Capítulo 14: Liberio.
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La atmósfera de paz que había reinado en los últimos días se esfumó por completo. Armin parecía ansioso la mayor parte del tiempo, repitiendo lo planeado en voz baja para asegurarse de que recordaba cada mínimo detalle. Y podía decir lo mismo de Levi; si bien, la mayor parte del día se la pasó tomando té en el sillón de la sala, podía notarlo perdido en sus pensamientos, yo suponía que repasando el plan en su mente.
La noche pasó rápido y en la mañana ya estábamos listos para partir de la cabaña. Una vez en Liberio, nuestras identidades cambiarían por completo. Yo sería una doncella llamada Megan Ashford, Armin mi medio hermano Jacob Ashford y Levi se convertiría en James Vandersen, mi prometo. No podía decir que me sorprendí cuando el mago me informó sobre nuestros roles. Es más, me hubiese parecido extraño si la situación no hubiese sido de esa forma. Levi era demasiado sobreprotector conmigo y se notaba que no iba a dejarme ni un segundo sola en Liberio. ¿Qué mejor idea que convertirse en mi prometido?
Miré a ambos chicos y les indiqué con la mirada que era hora de irnos. Salimos de del hogar y nos dirigimos hacia los caballos. Atamos las bolsas de viaje a las monturas y, tras una última mirada a la cabaña, partimos a máxima velocidad, dejando el bosque de Mitras atrás.
Nos llevó dos días llegar a Liberio, recorriendo los caminos más olvidados en los que Armin y Levi pudieron pensar para evitar cruzarnos con algún Nawa. Dos días de marcha constante y pocas horas de sueño. Una vez que llegamos a las afueras del pueblo, el paisaje se volvió mejor de lo que esperaba. Un extenso prado se extendía ante nosotros y se podían distinguir hermosas casas a la distancia.
Avanzamos con mucho cuidado, buscando la posada que el azabache había elegido, la cual se encontraba al otro lado del prado. En cuanto estuvimos frente a la construcción, entendí por qué Levi eligió ese lugar: se caía a pedazos. El exterior se veía sucio y descuidado, no era nada agradable a la vista. Nadie optaría por quedarse en esa posada y eso era un punto a nuestro favor, pero aún así me sorprendía que Levi hubiese tomado esa decisión sabiendo lo limpio que era respecto a su entorno.
Los tres desmontamos, yendo a la entrada con pasos algo indecisos. Colgado en la puerta había un pequeño cartel con las letras tan despintadas que apenas podía leerse «Posada».
―Interesante elección de nombre ―dijo Levi.
Armin dejó escapar una pequeña risa sin poder evitarlo y yo sonreí. Era extraño que Levi bromeara sobre algo. Observé su expresión, la cual iba haciéndose más seria una vez que golpeó la puerta. Se escucharon pasos del otro lado, la madera del piso crujiendo. La puerta se abrió lentamente y un señor mayor asomó su cabeza. Nos observó detenidamente uno por uno y sus ojos se detuvieron en la espada de Levi.
―¿Qué es lo que buscan? ―preguntó en forma brusca.
―Necesitamos alojamiento por una noche ―respondió Armin.
―Son un grupo extraño ―agregó aún sin abrir del todo―. ¿Qué asuntos tienen aquí?
―¿A qué se refiere con extraño? ―dije ofendida por el comentario.
Levi me lanzó una rápida mirada de advertencia. Armin asintió y miró al anciano, esperando una respuesta.
―No lo dije a modo de ofensa ―se disculpó de inmediato el hombre tras ver mi expresión―. Solo me refería a que no estoy acostumbrado a ver un grupo de viajeros como ustedes.
―Es maleducado de su parte mantener a huéspedes aguardando en la puerta ―replicó Levi, algo enfadado de tener que estar esperando tanto―. Mi nombre es James Vandersen, la dama a mi lado es Megan Ashford, mi prometida, y este es su hermano, Jacob Ashford. Tuvimos un largo viaje hasta aquí, lo que explica el hecho de que cargue un arma. De seguro ha oído que a la noche hay animales salvajes en los caminos. Si va a negarse a brindarnos alojamiento, dígalo y seguiremos nuestro camino.
