Capítulo 13: Confusiones.
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Desperté por el ruido de voces. Eran Levi y Armin discutiendo. Lo típico de todos los días. Supuse que era inútil volver a dormir, así que me levanté con ánimos, cambié de ropa y no tardé en unirme a ellos. Al verme, abandonaron su pelea y el mago me deseó buenos días, disculpándose por despertarme.
Luego de preguntar varias veces a qué se debía su discusión, fue el rubio quien finalmente respondió mis dudas. Habían estado debatiendo por cómo debíamos actuar en el baile de máscaras. Tres puntos a recalcar.
Uno: deberíamos aprender las danzas típicas que solían hacer en ese tipo de eventos.
Dos: yo debía trabajar en hacer que mis movimientos sean más humanos y menos élficos. En otras palabras, moverme de forma más lenta y descoordinada.
Tres: Levi entraría solo en la recámara del Concilio de los Oscuros en busca del mapa, mientras que Armin y yo esperábamos por su regreso en el baile.
En eso sí que no estaba de acuerdo ni un poco, era peligroso que él fuera sin compañía en su búsqueda. Inútilmente me ofrecí a acompañarlo, recibiendo un rotundo no de parte de ambos. Miré al mago, suspirando. Por lo general, siempre nos juntábamos para ganarle el argumento a Levi, así que me fastidiaba que últimamente estuviera más de parte de él que mía.
Había mucho trabajo por hacer y muy poca experiencia. Levi era el único que tenía alguna idea sobre los bailes de la corte, y aún así no era suficiente, por lo que ambos decidieron que era mejor concentrarse en mí. Durante horas tuve que pasear por la sala, sentarme, ponerme de pie, moverme de la forma más torpe de la que me creí capaz. Y lo que más me avergonzaba era la mirada de Levi sobre mí, odiaba con todo mi ser que tuviera que verme actuando de esa forma tan estúpida. Finalmente, coincidieron en que mi manera de moverme seguía llamando la atención y que debía practicar durante días.
Suspiré, pidiéndoles que me dejaran sola en la sala. Al ver que ambos salieron de la cabaña, me tiré sobre el sillón rojo al segundo y tapé mi rostro en un gesto de desesperación. No era momento de distracciones, y los ojos de Levi sobre mí a cada minuto contaban como una gran distracción. Mis palabras no habían pasado desapercibidas para él. Su mirada era aún más intensa que antes y a cada momento debía controlarme para no sonrojarme.
Me levanté del sillón y decidí seguir con mi tarea. Practicar sola ayudó de sobremanera. Me concentré en recordar la forma en que se movía Hanji quien, en mi opinión, era un tanto torpe incluso para una humana. Lo intenté una y otra vez, hasta que mis movimientos dejaron de ser fluidos y se volvieron más mecanizados. Bien. Era suficiente por un día.
Salí para tomar aire fresco y pude distinguir a Armin a la distancia, sentado sobre el suelo y observando el cielo. Caminé hacia él, alejándome cada vez más de la cabaña.
—Armin ―hablé, llamando su atención y haciendo que volteara en mi dirección.
—Mikasa ―me sonrió, invitando a que me sentara a su lado.
Acepté su oferta, acomodándome cerca de él. Parecía estar tranquilo, aunque sabía que su interior era un lío total de pensamientos que iban de allá para acá, por lo tanto, me decidí a hablar sobre ese tema con él. Levanté mis rodillas y apoyé mi mentón sobre ellas, decidiendo cómo comenzar la plática.
―¿Cómo te encuentras? Ayer a la noche lucías preocupado.
—¿Sabes? Eres muy intuitiva. Me salvaste y es justo que sepas lo que sucedió, pero debes prometerme que no se lo dirás a nadie —dijo Armin, sus ojos celestes me miraban fijamente, atándome a la promesa.
—Lo prometo.
