Los días siguientes el ambiente en la Mansión Malfoy fue más tenso. Bellatrix le retiró la palabra a su marido porque le culpaba del ataque de su primo a Nellie. Por supuesto Rodolphus se disculpó con la muggle a la mañana siguiente y aseguró que se había encargado de su primo. Le "interrogó" hasta descubrir que inició en solitario la búsqueda de las reliquias dispuesto a seguir el ejemplo de Grindelwald y no se lo había contado a nadie. Después terminó con él. La muggle aceptó las disculpas sin reservas, pero a la morena le importó poco. Ya no le permitía desayunar con ellas, entrenar, ni nada similar. Le dirigía las frases imprescindibles y le ignoraba cuando intentaba reconquistar su cariño. Cuando la mortífaga estaba en alguna misión, Nellie pasaba tiempo con él. Le daba pena, consideraba que no era responsable de los actos de su primo y sabía que lo había hecho con buena intención. Además no era rencorosa, había aprendido con Mr. Todd que serlo salía caro. Pero ni siquiera ella fue capaz de influir en Bellatrix para que perdonara a su marido. Tampoco es que se esforzara mucho: con que la quisiera a ella, le sobraba. Y una semana después, le demostró que así era.
Ese día, extrañamente, Bellatrix se despertó antes que su novia. Estuvo un rato acariciándole el pelo hasta que se despertó. Nellie abrió los ojos, sonrió al cerciorarse de que seguía siendo real y la besó. Le pasó un brazo por la cintura para colocarla encima de ella y la bruja se sentó sobre su cintura. Se besaron durante un rato hasta que Bellatrix paró, le acarició la mejilla y murmuró: "Feliz cumpleaños, Nell". La muggle la miró sorprendida.
-¿Cómo sabes que es mi cumple? -preguntó entrelazando sus manos con las de ella.
-Estos últimos meses he pasado más tiempo en tu cabeza que en la mía. Creo que sé cuándo es el cumpleaños de cada una de las cucarachas de tu tienda.
Nellie rió y la hizo feliz que por fin lo recordara alguien. Le dio las gracias y su compañera le preguntó qué quería hacer para celebrarlo.
-Ah, no te preocupes, nunca he hecho nada especial. No lo necesito, será el más feliz porque estoy contigo.
Bellatrix sonrió y se tumbó sobre ella para besarla. La castaña la abrazó y siguieron así varios minutos. Hasta que la slytherin volvió a incorporarse y comentó:
-Yo tampoco he celebrado nunca ningún cumpleaños, en las familias de sangre pura es de mal gusto festejar la vejez. Pero resulta que hoy me apetece. Así que podemos vaguear en la cama toda la mañana, jugar con mi varita como te gusta hacer y después comemos juntas. Esta tarde tengo que salir porque el Señor Oscuro va a regresar pronto y tengo asuntos que terminar. Pero por la noche te llevaré a cenar a un restaurante maravillosamente caro, ¿te parece bien?
-¡Claro! -exclamó Nellie emocionada- Pero ¿es seguro salir de la mansión? ¿Y si te reconocen?
-Tranquila, es un lugar un tanto oscuro en el que les interesa mi dinero, no mis antecedentes. Y si hay el más mínimo problema, los masacro a todos y solucionado.
La muggle sonrió de oreja a oreja. Por mucho que Bellatrix fuese cariñosa y protectora con ella, sus ansias de matar no habían mermado ni una pizca. A ella le daba igual. Era verdad que de niña no dispuso de tiempo ni de recursos para celebrar su cumpleaños y de adulta no había tenido con quién hacerlo. Y que la mortífaga hubiese hecho planes la hacía tan feliz que sentía ganas de llorar y saltar en la cama de emoción (probablemente dedicaría a ello su tarde de soledad).
"Y esto es una tontería...", murmuró la bruja nerviosa, "pero creí que podría gustarte...". Con un movimiento de su varita, una caja de terciopelo con un lazo negro aterrizó en su regazo. Se movió a su lado de la cama para liberar a Nellie y se la entregó. "¿Es... es para mí?" preguntó la muggle mirándola incluso con más adoración de la habitual.
