Capítulo anterior

—Pero…—se afligió la hechicera divisando a los niños que, ignorantes de lo que pasaba, seguían jugando con los juegos. —Ni Stormfly, ni Toothless o Alúmini saben conducir, además volverán a sus formas originales en unas horas.

Hiccup tronó los dientes al considerarlo, mas no quería arriesgarse a regresarlos a la casa y sufrir un ataque a medio camino, luego consideró que los llevara un auto de alquiler (taxi), aunque, lo descartó de inmediato al recordar que se había quedado sin dinero.

Sin embargo, luego de divisar a la gente que podría correr riesgo si no se movían de lugar, una pareja en particular le dio una buena idea.

—Haddock… ¿qué estás tramando? —preguntó Astrid cuando vio que este esbozó una sonrisita.

—No te preocupes Hofferson, ya sé quién los puede llevar. —respondió Hiccup mirando a la pareja de detectives.

Capítulo 15.

El colmo de la paciencia pt 3.

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—¿Te refieres a…? —preguntó Astrid viendo hacia el mismo punto que su aliado. —Pero…

—Tú sólo ven y sígueme la corriente. —la tomó Hiccup del brazo para estirarla hacia donde el detective y su esposa cenaban amenamente.

Conforme se acercaban, Hiccup cambió de posición, dejó de sujetar a Astrid por el brazo y sostuvo su mano.

—Oye ¿Qué crees que haces? —gruñó Astrid entre dientes.

—Que me sigas la corriente, ¿qué no entiendes? —respondió su compañero de la misma manera, y esbozando una fingida sonrisa, se detuvo frente al matrimonio de policías.

En ese momento, Astrid tuvo que entrar en su papel como esposa; sin embargo, en su mano se estaba concentrando una gran cantidad de egni en forma de corriente eléctrica, y pronto comenzó a expulsar pequeñas descargas que petrificaron la mano del sonriente y nervioso Hiccup.

—¡Dagur! —saludó eufórico Hiccup, soltándose rápidamente de Astrid.

—¡Hermano! —saludó el policía con el mismo entusiasmo, aunque, luego su semblante cambió a uno de seriedad. —¿Pasa algo?

—Ah bueno… es que…

—¿Qué? —incitó la confundida Mala a que continuará.

—Bueno, es que, verán, uno de los proveedores de… "mi esposa". —pronunció con dificultad y un tic en el ojo. —Murió.

—Oh… siento escuchar eso. —dijo Mala poniendo ahora su atención en Astrid.

Esta más que afligida o cualquier cosa parecida, más bien parecía estar confundida; sin embargo, al notar que Mala la observaba cambió su semblante y asintió con angustia.

—Era un buen "proveedor". —dijo con falsa lamentación.

—Sí, y justo hace unos momentos su familia nos acaba de llamar. —continuó Hiccup.

—¿Cómo? Si ustedes no tienen teléfonos móviles. —indagó Dagur viendo todo aquello muy extraño.

Hiccup tragó saliva, esa parte de su plan no la había considerado.

—Ah… bueno…

—¿O acaso si tienes y no me lo quieres pasar? —siguió incriminándolo Dagur con la mirada.

—Ush… bien hecho Haddock. —le reprochó Astrid.

—¿Pasa algo malo con ustedes? —acusó ahora Mala. —No parecen ser ustedes mismos.

—¡Pues Fíjese que no señora! —gruñó Astrid enfurecida. —Y ahora ustedes dos véanme atentamente, y escuchen mi voz.

—Hofferson, ¿qué haces? —preguntó el nervioso Hiccup viendo cómo un pequeño pentagrama se empezaba a formar por debajo de ella, de él y de los dos confundidos policías.

Dejando a los demás comensales fuera del pentagrama y en sí de todo lo que pasaba dentro de él, la hechicera recitó entre susurros un conjuro, ante la atónita mirada de Mala y Dagur, que asustados, pero a la vez hipnotizados no podían quitar su mirada de ella.

—Harán lo que diga, sin cuestionamientos y sin indagaciones de ningún tipo…que así sea. —terminó de recitar en voz alta, y tocó con sus dedos índices, el centro de la frente de los hipnotizados Dagur y Mala.