—Annie y yo hemos sido enemigos por mucho tiempo. El otro día cuando me encontró, decidí que debía acabar con ella de una vez por todas y, cuando tuve la oportunidad, conjuré el hechizo —hizo una pausa y continuó—. La magia es muy compleja, para que un hechizo funcione la voluntad es fundamental. Si uno tiene la más mínima duda sobre el resultado del hechizo, se deshace. Estaba seguro sobre lo que debía hacer cuando lancé esa daga, pero en el momento en que iba a clavarse en su pecho, mi voluntad se quebró, muy dentro de mí pensé que no quería que muriera. Eso provocó que el hechizo se detuviera y el sello naciera. Fue inconsciente, no fue mi intención pensar en ello.
Apartó la mirada, parecía enfadado consigo mismo.
—¿Te dio pena terminar con su vida?
—Sí, creo que eso fue —respondió rápidamente―. Mis hechizos no funcionan con ella. Tú me salvaste, Mikasa, no puedo permitir que nos encuentre hasta averiguar cómo romper el sello.
Entendí que no poder defenderse frente un enemigo era la peor situación. La mente de Armin debía estar trabajando sin cesar en busca de una respuesta, algo que le permitiera poder luchar contra Annie.
―Por ahora, debemos preocuparnos en que no vuelvas a cruzarte con ella y buscar una solución a todo esto ―sugerí.
Armin me observó detenidamente antes de dedicarme unas palabras.
—Eres gentil y hermosa, Mikasa —hizo una pausa y agregó—. Annie es mi problema, quiero que te mantengas lejos de ella.
El mago tenía una tendencia a darme respuestas inesperadas. Me daba algo de miedo pensar en qué forma decía aquellos halagos.
Nos mantuvimos en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos, hasta que Levi salió de la cabaña para avisar que era hora de comer. La cena no fue silenciosa como solía serlo, ahora discutíamos principalmente sobre el baile de máscaras. No se nos podía permitir ni un mínimo error o nuestras vidas pagarían el precio.
El castillo de la reina Historia se ubicaba en Liberio, por lo tanto, debíamos encontrar una posada cerca en la cual pasar la noche. Las vestimentas también eran un problema, solo la gente de alta sociedad asistía a eventos como tales y nuestras prendas no eran prácticamente de la realeza, además no contábamos con el dinero para comprarlas. Y por último, las entradas; Armin dijo que podría fabricarlas mediante magia, pero debía conseguir al menos una real para poder copiarlas. Todo era un gran caos que, esperaba, pudiéramos resolver en partes al día siguiente.
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Era pasada medianoche cuando me desperté abruptamente, encendiendo todos mis sentidos automáticamente. Un sonido. Aguardé un momento y volví a oírlo, sonaba como madera resquebrajada, era la puerta de sala. Salí de la cama y tomé mi espada, haciendo el menor ruido posible. Temí por Armin y Levi, ellos se encontraban durmiendo en los sillones a tan solo unos metros de la entrada. Caminé con cuidado hasta estar en la sala, no se podía distinguir ni una silueta debido a la oscuridad. Los sentidos de Levi eran demasiado agudos para ser humano, era imposible que no se hubiera dado cuenta de que alguien había irrumpido en la cabaña.
Me agaché y gateé por el piso, acercándome a los sillones. Sentía la presencia de alguien más en la habitación, no podía equivocarme. Me mantuve alerta hasta que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y divisaron a una persona cerca de la puerta, si me concentraba, podía escuchar su respiración agitada. No demoré en ponerme de pie y tomar la empuñadura de mi espada, moviéndome agilmente para atacarla. Sin embargo, cuando estuve a punto de llegar a mi cometido, otra figura se interpuso en mi camino y chocamos inevitablemente. Caímos al piso y reaccioné por instinto, colocando mi espada contra su garganta. El intruso también tuvo la misma idea, pues sus manos se cerraron alrededor de mi cuello.
Armin gritó unas palabras y el fuego apareció en la chimenea, iluminando la habitación. Sus ojos azules encontraron los míos, era Levi. Ambos nos miramos extrañados, pero yo no tardé en girar mi cabeza para descubrir al verdadero intruso. Me sorprendí cuando vi a una muchacha de cabello rubio y corto, ojos celestes al igual que Armin.
—Nanaba —dijo el mago aliviado. Se abrazaron por unos momentos y la escena no había podido parecerme más conmovedora.