-Por supuesto que sí, ¡no seas tonta! -protestó la bruja- No recuerdo la última vez que le hice un regalo a alguien, así que si pudiéramos pasar rápido por esto sin darle mucha importancia, te estaría muy agradecida.
Nellie sí que lo recordaba: el colgante de dragón que le había regalado a ella. Y antes la capa. Era evidente que la slytherin no estaba acostumbrada a dar muestras de afecto y se sentía visiblemente incómoda. Así que, sin ser capaz de decir nada, simplemente asintió. Quitó el lazo con cuidado y manos temblorosas y abrió la caja. Por dentro estaba forrada con seda negra y contenía una docena de figuras de criaturas mágicas, desde un thestral hasta un basilisco. Nellie las reconoció todas por su libro favorito. Eran extremadamente realistas: las escamas, las plumas y el pelaje de cada una parecían absolutamente reales. La bruja le explicó que solían regalarse a los niños, pero también había muchos adultos que las coleccionaban por sus propiedades mágicas. La muggle, casi con miedo a tocarlas porque era evidente que eran carísimas, no entendió a qué se refería con propiedades mágicas.
-Mira -murmuró la bruja extrayendo la figura del colacuerno húngaro.
La posó en la palma de su mano y al instante el dragón alzó el vuelo. Comenzó a recorrer la habitación rugiendo y escupiendo pequeñas llamas por sus fauces. Por suerte, estaban diseñados para no incendiar ni estropear nada. Nellie no daba crédito, parpadeó varias veces fascinada. Observó que Bellatrix no había sacado su varita.
-¿Cómo lo haces? -preguntó embobada con la figura voladora.
-No lo hago yo, coge una.
La muggle obedeció y extrajo de su compartimento el thestral. Lo colocó en su mano como había hecho la bruja y al instante la figura empezó a galopar por la cama. Cuando llegó al borde, emprendió el vuelo dejando una estela oscura tras su paso. Al entender que la magia de ese juguete funcionaba a pesar de ser muggle se emocionó aún más. Empezó a sacar el resto. A los ya liberados se les unió un fénix que de vez en cuando ardía en llamas y volvía a renacer. Después un escarbato al que Bellatrix tuvo que detener cuando se acercó a su joyero. Un unicornio trotó por todo el mobiliario, un hipogrifo se enzarzó en una batalla contra el thestral, un hada iba soltando polvos dorados a su paso... y así hasta activar las doce figuras. La mortífaga creyó que se iba a volver loca -aún más- con tantos chismes volando a su alrededor en una algarabía de rugidos y llamaradas. Pero la expresión de éxtasis de Nellie bien lo valía.
-¡Es lo más alucinante y bonito y maravilloso... y... y... y...! -empezó a exclamar la castaña sin saber cómo darle las gracias.
La mortífaga sonrió y Nellie la besó intentado ocultar sus lágrimas de felicidad. Pasaron el resto de la mañana entretenidas con el regalo. Y no fue el único. Draco le envió un primoroso ramo de rosas negras y doradas. Dolohov y Rodolphus un vestido de tul granate diseñado exclusivamente para ella. Rabastan le regaló una capa con sus iniciales bordadas igual que la de Bellatrix (lo que por fin le procuró el perdón de la castaña). Incluso Ruffy cocinó una tarta especial para ella. Ni en sus más ambiciosas fantasías había soñado con ser tan feliz.
Mientras colocaba las flores en un jarrón con agua, murmuró mirando de reojo a la bruja: "Así la habitación estará más bonita...". Bellatrix apartó la vista y cuando su novia parecía dispuesta a hacer otro comentario similar, murmuró: "No pienso repetirlo. Es lo más cursi que he dicho en mi vida porque me diste mucha pena, pero no va a volver a pasar". La muggle terminó de arreglar el ramo y se acercó a la bruja que seguía en la cama. Se sentó en su regazo, le pasó los brazos por el cuello y la miró con ojitos lastimeros.
-Pero es lo más bonito que nadie me ha dicho nunca... Y es mi cumple... Y te quiero mucho, mucho, mucho...
