Algunas semanas después, regresó de nuevo a Sina. Tocaba inspección en la obra, así que se presentó en la construcción, encontrándose con la sorpresa de que Levi no se encontraba ahí, le dijeron que tuvo que salir de emergencia a otra obra porque hubo un incidente.
Hange se inquietó al saber eso, al grado que la preocupación se plasmó en su rostro.
—¿Estas así por el enano? —Mike le susurró al oído, sobresaltando a la fémina.
—No vuelvas a hacer eso, ¡me asustaste! —gritó Hange, colocando la mano sobre su agitado corazón, para después reponerse— No, bueno, tal vez. Espero no haya sido nada grave, pero nosotros tenemos que avanzar y hay mucho trabajo por acá, así que adelante, Mike.
Hange supervisó un área mientras Mike y otros laboratoristas hacían lo mismo. No debían perder tiempo, ya hablaría más tarde con Levi para saber si él estaba bien.
Transcurrieron las horas hasta que terminó la jornada laboral sin tener noticias de Levi. Comenzó a preocuparse y quería llamarlo, ¿sería el momento adecuado?
—Hange, ¿te irás esta noche? —Mike llegó con ella, quería saber sus planes.
—Sí, tengo que regresar a Rose, debo tener todo listo para pasar la batuta del laboratorio de Trost. Ya hay un candidato, así que no creo tener problemas una vez establecido el Cinvesgen.
—Te entiendo, igual me sucede aquí, a pesar de estar en Orvud, el trabajo es demasiado.
—Sí, pero eso es lo que escogimos hacer, así que vamos a darnos prisa, no quiero llegar tarde al aeropuerto.
—¿Querrás que te lleve?
—¡Por favor! A veces el taxi tarda mucho en llegar, pero como tú manejas como loco, llegaré pronto.
—Entonces firmemos la bitácora de una vez, dejemos que los demás terminen, ya es muy poco lo que falta. Y no manejo como loco, no lo repitas —Mike jaló una oreja a Hange.
—¡Ouch!, eso dolió, gigantón. Me las vas a pagar, y ni creas que tu amor te defenderá.
—Eso ya lo veremos, andando.
Se dirigieron a firmar la bitácora y hora de salida, despidiéndose de algunos compañeros para que Hange pudiera regresar a tiempo a Rose.
Llegaron al condominio donde ella vivía y presurosa subió en el ascensor. Revolvió en su bolso para encontrar la tarjeta-llave, salió del elevador, caminó y al llegar al pasillo y mirar hacia la puerta de su departamento, se detuvo de golpe.
—¿Qué haces aquí, Levi?
Ackerman se encontraba de pie justo al lado de la puerta, tenía los brazos cruzados en el pecho, mientras la pierna derecha se encontraba flexionada con el pie recargado en la pared. Esperaba que no hubiera sucedido algo malo, porque él no tenía motivos para estar ahí. Ojalá nada estuviera mal con la construcción del laboratorio.
—Vine a verte. No pude ir a la obra.
—Pero, ¿está todo bien? Dijeron que hubo un incidente, ¿cuánto tiempo llevas aquí? —Ella comenzó a acercarse hacia la puerta.
—Nada de qué preocuparse —él se irguió completamente, con ambos pies en el suelo—. Hoy te vas, ¿cierto?
—Sí, justamente Mike me está esperando allá abajo en el auto para llevarme al aeropuerto, solo vengo por mis cosas.
—¿Puedo llevarte? —preguntó él, con voz tenue.
—Pero Mike está...
—Por favor, no me alejes más, Hange. Sé que fui el causante de que te fueras, pero ya no quiero estar más tiempo así. Es una tortura para mí el tenerte enfrente y no poder tenerte. Eres una necia y eso es lo que me hace no querer desistir contigo.
Pero tampoco quiero molestarte.
—Levi, no insistas, de verdad tengo prisa —dijo ella, esquiva.
