Misión

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Lo miró expectante, deseando que continuara. De cierta forma tenerlo allí tan abrumado consumido por la culpa, deseando ser perdonado, con la consciencia liberada tras el peso de sus actos, tan humano y vulnerable, resultaba digno de una fantasía, jamás lo imaginó en esa situación, su personalidad se encontraba sumida en la desesperación, los conceptos que ella conocía sobre él se esfumaban conforme se desmoronaba su temple imperturbable.

En el pasado lo conoció sumido en su ego, siguiendo la senda de su condena y posteriormente irguiendo un intento por ser usual. Sin embargo, ella intuía la realidad, en el instante en que una persona alcanza cierta divinidad, difícilmente podrá retornar al suelo para caminar entre los vivos. Lo vislumbró en Naruto, bajo aquella humildad característica, resaltaba en él un brillo incandescente que iluminaba todo a su alrededor, digno de admirar, desvivido por su aldea, desvivido por el mundo, mientras él permaneciera a la cabeza no se movería un kunai sin su aprobación; Y por otro lado Sasuke, siempre expelió un aura digno de su clan, superioridad llameante, el negro en su mirada quemaba cual fuego en su interior, los deseos de su mente y los anhelos de su corazón se expresaban en su postura, en su actuar, ensordeciendo el bullicio a su alrededor, casi flotando entre el resto de los hombres; por eso no le extraño cuando se rebeló el destino heredado que los unía diferenciándolos del común a su alrededor.

Pese aquello, los conocía en su interior, siempre fue así desde el comienzo, tal vez Hinata había despertado en Naruto un sentimiento nuevo, una faceta desconocida, pero incluso aquello para Sakura resultaba banal, porque ella lo había conocido siendo niño, hundido en el barro luchando contra si mismo y aunque jamás lo había notado, Sasuke en sus desvaríos de disipación, cuando su odio expresaba el pasar de su sentir, era similar a un pequeño huérfano hundido en el mismo lodo de la soledad. Trasparente para ella, trasparente para Naruto, solo y únicamente para quienes podían reconocer el verdadero apetito en su corazón; por eso, aquella noche, el hombre angustiado frente a ella parecía recordarle a un joven que conoció en su juventud.

Esta vez la situación no merecía consideración, el juego fluctuaba entre la confianza y el amor que ellos se profesaban mezclados entre errores y mentiras imposibles de obviar.

Lo miró detenidamente escuchando atenta su respiración resonar en la habitación, batallar frente a frente era hundirse en aquel ónix brillante entre la oscuridad y aquel Rinnegan al que ya estaba acostumbrada. Ni por un segundo le resultaba amenazador, ni por un segundo sus piernas temblaban como en el pasado, después de todo lo vivido y de la intimidad compartida, aquel chico pese al revoltijo causado en su interior, emanaba aquel aire de familiaridad que ella tanto añoró durante esos años alejados.

- Que desfachatez… -susurró Sakura exhalando notoriamente- si alguna vez considero la posibilidad de hacerte sufrir, te aseguro que no será acostándome con otros hombres.

- No quise ofenderte…-habló él acortando la distancia entre ellos- me equivoqué – declaró sincero manteniendo la voz lo suficientemente baja para ser oído solo por ella- No quiero pensar qué haría si me encontrara en tu posición. – ahogó su voz en las ultimas silabas- pídeme lo que quieras para compensar lo que ha pasado.

La pelirosa meditó lo oído, nada podría remediar lo roto en su interior.

- No tengo nada que pedir Sasuke, ha sido suficiente de rogar mientras tú te has entregado a otras mujeres sin la mínima contemplación… - habló la mujer – me lo has hecho tan difícil toda la vida, me has alejado tanto de tu corazón, sin embargo has permanecido cerca de ella aún consciente de sus sentimientos.

- ¿sus sentimientos? no es lo que crees, ella no me ama. – habló él interrumpiendo a Sakura.

- Claro que sí, no puede ser que no lo veas. – debatió la pelirosa- esa chica está completamente loca por ti.

- No lo entiendes – susurró el hombre a lo que ella bufó afligida.

Sasuke suspiró retrocediendo hasta retomar su posición sentado a los pies de la cama.

