo a ocuparte de tus asuntos.

Bocón la miró molesto, se disculpó con Merida y volvió a sus actividades.

─ ¿Qué se supone que vamos a hacer?

─ Aquí hacemos de todo, sillas para los dragones, armas, escudos, lo que quieras─ explicó─. Por allá─ apuntó a lo que parecía una oficina─, está la zona privada de Hiccup, ahí tiene sus diseños y lo que quiera que hace para Chimuelo, es un dragón muy mimado.

─ Ya─ contestó la pelirroja─. ¿Por qué no me enseñas los arcos que tienen?

─ Eso está en la armería, a un par de minutos de aquí─ se dirigieron al lugar, siendo detenidas por algunos vikingos que saludaban a Merida─. Eres muy popular, no creo que el pueblo quisiera a otra reina que no fueras tú.

"Aquí está mi oportunidad".

─ ¿Había otra candidata?

─ Oh, sí, por mucho tiempo pensamos que Hiccup iba a casarse con Astrid, siempre estaban juntos─ Brutilda la hizo entrar en la armería─. Pero al final, él fue más listo.

─ ¿Por qué lo dices?

─ Porque Astrid es Astrid, no pegaban juntos, se parecen demasiado.

Merida analizó algunos de los arcos que encontró antes de contestar.

─ Debió de quererla mucho, es decir, estuvieron juntos por años ¿no?

─ Yo creo que no lo suficiente, cinco años de solo darse sus toques por aquí y por allá─ dijo Brutilda inconscientemente─. El rey Estoico quería que Astrid fuera la futura jefa de Berk, pero Hiccup nunca quiso casarse con ella.

Eso era nuevo, no sabía que su difunto suegro había echo planes de boda para su hijo con anterioridad.

─ ¿Qué hay de ella? ¿tampoco quiso casarse?

─ Al principio no, pero al final como que sí, aunque Hiccup seguía negándose a un compromiso.

Le pasó algunas flechas mientras comenzaba a hablarle de las hachas que tenían, pero la cabeza de la pelirroja estaba perdida en otra parte, sabía que las mujeres del servicio no dirían nada delante de Maudie, por lo que, en cuanto habló con Brutilda en el desayuno, notó que era de aquellos a los que se les iba la lengua y que le diría exactamente lo que quería saber sin darse cuenta siquiera.

Estaba por preguntar cuando es que la relación entre su esposo y la otra rubia había llegado a su fin, pero un atractivo joven pelinegro llegó a la armería, distrayéndola.


Hiccup.

─ Estará como nuevo en una semana─ dictaminó uno de los cuidadores, mientras le mostraba al rey la pata herida del joven dragón.

─ Debemos ser más cuidadosos, aún hay cazadores que los quieren─ se volvió hacia los exploradores que estaban ahí─. Quiero que busquen y desmonten todas las trampas que puedan.

Comenzó a alejarse, acompañado de Brutacio, en dirección de la zona de lavado de dragones, Chimuelo los seguía de cerca.

─ ¿Cómo puede haber gente que quiera a estas hermosas bestias muertas? ─se lamentó el rubio, dándole de palmadas al rey en la espalda─. ¿Tú qué dices, Hipi?

─ Digo que debemos ser más listos, mientras más dragones encontremos, más estarán a salvo.

Brutacio asintió.

─ Nunca lo había dicho, pero todas las cosas que metiste a este lugar, sí que sirven.

El castaño se carcajeó un poco, entonces, de la nada, los dragones de Astrid, Patapez y Patán aterrizaron junto a ellos, arrancando un grito nada varonil de parte de Brutacio, quien se llevó una mano al pecho.

─ Eso si fue sentir el miedo─ se burló Patán, bajándose del dragón seguido de sus compañeros.

─ Estaba distraído─ se excusó el gemelo.

─ Ya.

Después de reírse nuevamente, Hiccup preguntó por la misión que les encomendó.