—Solo escúchame, por favor. Si después de escucharme decides que no quieres nada conmigo, me alejaré, aunque me arrepienta toda la vida. Sé que es difícil para ti tener que aceptarme después de tanto tiempo...
Hange miró a los ojos a Levi, esos orbes azules* que tanto le gustaba admirar en su adolescencia. ¿Por qué tenía que tener tanto miedo y decirle abiertamente que quería estar con él?
—Bien, tienes cinco minutos, llamaré a Mike mientras piensas en lo que dirás sin pasarte del tiempo que te di—enunció la mujer con gesto serio mientras sacaba su teléfono celular y realizaba la llamada—. Mike, escucha, busca un buen lugar para estacionarte, demoraré cinco minutos... no, no es necesario que subas, tengo un pequeño problema aquí, nada que no pueda solucionar... sí, sí papá, no voy a tardar... sí, sí, está bien... gracias —colgó, guardó su celular y miro de nuevo a Levi—. Entonces, te escucho, corre tu tiempo —ella levantó la cara y cruzó los brazos sobre su pecho.
—Tch, tan desesperante como siempre, escucha, lentes de mierda, te he dicho de todas las maneras posibles que te amo, que quiero estar contigo y remediar el daño que te hice, sé que no será fácil, aun así quiero intentarlo, pero entre más me acerco, más te alejas y me estoy cansando de este juego. Así que dime, ¿por qué no quieres estar conmigo? —El tono de voz utilizado por Levi fue completamente distinto al que empleaba usualmente, esta vez se tornó entre agresivo y desesperado, pero gradualmente se volvió calmado y cuando realizó la pregunta, se tornó suplicante.
—Oye, oye, vaya manera de intentar acercarte a mí —ella lo miró, desafiante. Aunque por dentro, más precisamente en su estómago, se instalaba algo de nerviosismo.
—No sé de qué otra manera hacerlo, ya te lo dije —entonces se acercó a Hange, hizo que la espalda de ella chocara contra la pared, acortó la distancia hasta quedar separados por apenas un par de centímetros. Colocó sus manos contra el muro, paralelamente a Hange, quedando ella atrapada en ellos— No me dejas opción de que lo intente a mi manera.
—¿Me-me estás amenazando, enano? —ella miró hacia abajo, en esa ocasión calzaba tacones, superando a Levi por más de 10 centímetros.
—Dime que no quieres saber nada de mí y me iré. No volveré a molestarte —las pupilas de Levi se encontraban contraídas, sin duda estaba bajo una situación que le causaba incertidumbre y presión.
—Te irás pero nos seguiremos viendo en la construcción, eso no vale —ella alejó la mirada de él, además que la cercanía la estaba poniendo mucho más nerviosa, sentía su pecho muy acelerado y casi podía sentir la tibia respiración de él a la altura de su cuello.
—El tiempo está pasando, y no obtengo mi respuesta —con sus dedos índices, Levi daba pequeños toques a la pared, imitando al tic tac del reloj.
—¡No me presiones, no me presiones! —Hange cerró fuerte los ojos, intentando escapar de la mirada masculina, mientras sus labios se fruncían en un pequeño botón.
Los dos permanecieron en silencio, entonces, Hange vio como Levi bajaba los brazos lentamente, liberándola de esa prisión.
—Tu silencio lo dice todo, antes, cuando hablabas sin parar, anhelaba que te callaras, que guardaras silencio. Ahora lo que anhelo es que sigas hablando, pero es inútil ya intentar algo más contigo —suspiró, derrotado.
—¿Te estás rindiendo? —¿de verdad era todo? ¿Tan fácil iba a desistir? Hange se sintió herida.
—Te estoy dejando ir, te amo, pero no voy a presionarte más. Hace unos días hablé con mamá, me dijo que no me diera por vencido contigo. Pero si tú no quieres, por más que insista, no será. Vine aquí arriesgándome de obtener una respuesta negativa de tu parte, pero no pensé que doliera tanto. Tenía miedo de saber tu respuesta y aun así, vine —él permaneció frente a Hange, con la cabeza gacha y los puños completamente cerrados, conteniendo la impotencia de no haber obtenido alguna respuesta de la mujer.