Bellatrix puso los ojos en blanco y chasqueó la lengua con fastidio mientras la muggle le besaba el cuello para terminar de convencerla. Y evidentemente se rindió. En voz baja le susurró al oído: "No necesitas flores bonitas, eres tú la que ilumina cualquier habitación". Nellie sintió un escalofrío de placer y un hormigueo de emoción por todo el cuerpo. Se miraron a los ojos unos segundos y después se besaron durante varios minutos. Obviamente desembocó en que ambas perdieran la ropa. Y a eso dedicaron la mañana.
Comieron pronto en la terraza de su habitación para poder echar una pequeña siesta juntas. El tiempo de estar acurrucadas en la cama era lo que más les gustaba a ambas. Por la tarde, Bellatrix le prometió que volvería lo antes posible y la llevaría a cenar. Casi no pudo irse porque Nellie la abrazó con fuerza y se negaba a soltarla. "Vuelvo lo antes posible. Ahora suelta, muggle molesta" le ordenó. "Muggle molesta te quiere mucho" aseguró la castaña besándola. La mortífaga fingió hastío pero sin lograr ocultar su sonrisa y se marchó.
Bellatrix se reunió con sus contactos en el Ministerio y con algunos de los nuevos mortífagos para saber cómo avanzaban los preparativos de la guerra. La semana siguiente volvía Voldemort y todo tenía que estar listo para la batalla. Solventó las reuniones con la mayor eficiencia posible y a las ocho volvió a aparecerse ante las verjas de la mansión. Creyó que Nellie la esperaría preparada e impaciente por salir a cenar, pero no fue así. No la encontró en las habitaciones de ambas ni en la biblioteca. Le preguntó a Ruffy y le indicó que estaba en la sala de entrenamiento. Creyó que estaría practicando con sus armas, pero también falló en esa predicción.
-¿Se puede saber qué hacéis? -preguntó la morena.
-Una carrera -respondió Nellie absorta.
Además de ella estaban Draco, Dolohov y los Lestrange. A la bruja le irritó que ni siquiera su novia se giró parar mirarla. Habían diseñado una especie de circuito en el que cinco figuras competían por llegar a la meta. La mortífaga carraspeó y le indicó a la muggle que iban a llegar tarde a cenar. Era mentira, ella no necesitaba reserva, pero ¿qué era eso de ignorarla?
-Un momento, cielo, mi thestral va ganando.
-Eres Bellatrix Lestrange -le recordó su marido sin dejar de animar a su fénix-, tú entras a donde quieras a la hora que te dé la gana.
A la bruja no le quedó otra que suspirar, apoyarse contra la pared y observar la competición. Era verdad que la alada criatura de Nellie iba ganando, pero el dragón de Draco le seguía de cerca y tras él, el pegaso de Dolohov. El fénix y el hipogrifo de los Lestrange simplemente intentaban descalificarse entre ellos. A Nellie le había encantado su regalo y había encontrado compañeros de juego. La duelista observó a sus camaradas gritando y jaleando a sus figuras. Iban a perder la guerra por estúpidos, era evidente que los críos de diecisiete años estaban más centrados que ellos. No pudo evitar comentarlo.
-¿De verdad esto es necesario? ¿No tenéis ya una edad? Ella es muggle, pero vosotros solo sois estúpidos...
-Naaah -murmuró Dolohov-. Siempre quise tener estos muñecos y mis padres nunca me los compraron porque era mucho dinero para un juguete.
-A nosotros tampoco porque eran una distracción y una pérdida de tiempo -comentó Rabastan.
-A mí sí, pero no tenía a nadie con quien jugar... -se sumó Draco resentido.
-Draco, hubiéramos jugado contigo -aseguró Rodolphus-, pero es que nos pillaste a todos en la cárcel.
"Excusas..." murmuró el rubio muy centrado en su dragón. De ahí no se movió nadie hasta que no terminó la competición. Finalmente, Nellie ganó y corrió a abrazar a la enfurruñada bruja para celebrarlo. Draco terminó segundo y Dolohov y Rodolphus empataron en el tercer puesto.
-¡No es justo! -protestó Rabastan- ¡Rod ha hecho trampas, su muñeco ha intentado asesinar al mío!
-Rab, no sabes perder, asúmelo -le cortó su hermano.