Al hacerlo, el pentagrama desapareció en un destello y todo lo que estaba dentro de él volvió a la normalidad.

—Como les decía mi esposo, estimaba mucho a este proveedor y nos gustaría ir al funeral; sin embargo, su casa está a unos kilómetros fuera de la ciudad y no queremos llevar a los niños… ustedes saben.

—Oh… comprendemos Astrid. —dijo Mala como si nada.

—Así que les pido que lleven a los niños y a nuestros otros familiares a casa, por favor.

—Con mucho gusto. —dijo Dagur de inmediato.

—Bien, los prepararemos para que se vayan con ustedes.

Dicho esto, Astrid les dio la espalda y se retiró de lo más normal; siendo seguida por el sorprendido Hiccup.

—Oye Hofferson.

—¿Qué? —se detuvo esta seria y de brazos cruzados.

—Bueno… es que eso…

—Fue sorprendente, lo sé. —se auto halagó esta con una sonrisita.

—Pues… tal vez, pero…

—Pero ¡¿Qué? A todo lo que hago le encuentras un "pero".

—Es que utilizaste magia prohibida. —acusó Hiccup. —Es manipulación del ser.

—Ay por favor Haddock. —rodó esta los ojos. —Es magia prohibida si lo hago para esclavizar personas, o para que hagan cosas malas como matar, lo que hice fue mínimo, fue sólo para pedir que llevaran a los niños, ellos estarán bien, como si tu nunca lo hubieras hecho…

—No, tú sabes que no y…

En ese momento un recuerdo llegó a Hiccup, uno justo de dos días atrás, cuando entró a la barbería de Tuffnut y lo obligó a cortarle la barba y el cabello, aquella vez él había hecho o pronunciado su deseo como si de un hechizo se tratara y había sido obedecido; sin embargo, hasta donde recordaba, él no tenía dicha habilidad, pero ¿y si alguien le había enseñado? entonces, miró fijamente a la mujer que tenía frente a él y pronto comenzó a pensar en otras cosas.

—¡¿Qué tanto me ves?! —reclamó esta con su típico semblante gruñón.

Dando parpadeos, Hiccup despertó de su ensoñación.

—¿Qué estaba diciendo? —se sacudió tratando de sacarse esas ideas perturbadoras de su mente.

—Te estabas quejando como siempre, pero no tenemos tiempo para eso Haddock, debemos preparar a los niños para que se los lleve Dagur y Mala.

—Ah, sí… claro.

Era mejor pensar para él que no tenía la habilidad de manipular a las personas, y darle sólo ese mérito a su enemiga, para así quitarse la imagen de ella enseñándole esa clase de cosas a él.

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—Tenemos que irnos, ustedes se irán con Mala y con Dagur. —ordenó Astrid yendo directamente al grano cuando llegó a la mesa donde los guías esperaban. —Recojan todo.

—¿Qué? —musitó Stormfly a punto de replicar.

Mas no le dio tiempo de hacerlo, ya que la apresurada Astrid de inmediatamente fue a los juegos para bajar a los niños.

—¿Qué pasa? —preguntó Alúmini confundida, viendo como Stormfly se iba rápidamente a seguir a Astrid.

—Una amenaza, es lo que pasa, sólo hagan caso. —explicó Hiccup un poco más tranquilo.

—Pero… nosotros no sentimos nada. —dijo Toothless.

—Pero Hofferson y yo sí, amigo, sólo obedezcan. —pidió fastidiado.

—Bueno ya, pero ¿por qué no vamos todos juntos?

—Porque no queremos arriesgarlos, ni tampoco a los niños.

—Entonces al menos dinos a qué se están enfrentando. —pidió Alúmini sintiendo todo aquello muy extraño.

—No tendría caso, sólo cuiden a los niños y quédense en casa con ellos.

Para evitar que la discusión siguiera, Hiccup fue a donde Astrid y Stormfly esperaban a que los niños bajaran de los juegos.

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—Por favor, Nuffink, Zephyr.

—Pero todavía no me quiero ir, Astrid. —chilló el niño en el punto más alto del juego.

—¿Por qué no podemos quedarnos un poquito más? —discutió Zephyr en un piso inferior a donde su hermano estaba.