- Ven – la invitó a ocupar el lugar a su lado- no podrás entenderlo porque aun desconoces sobre las circunstancias –declaró de pronto.

La chica se observó a si misma unos minutos, de pronto su vestimenta la incomodo, se sintió ajena, cada año pesaba sobre su espalda, ya no tenía 12 años, lo sintió vívido.

Se sentó en el lugar indicado, soltó de su cabello la cinta rosa liberando la presión ejercida sobre su cabeza.

- Siempre tuve tantas preguntas, tantas interrogantes sobre tu vida con Orochimaru, sobre las personas que te rodeaban durante esos años… imaginaba que Obito no sería siempre quien pretendía mostrarnos con esa mascara, o que Orochimaru dejaba de ser amenazador recostado sobre una cama inmóvil… - susurró Sakura dubitativa gesticulando con sus manos.

El hombre cerró los ojos y se inclinó mirando hacia la alfombra.

- Ya todo lo vivido parece parte de otra vida. – susurró el Uchiha- cuando pertenecí a Konoha mi vida era atormentaba por pesadillas, por recuerdos mezclado con situaciones que nunca sucedieron, tal vez obra de Itachi… –comenzó a relatar sereno- despertaba alterado, impotente… cuando fui parte del equipo 7 parecía que toda la ansiedad se disipaba… y entonces entendí que aquel lugar no podía ser mi hogar, porque no podía olvidar mis objetivos, alejarme de Konoha pudo detener aquella incomodidad, pero solo instauró en mis recuerdos la imagen de vosotros, como una alucinación los imaginaba en distintas situaciones, siempre al borde de la muerte y sin poder hacer nada para poder protegerlos – levantó la vista para observar a su interlocutora- lo frené como pude, entrené día tras día hasta desfallecer para dormir únicamente lo necesario – se detuvo para tragar saliva- pero cada noche parecía alimentar mi odio el hecho de saber que aún permanecían vivos para alterar mis objetivos. En ese entonces no podía entender aquel sentimiento…

La pelirosa mordió su labio intentando sosegar su intranquilidad.

- Sabes que realmente no tienes que hablar de esto, no cambiará en nada lo sucedido y no funcionará como excusa – aclaró Sakura

- Lo sé – aseveró el pelinegro mientras maldecía por lo bajo - pero si logras ver esta parte de mi vida entonces ya no habrá nada que ella pueda usar para dañarnos.

Sakura asintió con la cabeza indicándole que continuara.

- Cuando la conocí se me impuso mantenerla con vida, lo cual fue fácil. Tal vez creerás que ella se comportaba como vosotras en esos años, molesta intentando llamar mi atención, pero jamás fue así, Mio permanecía silenciosa observando, leyendo…

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1 año después de su llegada junto a Orochimaru.

La oscuridad arrasaba dentro de la habitación, el muchacho había permanecido entrenando hasta altas horas de la noche, el sueño lo absorbía. Tal vez había sido la lluvia del día anterior o la transpiración seca sobre su espalda, pero ciertamente aquella noche la fiebre lo consumía, provocando en su cuerpo un escalofrío que nublaba su vista. Solo deseaba dormir, sin embargo no podía, lo atosigaba el dolor en su garganta y lo sofocante del frio, no importaba cuanto se abrigara, en aquel cuarto el viento se colaba sin el menor permiso.

Había estado enfermo en el pasado, cuando vivió solo en Konoha y sintió los indicios de un resfriado no dudó en acudir a la botica más cercana en busca de medicamentos, sin embargo allí, en medio del bosque, el pueblo más cercano se encontraba a kilómetros, y pensar en acudir a Kabuto en ese estado parecía contraproducente.

Se deshizo de sus ropas sucias y se introdujo bajo la cama, sin embargo una tos incesante quemaba su garganta y su nariz; sintió de pronto unos golpes en la puerta, tras la insistencia se levantó a duras penas intentando mantener la compostura de su estado, una vez en el dintel de la puerta, la abrió sin mayor ceremonia, y la observó allí, temblando bajo la luz de las antorchas que iluminaban incandescentes el pasillo de la guarida.

- ¿Qué quieres? – cuestionó el pelinegro.

- No puedo dormir, me ayudaras a conseguir unos pergaminos del laboratorio de Kabuto, si lo haces no causaré más inconvenientes por un tiempo…- habló rápidamente la castaña.

