Notas de la autora:
Hola a todos, nuevamente la actualización se demoró un poco, esta vez a la falta de tiempo se le conjunto la melancolía, pues estamos a uno o dos capítulos de terminar con esta historia, por lo que este capítulo fue especialmente difícil de escribir.
No sé qué más decirles, me pone un tanto sentimental ver tan cerca el final. Así que mejor me despido de una vez, recuerden que sus comentarios siempre son bienvenidos y que les mando muchos saludos, hasta la siguiente actualización.
La preocupación que estaba experimentando subió de intensidad tras no percibir ningún sonido en el cuarto contiguo, tratando de mantenerse sereno se dirigió a la puerta y toco algunas veces sin obtener la menor respuesta. Al entrar a la habitación de Azul y encontrarla vacía corroboró que sus suposiciones fueron correctas, Bulma había recobrado la memoria y acababa de huir. Con paso tranquilo el androide abandonó la casa y emprendió el vuelo, pasados unos minutos sus ojos zafiro no tardaron en encontrar la figura de la mujer que corría a toda prisa por un sendero.
— Azul —la llamó mientras descendía.
La científica sintió su sangre helarse al escuchar aquella voz, sin embargo, con todo el aplomo del que fue capaz se volvió hacia su interlocutor. Se miraron por unos segundos y luego ella se aproximó, conocía de sobra el poder del androide y sabía que escapar de él a pie era una idea por demás estúpida, pero al menos tenía que intentarlo.
Él parecía esperar una explicación y por un instante ella pensó en inventarle alguna excusa para justificar su abrupta salida de la casa, y así ganar tiempo para tratar de huir otra vez, más comprendió que no tenía sentido fingir una amnesia que obviamente ya no tenía, lo mejor era dejar esa farsa de una vez por todas y enfrentar los hechos con el mismo valor de siempre.
— Sé quién eres, y si vas a matarme hazlo de una vez —dijo desafiante.
Él no respondió de inmediato, la osadía en la mirada de la mujer le devolvió viejos recuerdos que lo estremecieron de pies a cabeza.
— Pensé que a estas alturas entenderías que esas no son mis intenciones Azul —pronunció el androide finalmente.
— Mi nombre es Bulma, y te equivocas, no tengo la menor idea de lo que pretendes.
Diecisiete se acercó a ella lentamente y la miro a los ojos, la científica sintió una opresión en el estómago al reflejarse en ellos debido a que las emociones que sentía en esos instantes eran diametralmente opuestas.
— Me dejaste con vida todo este tiempo, pero ¿qué hiciste con los dos guerreros que se enfrentaron a ti el día que me encontraste? —preguntó la mujer de pronto y sin esperar respuesta añadió— Qué pregunta más inútil, seguramente los asesinaste durante el ataque a la capital del Oeste.
— Gohan y Trunks están vivos —aseguró su interlocutor para tranquilizarla, pero ella se mostró incrédula— Si quieres saber lo que sucedió tendrás que regresar a la casa —agregó esperando unos minutos a que ella respondiera, al ver que no se decidía rodeo la cintura de la mujer con su brazo.
— No me toques —protestó Bulma ante aquel contacto que ahora la confundía— Puedo caminar hasta allá.
Él no discutió, se apartó de ella y comenzó a seguirla. Los pasos de distancia que los separaban no eran suficientes para la científica, de pronto sentía que necesitaba un mar de distancia entre ellos para poder pensar con claridad cómo salir de esa situación. Por su parte, Diecisiete la observaba a discreción, esperando encontrar algún indicio de lo que pasaba por la mente de la mujer, queriendo encontrar algo que le diera un poco de esperanza.
Que extraño fue para Bulma cruzar el umbral de la entrada y sentir aquella casa en la que había vivido los últimos meses como extraña y fría, no entendía porque aquel asesino actuaba así con ella, ni porque no la había matado al saber que lo recordaba, tampoco le creía que su hijo y Gohan estuviesen vivos pues de ser así ya habrían ido a buscarla, mucho menos se comía el cuento de que Diecisiete le daría alguna explicación al respecto, lo único que si sabía es que no podía lidiar con las miles de dudas en su cabeza ella sola, y que así fueran mentiras lo que estaba a punto de escuchar necesitaba explicaciones, ya después se encargaría de rescatar la verdad de lo que le dijera el androide.