—Soltaré tu cuello si bajas la espada —dijo Levi, llamando mi atención.
Me volví hacia él, había calidez en su mirada a pesar de que su tono de voz era bastante serio.
—Primero suelta mi cuello y luego bajaré la espada —respondí jugando.
Cumplió con lo pedido y yo lo miré con superioridad antes de bajar el arma. No había notado lo pesado que era su cuerpo, con la adrenalina del momento apenas lo sentía, pero ahora era difícil de ignorar. Levi debió darse cuenta de esto, ya que se puso de pie y me dio su mano para ayudarme.
—Por un momento pensé que aún te encontrabas dormido en el sillón —dije tomando su mano.
—No eres la única con buenos instintos ―replicó.
Sonreí en mi interior. Me gustaba que comenzara a confiar en mis habilidades.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Armin, mirando a su hermana.
—Hannes me envió, vine a ayudar —respondió Nanaba.
—La verdad no es bueno verte, Nanaba —dijo Levi, saludándola familiarmente.
—Te ves bien, Levi —dijo analizando su aspecto, sin ofenderse ante sus palabras—. Solía preocuparme por ti, pero veo que te encuentras en excelentes condiciones.
No pude evitar preguntarme a qué se debía su preocupación.
—Soy Nanaba Arlert, la hermana de Armin. Es un gusto conocerte ―dijo apenas estuvo frente a mí, ofreciéndome su mano.
Acepté el saludo e intenté mostrarle la misma amabilidad.
—Mikasa Ackerman. Armin me ha hablado de ti, es un gusto conocerte para mí también.
Sus ojos se abrieron sorprendidos y volvieron a la normalidad con la misma rapidez. No sabía a qué se debía esa reacción, preferí no preguntar.
—¿Qué quieres decir con que Hannes te mandó a ayudar? —preguntó Armin abruptamente—. Si tu intención es venir con nosotros al castillo, la respuesta es no.
—Relájate, no es así. Solo estoy aquí de pasada. Hannes me envió a buscar a los abuelos de Mikasa para que los guíe hasta Shinganshina.
Una sensación de alivio comenzó a expandirse por mi cuerpo. Nanaba parecía capaz de manejar un arma, ella cuidaría de ellos.
—Oh —respondió Armin, algo avergonzado—. Es una buena idea. Hace no más de una hora el chacal que había conjurado se desvaneció, eso significa que los abuelos de Mikasa ya recibieron la carta con las instrucciones. Debes apresurarte si quieres encontrarlos.
Me sentí un poco culpable ante esas palabras. Si no hubiera sido por mí, ellos seguirían viviendo pacíficamente en María. Esperaba que, luego de resolver todos estos problemas, pudieran regresar a su hogar otra vez para estar en paz.
—Partiré mañana al atardecer, Hannes me dio un amuleto que me guiará hasta ellos —replicó Nanaba—. No tardaré en encontrarlos.
—¿Los encontrarás con magia? —pregunté sorprendida.
—Así es, pero para que el hechizo funcione necesitaré algo que pertenezca a ellos —dijo volviéndose hacia mí—. Ropa u objetos…
—Creo tener un viejo libro de mi abuelo que guardé en mi bolsa de viaje — respondí—. Pensé que no poseías magia.
—Hannes conjuró el hechizo, debo colocarle este amuleto a alguna de sus pertenencias y la pequeña flecha en su centro me guiará hasta ellos —explicó sosteniendo un antiguo amuleto de oro en la palma de su mano.
Me asomé a contemplarlo con curiosidad, había escuchado hablar de objetos como ese en Marley, pero era la primera vez que veía uno. La flecha en su interior era una pequeña ramita y la cadena de oro tenía hojas entrelazadas en ella. Era élfico.
—¿Dónde lo obtuvieron? —pregunté incrédula.
—Es élfico —dijo el mago con una mezcla de certeza y confusión en su voz.
—No tengo idea. Hannes dijo que lo adquirió recientemente —mencionó Nanaba con simpleza.