─ Pues fíjate que sí, sí que estaban los dos cola cuernos─ informó Patapez─. Macho y hembra, jóvenes…

─ Pero el macho está herido─ lo interrumpió la joven, mirando a Hiccup directamente.

─ Que los revisen─ ordenó, dirigiéndose a Brutacio.

─ Ya los llevamos con los cuidadores─ habló Astrid de nuevo, el rey siguió sin mirarla─, quizá deberías ir a verlos, Hiccup.

─ Después─ contestó finalmente.

Los tres hombres restantes miraron entre el rostro tenso de la chica y el impávido de su rey.


Merida.

─ Eret, hijo de Eret─ se presentó el joven, Merida le calculó que no tendría más de veinticinco años, con el cabello negro y hacia atrás que le llegaba hasta el cuello. Tenía ojos cafés, llevaba una marca conformada por 5 gruesas líneas verticales, siendo las de ambas orillas muchísimo más cortas que las tres de en medio y muy musculoso─. No pude presentarme ante usted el día de la boda, pero aquí estoy, para lo que se le ofrezca.

─ Dime Merida, por favor.

─ Claro─ sonrió éste, y procedió a ponerla al tanto del trabajo que se hacía con las armas, después le contó sobre el suyo como jinete de dragones─. Hay que tener mano dura, pero me gusta.

Merida escuchaba encantada, cada vez más le gustaban las actividades de ese reino- su reino-, se dedicó a probar los arcos, impresionando a Brutilda y a Eret con sus habilidades en la arquería.

─ Te irá bien aquí─ declaró el hombre cuando Merida dio en el blanco por decima vez.

─ Los arcos son buenos, pero deben ser un poco más flexibles, al igual que las flechas, ¿de que madera los fabrican?

─ De roble y pino, algunas flechas son de plata.

La pelirroja se lo pensó un momento.

─ Son buenos materiales, pero la madera de roble es más precisa.

─ Jeje, te dije que sabía lo que hacía─ Brutilda le dio un codazo a Eret en las costillas, entonces miró hacia donde quedaba el comedor─. Ya es hora del almuerzo, vámonos.

─ Adelántense─ dijo Eret─, debo probar algunas catapultas nuevas…

─ ¿Puedo acompañarte? ─preguntó la pelirroja, quería ver más de cerca las armas vikingas.

─ Seguro, me vendría bien una mano.

Brutilda se despidió rápidamente y corrió en dirección de la comida, Merida se dedicó a seguir de cerca a Eret.

Algo le decía que serían buenos amigos.


Hiccup.

Se dedicó a mirar la entrada del comedor cada que alguien pasaba por esta, pero no había rastro de su esposa. Brutilda hizo acto de presencia, con un generoso tazón de guisado en las manos y tomó asiento entre Astrid y su hermano.

─ Hace días que tenía ganas de este guiso─ comentó al tiempo que se llevaba una cucharada a la boca─. Ah, sí que está bueno.

─ ¿Dónde está Merida? ─preguntó Hiccup, sin despegar la vista de la entrada, por si ésta llegaba.

─ Se quedó con Eret, viendo no sé que de unas catapultas─ respondió la gemela─. Tiene buen ojo para las armas, por cierto.

¿A sí?

─ ¿Enserio? ─inquirieron todos con sorpresa.

─ Seh, el mismo Eret estaba impresionado con cómo usa el arco─ apuntó a la otra rubia con su cuchara─, yo diría que es mejor arquera que tú, Astrid.

Hiccup se puso rígido ante el comentario de Brutilda, suficiente tenía con la presencia de Astrid como para que encima empezaran a compararla con su mujer.

─ ¿No va a venir a almorzar? ─Hiccup rompió el silencio que empezaba a reinar en la mesa.

─ ¿Bromeas?, todas prefieren la compañía de Eret antes que una buena comida─ comentó Brutacio, burlonamente.

