DIECISÉIS
La fiesta transcurrió tranquilamente. Candy no había vuelto a ver al chico de los ojos color cielo. Como tampoco a Cody, ni Terry y a los demás.
— ¿Estás bien?—preguntó su amiga. —Has estado muy callada.
—No es nada. Solo estoy cansada. —dijo— ¿Has visto a Terry? He tratado de localizarlo y su celular está apagado. Y no lo veo por ningún lado.
—Se fueron al sótano. Al parecer tu hermano no está de humor. Hace unos minutos lo vi hablando con tu padre y ambos parecían molestos.
—Espero que Cody no se haya mandado una de las suyas.—Rogó la rubia.
—Creo que deberías de aprovechar y hablar con West antes que las cosas se pongan feas. He visto a Terry muy cabreado además, si se entera que te estuvo mandando mensajes, no le va a gustar nada de nada.—le aconsejó Flammy.
—Si. Lo sé pero no he encontrado la manera de hablar. Aunque preferiría hacerlo primero con Terry.
—Ellos están ocupados ahora.
—Pero...
—Aprovecha ahora que todos están ocupados. Y no te preocupes. Yo los voy a distraer mientras tú hablas con West.
—Estás segura que es una buena idea el decirle que Terry y yo...—preguntó dudosa.
—Créeme.—le cortó— Es lo mejor, si es que quieres evitar que Terry lo mate.
—Está bien. Creo que tienes razón.—admitió.
—Hablando del rey de roma... —dijo Flammy señalando con la mirada a West.—Me voy. Ten cerca tu móvil.—dijo y se marchó.
—Hola de nuevo. —dijo con su característica sonrisa.
—¿Qué hay? —¿Qué hay? ¿En serio, Candy? ¿Eso es lo mejor que pudiste decir? Se regañó mentalmente. Sin embargo él le dio una media sonrisa.
—He estado buscándote... Quería hablar contigo. — dijo rascándose la cabeza, mirando al suelo. Parecía nervioso.—Hace tiempo que busco la manera de hablar contigo. Pero es difícil hallarte sola—Especificó mirándola a los ojos, esa extraña expresión en su rostro hizo que su corazón se agitara. Tenía una remota idea de lo que él quería decirle así que antes de que él continuara ella se adelantó.
—Eh... yo también quisiera hablar contigo.—dijo ella.
—Bien. Te parece si mejor vamos a un lugar más tranquilo.—sugirió. Ella miró a todos lados comprobando si había alguno de los chicos estaba alrededor.
—Me parece bien.
Se apartaron un poco de los invitados y tomaron asiento en una de las tumbonas cerca de la piscina.
—Yo—dijeron al unísono. Ambos se echaron a reír divertidos.
Ella se dio cuenta que se encontraba peligrosamente cerca.
De repente su divertida expresión cambió a una más seria.
—Eres hermosa— dijo. Su corazón comenzó a latir con más fuerza cuando acercó la mano a su rostro y acarició su mejilla para luego colocar un mechón de su cabello tras la oreja.—Hace tiempo que quiero decirte esto.—dijo—Tú me gustas, Candy.
Ella sintió como si toda la sangre de su cuerpo hubiera subido a sus ahora calientes y rojas mejillas. Eso la había tomado jodidamente desprevenida.
—West...yo, yo no... —no sabía cómo formular su respuesta. Buscaba una manera de no sanar tan dura con él.
—Shhh...—la silenció con un dedo en su boca. Ella se tensó ante su toque—Lo siento por ponerte en esta situación—bajó su mano y continúo hablando—Sé que estas con Grandchester y lo respeto—ella abrió los ojos.—Si. Y no te preocupes por mí que no diré nada. No me corresponde.
—¿Cómo lo supiste?—preguntó dudosa.
—Los vi un día cuando él te acompañó al laboratorio.
—Ah. Yo... Lo siento si te di una idea o hice algo que te hiciera pensar que...
—No hiciste nada. Sinceramente me gustaste desde el primer día que te chocaste contra mí y casi me derribas—rió al recordar ese día—Simplemente me pareciste divertida y quería conocerte y tenerte cerca.
Ella no tenía idea de que decir. Tampoco quería sonar grosera. Él solo estaba siendo sincero.
—Yo no sé qué decirte.
—No tienes que decir nada. Solo quería hacerte saber que me gustas y ya que por ahora no podré tener lo que quiero. Al menos solo déjame ser tu amigo.—le sonrió y ella asintió.