Sasuke tosió apoyándose sobre el umbral y escondiendo su cabeza en su antebrazo.

- Lo haré en otro momento. – habló el pelinegro escuetamente en lo que a Mio le pareció oír un desgarro de su voz habitual.

- Estas enfermo. –aseveró.

- No es nada, vete. – ordenó Sasuke entrecerrando la puerta, sin embargo la chica se interpuso.

- No te ves bien, tal vez no sea nada grave pero podría empeorar. Permíteme cuidar de ti hoy. – pidió la chica inclinando su cabeza en señal de respeto.

Era una niña ciertamente, tendría tal vez 11 años, para el chico frente a ella, aquella pequeña no significaba nada relevante, sin embargo pese a su habitual desconfianza sabía que ella podría calmar un poco su malestar físico.

Sasuke dudó, sin embargo la tos era más potente que sus desvaríos de consciencia, y la dejó adentrarse en el cuarto mientras él entregado a lo acontecido se tumbó nuevamente sobre la cama.

- Has lo que quieras, solo no fastidies. – ordenó el chico cerrando nuevamente los ojos mientras la traspiración pegaba su cabello sobre su frente.

La chica acudió fuera de la habitación en busca de agua y compresas, yerbas medicinales y un moledor de piedra.

Molió cuidadosamente las yerbas y las aplastó sobre el pecho del muchacho mientras ubicaba sobre su frente y su abdomen compresas heladas en un intento por disminuir la temperatura.

- Debí asesinarlo… ese día… debí… -titubeó el pelinegro entre escalofríos.

Mio al percatarse de los desvaríos producto de la fiebre se apresuró a cambiar las compresas rápidamente.

- Mi hermano… - habló nuevamente entre susurros- … a Naruto …

Si bien ella no conocía la historia del Uchiha, sabía que Sasuke era huérfano y que permanecía allí por su propia voluntad.

- Vamos Sasuke, no es momento de hablar, solo duerme. – susurró la muchacha secando el sudor en su frente.

La situación se tornó monótona después de un par de minutos, él susurrando palabras sin mayor sentido y ella incapaz de realizar un Jutsu médico, unicamente podía intentar contener aquel cuadro mediante la medicina tradicional, preparando yerbas descongestionantes y posicionándolas sobre el pecho del muchacho, lo repitió reiteradas veces hasta que el sueño terminó por hacerla sucumbir en la cama junto a Sasuke.

De pronto para sorpresa de Mio el chico se sentó abruptamente, sobresaltado y con la respiración agitada, movió torpemente su brazo en un intento por descubrir su cuerpo de las compresas sobre su abdomen pero solo logró que todo a su alrededor saltara lejos, el sonido de la fuente que contenía el agua resonó sobre el suelo estruendosamente en la quietud de la noche.

- Vete... – susurró el muchacho ocultando su rostro entre sus manos.

La chica asustada se levantó temblado producto del miedo al percatarse de aquellos ojos rojos ocultos bajo las hebras oscuras que caían húmedas sobre la frente del muchacho. El chico observaba sus manos mientras las lágrimas amenazaban con exponerlo al escrutinio de la niña.

- ¡vete! – insistió alterado mientras su respiración entrecortada combinaba con las tinieblas a su alrededor y la tempestuosa noche.

La castaña asustada atinó a sentarse en la cama nuevamente intentando no invadir el perímetro del chico.

- Solo ha sido un mal sueño…-susurró ella interactuando directamente con aquella mirada asesina.

Su corazón se apretó, aquella intensidad y dolor reflejado traspasaban su cuerpo hasta su espina dorsal provocando un cese en su respiración. Parecía una presa a punto de ser atacada por un feroz depredador; sin embargo el miedo no tenía mayor cabida en aquel lugar, tras vivir allí ya nada la sobresaltaba hasta el punto en que dejó de apreciar realmente su bienestar físico; el muchacho mantuvo aquella posición unos minutos hasta que el llanto se apoderó de su autocontrol, con la poca consciencia que aún insistía intentó mantener su estoico comportamiento, ocultando sus sollozos en ambas manos. Quebrado. Totalmente roto.

