Capitulo 16
En eso se escuchó una voz muy familiar, yo te voy a decir a donde se fue, mejor dicho no a donde sino ¿Por qué se fue?...
- Tía, usted sabe dónde está, solo dígamelo por favor, necesito hablar con ella, tía es algo delicado.
- Si supongo quieres explicarle lo de tu amante, es acaso eso…
- Tía, usted no sabe lo que realmente paso.
- Sabes hijo cuando decidí luchar porque esa niña se quedará contigo, lo hice porque sabía que ella te amaba, vaya que te amaba, lo podía visualizar en sus ojos, pero también te dije que no quería que la hicieras sufrir, creo que me equivoque.
Si me equivoque, mil veces la hubiera dejado en Escocia, tal vez un tiempo más y hubiera terminado de enamorarse, de tu hermano, porque el si la ama.
- Tía, no diga eso si yo amo a Candy, de verdad la amo, solo dígame donde está, solo quiero explicarle, pedirle perdón, sé que cuando sepa cómo son las cosas todo va a volver hacer como antes.
- Hay hijo que te digo, rompe un vaso, pegas los pedazos, llénalo con agua y dime si puedes contener el agua como antes, mirándolo a los ojos.
- Verdad que no.
Se sale el agua sin dejar una sola gota, eso pasa con la confianza, así que no nunca va a volver hacer lo mismo.
Dime que tiene Helena, que no tenga Candy, digo si fuera aquella chiquilla de aquellos años, podría entender, pero ya no lo es, se convirtió en una elegante mujer muy hermosa, yo mismo me asegure que fuera fuerte, aguerrida, que pudiera ser tu compañera de vida.
Pero no, tu no querías eso, tu solo te conformas con las sobras de los demás, eso es lo que te gusta, a lo que te has acostumbrado.
- Tía, Helena murió…
Elroy, solo se quedó en silencio ante tal noticia.
- Tía, si yo he estado con Helena, pero no era por lo que usted se imagina, ella ya estaba muy enferma, yo solo la reconforte un poco para su partida, entiéndame no me podía negar.
- Y Candy, lo supo, se lo comentaste.
- No apenas iba hacerlo, hoy quería confesarle todo, que me perdonara por no confiarle lo que estaba pasando, que nunca le falte, que jamás podría, después de ella, ya no hay nadie.
- Hay hijo, tú le faltaste en el momento que le ocultaste lo que estaba pasando, le faltaste, si no niego que es muy noble, el estar con Helena sus últimos momentos, digo no soy insensible, pero te has puesto a pensar, que sentía tu mujer, cuando supo que tenías una amante.
- Pero quien se atrevió a decirle eso, no es verdad, yo jamás usted sabe a lo que me refiero.
- Mira hijo a lo que quiero darte entender, que, aunque tú no estuviste con ella íntimamente, le faltaste a tu mujer, en el momento que le ocultaste el motivo de tus visitas a esa mujer, ahora Candy, esta lastimada, muy lastimada, la entiendo no es muy grato enterarse que tu esposo, visita a otra mujer y más cuando ella también te necesito.
El escucharte todo lo que le decías a esa mujer, la verdad no creo que la puedas recuperar, está muy lastimada, estoy preocupada, no se a donde fue, solo sé, que partió esta mañana, si tan solo hubieras llegado en la noche, pero no lo hiciste.
Hijo, tendrás que buscarla, lo único que sé es que partió a Nueva York si te apuras tal vez la puedas localizar con Jean, pero no sé si lograras convencerla de que regrese a tu lado.
Albert, hablo con el chofer para salir inmediatamente a Nueva York, si se apuraba tal vez y llegaba al mismo tiempo, pero para la hora Candy, ya habrá llegado a su destino.
Candy, llego por la tarde, efectivamente ya Jeans, la estaba esperando, cuando la vio desecha solo la abrazo.
-Dime que pasa mi niña, porque lloras.