— Ya estamos aquí, así que habla —le ordenó la científica mientras jalaba una de las sillas del comedor para sentarse.
— No soy el Diecisiete que tú conoces —comenzó a decir el androide al tiempo que ocupaba el asiento frente a ella— Provengo de otra línea de tiempo diferente a la tuya. En mi época robé la máquina que construiste y la utilicé para viajar al pasado...
— Entonces en el futuro si los asesinaste —lo interrumpió sabiendo que sin importar el tiempo que fuera, ni Trunks ni Gohan le permitirían llevarse algo tan preciado sin antes defenderlo por todos los medios posibles.
— Solo maté a Gohan —admitió impasible, y antes que ella pudiera insultarlo continuo— Y no fue para quedarme con la máquina, lo asesiné para evitar que te apartara de mi lado.
La científica lo miró sorprendida, la forma en que el androide había pronunciado esa última frase le hizo comprender que de alguna manera en ese otro tiempo había terminado surgiendo algo similar a un triángulo amoroso entre ellos, y que esa relación que había iniciado con el hijo de su fallecido amigo, y que era su mayor secreto hasta ahora ya era del pleno conocimiento de Diecisiete.
— Siempre pensé que su amorío inició después de que tú y yo nos conocimos —dijo casi para sí mismo al advertir la expresión de desconcierto de Bulma— Pero veo que fue mucho antes —soltó con un dejo de celos al comprender que acababa de encontrarse con un obstáculo que no había contemplado— ¿Lo amas? —preguntó clavando sus ojos zafiros en la figura de la mujer.
— Eso no es de tu incumbencia.
Él apretó ligeramente los puños al recibir aquella respuesta, aún recordaba aquella conmovedora escena entre ella y Gohan antes de que este muriera. Por un instante se sintió alterado al comprender que sus posibilidades de conseguir el amor y la aceptación de Bulma disminuían cada vez más, sin embargo, se obligó a conservar la poca calma que todavía tenía para contarle todo lo ocurrido en aquel futuro.
No omitió ninguna parte por dolorosa que fuera, a detalle le relato cada suceso que vivieron en su época, comenzando por su encuentro en la devastada capital del Oeste, luego le confesó su intención de aprovechar su amnesia para jugar con ella y después matarla, también de la inesperada atracción que surgió entre ambos y que se mantuvo latente por años hasta el día en que mató a Gohan y le hizo creer que su hijo había muerto, le habló del cautiverio al que la tuvo sometida, del odio que él le inspiraba, de su muerte a manos de Dieciocho y de su venganza, así como del sufrimiento que vivió al descubrir tras su deceso que la amaba y que la única razón por la que decidió robar la máquina del tiempo fue solo para reencontrarse con ella otra vez.
Le contó también sobre su primer viaje y de su relación con la otra Bulma, dejando claro que el pasado en común del que le habló antes si había existido y que esos momentos eran tan reales como el amor que sentía. No entró en detalles de los motivos que lo orillaron a dejarla, creyó que con todo lo que ya había dicho dejaba más que claras sus intenciones, y que ahora solo restaba esperar que la científica pudiera considerar sus acciones y darle una oportunidad.
Por último, le confesó que la época en la que se encontraban no era la suya, que para evitar que Gohan y Trunks la encontraran y tuviera que enfrentarlos había optado por llevarla a otra línea de tiempo, y que ese brazalete que ella usaba impedía que sus amigos detectaran su presencia, y que lo único que pretendía al hacer todo eso era tener la oportunidad de estar a su lado.
— La decisión final es tuya. Puedes regresar a tu época o quedarte aquí conmigo —le dijo cuando finalizó su relato.
— Veamos, una de mis opciones es la de permanecer junto a un asesino y mentiroso, la otra regresar con mi familia y completar el proyecto que hace mucho inicié y que ahora tengo la seguridad que funciona —ella lo miró fijamente, el fuego que emanaban sus ojos era de una profunda indignación— ¿En serio hay algo por decidir?, porque intuyó que sabes cual será mi respuesta incluso antes que te la de.
