HELLO! Han pasado unos meses pero aquí estoy, antes de que termine el año. Este es el último capítulo, espero que les guste tanto como a mi me gustó escribirlo.


Disclaimer: Bleach le pertenece a Tite Kubo.

Advertencia: Universo alternativo.


Universos Alternativos

La chica y el samurai


Edo*, Japón.

1707.

Shogunato Tokugawa*.

Kurosaki Ichigo caminaba rápido por las calles de la (ahora) capital del país, debía alejarse lo antes posible del centro. Con su espada en la espalda y una mirada seria, era difícil mantenerse al margen de lo que sea y que la gente lo mirara con temor, empeoraba todo. No es fácil ser un ronin* en Edo. Estaba anocheciendo y, por suerte, su kimono* negro lo haría pasar desapercibido pero... claro, su cabello naranja hace el trabajo de hacerlo visible a los ojos de todos. Maldita sea. ¿Por qué el trabajo que debía hacer estaba justo en Edo? ¿No podía ser en algún pueblito perdido del oeste?

Al pasar, las casas bajas y los dojos* grandes iban siendo menos frecuentes. Estaba dejando la parte más poblada y eso era bueno, solo debía encontrar alguna de esas posadas en el medio de la nada. Cuando se hiciera de día, se encaminaría de vuelta a su hogar. Sí, eso haría. Estaba casi seguro que la última vez que estuvo por esta zona vio una posada bastante pequeña, cerca de una casa que parecía abandonada. ¿Por qué no quedarse ahí? No se olvida de que la posada tiene un desayuno más que delicioso y después de cumplir con su trabajo, tendrá dinero de sobra, puede darse el gusto de dormir en un lugar cómodo.

Pudo divisar la casa abandonada que sigue... abandonada. No es un lugar grande, parece que perteneció a una familia más bien carente. "Tal vez abandonaron el lugar después de alguna guerra", pensó. A solo unos metros, estaba la posada y su único deseo era que tuvieran un lugar disponible. Por suerte si había lugar e inclusive pudo reservar que le dieran un buen desayuno a la mañana temprano, que por favor lo despertaran si era posible. Se fue a su habitación rápido porque no quería... que nadie lo notara.

El olor a sangre.

Sabe que el trabajo que hace no es honesto y que si su madre lo viera, estaría muy decepcionada pero es lo que le toca en estas épocas. Es lo que le toca por desertar. Hoy mató a un hombre. Él no lo conocía, era simplemente un encargo por parte de unos tipos de Chiba* y cumplió con lo que debía, le habían ofrecido una suma importante de dinero que se la mandarían una vez que cometiera el asesinato. Así era su trabajo, ya estaba casi acostumbrado pero... no a eso, no al olor a sangre. Ni siquiera cuando estaba con su padre y soñaba con ser un valiente samurai estaba acostumbrado a eso. Tal vez, si la época cambia, puede llegar a tener una vida normal y nunca más volver a sentir ese olor.

Con ese pensamiento en la cabeza, se decidió por descansar.

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Inoue Orihime estaba muerta de hambre. Hace casi cuatro días que no ingería sólidos y ha estado sobreviviendo tomando agua de un río cuyo nombre no recuerda. Si seguía así pronto iba a ser puro hueso. No estaba muy segura si seguía en Edo, tal vez ya no... no veía casas, no veía gente.

¿De verdad estaba en Edo?

Ha pasado tiempo desde la última vez que durmió en una cama, probablemente desde que tuvo que marcharse de su hogar y no cree que logre hacerlo por el momento. No posee nada de dinero, nada de nada. Lo que le quedaba lo había gastado en un onigiri*... oh, era tan rico. Se le hace agua la boca de solo pensarlo.

Estaba a nada de alucinar.

Tal vez si va al centro pueda mendigar algo aunque recuerda muy bien que hay ciertos comerciantes que suelen echarla cuando intenta comprar algo con lo que le dieron las bondadosas personas. No es de sorprenderse, la única prenda que posee es una vieja yukata*. Solía ser rosa pero se ve demasiado sucia para reconocer fácilmente el color.