Por mucho que insistían en seguir jugando, Bellatrix se negó en redondo: con un movimiento de su varita, todas las figuras volvieron a la caja. Nellie la recogió de inmediato y la estrechó junto a su pecho. Les prometió a los magos que volverían a jugar al día siguiente. La mortífaga puso los ojos en blanco desesperada. Como Voldemort volviera y los pillara así... ojalá simplemente los matara. No obstante, le alegraba que fueran tan acogedores y simpáticos con su muggle. Volvieron a su habitación donde la castaña guardó con mucho cuidado su regalo. Después se puso el vestido que le habían regalado Rodolphus y Dolohov porque le hacía ilusión ir guapa a la cena.
-Joder... -masculló la slytherin al verla.
La prenda se ajustaba perfectamente a su cuerpo, el granate quedaba estupendo en combinación con su melena caoba y la hacía parecer poco menos que de la nobleza. Aunque para Bellatrix lo mejor fue el profundo escote que se debatía entre lo sugerente y lo obsceno. Tuvo claro que Rodolphus también había pensado en ella al elegirlo, así que en ese momento, le perdonó un poco. La abrazó y la besó durante un buen rato y llegó a plantearse pasar de la cena. No lo hizo porque sospechó que en ese caso volvería a sacar las figuritas y ya estaba bastante saturada. La ayudó a atarse la elegante capa que le había regalado Rabastan y salieron al pasillo. A los pocos metros se encontraron de nuevo con Dolohov y los Lestrange que bajaban a cenar.
Los tres le aseguraron a Nellie que estaba preciosa. Rodolphus le dirigió a su mujer una mirada de "¿A que te gusta mi regalo? Por ese escote yo me haría hetero...". Bellatrix sacudió la cabeza pero no pudo ocultar una ligera sonrisa. Los tres les desearon que lo pasaran bien y bajaron las escaleras. Ellas sin embargo se dirigieron a la última planta. La muggle la miró extrañada: por lo que ella sabía, solo podían aparecerse desde fuera de las verjas de la mansión. "No vamos a aparecernos" le aclaró la bruja. Su compañera asintió sin comprenderlo y aguantó las ganas de hacer preguntas molestas. Salieron a la azotea y con otro accio no verbal, la escoba de última generación de la slytherin voló hasta su mano. Nellie la miró con los ojos muy abiertos.
-Querías saber cómo es volar conmigo, ¿no?
Nellie asintió al instante con ojos brillantes. Cualquier otro muggle hubiese sentido miedo de surcar el cielo nocturno con un palo de madera, pero ella no mostró reparo alguno. Escuchó con atención las instrucciones de la bruja: agarrarse a ella con fuerza, mantener el equilibrio y si sentía el más mínimo temor, debía avisarla y las aparecería al instante. Volarían alto para minimizar el riesgo de ser vistas. La castaña lo aceptó todo y se colocó tras ella agarrándose con fuerza a su cintura. Bellatrix se lanzó sin dudar a la oscuridad nocturna.
Nellie nunca había sentido nada comparable: la libertad, la emoción, la adrenalina emergiendo por cada uno de sus poros... Londres parecía tan pequeño a miles de pies de altura que la hacía creer que nada importaba. Cualquier problema parecía diminuto a esa distancia. Al principio experimentó un poco de vértigo, pero sentir la calmada respiración de Bellatrix junto a su pecho la tranquilizó enseguida. Resultaba delirante la idea de haber vivido toda su vida ajena a la magia que ahora la rodeaba por todas partes. "Más vale tarde que nunca" pensó para sí misma.
-Agárrate bien, vamos a aterrizar pronto -advirtió la bruja minutos después.
A Bellatrix le gustaba volar con bastante temeridad realizando giros bruscos para acelerar sus pulsaciones. Estaba realizando un esfuerzo consciente por controlarse para no marear o asustar a su compañera. Se acercó a la azotea del rascacielos en el que estaba su restaurante favorito y redujo la velocidad con suavidad. Realizó un aterrizaje perfecto y se giró hacia Nellie -que aún temblaba de la emoción- para asegurarse de que estaba bien. Así era. Le maravillaba lo valiente (o inconsciente) que era la muggle. Le entregó su escoba al encargado que las recibió con un tembloroso "¡Madame Lestrange, qué placer verla de nuevo!". Ella le ignoró y entraron al local. La decoración coqueteaba con lo siniestro: colores oscuros combinados con cortinas y asientos en rojo escarlata, calaveras, artefactos tenebrosos y lámparas de araña de cristal de Bohemia. Sin embargo, todo tenía un toque exquisito y sofisticado que denotaba que pocos podían permitirse el cubierto. El maître, con la misma actitud servil y temor reverencial de su compañero, las guió al reservado de la bruja.
