No al plagio

Capítulo once: El negro en aprietos

.

.

.

Poco a poco regreso a la consciencia, hay un sonido molesto en mis oídos, como cuando los micrófonos se vician. Esta vez no tengo miedo de abrir los ojos, ya que el ambiente es tranquilo y otorga paz. Pestañeo un poco al tener una luz directa sobre la cara, alzo las manos para taparla, pero hay manos suaves que impiden el movimiento y, a los segundos, la luz desaparece. La superficie en la que estoy recostado está fría y dura, por lo que adivino que estoy en la veterinaria de Deaton —claro, porque es el único hospital para peros que hay en el pueblo—. Pero yo no soy un perro, soy un humano, ¿qué hago aquí? ¿Y por qué nadie está hablando? ¿He alucinado todo?

—Estoy muerto, ¿verdad?

—No, joven Stilinski, creo que ya has deducido que estás en mi lugar de trabajo. No hay peligro de muerte alguna… por ahora.

—Por supuesto, porque siempre nos quieren matar —contesto con burla, volteando el rostro hacia el hombre que, si mis cálculos no me fallan, no está solo conmigo—. ¿Sabes algo, doc? —Asiente en respuesta—. Me siento tan desganado que no tengo la fuerza para divagar, así que por primera vez seré directo en algo: ¿qué demonios es lo que está pasando conmigo?

No responde enseguida, sino que opta por recargar la palma de las manos sobre la camilla metálica; pero cuando eres un observador nato como yo, puedes ver más allá de un simple silencio y es su rostro el que me da la respuesta que le pido. El escalofrío que nace de la punta de los pies no augura nada bueno. Sé que no me gustará nada de lo que dirá. Más necesito respuestas. Ya.

Suspira con resignación, volteando la cabeza hacia donde pienso que está la manada. Me niego a desviar la mirada hacia ellos. AL encontrar lo que buscaba en ellos regresa su atención a mí.

—En el inicio de los tiempos, el Gran Sabio creó a nueve hermosas criaturas con el fin de proteger a los seres humanos de las atrocidades que ellos mismos creaban. Cada uno de ellos tenía un cierto número de colas, desde una cola hasta nueve colas. Por muchos años hubo paz, todo era perfecto… Hasta que los humano comenzaron a desear más poder del que se les fue otorgado y la única forma de lograrlo era haciéndose de los guardianes de la tierra: los hijos del Gran Sabio.

"Pudieron hacerse de tres de ellos, los más débiles por tener la menor cantidad de colas, pero no creas que fueron fáciles de matar. Les costó miles de años poder hacerlo, sin embargo, cada prueba fue una tortura para los pobres guardianes que solo tenían de culpa amara a los humanos como su Padre los amaba. Que cayeron en la trampa por la bondad de su corazón…

La voz del hombre es tranquila, como un experto cuanta cuentos frente a una audiencia de niños pequeños. No puedo interrumpirlo.

"No obstante, cuando el más poderoso de ellos supo lo que las bestias humanas le había hecho a sus hermanos, enloqueció. Se vengó de aquellos que mataron a sus hermanos en una sola noche. No fue suficiente para él, su sed de sangre no estaba satisfecha. Quería más. Quería deshacerse del dolor que le provocaba la perdida de sus iguales. Así que creó tormentas, tornados, devastaciones, terremotos, tsunamis y toda clase de desastre, logrando acabar con la tercera parte de la humanidad.

"Todo lo hizo bajo la ciega vigilancia de su Padre y, cuando éste creyó que ya era justo, puso un alto a la ira implacable de la bestia. Lo encerró por mucho tiempo en lo más profundo de la Tierra para que pudiera pensar y reflexionar sobre lo que había hecho y que si eso lograba regresarle a sus hermanos. Claro está que el zorro es necio y se encerró en su verdad, que había hecho bien., pero, también como buen zorro, fue astuto y le hizo creer a su Padre que había recapacitado después de un tiempo.