Si su hermano la viera así, se preocuparía tanto.

Sola, sucia, sin dinero, hambrienta. ¿Podría el destino darle un golpe de suerte? Positivamente piensa que sí.

De repente, escucha un ruido. Más bien, voces y no suenan tan lejanas. La dirección es contraria al centro pero no importa, hay gente y puede que consiga algo. "¿Será... que hay una posada o una casa familiar?", pensó, segura de que no hay forma de que un dojo este de ese lado. Lo mejor será ir a ver. Siguiendo por el camino encontró una casa vieja pero no había nadie allí, las voces eran de aquella posada que estaba relativamente cerca. No era muy grande, probablemente hay pocas habitaciones pero con que haya gente le basta.

Con ese pensamiento en la cabeza, decidió entrar.

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—¡Ladrona!—. Cuando Ichigo estaba terminando su sopa de miso, escuchó el grito. Venía de la cocina, de una de las ancianas que trabaja allí. Levantó la mirada hacia la entrada de la posada, sea quien sea, ya había salido de ahí. Las cortinas se movían, como si recién alguien hubiese pasado. Suspiró pesadamente y cerró sus ojos. Con intentarlo no pierde nada.

Se levantó. Se puso sus zapatos y luego se aseguró de que su katana estuviese en su espalda. Vamos a ello.

Al salir notó que no había ni un alma por la zona. O la ladrona corría rápido o se escondió en otro lugar. No es ningún tonto. ¿En dónde me escondería si fuera un ladrón? Tal vez... ¿en la única casa que hay cerca? Y que, no nos olvidemos, está abandonada. No hay nadie allí para hacer un escándalo al respecto. "No es una ladrona muy experta que digamos". A paso liviano se encaminó a aquella casita, podría apostar todo su dinero a que está ahí. Si consigue el dinero que se robó, podría quedar bien con la anciana y no le cobrarían nada. Es perfecto.

El shoji estaba todo agujereado y parecía que si lo abría, lo iba a romper por completo, no entró por ahí. Dando una vuelta sigilosa, notó una... especie de ventana (o al menos eso solía ser) lo suficientemente grande para que una chiquilla quepa. En cuanto quiso entrar, se golpeó la cabeza, era diminuta para él y tuvo que entrar torpemente, haciendo todo el ruido que no quería hacer.

Ahí se vieron.

Él, sobándose la cabeza.

Ella, con migajas en la cara.

—¿Quién eres?—. Inocentemente preguntó la pelinaranja quien estaba sentada en cuclillas devorándose lo que le quedaba de un pedazo de pan.

—Yo...—. No supo muy bien qué decir. Esperaba otra cosa. —En la posada dijeron que había una ladrona y cuando fui a ver, supuse que estaba aquí dentro pero no pensé que eras... —. Seguía sin saber qué decir. —¿Te robaste un pan?

Ella asintió varias veces y él se relajó.

—Qué vieja exagerada—. Se sentó a su lado. El suelo estaba sucio pero le da un poco igual. —Cuando la escuché gritar estaba seguro de que le habían sacado una gran suma de dinero—. Orihime no decía nada e Ichigo la observó de arriba a abajo. —Solo una chica pobre.

—¡No soy pobre!—. Lo dijo tan fuerte que el chico pensó que había dicho lo más incorrecto del mundo. —Solo tenía hambre.

—Bueno, podrías haber comprado el pan con dinero si no eres pobre—. A lo último le dio hasta un poco de risa. Es adorable.

—Es que... me dejé el dinero en mi casa.

—¿En dónde vives? Te puedo acompañar a que lo busques—. No pudo evitar pensar que era hasta un poco inapropiado lo que le plantea, inclusive si es una broma.

—Vivo en Yonezawa* —. Le sonrió pero él sintió que le estaba tomando el pelo.