—¿Levi Ackerman tiene miedo? —preguntó ella, burlona.
—Sí, pese a eso, estoy aquí.
Los ojos de Hange se aguaron, ¡ella también tenía miedo! ¡Ella también quería estar con él! ¡Ella también lo amaba! Pero... ¿por qué no podía decírselo? Parpadeó repentinamente, esperando que con eso, se alejaran las ganas de llorar.
—Yo... no puedo, ¡Levi, no puedo! —ella sacudió la cabeza enérgicamente, intentando alejar el miedo y la confusión, que ya se habían apoderado de ella, ¡maldición!
—Eso me ha quedado claro. Perdóname por querer intentarlo —él volteó la cabeza, porque estaba a nada de llorar de impotencia, de tener al amor de su vida a escasos centímetros frente a él, y a la vez tan lejos.
—Yo... yo... ¡tengo miedo! —Exclamó ella en un grito, mientras las lágrimas abandonaban sus ojos y empapaban sus espesas pestañas— ¡Yo también tengo miedo! Miedo de que si lo intentamos nuevamente, ¡me vayas a lastimar! Tengo miedo, de que cuando más te esté amando, ¡te vayas de mí así sin más! Tengo miedo de todo, ya no quiero sufrir más, ¡por nada ni por nadie! Y sin embargo, ahora estoy sufriendo, por no querer que te acerques a mí, ¡aunque anhelo que estés conmigo! ¡Tengo miedo! ¿Entiendes ahora por qué te he alejado de mí? —lo dijo todo en voz alta, esperando que Levi la escuchara y entendiera claramente— Te alejé y no puedo aceptarte porque... tengo miedo —terminó de hablar, soltando una risa mientras su gesto se tornaba lloroso.
—Yo también tengo miedo —Levi volteó para mirarla, alzó sus manos y con sus pulgares, limpió las mejillas de ella, borrando los rastros de las lágrimas —. Pero podemos intentarlo.
—¿Y sí fallamos? —ella lo miró, temerosa.
—Antes lo habremos intentado, es mejor eso a quedarnos con la duda si va a funcionar o no…
—Necesito saber que no te alejaras de mí —ella sorbió su nariz con un fuerte sonido que a oídos de Levi era desagradable, él arrugó la nariz imperceptiblemente ante lo hecho por la joven.
—No lo haré —respondió con la mayor seriedad del mundo.
—¿De verdad? —ella se agachó un poco para estar a la altura de Levi y mirarlo fijamente a los ojos.
—En qué idioma tengo que decírtelo, lentes de mierda —respondió él, sin parpadear.
—Dónde hagas algo que atente contra mí felicidad, no me iré, bueno, lo haré una vez te haya matado con mis propias manos —ella dio leves toques con el dedo índice sobre la nariz del varón.
—Oe, oe, eso es una amenaza —él no lo preguntaba, lo afirmaba.
—Lo tomas o lo dejas —ella guiño un ojo.
—Lo tomo.
De repente Levi sujetó a Hange de la nuca para atraerla hacia él y posar sus labios sobre los de ella. Fue solamente una presión de labios, que permanecieron unidos durante algunos segundos. Los labios de ambos temblaban, tanto tiempo había pasado desde que se habían besado por última vez, era un beso titubeante, temeroso, pero con los sentimientos a flor de piel. Se permitieron recordar cada centímetro de esa delicada piel, a pesar del tiempo y la distancia, sus labios se amoldaron a la perfección.
Se separaron, Hange comenzó a reírse al sentir la nariz de Levi rozando la suya.
—Todo saldrá bien, ¿cierto? —preguntó ella.
—Nos encargaremos de que eso suceda —Levi la sujetó del mentón e hizo que ella irguiera el rostro.
