Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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Guest: Siempre es bueno ver tu review en mis notificaciones, gracias por tus lindas palabras, aquí un nuevo capítulo, disfrútalo, espero que te guste. Saluditos, Harry.
A Frozen Fan: Seguiré tu consejo jejeje, por cierto, aquí hay más de eso*sonríe inocentemente*, no creo eso de Eret, se nota que no es de los que se meten con las casadas, menos con las reinas del lugar donde vive, pero ¿Quién sabe el futuro?, en cuanto a Astrid, bueno, te digo todo con que es una mujer, y las mujeres somos eso, peligrosas, pero… Gracias por tus buenos deseos, que este sea tu año, animo chiquilla, que siguieras dos de mis historias fue de lo mejor, ojalá que aun sigas por aquí. Feliz año tía. Harry.
Karypriscilla: No sabes lo mucho que me hacen feliz tus palabras, de nuevo gracias por seguir aquí, espero que este capítulo te guste tanto como el anterior. Saludos mi estimada. Harry.
Merida.
Un rayo de sol directo en la cara provocó que abriera los ojos, delante de si, el rostro de Hiccup aun dormía plácidamente con una mano abrazando su cintura, estaban totalmente desnudos. Al igual que el último par de meses.
La joven reina no tenía problema en aceptar que le gustaba despertar de aquella manera, no pensaba en su esposo ni lo veía a lo largo del día, pero cuando la noche caía y ambos volvían del gran comedor después de cenar, se encerraban en la habitación real para tener cierto tipo de encuentros. Merida pensó que, si tiempo atrás, cuando trataron de casarla por primera vez, le hubieran dicho que disfrutaría tanto tener un esposo, no habría dudado en ir al altar. Miró el techo, pensativa.
"Ninguno de ellos es Hiccup" la voz de su conciencia hizo acto de presencia, eso también era cierto, pero le gustaba la forma en la que su esposo se lo hacía, era travieso, coqueto, atrevido, rudo y tierno, y no quería que nadie más se le acercara de esa forma.
Fue consciente de que unos ojos verdes la observaban cuando sintió presión en el agarre de su cintura, giró la cabeza despacio para encontrar la mirada del castaño inundada de deseo. Igual que siempre. Igual que cada mañana.
La boca masculina hizo un camino de besos húmedos desde el cuello de durazno de la pelirroja, hasta el vientre bajo, deteniéndose a medio camino en los turgentes senos de la joven para torturarlos un rato.
─ Tenemos cosas que… hacer─ masculló Merida, aferrándose a las sabanas.
─ Pueden esperar─ contestó Hiccup con voz grave, entonces, bajo las mantas, posicionó la cabeza entre las piernas de la mujer y, lentamente, comenzó a lamer su centro. Sonoros gemidos escapaban de la boca femenina. Le gustaba de sobremanera que el castaño hiciera aquello, cuando estaba por terminar, él se detuvo, volvió a repartir besos por su estómago plano y finalmente entró en ella bruscamente arrancándole un alarido suculento, él gruñó de placer.
Comenzó a moverse lentamente, pero Merida sentía que no resistiría más y, entre palabras entrecortadas, le pidió que fuera más rápido, él la cogió fuertemente por la cintura y aumentó la velocidad y la fuerza de las embestidas. Al terminar, Hiccup enterró la cara en el cuello de la pelirroja, el aliento cálido del rey de los dragones chocaba con su piel perlada de sudor.
─ Si no nos damos prisa─ dijo Merida una vez recuperó el aliento─, no alcanzaremos el desayuno.
─ No sé tú, pero yo ya desayuné─ contestó coquetamente y salió de ella, se sentó en el borde de la cama para ponerse la prótesis y finalmente levantarse─. Andando, levántate ya, porque si no lo haces, yo no podré salir de aquí en todo el día.
Merida soltó una risa sarcástica, pero aun así obedeció, y desnuda como estaba, se dirigió al baño para prepararse moviendo las caderas seductoramente.
─ Te lo advertí─ dijo el castaño antes de ir tras de ella.
La pelirroja dejo salir una carcajada antes de cerrarle la pesada puerta de madera en la cara.
Hiccup.
─ No te vi en el desayuno─ ese fue el saludo de Bocón en cuanto entró a la herrería, sus demás amigos lo miraron con curiosidad.