—¡Pero eso está a kilómetros!—. Frunció el ceño.

—Yo no dije que fuera cerca—. Risitas salían de sus pequeños labios. Es solo una joven inofensiva.

—Vamos a que te disculpes con la vieja—. Salieron por la misma ventana, a Inoue no le costó nada pero Kurosaki necesitó ser cuidadoso. Caminaron juntos, ella era más que obediente. —Estás muy lejos de casa.

Usó un tono diferente, podría decirse que usó un tono más amigable. Ella lo notó y le dio gusto, ese samurai ya le caía bien.

—Tú también, ¿no es así?—. Esta suposición le llamó la atención al pelinaranja. —Tu acento... es de Kansai*.

—Se ve que has viajado mucho—. En todo su tiempo viajando por Edo jamás nadie había dicho algo sobre sus modismos. Realmente era intuitiva.

—Mmm... a ver si adivino—. Casi como un juego y como si fuera una niña puso cara pensativa. —¿De Osaka*?

Ichigo rio.

—Nara*.

—Oh, era mi segunda opción—. Ambos rieron. "Sí, claro".

En la posada la muchacha se disculpó educadamente con la anciana y esta aceptó sus disculpas. Ichigo, como todo un caballero, pagó por el pan y también compró comida para la chica que recién conocía. No sentía que era por nada en especial, simplemente no podía dejar que se muriera de hambre. Ahora que se estaban conociendo le parecía casi su responsabilidad.

La cara de Orihime se iluminó por completo cuando vio los platos llenos de comida.

—¡Itadaikimasu*!—. Y ahí nomás comenzó a comer. —Muchas gracias, señor samurai.

—No soy ningún señor samurai, niña—. Realmente le molestaba que siempre lo confundieran. —Me llamo Kurosaki Ichigo y no pertenezco a ninguna familia de samurais... al menos ya no.

Aquello último lo había dicho con tal suavidad que la mujer no pudo escucharlo bien porque seguía más concentrada en devorar que otra cosa pero aún así no paso desapercibido el hecho de que aquel hombre acababa de presentarse y lo correcto era que ella hiciera lo mismo.

—Mi nombre es Inoue Orihime—. Inoue... una mujer con apellido que sea pobre y ande vagando le parece bastante extraño.

—¿Hija de samurai?—. Le inquirió.

—Hermana de samurai—. Una sonrisa de orgullo se posó en el bello rostro de la muchacha.

—¿Y qué haces vagando? Deberías estar con tu hermano en Yonezawa, no robando pan en esta posada—. Sus palabras resonaron, creía que la estaba retando o algo así pero él simplemente estaba preocupado. ¿Cómo no estarlo?

—Mi hermano fue a una guerra—. La sonrisa que hace poco tenía desapareció dándole lugar a una seriedad absoluta, hasta dejó de comer. —Yo no quería que fuera pero... no había opción. Lloré todos los días por él—. La pena en su voz podía conmover a cualquiera. Eran tiempos difíciles. —Cuando me dijeron que murió, no quise creerlo y me encerré una semana a llorarlo en paz—. Suspiro entrecortado. No quería ponerse a llorar delante de un desconocido. —Luego de eso me echaron, yo no les era útil para nada. Desde entonces he vagado, conservando su apellido.

Él frunció el ceño.

—Es el apellido del desgraciado que lo mandó a la guerra a morir—. Efectivamente lo era.

—Pero él... lo llevaba con tanto orgullo—. No quería llorar pero estaba a punto de hacerlo y su acompañante no dijo nada, por más que no compartiera su pensamiento, no iba a discutir con una pobre chica que perdió a su hermano.

—¿Hace cuánto fue esto?—. Le parecía mucho tiempo, ya que se le veía sucia y desaliñada.

—Serán dos años en septiembre—. Era mucho tiempo y no quería imaginarse por las cosas que pasó.

