San Valentín pasó volando para ambos, felices de tenerse el uno al otro sin la necesidad de cosas materiales, solo compartiendo e intentando avanzar cada vez más en su relación. Yuri iba teniendo ciertos progresos respecto al contacto físico con su pareja, ahora dejaba que Yuuri acariciara la piel de su abdomen y espalda, también podía resistir que de vez en cuando besaran su cuello, pero aún no soportaba que lo mordieran o dejaran chupetones. Podía verse como algo poco, pero para él era demasiado.
Por el lado de Yuuri se sentía extremadamente feliz con aquellos avances, no solo porque pudiera tocar mas el hermoso y llamativo cuerpo de su pareja, sino que con ello podía saber que tanto estaba superando el rubio aquella mala experiencia de su pasado. El hecho de que Yuri pudiera superar sus temores era mucho más importante para el azabache que solo tocarlo por placer. Amaba a su omega de ojos verdes y si este podía sentirse completamente bien consigo mismo él sería feliz también.
Se amaban y eran felices a su manera, superando los obstáculos de a poco, pero juntos.
Otabek veía un cambio en su amigo, ya no estaba tan a la defensiva como siempre y eso era algo muy bueno, Yuri le había contado a su "hermano" como fue la conversación con Yuuri hace un par de meses atrás y el alfa se sintió demasiado feliz de saber que el rubio había encontrado a alguien que lo valorara, entendiera y apoyara. De verdad Otabek comenzaba a tenerle un cariño especial a Yuuri, ese chico era literalmente como una luz en la vida del Plisetsky menor.
En esos dos meses después de aquella conversación, ambos se quedaban de vez en cuando en la casa del otro o se iban en sus días libres a pasar ratos a solas rentando alguna habitación donde pudieran tener más intimidad, sin nadie que los interrumpiera para así poder avanzar con cuidado y a su ritmo.
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Yuri estaba muy molesto ese día mientras volvía del trabajo y se denotaba en todo su ser, su rostro, la forma de caminar, su aroma…
Esa tarde al ingresar al trabajo iba muy feliz y aunque no se notara en su cuerpo o actitudes, su aroma lo delataba, su olor un poco más dulce que en cualquier otra ocasión hacía que los clientes alfas voltearan a verlo, incrédulos de que aquel chico que habían visto tantas veces fuera un omega y no un beta como siempre pensaron.
El rubio tenía su expresión habitual, hablaba normal con los clientes y hacía bien su trabajo. Todo hubiese estado de maravilla si ese estúpido alfa no se hubiera propasado como lo hizo.
Mientras Yuri llevaba el pedido a la mesa indicada, recordó el motivo de su felicidad, por fin después de tanto dormir con el azabache, esa mañana se dejo tocar un poco más al sur de su cuerpo, sintiendo como la mano titubeante de su novio se infiltraba en sus bóxers tocando su intimidad. Al principio tuvo el impulso de detenerlo, pero Yuuri iba tan lento y suave que no se sintió intimidado; besó los labios de su pareja como una manera de indicarle que todo iba bien y el japonés siguió haciendo el trabajo con su mano, poco a poco aumentando el ritmo de las caricias en esa zona del rubio llegando a masturbarlo y logrando que gimiera bajito por ser tocado de esa manera. Yuri llegó al orgasmo manchando la mano de su omega mientras se aferraba fuertemente a la camiseta de este, ambos agitados, pero sintiéndose bien de haber logrado aquello.
El rubio lo recordaba bien y por ese descuido su aroma llegó a ser demasiado atrayente al sentirse nuevamente un poco excitado por aquella memoria. Un alfa sin autocontrol se le acercó por la espalda, diciéndole "bonita" al oído y tocando su trasero como si fuera lo más normal del mundo, pero ese no fue el problema completo, Yuri se volteó y pateó al sujeto en el estómago logrando que se agachara y con la misma rodilla que lo agredió antes, le pegó en el rostro rompiendo su nariz.
