Capítulo 13

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-¿Ya llegamos? -Lucius se cuestionó por quizás que vez, la idea de sus pequeños hijos de viajar en limusina a la costa. Querían ir a la playa, bien, él, como siempre, les dijo que sí, pero no esperaba que a menos de una hora de su tranquilo viaje los niños empezaran a preguntar si ya iban a llegar. Estaba a dos segundos de aparecerlos en la maldita playa, pero la mirada divertida de su esposa quien le veía perder la paciencia poco a poco.

-No, Minos, aún falta un poco -dijo apretando el volante.

-Ustedes querían venir en automóvil desde un comienzo -dijo Severus, molesto por haber sido arrastrado a tan particular paseo.

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-Por favor, papi -dijo Harry con los ojos brillantes mirando a su padre, luego de saber que este año los Malfoy tendrían sus vacaciones en una playa. Una playa muggle.

-Harry, se supone que este año empezaríamos tu entrenamiento en defensa personal… tú mismo lo pediste -le recordó queriendo evitar el paseo, no por que le molestara el asunto, si no por ciertos sentimientos que estaban empezando a brotar en él y que quería mantener en la parte más alejada de su cabeza.

-Pero eso lo podemos hacer cuando regresemos -dijo sosteniendo sus manos, -. Además, son dos meses de vacaciones y las vacaciones en la playa son sólo un mes.

-Harry…

-Por favor, Severus -intervino Narcissa-. No es algo tan descabellado-. Ella quería a su pequeño morenito con ellos. Hace mucho que con los chicos que estaban planeando este viaje y no quería que Harry quedara afuera.

-Vamos, Severus -dijeron los septillizos y el hombre terminó por soltar ela aire y asintió, desatando la algarabía de los chicos.

-Tenemos que ir a casa por nuestras cosas entonces, hijo -dijo dándose por acabado.

-Bien, pero no tarden, papá no tardará en llegar con la limosina.

-¿Limosina? -preguntó el hombre.

-Lógicamente.

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Después de eso todo había pasado demasiado rápido, Lucius había ido a buscar la limosina blanca que había comprado para el viaje, antes nunca había tenido al necesidad de comprar una por que rara vez la utilizaban, pero al parecer ya los chicos lo habían terminado por convencer. Lo demás sólo fue cuestión de tiempo, Severus y Harry volvieron cuando los chicos estaban cambiando sus apariencias, no eran las mismas de cuando eran pequeños, cuando sus padres estaban a cargo de su seguridad, esta vez elegían ellos.

Los únicos que no cambiaron su apariencia, o por lo menos, no demasiado, fueron Harry, Apolo y Quimera. Harry sólo cambio sus ojos por unos castaños. Al igual que Apolo y Quimera se decidieron por un color verde oscuro. Draco por su lado eligió el cabello casi rapado y de color negro, sus ojos los mantuvo del mismo tono. Ares eligió su cabello un par de todos más oscuro y rizado con los ojos café claro. Hidra dejó su cabello de su largo, pero su un negro azabache, pero sus ojos los mantuvo. Sirene eligió un tono castaño y ojos a tono. Minos dejo su cabello del mismo largo, y en tono rojizo que hizo crispar los nervios a su padre, pero que no dijo nada.

Por fin estaban llegando. Los chicos miraban por las ventanas fascinados.

Habían llegado a Miami Beach.

-Wow, esto es genial.

-Ya quiero ir al mar.

-¿Mami, podemos ir a ver algunas tiendas?

-Oh, mira que hermoso.

Y los halagos no paraban.

-Tranquilos, primero tenemos que ir a registrarnos al hotel -dijo Narcissa divertida con las caras de sus niños emocionados.

-Creo que esto será una mala idea -dijo Severus, ya arrepintiéndose de la idea de acompañarlos a la playa.

En cuanto llegaron al primer hotel en el que se hospedarían, los chicos quedaron maravillados.

Narcissa se haría cargo de todas las reservaciones en los cuatro destinos que tenían pensado para poder pasar estas largas vacaciones.

Severus tendría su propia habitación.

Harry y Quimera la que seguía.

Ares y Apolo la siguiente.

Draco y Minos en otra.

Hidra y Sirene compartirían la suya.

Narcissa y Lucius la que termina en ese exclusivo piso.

La vista era maravillosa, podía verse el mar desde cualquier ángulo por la espectacular ubicación.

-Mami, vayamos a comprar ropa -dijo Quimera con sus ojos brillando como un par de estrellas.

-Bien -dijo resignada-. ¿Alguien más nos acompaña?