—Esta noche dormiremos en la posada, ¿me entendiste?—. Los planes la tomaron de sorpresa. —Te vas a dar un baño y mañana veré si te consigo ropa decente. Nos vamos a ir al centro para eso.

—Pero... Kurosaki-kun—. Su cara se había vuelto roja, le parecía tan indecente lo que le decía. El chico solo le preguntó "¿qué?" como si le hubiese dicho lo más normal del mundo. —Yo todavía soy... ya sabes, inocente.

Ahora él tenía la cara roja.

—¿¡Qué te pasa!? ¡Yo no...!—. Juntó los labios buscando palabras y bajó la voz luego. —... hago esas cosas.

—Perdón—. Al verlo así, rio.

—Ah, Orihime—. Con calma.

—¿Sí?

—Dime Ichigo.

Esa noche durmieron en habitaciones separadas.

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Ya se había olvidado lo bien que se sentía estar limpia y fresca, definitivamente la mejor sensación del mundo. Su suerte había cambiado tanto que sentía que su hermano le había enviado a Ichigo. Lamentablemente debía volver a ponerse esa yukata vieja, no tenía otra opción pero según su nuevo compañero, pronto tendría algo nuevo puesto. Juntos desayunaron tranquilamente aunque la anciana de la posada miraba a Orihime permanentemente, temiendo que robara un pan. Esto le hizo gracia a la chica, no tanto al chico.

Se marcharon con dirección al centro. El pelinaranja siente que su suerte ha dado un vuelco. Todavía no está seguro si es positivo o negativo. Por una parte, está gastando mucho dinero en esta tal Orihime pero por otro lado, la compañía le sienta bien. Además, es encantadora.

—¿Y por qué no estás en Nara?—. "Aunque muy preguntona", pensó. Quería saber sobre su pasado a toda costa.

—Deserté.

Simple y llanamente.

—Entonces eres un ronin... ¿te enojaste con tu familia?—. Lo malo de tener compañía es que siempre quiere sacar tema de conversación sobre cosas que es mejor no hablarlas.

—Algo así. Estaba harto de esa jerarquía, harto de la tradición—. Al contarlo no parecía un tema que le diera algún sentimiento desagradable, lo podía contar con tranquilidad. —Mi viejo sigue siendo parte, por eso ya no lo veo. Está prohibido.

—¿Y tu madre?

Los ojos de Ichigo se abrieron.

—Cuando... —. La miró, inseguro de seguir. —Cuando deserté ya había muerto.

—Oh... —. Eso, en cambio, parecía dolerle. Se le notaba en la voz, en la cara y sus gestos corporales. La pelinaranja se dio cuenta y prefirió cambiar de tema. —¿Tienes algún hermano?

—Sí, tengo dos hermanas—. Sonrió melancólicamente. —Ahora están en Osaka, en una escuela de no sé qué. Voy a verlas de vez en cuando.

—Qué buen hermano eres—. Algo extraño notó del tono de voz que ella usó... ¿admiración?

—¿Eh?

Antes de poder siquiera seguir con esa rara conversación, ya estaban en el centro. Anticipándose a la idea de que debe comprarle ropa a Orihime, decidió ir a reclamar el dinero que le deben pero, claro, no va a hacer eso con ella presente. Lo mejor sería distraerla con algo.

—Necesito parar en una casa a hacer un... trámite—. Qué forma de decirlo. —Te voy a dar dinero para que vayas a comer algo o vayas a tomar el té en donde sea. No te alejes de esta calle, yo te voy a buscar, no voy a tardar—. No pudo protestar ni nado porque antes de poder decir algo, él ya se había ido, dejando solo plata.

No podía ir a una casa de té con esas pintas, seguro la echarían. No tenía hambre tampoco. ¿Qué hacer? La gente pasaba de aquí para allá. Hombres con katanas, mujeres con hermosos kimonos, niños jugando. Edo parecía ser un sitio muy amigable o al menos con mucha vida. Ella sería muy feliz en un lugar así... en realidad, ella sería feliz en cualquier lado. Solo necesita un hogar donde pueda sentirse amada. Seguía pensando que su hermano fue el encargado de hacer que su camino con Ichigo se cruce, estaba casi segura de ello pero todavía no entendía por qué. Como su compañero, su amigo o... ¿podría ser algo más?

