Personajes de Mizuki e Igarashi.
Candy esa noche buscó en lo máximo de olvidarse de los problemas futuros, acostándose en su fabulosa cama, rememorando detalle a detalle ese mágico momento que, ni en mil años olvidaría. ¿Qué si lo ama? Claro que lo ama con todo su corazón, pero debía mantener los pies en el suelo. Él era un hombre superior a ella, jamás la vería como algo serio.
Googleó en su teléfono uno que otro detalle de la vida del rubio, echó un vistazo de la que fuera en el pasado su prometida y esposa. Al compararse inevitablemente con ella, se dio cuenta de que si él fue capaz de huir de la boda, dejando plantada en la propia luna de miel a la mejor versión de la Matahari del siglo 21 más rápido a ella.
Suspiró hondo, sonreía como nunca antes, ese recuerdo estaría grabado por siempre, por siempre, se lo repetía una y otra vez. Le hubiera encantado embarazarse de él, tristemente esa misma noche la regla le tocó la puerta.
Las perritas no dejaban de ladrar.
─Dejen dormir un poco más… cinco minutos más, es todo lo que pido… es el momento de darle el nombre a nuestro hijo. Nuestro primer bebé se llamará William Andy Ardlay White, es una costumbre en la familia de mi esposo. El gran Williams…
Sonó la contestadora.
─Candy Flammy está más molesta que nunca: ¿Has leído los reportajes? Sabemos que estás viva. Anoche la casera nos informó de tu llegada, por favor reacciona.
─Re-ac-cio-na ¡Reacciona! Oh, por Dios mi trabajo.
Candy se duchó, vistiéndose lo más pronto posible con el primer jean, blusa y zapatos deportivos que agarró. El cabello se lo sujetó en un moño, saliendo a prisa, decidió irse en la bici pedaleando con fuerza.
Al llegar, su estomago a través de un leve rugido, le hizo presentir que esa mañana sería la peor de sus mañanas.
Fue la primera en llegar.
¿En dónde rayos está Archie?, si él con angustia me lavantó de la cama ¿Qué será lo tan espeluznante que me dirá la amargada de Flammy?
─¡Candy!
Menciona al diablo y aparecerá ─se dijo Candy a sí misma.
─Se supone que debías tener listo hace tres días una nota informativa detallada de las reacciones de los inversionistas americanos ante el plan económico implementado por el actual presidente del Banco Mundial. Y, ¿qué hiciste?
Míralo con tus propios ojos ─Candy se llevó las manos a la boca, le era imposible respirar─ Magnate escocés invierte en rubia de ojos verdes. Presidente del Banco Mundial entrega ganancias de los accionistas por un baile. El baile más caro de la historia ─A Candy le costaba respirar─. ¡Anduviste de tirona con ese hombre! ¡Recoge tus cosas, te vas de aquí! ¡No te quiero ver más! ¡Arruinaste la reputación del periódico y de tus compañeros! ¡Lárgate ya!
Las lágrimas le surcaban por las mejillas, estaba más sola que nunca. Ahora desempleada sin un quinto, con la reputación por los suelos, sobre todo su reputación.
Michael se detuvo frente a ella, mirándola de pies a cabeza, sin emitir palabra alguna, la ignoró. Fue la gota que derramó su vaso, yéndose a prisa hasta su departamento en el camino se encontró a su dulce vecina del frente que al verla sumergida en la tristeza la tomó entre sus brazos y la ayudó a subir las escaleras, sentándola en el sofá.
Buscando en la nevera una jarra de agua sirvió un poco en un vaso, sentándose frente a ella bebió agua pura, fresca y cristalina de manantial.
─Pensé que el agua, era para mí.
─Ay, no mi niña yo ya estoy mascando el agua, estoy más deshidratada que tú. Te daré un poco, se ve que las lágrimas han secado casi tu alma.
─Más que el alma mi dignidad, mis bolsillos, mi amor y solo por tres días de sexo desenfrenado con el hombre más guapo, inteligente y perfecto de todos.
─¿Entonces qué es lo malo?
─Que lo arruiné a él, me arruiné a mí. Arruiné a miles de familias americanas y arruiné todo vida posible en la tierra.
─¿Tan grave es?
─Sí. Ni porque cambie de nombre enmendaré mis errores. Haré lo único digno que se puede hacer en estos casos.
─¿Qué harás?
─Irme lo más lejos posible. Iniciar desde cero.
Y así hizo Candy. Tomó una maleta pequeña con algunas de sus pertenencias más preciadas. Un par de pantalones, vestidos, unas blusas y suéteres para el frío en caso de que en el lugar a donde le tocara estar hiciera un frio tan insoportable como el de su alma.
Pagó a la casera el mes que debía, con papeles en mano fue al aeropuerto.
Entre tanto Albert enfrentaba los medios.
─¿Señor Albert para garantizar el bienestar social de los países latinos vulnerados por la mala gestión de sus políticos, piensa invertirlo en bailes y mujeres como hizo el día de su nombramiento oficial?
─Señorita, su pregunta es mal intencionada. Sabemos que el dinero recolectado de la subasta es para invertir en los hospicios.
─Imágenes demuestran que usted estuvo tres días desparecidos con la joven rubia del baile, cuando debía reunirse el sábado a los cinco de la tarde con los congresistas africanos para firmar acuerdos financieros que combatan el nuevo virus capaz de causar la muerte en una semana, ¿qué pasó con su deber con el mundo?
─El doctor Georges Villers, está facultado para sellar los contratos en caso de ausentarme por fuerzas mayores. La aprobación fue discutida y aprobada hace más de una semana sobre la fecha de la firma. Nunca improvisamos y menos con la vida humana.
─¿A fuerzas mayores se refiere a pasar tres días desaparecido con la rubia del baile? Además, es bien sabido a voz populi, que usted el día de su luna de miel huyó, dejando a su esposa sumergida en la tristeza, ¿cómo pueden confiar el dinero de las naciones en un hombre inestable?
─No más preguntas.
─¡¿Por qué se niega declarar?! ─le gritaban los periodistas.
Albert como pudo logró salir airoso de la rueda de prensa.
Mientras, Candy tomó el vuelo de la cinco de la tarde con destino a Inglaterra. Tenía la ilusión de creer que allí nadie la reconocería. También tenía estudios en el área de la enfermería por lo que contactó a un amigo médico para que le encontrara una vacante como enfermera profesional.
─¡Qué alegría recibirte!
─Gracias por tu ayuda. Quiero pedirte el favor de que me llames por mi segundo nombre.
─De acuerdo, Blanca. Veo que cambiaste tu look, sin preguntas.
Candy había pintado su cabello de negro azabache, también se lo alisó, cortándolo a nivel de los hombros, su piel se veía más blanca que nunca.
Candy iniciaría una vida desde cero. Superando los obstáculos.
Fin.