Pasaron un largo rato charlando. Él le comentó que además estudia teatro en sus tiempos libres. También le contó sobre una exnovia que tuvo antes de comenzar la universidad a la cual dejó porque ella se fue a estudiar en otro país. Y lo duro que vivió la separación de sus padres, lo cual terminó asimilando a medida que pasaba el tiempo.
West agarró más confianza y comenzó a burlarse de ella, haciéndole bromas, siguieron hablando y riendo de manera animada. Se dio cuenta al instante que él era una persona a la que le gustaría conocer mejor. Y tenerlo como amigo.
—Ahora entiendo porque nunca reparé que podrías estar invitado.—dijo ella.
—Es por eso que prefiero utilizar el apellido de mi madre y no el de mi padre. No quiero que las cosas se me den solo por ser hijo de tal.—dijo finalizando a la pregunta que la rubia le había formulado.
—Candy ... Cariño. —Escuchó una voz femenina dirigiéndose hacia ellos.
—Es mi madre.—dijo poniéndose de pie.
—Oh, no sabía que estabas ocupada.—miró al joven.
—Está bien mamá. West es un compañero.—él sonrió amablemente a la madre.
—Cariño podrías buscar a tu hermano. Vamos a partir el pastel y los quiero junto a su padre. Además quiero que posen para la foto familiar.—dijo y se fue.
—Ella jamás se olvida de tomar esa foto.—sonrió—. Bien... tengo que irme.
—Candy...—la detuvo antes de que se marchara.
—¿Sí?—se giró para mirarlo.
—Si... —se rascó la nuca— Si lo tuyo con él no funciona... me gustaría ser el primero en tener una oportunidad.
Ella negó y sonrió.
West era un chico guapo, sabía que no tardaría en encontrar rápidamente una chica que lo hiciera olvidar de ella. Y esperaba que así lo fuera. Porque aunque se lo negara a ella misma sentía que lo que tenía con Terry era más fuerte de lo que pensaba. Además él, en primer lugar, era su mejor amigo y no se imaginaba su vida sin Terry a su lado.
Candy regresó donde todos ya estaban reunidos, incluso Cody estaba junto a su padre, los demás junto a Flammy también estaban alrededor pero al que no vio fue a su novio.
—Candy.—la llamó su madre.—Ven cariño.
Los White posaron para la foto. Luego cantaron el cumpleaños y finalmente partieron el pastel. En lo que Candy aprovechó para separar a su amiga y preguntar.
—¿Dónde está?
—No lo sé. Cuando fui al sótano no estaba. Tampoco mi primo. Intenté llamarte pero tu teléfono me mandaba al contestador.—dijo Flammy.
—Mierda.—maldijo al ver que su móvil estaba sin carga.
—Y... ¿Por qué tardaste tanto? ¿Se lo dijiste a West?
—Él ya lo sabía. Al parecer todo el mundo sabe que Terry y yo estamos en algo menos mi hermano.
—Sabes que eso no es nada bueno, ¿verdad?
—Si, lo sé. Necesito encontrar a Terry. Será que me vio cuando estaba con West.—dijo preocupada. Lo menos que quería era que él se hiciera una idea equivocada.
—No lo creo. De ser así ya sabes cómo habría reaccionado.
—Si. En este momento estaríamos tratando de separarlos.
Candy se alejó de su amiga para ir en busca de Terry. Lo buscó en el sótano, por la casa, en las habitaciones y baños. Les preguntó a los chicos y Zack le dijo que la había estado buscando.
...
..
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Había tratado de mantenerse apartado de ella. Pero se sentía intranquilo estando West en el mismo lugar. Así que cuando Cody llegó al sótano el aprovecho que estaba en la suya y se escabulló buscando a Candy.
La vio charlando con Weston. No le gustó la idea de que estuvieran solos. Confiaba en ella pero no podía decir lo mismo del otro. Cuando los vio alejarse quiso seguirla. Pero la mano de Zack lo agarró del brazo con fuerza.
—No—le susurró para que no escucharan la tía y abuela de su novia, que estaban a unos pasos de ellos.
—Suéltame.—le advirtió.
—Escúchame. No hagas una estupidez. Candy sabe darse su lugar y nada va a pasar entre ellos. Por Dios, la conoces Terry.—Zack hablaba en voz baja para que solo él pudiera oírle. Sabía que tenía razón pero no quería quedarse ahí esperando.