Todo lo antes dicho salió con tranquilidad de su boca, sin embargo, estaba completa y absolutamente segura de que en su mente debía estar insultando al hombre como nunca antes. Sus palabras y su tono severo surtieron efecto, ya que el posadero nos dirigió una última mirada y abrió la puerta, invitándonos a pasar.
―Los caballos necesitan un lugar para descansar, el viaje fue largo y deben reponerse ―dije antes de entrar.
―Desde luego, señorita. Mi hijo los llevará al establo y les pondrá un poco de avena y agua fresca ―respondió el posadero―. ¡Fregel!
Tras unos momentos, un mucacho de contextura gruesa y cabello castaño salió de la posada.
―Fregel, encárgate de los caballos, tenemos huéspedes ―ordenó.
Sin embargo, hizo caso omiso a lo pedido y se quedó estancado en su lugar, sus ojos fijos en mí. Llevé mis manos a mis orejas disimuladamente para ver si estaban cubiertas por mi cabello. Todo seguía en orden.
―¡¿No me escuchas?! ¡Fregel!
El muchacho reaccionó y se sorprendió de ver a Levi y Armin parados junto a mí, como si recién hubiera notado la presencia de ambos chicos.
―Ahora voy, padre ―respondió con una sonrisa y se apresuró a llevar a los caballos a sus establos.
Ya dentro, podía asegurar que las apariencias engañan. Si bien, los muebles eran algo viejos, todo se hallaba bien limpio y ordenado. Mientras ingresaba en la sala, algo llamó mi atención, un perro durmiendo en la alfombra frente a la chimenea. Era petiso y de cara arrugada, me parecía adorable.
―¿Cuántas habitaciones desean?
―Dos ―respondió Levi.
El posadero tomó dos viejas llaves y se las entregó.
―Se encuentran pasando aquel pasillo, la señorita puede dormir en la habitación junto a la ventana, es la mejor de la posada ―dijo sonriéndome, orgulloso―. Mi nombre es Dimo Reeves, estaré aquí si me necesitan.
Una vez en la habitación, Levi abrió la que se encontraba junto a la ventana, indicándome que entrara. En verdad debía ser la mejor de la posada, era espaciosa, las cortinas parecían de seda y había un jarrón con flores silvestres en la mesita a un lado de la cama. Levi entró detrás de mí y un alarmante pensamiento cruzó mi mente.
―No dormirás aquí ―espeté.
―Nos encontramos en Liberio, el lugar más peligroso de Paradise para alguien como tú, no te quedarás sola ―contestó, sin tomarme mucha atención.
―Todos dormiremos aquí ―dijo el mago, asomando su cabeza―. O mejor dicho, tú dormirás mientras Levi y yo hacemos guardia.
Quería quejarme, pero, dado el peligro que corríamos, su pedido era razonable.
―Por la mañana iremos a buscar lo que necesitamos ―informó el azabache.
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Tal como había dicho Levi, a la mañana siguiente estábamos listos para ir al pueblo. Cruzamos la sala silenciosamente, con intensiones de salir por la puerta, cuando oímos un ladrido que interrumpió la paz. El pequeño perro marrón que había visto el día anterior se abalanzó sobre nosotros. Levi intentó callarlo, pero ladraba y movía su cola sin prestarle atención.
―Titán ―gritó Dimo―. Ven aquí y haz silencio.
El perro corrió hacia su amo y obedeció fielmente.
―Lo siento, se emociona con la gente nueva ―se disculpó―. Espero que hayan pasado una buena noche.
―Encontramos las habitaciones cómodas ―dijo Levi, en tono cortante, llevando su mano hacia el picaporte―. Si nos disculpa, tenemos asuntos en el pueblo.
―Aguarden, les traeré algo para que desayunen. Las tiendas no abren hasta dentro de un rato, tomen asiento y coman algo ―insistió Dimo.