Candy, solo lloraba, solo me quiero ir lejos, solo irme lejos…
- sabes que puedes regresar a Escocia, el barco zarpa mañana a las diez de la mañana, pero dime que pasa, te peleaste con Andlay, es eso, porque no lo esperas y hablas con él, si te vas Albert, se puede molestar mucho, más si sabe que yo te ayude.
- Solo llegare a Escocia y de ahí partiré a otro lugar, es mejor que no lo sepas, la verdad es que ni yo misma se, lo único que quiero es irme lejos solo eso.
- Esta bien, solo dime que vas a estar bien, que no solo por una pelea, sales huyendo porque tú no eres así, dime que paso.
- Solo negaba con la cabeza, no quería mencionarle nada, sabía que Jeans, enfurecería y las cosas se podrían salir de control, si él, ya estaba con esa mujer, pues que fuera feliz, ella solo le daría la libertad que necesitaba para estar con ella.
Solo se quedó en la habitación del hotel, hasta el siguiente día que partiría a Escocia, en donde estaría unos días, en lo que decidía que hacer con su vida.
Jeans, hizo caso omiso a lo que le había dicho Candy, que no quería que supiera donde estaba, llamo a la mansión, para informar donde estaba.
Constesto Elroy, - Hijo solo trata de que no vaya a ningún lado, mi sobrino ya va para haya, solo es cuestión de unas horas, solo retenla lo más que se pueda.
- Eso hare madan, pero necesito una explicación, nunca la había visto así, ni cuando falleció su padre, esta desecha tal parece que la destrozaron.
- Solo retenla, hay una explicación para todo, solo has lo que te digo.
Pero Candy, intuía que algo así, podía pasar, la iba a buscar para que se regresara, pero esta vez no sería así, siempre había confiado en Jeans, pero esta vez sabía que lo que iba hacer Jeans, era hablar con Albert para decirle donde estaba, así que en la noche salió, al teatro sabía dónde encontrarlo, así que fue con su amigo de adolescencia.
Fue al teatro, compro un boleto, pero en cuanto dijo su nombre, solo le dijeron…
_señora usted tiene palco reservado para todas las presentaciones, por aquí la llevare a su lugar.
- Gracias, sentándose en su palco, para ver la presentación, mandando un recado para poder hablar con uno de los actores.
Terry, había terminado su presentación cuando recibió un recado- dígale que la veré en 10 minutos en este lugar.
Candy, fue a un pequeño restaurant a esperar a Terry cuando lo vio entrar- hola.
- Hola, como estas….
- No muy bien, de hecho, he venido a pedirte un favor, tuve problemas con mi familia y no quiero regresar a mi casa, necesito que me ayudes a estar lejos un tiempo, en lo que pienso que hacer con mi vida.
- Pero si, se te veía muy feliz en los periódicos, ¿qué paso?
Candy, comenzó a llorar, no te puedo decir en estos momentos, solo quiero que me ayudes a salir de la ciudad y si puedes hasta de este país.
Terry, en estos momentos terminamos la temporada y viajaremos a Europa de hecho, el barco zarpa mañana.
- Si, pero no quiero viajar con mi nombre, sino como si fuera no sé, una de las actrices, lo que quiero es pasar por otra persona, mi familia tiene mucho poder y no tardaran en dar conmigo, por favor ayúdame.
- No sé, lo que te esté pasando, pero sé quién eres, te conozco sé que no pedirías esto, si no lo necesitaras, cuenta con eso, te voy hacer pasar por una de las actrices, hay una que no viajara con nosotros hasta dentro de un mes, viajarías con sus papales, pero por favor no llores.
Candy, salió para irse al hotel, pero ya en la madrugada había quedado con Terry, de irse a la compañía para salir con ellos en conjunto para el puerto, para hacerlo más creíble. Solo le dejo una carta a Jean, informándole de su decisión de irse a otro lugar y que no quería ni que él, lo supiera, así sería más fácil alejarse sin ser encontrada.