—¿Y si trata de besarla?
—Lo detendrá. Confía en ella.
Exhaló muy hondo y se dio la vuelta.
...
Se dirigió hacia la playa, era el único lugar donde le faltaba por buscar. Y no le falló el instinto.
Se encontraba solo. Tenía las manos metidas en los bolsillos del pantalón, los pies descalzos y miraba las olas romperse contra la orilla.
Candy se quitó las sandalias y fue hacia él. No podía oírla gracias a las olas y al viento.
—¿Te estabas escondiendo?—le preguntó cuando se encontró bastante cerca para que la oyera.
Él negó y esbozó una sonrisa de medio lado.
—No. Te estaba esperando.—dijo. La agarró desprevenida y estampó su boca contra la de ella. Exigente. Su lengua se hundió en su boca, envolviéndose alrededor de la de ella mientras su manos agarraban su trasero y la jalaba con fuerza hacia su cuerpo. Apenas había tenido tiempo de responderle, cuando se retiró de repente. Candy abrió los ojos. Se hallaba de frente a ella respirando con dificultad.—Es por eso que trato de mantenerme lejos de ti. Porque cuando te tengo cerca quiero agarrarte y abrazarte malditamente fuerte y que no puedas ir a ningún lado de nuevo. Quiero besarte hasta que te olvides de todo y de todos.
—¡Wow! —exclamó.—Vaya que estás intenso.—se sorprendió ante su confesión y arrebato.
—De verdad Pecas. —exhaló. La miró fijamente y le preguntó lo que tanto le estaba comiendo la cabeza.—¿Qué hacías con el idiota de Weston?—gruñó sin soltarla.
—Ah. Ya... Así que es eso—ella rodó los ojos. Se separó un poco pero él mantenía sus manos en la cintura.
—No estoy gritando. Tampoco hice ningún lio. Aún.—le remarcó.
—No dije nada.
—Bien. Te escucho.—la alentó a seguir.—Te estoy dando la oportunidad de explicarme sin necesidad de enojarme por esto.
—Por esta misma razón.—apoyó su mano a la altura del corazón. Su musculo saltó bajo su toque.—Somos amigos.—él rió sarcástico.—Terry...
—Lo siento. Continúa.
—Quería dejarle en claro algunas cosas. Lo creas o no. Aceptó que solo seremos amigos. Sabe que no estoy disponible.
—¿Se lo dijiste?
—No fue necesario. Ya lo sabía. También me dijo que no será él quien se lo cuente a Cody. Me dijo que me quedara tranquila.
—Es un idiota.
—¿Por qué no lo quieres?—frotó su pulgar en su ceño fruncido.
—No soporto la idea de que alguien más te pueda mirar con otras intenciones. No lo quiero. Solo yo puedo hacerlo.—dijo mientras deslizaba la mano alrededor de su cintura y la apoyaba en la espalda baja.—¿Está mal querer a mi novia solo para mí?—besó la rosada mejilla— Te quiero.
Su respiración se detuvo. Estaba casi segura que su corazón también lo hizo.
—¿Qué?
—Ya me has oído.—elevó una ceja.
—No. Creo que no te he entendido bien.
—Me has entendido perfectamente. Haces que sienta... cosas que no había sentido antes. No sé cómo manejar esta clase de sentimientos, Pecas, así que hago lo único que sé hacer. —hizo una pausa y dejó escapar el aliento contenido— Comportarme como un idiota. Te dije que no se me da bien esto de una relación. Nunca estuve en una. Estoy intentando hacer lo mejor que puedo.—se encogió de hombros.—Deberías considerarte afortunada.–dijo arrogante y ella rió.
—Estoy segura que si.
—Te quiero y, te quiero solo para mí.
—¿Me quieres?—sonrió ante sus palabras. Sabía lo mucho que a Terry le costaba abrirse y más detallar lo que sentía por alguien.
Él sonrió y bajó la cabeza hasta que sus labios se cernieron sobre los suyos.
—Te quiero. Por supuesto que lo hago. Y siempre lo haré.—fue sincero —Por cierto, estás preciosa. Pero si fuera por mí te habría mantenido encerrada por usar ese maldito vestido
—Tonto.—dijo entre risa. Y luego apretó sus labios contra los suyos y envolvió sus brazos alrededor del cuello. Él clavó las manos en su cintura y la levantó haciéndola girar mientras se besaban. Cuando la dejó sobre sus pies le confesó.