─ Me quedé hasta tarde escribiendo sobre los Jaula de Medianoche y se me pegaron las sabanas─ contestó lo más casual que pudo.
─ Merida tampoco estaba─ comentó Patán pícaramente.
─ Ayer encontré a un par de cachorros de Colmillos Afilados al norte de la isla─ la voz de Astrid inundó la herrería─. Los llevé con los cuidadores, Eret dijo que los vería más tarde.
─ Excelente, muy bien Astrid─ contestó el rey, tomando rumbo hacia su oficina.
─ ¿Crees que puedas prestarme lo que escribiste de los Jaula de Medianoche? ─volvió Patán a la carga─. Estoy muy interesado en el tema.
─ Púdrete.
─ Un rey no habla de esa manera─ se metió Brutacio─, además, eso no nos dice por qué Merida tampoco fue a desayunar.
─ No nos salgas con que ella estuvo sosteniéndote la antorcha para que pudieras escribir─ apostilló Brutilda, abrazada de Patapez.
─ Lo más seguro es que estaba sosteniéndole otro tipo de antorcha─ rió Patán.
Hiccup abrió la boca para replicar, pero sus ojos chocaron con los de Astrid, se podía ver cuánto le incomodaba aquella conversación.
Se limitó a cerrar su oficina de un portazo.
Merida.
─ Bromeas ¿cierto?
Maudie le lanzó una mirada impaciente.
─ Si eso dice esa carta, entonces es verdad, niña.
La joven releyó las palabras plasmadas en el pergamino.
─ ¿A quién se le ocurre avisar el mismo día que llega? ─apretó el papel, irritada.
─ A tu suegra, queridita.
Merida suspiró, después de dos meses de exploración, Valka, su suegra, volvía a Berk y, obviamente, se esperaba que la recibieran como era debido.
─ Maudie, no sé planear un banquete.
─ Planeaste el de tu boda, a puesto que puedes organizar una pequeña celebración en cuestión de horas.
Suspirando y seguida de su nana, tomó rumbo a la cocina del castillo y reunió a todas las cocineras.
─ Mi suegra llega esta tarde, y sé que es precipitado, pero confío en que pueden cocinar un banquete decente para recibirla─ cargó su tono de confianza─. Vezka─ llamó a una de las cocineras─, dime que es lo que tenemos para preparar.
─ Hay aves y reces, los pescadores trajeron muchos peces esta mañana. Pronto saldrá más pan del horno.
─ Bien, preparen sopa de pescado, asen la carne y condiméntenla con especias, en cuanto a las aves─ se lo pensó un poco─, quítenles la carne y rellenen el pan con ella. Maudie, ve que saquen los barriles de hidromiel.
Todas las mujeres presentes asintieron y ella salió de la cocina en busca de Eret, lo encontró junto a los cuidadores.
─ Valka vuelve esta tarde, encárgate por favor de que atiendan a los dragones─ el hombre asintió y ladró la orden a los demás vikingos.
─ ¿Te veré más tarde en la armería? ─ preguntó Eret, alcanzándola cuando la reina comenzó a alejarse.
─ Hoy no, debo ocuparme de muchas cosas, sumándole el regreso sorpresivo de la madre de Hiccup─ contestó con una sonrisa cansada─. Quizá mañana.
─ No te vi hoy en el desayuno─ comentó el pelinegro y a Merida se le encendieron las mejillas.
─ Ya lo dije, mucho trabajo y días cortos.
Se despidió con un gesto de la mano y se marchó por fin hacia la herrería, donde supo que encontraría a Hiccup.
Si con el inofensivo comentario de Eret se había puesto colorada, con las miradas cargadas de intención que le lanzaban los amigos de su esposo y Brutilda al llegar a la herrería, Merida juró que su cara debería competir con el color de su cabello.
─ ¿Está Hiccup?
Como única respuesta, cinco vikingos, Bocón incluido, asintieron, Astrid ni siquiera la miró. Se dirigió hasta la oficina y, sin tocar, entró.
Hiccup.
Giró con el ceño fruncido cuando escuchó que la puerta se abrió, relajó el semblante al ver que se trataba de su mujer.
─ ¿Qué haces aquí? ¿necesitas algo?
Ella negó con la cabeza.
─ Tu madre llega esta tarde, mandó una carta en la mañana con uno de los dragones mensajeros.
El rey abrió los ojos con sorpresa, su madre no solía avisar con tan poca antelación.