"Aunque se le olvidaba al zorro que su Padre lo sabía todo y que lo estaba dejando para saber si era capaz de hacer lo que planeaba….

La oración queda flotando por unos segundos, logrando que la desesperación comience a picar todo mi cuerpo.

—¡Habla, hombre! ¿Qué pasó? —pregunto exasperado. Hay una sonrisa en los labios de Deaton.

—No sé —dice.

No sé.

Repito esas dos palabras en la mente hasta digerirlas.

—Es una broma, ¿cierto?

—No, me temo que no.

—¡Me estás jodiendo, doc! ¡No puedes dejarme con el chisme a la mitad! —grito sentándome en la camilla con rapidez. Lo que casi hace que me vaya de frente al piso por el mareo que me golpea, gracias a Deaton no sucede.

—¡Stiles! —gritan todos. Ahora sí hablan, ¿verdad, perros?

—Ustedes cállense, que los adultos estamos teniendo una conversación aquí —nos señalo a Deaton y a mí.

—Créame que quisiera poder ayudarlo más, Stiles, pero es un tema que los sobrenaturales saben y que a todos se les dio la misma información. El mismo Sabio de los Seis Caminos se encargó de que nadie supiera más al respecto, sin embargo…

Oh, por Dios. Estoy tan cansado que hasta ahorita se me prende el foco.

—No me digas que… —comienzo, pero el toque en el antebrazo me distrae.

Es Erika mostrando una sonrisa pequeña, tímida. Muy parecida a las que daba antes de ser una loba. En sus ojos hay un poco de temor que provoca más terror en mí.

—Eres manada. No olvides eso.

Las lágrimas se derraman por las mejillas, el rostro de Catwoman se torna borroso; siento sus brazos pasar por sobre los hombros para darme un abrazo de oso. Los que ella da sin que nadie pueda igualarlos. Una respiración más se une al abrazo, Isaac me abraza por detrás; de uno a uno se van uniendo al gran abrazo.

Lo peor de todo es que dicho abrazo fortalece los lazos de manada, y no es que sea feo estar enlazado a ellos. No. lo feo es darme cuenta que son correctas las conclusiones que Deaton trató de hacerme llegar.

—El zorro está dentro de mí.

No es pregunta, es una afirmación. Rompo en llanto y el gemido lastimero de los cachorros se une.

Bah, que llorón eres, humanito. ¡Te acabo de defender de una perra estúpida y te pones a llorar como si fuera horrible tenerme de huésped! Eres un malagradecido. No tienes modales, pero se te va a ofrecer. Vas a ver. Me haré el ciego, sordo y mudo como Shakira cuando me pidas a ayuda.

—Deaton —llamo.

—Mande.

—¿Estás cien por ciento seguro de que tengo al zorro dentro? ¿No es otro?

Me observa con confusión mientras contesta:

—Muy seguro de que es el zorro, Stiles. Las pruebas dieron positivo. El demonio destructor vive en ti.

—Creo que tenemos un problema —digo con nerviosismo.

Los lobos se separan para poder verme a la cara.

—¿Más problemas? —pregunta Jackson enredado entre Boyd y Scott. ¡Sabía que me amas, Jack!

—Creo que el zorro malo, malote es una diva y se acaba de indignar conmigo. ¿Crees que ahora si me mate?

—Que lo intente, estaremos listo —habla con voz profunda Derek, que está recargado en la puerta.

¿De dónde carajos salió?

—¡Es fácil decirlo! No lo llevas tú.

—Tengo que trabajar —deja caer Deaton, acabando con la posible pelea y corriéndonos de la veterinaria.

Pongo los ojos en blanco antes de murmurar sobre la poca delicadeza de la gente.

.

*sterek*is*real*

.

Cuando Stiles estaba despertando les ordené a los chicos que guardaran silencio para que solo hablará Deaton.

