Ambas regalías caminaron sigilosamente hacia la entrada, aún no estaban seguros si iban a improvisar o seguir el pequeño y simple plan de Ameni, de todas maneras, quien dirigía los movimientos era Yato, era él al quien le caía el peso en hombros.
—¡Bien, hagámoslo! —exclamó en un susurro el dios.
—¡Espera, ni siquiera nos dijiste que haríamos! —dijo Hikari de la misma manera susurrante.
—¡Basta, por favor! —los ojos de la peliblanca se tornaron rojos como la última vez —Seguiremos mi maldito plan.
Hikari mostró una mueca de dolor... era cierto, Ameni no sabía lo que le causaba a la semidiosa al no controlar sus emociones.
—¿P-puedes... controlarte un poco por favor? —tartamudeó la ojiazul haciendo presión en su pecho para intentar disminuir el dolor que sentía.
Ameni solo gruñó y desvío la mirada.
—Está bien, sólo porque ya vamos a llevar a cabo el plan...
Los guardias se pusieron a la defensiva, volteando hacia dentro de la celda, parecían en realidad bastante fuertes y habilidosos… ¿o no era así?
—¡Yukine, Ameni! ¡Ahora! —indicó Yato.
—¡Sí! —respondieron ambos.
Al momento de comenzar a correr para distraer a los que los vigilaban, Yato y Hikari se escabulleron, aunque Ameni se cansó en poco tiempo debido a su mala condición atlética.
—Maldición... mi hermanita sí lo hubiera logrado ¿por qué yo no? —murmuró Ameni —¡¿Uh?!
—¿¡Qué pasa!? —preguntó el rubio.
—No lo sé... no recuerdo lo que acabo de decir ¿tú lo oíste? —cuestionó y Yukine asintió.
—Dijiste algo sobre tu-... —trató de decir la regalía.
—¡Ustedes no deben salir! —dijo uno de los guardias.
Los dos no dijeron nada más. El otro guardia se acercó a su compañero y cuando los tenían del lado derecho de la reja, Hikari se abalanzó a tirar los barrotes junto con Yato.
—¡Allahu Akabar! —gritó la ojiazul al momento de dar la patada con la que derrumbarían la reja.
—¿Qué significa eso? —preguntó agitado el dios.
—Ahora no... —dijo jadeando la muchacha pelinegra comenzando a correr seguida por Yato.
—¿Hasta cuándo los llamaremos? —preguntó Hikari mientras corría a la par de Yato.
—Hasta que estemos lo suficientemente lejos, o hasta que aparezca algún ayakashi. —respondió él —Como ese.
Había un ayakashi, demasiado grande que tenía una forma indefinida y una máscara en donde parecía estar la cara.
—¡Yukki!
—¡Sekki!
[...]
Kofuku estaba junto a Hiyori recostada en su cuarto mientras que Daikoku estaba preparando té en el piso de abajo.
La pelirrosa recordaba la primera vez que visitó la casa de su amiga, en ese momento, Hiyori tenía 22 años y la pequeña Hikari tan solo tres. La oji-morada le había comentado que sus padres habían fallecido en un accidente y como su hermano estaba fuera del país ella heredó la casa cuando casi cumplía veinte. Ahora, Hiyori contaba con 33 años, y decidió que en vez de estudiar trabajaría en una cafetería.
Aunque, ella no ha ido a trabajar.
De pronto, Hiyori comenzó a removerse entre las cobijas y a murmurar cosas casi inaudibles para Kofuku, pensó que se trataba de una pesadilla, no le extrañaba que ella estuviese preocupada y con miedo.
—Kanae… —fue lo que escuchó la diosa antes de que Hiyori comenzara a gimotear y balbucear que ésta había muerto.
—Hiyorin. —la llamó sacudiéndole el hombro para despertarla.
—¡N-no! —jadeó y se sentó en la cama agitada.
—¿Qué sucede? —cuestionó la pelirrosa, notablemente preocupada.
—A-Ameni-chan... —decía Hiyori, no quería que se le olvidase —Nombre real, árbol genealógico...
—¿Qué pasa? —volvió a preguntar.
—¡Ahora todo encaja, d-debo buscar el árbol!
—¿Árbol?
—Por aquí debe estar... —dijo mientras buscaba algo en los cajones —¡Aquí está!
—¿Qué es eso? déjame ver...
[...]
Los tesoros divinos se dirigieron a sus respectivos amos, ambas espadas a Yato y la katana a Hikari.
» ¡Oye Yato ¿qué haces?!«dijo Yukine
—Vamos a destruir a ese ayakashi.
» Pero los guardias... «
—Ellos no importan ahora… —respondió Yato —¡Vamos!
Hikari saltó y atacó directamente al ayakashi y éste cayó, Yato se quedó boquiabierto, ella poseía una fuerza descomunal y al hacerlo con la katana le cortó el cuello a la bestia y se cayó la máscara, la cual al estar en lo más alto del ayakashi, se rompió al llegar al suelo.