-Joer... -murmuró Nellie mirando las impresionantes vistas desde el ventanal panorámico.
Le asaltó la reacción que llevaba acompañándola todo su secuestro: aquello era demasiado, ella no encajaba ni con su deslumbrante vestido. Pero enseguida decidió rechazarla. "¡Al cuerno, me lo he ganado!" pensó satisfecha y dispuesta a disfrutar. Se sentaron a la mesa y la bruja le recomendó sus platos favoritos del menú. Mientras esperaban, no hubo silencios incómodos... de hecho, no hubo silencios: Nellie no paró de hablar. De sus regalos, del vuelo en escoba, de la decoración gótico-palaciega del restaurante... En cuanto les sirvieron la comida, hizo también pausas para valorar cada plato (todos sobresalientes). Cuando aguardaban a los postres, la bruja decidió interrumpirla.
-A ver si con esto te callas un rato... -murmuró rebuscando en su bolso.
Extrajo una fotografía y se la entregó a Nellie. Su primera reacción fue de decepción porque no se movía y ahora eso le resultaba aburrido. La imagen mostraba a un chico de unos doce años muy pulcro con un hombre y una mujer de aspecto sencillo pero cuidado. Al principio no entendió el sentido de aquello, hasta que reconoció al joven.
-¿¡Este chico es Toby!? -preguntó ojiplática- ¡Pero está muy limpio y parece más sano y se le ve muy feliz!
La bruja simplemente asintió.
-¿Cómo, cómo...?
Fue incapaz de concretar más la pregunta: cómo había llegado el pobre chico vagabundo que la ayudaba en la tienda a lucir tan saludable y satisfecho. La última vez que lo vio lo encerró en su sótano para que Mr. Todd lo matara porque descubrió su turbio secreto. Si bien ella confió en que huyera por el sistema de alcantarillado y se buscara la vida, no lo vio sencillo. La bruja entendió su inquietud y le relató la historia.
-Vi en tus recuerdos que ese crío era importante para ti. Así que le encargué a uno de mis subalternos más fieles (que yo sea la segunda de alguien no quiere decir que no disponga de mis propios secuaces) que diera con él. Lo encontró en seguida, los muggles sois mortalmente fáciles de rastrear. Malvivió como pudo con el dinero que le diste los meses que trabajó para ti y estaba de ayudante de un zapatero. Teniéndolo a él, a mí compañero le costó poco realizar un hechizo localizador de sangre por si tenía algún pariente. Resultó que sí. Encontró a sus padres.
-¿¡En serio!? ¿Toby tenía familia? ¡Pero si se crió en un orfanato! ¿Por qué le abandonaron?
-Cuando lo tuvieron ambos eran muy jóvenes y muy pobres, no les quedó otra que dejarlo en el hospicio con la esperanza de que lo cuidaran mejor. La verdad es que seguían siendo muy pobres, pero resulta que a ambos les ha salido trabajo en una empresa automovilística (sea lo que sea eso) y su situación ha mejorado notablemente. Un día fueron al zapatero donde trabajaba su crío y, como ves en la foto, es igual que su madre. Reconocieron a su hijo y recuperaron su custodia. Ahora viven en un buen piso, tienen trabajos dignos y el crío va al colegio como los niños normales.
Hubo un minuto de silencio para procesar la información. Era evidente que nada en aquella historia había sido casualidad.
-¿A cuántas personas habéis hechizado, amenazado y torturado para lograrlo? -preguntó Nellie con un hilo de voz.
La bruja se encogió de hombros y murmuró: "No sé. Una o dos docenas. Pero mi compañero los desmemorizó a todos y yo a él, no hay pruebas de nada". No dio más datos. Ya había dedicado demasiadas horas a esas banalidades. Si cualquiera se enteraba del tiempo y recursos que había invertido Bellatrix Lestrange en reunir a una familia muggle supondría su caída. Sin poder contenerse, Nellie se levantó, se sentó en el regazó de Bellatrix, hundió la cara en su hombro y la abrazó entre lágrimas. "Gracias, gracias, gracias", susurró entre hipidos, "No sé qué decir, no sé... No me merezco... Yo nunca podré hacer nada por ti...".