Mio lo observó estremecerse mientras apartaba la vista, comprendiendo que a veces aquella angustia solo desea salir del cuerpo y exteriorizar la humanidad innata; transcurridos unos minutos se acercó a él y lo abrazó temerosa hasta que él se hubo calmado y recostado nuevamente en la cama.

Su mirada perdida en el techo podía deberse a lo recientemente ocurrido o a la fiebre incesante que abrumaba sus pensamientos, la chica por supuesto no hablaría más; recogió todo del suelo y se dispuso a cuidar de él nuevamente. Aquella situación se repetiría en el futuro, sin la presencia de enfermedad, y ella entendería que aquellas pesadillas atormentaban al Uchiha con más frecuencia de la debida, sumiéndolo en el descontrol cada cierto tiempo.

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- Permanecimos juntos durante bastantes noches, no quiero que lo mal intérpretes, ella era incluso menor que Sarada. – comentó el pelinegro gesticulando con su mano.

- Quizás tú la veías de ese modo, las mujeres desde muy pequeñas vemos las cosas de otra manera. – comentó la pelirosa- de todos modos ¿por qué me cuentas esto? – cuestionó la mujer

- Porque mi relación con ella no se basa en el amor, formamos un lazo, una clase de alianza – confesó tras exhalar- erróneamente le permití tal confianza y por eso acudí a su llamado hace dos años – habló él rápidamente- pero si ella desarrolló algún tipo de confusión no sé en qué momento ocurrió…

- Quizás mientras la visitabas para cogértela ¿no te parece obvio? – comentó irónica la pelirosa.

Sasuke arrugó su entrecejo.

- Sakura, durante esos años no fui el único hombre con quién engañó a su esposo – habló él- existen personas que mantienen este tipo de relaciones sin sentimientos ni rose emocional, únicamente por… -dudó sobre sus palabras- únicamente por placer.

- Debes estar bromeando –soltó Sakura- esto no parece propio de ti.

- Te lo advertí cuando decidiste viajar a mi lado, te dije que no era el hombre que creías. –repitió el pelinegro pero fue interrumpido súbitamente.

- ¡claro que sí! Pero siempre imaginé que se debía a las atrocidades relacionadas con tu clan, a todo lo que involucraba destruir Konoha ¡demonios!, jamás imaginé todo esto. – exclamó la mujer pasando la mano por su cabello y desabrochando levemente su vestido para apaciguar el calor que invadía su cuerpo- estoy tan enfadada Sasuke.

- ¿no estarías a mi lado si te hubiese rebelado todo aquello? – cuestionó Sasuke clavando su mirada en ella.

- Tal vez, tal vez me hubiese desilusionado saber que para ti la máxima expresión de amor solo significaría un polvo más – habló Sakura.

- Contigo jamás ha sido solo sexo. – se defendió el pelinegro.

- De cualquier forma ya basta. – frenó la mujer saltando fuera de la cama y parándose frente al hombre- esas no son excusas para lo ocurrido hace dos años.

- Lo sé. – confirmó él apretando su entrecejo con sus dedos indice y pulgar– no puedo remediar esta situación y estas en libertad para decidir sobre nosotros, para que decidas sobre mí, estoy en tus manos.

Sakura respiró hondo, su enojo jamás sobrepasaría el límite de su amor, eso lamentablemente era un hecho irremediable, porque en su corazón podían clavarse agujas de incertidumbre, pero dejarlo ir pese a sus deseos estaba cada vez más lejos de parecer lo incorrecto.

- Puedes dormir en casa por las noches, por supuesto no conmigo, dormirás aquí por el bien de Sarada… necesito tiempo para pensar… - suspiró profundamente- quiero hablar con Mio– habló la pelirosa.

- Sus intenciones no tienen importancia. – afirmó él.

- Eso dices ahora pero cuando te llame afligida tal vez corras en su busqueda nuevamente. – cortó la mujer mientras se dirigía a zancadas hasta el baño de la habitación en busca de refrescar sus pensamientos.

Sasuke también enfadado se levantó de la cama y golpeó con su puño la pared de la habitación causando un estruendo en la casa, posteriormente se dirigió hasta la cocina en busca de un vaso de agua y no regresó al cuarto hasta que Sakura estuvo recostada bajo la cama, posiblemente dormida.

