Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 16 – Una familia acaba y otra empieza.
Bellatrix miraba a través de la ventana de la cocina de los Potter. A pesar de que hacía varias semanas desde que se habían fugado, aún guardaba la esperanza de recibir una carta de alguno de su familia… Narcisa, Regulus o incluso de su madre insultándola, cualquier cosa se esperaba, salvo la indiferencia.
No veía a ninguna lechuza en el horizonte, pero si a Sirius y James en el jardín trasero trabajando en la moto. Al principio los dos habían estado muy entretenidos conduciéndola calle arriba y calle abajo, pero una semana más tarde ya se habían cansado de ella y desde entonces estaban intentando hacer que aquella moto muggle volase.
–¿Lo conseguirán? –El señor Potter se sentó junto a ella.
–Eso espero, si no doscientas libras acabarán estrelladas en tu jardín.
Fleamont rió y fijo su vista en los chicos, apenas conseguían que la moto se levantase un par de palmos del suelo.
–Por cierto, me ha contado James que eres toda una negociadora.
Bellatrix negó con la cabeza. Realmente todo aquello había sido fruto de ver la incompetencia de Sirius a la hora de comprar. Si por el fuere, ahora mismo serian seiscientas libras más pobres, quedándoles solamente cuatrocientas de las mil que Alphard les había enviado. Con aquello no hubieran tenido ni para comprar la mitad de los libros que necesitarían para el siguiente curso.
–Simplemente recordé alguna de las técnicas de mi padre… –Hacer referencia a su padre le dolía. No le echaba de menos, pero de todos en aquella casa, quitando a Narcisa y Regulus, era el único tolerable.
Volvió a mirar al cielo a través de la ventana.
Una carta de su padre.
Enseguida desecho esa idea de su mente. Tenía muy claro que el nunca haría eso, es más, creía más probable que la misma Walburga Black se presentase allí antes que su padre mostrase ninguna emoción hacia sus hijas.
Fleamont notó como su cambio de aptitud. Por eso se levantó y de dentro de uno de los armarios sobre la encimera sacó unos periódicos.
–Quizás esto te pueda interesar…
Cuando James le comentó lo que había ocurrido con el vendedor de la moto y como aquella chica había aplicado lo que había leído en el periódico. Se preocupó por encontrar más noticias, tanto muggles como mágicos, que pudieran serle de interés. Para ser sinceros, le sorprendió, justamente el periódico que estaba leyendo esa mañana con los jóvenes Black no era uno cualquiera sino uno especializado en economía y hasta el mismo le había costado entender los motivos de porque los muggles estaban tan obsesionados con las inspecciones de sus establecimientos comerciales. Pero aquella chica, ajena al funcionamiento del mundo muggle, lo había comprendido con un simple vistazo.
–Disculpe, pero no entiendo. –Bellatrix pasó las hojas del primer periódico.
–Esto… –Indicó una de las noticias del Profeta. –Es nuestro equivalente a lo que hacen los muggles.
Bellatrix fijó su vista en la noticia y esta hablaba sobre la división económica del ministerio que regulaba la compra y venta de artilugios mágicos, el Departamento de Fraude Mágico.
–Y sabes… cada año buscan a jóvenes que hubieran acabado sus estudios en Hogwarts con unos éxtasis excelentes en Aritmancia. Podrías aplicar para uno de los puestos el próximo verano...
Bellatrix pensó detenidamente lo que el señor Potter le acababa de decir, sabía que tenía que buscar un trabajo nada más acabar en Hogwarts, sospechaba que Sirius iba a ser un derrochador. Nunca se había planeado trabajar en ningún sitio, las mujeres Black no tenían ese deber, pero… quizás eso que le proponía el señor Potter podría ser una buena idea. El próximo curso tomaría Aritmancia.
Levantó la vista del periódico para darle las gracias, realmente tenía ganas de hacerlo y no de forma forzaba como le pasaba con James, pero al hacerlo no pudo evitar fijar su vista en algo que se acercaba a través de la ventana.
–Esa lechuza no es conocida. –A punto el señor Potter.
Bellatrix enseguida reconoció esa lechuza de plumaje marrón, su dueña era su hermana…
…Andromeda.
Rápidamente abrió la ventana para que la lechuza pudiera darle la carta que llevaba cogida entre sus patas. Sirius entró en la casa al reconocer también a la lechuza.