El rey le lanzó una mirada ácida.


Merida.

Salió de la tina con ayuda de Maudie, quien la enredó en su túnica de baño de inmediato.

─ Esa chica si que es bocazas─ dijo la nana cuando Merida terminó de contarle todo lo que Brutilda le había dicho esa mañana.

─ Me agrada, pero sí se le va la lengua a veces─ picoteó algo del queso que Maudie trajo para ella, ya que no había ido ni a almorzar ni a comer─. Estoy muy cansada, pero al menos ya es visto el tema del armamento.

─ Estás haciendo un gran trabajo, ahora tómate el té, debes beberlo todos los días─ le acercó la taza con el liquido violáceo─. No importa que vayas a tener un hijo hasta dentro de cuatro años, más vale prevenir que lamentar.

Merida obedeció, la mujer mayor finalmente se retiró después de cepillarle el cabello y cuando la pelirroja le entregó los platos vacíos.

Se levantó del taburete frente a su tocador con la intención de ponerse el camisón de dormir, no iba a acostarse pronto, esperaría a su esposo para preguntarle sobre la tal Astrid y, ¿por qué no?, dejarle un par de cosas en claro.

Estaba a medio camino cuando la puerta del dormitorio se abrió, revelando la figura empapada de Hiccup.


Hiccup.

Estaba parada en medio de la habitación con el indomable cabello pelirrojo mojado y una túnica de baño un tanto transparente que trataba de cubrirla. Trago duró.

─ No te vi en todo el día─ dijo a modo de saludo, procurando que no sonara a reproche─. Brutilda me contó que estuviste en la armería con Eret…

─ Sí, me mostró los arcos y las catapultas─ contestó y cruzó los brazos en torno al pecho al notar como el castaño se le quedaba viendo de tanto en tanto.

Hiccup asintió y procedió a quitarse la parte de arriba de su atuendo, de repente acalorado a pesar de que afuera el cielo se caía de lo fuerte que llovía.

─ Quiero preguntarte algo─ se giró al escucharla y, cuando le vio la cara, supo de que se trataba.

─ Seguro…

─ Necesito que me digas que pasó entre Astrid y tú.

Se quedó paralizado un momento, no esperaba que fuese así de directa.

─ Fue algo fugaz…

─ ¿Cinco años te parecen fugaz? ─su tono fue duro. ¿Cómo sabía eso?

"Brutilda" pensó.

─ Mi padre quería que me casara con ella, ambos dijimos que no, y sí, la quise mucho, pero eso ya pasó, es todo lo que voy a decir.

Los ojos azules de su esposa brillaron peligrosamente.

─ ¿Por qué? ¿te importa? ─preguntó con una naciente irritación.

─ No, la verdad no, solo quiero que te quede claro que espero respeto por tu parte y por la de ella, no soy estúpida Hiccup, y si tienes asuntos con Astrid, bueno, atiéndelos fuera del castillo porque, te guste o no, también es mi casa.

Se sorprendió en demasía por lo que estaba escuchando, pero en ningún momento encontró celos en su tono, ¿acaso esa era su primera pelea marital?

─ Para empezar, Merida, ni tengo asuntos con Astrid ni pienso atenderlos en ningún lado, todo lo que tenía que ver con ella se acabó cuando supe que nos íbamos a casar─ hizo una pausa y se acercó a ella─, solo somos amigos ahora. Y te respeto a ti, y a nuestra casa.

Nuestra. No supo de donde le salió aquello.

─ ¿Terminaste? ─la pelirroja también se acercó a él, mirándolo con altivez.

─ No─ contestó antes de acortar la distancia entre ellos al cogerla fuertemente por la cintura y unir sus labios furiosamente.

¿Cuándo había sido la ultima vez que la besó? ¿cuándo fue la última vez que la tocó?

"La primera y la última" pensó mientras la apretaba más hacia si, Merida comenzó a revolverse en vano entre sus brazos, pero después desistió de aquello para devolverle el beso con furia, apretándole el cabello con las manos.