Ella bajó lentamente de donde estaba, ahora era diferente, ya no había rastro de heridas en su cuerpo. Sus ojos brillaban y sus pupilas ahora eran parecidas a las de un felino, era como la viva imagen de Yato en su pasado.
—¿Qué te pasa? —preguntó el dios notándolo anterior.
—¿De qué? —ella alzó una ceja.
—E-estas…
—¡Están ahí! —exclamó uno de los guardias para avisar a su compañero.
Hikari gruñó, corrió hacia los guardias y les cortó la cabeza a ambos de un solo movimiento, no tubo remordimiento alguno.
—Vámonos... si nos quedamos más tiempo aquí, nos da hambre y comemos algo de este lugar moriremos. Regresa Yukine.
—Regresa Ameni.
Los dos volvieron a su forma humana, ahora solo nos quedaba salir y aclarar las cosas. Caminaron hasta llegar a un portal color violeta, parecido al que se los había tragado.
—¿Entramos? —preguntó temerosa la shinki.
—Sí… —respondió el dios y entró al portal seguido por los demás.
Al salir, parecía que estaban en el olimpo. Un espacio amarillo con varias sombras de dioses.
—¡Han escapado! —exclamó uno.
—Tranquilícense, sólo queremos hablar —habló Yato y le hizo una seña a la ojiazul para que continuara, a lo que ella asintió.
—Yo… la verdad, no sé lo que está sucediendo aquí, lo único que sé es que están atrás de mi para que no los perjudique —dijo Hikari haciendo comillas con sus dedos la última frase —Únicamente quiero que dejen de estar jodiéndome ¿está bien?
—¡No podemos, nosot-…!
—Terminaré haciéndolo y los mataré con toda la autoridad del mundo, literalmente —amenazó con una mirada fría.
—¡Déjense de peleas! Si es lo que ella quiere, entonces antes de que lo consiga destruiremos todo lo que ama.
—Bien, entonces destruirán todo lo bueno del mundo, porque eso es lo que amo... ustedes "los grandes dioses" destruirán lo bueno, y el mundo se irá a la mierda —contestó Hikari —Pero es su decisión.
—Tu inteligencia es notable, chica. ¿Pero qué sucede con la profecía? —preguntó el que parecía ser más sabio.
—¿Esa profecía tiene fecha exacta? —en vez de contestar, la pelinegra toma la oportunidad de preguntar aquello para argumentar la respuesta que daría.
—No es dicha directamente, pero interpretándolo sucedería justo hoy al anochecer.
—Pues, se los aseguro… —Hikari puso una mano en el corazón y la otra la levantó —No sucederá, pero, con todo el revuelo que han hecho mucha gente ya los habrá visto.
—Ese es el primer paso para que seas la más reconocida… —dijo un poco menos confiado, llegando a notarse un poco de enfado.
—¿Se dieron cuenta que todo esto fue por ustedes? —comenzó a hablar bajando las manos y mirándolos con ironía —Ha pasado como en las películas, todo lo que se intenta para que no suceda algo termina haciéndolo porque era lo predicho. Además, utilizaron la fuerza bruta en vez de hablarlo, ¿se pondrían a pensar que pude haber accedido, pero ahora que lo saben me negaría como toda buena mujer que dice "no, ya no quiero"? No sucederá, siempre va a haber alguien que crea en ustedes, no falta la gente necia y orgullosa que no deja sus creencias budistas o cristianas, aunque venga el mismísimo Quetzalcóatl. Por cierto, ustedes son los más reconocidos aquí, ¿acaso lo han hecho por celos?
Todos quedaron en silencio ante la pregunta retórica que había lanzado ella. Hiyori sonrió, ahí estaba Hikari, su hija que tiene el don de hablar y argumentar con facilidad.
—No hay más remedio… si eres tan inteligente, muchachita, ¿te asegurarás de eso que acabas de decir?
—Por supuesto.
—Bien, dejaremos que el rio siga la corriente, confiamos en ti, no nos defraudes. Pueden irse, ahora, Iki Hikari, prepárate para ser una gran diosa reconocida.
—¡¿Eh!? —se quejó Yato —¿Por qué ella sí y yo no?
—No digas nada que pueda cambiar su opinión y ya vámonos-… —dijo Hikari a punto de llamarle "papá", pero se arrepintió a último momento porque aún no se sentía preparada de decirle así.
Los dioses del pentagrama se retiraron e hicieron que los cuatro se transportaran al templo de Tenjin, donde todos los demás estaban esperando con la cabeza baja y en silencio.
—Yato, tienes que ver esto —llamó Hiyori haciendo una seña para que él se acercara.
Ambos junto con Kofuku se alejaron de los demás, los cuales les deban la bienvenida a Hikari, Ameni y Yukine manteniéndolos ocupados con abrazos, alegándose de verlos.
—Mira, Hiyorin encontró esto… —dijo Kofuku entregándole un trozo de papel.
—Esto es…