La carta de su hermana no era muy extensa, apenas uno tres reglones adornan aquel trozo de pergamino.
–Nos está invitando a su casa.
Andromeda Tonks vivía en una pequeña casa a las a fueras de Londres. Se encontraba en un barrio muy humilde donde la mayoría de sus habitantes eran brujas y magos con ingresos muy inferiores a la media, al igual que los suyos. Pero a pesar de las penurias que habían llegado a pasar debido a esa situación, no cambiaría por nada el rumbo que había decidido tomar en su vida. Ni aunque le dieren todo el oro que se encuentra en Gringotts cambiaria a la pequeña familia que había formado tan lejana de los ideales de los Black.
Por eso había tardado en enviarles una carta a su hermana y a su primo para que fueran a visitarla. Cuando ella se fugó de casa nadie se puso en contacto con ella, ni su hermanas y ni sus primos, y eso le había dolido. Durante años quiso pensar que era debido a que eran unos niños, Bellatrix y Sirius apenas tenían ocho años, Narcisa un año menos y Regulus era un bebe de dos años, pero cuando los dos mayores comenzaron Hogwarts, pensó que alguno se pondría en contacto con ella. Fue Sirius en el que en su tercer año comenzó a cartearse con ella, pero para entonces la indiferencia de sus hermanas había creado un dolor en su corazón. Y no era que actualmente quisiera castigarles, para nada, estaba ansiosa por verles, pero también temía lo que podía significar su visita.
Ella se fugo y no pasó nada. Pero dudaba de que ahora, su familia fuera a dejar tan a la ligera de que su heredero se hubiese fugado de casa con una de sus primas. Temía por su hija y su marido y sobretodo temía que uno de los Black se fuera a presentar en su casa si sospechase que podrían están allí los dos fugitivos.
Sacó del horno un bizcocho que acababa de preparar, la madre de su marido le había enseñado técnicas muggles con las que cocinar y no era por tirarse flores pero se le daba bastante bien.
Miró el reloj.
Su hija Dora hacía unos minutos que se había marchado a jugar con el hijo de los vecinos y su marido Ted llegaría de trabajar cuando el sol se hubiera puesto. Pero prefería que fuera así, hoy una parte de su pasado volvía a su vida y quería manejar la situación ella sola.
Volvió a mirar el reloj y vio que Sirius y Bellatrix se retrasaban. Eso no hizo más que ponerla más nerviosa. ¿Y si no querían volver a tener relación con ella? Había asumido que a partir de ahora comenzarían a verse más pero igual se había adelantado a los acontecimientos.
Se quedó mirando a la chimenea. Ni la menor chispa verde aparecía en ella.
Un golpe en la puerta la hizo levantarse de la silla de la cocina. Extrañada por quien podría estar llamando a su puerta decidió abrirla.
Sirius y Bellatrix estaban tan inmersos en su conversación que ni si quiera se dieron cuenta de que les habían abierto la puerta.
–¡Casi nos matamos! –Reprochaba Bellatrix.
–Tú misma lo has dicho, casi. Aún tengo que rematar algunas flaquezas del hechizo volador.
Bellatrix negó con la cabeza y se giró hacia la puerta.
No se habían dado cuenta de que Andromeda estaba allí.
Andromeda no sabía cómo reaccionar, el par de cartas que se habían enviado eran simples pergaminos que suponían un barrera para mostrar los sentimientos, pero verse en carne y hueso era una sensación difícil de describir.
Ambas hermanas se miraron. Bellatrix porque estaba examinado a su hermana mayor, tanto tiempo separadas que creía que no la iba a reconocer, pero más bien fue todo lo contrario, ambas era muy similares. Andromeda, aún no se creía que por fin se hubiera reencontrado con su hermana.
–¡Andy! –Sirius intentó romper el extraño momento. –Espero que no te moleste, pero he aparcado mi moto en tu jardín.
Eso parece que hizo que las hermanas rompieran su trance y se fijaron en donde indicaba Sirius.
–Mas que aparcar, di que te has estrellado en su jardín.
Sirius negó.
–Aparcar, estrellarse… simples sinónimos.
Se fijó en que la moto estaba un poco rasguñada. ¿Acaso habían venido en ella? ¿Su hermana? ¿La que detesta lo muggle?
–Está bien ahí. –Se echo hacia un lado para que pudieran entrar. –Por favor pasar.