-Yo, por supuesto -dijo Apolo, como si fuera obvio.

-Yo también quiero ir -dijo Ares.

-Perfecto, los demás se quedan con Lucius y Severus… compórtense por favor -pidió la mujer.

-Vayan tranquilos -dijo Lucius dando un beso en la mano de su esposa.

-¿Qué haremos nosotros? -pregunto Hidra cuando su madre y sus hermanos se hubieran ido.

-Yo creo que ir a la piscina del techo del hotel -dijo Lucius.

-¿Y si bajamos a la playa?

-Creo que deberíamos esperar a tu madre y tus hermanos para ir todos juntos, Sirene.

-Está bien -dijo alzando los hombros.

-Entonces, a buscar sus trajes de baño para que podamos pasar la tarde en la piscina.

-Bien, esto es lo que haremos -dijo Sirene cuchicheando en el oído de Minos y Draco, los cuales sonrieron perversos.

Nos les fue difícil, para nada, tomar desprevenidos a Harry y Hidra que estaban cómodamente tomando el sol en las sillas. Sirene sostuvo a Harry estilo princesa y Draco sostuvo a Hidra por los brazos , mientras que Minos lo sostenía de los pies.

-¡Suéltenme, idiotas! -gritaba Hidra.

-¿Sirene?

-Tranquilo -dijo divertido mirando la carita interrogante de Harry.

Dos segundos después ambos chicos estaban en el agua, gracias a sus "adorables" hermanos que los tiraron a la piscina.

Draco se lanzó al agua para ir por los lentes de Harry que habían ido a dar al fondo de la piscina.

-Toma, Harry -dijo poniéndole los lentes.

-Eso fue tonto -dijo el chico acomodándose sus gafas mojadas.

-Son unos idiotas -dijo Hidra molesto saliendo de la piscina-. Estoy hecho un desastre -dijo viéndose el cabello mojado.

-Claro que no -dijo Lucius acariciando la cara de su hijo- sigues tan hermoso como siempre.

Hidra se enfurruñó, no por que su padre lo dijera, iba a creerlo.

-Tu padre tiene razón, Hidra -dijo Severus aún sentado en su tumbadora, pero con disimulo apuntó a Hidra con su varita para secarlo por completo, tal como lo hizo con Harry que venía rumiando por sus lentes mojados.

-Gracias -dijo Hidra avergonzado, pero feliz de que Severus le hubiera ayudado.

-No es nada -dijo aún con los ojos cerrados, sin entender ese impulso que tuvo al ver de reojo la cara frustrada del pequeño Hidra.

-Tienen que estar bromeando -dijo Lucius cuando vio llegar a Narcissa con Ares, Quimera y Apolo.

Es que no traían una bolsa de compras, habían saqueado la pobre tienda muggle que visitaron, o quizás cuantas saquearon, por que hasta tres botones del hotel les habían ayudado a subir las cosas.

-Querido, son sólo cosas indispensables -dijo Narcissa divertida.

-Sí, padre -dijo Ares-, este año empiezan las excursiones fuera del instituto para mí y no tengo nada de ropa muggle con la que ir.

-¿No tienes ropa muggle, hijo? -preguntó levantando una ceja.

-No tengo ropa nueva con la que ir, quiero decir -dijo moviendo una mano en el aire.

-Además que estamos en la ciudad de las grandes tiendas papi -dijo Quimera revisando entre las bolsas para buscar las suyas-. Hay cosas tan lindas.

-Imagino que sí -dijo el mayor, sintiéndose derrotado.

-Vamos a probarnos todo -dijo Apolo sosteniendo de la mano a su hermana para llevársela de ahí-. No se muevan de aquí -gritó mientras se alejaban.

-Al parecer empieza el desfile -dijo Severus viniendo con dos copas de champagne en una mano para el matrimonio y otra para él.

Tal como lo dijo Severus, el desfile de Apolo y Quimera empezó en el instante y sí. Realmente se veían hermosos. Ellos sí que sabían cómo llevar esa ropa y sí, Lucius invertiría su fortuna entera en tener felices a sus hijos. Aunque esto fuera comprándoles ropa muggle.

-Mami, quiero ir por un helado -dijo Quimera.

-No… yo iré -dijo Lucius apretando los labios.