Necesitaba pensar en lo que iba hacer con su vida, como se iba a presentar de ahora en adelante ya que no podía usar el Andlay, tenía mucho por hacer, solo le dijo, que le enviara dinero de las ganancias que le correspondían a un banco en Europa, que ella se encargaría de encontrar la manera de usarlo para vivir, en lo que se instalaba.
Cuando Albert, llego a Nueva York, lo primero que hizo fue buscar a Jeans, para que le dijera donde estaba Candy, el cual le aseguro que se encontraba en el hotel, pero cuando él, fue a buscarla, ella ya había dejado el hotel muy temprano.
Se fue de inmediato al puerto, para buscarla en el barco que zarpaba, pero no había ninguna Candy Andlay registrada, que, si había un pasaje para ella, en el barco pero que no se había registrado, entre él y Jeans, se fueron a buscarla por todos los hoteles y lugares posible en donde podrían estar.
Pero el barco zarpo a las 10:00 de la mañana en punto con la compañía Strafford, en ese barco dirigiéndose a Europa, con una Candy, la cual iba con un corazón roto.
En el tiempo que estuvo en el barco, Terry le compro un pasaje a Candy con otro nombre para que viajara en su propio camarote, para que estuviera cómoda, sabía que estaba pasando por algo muy fuerte, porque solo la veía triste y ausente.
- Candy, sabes desde que zarpamos estas muy ausente, te veo triste y se te notas que estás pasando por algo muy traumático, mira nosotros tenemos un doctor en la compañía, que nos atiende en esas situaciones, en las que critica nos rebasa y nos pone mal, me gustaría que te atendiera, sé que te hará bien.
-Bueno, no creo que un doctor cure lo que tengo, pero me hará bien hablar con alguien, está bien lo veré.
- Es ella, la doctora Kelly, pero ella sabe tratar estas cosas de los sentimientos, anda te llevo con ella, se la presento doctora ella, es amiga mía, sé que usted podrá ayudarla en este proceso que está pasando.
- Pasa linda anda, vamos a platicar.
Candy, entro temerosa y un poco silenciosa le costaba mucho abrirse a alguien que no conociera, así, que las primeras citas con ella, solo se le iba en puro llorar.
Después de algunas citas, la doctora Kelly, _sé que estas sufriendo, pero tienes que sacar todo lo que tienes adentro y superarlo, hasta ahora solo he dejado que te desahogue, pero ya es tiempo de que hablemos.
Candy, comenzó una terapia, en la cual abordaron varios temas, desde el abandono de sus padres, la muerte de Anthony, hasta su amor desmedido para Albert y su dependencia a él. Tenía que comenzar amarse a sí misma, por ser ella, para sí, para poder amar de los demás.
Este proceso no fue de la noche a la mañana, Candy, viajo con la compañía Strafford como una más de los actores, por ser amiga de Terry, se lo permitieron, viajaron a muchas ciudades alrededor de toda Europa, llegando después de tres años a Inglaterra.
Jeans, le mandaba el dinero de las ganancias a una cuenta de banco, en la cual uno de los empleados de confianza de Terry, la movía a modo que no supiera donde seria cobrada, ya que la recibían con otro nombre.
Albert, después de la partida de Candy, quedo devastado, la busco como loco, casi se agarra a golpes con Jeans, pero él, no tenía ni idea de donde se encontraba Candy, la buscaron con investigadores privados, pero cada que tenían una posibilidad de encontrarla, cuando ellos llegaban ella, ya se había marchado.
_Hijo, aún no saben nada de ella.
- No tía, la verdad casi me doy por vencido, he viajado buscándola y cuando estoy casi seguro de que es ella, se mueve de lugar, como si no quisiera ser encontrada.
- Quizás, es eso, no quiere ser encontrada, simplemente no quiere que la encuentres, poniéndose a llorar.