—¡Por que ya nos tenemos que ir! ¡Así que vengan de inmediato! —ordenó Astrid comenzando a perder la paciencia.

—Si lo pides así, se asustarán Astrid, porque no sólo les dices la verdad.

—¿y qué quieres que les diga Stormfly? Que hay un cerberos suelto, y probablemente venga a atacar este sitio y que los matará, así como a todas las personas que están aquí. ¿qué te parece eso? —respondió esta con sarcasmo.

La guía rodó los ojos

—¿Un cerberos? ¿Y cómo sabes qué es uno?

—Que te importa, igual ni me crees… ¡VENGAN DE UNA VEZ AQUÍ NIÑOS! —gritó furiosa, y tratando de hacer las cosas a las buenas para no tener que hacerlas como con Dagur y Mala.

Para su buena fortuna, con tremendo grito, los niños que, en un inicio la habían ignorado para seguir jugando, bajaron lenta y completamente cabizbajos.

—No es justo, mi mami siempre nos dejaba jugar más tiempo. —replicó la pequeña haciendo un berrinche.

—Zephyr…—musitó Astrid fastidiada sintiendo que otra vez daba un paso hacia atrás con esa niña. —Lo que pasa es que…

—Hofferson, no hay tiempo para explicaciones, ¡tenemos que irnos AHORA! —ordenó Hiccup tomando a Nuffink entre brazos.

—¿A dónde vamos? —preguntó Zephyr, aún descontenta.

—Luego te contamos. —respondió Astrid tratando de ser paciente, tomó a la niña de la mano y la arrastró junto con ella, ignorando por completo la mirada de desapruebo de Stormfly.

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En menos de cinco minutos, el falso matrimonio dejó a los confundidos niños y a los molestos guías a cargo de Dagur y su esposa, y como un par de proyectiles corrieron en dirección hacia donde dejaron el vehículo estacionado, mientras seguían siendo asediados por la maligna presencia.

—¿Puedes detectar de donde proviene? —preguntó Astrid subiendo presurosamente al vehículo y tomando el cinturón para abrocharlo.

—La siento alrededor. —respondió Hiccup mientras hacía lo mismo con el suyo.

Pero al sonido del "clap" que hacía el gancho del cinturón cuando atoraba con la hebilla, la presencia desapareció por completo.

Hiccup y Astrid en ese momento se quedaron estáticos, boquiabiertos, a media pose de estarse abrochando el cinturón y sin la presencia maligna que se sintiera a su alrededor.

—Oh… demonios. —musitó ella.

—¡Maldita sea! —golpeó Hiccup el volante totalmente frustrado.

—Se fue… la maldita presencia… se fue…

—Está jugando con nosotros.

—¿y ahora qué?... ¿Vamos por los demás? —pensó Astrid en voz alta.

El molesto Hiccup tamboreaba los dedos en el volante del auto, tratando de pensar en algo, luego miró por el retrovisor viendo la soledad de los asientos traseros.

—Haddock, es tiempo perdido, mejor vayamos con los demás. —sugirió Astrid.

—No. —respondió este encendiendo el auto. —Creo que hay que buscarlo.

Y sin esperar alguna respuesta de su compañera arrancó el auto.

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4:00 a.m.

Después de haber recorrido casi media ciudad y de no haber tenido ningún hallazgo, Hiccup tuvo que aparcar el vehículo, pues este amenazaba con quedarse sin gasolina, y como no tenía dinero para el tanque, optó por dejar de usarlo.

A su propia opinión y experiencia, llevó a Astrid a uno de los puntos más altos de la ciudad, un monumento que a simple vista parecía una letra "A" gigante, pero era más delgada y cuyo centro era un mirador cerrado y de lujo en donde había un restaurante. Aunque, ellos no se encontraban adentro sino afuera, justo en el techo de dicho mirador, ya que desde ese punto se podía apreciar todo el perímetro de la ciudad.

—Ya admítelo Haddock, ese maldito perro no va a aparecer, o al menos no por aquí. —reclamó Astrid abrazándose a sí misma, pues la corriente de aire desde las alturas era muy fría.