—Estaba pensando en que mañana podríamos salir los dos.—se rascó la nuca. Parecía nervioso— ¿Qué dices?
—¿Salir?—enarcó una ceja.
—Si, algo así como una cita.—sus ojos brillaron y ella le sonrió. Él le devolvió la sonrisa.—Dijiste que nunca tuvimos una. Así que pensé que tal vez podríamos hacer algo mañana.
—Me encantaría.
Él se inclinó y volvió a tomar posesión de su boca.
—Supongo que has encontrado a tu novio.—gritó la voz de Flammy sobre el viento.—Suelten chicos que Cody ya viene con los demás.
—Lo encontré.—respondió la rubia con una sonrisa.
—Ellas es difícil de resistir.—dijo Terry plantando un último beso en los labios de su novia. Y la puso nuevamente en la arena.
Flammy negó con la cabeza y sonrió hacia su amiga. Y luego habló hacia él.
—Bueno. Inténtalo por favor. Pero si siguen mirándose y enfurruñándose como bebés, Cody va a golpearte.
Los chicos llegaron junto a ellos, trayendo unas cervezas y una guitarra.
—¿Qué hacían aquí?—como siempre su hermano cuestionando todo con respecto a su pequeña hermana.
—Esperándolos.—respondió su hermana.
—Solo nos falta la una hoguera.—comentó Larry.
—Yo me ocupo—dijo Zack. Sacó su móvil, encendió la linterna y luego lo puso en el centro.—No será una hoguera pero funciona—dijo encogiéndose de hombros. Todos estallaron de risa e hicieron lo mismo, con sus celulares.
Flammy examinó la arena por piedras o cualquier otra cosa que pudiera rasguñar o rosar sus piernas. Una vez segura, se sentó y palmeó el lugar junto a ella para que su amiga para luego apoyar su espalda contra la de ella.
Todos se sentaron formando un círculo, Zack tomo la guitarra y Terry comenzó a cantar. Las chicas le hicieron el coro mientras los demás hacían suyo con sonidos improvisados con las bocas y manos.
...
..
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Cerca del mediodía los chicos ya tenían todo listo para regresar a la universidad. Estaban todos despidiéndose de sus padres.
—No entiendo por qué te tienes que quedar.—cuestionó Candy a su hermano.
—Ya enana. Te dije que necesito hablar con papá de un asunto.—era como la quinta vez que trataba de convencerla.
—Y no me vas a decir de qué se trata, ¿No es así?—se cruzó de brazos.
—Es cosa de hombres. No te metas en ésto.
—Cody, no le hables así a tu hermana.—lo reprendió su madre.
Exhaló largo y profundo.
—Lo siento, enana.—se disculpó.— Y no te preocupes que no es nada. Solo quiero hablar con papá y después te contaré.—le dio un abrazo para reconfortarla.—Y tú—le hablo a Terry.—Más te vale dejarla entera en su departamento.
—Por favor, tengan cuidado en la ruta.—dijo la madre de Terry.
—Yo conduciré. Saben que soy el más responsable en ese sentido. Más cuando llevo a alguien conmigo.—le guiño a la pecas.
—Eso no es cierto. Yo soy el más centrado de todos aquí. Además de ser el mayor.—se quejó Larry.
—Tiene razón. Es el más viejo.—se burló Cody.
—Entonces ¿Tú también te quedas?.—preguntó Flammy a su primo.
—Si. Así Cody no viaje solo a la vuelta. Estaremos el martes temprano para comenzar con los entrenamientos.
—Me gustaría poder estar el viernes y verlos jugar.—dijo una Carol emocionada.
—Mejor te aguantas hasta el siguiente partido que es contra los kings.—le dijo su hijo.—Será más interesante cuando les pateemos el traseros a esos idiotas.
—Bien. Debemos salir o se nos hará la noche —le dijo Larry—. Yo voy a conducir. Tengo que estar en control de la situación.
—Lo que quieras —dijo Terry ubicándose en el asiento trasero junto a Candy y Flammy junto a su novio.
—Tengan cuidado, por favor.—pidió Eleonor.
—¡Buen viaje!
...
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Hora más tarde, Larry iba muy concentrado en la carretera, Flammy tarareaba una canción que sonaba fuerte a través de la emisora.
Candy dormía tranquilamente mientras Terry mantenía su cabeza apoyada en el regazo de su novia y con el celular en mano.