Había algo importante que tenía que saberse de Lucius Malfoy, algo que no era como el amor que tenía a sus hijos. El orgullo que caracterizaba a su casta y su malestar visible a los muggle (mientras que esto no fuera en post de la felicidad de sus hijos) Lucius era celoso. Sí, muy celoso de su hermosa esposa. Ahora, después de la visita hace unos días de su esposa e hijos a las tiendas de ropa de moda que había tomado un nuevo nivel al odio a los muggle. Narcissa se veía hermosa y elegante, como siempre, pero esta vez se veía así por el elegante bikini blanco con aplicaciones en dorado, que desgraciadamente no eran de oro. Sobre su bikini una especie de túnica trasparente en tonos nacarados con un cinturón delgado de cadena dorada y un gran sombrero que cubriera la blanca piel de su esposa de los dañinos rayos del sol.

Había sido raro ver a los primeros hombres devorar a su esposa con la mirada, pero ya pasado un par de horas la furia fue en aumento, hasta que exploto, pero su esposa, con la paciencia que siempre le caracterizaba, le dijo que sólo a él lo amaba y lo miraba. Listo, eso lo calmó, pero ahora, tres días después y con los bikinis diferentes a diario, sus celos seguían ahí, como siempre.

-¿Qué le sucede a papá? -preguntó Minos que estaba tomando el sol junto a ellas.

-No es nada, amor -dijo Narcissa divertida-. Su padre sólo está siendo amable.

-Esta playa es hermosa -dijo Harry viendo el extenso mar. Ya habían visitado dos playas antes y esta era la tercera, faltaban dos semanas de vacaciones, pero las piedrecitas finas de la playa se le hacían más lindas y cómodas que la fina arena de las playas anteriores.

-Vamos al agua -dijo Draco sosteniéndolo de la mano.

-Claro que no -dijo Sirene deteniéndolos-. Le pedí a papá que arrendara una de esas canchas de ese deporte que jugaban en la otra playa.

-Oh, voleibol se llamaba -dijo Ares llegando con sus hermanos.

-Bien, yo quiero a Harry, Hidra y Mino en mi equipo -dijo Apolo llegando con la pelota.

-¿Quién te dijo que podías elegir? -preguntó Sirene poniendo las manos en sus caderas.

-¿No vas a elegir a los demás? Que mal hermano -dijo el chico negando con la cabeza.

-Oye, yo no dije eso -dijo herido-. Bien, no me queda de otra, tendré a Draco, Quimera y Ares en mi equipo.

-Pero cuanto amor destilas, hermano -dijo la muchacha pasando por su lado.

-¡Espera! ¡No dije eso!

-Ya, vamos a jugar mejor -dijo Draco cruzando a su lado.

Decir que el partido tuvo más de diversión que de precisión era ser bastante franco. Los chicos no sabían las reglas, sólo lo más básico, que el valón no podía caer al suelo de su lado y que sí debía caer al lado contrario. No importaba como sostuvieran el balón ni como devolvieran el saque… ¡Ni siquiera sabían hacer los saques!

-Buen partido, preciosa -dijo un chico de unos quince años cuando Quimera se hubiera alejado de sus hermanos para ir por una botella de agua.

-Sí, gracias -dijo ignorándolos.

-¿Cómo te llamas?

-Quimera.

-Bonito nombre -dijo sonriendo de lado- y ellos… ¿Alguno es tu novio? -preguntó mirando a los chicos que seguían jugando.

-No -dijo cerrando la botella para volver con los chicos.

-Ey, espera -dijo tomándola con cuidado de la mano- Te invito un helado.

-Y yo te invito a soltarla -dijo Lucius a su lado, logrando que el chico se congelara con el porte de Lucius- Suelta a mi hija… ahora.

-Sí, lo lamento -dijo el chico soltándola y alejándose.

-Quimera… te dije…

-Papi, ya vi que venias, no vi la necesidad de llamar a mis hermanos -dijo sonriendo la chica-. Además, él ha sido el único con la valentía suficiente como para acercarse a alguno -dijo mirando alrededor.

Recién en ese momento Lucius fue consiente de todos los idiotas que miraban a sus hijos, no sólo a Quimera, los demás también estaban llamando la atención.

Cada vez odiaba más a los muggle.

Y así el tiempo fue y vino, las vacaciones pasaron como un soplo y un nuevo año escolar se acercaba a pasos agigantados.

Nuevas aventuras llegaban.

Nuevos romances empezaban.

Nuevos peligros estaban a la vuelta de la esquina.

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Continuará...

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N/A: Hola a todos!

no saben como lamento la demora, he estado con algunos dramas personales, me quedé sin trabajo, no fue una buena temporada, pero ya encontré trabajo nuevamente, y me dieron ganas de volver a escribir, lo que es bueno para todos.

así que trataré de volver a retomar el ritmo de las publicaciones, haré todo lo posible.

un beso, los quiero mucho.

Majo