—Una hora más. —insistió este viendo fijamente a su alrededor. —Si no aparece en un hora más entonces…

De repente un ruido un tanto extraño y singular interrumpió a Haddock, este un poco confundido, se giró hacia su compañera la cual avergonzada se puso de cuclillas completamente enrojecida.

—¿Ese fue tu estómago? —se burló.

—Sí, y qué. —gruñó esta furiosa abrazándose a sí misma. —Con la prisa con la que salimos del centro comercial, no me dio tiempo de cenar.

—Oh, es cierto… entonces…

—¡Sí! ¡Tengo hambre y qué! Soy un ser humano también —exclamó esta poniéndose de pie y no dispuesta a ser humillada.

—Sí, sí… nunca dije que no lo fueras. —comentó Haddock en su defensa.

—Idiota. — lo ignoró Hofferson volviendo su vista a la ciudad.

Hiccup rodó los ojos con fastidio y no pudo evitar quedársele viendo, todo el perfil de su rostro, el ceño tan fruncido que la caracterizaba, así como aquel largo cabello rubio que se alzaba con el viento y que también le trajo el recuerdo de una travesura de su niñez. Luego, bajó su mirada a sus brazos y manos, aquellas que sostenían con fuerza a la poderosa Sky y que fueron cómplices para masacrar su pierna, pero que, ahora, lucían totalmente débiles debido a la corriente de aire frio.

—¿Qué tanto me ves? —preguntó Astrid viendo de reojo a su aliado.

—Ay ya, ni que fueras la última hidromiel del desierto. —se quejó este quitándose el saco que llevaba puesto. —Ten… tienes frio ¿no? —se lo ofreció.

Astrid quedó boquiabierta.

—¿Y tú por quién me tomas? —lo rechazó con molestia.

—Te tomo por una persona que se va a morir de frio si no aprende abrigarse antes de salir de su casa. —riñó Hiccup. —Pero si no la quieres, a mi qué más me da… sólo no quiero que en un futuro me causes molestias por tu necedad.

La hechicera sonrió de lado, conociendo exactamente sus intenciones.

—A ver, dámela, estúpido. —se la arrebató con rudeza.

Hiccup sonrió satisfecho, le causaba cierto placer estar a la ventaja de una persona que casi toda su vida había considerado superior a él.

—Necesitas tener una aliada sana ¿no es así? —murmuró Astrid burlonamente.

El comentario descolocó a Hiccup, ya que aquello sólo se lo había dicho a Alúmini y a Toothless.

—¿A qué te refieres, Hofferson?

—Oh vamos, Haddock. No soy tan estúpida como crees. Sé que haces esto para no perderme como aliada, y sé también que tú hiciste la pomada y el desayuno. ¿No es así?

—¿Qué te hace creer eso Hofferson? A mi me da igual lo que te pase.

—Sí, puede ser, pero necesitas al menos a alguien que apruebe tus estupideces y te ayude a llevarle la contraria a tus guías ¿no? —dedujo Astrid dándole un golpecito en su nariz.

Por el tacto, Hiccup se alejó unos pasos.

—Ay, idiota. No, te equivocas. No sé de dónde sacas eso.

—Ay, por favor. ¿por qué no sólo lo admites y ya?

—Porque no, tú qué vas a saber, no sabes nada, absolutamente NADA de mí.

—Eso es lo que tú crees, pero me atrevo a pensar que incluso te conozco más que tus guías, bueno, en ciertos aspectos.

—¿Qué te hace pensar eso? Sólo hablas demasiado. —riñó Hiccup sintiéndose de alguna manera acorralado.

Astrid sólo soltó un bufido y se concentró de nuevo en ver la ciudad.

—Nos conocemos desde hace años Haddock, he peleado contigo más de lo que se pudiera pelear con una persona.

La respuesta sorprendió a Hiccup, y le fue extraño, ya que comenzó a recapitular lo que recordaba de su vida, y en esta siempre estaba Hofferson sobresaliendo de entre sus conocidos que no fueran familiares.

—Me di a la tarea de conocerte más, así podría molestarte y hacerte la vida peor. —continuó Astrid.

—Vaya… que encanto. —musitó Hiccup con sarcasmo.