La noche transcurrió serena, Sasuke durmió sobre la cama como lo había hecho en un comienzo tras regresar a la aldea, nuevamente se sintió un desconocido, pese a su liberación solo consiguió la plenitud en su consciencia de un pasado que con frecuencia no deseaba rememorar.

A la mañana siguiente el sol lo logró despertar mientras atravesaba los ventanales de la habitación, sin embargo no había rastros de Sakura ni de Sarada en la casa, tal vez , pensó, ese sería su castigo por el alboroto de la noche anterior; Se decidió por dedicar aquellos momentos en solitario para apaciguar su alma, tomó ropa limpia del mueble junto a su cama y se deshizo de las prendas gastadas que llevaba puestas para luego entrometerse en la ducha bajo la tibia agua de la regadera, recordando aquella última vez antes de partir de Konoha, hace ya tantos días, se preguntó si Sakura le hubiese permitido invadir su intimidad de aquella manera si hubiese sido consciente de su historial sexual, si hubiese sabido que aquella vez no había sido la primera en que realizaba sexo anal en una ducha pegado contra las baldosas. Arrugó su entrecejo ante el pensamiento, se sintió sucio, reviviendo viejos recuerdos, desenterrando lo olvidado y sobre todo por ocultar parte importante de su existencia a la única mujer que había sido capaz de devolver la felicidad a su vida.

Sakura caminó lentamente hasta la Torre Hokage, meditó en el camino lo acontecido y las posibilidades que tenían para su futuro. Atosigada por su imaginación al tan solo imaginar a esa mujer y a su hombre en aquella azotea, se sentía colapsada. Durante la noche no había podido conciliar el sueño producto de bochornos que la mantenían entre el borde de la cama y sus paseos hacia el baño. Sasuke era sin duda el objeto de su deseo, el sujeto de sus anhelos, sin embargo después de tantos años idealizando un hombre inexistente, el golpe de agua fría que significó lo rebelado solo causó pavor en su estabilidad emocional desequilibrando sus contemplaciones para el futuro.

- Naruto necesito hablar contigo a solas un momento. – solicitó tras ingresar en la oficina del Hokage y ser recibida afectuosamente por Shikamaru y el séptimo.

Shikamaru se retiró de la oficina con ambas manos en los bolsillos, sin el menos preámbulo cargó bajo su brazo apegado a su torso una ruma de papeles.

- Yo me encargaré de esto – soltó Nara antes de retirarse cerrando la puerta tras de sí y dejando al rubio y a la pelirosa en completa soledad.

- ¿Cómo va todo en el Hospital Sakura-chan? – preguntó el rubio recostándose hacia atrás en su silla.

- Bien... todo bien en el Hospital. – respondió la chica antes de un silencio más incomodo de lo habitual.

Naruto meditó unos segundos observando fijamente a su ex compañera de equipo, la notó saludable, se veía bien físicamente, incluso más bella de lo recordado. Cuando niños el aspecto descuidado de la muchacha producto de los continuos entrenamientos, solo lograba acentuar más sus rasgos de pureza con aquel toque de fuerza y delicadeza, junto a su marcada silueta, destacaba fácilmente entre las mujeres a su alrededor, incluso opacando a Hinata, quien hermosa desde siempre, ocultaba sus atributos bajo aquella timidez. Él por supuesto se sentía afortunado por ser el único capaz de conocer la belleza reservada de su mujer, aquel cuerpo contorneado oculto para los hombres, sin embargo, Sakura, sin deseos de causar comparación, poseía esa mirada decidida y apasionada, a veces imaginó en qué aspectos la mujer era igual de apasionada, pensó que probablemente su amigo quedó extasiado ante las provocaciones de la pelirosa, al punto de en un comienzo visitar Konoha solo para permanecer unas horas junto a Sakura. No podía culparlo, él en su lugar hubiese cruzado medio mundo para permanecer junto a Hinata unos minutos, aunque intuía, la diferencia entre ellas en la intimidad había de ser abismante.