Oh, vamos, si solo lo conociste ayer.

"Pero las cosas a veces son así", pensó. Vagaba tanto en sus pensamiento que no vio cómo su nuevo conocido caminaba por la calle, con fija dirección en ella.

—¿Vamos por ropa o qué?

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—¿Un kimono? ¿Para ti?—. Entraron a una tienda pequeña que tenía de las telas más hermosas que la chica haya visto en mucho tiempo. La que parecía ser la dueña de todo ello los atendió y le habló al hombre. Era una mujer de cabellos oscuros y ojos pequeños, lucía elegante.

—No, es para ella—. La señaló mientras la joven miraba perdida toda esa ropa y todos esos colores. La dueña sonrió. Fue en busca de Orihime y la llevó a cambiarse. No pensaba que iban a tardar mucho... pero lo hicieron. Impaciente pero al mismo tiempo decidido a esperar, imagino de qué color sería el kimono. No importaba tanto el color porque se vería hermosa con cualquiera.

—Mire el kimono tan hermoso que le hemos probado a su esposa—. No le importó que pensaran que era su esposa, apenas escuchó eso, no le importó para nada. Su atención estaba dirigida a Orihime. Los colores eran azul (con flores rojas) y le quedaban tan bien junto con su color de cabello y sus ojos y su sonrisa y...

—Estas hermosa—. No quería solamente pensarlo, quería decirlo. Estaba embobado viéndola. Sí, el kimono era de una calidad excelente y lo que digas pero ella lo llevaba como nadie. Pero Inoue estaba un poco... rara.

—No puedo aceptar que me compres algo tan caro—. Pudo aceptar que le pagara una noche en la posada y pudo aceptar comida pero ¿un kimono de esa seda? Jamás.

—Piénsalo como un regalo de cumpleaños, si eso te hace sentir mejor—. Ya le estaba cabreando un poco que no aceptara algo como eso, ¿o pensaba seguir usando esos harapos?

—Ni siquiera sabes cuándo es mi cumpleaños.

La dueña de la tienda se rio, le parecía el matrimonio más raro que vio en mucho tiempo. "La chica y el samurai, suena bien", pensó para sus adentros.

—No me importa, lo llevamos... —. Antes de pagar, se dirigió a la dueña. —Y queme la ropa que le sacó.

—Muchas gracias, señor samurai.

Ya estaba acostumbrado a que le dijeran así, le recordaban todo el tiempo su pasado sin querer. Sin corregirla, se fueron, podrían pasear ahora tranquilos porque parecían una pareja totalmente normal. Y si bien se sentía más que cómoda con su ropa nueva, la muchacha no pudo evitar pensar que Kurosaki tenía mucho dinero para ser un ronin. Tal vez no era uno cualquiera.

—¿Puedo preguntarte algo?—. Fue un poco más seria de lo usual pero esto no fue notado por el pelinaranja.

—Ya lo estás haciendo.

—¿El dinero lo haces matando personas?—. Ichigo paró en seco, ¿había escuchado bien? No dijo nada, esperaba que ella volviera a formular esa pregunta, estaba casi seguro de que no había dicho eso. —Eso es lo que hacen los ronins para ganarse la vida, ¿no es así?—. Sí, había escuchado bien. Si bien lo sorprendió no debe olvidar que se trata de una chica que ha viajado mucho, tal vez más que él. Mentirle no serviría de nada.

—Es el único trabajo que puedo conseguir... no me va tan mal pero no estoy orgulloso—. Su voz también se tornó seria.

—Dicen que a los mejores los mandan a las guerras y que beben sake* con los hombres más importante del país.