—Pero cuando salimos de la academia y tomamos rumbos distintos, pensé que era una pérdida de tiempo, que no tenía sentido estar desperdiciando mi vida en molestar a un tipo como tú.

—Ja… ¿Y por qué no lo hiciste?

—¿Por qué? ¿Me lo preguntas? —respondió burlona. —Idiota, creo que tú te obsesionaste conmigo.

—¡¿QUÉ?! —exclamó el hechicero dando una carcajada. —Estás loca Hofferson.

—Dime como quieras, pero cada vez que sentía tranquilidad en mi vida ¿adivina? Aparecías tú y me hacías recordar lo que me hiciste.

—¡¿Lo qué yo te hice? ¿Y qué hay de ti? ¿Acaso lo olvidas? —le mostró su pierna incompleta.

—No, por supuesto que no. Pero lo que pasó fue porque fuiste muy estúpido en pelear conmigo.

—Sí, claro… ahora yo tengo la culpa, Hofferson, era una exhibición nada más ¡UNA EXHIBICIÓN! ¡Y CASI ME MATAS! —gritó en su cara

—¡Y TÚ A MI! Y DE PEOR FORMA. —se la devolvió Astrid enfurecida.

En ese momento ambos se apartaron para tomar su debida distancia, y no cometer otra locura.

—En fin, no me voy a disculpar por algo que creo que fue un accidente. —continuó Astrid tratando de tranquilizar su respiración.

—Como quiera no te la aceptaría, y yo tampoco me arrepiento de lo que pasó, si tú dices que lo tuyo fue un accidente, entonces digo lo mismo, no tengo porque disculparme.

—Pero al menos admite que te ensañaste conmigo, Haddock, y que te desquitas conmigo.

Aquello fue un golpe bajo para Hiccup, ya que, sin querer, aquel comentario lo hizo recordar los malos momentos que había pasado en su vida, siendo uno de estos el divorcio de sus padres y cuando perdió su pierna; sin embargo, estos no eran realmente el motivo más fuerte de la frustración que tenía; sino ella, la persona que amaba y que recordaba la había estado intentando conquistar para evitar que se casara con otro: Raizel.

—Estás enamorado ¿no es así?

—¿Qué? —despertó Hiccup sobresaltado.

Frente a él, se encontraba Astrid viéndolo fijamente a los ojos, como si tratara de entrar entre sus más recónditos secretos para molestarlo.

—¿Qué si estás enamorado? —repitió.

—¿De ti? Por supuesto que no. —respondió abochornado.

—No de mí, estúpido. Eso es obvio. Pero me refiero a otra persona, amas a otra persona y eso… te hace sentir… frustrado. —trató Astrid de adivinar. —Tanto, que te desquitas conmigo.

—Sí así fuera a ti qué, además, no me desquito contigo, te molesto porque soy un Haddock y tú una Hofferson, lo que hago contigo lo haría con cualquiera de tu fastidiosa familia, pero aquí entre "nos" ¡Hofferson! Tú eres la más irritable de todos ellos.

Astrid se mantuvo quieta ante esas acusaciones, estaba muy molesta por dentro, pero algo le decía que su enemigo aun no terminaba de decir todo su sentir.

—¿Crees que me conoces? Pues yo también te conozco a la perfección, eres la persona más frívola y loca que he conocido en mi vida, y que no tiene la más mínima idea de lo qué es amar, en dar tu vida por alguien, en entender sus sentimientos ya que sólo piensas en ti misma y en cómo sobresalir por encima de los demás, aunque tengas que pisotearlos… ¿eh? ¿qué te parece eso?

—Nada que no haya escuchado antes. —respondió esta con la boca torcida. —Y sí, tienes razón en algunas cosas, pero no en todas, no al menos como lo pintas. —dijo en su defensa.

—Ah ¿sí? ¿Cómo qué?

—Amo a mi familia. —respondió con simpleza. —creo que es el único tipo de amor que conozco. ¿Amar a alguien más? Ahí sí te doy la razón, no tengo la menor idea de lo qué es o cómo es, nunca lo he sentido por nadie, y no creo que lo vaya a descubrir algún día porque yo soy como soy. —aceptó libremente. —Pero… por desgracia, eso no me exenta a saber y sentir lo que los demás sienten.