―Mi prometido es algo impaciente ―dije a modo de disculpa―. Ven a desayunar, cariño.
El posadero nos guio hacia la cocina y nos indicó que nos sentáramos en la mesa. Levi nos siguió de mala gana, y antes de que tomara asiento, me acerqué a él.
―Debes actuar como un humano normal ―le susurré.
El azabache levantó su ceja, encontrando divertido mi comentario.
―Soy un humano normal ―me respondió.
No, no lo era. Claro que no lo era.
Escuché pasos en la sala y dirigí mi mirada hacia la puerta, era Fregel, el hijo de Dimo. Un pequeño detalle llamó mi atención, llevaba flores en sus manos. Se acercó a mí y me las ofreció.
―Por favor, acepte estas flores, Megan Ashford ―dijo sosteniéndolas enfrente de mí.
No estaba segura sobre lo que debía hacer ahora. Si las aceptaba, significaba algún tipo de aprobación sobre su gesto y, si no lo hacía, era descortés.
―No me agrada ver a otros hombres halagando a mi prometida ―dijo Levi de la nada, su expresión sin emoción alguna.
―Lo siento, no tenía idea ―el muchacho bajó la mirada―. Eres muy afortunado.
Apoyó las flores sobre la mesa y desapareció tras la puerta. Levi miraba las flores fijamente, como si pudiera quemarlas con la mirada. Armin parecía divertido por la situación, pequeñas muecas se adueñaban de su rostro, indicando que hacía lo posible por retener una risita.
Dimo nos entregó platos con rodajas de pan y un poco de queso, sentándose en la mesa junto a nosotros.
―Fregel es un muchacho impulsivo, no fue su intención disgustarlos ―dijo el posadero.
―Agradézcale por las flores, fue un lindo gesto ―comenté suavemente.
―Eres demasiado amable, hermana ―dijo Armin, mirándome de forma significativa.
Sonreí y aparté la mirada de él para evitar reírme. El mago sabía que estaba actuando de esa manera para aparentar ser más humana.
Terminamos de comer y nos pusimos en marcha. Liberio era diferente de todos los demás pueblos en los que había estado. Menos rústico, cabe decir. Los caminos eran de piedra en vez de tierra, y los caballos tiraban de carros más elegantes y sofisticados.También noté que las mujeres de aquí llevaban vestidos refinados, todos en tonos claro y con finas telas.
Recorrimos varias tiendas, hasta encontrar una que llamó mi atención. Los vestidos exhibidos en la vidriera eran realmente bonitos. Entramos y una muchacha esbelta de cabello rojo nos recibió.
―¿En qué puedo ayudarlos? ―preguntó amablemente.
―Mi prometida necesita un vestido para el baile de la reina Historia ―dijo Levi.
―¡Oh, por supuesto! ―espetó, contenta―. ¿Cómo te llamas, querida?
―Megan.
―Mi nombre es Nifa. Ven conmigo, te traeré varios vestidos para que puedas elegir ―dijo, indicándome que la siguiera.
Me llevó hacia una pequeña habitación con un espejo y comenzó a traer vestidos de todos los colores. Eran largos, amplios y elegantes. Analicé con detenimiento hasta que, finalmente, uno llamó mi completa atención. Era blanco, con encaje en los brazos, parte del torso y espalda. Tenía pequeños detalles dorados en las mangas. Me lo probé y Nifa me ayudó a ajustarlo. La tela se adhería perfectamente a mi cuerpo y la falda no era tan extravagante, pero tampoco caía suelta como las de mis vestidos. Al verme al espejo, no pude negar que se veía bien.
―Te ves preciosa, Megan. Este vestido es perfecto para ti ―dijo Nifa, aplaudiendo―. Solo nos queda arreglar tu cabello.
Llevó sus manos hacia mi pelo y, al darme cuenta de sus intenciones, di un paso atrás, tratando de no ser muy descortés.
―No creo que sea buena idea ―intenté salir del aprieto.