Él cerró los ojos, una leve sonrisa de decepción se dibujó en su rostro al escucharla, por más que creyó estar preparado para eso era sumamente difícil ver como aquella esperanza que había mantenido ese tiempo se esfumaba en un instante. Mientras trataba de bloquear el dolor que experimentaba, se puso de pie, caminó hasta quedar a un metro de ella y luego deslizó lentamente su mano derecha hasta el bolsillo de su playera del cual saco un tubo metálico.
— Dentro de esta cápsula hay un control que sirve para derrotar a los androides —exclamó mientras se acercaba a ella para mostrárselo— Su radio de acción es reducido, por lo que quien sea que lo use deberá estar a una distancia corta para que funcione.
— ¿De qué estás hablando? —preguntó sin dejar de mirar con sorpresa la cápsula que aquel sostenía entre su dedo índice y pulgar.
— El Doctor Maki Gero tenía por costumbre asegurar su integridad, así que todas sus creaciones tenían circuitos encargados tanto de desactivarlas como de hacerlas estallar en caso de ser necesario. Cuando planee venir a esta época busqué el control que cumplía esas funciones y le pedí a tu padre que lo replicara.
Al notar la expresión de escepticismo en Bulma, el androide presionó el botón de activado de la cápsula y la lanzó hacia arriba, poco después que la nube de humo desapareció, la mujer pudo ver que Diecisiete sostenía en su palma un aparato cuadrado color negro, en cuya pantalla había dos botones separados entre sí.
— El Doctor Briefs simplificó el modelo para un uso más práctico. Este botón blanco sirve para desactivar a los androides, mientras que el rojo activará la bomba que llevan dentro. Este último solo debe usarse en un caso extremo, pues según los cálculos de tu padre el dispositivo contiene una gran cantidad de explosivos por lo que la detonación sería fatal para quienes se encuentren cerca cuando esta suceda.
La científica lo escuchó con atención sin dejar de observar el control que el androide tenía en las manos. Por varios minutos ambos se mantuvieron en silencio.
— Supongo que no me has dicho esto último solo porque si, ¿qué es lo que piensas obtener a cambio? —le cuestionó sin dejar de mirar al androide a los ojos, pero este no le respondió.
El silencio de Diecisiete fue interpretado por la mujer, quien creyendo saber lo que aquel le pediría comenzó a aproximarse a él, lentamente dio fin a la distancia que los separaba acercando su torso al del androide y fijando sus ojos celestes en los zafiros de aquel, para luego descender poco a poco su mirada hasta posarla en los labios de Diecisiete, la tensión en el cuerpo de aquel aumentó cuando ella sin perder el contacto visual levantó ligeramente el mentón como si fuera a besarlo.
Permanecieron así por unos segundos, y cuando Bulma creyó que el androide se encontraba lo suficientemente distraído y con la guardia baja, realizó un rápido movimiento para apoderarse del control, de inmediato se apartó unos pasos y deslizó con seguridad su dedo índice en la cubierta del aparato hasta presionar el botón blanco.
— Sí que me odias —reconoció el ojiazul con amargura, al ver la decepción de la mujer cuando nada sucedió.
— ¡Mentiroso! —gritó ella frustrada mientras se preparaba para arrojar el control al suelo.
— No te engañé —soltó su interlocutor atrapando el objeto antes que se estrellara en el piso— El control funciona, solo que no conmigo. El Doctor Briefs es un científico dedicado y se encargó no solo de quitarme la bomba que llevaba, sino también de retirar los circuitos que podían desactivarme.
La mujer de cabello celeste maldijo internamente la intervención de su padre pues ésta ahora le jugaba en contra. Diecisiete advirtió la frustración en su mirada, le dolía darse cuenta que al parecer cada cosa que hiciera terminaría con el mismo resultado, el odio de Bulma. Sin decir palabra volvió a encapsular el control y luego le extendió el tubo metálico a la mujer.
— Esta es tu mejor opción, aunque en unos años logres viajar al pasado nada cambiara en tu línea de tiempo, los androides que conoces seguirán existiendo y lo más probable es que terminen asesinándote antes que tú a ellos.