—¿A qué te refieres? —preguntó Hiccup intrigado.

—Haddock… si tú quieres, puedo aliviar tus penas.

—¿Qué?

—Oh, es cierto… creo que está parte de mi no la conoces ¿verdad? Y es a lo que quería llegar con toda esta conversación que hemos tenido. —comenzó Astrid a acecharlo.

Sin embargo, Hiccup no se movió de su sitio, estaba intrigado con la oferta que le había hecho.

—Tengo una habilidad. —comenzó Astrid a explicar cuando quedo frente a frente con él.

—¿Una habilidad?

—Sí, una que aleja tus penas de amores o lo que sea… sí tú así lo quieres. —susurró. —Si algo en esa cabecita tuya te atormenta y no te deja actuar con inteligencia… —le dio un toquecito en la frente. —puedo deshacerme de ella, considéralo como un pago por la pomada, la comida y el abrigo… así qué… ¿aceptas?

—Creo…creo…—rio Hiccup. —Creo que estás loca Hofferson. —susurró cerca de su oído.

—Me imaginaba que me responderías algo así. —sonrió Astrid dando unos pasitos hacia atrás. —En fin, lo bueno es que ya te decidiste, así me libras de tener que hacer "eso". —insinuó entre comillas.

—¿Eso? —repitió Hiccup confundido. —¿Qué cosa?

—Lo siento Haddock, la oferta se terminó, te tendrás que quedar con la curiosidad. —rio Astrid sintiendo que había ganado una clase de contienda.

—Con lo que me importa, en fin, creo que es hora de irnos, no pasó nada de nada, además yo también ya me estoy congelando y me está empezando a doler la pierna.

—Sí quieres te devuelvo tu abrigo y…

—¿Hofferson? —se extrañó Haddock al ver a su aliada paralizada y viendo hacia otro punto detrás de él.

Apenas se iba girar para averiguar qué pasaba cuando…

—¡Cuidado!

Astrid se le echó encima para tumbarlo al suelo, para evitar que una llamarada de ardiente fuego los alcanzara a ambos.

—Pero… ¿qué demonios?

Aun tirado en el piso con su enemiga encima de él, vio como un amenazante y enorme perro había aparecido de la nada y los asediaba lentamente para luego, en un parpadeo, desaparecer nuevamente frente a sus ojos.

—¿Dónde? ¿a dónde fue?

—¡No importa Hofferson, nos tenemos que mover, rápido!

Pero antes de que siquiera pudieran levantarse, la enorme pata de un perro apareció por encima de ellos, tal fue el movimiento que lo único que pudo hacer Hiccup fue rodar junto Astrid hacia otro punto para evitar ser aplastados por la pata que, al final, destruyó parte de la edificación.

Sin embargo, el animal, aún no había terminado y tampoco había quedado muy contento, viendo que sus presas se habían escapado, desatoró su pata de entre los fierros y se les echó nuevamente encima para atraparlos.

Hiccup nuevamente lo evadió dando una rodada junto con Astrid, pero tal había sido el movimiento que quedaron en la orilla del mirador y de una caída de más de 20 metros.

—Haddock, si vuelves a hacer eso nos vamos a caer —advirtió Astrid aferrándose a él, ya que ella era la que había quedado con medio cuerpo entre la nada y el borde.

—Tal vez es eso lo que quiere. —pensó este, justo cuando sintió nuevamente la cercanía del perro. —Hofferson, más vale que prepares a Sky.

Dicho aquello, Hiccup se lanzó con Astrid de la edificación y el perro los siguió dando un gran salto hacia el vacío.

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06:30 a.m.

Toothless y Stormfly apenas despertaban. Estando en su forma de dragones, habían esperado a sus protegidos durante turnos, siendo Alúmini la que había cubierto el último. Cuando la luz del sol los alcanzó, volvieron a sus formas falsas y confundidos vieron que se habían quedado dormidos en el sofá donde dormía Hiccup y que, obviamente, no había sido reclamada esa noche.

—Oigan, ustedes…—llamó Alúmini desde las escaleras, viendo con cierta molestia que Toothless y Stormfly estuvieran juntos, algo que no se veía tan malo como dragones, pero si era extraño como humanos.