Se armó un alboroto donde llegó incluso la persona encargada del restaurante, al parecer el tipo tenía influencias por ser rico y tuvieron que despedir a Plisetsky del trabajo por ser un "incitador".
Todo un día perfecto arruinado por un tipo que no sabía controlarse lo suficiente, pero como ese mundo era injusto, nuevamente la culpa recaía en el omega rubio, pero esta vez no se dejó caer. Antes de retirarse se volvió a acercar a aquel tipo y le dio un puñetazo nuevamente en la nariz, de hecho hubiera seguido pegándole si Otabek no hubiese llegado para llevárselo.
De camino a casa el aura de Otabek no era mucho más amigable. El alfa solo quería matar al tipo cuando Yuri lo llamó para contarle lo sucedido, no hizo nada porque al llegar vio como el rostro del sujeto se había deformado un poco por los golpes recibidos, seguramente por parte del rubio.
Al llegar a casa y abrir la puerta, Yuri sintió como era abrazado fuertemente y un aroma familiar y tranquilizador invadía sus fosas nasales— ¿Estás bien? ¿Te hizo algo? —la voz de Yuuri denotaba preocupación y el rubio se sintió aliviado de estar entre sus brazos.
Olvidando el mal momento le correspondió el abrazo a su novio, levantándolo del suelo para avanzar con él mientras Yuuri enredaba sus piernas alrededor de las caderas del otro, parecía un koala. Se había asustado cuando se enteró ya que Otabek lo había llamado para avisarle y pedirle que estuviera en la casa Plisetsky para recibir a Yuri; Altin pensó que su amigo se sentiría más relajado si su novio estaba ahí para él.
—Tranquilo, lo puse en su lugar —murmuró en su oído tranquilizando al japonés.
—Yuratchka ¿Está todo bien? —Yuri enrojeció al darse cuenta de que su abuelo estaba en casa y vio como iba trayendo a su novio en brazos y como lo afirmaba desde su trasero para evitar que cayera. Casi suelta a Yuuri dejándolo caer, pero se detuvo antes de que eso pasara.
El omega azabache se bajó, soltándose de Yuri para luego colgarse de su brazo— sí, me despidieron, pero no deje que me pasaran a llevar.
La risa de Otabek se escuchó y todos voltearon a verlo ya que era muy raro que él se mostrara de esa manera. Al notar las miradas procedió a explicar— ese alfa quedo muy mal, creo que ahora tendrá un trauma cuando vea un omega de nuevo.
Nikolai estaba orgulloso de que la experiencia del pasado de su nieto lo hubiese fortalecido, al mirar a su rubio pudo notar que solo venía enojado, pero que no tenía miedo o algo parecido. Eso tranquilizo al anciano.
Se sentaron en la sala a conversar sobre lo sucedido, Yuuri se mantuvo muy cerca de su novio y este agradeció mentalmente el gesto, ya que lo necesitaba a su lado. Nikolai le restó importancia al hecho de perder el trabajo, argumentando que era un chico capaz y podría encontrar cualquier otro cuando quisiera, Otabek se ofreció a ayudarle a encontrar uno que se acomodara a sus horarios y Yuuri le dijo que no se preocupara ya que todo estaría bien. El rubio observó a las tres personas que mas amaba en el mundo y estuvo de acuerdo con su novio, todo estaría bien porque tenía gente que lo apoyaba y estaban con él en todo momento.
La tarde pasó rápido, Nikolai le pidió a Yuuri que se quedara a dormir y el otro aceptó al instante. El japonés también había estado muy feliz ese día por los acontecimientos al despertar, pudo saber cómo se sentía ser deseado de otra manera, que su pareja sintiera placer por el solo hecho de que fuera él y solo él quien lo tocara… pudo escucharlo gemir, aunque fuera muy bajito.