Albert, tenía una pista de un lugar en Europa, estaba dispuesto a ir a buscarla eran sus características y hasta la cuenta la habían rastreado hasta llegar a ese lugar, se había quedado más tiempo que en otros lados, así que estaba seguro que la encontraría.
Dispuesto a viajar, dejo todo listo en la empresa, pero aún tenía una cuenta pendiente con una persona, que solo se había dedicado a buscar la manera de echar las cosas a bajo.
Ernesto Wilson, que se dedicó alebrestar a los empleados para organizar una huelga, de la cual le impidió viajar, ya que esto se podía complicar, los trabajadores querían cosas que ni siquiera estaban en pro de pedir, eran cantidades estratosféricas. Ernesto, les pagaba a sus trabajadores por que el dinero provenía de negocios ilícitos, era la razón por la cuales al saber, que en otro lado se les pagaban más, ellos querían que en la compañía de Albert, se les pagara igual.
La huelga exploto y las cosas, cada vez iban peor, sino fuera por la naviera y la ayuda de Jeans, que apoyo a Albert, se hubieran ido a la quiebra.
Jeans, le confió a Albert, sobre el dinero que él, enviaba a una cuenta, la cuestión que nunca se sabía quién iba a cobrar, podría ser una mujer o un hombre, pero siempre la dirección era distinta.
Albert, con todo lo de la huelga y la desaparición de Candy, estaba perdiendo la fe, realmente de volver a encontrar la felicidad, esa felicidad que alguna vez gozo, sabía que ella estaba muy dolida por todo lo que escucho, nana se lo conto y realmente sabía que el hecho, de encontrarla no quería decir que lo iba a perdonar.
Candy, por su parte gracias a la terapia que tomo con la doctora Kelly, comenzó a sanar, realmente tenía muchas cosas, que tenía en su corazón atravesadas, que no la dejaban avanzar y esa era la razón, por la cual tenía que tomar terapia, su autoestima estaba por los suelos.
Aunado a eso, también estaba la infidelidad de Albert, ella creía que, la había dejado para estar con otra, eso la había devastado, realmente la ayuda que le dio la doctora, hizo que esa Candy, que alguna vez que estaba dispuesta hacer feliz a los demás.
Se convirtiera en una Candy, que se había enseñado amarse a sí misma, a quererse y a valorarse al puto, de nunca más, volver a querer a nadie, sin que ella fuera querida primero, se instaló en un pueblo muy pintoresco, donde compro una propiedad donde se quedó dos años, después de que la compañía Strafford, regreso a Nueva York.
Terry, seguía triunfado y ya tenía una relación con una de sus compañeras, Candy, a pesar de que ya estaba bien, decidió mejor empezar de nuevo, en un nuevo lugar que no le recordara nada a su vida anterior. La compañía partió dejando a una Candy, bien decidida a encontrar la felicidad.
En el pueblo que se instaló, la gente la veía como una posible mujer divorciada, que, para esa época, era muy escandaloso ver a una mujer vivir sola, aunque tenía a sus sirvientes y era respetable, siempre era el foco de muchas habladurías.
Cosa que, a Candy, realmente le habían dejado de molestar, hacía mucho que no tomaba comentarios mal intencionados, de hecho, era muy apegada hacer obras de caridad, sus ganancias que le mandaba Jeans, le daba esa posibilidad de hacer eso y más.
Candy, se manejaba en las altas esferas de la sociedad en Inglaterra, a pesar de vivir en un lugar apartado de la sociedad, su dinero y posición, le permitía ser una dama, la gente le tenía respeto, aunque se especulaba que era amante de algún hombre importante, ya que no se sabían nada de su familia, ni de donde provenía el dinero que casual llegaba cada mes.
Candy, tomo la decisión de envíale una carta a la tía Elroy, ya que tenía mucho tiempo sin saber de ella, otra al hogar de Pony, informándoles que estaba bien y que estaba haciendo su vida.