─ Pensé que, como ha estado ausente por tanto tiempo, quizá ella querría algún tipo de recibimiento.
─ Lo más seguro─ contestó, quitándose el delantal de cuero. Solo llevaba puesta una camisa delgada─. ¿Quieres que te ayude con algo?
─ Ya ordené lo de la comida y le avisé a Eret para que se encargue de los dragones─ Hiccup rodó los ojos, Eret se estaba volviendo muy amigo de la pelirroja─. Necesito que les digas a todos que tu madre y el resto de los exploradores vuelven.
Cuando el castaño asintió, ella giró sobre sus talones, dispuesta a salir de la oficina-taller privado, pero el rey apresó el delgado brazo con la mano, la hizo girar de nuevo, pegándole a él.
─ ¿Ya te vas? ─preguntó en un susurro.
─ Hoy estoy muy ocupada─ contestó, rozando sus labios─. Pero te veré en la noche.
Se alejó de él de golpe, abrió la puerta y Brutilda, Patán, Patapez y Brutacio cayeron a sus pies, se levantaron, se sacudieron sus ropajes y después de disculparse atropelladamente con sonrisitas nerviosas, volvieron a sus actividades.
Astrid.
Minutos después de que la reina abandonara la herrería, Hiccup salió de su taller, lucía un poco molesto y, aunque le costara admitirlo, no creía que se debiera a la visita de su esposa precisamente, si no a al comportamiento imprudente del resto de sus amigos.
─ Mi madre llega hoy en la tarde─ anunció, después dio instrucciones para que corrieran la voz y finalmente volvió a encerrarse en su taller sin mirarla siquiera.
La estaba ignorando.
Desde que había vuelto de su luna de miel con la pelirroja escocesa, el castaño se portaba frío con ella, era amable, pero mantenía la distancia. Hacía dos meses en el que la ignoraba deliberadamente, hablaba con ella lo necesario y después era cómo si fingiera que no estaba presente. Y eso no le gustaba.
Lo notaba distraído, presuroso, se dedicaba completamente a atender sus asuntos reales y todas las noches después de cenar, se iba sin falta tras Merida, ya ni siquiera aparecía para ir a beber a las fogatas.
Salió de su ensimismamiento cuando la puerta del taller volvió a abrirse, Hiccup salió apresuradamente, le susurró algo a Bocón y finalmente se fue.
─ Deberías dejar de mirarlo como lo haces─ comentó Bocón mientras golpeaba una espada.
─ ¿Cómo dices? ─se hizo la desentendida mientras el color inundaba sus mejillas pálidas.
─ A Hiccup, tontita.
─ No sé a qué te refieres.
─ ¿Segura? ─dejó la espada para mirarla directamente─. Entiendo que debe ser difícil para ti, verlo babear por alguien más…
─ Él no babea por nadie─ replicó sintiendo como el enojo comenzaba a correr por sus venas.
─ ¿Segura? ─repitió la primera pregunta─. Porque no solo yo veo cómo anda tras de esa chica.
─ ¿Por qué estás diciéndome todo esto, Bocón?
─ Porque te aprecio, niñita, y ninguna gracia me hace ver como sigues esperando por algo que no va a pasar.
─ Y según tú, ¿Qué no va a pasar?
─ Él no va a volver a ti.
Astrid tragó saliva.
─ Ella ni siquiera lo quiere─ contestó.
─ Yo creo que sí, tal vez no lo suficiente todavía, pero es su esposa…
Las risas de Brutacio y Patán los interrumpieron, ya volvían de correr la voz.
─ Lo único que voy a decirte es que no hagas nada de lo que te arrepientas más tarde─ susurró el hombre y volvió a concentrarse en la espada que forjaba.
Astrid apretó los dientes.
Merida.
Terminó de firmar la última carta, la guardó en un sobre para sellarlo y la puso junto a las otras, se arrellanó en la silla y soltó un bostezo. Ser reina era extenuante.
Miró por la ventana, la tarde comenzaba a caer en Berk, Valka llegaría pronto, tendría que bañarse, ponerse un vestido limpio, recordó que había quedado con Maudie de ver que todo estuviera en orden para el banquete…
El sonido de la puerta del estudio al abrirse la sacó de sus cavilaciones. Se trataba de Hiccup.
─ ¿Está todo listo? ─preguntó el castaño.