Frente a él, vestida jovial y fresca, con aquel vestido coqueto dejando ver su ombligo y aquellas pulseras en sus muñecas que sonaban con cada movimiento de sus brazos, le pareció que la mujer había cambiado favorablemente a través de los años, su cuerpo lucía bien definido resaltando su trasero y sus caderas, aquellas que siempre fueron prominentes, y sus pechos antes pequeños hoy afloraban desinhibidos claramente libres sin sujetador alguno; movió su cabeza levemente intentando disipar aquellos pensamientos. Tal vez permanecer lejos de casa durante tantos días provocaban un poco de locura en su masculinidad.

- ¿por qué me ves así? – cuestionó la pelirosa ante el escrutinio en la mirada del rubio

- Estas aquí por Sasuke. –atinó a decir el rubio aclarando su mente- ha vuelto ¿ya lo has visto?

Sakura tomó lugar en el asiento frente a Naruto y apoyó sus codos sobre el escritorio distendiendo las manos sobre éste.

- Precisamente por eso estoy aquí. – soltó la mujer- necesito salir de Konoha unos días.

- ¿qué? Él acaba de regresar a la aldea y tú planeas salir de casa ¿Por qué? -cuestionó el rubio incrédulo

- Sabes lo que está sucediendo entre nosotros. – comentó Sakura- no quiero que te involucres en esto. Naruto te lo estoy solicitando como amiga, por favor, dame una misión que me mantenga fuera de Konoha. Puedo salir representando a la aldea, inventa algo para mí.

- No puedo hacer eso. Sasuke me matará – argumentó el rubio.

- No me hagas rogar Naruto. Lo necesito para hoy. – pidió nuevamente la mujer.

Él la miró durante algunos segundos, cavilando sobre lo solicitado, ciertamente ella no era cualquier persona, pero como Hokage debía ser imparcial. Respiró profundamente, tal vez Sasuke entendería que negarle aquello a Sakura solo desataría su enfado y que de alguna forma ella conseguiría zafarse de Konoha con o sin su ayuda.

- Está bien ¿tienes algo en mente? – cuestionó el rubio aceptando la solicitud.

- No sabes como he pensado en esto, hay una reunión en el país del Rayo donde se conmemorarán los 10 años del nuevo Hospital construido con la ayuda de Konoha, sabes que será dentro de poco, yo podría ir y afinar los últimos detalles, como miembro de alguna delegación, no lo sé. – habló rápidamente Sakura.

- Iras con una delegación de niños representantes de Konoha. – habló Naruto tras revisar una carpeta- pero no viajarás sola, Ino te acompañará.

- Debes estar bromeando, puedo hacerlo sola. – increpó la mujer.

- Absolutamente no, son 10 niños y algunos de sus padres, sé que suena simple pero tras lo acontecido con esa mujer las cosas están muy turbulentas en otras aldeas. – se excusó el Hokage.

Sakura sopesó la opción y tras cerrar los ojos asintió con la cabeza.

- ¿Cuándo parto? – preguntó ella

- Hoy por la tarde, informaré a la delegación, Ino no se negará si se lo explicas. – ordenó el rubio completamente involucrado en su puesto.

- ¡Sabía que podía contar contigo! –exclamó la mujer saltando de la silla hacia el escritorio para abrazar a su amigo.

- ¡hey Sakura- chan! No eras tan efusiva desde hace años. – exclamó el rubio asombrado- solo espero que este tiempo lejos de Konoha logres meditar favorablemente todo este asunto. Sasuke ha venido a mi oficina tras hablar con Kakashi, realmente está afectado.

- No lo dudo, ¿pero qué hay de mí? Naruto ¿tu serías capas de engañar a Hinata? – preguntó la mujer separándose de su amigo, a lo que él se puso de pie junto a ella.

- Jamás. – no dudó en responder el hombre- le he dado mi palabra y pese a todo lo que pueda ocurrir yo jamás retrocedo, ya lo sabes.

- Y Sasuke ¿crees en él totalmente? -cuestionó la pelirosa.

- Absolutamente. Él no te engañaría. – afirmó el rubio.

La mujer le dedicó una sonrisa a su amigo.

- Solo un último favor, no debes decir mi ubicación a Sasuke. – habló firme Sakura.

- Pero Sakura- chan, se preocupará, estará vuelto loco… - habló contrariado rascando su nuca con una mano.

- No quiero que vaya por mí, solo eso. – aclaró la mujer- al regresar hablaré con él.

Naruto asintió antes de despedir a la mujer en la puerta de su oficina.