Era increíble que objetos élficos aún continuaran perdidos en el mundo de los humanos. Una prueba más de que en algún momento ambos mundos habían coexistido juntos.
—Es tarde, deberíamos seguir durmiendo. Mañana tendremos tiempo de hablar —dijo Levi.
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Me desperté temprano, por la posición del sol estaba segurísima de que había amanecido hacía media ahora. Ya lista en la sala, noté que solo Levi se hallaba recostado en el sillón, despierto. No había rastros de Armin y Nanaba, supuse que necesitaban un tiempo a solar para mantenerse al tanto sobre sus vidas.
Aprovechamos que la sala estaba vacía para ponernos a practicar con las espadas. El espacio reducido nos dificultaba el duelo, pero era mejor así; necesitábamos estar preparados para cualquier circunstancia. Nos estábamos volviendo cercanos, ya no había rastros del Levi que me abandonó ese día bajo la tormenta. Su personalidad tosca siempre me pareció intrigante, sin embargo, desde que llegamos a la cabaña se había vuelto algo...encantador. Gruñón, pero encantador al fin y al cabo.
Armin y Nanaba regresaron al mediodía. Ambos se encontraban de buen humor. Cuando estuvimos todos reunidos alrededor de la mesa, el mago sacó una bolsa llena de monedas de oro. Según lo que nos explicó, Hannes nos había enviado dinero para comprar las vestimentas adecuadas. Y, de alguna manera, averiguó sobre una lista con el nombre de varios nobles que se veían imposibilitados de asistir al baile de máscaras. Todo esto simplificaba las cosas. Lo único que nos quedaba era conseguir las invitaciones.
Nanaba nos explicó que el baile de máscaras se realizaba todos los años en honor a la reina. La mayoría de los nobles de Paradise eran invitados, así que personas de todas partes del reino recorrerían grandes distancias para pasar un solo día en el castillo de la reina Historia.
El resto de la tarde la aprovechamos para aprender los bailes tradicionales. Nanaba estaba acostumbrada a los que se realizaban en su pueblo y era muy buena bailando. Los pasos eran fáciles de aprender, sin embargo, debía practicar para que mis movimientos fueran más lentos. Levi y Armin estuvieron de acuerdo en eso, ya que al compararnos a Nanaba y a mí, coincidieron en que seguía moviéndome como una elfa.
Finalmente, Nanaba sugirió que bailáramos los cuatro juntos. Esta idea no me agradaba del todo, sabía que gracias a eso tendría que estar muy cerca de Levi y no era momento de distraerme con su proximidad.
—¿Bailarías conmigo, Mikasa?
Lo miré por unos segundos antes de responder que sí. No era la pregunta lo que me sorprendía, era quién la hacía. Esperaba que Levi se ofreciera a bailar conmigo, no Armin. Me acercó hacia él y cuidadosamente apoyó su mano en mi cintura, analizando mi expresión para asegurarse de que no me resultara molesto.
El silencio a nuestro alrededor era tan pronunciado que no pude evitar echar un vistazo. Levi se encontraba rígido, su mirada oscura acechando al mago, y Nanaba nos observaba de una manera que me resultaba imposible de descifrar.
—Bailaré con Levi por unos minutos, rotaremos en círculo y cambiaremos de pareja como les enseñé ―informó ella.
Para mi sorpresa, Armin se inclinó a mi oído y susurró unas palabras. No me disgustaba su cercanía, pero tampoco me sentía completamente cómoda.
―Nanaba no sabe nada sobre lo que pasó con Annie. No lo menciones, por favor ―dijo, separándose de mí y sonriendo para disimular.
Lo miré en silencio, con la clara afirmación en mi mirada. Bailamos por un par de minutos más, hasta que la hermana del mago indicó que debíamos girar dos veces y luego hacer una corta reverencia antes de cambiar de pareja.
—No le encuentro sentido al baile, pero hacerlo contigo es divertido —dijo el mago amablemente.
La honestidad en sus palabras me hizo sentir simpatía por él.