—¿Qué pasa? —preguntó Toothless preocupado. —¿Le pasó algo a Hiccup?

—¿O a Astrid? —cuestionó Stormfly comenzando a sentir un poco de culpa.

—No volvieron. —informó Alúmini enfocándose en el verdadero problema

Stormfly y Toothless se miraron con angustia y comenzaron a pensar lo peor.

—Pero tampoco detecté algo fuera de lo normal. —dijo Alúmini para calmarlos.

—Creo que lo mejor es que los vayamos a buscar. —pensó Toothless. —Stormfly, acompáñame tú. Alúmini, quédate con los niños.

La albina apretó el barandal de las escaleras, algo en la orden de su pareja no le había gustado nada.

—¿Alúmini?

Entonces despertó, la guía adoptiva se sacudió y trató de sacar esos sentimientos egoístas que de repente trataban de dominarla.

—eh… sí, claro. —aceptó con una sonrisa.

Sin embargo, en ese momento, el ruido de un vehículo se escuchó cerca de la casa. Rápidamente los guías se apresuraron a averiguar de quién se trataba, y justo cuando estaban a punto de abrir la puerta, esta se abrió mostrando a unos agotados Hiccup y Astrid, los cuales tenían unas ojeras muy marcadas en el rostro, así como sus cabellos y ropas alborotadas y sucias.

—¡¿Qué pasó, Hiccup?! —preguntó Toothless espantado.

—El maldito perro se nos escapó. —respondió este agotado, e ignorando a sus preocupados guías, se encaminó hacia donde estaba el sofá.

—Espera Astrid, ¿cuéntenos? ¿qué fue lo que sucedió? —trató de indagar Stormfly con su compañera que estaba igual o en peores condiciones que el otro hechicero.

—Lo que él dijo. —respondió esta, caminando lentamente hacia las escaleras.

—Espera… ¿a dónde vas?

—Estoy agotada Stormfly, iré a dormir. No me molesten.

—Oigan, esperen… ¿qué pasará con los niños? Hiccup, debes llevar a Zephyr a la escuela, debes ir a trabajar.

—Y Heather en unas horas vendrá, Astrid tienes que aguantar, tienes que hacer entregas el día de hoy.

—Stormfly ¿qué parte de estoy agotada no entiendes? —replicó Astrid a medio camino de las escaleras, y siguió subiendo sin importar las críticas de su guía.

—Que Zephyr falte a la escuela, Toothless puedes cubrirme en el trabajo. —dijo el adormilado Hiccup en el sillón que ya se había abrazado a una almohada y cubierto con una frazada para dormir.

—Hiccup…—replicaría Toothless aquella orden, pero había sido demasiado tarde, su amo se había quedado dormido, y Hofferson se había escabullido en el segundo piso de la casa.

Los guías se miraron preocupados, a su manera de ver las cosas, los planes de sus amos no estaban funcionando, y eso, a ellos les estaba perjudicando.

Continuará.

Hasta aquí le dejo.

Nota 1: la estructura en donde Astrid y Hiccup se encuentran es como la torre effiel o la de Tokyo.

Nota 2: consideren que, a pesar de ser ya 15 capítulos, sólo han pasado 4 días en el fic, contando este, desde que Hiccup y Astrid despertaron en su nueva vida. A partir del siguiente pasarán más rápido, y me estoy basando en el calendario de noviembre del 2018, de hecho, la última semana cuyo día 30 cayó en viernes.

Nota 3: si se lo preguntan, Astrid y Hiccup no tienen recuerdos digamos un poco más atrás, del incidente que se tuvo en el fic. Pero poco a poco recordarán, por eso Hiccup no recuerda que su amor platónico fue una causa perdida y tampoco tiene recuerdos de Astrid sanando la mente (por decir así) a través de los cantos.

Nota 4: los guías tienen sus razones para ser como son, pero a la vez no, ya luego se sabrá en que errará cada uno.

Nota 5: ¿Qué el Toothfly se había acabado? Quién sabe XD.

Vivi y Maylu, como siempre gracias por comentar, espero les haya gustado.

A los favoritos, seguidores y anonimos. Nos seguimos leyendo, muchas gracias.

20 de enero de 2020