Le hubiese gustado estar en el mismo turno que Yuri ese día, pero si lo pensaba detenidamente tampoco podría haber ayudado mucho ya que él no sabía defensa personal ni nada por el estilo. Decidió que dejaría el trabajo en aquel lugar, si no podía estar con su novio no valía la pena.
— ¿Qué piensas, cerdo? —preguntó Yuri muy cerca de su rostro, ambos acostados de lado sobre la cama, frente a frente.
Yuuri no se esperó tenerlo tan cerca, así que salió de sus pensamientos para prestarle atención a su pareja, no lo preocuparía diciéndole que renunciaría, no aún, eso podía esperar.
—Pensaba, en lo lindo que te veías hoy en la mañana —sonrió, el rostro de su orgulloso omega era muy rojo.
—Ca- cállate —fue lo único que dijo para luego acostarse de espalda y atraer a Yuuri hacia sí mismo, el japonés se acomodó al instante en el pecho del rubio para que ambos pudieran dormir tranquilos después de decirse "buenas noches".
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El incidente en el restaurante quedó atrás rápidamente, Otabek le consiguió un trabajo a Yuri en un lugar donde él hacía de DJ, logrando que sus turnos fueran los mismos para tenerlo en la mira. El rubio solo tenía que estar en la caja a la cual los clientes no se acercaban, solo los meseros ya que ellos cobraban el dinero y se lo entregaban al omega, era un trabajo bastante seguro además que Altin tenía a todos advertidos de que nadie podía tocarle un pelo siquiera. Yuuri a veces visitaba el lugar solo o con Phichit, en sus descansos el rubio se acercaba a ellos para pasar el rato con su pareja antes de tener que volver a sus labores.
No era un trabajo difícil, además de que el horario y días le permitían seguir estudiando y poder pasar tiempo con Yuuri, además de su abuelo. Se sentía a gusto ya que solo debía interactuar con sus compañeros de trabajo y no con los clientes. Todo iba perfecto o eso creían.
Phichit decidió invitar a su novio al lugar para que Yuuri lo conociera por fin, el beta y omega esperaron a aquel alfa en una de las mesas mientras conversaban con tranquilidad de cosas triviales, ambos reían mientras Phichit miraba hacia la entrada con la intención de ver si su novio se asomaba, así podría hacerle señas para que viera que estaban ahí.
Chris se había retrasado y el moreno no quiso esperar más, así que arrastró a Yuuri a la pista de baile, las mezclas que hacía Otabek eran excelentes así que el japonés no se negó. Bailaron un buen rato hasta que Chris apareció junto a ellos besando a su novio repentinamente; Yuuri sonrió al darse cuenta de que ese era el alfa de su amigo, se saludaron y él les preguntó si habían visto a un alfa de cabellera plateada, ambos negaron con la cabeza y Chris procedió a explicar que había venido con un amigo, pero se le perdió entre el tumulto de personas.
Phichit le restó importancia diciéndole que ya lo encontrarían luego y que ahora disfrutaran su tiempo juntos, el rubio accedió y se pusieron a bailar juntos dejando un poco en el olvido al azabache, quien al verse excluido decidió regresar a la mesa donde habían dejado sus cosas. El moreno le pidió que no se fuera y que bailara con ellos hasta que Yuri apareciera por su hora de descanso, pero el japonés pensó que sería mejor dejar solos a la pareja así que se negó mintiendo con que estaba cansado y logrando que su amigo lo dejara ir. Ya tendría tiempo de conocer a ese Chris luego, cuando todos se sentaran a la mesa y pudiesen conversar tranquilamente.
Caminó entre las personas, evitando rozarse con los demás lo mas que podía, pero fue inevitable tropezar con alguien y casi caer al suelo. Casi, porque alguien logró agarrarlo de la cintura. Iba a agradecer, pero su salvador estaba a su espalda y apretó el agarre en su cuerpo, acercando su nariz al cuello de Yuuri, dejándolo sin saber que hacer— hueles muy bien.