El tono de seriedad de Kurosaki cambió cuando la escuchó decir eso.

—Gracias por el cumplido—. Él rio, ella lo miró confundida. —Yo no me vendo por cualquier cosa. Solo iría a la guerra por una causa justa, algo en lo que de verdad podría llegar a creer—. Observó el cielo, se estaba nublando, tal vez la lluvia llegue pronto. Lo mejor sería buscar un refugio... no le compró ese kimono para que se estropeara ya. —Y no creo que pase algo así.

Las nubes se volvieron negras pero Orihime no lo notó. Parece que una tormenta grande va a llegar, no hay tantas personas en la calle, muchos se han marchado a sus hogares. El hombre recuerda que cerca hay una posada, mucho más grande que la que estaba en el medio de la nada. Mientras pensaba rápido algo pasó.

Un estruendo. Parecía que la tierra se había movido por unos segundos y creó que estaba loco hasta que la escuchó gritar a su compañera quien casi se tira al suelo del miedo. ¡Ese estruendo fue de verdad! ¿Una tormenta? ¿Un sismo? Podría jurar que fue un sismo pero... demasiado corto para serlo. Sostuvo las manos de Inoue por unos instantes y se miraron fijamente, como si en ese momento hubiesen pensando que no se volverían a ver.

—Parece como que... —. Mientras pensaba bien el uso de sus palabras, ayudó a la joven a incorporarse. —Como si algo enorme se hubiese caído.

—Fuji-san*.

Fue lo único que pudo decirle en el momento. Ese impacto no era normal pero... ¿el monte? A Ichigo le parecía poco probable, después de todo están un poco lejos. Las probabilidades son escasas.

—No seas tonta, ¿cómo va a ser?—. No va a negar que se le paró el corazón con el estruendo pero tampoco dará lugar a que su imaginación vuele por cualquier lado. Y si fuera realmente el monte, no quiere arriesgarse, mejor es que lleguen pronto a la posada. Claro, como si eso pudiese evitar algo. —Mejor caminemos rápido.

Al término de esto volvió a agarrarle la mano, empezando a caminar de esta forma a pesar de que, en el fondo, a ambos les daba pena. Él creía que era la forma más segura de encaminarse después de lo ocurrido. Ella no tenía la suficiente valentía para siquiera protestar y no estaba segura si lo deseaba. Le gustaría pensar que él tampoco deseaba soltarla, que había algo más que no se decía a voz alta no porque no estuviese prohibido sino porque llevaban poco tiempo conociéndose. Vamos, que ni se conocían y aún así a ninguno le era indiferente el tacto de sus manos y la posible piel de gallina que esto les causaba. La mano de él le parecía enorme en comparación a la suya, era como si la protegiera de esa forma y la mano de ella le parecía más suave que cualquier pétalo de rosa que haya tocado. ¿Era demasiado pensar que realmente el destino los quiere juntos? ¿Es demasiado pensar que, tal vez, se han conocido en otra vida?

No lo sabrían en este momento pero, entretanto, llegaron a la posada.

Tal como se mencionó el lugar donde pasarían la noche era mucho más grande, inclusive tiene primer piso y un hermoso jardín con un estanque con (probablemente) peces koi*. Le dolerá mucho a Ichigo pagar por dos habitaciones y le dirá adiós, adiós a su dinero. Un hombre los atendió y, al verlos, sonrió.

—Bienvenidos—. El pelinaranja ya se la veía venir, seguro piensa que están casados o algo así. —¿Puedo ofrecerles algo?

—¿Cuántas habitaciones le quedan?—. Eso era muy relevante. No sería como en la posada que estaba en el medio de la nada.

—Solo nos queda una pero supongo que está más que bien para ustedes dos—. Otra vez la sonrisa.

El color rojo se avecinó en la cara de la pobre Orihime, ya era la segunda vez que esta situación se daba pero se ve que a este punto es inevitable. Ella no dijo nada, si hablaba solo iba a quedar como una tonta o algo por el estilo. Por su parte, el muchacho no tuvo reacción, tal vez está convencido de que esto es algo que les va a pasar a menudo.

