Al salir de la taberna notaron cómo el mal tiempo había arreciado. Las gotas de aguanieve que caían desde primera hora de la mañana parecían cristales de hielo al impactar contra sus pieles. Las chicas se cubrieron el rostro con sus gruesas bufandas hasta que solo se podían apreciar sus ojos. Tanto Ron como Harry las imitaron, además de levantar las solapas de sus respectivos abrigos intentando parar el gélido viento que los azotaba.
El conjunto de estudiantes comenzó su vuelta a Hogwarts a la hora acordada. Encabezándolos se encontraba el profesor Slughorn y cuidando de que no se quedase ningún rezagado en el pueblo les seguía Hagrid el guardabosques. Los alumnos iban formando pequeños grupos mientras andaban por el camino que les llevaba de vuelta al castillo, aunque debido al mal tiempo su visión quedaba muy reducida. Por ese motivo Harry y sus amigos solamente podían ver a Katie Bell y a Leanne pues marchaban a unos metros por delante de ellos. Las muchachas parecían discutir durante el trayecto, algo que llamó la atención de Potter. Antes de poder descubrir el motivo de la pelea las chicas giraron por una de las curvas del camino desapareciendo de su vista.
- ¡No es asunto tuyo! - Gritó Katie.
Harry apretó el paso hasta volver a verlas. Ambas parecían estar forcejeando por un objeto.
- ¿Qué está pasando? - Preguntó Lavender que se encontraba justo detrás de él.
Leanne intentaba quitarle un paquete a Katie aunque ésta se resistía con todas susfuerzas. Al final el objeto cayó al suelo y lo que ocurrió a continuación dejó sin aliento al grupo de escolares.
Katie se elevó en el aire poco a poco, con los brazos extendidos. Su cabello se movía debido al viento cubriéndole gran parte de la cara. Por lo que se podía apreciar parecía inconsciente o en una especie de trance, con los ojos cerrados y el gesto inexpresivo. Harry, Ron, Lavender, Hermione y Leanne no podían apartar la vista de ella, presentían que algo malo estaba sucediendo. Cuando se encontraba a dos metros de altura Katie emitió un chillido desgarrador. Abrió los ojos con expresión de autentico terror, lo que estaba experimentando debía de ser horrible por la forma en la que gritaba. Leanne comenzó a gritar también, asustada por lo que le estaba pasando a su amiga. Como un acto reflejo se colgó de los tobillos de Katie, intentando que volviese al suelo. Harry y Ron corrieron hasta ella e hicieron lo mismo. La chica finalmente cayó a plomo encima de ellos mientras se retorcía por el dolor. Su cuerpo era zarandeado por una fuerza invisible, como si algo la poseyese. Por más que los chicos intentaban controlar los espasmos de la joven éstos eran demasiados violentos. El viento y la nieve no les dejaban ver y parecía que los otros estudiantes estaban a bastante distancia de ellos. Fue entonces cuando Lavender comenzó a andar hacia el final del camino mientras gritaba el nombre de Hagrid de manera desesperada. Hermione por su parte seguía en el mismo lugar, paralizada por la escena que estaba presenciando. Sospechaba que se trataba de magia oscura muy poderosa. Finalmente llegó Hagrid con Lavender, que preocupado por los gritos había echado a correr hacia ellos.
- ¡Apartaos! - Gritó al llegar.
- Le ha pasado algo, no sé el que... - Balbuceo Leanne entre lágrimas.
Ron y Harry se apartaron de la chica, la cual yacía en el suelo inconsciente después de sufrir las violentas sacudidas.
- Le han echado una maldición - Explicó Harry mirando al medio gigante.
El hombre recogió del suelo a la muchacha, en sus enormes brazos la chica parecía una simple rama quebradiza.
- Ha ocurrido cuando se abrió eso - Logró decir Leanne mientras señalaba el objeto tirado en el suelo.
Ron y Harry se quedaron mirando el paquete parcialmente abierto que yacía en la nieve. A todos les llamó la atención la luz verdosa que irradiaba.