Elroy, al recibirla inmediatamente se la enseño a su sobrino, es carta de mi niña, dice que está bien, mira el lugar de donde viene, dice que es de Nueva York, si la vas a buscar.
- Tía, esa ubicación, no es la de ella, ya le hemos buscado y nada, no se mas en donde más buscar, tengo una ubicación, pero ahora con lo de la huelga no he podido salir para buscarla, iba a mandar a George, pero me da miedo que al verlo se vuelva a ir.
Necesito ir yo personalmente, pero esta vez no pienso regresar hasta encontrarla, aunque la vida se me vaya en ello, necesito verla tía, la vida se me escapa poco a poco sin ella, ya han pasado cuatro años, sin saber dónde está y todo fue mi culpa.
Elroy, veía a su sobrino muy afligido, en verdad el no saber casi nada de ella, era algo que lo estaba consumiendo, se había dejado la barba y el cabello largo, no tenía ganas de vivir desde que ella se fue, Elroy, en si también estaba muy triste desde que ella se fue, era como si la parte que daba la luz a sus vidas, simplemente se hubiera apagado.
Candy, en su propiedad era una casa muy amplia y tenía un bosque detrás, así como muy cerca estaba un rio cerca, uno de sus vecinos que, aunque no estaba muy cercano siempre quiso comprar su propiedad, era una disputa desde que llego.
Ya que la dueña, cuando le vendió la propiedad, lo hizo por la admiración que le tenía a su amigo el actor, desde que ella supo su interés en esa propiedad, se la vendió sin pensar que su vecino tenía interés en esas tierras.
En Inglaterra, siempre se hacían fiestas de la cual Candy, era una de las invitadas, como la señora Brown, siempre se manejaba con su apellido de soltera, ya que era muy común ese apellido. Se especulaba que la señora Brown, era una mujer divorciada ya que no se presentaba con ningún apellido, sino que usaba su propio apellido, cosa que los curiosos les parecía raro.
Era muy mal visto, ver una mujer sola moverse en la sociedad inglesa, por lo regular las que lo hacían era porque eran señoras, viudas en su caso y las divorciadas eran muy mal vistas en ese entorno, las otras eran cortesanas, aun utilizaban ese término para las amantes de los señores que se habrían paso gracias a su ayuda económica, que les permitía darse lujos.
Era la razón por la cual algunas señoras excluían a Candy, de algunas reuniones pensando que ella, ocultaba algún amante que le proveía dinero, ya que no portaba anillo de matrimonio, ni se dirigía con su apellido de casada, hace mucho que Candy, dejo de moverse decidió establecerse en ese pueblo y solo iba a Inglaterra por algunas fiestas debido a su apoyo algunos orfanatos.
Ya había decidido no esconderse más, si Albert, la quería encontrar para pedirle el divorcio se lo daría, ya estaba preparada para eso, más que nada, de eso huía, cuando decidió dejarlo, no soportaría verlo casado con nadie más, a estas alturas asumió que ya debería hasta tener hijos con aquella mujer.
Jeans, no la había podido encontrar a pesar que también la busco, después de un tiempo le fue imposible hacerlo, la naviera la había expandido a lo largo del continente Americano, así que no se le facilitaba viajar para buscarla, solo enviaba el dinero de la sociedad, que dicho sea de paso era una cantidad exorbitante, donde le indicaban.
Candy, se había convertido en una mujer fuerte de carácter, pero aún conservaba su dulzura, ya hacía dos años que se había mudado a ese lugar, de hecho, se le había sido raro que la familia Ardlay, no la hubiese buscado en esos últimos años, los había esperado, sabía que tarde o temprano iba a suceder así, que dejo que las cosas simplemente tomaran su curso.