Tras girar por última vez,nos detuvimos y se dirigió hacia Nanaba, mientras Levi ocupaba su lugar. Sus hermosos ojos se apoderaron de los míos al tiempo que hacía una reverencia y tomaba mi mano para acercarme a su cuerpo más de lo que debería. Su mano bajó hacia mi cintura firmemente. Tal como había previsto, no hizo esfuerzo alguno por mantener una distancia cauta.
—No es necesario que bailemos tan cerca —dije en voz baja para evitar que los demás me escucharan.
—Tal vez el baile no lo requiera, pero es necesario para mí —replicó en un susurro.
No supe cómo reaccionar ante sus palabras. Me afectó más de lo que pensaba, pues terminé confundiéndome en uno de los pasos. Por suerte, el azabache me tenía bien agarrada y no pasó a mayores.
—Eres el humano más complejo que he conocido, Levi ―confesé, una vez que estuve estabilizada.
Su expresión se suavizó, mi comentario le había causado gracia. Levi era mucho mejor bailando que Armin, me guiaba de forma despreocupada y por instinto. Este hecho me extrañó; dado el estilo de vida que llevaba, jamás hubiera imaginado que sería bueno en cosas como estas.
Dimos una pequeña vuelta. Levi permaneció unos momentos, observándome a los ojos antes de volver a hablar.
—Mis acciones suelen irritarte y discutimos frecuentemente, por lo tanto, me sorprende el hecho de que no te hayas quitado el amuleto que te regalé ni por un segundo —dijo tocando el cristal rojo en mi cuello.
Sus palabras me molestaron pero había verdad en ellas. Por fortuna no sabía que solía observar el amuleto antes de dormirme.
—Fue un obsequio. ¿Preferirías que no lo usara? —pregunté.
Me miró perplejo y luego no volvió a decir nada más. Debí esforzarme para reprimir una sonrisa, él solía confundirme todo el tiempo, me resultaba divertido que esta vez la situación fuera al revés. Aproveché su silencio para pensar, sabía que la sensación que tenía al verlo se volvía más fuerte con cada día que pasaba junto a él. Y, aunque odiara admitirlo, disfrutaba de su compañía, además, sus habilidades en verdad eran admirables para tratarse de un humano, sin mencionar su belleza y esos cálidos ojos que pretendían ser fríos.
—Ahora hacemos un último giro y terminamos con una reverencia —dijo Nanaba. Los tres obedecimos al pie de la letra―. Ya saben los pasos, solo les queda practicar un poco y estarán bien. Oh, Mikasa, necesito algo que haya pertenecido a tus abuelos. Debo partir en un rato.
Era un alivio que hubiese llevado uno de los libros de mi abuelo conmigo. La noche en que dejé la casa de mis abuelos, Levi me había apresurado tanto que apenas fui consciente de lo que eché en mi bolsa de viaje.
—Iré a buscarlo —dije yendo hacia la habitación.
—Iré contigo —se apresuró a decir.
Entramos a la habitación y cerró la puerta casualmente, no pregunté la razón de ello. Tomé mi bolsa sin decir nada y, tras sacar mi ropa, encontré un viejo libro envuelto en uno de mis vestidos.
―Espero que te sea útil —le dije entregándole el libro.
—Gracias, de seguro servirá —hizo una pausa y continuó—. Lo que estás haciendo es muy noble, Mikasa, no muchos pondrían en riesgo su vida por ayudar a unos desconocidos.
—A pesar de que conozco a Levi y Armin desde hace poco, me cuesta pensar en ellos como desconocidos.
Y era verdad, en los veinte años que viví en el bosque de los elfos, nunca había tenido un lazo tan cercano como el que tenía con ambos.
―Ellos también sienten aprecio por ti, creo que has hecho una diferencia en sus vidas sin siquiera saberlo —respondió.
—¿Qué quieres decir?
—Ambos llevan vidas solitarias, es bueno que permanezcan los tres juntos —dijo escogiendo sus palabras cuidadosamente—. Jamás había visto a Armin relacionarse así con alguien a excepción de mí.
—Oh, creo que entiendo a qué te refieres ―asentí.
—¿Sabes? Una vez que nos encontremos seguros en Shiganshina, me concentraré en practicar hasta que regresen —agregó—. Cuando vayan en busca de Mike, iré con ustedes, con o sin la aprobación de mi hermano.