―Lo siento, algunas damas acostumbran a llevarlo recogido ―hizo una pausa y me observó por un momento―. Tu cabello es tan largo y bonito que sería un lástima esconderlo, buscaré un lazo dorado y puedes llevarlo de costado para que no te moleste con el antifaz.
Asentí con la cabeza y aguardé allí hasta que regresó con el lazo y un antifaz blanco con detalles dorados en su manos.Tomé el lazo, entrelazándolo en mi pelo hacia un costado, y Nifa me colocó el antifaz que no era incómodo, pero sí algo extraño de llevar. Observé el resultado en el espejo, todo combinaba perfectamente.
La vendedora me dio un empujoncito fuera de la habitación en donde esperaban mi hermano y prometido. Ambos quedaron perplejos al verme. Armin me observó asombrado y me sonrió, mientras que Levi me dedicó una mirada tan intensa que me hizo apreciar el antifaz que llevaba puesto.
―Luces preciosa, hermana ―dijo el mago. Le sonreí.
Levi se puso de pie y se acercó a mí. Uno de sus dedos acomodó bien mi cabello y se inclinó para susurrarme algo al oído.
―Eres hermosa, Mikasa ―sus palabras no eran muy diferentes de las de Armin, y aún así no pude evitar sonrojarme.
―Megan ―nos interrumpió el mago― ¿Te lo llevas?
―Sí, lo llevaré.
―Te ves encantadora ―Nifa hizo una pausa y se volvió a Levi―. Forman una pareja magnífica.
El azabache asintió, recibiendo con gusto aquellas palabras.
Fui a cambiarme, mientras Levi pagaba por el vestido. Salimos de la tienda y no tardamos en encontrar otra donde vendían prendas para hombres.
El atuendo que usaban era sencillo pero elegante; pantalones oscuros, botas más refinadas y cortas que las que solían usar para montar, camisola blanca y una corta capa de terciopelo negro. Levi eligió una camisa con un detalle dorado en el cuello que iba perfecto con mi vestido, no podía negar lo apuesto que se veía en su nuevo atuendo. Se encontraba tan hermoso que era imposible no quedarse viéndolo como tonta.
Armin era una persona diferente.Ya no parecía un chico desprolijo, se veía más compuesto y masculino. Fue hacia un espejo y observó por unos segundos su reflejo con mirada desconfiada. Su cabello largo estaba atado en una colita baja, eso parecía estar mirando tanto.
―¿Nunca lo cortas? ―pregunté.
―No le tomaba importancia hasta ahora ―respondió, elevando los hombros―. Por lo que vi, casi todos los hombres de Liberio lo llevan corto. Creo que sería muy descuidado de mi parte llevarlo largo, sabiendo que los Warlocks conocen mi apariencia.
Estuve de acuerdo con él. No es como si se viera mal, pero tenía razón en sus palabras. Hasta ahora no había visto a muchos caballeros llevar el pelo de esa forma.
Una vez que contamos con todo lo necesario, Levi y yo regresamos a la vieja posada. El mago dijo que aún necesitaba conseguir las invitaciones, así que nos dejó atrás. En el camino, Levi repasó conmigo todo lo que debíamos hacer desde que partiéramos al castillo hasta que nos encontráramos a salvo lejos de Liberio. «Intenta no hablar con nadie, no bailes más de lo necesario, no mires a los Warlocks directo a los ojos, quédate en algún rincón y no en el centro del salón, pretende ser tímida, muévete de forma torpe». La lista era interminable.
Al llegar a la posada, no había rastros de Dimo o de su hijo, así que aprovechamos la oportunidad para practicar con las espadas en la habitación. Hacía tiempo que no nos encontrábamos completamente solos y él también pareció notarlo, había cierta tensión entre ambos que era difícil de ignorar.
A medida que avanzaba la tarde, Levi comenzó a lucir cansado. Me detuve y le sugerí que durmiera hasta que fuera la hora de irnos. Había pasado la noche despierto y no tendría otra oportunidad para descansar en los próximos días. Se resistió al comienzo, sin embargo, terminó cediendo a mi petición ante el sueño.