Ambos entraron en la casa y en ese instante Bellatrix se dio cuenta en porque su hermana no pudo acogerles. Desde la puerta principal habían entrado directamente a una pequeña salita y de ahí a la cocina. Si la salita era pequeña la cocina lo era doblemente, apenas unas encimeras y una mesa puesta contra la pared para poder conseguir algo de espacio, pero cuando los tres se sentaron el paso quedo completamente bloqueada.
–Si mal no recuerdo a los dos os gustaba el bizcocho de chocolate y menta. –Les ofreció un trozo a cada uno.
Sirius que nunca decía que no a la comida, enseguida comenzó a engullir su trozo, Bellatrix en cambio tomo una pequeña porción, estaba demasiado tensa como para tener apetito alguno.
El silencio volvió a inundar la estancia.
Sirius sabia que tanto Bellatrix como Andromeda eran demasiado orgullosas para entablar una conversación. Demasiados años separadas y con demasiados rencores, ambas se sentían abandonadas la una por la otra. Por eso Sirius decidió intervenir, alguien tenía que romper el hielo.
–¿Qué te parece? – Tomó la mano entre las suyas y se las mostró a su prima.
–Cuando leí tu carta… al principio llegue a pensar que me estabas gastando una broma. Ya que hasta donde me habías contado en tus cartas anteriores, ambos os odiabais.
Los tres se rieron.
El ambiente comenzaba a relajarse.
–Ahora tan solo me irrita constantemente. –Bellatrix le apretó la mano que estaba entre las de Sirius.
–Y lo que te gusta.
Los siguientes minutos la pareja le explicó a Andromeda como había comenzado su relación y los motivos por los que habían decidido fugarse de casa. Andromeda desconocía los compromisos de sus hermanas, y eso le extraño. No es que los mismos Black se lo fueron a contar a ella personalmente, pero esas cosas solían anunciarse a toda la comunidad mágica, y aunque ella no estuviera al corriente de los asuntos de su familia, siempre acababa enterándose de todo. Como fue el caso de que los habían borrado del tapiz, lo había escuchado hacia unos días en el callejón Diagon, los Bulstrode se jartaban de ello en una de las tiendas donde había coincido con ellos.
No quería confesarlo, pero fue eso lo que la animo a mandarles una carta para invitarles a su casa. El que su destierro fuera oficial hizo que se fiara de ellos.
–Deben de estar contentos en Grimmuald. –Respondió con ironía cuando acabaron de relatarle su historia.
–El tío Alphard, tú… Ya tienen que estar acostumbrados. –Sirius tomó otro de los trozos de bizcocho.
–Sí, pero nosotros éramos simples miembros de esa familia, tú eres o mejor dicho eras el heredero y te has fugado con una de tus primas a la que ya habían prometido a otra familia de sangre limpia. Todo un escándalo.
Sirius soltó una carcajada.
–Que sufran. Ya lo hemos hecho nosotros, ahora les toca a ellos.
Bellatrix no pudo evitar que un escalofrío recorriere todo su cuerpo. Pensaba en Narcisa y Regulus.
–Bella es una ilusa y aún espera recibir una carta de ellos. –Sirius notó el cambio en su comportamiento.
–No es que espere una carta, pero no pensé que fuera a ser tan tajante por parte de todos. –Apartó la mano de la de Sirius, le molestaba que creyese que tuviera alguna estima por ellos.
Andromeda entendía lo que le ocurría. Ella había vivido la misma situación. Cuando se fue de casa también pensó que alguno le escribiría una carta, una aunque fuera insultándola. Con los Black te esperabas cualquier cosa menos la indiferencia.
–Bella, te voy a ser sincera, lo fácil es fugarse, lo difícil viene a partir de ahora. Pero lo que tienes que tener muy claro es que esa familia ya no existe y que ahora tienes otra, la tuya. –Tomó la mano de la joven y la volvió a colocar sobre la de Sirius.
Sirius entrelazo sus dedos con los de Bellatrix.
Iba a ser difícil tal y como acababa de decir Andromeda. Aún tenían muchas cosas en las que pensar, muchos dilemas que resolver y sobretodo mucho que planear para su futuro. Pero lo que si era cierto, era que esa vieja y rancia familia Black ya no les representaba y que ahora comenzaba a nacer otra.