─ Eso creo, de hecho, estaba esperando a Maudie para ir a comprobar…─ se calló al ver como su esposo rodeaba el escritorio y la levantaba de la silla. La apretó contra él y enterró la cara en su cuello. Primero la tocó en la herrería y ahora ahí, estaba más ansioso de lo normal, no le molestaba por supuesto, pero era raro en Hiccup. Solía tomarla de la mano todo el tiempo, pero esas actitudes para con ella eran exclusivas de la intimidad de su habitación─. ¿les dijiste a todos que… que...?
Dejó la pregunta en el aire al sentir los labios del rey chupar la piel de su cuello, de seguir por ese camino, terminarían enredándose en el despacho. Como si leyera su mente, el castaño buscó su boca para besarla apasionadamente, apresó la cintura femenina con la mano derecha mientras que la izquierda se dedicó a acariciarla por encima de la ropa, ella hizo lo propio al envolver el cuello de su esposo con sus brazos, pegándose más si era posible.
Con urgencia y sin romper el beso, Hiccup desocupó el escritorio tirando al suelo todo lo que estuviera sobre este, después, cogiéndola por la cintura, la recostó contra la superficie de madera, no tardó en subir él también. Merida suspiró contra los labios masculinos al sentir cómo mordisqueaban los suyos, el cuerpo comenzaba a calentársele y deseó quitarse la ropa ahí mismo…
Entonces unos toques en la puerta y la voz de su nana hicieron que volviera en sí, apartó a su esposo de un brusco empujón, éste se estampó contra un estante y le lanzó una mirada cargada de sorpresa. Se levantó del escritorio, se alisó el vestido y se arregló el moño.
─ Ya-ya voy, Maudie─ contestó a los llamados de la robusta mujer, trató de abrir la puerta lo suficiente como para pasar sin que Maudie viera a Hiccup, pero ésta, inconscientemente, se recargó en ella, dándole acceso a la habitación.
En cuanto vio al rey dragón con la ropa desarreglada, el cabello revuelto, las mejillas arreboladas y los labios hinchados, la regordeta mujer paseó su vista entre los dos monarcas y el desastre en el suelo. Merida se la llevó de ahí.
─ Que no se te ocurra decir nada─ dijo la pelirroja con tono entre amenazador y avergonzado mientras avanzaban por los pasillos.
─ No pensaba hacerlo.
Astrid.
La madre de Hiccup llegó tan pronto cayó la tarde, la mujer le agradaba, aunque a ésta no pareciera hacerle gracia que aún frecuentara a su hijo. Aparentemente, estaba del lado de su nuera. Le quedó más que claro al ver la cara de felicidad que le provocaba el simple hecho de que Hiccup y su pelirroja esposa se tomaran de las manos.
Una mirada de Bocón fue suficiente para hacerle entender que Valka no vería de buena manera que la ex pareja- de cierta forma- de su hijo se sentara en la misma mesa que su esposa, por lo que comió y bebió en otra lo suficientemente alejada.
La comida estaba buena y la música de los bardos alegraban la velada, no recordó cuantos cuernos de hidromiel tomó, pero todo comenzó a parecerle gracioso después de un rato, las vikingas con las que se sentó no dejaban de llenarle el cuerno aun cuando estaban en peor estado que ella.
─ Creo que ya fue suficiente─ la voz de Eret se hizo presente, quien pasaba al momento en el que le llenaban el cuerno por ¿Cuánto? ¿decima vez?, podría ser─. Las personas que no son buenas bebiendo no deberían hacerlo.
─ Cierra la boca─ contestó, terminándose el cuerno de un largo trago.
El pelinegro la tomó suavemente del brazo para levantarla de su asiento, pero Astrid se lo sacudió bruscamente, la música de los bardos ahogaba a la perfección el ruido de aquel pequeño altercado.
─ No seas terca, deja que te lleve a tu casa─ dijo Eret por tercera vez.
Astrid preparó un comentario ácido para contestarle, pero notó cómo Merida se levantaba de su mesa y se marchaba, segundos después, Hiccup se dio cuenta de la ausencia de su esposa y fue tras de ella.
─ Ya te dije que puedo irme sola─ consiguió que la voz no le saliera quebrada por el alcohol, se soltó de Eret y caminó- sorpresivamente- derecha hasta la salida del gran comedor.