- Tocad solo el envoltorio - Ordenó al ver como los niños se interesaban por él.
Lavender abrazó a Leanne pues ésta no dejaba de sollozar por lo ocurrido.
Con sumo cuidado recogieron el extraño paquete y se apresuraron en volver a Hogwarts.
- No sé cuando lo recibió, solo sé que al salir de Hogwarts no lo llevaba consigo - Explicó Leanne ante la profesora McGonagall.
La mujer volvió a mirar el collar de plata y ópalos que habían colocado en la mesa de su despacho.
- Sólo me dijo que era importante que lo entregara - Prosiguió la joven intentando guardar la compostura aunque se sentía terriblemente perturbada por lo ocurrido.
Katie había sido llevada con celeridad a la enfermería. Tras examinarla Madame Pomfrey había dictaminado que debía ser trasladada a San Mungo para recuperarse por completo.
- ¿A quién? - Preguntó Minerva.
- Al profesor Dumbledore - Confesó Leanne mientras Lavender le acariciaba la espalda intentando reconfortarla.
En el despacho también se encontraban Harry, Ron y Hermione como testigos de lo ocurrido.
La profesora asintió sin ocultar su preocupación.
- Muy bien Leanne, puede irse a la enfermería con la señora Pomfrey. Ella le suministrará algo para los nervios.
La joven salió de la estancia mientras las lágrimas surcaban su rostro.
McGonagall posó su vista en el grupo de jóvenes.
- Porque será que cada vez que pasa algo siempre están ustedes en medio.
- Créame profesora, llevo haciéndome esa misma pregunta seis años - Se quejó Ron.
- Y ahora también la señorita Brown se ve envuelta - Apuntó la mujer al darse cuenta de la nueva incorporación al trío de oro.
En ese momento el profesor Snape entró en el despacho.
- Severus - Al decir su nombre parecía que la profesora se sentía aliviada, como si no quisiese cargar con toda la responsabilidad de ese hecho.
El hombre caminó con paso firme ignorando a los estudiantes, se colocó al lado de la mesa y comenzó a examinar el objeto con ayuda de su varita. El collar flotaba en el aire mientras un concentrado Snape lo escrutaba.
- ¿Qué opinas? - Preguntó la mujer mientras lo observaba.
- Opino que la señorita Bell tiene suerte de seguir con vida - Dictaminó el profesor sin apartar la vista del objeto maldito.
- Estaba hechizada, Katie no haría daño a una mosca - Interrumpió Potter - Si le iba a entregar eso al profesor Dumblendore no era a sabiendas.
- Sí, estaba hechizada - Confirmó McGonagall con pesar.
Severus dejó que el collar reposase de nuevo en el estuche de cuero negro que lo protegía. Éste a su vez había sido envuelto con un papel marrón fijado con un simple cordel blanco.
- Ha sido Malfoy - Dijo Harry con el semblante muy serio.
Hermione y Ron lo miraron sorprendidos.
- Esa es una acusación muy seria Potter - Recriminó la profesora.
- Sin duda, ¿tiene pruebas? - Preguntó Severus.
- Simplemente lo sé - Respondió el chico sin amedrentarse por la oscura mirada de su profesor.
- Tú lo... sabes. Una vez más me asombra con sus dotes Potter, dotes que los meros mortales sólo pueden soñar con poseer. Que grande debe de resultar ser el elegido - La acidez con la que dijo la última de las palabras sorprendió a la mismísima McGonagall.
- ¿Habéis visto algo raro en el pueblo? - Preguntó la profesora tratando de que los alumnos recordasen algún detalle que les permitiese recabar más información - ¿Alguno de vuestros compañeros actuó de manera extraña o se ausentó?
En ese momento Lavender agachó la mirada, algo rondaba su cabeza pero no quería decirlo.
- Señorita Brown, ¿quiere compartir algo con nosotros? - McGonagall se acercó a ella y Severus la imitó.