Vigilé la puerta, perdida en mis pensamientos. Me sentía levemente ansiosa, el peligro se aproximaba con cada minuto que pasaba; mejor dicho, nosotros nos acercábamos a él. Había tantos líos adueñándose de mi mente, hasta que Levi respiró en forma profunda, llamando mi atención. Su rostro se volvía infantil cuando dormía, haciéndome sentir la necesidad de protegerlo al verlo tan vulnerable. No quería ponerlo en peligro, quería que estuviera a salvo. En ese momento, sentí el peso de lo que estábamos por hacer y tuve miedo. Llevé mi mano hacia el pelo de Levi y lo acaricié, no dejaría que nada le pasara.
Miré por la ventana y me sorprendí al ver que había comenzado a oscurecer, Armin ya debería haber llegado. Fui hacia la sala y vi a Dimo sentado frente al hogar con su perro a su lado. Me acerqué a ellos haciendo ruido ya que, de lo contrario, no oirían mis pasos. Titán levantó sus orejas y vino corriendo hacia mí.
―¿Puedo ayudarte en algo? ―preguntó el posadero.
―¿Ha visto a mi hermano? No se encuentra en su habitación ―dije, acariciando al perro.
―La última vez que lo vi estaba en el jardín ―respondió pensativo.
Asentí con la cabeza y me dirigí hacia la puerta.
―Han sido buenos huéspedes, silenciosos ―dijo Dimo―. He disfrutado de su compañía.
―No comprendo ―dije extrañada por sus palabras―. A juzgar por la apariencia de la posada, parece que no le interesa recibir huéspedes.
―Soy un hombre solitario, Megan. Disfruto vivir aquí con mi hijo, alejado del pueblo ―hizo una pausa y siguió―. Prefiero hospedar a poca gente, aquellos de corazón bondadoso que no se dejan engañar por las apariencias. No a damas pretenciosas o caballeros refinados.
―Es una sabia elección.
Hice un gesto a modo de disculpa y abrí la puerta, saliendo del lugar. No quedaba mucho tiempo. El mago se encontraba sentado en el pasto, viendo el sol desaparecer tras el horizonte. Un detalle llamó mi completa atención: su cabello largo había desaparecido. De esa manera, las posibilidades de que lo reconocieran disminuían.
Me senté a su lado.
―¿Tienes las invitaciones? ―pregunté.
―Las tengo ―respondió―. Regresé hace horas, pero necesitaba un poco de aire.
Ya sabes, la calma antes de la tormenta.
―Sé a lo que te refieres, he tenido esa sensación todo el día ―repliqué.
―No es necesario que vengas ―dijo el mago.
La forma en que lo miré bastó para que se retractara.
―Solo digo ―elevó sus manos, pretendiendo inocencia.
―Estaremos bien ―le aseguré―. Los tres saldremos de allí con ese mapa.
El mago me miró pensativo por un par de segundos.
―Desearía que fueras tú.
Lo miré extrañada, sin comprnder a qué se refería. Sus palabras no tenían sentido. Sin previo aviso, Armin me tomó de los hombros y se inclinó hacia mí, acercando su rostro al mío. Abrí los ojos, sorprendida, y lo esquivé antes de que nuestros labios se encontraran. No me sentía abrumada o inmersa en un torbellino de emociones, podía pensar con total claridad y me encontraba muy enojada ante su acción.
―¿Qué haces? ―reclamé, poniendo distancia entre nosotros.
―Intento enamorarme de ti ―respondió el mago, haciendo una mueca. Podía ver en su mirada que estaba arrepentido de lo que había hecho.
―¿Por qué harías algo así? ―me esforcé por tranquilizarme para no dejarlo, esta vez, sin una pizca de cabello.
―Para olvidarme de Annie ―susurró bajito.
―¿De qué hablas? ―hablé. ¿Qué tenía que ver Annie con todo esto?