—Sí, espero que no seas tan amargado como antes, lo único que no cambió en ti fue tu cara de estar estreñido.
—Calla, lentes de mierda —Levi intentó besarla nuevamente, pero Hange lo esquivó, se agachó y él observó como ella comenzó a quitarse el calzado, se volvió a poner de pie y esta vez ya estaba a una altura accesible—. Tonta, no era necesario que hicieras eso.
—¿Por qué no? No me digas que prefieres mantenerte enano junto a mí —dijo, burlándose una vez más de la estatura del hombre de cabellos negros.
—Cierra la boca —y esta vez Hange no se movió de su lugar, recibiendo otro beso de parte de Levi, un beso más salvaje y desinhibido, demostrando la necesidad que sentía por besarla, la sujetó de las mejillas atrayéndola hacia él.
Hange se permitió volver a saborear los delgados labios del varón, lamía y mordisqueaba de manera sutil mientras posaba sus manos sobre los fuertes hombros de Levi, pero cuando más emocionada se encontraba, su celular sonó.
—Enano, espera, debo responder —habló ella entre besos—, debo responder. ¿Hola? —Respondió, pegando el aparato a su oreja— ¡Mike! ¿Qué? ¿Ya pasaron los cinco minutos?... oh, que no me di cuenta... sí, sí, ya voy, no te preocupes, adiós —Para cuando Hange colgó, Levi descansaba la cabeza sobre su pecho y la abrazaba firmemente. Ella sintió la calidez de ese cuerpo que la apretaba contra sí. Se arriesgaría una vez más, le entregaría una vez más su corazón a ese hombre, al que tanto amaba y nunca dejó de amar a pesar de las circunstancias. Correspondió entonces a su abrazo.
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Sentía su corazón rebosante de alegría, que aunque no lo externara ni siquiera ante Hange, él estaba feliz. La estrechó fuertemente entre sus brazos, no queriendo dejarla ir, no quería separarse de ella, se sentía cual niño pequeño no queriendo separarse de su madre, pero Hange no era su madre, era el amor de su vida y no estaba dispuesto a permitir que se separara de él. Porque para Levi, ese era el momento más feliz de su amargada existencia desde que ella se fue. Porque aunque tenía todo, no la tenía a ella.
Aspiró el aroma de la mujer, una leve estela de su perfume mezclado con el olor natural y sudor de su piel, grabando en su memoria cada nota de esa esencia femenina. Por eso le molestó cuando ella trató de alejarlo de su seno.
—Por qué haces eso —reclamó, observando sus ojos marrones.
—¿Qué no escuchaste que Mike me está esperando? —Ella se agachó para volver a ponerse los zapatos— Debo bajar, sino va a subir y...
—¿Temes que nos vea así?
—Claro que no, bobo, solo que me va a regañar porque ya es tarde y puedo perder mi vuelo.
—Yo te llevaré, dile que se vaya, que no lo necesitas.
—Claro que no, no puedo ser grosera con mi amigo. Pasaré por mis cosas, tú espérame aquí.
—Quiero entrar.
—También quisiera que entraras pero, si haces eso no me dejarás salir.
—Estás en lo correcto, entonces date prisa.
—¡Sí, señor! —respondió con jovialidad, colocando su mano en diagonal sobre su sien. Y en un par de minutos, ella regresó cargando una pequeña maleta, que de inmediato le fue arrebatada por Levi.
Se encargó de cerrar bien su departamento y comenzaron a caminar hacia el ascensor, iban sin decir una sola palabra, pero el silencio no era incómodo, al contrario, se sentía una quietud como pocas veces la habían sentido. Levi, temeroso, tomó con cuidado la mano de Hange, y así con las manos entrelazadas continuaron en el trayecto en descenso del elevador. Sonó el timbre indicando que habían llegado a la planta baja. El ascensor abrió sus puertas y la pareja salió, encontrándose con Mike, que los miraba con los ojos abiertos a distancia prudente.