Hizo clic en el navegador, y se abrió la página de inicio de Google. Escribió: "Dónde llevar a una chica para una cita". Golpeó enter y salieron varios resultados de búsqueda.
—Cena a la luz de las velas en la playa.—leyó y negó.—Imposible. Ir a la ópera.—volvió a negar—¿Quién diablos va a la opera?; Un paseo en bicicleta. Ir a un rec...
—¿Qué estás haciendo?—lo interrumpió la rubia despertándose de su plácida siesta.
—Nada.—dijo y dejó el móvil a un lado, sin cerrar la aplicación.
—Hmmm—emitió con los ojos entrecerrados.—¿Qué ocultas Terrence Grandchester?—estaba algo ruborizado por lo que la curiosidad de su novia había aumentado— ¿Por qué será que no te creo?
Él se encogió de hombros.
—No lo sé. No estaba haciendo nada.—sonaba avergonzado pero a la vez divertido. —De verdad.
—Bien.—dijo y en un descuido tomó el móvil.—Oh...—leyó y comenzó a reírse.
—No te rías. Dame eso.—le quitó el teléfono.
—¿Estabas haciendo lo que creo que estabas haciendo?
—Depende de lo que crees que estaba haciendo.
—Terrence Grandchester, ¿Estabas buscando en Google? —Se veía avergonzado.—Uh... —ella se mordió el labio inferior para contener la risa.—Oh por Dios.
—Adelante. Ríete. —se enderezó y se cruzó de brazos ofendido.
—No me estoy burlando. Es solo que... ¿Tú no sabes a dónde llevarme? Es decir... hemos salido cientos de veces.
—Ya. No entiendo esta cosa de citas y lo sabes.—paso la mano por la nuca— Sólo quería hacer algo que te guste. Ya sabes. —se encogió de hombros— Deja de reírte de mí.
—No me rio. Es más, pienso que es lindo lo que estás haciendo.—le dijo en voz baja.—Si estuviéramos solos. Te habría comido a besos en este preciso momento.—le dijo luego de dar un rápido beso en la mejilla.—Y bien... ¿Qué te sugirió Google?—dijo para luego soltar una sonora carcajada.
...
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Larry dejó a Flammy y Candy en su departamento, y luego a Terry en el suyo.
—¡Oh por Dios!—exclamó la morena.—Ahora mismo solo necesito un buen baño y mucho sexo.
Ambas reían de las ocurrencias de su amiga.
—Yo voy por el baño ya que dormí casi todo el viaje.—dijo la rubia.—Pensé que irías con Larry.
—Acaso me estás echando, querida amiga.—su voz denotaba picardía. Por lo que su amiga se sonrojó.
—¿Qué? No, claro que no. ¿Pero qué cosas dices?
—No lo sé—se encogió de hombros.—Tal vez querías que te dejará el departamento para ti solita así hacías tus cochinadas con...
—¡No! Cállate—le arrojó un cojín del sillón. Y Flammy rio de su amiga.—mejor iré a bañarme.
—Toma una ducha bien fría Can.—siguió burlándose y riendo a costa de su amiga.
—Perra.—le gritó Candy entre risa.
Hora mas tarde, Terry se encontró justo en la puerta de entrada a su amigo.
—¿Qué haces aquí?—le cuestionó Larry.
—Nada que te importe—le respondió.
En ese momento se abrió la puerta.
—¿Pizza esta noche?—dijo Terry entrando primero al departamento de las chicas.
—Suena bien.—dijo la rubia recibiendo la caja y dejándolos pasar.
—Pensé que ibas a dormir temprano hoy.—dijo Flammy dirigiéndose a su novio desde donde estaba sentada.—No te esperaba.
—¿Está mal que haya preferido venir a ver a mi chica?—le respondió juguetón para luego depositar un beso en sus labios.
—Siempre y cuando te refieras a mí.
—¿quién más sino eres tú?
Mientras los chicos se saludaban, Terry llevó a Candy hacia la cocina para poder robarle un beso.
—Terry... nos puede ver Larry— le advirtió Candy a su novio.
—Que nos vea. Tengo pensado decirle a todo el mundo que eres mi novia.—dijo muy seguro tomándola de la cintura.
Por su parte Larry se debatía en dejar o no la pequeña hermana de su amigo con Terry.
—Creo que mejor nos quedamos.