Se separaron cuando el aire se acabó, pero buen cuidado puso de no soltarla, tenía las mejillas arreboladas por el beso y, por alguna razón, eso le gustó más, el pantalón comenzó a apretarle, ¿de verdad se había puesto duro con solo besarla?

─ ¿Todavía estás enojada?

─ ¿Quién dijo que lo estaba? ─contestó y esta vez fue ella quien inició el beso, el castaño la tomó por el trasero para levantarla y Merida le rodeó la cintura con las piernas, a trompicones la llevó hasta la cama, donde, sin ningún miramiento, la dejó, rompiendo el beso para quitarle la delgada túnica de golpe, dejando al descubierto su cuerpo desnudo. No dudó en lanzarse a por ella.

Atacó su boca con la misma fiereza, sentirla retorciéndose debajo de sí comenzaba a volverlo loco, se detestó por no recordar del todo la primera vez que estuvo con ella, se detestó por haber estado tan borracho. Abandonó la boca femenina para bajar por el cuello lechoso, lamiendo y besando, entonces llegó al pecho, blanco y cremoso salpicado de pecas, con una mano masajeó uno y con la boca se dedicó a atender al otro. La muchachita lo atrajo hacia su boca de nuevo, después besó despacio, recorriendo la mandíbula hasta llegar al cuello masculino, aspirando el olor a cuero limpio. Cuando el pantalón le molestó definitivamente, se levantó para quitárselo ante los ojos extasiados de la pelirroja.

Merida separó las piernas, ofreciéndole una vista que hizo que el miembro le creciera más si era posible.

"Me casé con la mujer más hermosa de todas" con ese pensamiento, subió a la cama nuevamente y entró en su esposa de golpe, arrancándoles un jadeo a ambos, no recordaba que se sintiera tan bien estar dentro de ella. Comenzó a moverse lentamente, pero aumentó la velocidad conforme escuchaba a Merida gemir, lo que fuera por escuchar ese sonido de nuevo. La sensación de las uñas enterrándose en su espalda no hizo más que encenderlo, se dedicó a chupar y mordisquear los pezones rosados de la mujer.

─ Voy a…─ consiguió decir Merida entre jadeos, Hiccup abandonó los pezones para besarla, él también sentí que terminaría pronto, el clímax llegó después de embestir un poco más, la habitación se inundó de gritos y finalmente se vació dentro de ella.

Besó delicadamente los hombros salpicados de pecas mientras recuperaba el aliento. "De esto sí que voy a acordarme" se dijo, cuando la respiración se le reguló, buscó los labios rosados de Merida, ella lo recibió con entusiasmo, y dentro de nada, la recamara real volvió a inundarse de sonidos sugerentes.


ACLARACIONES.

Cola cuernos: raza de dragón que saqué de Harry Potter.

NOTA: Cuando escribo, no me imagino mucho a Hiccup como en las películas, sino como el de las obras de la talentosa Kadeart, les dejaré la imagen como caratula de este fic hasta que escriba el nuevo capítulo, así se darán una idea.


¿Qué onda, Fritos? ¿Cómo están?... ok no, ignoren esa parte, ¿conocen al youtuber rayito? ¿no?, pues se pierden de mucho jejeje, en fin, aquí un nuevo capítulo, creo que no me tardé tanto como las otras veces ¿o sí?, háganmelo saber, lamento si mi lemmon no fue lo suficientemente bueno, aun no sé como hacerlo más jugoso, pero aprenderé, carajo, no soy la reina del lemmon entre personajes de Disney como mi oh venerada reina del Helsa, A Frozen Fan, pero bueno, ojalá que les guste, espero sus reviews y los animo a que escriban un poco más, me gusta saber que piensan de verdad de mi historia.

Entonces… ¿Review? ¿No? ¿Ok?

Harry.

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