— ¿Cómo estás tan seguro de eso?, el que hayas usado un par de veces mi máquina del tiempo no te hace un experto en el tema —se mofó ella.
— Nada cambia, ya lo comprobé.
— Solo dices eso porque sin importar la época el resultado para ti es el mismo —dijo la científica con un tono de voz por demás cruel.
— Lo digo porque es cierto. La primera vez que viaje al pasado asesiné al Doctor Maki Gero años antes de que nos construyera, pero eso no modificó en nada mi época, porque de haberlo hecho Dieciocho jamás habría existido por tanto no te habría asesinado y tú seguirías con vida pero no fue así, ya me aseguré de ello —explicó Diecisiete al tiempo que comenzaba a experimentar algo parecido al agotamiento emocional.
— ¿Cuántas veces has usado la máquina del tiempo? —preguntó sorprendida por lo que acababa de escuchar.
— En total serán cinco —la expresión de Bulma denotaba desconcierto por lo que él comenzó a explicarle— La primera ocasión fue después que Dieciocho te asesinó, en esa ocasión decidí regresar poco más de veinte años en el pasado, la segunda la usé para volver a mi propia época, la tercera viajé al momento en que nos conocimos, en la cuarta te traje aquí. Y la quinta la utilizaré para devolverte a tu línea de tiempo.
— Admito que me engañaste muy bien mientras tuve amnesia, pero no más, no creo que vayas a devolverme a mi época así como así, te tomaste demasiado tiempo y planeaste todo a detalle como para hacerlo —le aseguró— Así que dime claramente, ¿qué es lo que pretendes?, ¿Mantenerme cautiva como lo hiciste antes?.
— Es verdad que planeé todo sobre este encuentro, las razones para hacerlo ya las conoces, pero no tengo segundas intenciones. Todo lo que hice hasta ahora tenía un objetivo, que evidentemente no conseguí —dijo mirándola directamente a los ojos sin importarle que Bulma pudiera advertir la soledad en ellos— Y lo acepto, eres libre de marcharte.
La firmeza en la voz del androide no admitía lugar a dudas, aun así ella insistió.
— ¿En serio vas a dejarme regresar? —le preguntó obteniendo de inmediato un gesto de afirmación de parte de él.
El alivio que esa respuesta le dio desapareció pronto sustituyéndose por una opresión en el estómago al reflexionar lo que implicaba volver a su época, al regresar tendría que contarle a Gohan y a Trunks que aunque terminaran la máquina del tiempo y salvaran el pasado, su presente seguiría siendo un infierno.
Diecisiete conocía las expresiones de Bulma a la perfección y podía ver claramente la preocupación en su rostro, así que se aproximó hasta tomar la mano de la mujer y colocó la cápsula del control en su palma para luego cerrarle el puño el mismo. Ella lo miró extrañada, al darse cuenta de que había adivinado sus pensamientos.
— Tienes en la mano la oportunidad de acabar con la amenaza de tu mundo, no la desaproveches —le aconsejo el androide. Al cabo de unos segundos sin obtener ninguna respuesta por parte de la mujer, añadió— Iré afuera a alistar la máquina, sal cuando estés lista.
La científica tardó menos de un minuto en seguir al androide, en cuanto abandonó la casa distinguió a unos metros la máquina del tiempo que ella conocía bastante bien. Como era evidente que estaba conmovida al ver finalizado un proyecto que por años había acariciado y que estaba haciendo un esfuerzo por no derramar ninguna lágrima, él espero pacientemente a que se recobrara, luego la ayudo a subir a la máquina.
— Imagino que no querrás explicarle a Gohan y Trunks donde estuviste estos meses, así que programaré la fecha de regreso a unos cuantos días después de que nos conocimos, ¿de acuerdo? —le cuestionó el androide mientras presionaba algunos botones del tablero.
A pesar de lo familiar que le resultaba aquel aparato en el que se encontraba, era como si lo contemplara por primera vez, estaba tan absorta mirando a su alrededor que por eso no escuchó la pregunta de Diecisiete hasta la segunda ocasión en que la formulo. Levemente asintió mientras lo veía presionar algunos botones, luego de eso la máquina encendió y un haz de luz se formó ante sus ojos, a continuación, la científica vislumbró algo similar a un túnel obscuro rodeado de neblina y rayos dorados por el cual avanzaron un par de segundos hasta que una nueva luz apareció ante sus ojos.