—Sí, está bien.

—Perfecto—. El hombre entonces le llamó la atención a uno de sus empleados. —¡Prepara el cuarto que queda para la chica y el samurai!

Era el colmo para el chico... y esto le causó gracia a la pelinaranja. Bueno, al menos ella se reía.

Los acompañaron a la habitación. Era lo suficientemente grande como para que durmieran separados aunque solo había un futón.

—No puedo dejar que duermas en el suelo, necesitas estar cómodo—. Fue el racionamiento de la bella joven.

—Estoy casi seguro que he dormido mejor durante estos dos años que tú—. El testarudo hombre se aseguró de que el shoji estuviese bien cerrado. —Quiero que duermas ahí.

Ella bajó la cabeza.

—Perdón, Ichigo-kun—. Con delicadeza se sentó en un cojín que había en el piso. Él la imitó sin dejar de ver su cara oculta, tratando de ver lo que le pasaba. —Desde que nos conocemos solo he sido una molestia.

La forma en que habló casi le rompe el corazón, ¿realmente se sentía una carga? Él solo quería ayudarle, que se sienta bien.

—Nunca podrías ser una molestia. Todo lo hice porque quise, porque creo... —. Casi ni estaba seguro de lo que estaba haciendo pero, con lentitud, tocó su mano. Tuvo que acercarse un poco por la distancia. Ella levantó la mirada, sentía que esos penetrantes ojos marrones la estaban devorando entera. Lo que iba a decirle la tenía en ascuas. —Creo que merecías tener un lindo día.

Los ojos grises de Orihime se humedecieron. Realmente era un buen hombre, realmente Sora se lo había enviado.

—¿Y qué pasará mañana?—. La pregunta no se refería solo por mañana, era algo general. ¿Cuándo debían separarse y seguir cada uno su camino? ¿Tenían siquiera uno?

—Puede ser así siempre, si quieres—. Los ojos le brillaban, ¿era una declaración?

—Eso es lo único que quiero.

Silencio. Sus manos seguían tocándose. Lentamente Ichigo se acercó, lo suficiente para que sus intenciones fueran entendidas por completo. Esa pequeña porción de espacio que quedaba entre ellos dos fue cortada por ella. Se besaron torpemente, inocentemente pero con un sentimiento tan profundo que podría ser el mejor primer beso.

Se besaron otra vez y otra vez. No querían parar. Él le acariciaba la cara con ternura y ella le sostenía la mano desocupada con cada vez más fuerza. A ninguno de los dos les importaba si era correcto lo que estaban haciendo, solo querían seguir.

Esa noche durmieron juntos.

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A la mañana siguiente les costó continuar con el viaje. Los dos querían irse de Edo y ver qué podían hacer antes de que se les acabe el dinero. Cuando estuvieron en la calle vieron mucha gente leyendo el periódico.

—Voy a comprar algo para comer—. Fue Orihime quien dijo esto y se acercó a un puesto de comida que estaba cerca. Mientras la esperaba, uno de los periódicos cayó cerca de él y lo levantó inmediatamente. "No pienso pagar por uno", pensó. Lo que leyó le sorprendió.

Ayer realmente hubo un sismo (lejos de Edo) pero no solo eso. Hubo una erupción en el Monte Fuji... tal como su ahora "más que acompañante" había dicho. Y él había pensando que era todo su imaginación. Arrojó el periódico lejos. "Espero que no sepa leer". No quería admitir su derrota. Además, ¿a quién más se le podría haber ocurrido? Solo a ella.

Pronto la chica volvió con dos onigiris. Bueno, bonito y barato.

—¿Había algo interesante en el diario?—. Su pregunta fue inocente.