-Nunca te pediré que hagas nada, solo quiero que estés conmigo.
-Siempre. Te lo prometo. Daría mi vida por ti, Bella.
-Hay otra cosa que no te va a gustar tanto...
Nellie se secó las lágrimas y la miró.
-Hubo que borrar sus recuerdos de ti. No nos podemos arriesgar a que les cuente a sus padres (ni a nadie) que os dedicabais a hacer empanadas con carne humana. Lo siento, sé que lo querías, pero...
-Pero prefiero que sea así -aseguró la muggle-. Claro que le quería, pero no quiero hijos, amigos, ni a nadie en mi vida que no seas tú. Sé que es un amor ciego, loco, absurdo o lo que digan los psicólogos, pero solo te quiero a ti.
-Yo también, muggle molesta -aseguró la bruja besándola-. ¿Qué son los psicólocos?
La castaña se echó a reír aún con lágrimas de emoción. "Qué mal habláis los magos..." comentó feliz de poder devolvérsela. Le explicó que eran el equivalente muggle a los sanadores de almas. La bruja asintió y en ese momento apareció el postre. En ese reservado la comida no la traían sino que aparecía; Bellatrix intentaba minimizar al máximo sus relaciones humanas. Nellie guardó con cariño la foto de Toby y volvió a su asiento para terminar de cenar. Después, disfrutaron de las vistas unos minutos y subieron a la azotea. Por mucho que les gustara haber salido de la mansión por ocio y no por trabajo, sabían que resultaba peligroso. Era hora de volver para poder celebrarlo de verdad en su cama.
Mientras surcaban de nuevo la noche londinense, la castaña besó a la bruja en la mejilla y murmuró: "Gracias, Bella. Por todo. Ha sido el segundo mejor día de mi vida". Obviamente su compañera le preguntó cuál fue el primero.
-El día en que me salvaste de morir quemada; después de morir acuchillada y segundos más tarde de morir asfixiada. Y luego me observaste cuando estaba desnuda en el baño.
A pesar de lo macabro -y cierto- del comentario, la duelista no pudo evitar reír. Nellie sonrió también. Por muchas penurias que hubiese vivido, todo había valido la pena si la recompensa final era su bruja. Cuando por fin aterrizaron en la azotea de la mansión Malfoy, Nellie seguía sintiendo la inyección de adrenalina. Besó a la duelista que respondió con ansiedad y poco le faltó para consumar in situ. Pero decidió que ya que habían aguantado tanto, podían llegar hasta sus habitaciones. Blasfemó en voz alta cuando ya en el pasillo correcto, casi rozando la privacidad, se cruzaron a su marido.
-¿Qué tal ha ido la cena?
-Muy bien -contestó la slytherin con sequedad abriendo su puerta.
-Un momento -la frenó él-, ¿tendrías la bondad de acompañarme un minuto, Eleanor, antes de practicar sexo con mi esposa?
-¡Tu esposa necesita practicar sexo en este preciso momento! -le espetó Bellatrix empezando a enfurecerse.
-Podrás aguantar un poco, querida -respondió su marido con calma.
Viendo que el clima amenazaba con nublarse, Nellie tranquilizó a su novia prometiéndole que volvía enseguida y acompañó al mago. No obstante, eso sí que le dio miedo. Por muy gay y comprensivo que fuese Rodolphus, sabía que también era muy protector con su mujer. Por su parte, Bellatrix entró a su habitación y se planteó solventar sus necesidades con sus propias manos. Decidió darle cinco minutos a Nellie. Se quitó la ropa, se puso un camisón que dejaba poco a la imaginación y se sentó en la cama impaciente. Odiaba esos momentos de soledad porque los pensamientos angustiosos sobre su relación y Voldemort la acosaban con fuerza. ¿Qué sería de Nellie después de la guerra? ¿Voldemort le permitiría conservar su vida? La respuesta era un no rotundo, tendría que esconderla y odiaba mentir a su Maestro, pero si era la única forma...