—¿Qué? Dijiste que íbamos a dormir en tu habitación.—se quejó la morena.
—Cambie de opinión.
—¿Y ahora que bicho te picó? Pensé que querías que estuviéramos solos.
—No creo que sea buena idea de dejar sola a Candy con Terry.
—¿Qué?
—Si. No sé tú pero yo he notado que Terry se comporta de una manera extraña. Y además está la manera en cómo se miran.—Dijo mientras los observaba desde su lugar a ambos intercambiar miradas y sonrisas cómplices. Su novia reía por dentro.
—Ay por Dios, Larry. Mi amiga es bastante grandecita para saber lo que hace. Así que levanta tu culo y vayámonos.—le ordenó tirando de su mano para que se levantase.
—Está bien. Pero serás tú la culpable si pasa algo.—le dijo muy serio y ella soltó una carcajada al ver la cara de preocupado del chico.
—Nosotros nos vamos.—le gritó a su amiga. Y Larry le lanzó una mirada como advirtiéndole que se comportara bien con la rubia.
Una vez solos. Candy se acercó lentamente a Terry quien terminaba de guardar unas porciones de pizzas que quedaron.
—Tengo algo para ti, realmente. Considérelo tu regalo también.
Él la observó receloso cuando se inclinó para besarlo. El hormigueo comenzó cuando tocó sus suaves labios y se extendió a través de su mejilla. Se presionó en él, y cuando sintió su boca moverse con la suya, envolvió sus brazos alrededor de su cuello. Sus labios se abrieron, y se burlaba de él con su lengua, enviándole a lamer su labio superior. Cuando agarró con los dientes su labio inferior, también él la tomó en sus brazos.
Por una vez, ellos iban despacio. Las otras veces que se habían besado, habían sido más como un ataque. Pero ahora, cada toque era como leña para el fuego.
La abrazó, sus fuertes brazos alrededor de su espalda y sus labios consumidos por besos hambrientos. Todo lo que veía y sentía era a Terry ahora. Olía abrumadoramente bien y anhelaba ver si olía bien por todas partes. Lo atrajo hacia ella enterrando su cabeza en su cuello, besándolo y mordiéndolo.
―Jesús, Candy ―dijo Terry con voz entrecortada.
La fogata en su vientre se había convertido en una hoguera en su interior. Sus manos se deslizaron por su espalda, registrando toda su piel, y deslizó un dedo por el contorno de la cinturilla del pantalón. Sus dedos se erizaron ante la sensación de su piel suave, y su estómago dolía hambriento. Le dio besos desde su oreja hasta la clavícula, su lengua se deslizaba afuera cada cierto tiempo para saborearlo.
Él respiró entre dientes y la apretó, mientras frotaba suavemente sus caderas con las suyas.
Más.
Sus brazos aún la rodeaban, y las manos de ella corrían por su espalda y por su duro estómago. No podía tener suficiente de él. Lo necesitaba más allá de la razón.
―No voy a parar ―le susurró segura quitándole la camiseta y, luego reclamó su boca de nuevo.
—Tampoco quiero que lo hagas.
La tomó al agacharse y la levantó del suelo. Ella envolvió las piernas alrededor de su cintura mientras la llevaba a la habitación, la depositó en la cama. Lo haló atrayéndolo con ella.
Levantó su camiseta hasta encima de su sujetador y sus dedos le rozaron la piel mientras la observaba.
―Eres tan hermosa. ―La esquina de su boca se convirtió en una pequeña sonrisa. Su corazón latía más rápido cuando sus labios bajaron por su estómago. Dejó escapar un gemido y se arqueó hacia él.
―Terry ―dijo con voz ahogada.
Su boca quemó la piel de su caja torácica hasta el hueso de su cadera, y sintió un latido en su centro. Siguió besándola mientras desabrochaba su short. Podía sentir que estaba listo a través de la tela del pantalón que rosaba sus muslos.
¿Lo estaba yo? Pensó. Deseaba demasiado a Terry. Solo quería ceder y dejar que sucediera.
Dio un grito ahogado por el toque de su boca encima del encaje de sus bragas. Su lengua se deslizó por su piel mientras sintió salir su ropa interior. Apenas lo registró porque su boca estaba por todo su estómago y sus muslos. El pulso entre sus piernas empezaba a doler y necesitaba aliviarlo.
―Terry ―susurró tratando de controlarse a sí misma.