―Estoy enamorado de ella. Es una maldición que me persigue desde el primer día en que la vi ―dijo en voz baja.
Me resultaba difícil creer en sus palabras y, aún así, sus ojos decían la verdad.
―Esta es la verdadera razón por la cual falló tu hechizo ―dije, comprendiendo lo ocurrido aquella vez en el bosque―. Annie no dudó al intentar matarte, lo hubiera hecho de no haberme encontrado allí. ¿Cómo puedes estar enamorado de alguien que quiere terminar con tu vida?
―¿Puedes evitar lo que sientes por Levi?
Me tomó por sorpresa. Pensé en negarlo, pero al ver la manera en que Armin se había sincerado conmigo, no podía mentirle. Sería injusto de mi parte.
―No ―respondí, evadiendo su mirada. Suspiré y me compuse en un abrir y cerrar de ojos―. Estos sentimientos te destruirán, Armin.
―Lo sé.
Ignoré el hecho de que había intentado besarme sin mi consentimiento y lo abracé. Era una sensación extraña, hacía solo minutos me encontraba furiosa con él y ahora quería protegerlo de aquel dolor que no se merecía. Armin apoyó su cabeza en mi hombro y escondió su mirada, avergonzado.
―Nanaba jamás me perdonará si llegara a enterarse.
―Ella cree que sientes algo por mí, me lo ha dicho ―hice un pausa y agregué―.
Tú le hiciste creer eso.
―Es lo mejor que puedo hacer, es mejor que la verdad.
Armin dejó escapar un suspiro y continuó hablando.
―Una parte de mí en verdad la odia. Es contradictorio, sentirme atraído por ella y odiarla al mismo tiempo.
―Sé a lo que te refieres, aunque probablemente no en igual medida ―bromeé.
El mago dejó escapar una sonrisa. Debía sentirse aliviado de poder desahogarse luego de tanto tiempo ocultándolo.
―Lamento haber intentado besarte ―se disculpó―. Debo admitir que me había preparado para recibir un puñetazo o algo peor.
―Puedes agradecerle a Levi por eso ―repliqué―. Probablemente, jamás vuelva a sentirme tan turbada o fuera de mí misma como aquella vez.
―Fue antes de que los encontrara ―era una afirmación, no una pregunta.
―Así es. En nuestro segundo encuentro, me besó sin razón mientras discutíamos bajo la lluvia.
El mago negó con la cabeza, riendo.
Al desaparecer los últimos rayos del sol, oímos un ruido y, al girar mi cabeza, vi a Levi caminando hacia nosotros. El mago levantó su cabeza de mi hombro y se puso de pie en un santiamén.
―Es hora, debemos cambiarnos ―dijo Levi en tono serio, más serio de lo normal. Ignoré eso, suponiendo que su mal humor se debía a que en poco tiempo estaríamos a un pelo del enemigo.
Me dirigí hacia la habitación y me apresuré a sacar mi vestido de la bolsa, mientras que Armin y Levi fueron a cambiarse al cuarto del frente para darme privacidad.
Al terminar de pasar mis brazos por las mangas, me di cuenta de un inconveniente que había olvidado por completo. Intenté tirar de los lazos en la espalda para ajustarlo, pero no quedaba igual que en la tienda, ni un poco. Decidí que era mejor terminar de arreglarme y lidiar con eso luego. Fui hacia el espejo y entrelacé el lazo en mi pelo, asegurándome de que cubriera mis orejas, después puse el antifaz sobre mis ojos.
Ya casi lista, abrí la puerta de la habitación y me dirigí a la del frente. Pude oír a ambos discutiendo, pero hablaban tan rápido que no entendí absolutamente nada. «Nunca van a cambiar estos dos», pensé, rodando los ojos. Aguardé un segundo en silencio, aún sin comprender sus palabras, y golpeé la puerta. Las voces cesaron al instante. Un momento después, Levi abrió la puerta, algo enojado.
―Mikasa―me miró―. Creí que eras Dimo.