—No, nada—. Mentiroso. Se apuró a cambiar de tema, a algo más alegre que la erupción de un volcán. —Estaba pensando que podríamos irnos a Kansai. Bueno, no quiero obligarte... —. La lengua se le trababa tratando de explicarse y a la muchacha le parecía encantador. —O sea... si prefieres otro lugar, también está bien. Yo...

—Ya entendí, Ichigo-kun—. No le dio un ataque de risa allí mismo porque le daba un poco de pena por él. —Me encantaría ir a Osaka.

Ella sabía a qué venía todo eso, no era casualidad que dijera Osaka. Al fin y al cabo su única familia está ahí.

—Estoy seguro de que las tres se van a llevar muy bien—. Le sonrió y le ofreció la mano. Irían así todo el tiempo que pudieran, juntos.

—¿Antes de ir a Osaka no podemos ir a ver el Monte Fuji?—. Con ingenuidad absoluta le propuso esto a su querido.

—Mmm... tal vez en otro momento—. La chica bufó, haciéndose la molesta. Sonriendo, él negó con la cabeza varias veces. Es todo un caso... y él también.

Tal vez en verdad el destino había planeado todo desde el principio o tal vez no y tan solo es una excusa para su intensidad y rapidez, su relación precoz. No iban a pensar en eso ahora y está bien porque tienen mucho tiempo para pensar en eso.

Ahora mismo su destino era Osaka. Lo demás, lo verían.

FIN.


Aclaraciones (*):

Edo: Ese fue el nombre de la ciudad de Tokio hasta 1868.

Shogunato Tokugawa: Los shogunatos fueron los gobiernos militares establecidos en el país hasta la Restauración Meiji (1868). El de Tokugawa fue el tercero y el último.

Ronin: Guerreros samurais sin amos. Hay muchas formas de que esto le pase a un samurai, yo elegí una de ellas.

Kimono: Vestido tradicional japonés que puede ser para hombre o mujer.

Dojo: Lugar de meditación y práctica del Budismo zen y de las artes marciales tradicionales.

Chiba: La capital de la prefectura de Chiba en Japón. Es parte de la región de Kanto al igual que Tokio.

Onigiri: Bola de arroz rellena.

Yukata: Literalmente es "ropa de baño" pero se usa en los meses cálidos, más que nada en mujeres.

Shoji: Puerta corrediza.

Yonezawa: Ciudad de la prefectura de Yamagata.

Kansai: Es una región que se encuentra en el medio de la isla principal de Japón, Honshu.

Osaka: Es una ciudad de Kansai, la tercera más grande del país.

Nara: La ciudad de la prefectura de Nara, en Kansai.

Sake: Bebida alcohólica.

Fuji-san: Así es como los japoneses se refieren al conocido Monte Fuji.

Peces koi: Peces coloridos provenientes de Asia, de gran variedad.


Y ese es el final. Hace mucho quería escribir algo de este estilo y tocar un poco el tema del "amor a primera vista" y qué mejor que una época donde eso era bastante "normal"? Sé que son muchas referencias/aclaraciones jaja pero tal vez algunas las conocían. Por cierto, el capítulo se llama "la chica y el samurai" a pesar de que Ichigo es un ronin porque... porque queda bien (? Y me causaba gracia que lo confundieran siempre. Solo eso.

Ahora me pongo melancólica (?

Este fic lleva casi dos años? O por ahí y no pensé que le iba a ir tan bien pero con el tiempo nuevos lectores aparecieron con sus hermosas reviews e hicieron esto posible. Gracias por leer, por soportar la esperar y darme ánimos. Ah y también perdón por nunca darles continuación a lo que querían pero así funcionaba el fic jaja. De nuevo, gracias. A los que dejaron review o follow o fav o al menos lo leyeron y por supuesto gracias a las personas que promocionaron mi historia y la halagaron, muchas muchas gracias. No es una despedida en si, solo termina esta historia (o historias).

Tengo planeado seguir escribiendo (inclusive en inglés) así que nos vemos pronto.

Los adoro.

Gracias por leer.