—Mike, ¿hola? —dijo Hange, mirando a su amigo.
—Ya veo, así que por esto te tardaste —Mike miró de soslayo a Levi, con cierto recelo.
—Mi nombre es Levi, recuérdalo —respondió, desafiante.
—Oigan, oigan chicos, no van a ponerse a discutir ahora, ¿no? —Hange se interpuso entre los dos varones.
—No hay razón para hacer eso, ¿o si? —Mike desafío a Levi con la mirada.
—No, a partir de ahora no será necesario que acompañes a Hange a todas partes —enunció marcando territorio sujetando a Hange de la cintura.
—Levi, tranquilo, Mike es mi amigo, no tienes que ponerte celoso —bromeó la joven.
—Más te vale que no la hagas sufrir, o te las verás conmigo. Hange es como una hermana para mí, y haré lo que sea para defenderla. No vuelvas a lastimarla o te haré beber agua de algún charco de la calle.
—Inténtalo si puedes —las miradas que ambos varones se dedicaban, dejaban entrever que ninguno permitiría dejarse vencer por el otro.
—Ya, ya, parecen niños. Mike, amigo, discúlpame, ¿si? Levi me acompañará al aeropuerto —Hange entonces hizo que su amigo la mirara para indicarle que todo estaría bien.
—¿Segura que estarás bien? —Mike estaba preocupado por su amiga, de verdad no quería verla sufrir nuevamente, si bien se enteró hasta un tiempo después del problema de Hange, conoció de raíz la situación y se encargó de ayudarla en la mayor medida posible, odiaría si ese enano la daña como antaño.
—Estaré bien, por favor, no le cuentes a Nana todavía, la llamaré por teléfono para decírselo yo misma —guiñó un ojo y le dio unos cuantos golpecitos en el pecho.
—Hange, cuídate, sabes que siempre estaremos aquí para ti —Mike abrazó a su amiga, ignorando olímpicamente la mirada de pocos amigos de Ackerman —. Y tú —dijo, girándose y dirigiéndose a él —, cuídala.
—Lo haré, no tienes que decirlo —Levi relajó la dura expresión de su rostro, comprendió que ese hombre estaba tratando de proteger a su amiga, estaba contento de saber que Hange tenía personas a su alrededor que cuidaban de ella.
—Nos vemos después, que tengas buen viaje. No olvides llamarnos en cuanto llegues.
—Sí, papá, lo haré como siempre, descuida —ella bromeó y se levantó de puntas para darle un sonoro beso en la mejilla a su amigo.
—Nos vemos, Ackerman.
—Hasta luego —respondió ya más tranquilo el hombre de cabellos negros.
Ambos miraron alejarse al hombre rubio que abordó su vehículo y se alejó a toda velocidad.
—Allá va, el hombre que maneja a toda velocidad, seguro que llegare tarde al aeropuerto —comenzó a dramatizar.
—De qué hablas, mujer. Yo también manejo rápido cuando la situación lo amerita.
—La situación lo amerita ahora, veamos qué tan rápido manejas —ella le guiño el ojo y le dio un beso fugaz en los labios.
—¿Es un reto? —las pupilas de él se dilataron, estaba emocionado.
—Mmm… ¡sí! Vamos, a toda prisa, enano —ella levantó su puño derecho, con una gran sonrisa en los labios,. Levi abrió la puerta del lado del copiloto para que Hange ingresara, cerró su puerta y se adentró en el vehículo, encendió el motor y aceleró, haciendo rechinar las llantas de su auto mientras Hange, con la cabeza saliendo por la ventana gritaba un alegre ¡yahoo!
Llegaron al aeropuerto en tiempo récord. Hange se sorprendió que incluso le ganara a Mike en conducir. Aunque gracias a ese hecho, Levi se ganó una severa reprimenda de parte de la mujer.