―No me detengas, Candy. Por favor, nena, no me detengas.—suplicó con la voz ronca.
Cerró sus ojos. Tiró su camiseta sobre su cabeza, y Terry le bajó los tirantes del sujetador para liberar sus pechos.
Sus labios eran un torrente por todo su cuerpo. Un rastro húmedo de su boca era como una mecha de un cartucho de dinamita. Y la dinamita estaba entre sus muslos.
―¡Oh! ―Sus ojos se abrieron de golpe, y su cuerpo se sacudió cuando sintió su lengua correr a lo largo de su sexo―. ¿Qué estás haciendo? Oh, mi Dios.
Él inclinó la cabeza hacia un lado, indagando algo en su cabeza.
―Sí. Eres mía, nena. ―afirmó en voz baja. Sabía que su pecosa no había tenido novio por lo que creía que era virgen y ahora estaba más que seguro de que así era.
Pero antes de que pudiera sentirse acomplejada por su falta de experiencia, él le besó los muslos, haciéndole tambalear de nuevo.
―No tienes ni idea de lo feliz que me hace. ―Y movió su boca de nuevo hacia ese pequeño botón que la hacía enloquecer.
— ¡Oh. Mi Dios! — se sentía tan bien. Casi no podía soportarlo. Su lengua lamía todo su ser. Cada gramo de energía y deseo de su cuerpo se agrupó entre sus piernas, y sabía que algo se estaba construyendo dentro de ella. Sus pezones estaban duros y Terry amasaba un pecho cada vez mientras trabajaba entre sus piernas.
―Jesucristo, si pudieras verte como te veo. Jodidamente hermosa. ―Sopló en su centro.
Hizo girar su lengua alrededor de su centro, y sintió la repentina necesidad de contener la respiración. Sentía que al privarse de aire aumentaría su necesidad. Y tenía razón. Eso le permitió concentrarse en todo lo que le hacía. Las sensaciones golpeaban dentro de ella, y estaba increíblemente mojada.
Terry la penetró con su lengua, y ella echó la cabeza hacia atrás, arqueándose más hacia él. Se corrió, conteniendo la respiración mientras olas de éxtasis calentaron su cuerpo y le hacían llorar por él. Terry continuaba trabajándola hasta que salieron los últimos estremecimientos de su cuerpo.
―Maldición, Candy. ―Terry avanzó de nuevo para mirarla a los ojos, su excitación empujándola―. Tu belleza no es nada comparada como luces cuando te corres.
―Eso fue... ―No podía pensar. Su cuerpo nunca había sentido algo tan maravilloso, y quería que él se sintiera igual.
Se acercó hasta que sus ojos se encontraron y apretó sus caderas contra las de ellas. Sus muslos se tensaron y ella estaba agonizando con sus movimientos lentos. Él estaba listo.
Tomó su mejilla.
―Te he deseado por un largo tiempo.
Se levantó y ella capturó su boca con la suya. Su mano viajó hacia abajo, entre sus piernas y acarició su dureza con su mano. El tamaño de su lengua y lo que acababa de hacerle no era nada en comparación con su erección. La asustó un poco y se emocionó.
Soltó el broche de su sujetador para quitárselo, y él rápidamente se deshizo de sus zapatillas y medias, luego se quitó el pantalón junto al bóxer y lo lanzó al suelo. Sin darle tiempo a que ella lo admirara se inclinó y llevó sus labios hacia sus pezones. Escalofríos corrieron por su piel y el placer rodó fuera de sus poros, le agarró su cabeza hacia ella, saboreando su boca caliente. Cambió de un pecho a otro, ella envolvió sus piernas alrededor de él, necesitándolo lo más cerca posible. Quería más.
Terry y ella saltaron al oír que tocaban la puerta de su habitación.
―Terry, ¿Estás ahí? ―preguntó una voz de hombre.
¿Qué? ¿Quién era?
— ¿Zack?—dijo Candy en voz baja y alarmada.
―Voy a matarlo ―gruñó Terry en voz baja.
― ¡Mierda Terry! ―gritó a la puerta. — ¡Cody está aquí!
Continuará...
¡O.M.G! ¿Qué pasará ahora?
Bien... ya estoy aquí para darle continuidad a mis historias. He estado ocupada rindiendo algunos finales, pero ahora que estoy libre iré actualizando lo mas pronto posible.
Gracias por su paciencia y, nos leemos en el siguiente.
¡FELICES FIESTAS!