Por el lenguaje no verbal de la muchacha sabían que había algo que prefería callar. La joven negó con la cabeza evitando todo contacto visual con los adultos.
- Yo... no es nada - Titubeó mientras se agarraba las manos.
- Cualquier detalle nos sería de gran ayuda - Prosiguió la mujer.
Lavender levantó la vista hasta encontrarse con los ojos verdes de la profesora. Evitó mirar al profesor Snape pues desde siempre le había intimidado.
- Hermione desapareció nada más llegar al pueblo - Confesó la muchacha.
Granger abrió los ojos sorprendida por esa velada acusación.
- ¡Fui a comprar a "La casa de las plumas"! - Se apresuró a decir mientras elevaba la voz. No podía creer la traición de su compañera.
- Pues desapareciste por demasiado tiempo, ya estaba a punto de salir Harry a buscarte - Le recriminó Lavender molesta.
- ¡Y qué! No tengo porque pasar el día viendo cómo te besuqueas con Ron - Las palabras de Hermione salían por su boca sin ningún tipo de filtro.
- Además, apareciste con unos paquetes muy parecidos al de Katie - La mirada de Lavender era de odio por el anterior comentario de la joven - Incluso mencionaste que eran un regalo.
Severus se interesó al escuchar eso, era posible que Hermione llevase consigo algún objeto maldito. La preocupación que sintió al pensarlo le dolió en el pecho.
- ¿Dónde están esos paquetes señorita Granger? - Preguntó el hombre aproximándose a Hermione cubriéndola con su sombra.
La muchacha los sacó de su bolso. En forma y tamaño se parecían al que contenía el collar. Incluso estaban envueltos de forma muy similar aunque Severus sabía que gran parte de las compras que se realizan en Hogsmeade eran preparadas así al dárselas a los compradores. Sin ninguna delicadeza arrancó de sus manos los dos artículos.
- Son sólo unos cuadernos - Justificó la chica perturbada por la forma en la que todos parecían mirarla.
De nuevo esas miradas acusatorias, las mismas que tuvo que soportar tras el duelo con Malfoy. Sentía que volvía a hervirle la sangre como en aquella ocasión.
Snape dejó los paquetes en la mesa y con su varita fue desenvolviéndolos. También los hizo levitar para examinar con detalle todas las partes de los mismos. Uno era una simple libreta pero el otro parecía un cuaderno de gran valor. Le sorprendió ver algo así en las manos de una simple alumna.
- ¿Este es el regalo? - Preguntó señalando el cuaderno de piel y apliques metálicos mientras escrutaba el rostro de Hermione.
- Sí, el señor Dawn me lo dio - Confesó la chica con vergüenza pues sabía que ese objeto era muy valioso.
- No debería aceptar regalos de tan alto valor de adultos que apenas conoce - Advirtió el profesor preocupado por las intenciones que ese mago pudiese tener.
- ¿Están hechizados? - Preguntó la profesora McGonagall con preocupación.
- No, están limpios - Respondió el hombre tomando conciencia de que no se encontraba a solas con la señorita Granger como hubiese preferido.
- Menos mal - De nuevo la mujer parecía reconfortada por contar con la ayuda de Severus.
- ¿Sólo me has acusado porque no estuve con vosotros en el "Tres Escobas"? - Preguntó directamente Hermione a Lavender pues sospechaba que tenía algo más contra ella.
- Bueno... además lees ese libro - Se justificó la joven con soberbia pues todavía pensaba que ocultaba algo turbio.
- ¡¿Has registrados mis cosas?! - Hermione volvía a estar fuera de sí, de haber tenido su varita en mano la hubiese atacado.
- No me hace falta, RoRo me lo cuenta todo - Respondió la chica orgullosa de que no existiesen secretos en su relación.
Hermione sintió como esa revelación la desgarraba por dentro. Esa tarde en la biblioteca después de haber hecho las paces con Ron había vuelto a confiar en él. Le había contado que tenía ese libro en su poder, hasta ese momento el único que lo sabía era Harry. De nuevo se daba cuenta que su amistad estaba rota, ya nada volvería a ser como antes. La mirada que Granger le dedicó al joven Weasley era de absoluta decepción.