Me parecía lo más justo. Después de todo, también eran los padres de Nanaba y eran comprensibles sus ansias de querer aportar saliendo de las sombras.
—Eres valiente, Nanaba. Cuando el día llegue, te ayudaré a terminar con ellos.
Si bien, los elfos consideraban el quitar la vida como algo imperdonable, sería mucho más imperdonable permitir que semejante maldad continúe oscureciendo a este mundo.
—Gracias, Mikasa, en verdad apreciaría tu ayuda —respondió con una sonrisa—. Tal vez en Shiganshina puedas enseñarme algo. Levi dijo que eres increíble con la espada.
Vaya, me hubiese gustado oír eso.
—Ya es hora de irme —comentó, yendo en dirección a la puerta—. Cuida de Armin. Intenta no lastimarlo, por favor.
—¿Por qué lo lastimaría? ―quise saber―. Rara vez discutimos, pero no utilizaría mi espada solo por un desacuerdo.
—Me refiero a sus sentimientos —aclaró.
Y sin decir otra palabra salió por la puerta.
Me mantuve en silencio, pensativa ante sus palabras. ¿Era posible que Armin sintiera algo por mí? No, lo más probable era que no. Al principio, él solo me veía como un medio para alcanzar su cometido y luego nos unió un vínculo más fuerte debido a la confianza que teníamos. Éramos amigos. Él no me miraba de la misma forma en que lo hacía Levi.
Sentí pasos acercándose a la puerta. No era Levi, él era más sigiloso al caminar. Segundos después, vi el gentil rostro de Armin asomarse por el marco y sonrió al verme, entrando por completo.
―Mikasa, ¿Nanaba sospecha respecto a Annie? La conozco, sé que se ofreció a acompañarte porque algo tenía para decirte.
―No es nada de eso, no te preocupes ―lo calmé―. Tan solo vino a agradecerme por mi ayuda. También mencionó que cuidara de ti, que te agrado ―averigué disimuladamente.
―Nanaba es bastante intuitiva ―respondió él―. Te considero como una amiga, Mikasa. ¿Puedo referirme a ti de esa forma?
―De hecho, yo pienso lo mismo de ti ―sonreí levemente.
Regresamos a la sala y los cuatro descansamos frente al hogar por unos minutos antes de despedir a Nanaba. Nosotros nos pondríamos en marcha al día siguiente, llegaríamos a Liberio un día antes del baile y nos hospedaríamos en algún lugar en las afueras. El plan era sencillo; una vez dentro del castillo, debíamos anunciarnos ante la reina, luego aguardaríamos el momento ideal para que Levi se infiltrara en la cámara del Concilio mientras Armin y yo aguardábamos en el salón principal. Una vez que él volviera con el mapa, nos iríamos, dejando Liberio esa misma noche.
Al dibujar un mapa del castillo, Armin me había explicado qué rol desempeñaba cada uno de los Warlocks en el Reino.
Floch era conocido como William, el consejero real, siempre al lado de su majestad. Auruo era Evard, el encargado de la guardia real y del ejército de la reina. Nick era Lucius, controlaba la recaudación de impuestos y distribuía lo necesario a la población más carenciada. Y Keith era Larson, el representante de la reina frente a los nobles. El único que no se mostraba ante la gente era Kenny, nadie sabía dónde se mantenía la mayor parte del tiempo y eso sería un problema.
A pesar de que la mayor parte de la población vivía pacíficamente, no eran dueños de su propia vida. Los Warlocks tomaban todas las decisiones y, si descubrían a algún mago, lo condenaban a una vida de oscura servidumbre, convirtiendo el don de la magia en una maldición.
Pronto estábamos fuera de la cabaña despidiendo a Nanaba, quien aseguraba proteger con su vida a mis abuelos y esperar por nuestra llegada en Shiganshina. Unos momentos después, escuchamos los cascos de su caballo mientras galopaba perdiéndose en la noche.
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Créditos a Tiffany Calligaris por la historia y a Hajime Isayama por los personajes.