Ya estas alturas Candy, había decidido que su vida tomaría el rumbo que ella, quisiera tomar, sin restricciones hasta de hecho estaba decidida a rehacer su vida, porque no, encontrar un hombre que realmente la ame y poder ser feliz, había llegado el momento de tomar decisiones.
Candy, que se acababa de mudar estaba en el jardín, buscando la manera de arreglarlo ya que era un desastre, las tierras eran productivas, pero para ella solo era una casa de descanso, ya que era su escape para estar tranquila y cerca de Inglaterra, donde llevaba su vida donde era conocida por hacer trabajo de caridad, era la razón por la cual no se quería ir muy lejos.
Las aportaciones que, hacia Candy, mantenía un par de orfanatos, aparte que sus amistades también hacían caridad, ella era invitada a muchas fiestas y reuniones de la sociedad Inglaterra, así que viajaba muy seguido, con ella buscaba sus aportaciones para los niños que vivían en la calle.
Donde quiera que iba había tenido pretendientes y muy buenos, pero ella aun amaba a Albert en enorme medida, que no se imaginaba estar con alguien más, realmente siempre los evadía, hasta que llego.
Stefano Bruce, un hombre de cabello castaño claro, ojos color miel, alto 1.90, corpulento de cuerpo, un hombre de muy buena posición y familia, viudo con una hija de 4 años llamada Abigail, la muerte de la madre de su hija, fue cuando cumplió 2 años quedando al cuidado de su padre, las tierras de Stefano colindaban junto a las de Candy, que solo los separaba de una arboleda.
Stefano era un hombre serio, realmente estaba dedicado a su hija, no había puesto sus ojos en nadie desde que falleció su mujer, estaba muy molesto porque él, quería comprar las tierras que ahora eran de Candy, las consideraba que eran muy buenas, pero una dama desconocida se le adelanto.
En cuanto supo que ya tenían dueña nueva, fue hasta donde la casa de Candy, para proponerle que, si le podía vender esas tierras, ya que anteriormente ya las quería comprar, pero la antigua dueña se había negado, no podía creer que ahora ya habían sido compradas, así que fue y se presentó.
-Buenas tardes, disculpe busco a la nueva dueña.
-Buenas tardes, contesto la ama de llave, diga.
-Busco a la dueña de la casa.
-Si la señora Brown está ocupada, veré si lo puede atender, a quien anuncio.
-Soy Stefano Bruce, dígale que soy su vecino, de las tierras al otro lado de la arboleda.
-En un momento lo anuncio, tome asiento.
La ama de llaves fue en busca de Candy, que estaba con el jardinero, dándole instrucciones de como quería el jardín.
-Señora la buscan, diciéndole quien era y que la esperaba en el salón.
-Si dígale que en un momento lo atiendo, no se a que se deba su visita, bien subo a lavarme y bajo, por favor Esther, invítale te, café o algún licor lo que desee, en lo que bajo.
Después de unos minutos de subir a su habitación, se lavó la cara, puso un poco de maquillaje y se cambió el vestido, ya que se lo había ensuciado con tierra, al plantar unas flores, entrado al salón.
– Buenas tardes, soy la señora Brown, sea bienvenido sonriendo.
Stefano, al verla se quedó paralizado, quedo en shock, ni siquiera podía contestar, sobre todo al ver sus hermosos ojos verdes- pero que hermosos ojos tiene, perdón, me llamo Stefano Bruce, soy su vecino.
-Mucho gusto, bien a que debo su visita.
-Bien Sra. Brown, lo que me trae hasta aquí son sus tierras, realmente intente por todos los medios comprarlas a su antigua dueña, pero siempre se negó, ahora que son suyas me gustaría hacerle una oferta.
-Sr. Bruce, me dijo verdad.
-Stefano por favor, digo somos vecinos.
-Si Sr. Stefano, como bien dice acabo de adquirir, no pretendo venderlas, la verdad desde hace mucho que me quiero establecer y me gustó mucho este lugar, así que lo siento de verdad.