—Deberías tener más cuidado, pensé que por poco chocabas contra ese camión —gimoteó Hange, mientras Levi la miraba confundido.
—Tch, tú me dijiste que manejara a toda velocidad, eso hice.
—Sí, pero no tan rápido, ¡pensé que moriríamos! —colocó su mano sobre su pecho.
—Quien te entiende, cuatro ojos.
Hange realizó sus movimientos en el aeropuerto, hasta que escuchó la llamada para abordar el avión.
—Llámame enseguida que llegues.
—Ay no, ¿tú también? —Hange rodó los ojos.
—Solo hazlo.
—De acuerdo, de acuerdo, lo haré. Yo... Levi —la joven se agachó para abrazar al hombre frente a ella.
—Qué pasa —respondió él, con voz tenue, abrazándola fuertemente, de verdad no quería despedirse, apenas se habían reconciliado y no quería alejarse de ella, acariciaba la espalda femenina de arriba abajo.
—No creo estar imaginándome todo esto, ¿verdad?
—Tonta, solo vete. Te esperaré —él entonces se separó de ella para depositar un beso en sus labios.
—Te avisaré la fecha de la siguiente visita, cuídate, ¿quieres? Y realiza ejercicios de estiramiento, a ver si creces un poquito y así ya me alcances un poco mejor aunque traiga tacones puestos —bromeó ella, ganándose un coscorrón de parte de Levi.
—No necesito hacer eso.
—Debo, debo irme... sino perderé el vuelo... ¡no quiero irme!
—Tienes responsabilidades que cumplir.
—Es cierto... me voy entonces.
Se separaron con pesar, Hange comenzó a caminar hacia el andén, volteaba de vez en cuando hacia atrás para mirar a Levi, quien seguía ahí de pie, observándola alejarse mientras mantenía sus manos dentro de las bolsas de su pantalón. Ella agitó la mano para despedirse y le sonrió, él solo correspondió con un leve movimiento de cabeza.
Levi se encontraba sumamente feliz, por fin había resuelto lo que pensó que nunca resolvería. Era cuestión de tiempo para que estuvieran juntos de nuevo. De pronto una idea cruzó por su cabeza, ¿qué tal si le proponía a Hange el vivir juntos? ¿Ella lo aceptaría? Lo intentaría en la siguiente visita de ella.
—¡Levi! —gritó, alargando el nombre del varón— ¡Levi!
—¿Qué rayos te pasa? No grites así —él la recibió en sus brazos.
—Creo que se te olvidó decirme algo —exigió ella, mirándolo con ojos inquisidores.
—¿Qué cosa?
—¡Dilo rápido, que no tengo tiempo! —apresuró ella.
Levi trató de hacer memoria, al tiempo que un ligero sonrojo se instaló en su rostro al darse cuenta de lo que le decía Hange.
—Ven acá —él la atrajo hacia él, haciendo que Hange se encorvara para susurrarle algo en el oído, haciendo que ella también se sonrojara.
—De-debo irme, ¡adiós!
—No huyas, cobarde.
—Hablaremos cuando regrese, ¡adiós enano!
Después de eso, Hange ya no regresó y Levi permaneció de pie hasta que ella desapareció de su vista. Suspiró y caminó de vuelta a su auto. Cuando ingresó a este colocó las manos en el volante, después se recargó completamente en él, al tiempo que un par de lágrimas escapaba de sus ojos.
¿Qué si era un maldito sentimental? Eso no importaba, estaba tan feliz que no importaba si lloraba, por fin, por fin había alcanzado la paz que necesitaba, por fin estaría con el amor de su vida, la felicidad estaba de su lado y la suerte que creyó haber perdido, se hizo presente, definitivamente era un tipo con suerte.
FIN
Hemos llegado al fin de esta historia, agradezco reviews, follows y demás, eso alegra a mi pobre alma en desgracia.
Hasta la siguiente historia y de nuevo mil gracias por acompañarme hasta el final. Salu2