Tal vez no era la mejor decisión desaparecer, en el fondo lo presentía, pero permanecer inmediatamente junto al pelinegro le resultaba imposible. Se dirigió hacia el campo de entrenamiento de Sarada para informarle acerca de su misión y posterior a ello sin mayor preámbulo empacó del hospital lo necesario y tras informar a Ino lo acontecido viajaron inmediatamente a la Aldea Oculta de las Nubes donde se encontraba el país del Rayo y la inauguración del nuevo hospital.

Alrededor de las 4 p.m. tomaron el tren desde Konoha, éste los dejaría a las afueras de Suna donde debían caminar alrededor de un kilómetro para tomar el siguiente tren por 10 km hasta el interior de la frontera del país del Rayo.

Una vez recorrido el camino del primer tren se sorprendieron en medio de la nada, lejos de toda zona urbana y en la soledad de la noche, su única opción fue acampar en una de las posadas del lugar. Por la mañana tomarían el siguiente tren hasta su destino.

- Ya las misiones no son como antes. – susurró Ino recostada en la cama dentro de la habitación ubicada en el segundo piso, la cual compartían con algunas de las madres y sus hijos- podríamos haber caminado todo este trayecto y ya estaríamos allá.

En la misión iba toda una delegación de personas, 10 niños de no más de 6 años junto a sus madres, y 4 ninjas escolta que cargaban las valijas y utensilios.

- Es más aburrido desde que existen los trenes. – susurró Sakura- no es precisamente lo que tenía en mente, no podemos caminar con estos niños, además no sé si estoy en condiciones de caminar tanto.

Ino rió divertida.

- ¿en condiciones? ¿a qué te refieres frentona? -cuestionó Ino restandole importancia al comentario.

Sakura calló unos minutos dudando sobre su respuesta.

- Hay algo que no te he contado... - susurró Sakura acercándose a su amiga.

- Ya habla de una vez - habló Ino acortando la distancia entre ellas.

Sakura miró hacia el techo posicionando sus manos sobre su vientre, exhaló profundamente.

- Prefiero que lo hablemos a solas sin toda esta gente al rededor. - habló la pelirosa.

- A la vuelta podemos regresar caminando y tomarnos nuestro tiempo por allí, si así lo prefieres – sugirió Ino a lo que su amiga sonrió satisfecha.

Ino entendía que la situación de Sakura ya era complicada como para insistir en su intimidad.

Ambas se tumbaron en sus camas y se giraron para dormir preparándose para los acontecimientos del día siguiente, siempre representar a la aldea significaba una gran responsabilidad.

La noche pasó rápida, imperturbable, durmieron agotadas pese a no haber viajado caminando, los años lejos de misiones ciertamente les jugaban en contra al momento de impartir este nuevo viaje. Más a un Sakura quien no había dormido nada durante la noche anterior.

De pronto su sueño fue interrumpido por una dificultad al respirar, sus pulmones se contraían sofocados, el ritmo de su corazón disminuía peligrosamente, su sueño se mezclaba con imágenes de la realidad.

- ¡Ino! ¡despierta ya! –gritó Sakura tapando su nariz con su antebrazo mientras movía de arriba hacia abajo a su amiga intentando despertarla.

La rubia al abrir los ojos se posicionó rápidamente sobre la cama hallando un panorama escalofriante. La habitación estaba completamente cubierta de humo, a su lado las madres y algunos niños yacían dormidos posiblemente inconscientes, el calor desprendido desde el piso inferior y superior describía el infierno en el que se encontraban, el fuego entraba por el borde la puerta impidiendo abrir el pomo anaranjado producto de las altas temperaturas. De pronto las ventanas estallaron y los gritos comenzaron a surgir en la habitación inferior. Sus corazones se apretaron entre la dificultad para respirar y sus mentes intentando planificar los pasos a seguir.

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Hola! disculpen la demora he tenido días movidos!

Estoy buscando trabajo, la vida es complicada! jaja

Pero cada día reviso sus comentario e intento escribir un poquito.

les envío un abrazo!

GRACIAS POR LEER

GRACIAS POR CADA MENSAJE!

todos todos, los buenos los malos, las ideas nuevas, sus deseos uff quiero escribir tantas cosas! espero sean complacidas!

LAS AMO