-Entiendo, pero como comprenderá que tenía que intentarlo, solo le pido si por alguna razón quiere vender, no busque comprador, yo se las compraría al precio que usted decida.
-Está bien, lo tendré en cuenta.
-Bueno no quiero importunar, así que me retiro, que tenga buena tarde, besado la mano de Candy en el dorso de la mano como todo un caballero, saliendo para regresar a su casa, pensando- que bonita es, me recordó mucho a mi esposa, sus ojos ese mismo color, aunque sus facciones eran diferentes, se le parece mucho.
Ya en su casa, Stefano, se la paso pensativo en su despacho, no podía apartar su pensamiento, esos ojos verdes, que desde que los vio, no pudo apartarla de su cabeza, se bebió un trago de Wishisky, realmente lo necesito quería apártala de su pensamiento, pero tal parecía que no podía.
En los siguientes días él, iba en su caballo cabalgando y a lo lejos la observaba como se desvivía por arreglar ese jardín, todos los días la veía como ayudaba al jardinero, pensado- es tan bella, tan hermosa que nunca me había sentido así con una mujer, quizás el recuerdo mi bella Anastasia, es lo que hace que no deje de pensar en ella.
Stefano Bruce, desde que enviudo no quiso casarse inmediatamente, ya que, para él, su prioridad era su hija Abigail Bruce, la niña era su mundo así que no quiso darle una madrastra por miedo a que la tratase mal, ya que su niña lo era todo para él, lo único que le dejo su amada.
La niña tenía 4 años, pero era de un espíritu demasiado libre, siempre salía a pasear por la arboleda, aunque su padre siempre la regañaba y le decía que no anduviera por ahí sola, la propiedad colindaba con la de Candy, así que no había alguna separación, fácilmente se podía ir de una propiedad a otra.
Ese día Abigail, tenía clase de piano, pero la niña no le gustaba tomar clases con su profesor, ya que siempre la regañaba, así que ese día, se internó en la arboleda, hasta que llego aquella casa, ahí vio por primera vez a Candy, que como siempre estaba cuidando del jardín, cuando vio salir de los arboles a una hermosa niña.
-Hola dijo Candy, pero dime de donde saliste, no te da miedo andar sola, anda dime ¿Quiénes son tus padres?
-Abigail, solo se abrazó a ella, no le digas a nadie que estoy aquí.
Candy, se sorprendió, miro para todos lados, pero no vio a nadie cerca, anda vamos adentro debes tener hambre, ven vamos a merendar, llevándola a tomar té con unos sándwiches, llevando a la niña con ella.
En el salón, - nena dime ¿cómo te llamas?
-Abigail, Abigail Bruce.
-Así, que eres hija de mi vecino.
-Pero dime, porque te escapaste, supongo que debe haber una razón.
-Es que quería jugar y tenía mis lecciones de piano, no me gustan arrugando la nariz.
-Supongo que no te gusta tu profesor, verdad es eso.
-Abigail, solo levanto los hombros y siguió comiendo.
Candy, veía con adoración a esa niña y se preguntaba, si esa edad tuviera aquel bebe que perdió.
-¿Cuántos años tienes Abigail?
-Casi cinco, pronto cumpliré años.
-Ya veo, sabes yo toco el piano, te gustaría tocarlo conmigo.
-mmm no, es que no me gusta.
-Bueno, no te gusta cómo te enseñan, anda vamos, sé que te va a gustar como yo te enseñare, se sentó y toco una canción rápida, un poco loca,- te gusta como toco.
-Sí, contesto Abigail, me gusta mucho sonriendo.
En eso entro la ama de llave- señora el señor Bruce pregunta si de casualidad su pequeña hija se encuentra aquí.
-Sí, dígale que está conmigo, que pase.
-Buena noches diciendo Stefano Bruce, lamento los inconvenientes y las molestias que mi hija le está dando, de verdad me da mucha pena, pero es imposible contenerla se escapó de su habitación, no quería tomar sus clases de piano.