-¡Al fin! -exclamó cuando Nellie volvió.
No le interesó ni saber qué quería su marido. Corrió hacia ella, le pasó los brazos por el cuello y la besó mientras la acercaba a la cama. Le quitó las botas y las medias mientras le besaba el cuello y cuando iba a deshacerse del vestido, la muggle la frenó.
-¡Mira! -exclamó enseñándole su mano eufórica- ¡Me ha regalado el anillo que me contaste que está unido al tuyo! Me he negado porque me parece demasiado, pero dice que a vosotros nunca os ha funcionado. Así que prefiere que lo tenga yo y se lo devuelva si decido dejarte. ¡Mr. Rod es un cielo!
-Vaya... -murmuró Bellatrix sorprendida- Sí que ha sido un detalle por su parte... Está bien, le perdonaré -aseguró mientras volvía a besarla.
-¡Ponte el tuyo!
-Mañana me lo pongo, Nell, ahora necesito... -continuó sin dejar de mordisquearle el cuello.
-Sí, sí, ahora follamos, ¡pero póntelo antes, por fa! Me hace mucha ilusión probarlo...
La mortífaga suspiró con desespero. Aún así, se separó de ella y se fue a su vestidor a buscar al anillo gemelo mientras asumía que esa noche se quedaba sin sexo. Nellie aprovechó para ponerse también un camisón más decorativo que abrigado. Escuchó a la bruja abriendo cajones y al poco volvió con la joya.
-A ver, se trata de pegarlo a tu piel y pensar en la otra persona a la vez, no sé si hay que hacer algo más o...
No pudo terminar porque al instante ambos diamantes empezaron a brillar y a resplandecer en un despliegue infinito de colores que se proyectaron por la habitación. Ambas sintieron un profundo afecto y fascinación pero muy extraño, como si se estuvieran viendo desde fuera o desde los ojos de la otra. Para Nellie fue más intenso que el día en que descubrió la magia; para Bellatrix fue más intenso que el día en que juró lealtad a su maestro. Ninguna fue capaz de expresar nada, simplemente se miraron en silencio. Cuando por fin pudo reaccionar, la bruja cogió su varita y murmuró un encantamiento sobre la mano de su novia. Aparentemente no sucedió nada.
-Lo he hechizado para que a ojos del resto parezca una alianza normal, puedes decir que es la de tu difunto marido. No podemos arriesgarnos a que alguien sepa lo que es y lo descubran. Así podrás llevarlo siempre.
Nellie asintió pensando que hacía horas que el concepto "felicidad" se le había quedado pequeño. "Vale, deja tu palo mágico" murmuró quitándole la varita a la bruja y colocándola en su mesilla. A cualquier otro, la mortífaga le hubiese cortado la mano. A ella se lo permitió, pero frunció el ceño.
-Me has organizado el cumpleaños más maravilloso del mundo y pienso agradecértelo como es debido.
Sin darle tiempo a responder, la abrazó y la besó con fuerza. La empujó a la cama y se sentó sobre su cintura. Al rato pasó de su boca a su mandíbula y luego a su cuello sin dejar de besar y mordisquear con deseo. "Joer, nena, me encanta tu piel", susurró Nellie en una pausa, "Siempre está fría y suave". A pesar de que era un cumplido un tanto confuso, Bellatrix sonrió y gimió con suavidad. La muggle continuó el camino por sus clavículas y el pecho hasta llegar al escote. Como estaba demasiado ansiosa incluso para quitarle el camisón, empezó a chupar y a recorrer con los dientes la parte superior de los pechos. Al poco apretó con ambas manos por encima de la tela para que las tetas sobresalieran más y pudo succionar y retorcer sus pezones con absoluto placer. Bellatrix seguía revolviéndose debajo de ella gimiendo con los ojos cerrados.
-Has sido una mortífaga mala y me has secuestrado... -susurró Nellie en su oído- ¿No crees que debería vengarme?
-Si tú lo dices... -respondió la slytherin que apenas recordaba ya su nombre.
-Cielo, me pone más que digas que no.