Cuando esta desapareció y su visión volvió a la normalidad, advirtió que se encontraban en medio de un paraje desconocido. Sin preguntar Diecisiete la ayudo a descender de la máquina para luego encapsularla, una vez hecho eso tomó a la científica de la cintura y emprendió el vuelo con ella.
Fue un trayecto lleno de silencio, Diecisiete sabía que todo había terminado, que sin importar lo que hiciera estaba condenado a amarla sin tenerla jamás. Por fin había llegado el momento en que tenía que aceptar que Azul no era más que un recuerdo hermoso y etéreo, pero solo eso.
Bulma por su parte, trataba de poner su atención en otra cosa que no fuera el latido del corazón de su acompañante que llegaba con claridad a sus oídos, de olvidar que ese sonido había llegado a llenar de felicidad su vida. Estaba haciendo un esfuerzo por bloquear los recuerdos que la embargaban con la cercanía de él, se obligaba a no pensar en todo lo que el androide en su papel de Lapis había hecho y en que a pesar de sus dudas iniciales él estaba cumpliendo su palabra de devolverle su vida anterior.
Al llegar a la Corporación su mente que parecía tan clara un par de minutos atrás, se encontraba inquieta, estaba empezando a ser consciente que una vez que pusiera un pie en el suelo la historia entre ellos desaparecería para siempre, que ese hombre que aún la sostenía en sus brazos era y no era a la vez Diecisiete, su enemigo, reflexionar en la versión de él que había conocido acrecentó la sensación de pérdida que se estaba generando en su interior, así que cuando él se apartó listo para marcharse, lo detuvo.
— ¿Por qué estás ayudándome si sabes cuánto te odio? —le preguntó fijando su mirada en la de él.
El cuestionamiento lo tomó desprevenido, y sus ojos zafiro reflejaron el asombro que experimentaba. Nunca se acostumbraría a escucharla decir abiertamente que lo odiaba y menos a que aquella afirmación le produjera cierto desasosiego.
— Solo pretendo reparar el daño que te hice en el pasado —admitió honestamente tras unos segundos— Y ya que he pagado mi deuda, no volveré a cruzarme en tu camino otra vez.
— Mientes —aseguró ante su afirmación— Antes de bajar vi el contenedor de combustible de la máquina y estaba vacío, lo que significa que estás atrapado en esta época. ¿O es que acaso tienes más?
— No.
— ¿Entonces te quedarás aquí? —preguntó asustada ante la idea de tres seres de energía ilimitada en su mundo.
— Si, pero no tienes que preocuparte —le aclaró al ver la expresión en su rostro— No causaré ningún problema.
Ella no pareció convencerse con sus palabras, Diecisiete hubiera querido quedarse hasta lograr que Bulma le creyera, pero cada segundo que transcurría el dolor de perderla nuevamente se hacía mayor. Sin más que decirle, la miró mientras una sonrisa melancólica se dibujaba en su rostro, luego de eso se marchó.
La científica contempló el cielo durante un rato, le parecía que acababa de despertarse de un sueño y que todo lo ocurrido en esas horas era por demás irreal. Más no era así, todo ese tiempo había vivido una historia de amor con uno de sus peores enemigos y ahora tenía la certeza de que una parte de ella se había quedado en esa otra época con Lapis.
Unas cuantas lágrimas rodaron por sus mejillas mientras el remolino de emociones que experimentaba en su interior se hacía presente, por fin tenía en sus manos la oportunidad de derrotar a los androides y devolver la paz que les robaron, y eso le provocaba la felicidad más absoluta, y a la vez una vocecita interna le cuestionaba si el precio personal que pagó por eso no había sido demasiado alto.
Cuando por fin pudo serenarse la mujer entró a la casa, al tiempo que trataba de convencerse de haber hecho lo correcto, diciéndose a cada paso que pronto la vida de todos en la tierra mejoraría, la amenaza a la que habían estado sometidos por décadas sería aniquilada y todos podrían vivir por fin la tranquilidad que tanto anhelaban.