Sus ojos se posaron sobre mí, curioso del porqué me encontraban ahí, y decidí que era mejor decirlo de una sola vez.
―¿Podrías ayudarme con los lazos? La vendedora los ajustó por mí en la tienda ―dije .
Levi me observó confundido y luego bajó su vista hacia el vestido, comprendiendo.
―Sí.
Me indicó que fuéramos a mi habitación y, tras un momento de pensarlo, asentí.
Fui hacia el espejo y Levi se paró detrás de mí. Pude ver por el reflejo que parecía algo indeciso.
―Emm... Jamás he hecho esto antes ―confesó.
En cierta forma, era un alivio escuchar eso. Permanecí seria e intenté no sonreír.
―Debes tirar de los lazos para que el vestido quede ajustado y luego hacer un moño para que no se afloje.
Tomó los lazos y comenzó a tirar de ellos de forma leve, haciendo que la tela del vestido empezara a presionarse contra mí. Contemplé mi figura ante el espejo y, una vez que el vestido se vio igual que en el negocio, le hice una seña para que se detuviera. Levi hizo un nudo y se alejó para contemplar el resultado.
―Luces... bien.
Busqué sus ojos azules, sin embargo, evadió mi mirada. Su expresión no revelaba mucho, aunque, si tenía que adivinar, parecía algo enfadado.
―Iré a terminar de vestirme ―dijo, yendo hacia la puerta.
―¿Estás enfadado? ―pregunté.
Se detuvo.
―¿Sientes algo por él? ―preguntó, aún dándome la espalda.
―¿De qué hablas?
―De Armin, los vi en el jardín.
―¿Por qué pensarías que siento algo por él? ―pregunté confundida.
Jamás había dado ningún tipo de indicio de que me sintiera atraída por Armin. Nanaba lo había notado, de lo contrario, no me hubiera pedido que no lo lastimara.
―Su cabeza se encontraba en tu hombro, Mikasa. Sé que te incomoda el tacto de las personas, pero no parecía molestarte ―dijo, volteando su cuerpo levemente y dándome una mirada rápida.
Pensé en lo que Levi había visto y comprendí que pudiera sentir celos. Yo me había sentido de la misma manera al verlo con Hanji.
―Armin es mi amigo, no tengo otro tipo de sentimientos hacia él ―respondí―.
Posees buenos instintos, Levi. De usarlos, lo sabrías.
Asintió más tranquilo y salió de la habitación.
Pensé en lo ocurrido en el jardín, era una salvación que no hubiese presenciado el momento en que el mago intentó besarme. Habría sido algo complicado convencerlo de que solo éramos amigos.
De nuevo a la realidad, tomé mi espada y la pasé por debajo del vestido, amarrando la funda a mi cintura. La parte de abajo amplia, así la tela caía naturalmente ocultando el arma.
Una vez que todos nos encontrábamos listos, Levi dejó el dinero que le debíamos al posadero sobre la cama y salimos silenciosamente por la ventana. Sería demasiado sospechoso que Dimo nos viera vestidos para el baile de la reina, ningún noble se hospedaría en su posada.
Cabalgamos en silencio hacia el castillo, yendo por las afueras del pueblo evitando ser vistos. Debíamos encontrar un sector cercano al castillo para dejar los caballos, pero lo suficientemente oculto como para poder escapar desapercibidos una vez que tuviéramos el mapa. Nos llevó un largo rato hallar el lugar indicado, ya que todos los alrededores del castillo estaban adornados con antorchas y había guardias vigilando cada entrada y salida. Atamos los caballos junto a un grupo de pinos que se hallaban junto a las murallas de los jardines reales. La noche y las ramas de los árboles proporcionaban un escondite perfecto. Era hora de meterse a la boca del lobo.
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¿Qué tal, qué tal? Tardé un poco en subir este capítulo, pero espero que lo hayan disfrutado. Pronto se viene lo chidori.
Todos los créditos a Tiffany Calligaris por la historia y a Hajime Isayama por los personajes.