Comprendiendo lo que quería su amante y siempre dispuesta a jugar con su comida, la bruja la miró con su habitual mueca de burla y superioridad y rectificó:
-En absoluto. Eres una estúpida muggle (con buenas tetas, eso no te lo niego) cuya única función es ser mi juguete y satisfacer mis necesidades.
Nellie sintió cómo su ropa interior se humedecía con una rapidez alarmante. Sin liberar el cuerpo de Bellatrix de debajo del suyo, desató las cortinas del dosel y usó el fino cordón dorado que las sujetaba para atarle las manos. La slytherin se retorció para evitarlo sin mucho éxito mientras pensaba que muggle o no, su novia era una mujer de recursos. "¡¿Qué crees que estás haciendo, estúpida muggle?!" gritó la mortífaga revolviéndose. "¡Estate quieta, bruja, tengo que atarte para asegurarme de que no intentas nada!" respondió la castaña. La morena siguió resistiéndose. Para fijar sus brazos sobre su cabeza, Nellie se había inclinado sobre ella y su maravilloso escote quedaba a escasos centímetros de su cara. Bellatrix estaba disfrutando las vistas.
Cuando al fin consiguió su objetivo, Nellie volvió a sentarse sobre su cintura y la contempló. Tener inmovilizada e indefensa a la que consideraba la bruja -y prácticamente la persona- más poderosa del mundo la excitaba enormemente.
-Suéltame ahora mismo -le espetó Bellatrix- o te juro que te mataré a... a todos los muggles, tú estás demasiado buena para matarte, pero el genocidio será culpa tuya.
-No creo que estés en posición de amenazarme, amor -murmuró Nellie sonriente acariciándole el escote-. Pese a ser la bruja más poderosa del mundo, resulta que al final solo eres el juguete de una simple muggle... ¡Y ahora vamos a ver si te has puesto unas bragas bonitas para que tu dueña disfrute! -exclamó alegremente.
Mientras la bruja se retorcía y la insultaba sin lograr ocultar la excitación de su voz, introdujo ambas manos bajo su camisón y se lo fue subiendo con lentitud sin dejar de sobarle los muslos. Las bragas eran de encaje morado oscuro y estaban casi tan empapadas como las de Nellie. Así que quedó bastante satisfecha. Acarició la zona por encima de la prenda. Bellatrix cerró los ojos intentando controlar su ansiedad. Lo último que quería la muggle era hacerla esperar. La iba a desnudar cuando se dio cuenta de que al tener las manos atadas no iba a ser fácil. Le dio rabia no poder hacerlo con magia como su novia.
-¿Algún problema, amor? -preguntó Bellatrix con una sonrisa burlona.
A Nellie le costó pocos segundos encontrar la solución. Introdujo la mano bajo la almohada de la bruja y extrajo uno de sus puñales. Sonrió orgullosa y le colocó le cuchillo en el escote. No tuvo paciencia para más juegos: comenzó a desgarrar la tela. Al llegar a la cintura se dio cuenta de que el camisón era muy caro. Frenó. "Eh... Esto se puede arreglar con magia, ¿verdad?" preguntó nerviosa. La mortífaga no pudo evitar sonreír con cariño y asintió. Nellie continuó hasta desnudarla y la contempló de nuevo embobada durante unos segundos. Seguidamente, se acomodó sobre su cuerpo y dejó que su lengua disfrutara jugando con los pechos de su novia. Mientras succionaba los pezones bajó una mano a las bragas y la introdujo trazando círculos en la zona. La bruja cerró los ojos y gimió.
"Nellie, me rindo, no puedo más" susurró avergonzada. Normalmente controlaba bien sus instintos, pero aquello estaba siendo demasiado. La castaña no necesitó más, no iba a hacerla sufrir después del mejor cumpleaños del mundo. "No te preocupes, tu adorable muggle se encarga de ti" aseguró mientras le quitaba las bragas y se colocaba entre sus piernas. Con poco esfuerzo, Bellatrix liberó las manos y las hundió en la melena de su muggle que chupaba el clítoris y le introducía los dedos con maestría. Estaba orgullosa de lo bien que se le daba, era algo innato. Tardó poco en lograr que se corriera. Después se besaron y la bruja le devolvió el favor haciendo que definitivamente aquella fecha pasara a la historia como una de las mejores de sus vidas.