-No se preocupe Sr. Bruce, la niña, llego hace un rato, sabía que vendrían a buscarla, pero está bien y no me molesta, al contrario, se porque huyo, lo que pasa es que le tiene miedo al profesor, debe ser muy severo, a veces los tutores son así, que le parece si yo le enseño, claro si usted está de acuerdo.
-No me gustaría causar molestias, pero si no le quita su tiempo yo no tengo más que agradecerle, usted sabe educar a una niña solo no es fácil y más si es rebelde como la mía.
Candy, sonrió será un gusto de verdad, a veces mi vida está llena de soledad que un poco de compañía no me caería mal, le parece que le de clases 3 veces a la semana, solo deberá traerla.
-Si muchas gracias, vamos Abigail que es tarde, dejemos a la señora Brown, nos despedimos, anda Abigail despídete, la niña se acercó y le dio un beso en la mejilla, saliendo los dos en el carruaje de Stefano.
Asi comenzaron las clases de Abigail, que personalmente Stefano la llevaba a casa de Candy, aparte que era su forma de verla, le gustaba estar con ella, la forma en que se dedicaba a su hija, no lo hacía por interés, sino porque realmente le gustaba estar con la niña.
El, se sentaba en un sillón a leer el periódico, fumando su puro, en lo que Candy, le daba su clase a la niña, a Stefano, le gustaba imaginar que eran una familia, que realmente lo eran, aunque su fantasía terminaba después de dos horas, con eso se conformaba, realmente ya a esas alturas él se estaba enamorando de Candy, eso creía el, ya que dentro de su fantasía a la que realmente veía era el recuerdo de su esposa.
Stefano, platicaba con su gran amigo Cornelio, el cual era socio en su empresa de textiles…
- Sabes amigo, me estoy enamorando perdidamente de a Sra. Brown, me pierdo en sus ojos cada vez que la veo, no se quisiera cortejarla, pero realmente no sé nada de ella, no sé, si es viuda, casada o divorciada.
Aunque se ve que está sola, no creo que ningún marido en su sano juicio deje una mujer, como ella mucho tiempo sola, aparte me gusta cómo se lleva con Abigail, ella suele ser celosa, más sin embargo con ella, no se comporta así, sino al contrario, veo que le encanta estar con ella.
-Bueno amigo, yo he visto a la dama, de verdad es una belleza, si quieres la puedo investigar, digo no sabes de que familia es, no sea que te lleves una sorpresa y no este sola, tu sabes como ahora actúan las disque damas, ´pueda ser una cortesana y tenga a su amante bajo el brazo, no me gustaría que te lleves una desilusión.
-Está bien, si manda a investigarla, tienes toda la razón, ya que pasa tiempo con Abigail, no me gustaría que este bajo una mala influencia, deberé ser cauteloso, aunque es una mujer instruida a leguas se ve lo elegante que es, por lo regular las mujeres que mencionas no son así, pero esperare tu reporte.
Del otro lado del mundo un William Albert Andlay, esperaba un barco para viajar a Inglaterra, ya sabía dónde se encontraba Candy, iba a buscarla a recuperarla, la huelga había terminado y en buenos términos, así que en ese barco partía para buscar donde se encontraba su corazón.
CONTINURA.
Bueno chicas ahora esperar que va a pasar, he leído cada uno de sus reviw, realmente en algunos de ellos he visto muchísima rabia y las entiendo, yo también alguna vez he sufrido de infidelidad, pero he sanado. Por otro lado, una lectora me dijo, me gustaría saber tu nombre amiga, si logre sacar, tu rabia, odio, frustración, impotencia, lejos de ser malo para uno como escritor es muy bueno, porque quiere decir que estas disfrutando de lo que escribo para ti.
Bueno chicas, las espero en el próximo capítulo ya sabes por la XEW, Radio.