Recuerdo lo que el hombre dijo al terminar de examinar a Stiles y de hacerle análisis con su chispa. Un tremendo miedo a perderlo invadió mis células, quise gritar y maldecir a todo aquel que tuviera que ver con las desdichas que me acechan. Porque no puede ser posible que no pueda ser feliz en esta puta vida.

El gruñido del lobo me sacó de los pensamientos de derrota y exigió no perder a nuestro compañero. Si la Luna nos lo había dado era porque somos dignos de él y hay que demostrarlo, no ponernos a lamer las heridas del pasado.

No tuve opción más que llevarlos a entrenar en cuanto salimos de la clínica del emisario.

—Necesito unas vacaciones —refunfuña Lydia mientras hacían la largatija número 431—. Solo me falta pene para volverme hombre, ¡es urgente irme a encerrar a un spa! Los entrenamientos me están quitando la delicadeza que poseo.

—Eres aterradora desde que tengo memoria —contesta Scott a si lado.

Me sorprende que siga vivo.

Se escucha el chillido de Scott al caer de boca —a ver si no se le enchueca más la quijada con el golpe—, Lydia dio un manotazo a su brazo logrando que perdiera el equilibrio.

Ahora entiendo por qué mi mamá disfrutaba de ponernos a hacer ejercicio, es un deleite verlos quejarse y sufrir por niñerías.

—Se supone que Stiles es el que debe de entrenar ¡y está leyendo!

—¡Investigando, Jackson! ¡Porque resulta que mi cerebro sirve para eso!

—¡Pero eres un ser sobrenatural!

—¡Cállate! ¡No digas eso en voz alta! —replica.

—No seas exagerado, bro. Ya no puedes negar ni ocultar que Jackson tiene razón, todos vivimos los que esa cosa es capaz de hacer —dice dejando de hacer lagartijas—. Lydia no da tanto miedo como esa cosa que vive en ti. Casi me meo cuando le arrancó el brazo a la loba.

—Stiles tiene la suerte de atraer a puro amargado en su vida —suelta Isaac con burla hacia el pecoso, pero mirándome de reojo.

—Hasta que hagas mil quinientas lagartijas podrás comer, Lahey.

El nombrado pone ojos de cachorro, ya viéndome directamente.

»Cien más si usas chantaje.

—Bien —suena indignado y sigue con lo suyo.

Yo no soy amargado y Stiles no tiene mala suerte al atraerme.

—Sí, lo sé. Pero ustedes son chuchos, yo soy un Stiles delicado que hospeda a un zorro descarrilado con aires de Diva y que casi me manda al manicomio al pensar que me están volviendo loco por escuchar voces en mi cabeza.

Están tan metidos en su plática, que ninguno se da cuenta que Erika y Boyd ya acabaron su tanda de lagartijas o que se está acercando un animalito de apariencia tierna, pero con esencia maligna a Scott.

Agradezco la cara de póker perfeccionada que tengo, porque ya me estaría riendo y no quiero arruinar los planes del animal. A pasos seguros, el zorrillo llega a la cara del mejor amigo de Stiles que, por estar peleando con el mencionado, no lo nota. Lydia se levanta huyendo hasta donde está Jackson y este le tapa la boca cuando trata de advertirle a Scott.

—¿Qué es eso? —pregunta el latino, haciendo gestos con la nariz—. Hay algo raro en el ambiente, ¿eres tú, Stiles?

—Estem, no, Scott. Muévete con...

—¡UN ZORRILLO, QUÍTENMELO!

—No, Scotty, lo vas a alte...

Un estruendo de torpedo.

Silencio.

Y gritos de Scott llenos de asco por haber sido rociado con pipí de zorrillo.

—¡Que el alpha se haga cargo de su cachorro! —grita Stiles cuando todos corren a sus respectivos autos.

Te voy a matar, Scott.