- ¿De qué libro habla? - Preguntó la mujer mientras se colocaba en medio de las dos chicas al ver lo agitadas que se encontraban.
- "El poder de la sangre" escrito por Salazar Slytherin - Soltó Brown como si no necesitase nada más para destruir la buena reputación de su compañera.
Severus se aclaró la garganta, ya conocía la sorprendente lectura de su alumna pero esperaba que ésta supiese justificar el interés por tan aciago libro.
- Sólo estoy reuniendo información - Dijo Hermione mientras negaba con la cabeza, haciendo que su elásticos rizos bailasen ante su rostro - Señora McGonagall usted sabe que es así.
Snape se sorprendió por las palabras de la joven, ¿que tenía que ver la profesora en todo eso?
- ¿Minerva? - Preguntó el hombre intentando averiguar porque decía tal cosa la niña.
Un suspiro se escapó de los labios de la mujer.
- Me temo que yo animé a investigar a la joven Granger sobre algunos asuntos de índole mágica - Reveló intentando no dar demasiados detalles - Supongo que ella ha seguido esa investigación hasta llegar a libros de cuestionada honorabilidad.
- Sólo los Mortífagos leen eso - Prosiguió Lavender llevada por el odio.
- ¡Silencio señorita Brown! No quiero escuchar su irritante voz durante lo que queda de día - La interrumpió Snape alzando el tono.
Ya estaba cansado de las absurdas acusaciones de la joven, veía que todas ellas eran únicamente motivadas por los celos que sentía hacia Granger y por el extraño triángulo amoroso que parecía existir entre las dos y el menor de los Weasley. Sin interesarle lo más mínimo la situación sentimental de ninguno de los tres decidió que ya era suficiente, no quería que la palabrería de la rubia interrumpiese sus pensamientos.
- Váyanse a sus habitaciones - Pidió la señora McGonagall al ver el alterado estado del profesor - Severus y yo debemos hablar a solas.
Harry fue el primero en ponerse en marcha, estaba seguro que Draco estaba detrás de la maldición asesina destinada a Dumbledore y hallaría la forma de probarlo. Lavender agarró la mano de Ron para salir juntos de allí mientras el muchacho miraba a Hermione con un gesto de súplica, sabía que su amiga no le perdonaría fácilmente el que le contase lo del libro a su novia. Hermione fue la última en salir de la habitación, se sentía decepcionada y muy frustrada. Antes de poder irse Severus se lo impidió sujetándola por el brazo, deteniendo por completo su paso.
- El hecho de que su compañera de casa le acuse de tales cosas dice mucho de la imagen que los demás tienen actualmente de usted señorita Granger - Le susurró mientras la chica lo miraba a los ojos como los animales asustados miran los faros de los coches antes de ser atropellados.
Era la primera vez que la tocaba, la primera vez que sentía su firme mano sobre su ropa. Tragó saliva nerviosa por esa invasión de su espacio personal. Severus Snape era el hombre más correcto que conocía y ese gesto impulsivo de su parte la dejó sin habla.
- Déjela Severus, yo te explicaré todo lo que necesitas saber - Dijo Minerva al ver el semblante asustado de la joven.
En cuanto el hombre la liberó salió de allí con paso apresurado. Hermione prefería al Severus que había conseguido vislumbrar en el despacho de la clase de DCLAO, el que lograba disfrutar de la música. O al Severus compasivo que la había consolado en su despacho cuando cedió al llanto tras el duelo con Malfoy. El Severus que en esos momentos había presenciado le causaba autentico pavor. Inflexible e intransigente, frío como un tempano de hielo... a excepción de ese gesto tan inadecuado al agarrarla. Por otro lado ese regaño sobre aceptar regalos de desconocidos le había llamado la atención, si no fuese porque era completamente imposible la muchacha comenzaría a pensar que ese hombre realmente se preocupaba por ella.