Los siguió de cerca y sin que se dieran cuenta, Hiccup logró alcanzar a la pelirroja en uno de los pasillos del castillo, Astrid puso cuidado de que no la vieran.
─… voy por algo a la cocina y te alcanzo─ alcanzó a escuchar que decía la reina.
─ Te acompaño─ dijo el castaño.
Ella se acercó peligrosamente al hombre, susurró algo cerca de su boca y finalmente siguió su camino, una vez ella desapareció por el pasillo, Hiccup tomó otro rumbo.
Quizá fue ver como el hombre que amaba se atontaba con la simple cercanía de la otra mujer lo que la impulsó a seguirlo con sigilo, Hiccup entró a la que debía ser su habitación y, antes de que la puerta se cerrara, la rubia lo imitó.
El castaño se quitó la parte de arriba del traje y a Astrid se le secó la boca al ver como los músculos de la espalda se le contraían, envalentonada por todo el hidromiel en su sangre, procedió a quitarse la blusa y la capa de piel, se acercó y abrazó al rey dragón por la espalda, pegó sus labios sobre el omoplato, aspirando el aroma de su piel y durante un segundo fue feliz.
Hiccup.
Sonrió al sentir los labios femeninos en su espalda, envolvió las manos pequeñas con las suyas y recargó su cabeza en la que estaba detrás de él.
─ No te escuché entrar…─ su voz fue un susurro, entonces se giró y todo el calor que le producía el hidromiel que bebió en la fiesta se le congeló en las venas al darse cuenta que se trataba de Astrid. Y estaba casi denuda de la parte de arriba.
Recobró la compostura cuando la rubia se lanzó a sus brazos, besándolo en los labios y restregándose contra él.
─ ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Detente!
Pero la vikinga no parecía escucharlo, tomó una de las manos masculinas y se la llevó al pecho, apretándola con la suya.
─ Tócame─ pidió mientras besaba unos labios que no le correspondían.
La apartó de él, con rapidez tomó las prendas de la chica y casi se las lanzó en la cara. El calor se le había ido de un momento a otro.
─ Vete de una vez, vete antes de que Merida te vea─ en su voz se notaba la desesperación, miraba la puerta de la habitación con miedo.
Eso le dolió más, el rey de los dragones era famoso por no temerles a las bestias de fuego, pero, en ese momento, parecía un chiquillo asustado.
Le temía más a su esposa que a los dragones.
─ ¡Al diablo con Merida! ─replicó, soltó la ropa y lo empujó fuertemente hasta la cama, Hiccup se estaba incorporando cuando la rubia se le subió encima, le rodeó el cuello con el brazo izquierdo, la mano derecha se encargó de tomar la izquierda del castaño para ponerla sobre su seno y pegó la boca furiosamente contra la suya.
Entonces lo que más temió que pasara sucedió, la enorme puerta de madera se abrió, dando paso a la reina, su reina, quien los miró, impávida.
"No, no, no".
ACLARACIONES.
Jaulas de Medianoche: lo saqué de THG.
Colmillos afilados: lo saqué de La Tierra Antes del Tiempo.
Seehhhh, me gusta hacer sufrir a la gente, pero siento que es justo y necesario, en las películas nos muestran a Astrid como ruda y tierna, ¡¿pero que hay de su lado celoso, posesivo, mujer?!...
Ah sí, nuestro Hiccup anda muy encendido, como que la pelirroja si es buena en el fino arte del lemmon, jejejejejejejejejejejejjeJEJEJEJEJJEJEJJEJEJEJE…
Deben admitir que ese lado paterno en Bocón era para Hiccup en las películas, pero aquí se lo brinda nuestra Astrid. Sobre Valka, no mentiré, me había olvidado de la mitotera de la madre de nuestro protagonista, pero ya, aquí está de vuelta, lista para incomodar al matrimonio.
Pienso que dos meses son suficientes, es decir, muy poco tiempo para un amor fuerte, pero si para un cariño y super atracción setsual*, no sé que opinen de eso.
¿Qué hay gente?, volví, feliz año a todos los que me leen, les mando super buena vibra y espero que esta actualización les regale un poco de felicidad, gracias por seguir mi historia, aguardo ansiosa a sus reviews, que son tres en realidad porque nada más no se dignan a hablar, como me sacan el coraje deveras *inserte cara indignada y molesta y triste y…*
FELÍZ 2020!
Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
